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Una colección de cuentos, relatos breves, microrrelatos, poemas, reflexiones, huellas y miradas sobre el ayer y el hoy para proyectarse al futuro: así es la primera publicación del taller Escribir para Perdurar, en la que diez autores mayores, que aman profundamente la vida, encienden nuevas antorchas para sostener la esperanza, porque están convencidos de que "la palabra es el arma de los humanos para aproximarse unos a otros" (Ana María Matute, 1926-2014). Quien lea estos textos sentirá un elogio de lo simple y profundo de la vida. Se acercará a historias que con luminosidad y lenguaje poético tienden puentes con los valores universales, historias que renuevan las preguntas de quiénes fuimos, qué esperamos, cómo vivimos…, y descubrirá que narrar es el arte de seducir, para que las historias no dejen de contarse. Los personajes de los relatos participan de historias simples, pero con lenguaje estético, con una exploración a fondo de la propia historia y de la relación con objetos. En definitiva, hay una mirada poética que atraviesa el decir, tal vez como una manera de que al escribir volvemos a ser lo que fuimos. También se asoman las huellas de un tiempo que ha sido tan diferente a cualquier otro, un tiempo en que el contexto estuvo signado por menos presencias cara a cara, más silencio, menos urgencias, casi con tiempo detenido para pensar y pensarse más. ESCRIBIR como un gusto, como una pasión, como experiencia, con un sentir profundo. ESCRIBIR para que no se pierdan las historias que, si no se cuentan, ¿a dónde irán? ¿dónde quedarán? ¿quién las contará? Escribir con el alma, con los ojos, con las manos, con todo el cuerpo. Escribir para inventar mentiras creíbles. Escribir para desandar un camino lleno de huellas. Como huellas desean dejar los integrantes de esta publicación. Huellas que tienen la marca de la gratitud, de la esperanza, del dolor, del amor, de seres y objetos que signaron la existencia, con creatividad y con la imaginación puestas al servicio de la palabra poética, esa palabra que abre un mundo de resonancias en quien crea y en quien lee y re-crea. "Lo verdadero y lo ficcional se funden en los procesos de creación de una obra" (María Teresa Andruetto), para que la pasión por la vida irradie su luz.
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Seitenzahl: 128
Veröffentlichungsjahr: 2021
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Escribir para perdurar / Teresita Raquel Bertarelli ... [et al.]. - 1a ed - Córdoba : Tinta Libre, 2021.
168 p. ; 21 x 14 cm.
ISBN 978-987-708-976-9
1. Talleres Literarios. 2. Cuentos. 3. Microrrelatos. I. Bertarelli, Teresita Raquel
CDD 860.9282
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2021. Tinta Libre Ediciones
PRÓLOGO
ESCRIBIR como un gusto, como una pasión, como experiencia, con un sentir profundo. ESCRIBIR para que no se pierdan las historias que, si no se contaran, ¿a dónde irán? ¿Dónde quedarán? ¿Quién las contará?
Escribir con el alma, con los ojos, con las manos, con todo el cuerpo. Escribir para inventar mentiras creíbles. Escribir para desandar un camino lleno de huellas. Como las huellas que desean dejar los integrantes de esta publicación. Huellas que tienen la marca de la gratitud, de la esperanza, del dolor, del amor; de seres y objetos que signaron la existencia, con creatividad y con la imaginación puestas al servicio de la palabra poética. Esa palabra que abre un mundo de resonancias en quien crea y en quien lee y “recrea”.
ESCRIBIR PARA PERDURAR, para persistir o permanecer en el tiempo. Porque los textos que se presentan pervivirán como testigos que dialogarán con lectores activos.
Cada escritor/a expresa, en su presentación, qué lo motiva a escribir y el itinerario con el que tomó impulso para elegir la escritura como modo de eternizar lo vivido. Para que, quien lea estas páginas, encuentre algo de su propia vida, o de sus emociones.
Porque, como expresa María Teresa Andruetto en La lectura, otra revolución:“Lo verdadero y lo ficcional se funden en los procesos de creación de una obra”.
Detrás de cada producción hay un texto literario, o una frase que despertó la imaginación, o encendió la chispa para hilvanar ideas y palabras que construyeron la urdimbre de una historia. Y entonces, el trabajo con el lenguaje connotativo, la ficcionalización, la búsqueda para decir lo cotidiano de modo diferente, y la creación de mundos verosímiles.
Por ello, esta publicación con material elaborado entre 2020 y 2021, si bien juega con todas las posibilidades del lenguaje, centra su contenido en darle voz a recuerdos, vivencias, anécdotas, asombros, búsquedas, emociones y sentimientos. Y además, en desentrañar las huellas del amor, las compañías, las esperanzas, los encuentros y desencuentros.
Pero también se asoman las huellas de un tiempo que ha sido tan diferente a cualquier otro. Un tiempo en que el contexto estuvo signado por menos presencias cara a cara, más silencio, menos urgencias; casi con tiempo detenido; para pensar y pensarse más.
Un tiempo en el que el encuentro a través de Meet o Zoom se erigía como una cita a la que nadie quería faltar. Porque los integrantes del taller están poblados de historias. Están habitados por ellas. Desgranan palabras llenas de la luz de la experiencia y la incertidumbre, en algunos casos. Y también nutridas de la gratitud por las raíces, por los orígenes, por la capacidad de mirar y encontrar el germen de un relato que nos hable de la condición humana.
Así, esta antología reúne una diversidad de formatos textuales y géneros. Y en cada historia, un universo de ficción: cuentos, microrrelatos, juegos con palabras, reflexiones, breves ensayos, poemas, prosa poética, relatos que dan voz a la niña/o de otro tiempo. Es la vida misma, hecha de todos los colores y sabores, con todos los aromas y las texturas, con los sonidos cercanos o lejanos. Realismo, costumbrismo, humor, ironía y las más diversas miradas. Nada podía quedar fuera del mundo real, ni del mundo de papel que cada autor/ a creaba.
ESCRIBIR PARA PERDURAR tenderá puentes. Cada quien encontrará algo de la propia vida. Al decir de Ana María Matute, novelista española (1926-2014): “La palabra es el arma de los humanos para aproximarse unos a otros“.
Licenciada Teresita Bertarelli
INTEGRANTES
Beatriz Botti
Nora Lelia Cáceres
María Cristina Gómez
Hebe Gorchs
María Inés Mckena
Julia Mariano
Graciela Martínez
Marta Beatriz Oliva
Pablo Pfluger
Antonieta Liliana Rivarola
CONTENIDO
PRÓLOGO Pág. 7
INTEGRANTES Pág. 11
BEATRIZ BOTTI Pág. 17
Tejiendo recuerdos Pág. 19
Instantes Pág. 21
Microrrelatos Pág. 23
Certeza Pág. 23
Impulso Pág. 23
La Antonia Pág. 23
Era ella Pág. 24
El espejo Pág. 24
Mi gallito Pág. 26
Imagen de mujer Pág. 28
El cielo de todos Pág. 30
NORA LELIA CÁCERES Pág. 33
Aroma a ternura Pág. 35
Lizzi Pág. 36
Ella, ellos Pág. 37
La valija Pág. 38
La valija II Pág. 39
Infancia Pág. 40
Otoño Pág. 41
Ella Pág. 42
¿Quién sos? Pág. 43
Resto de fiesta Pág. 44
MARÍA CRISTINA GÓMEZ Pág. 47
Ustedes, los nietos Pág. 49
La siesta y el muro Pág. 50
Cartas escondidas Pág. 53
Todo es silencio Pág. 55
La biblioteca de mamá Pág. 57
Mi oración Pág. 58
HEBE GORCHS Pág. 59
Sola no puede Pág. 61
Necesidad infinita Pág. 63
Sabor a pretexto Pág. 64
Inocencia Pág. 66
Zafar Pág. 67
Infancia y papá noel Pág. 68
Microrrelatos Pág. 70
Evocando a una mujer Pág. 70
Había una vez y para siempre Pág. 70
Dulce espera Pág. 71
Liberación saludable Pág. 71
Camina dormida Pág. 71
La búsqueda Pág. 72
Egoísmo Pág. 72
Entrega Pág. 72
Desahogo Pág. 73
Anoche soñé Pág. 74
JULIA MARIANO Pág. 75
Falta de Fe Pág. 77
La sombra Pág. 78
La magia de la verdad Pág. 79
El don Pág. 80
Fiestas en familia Pág. 82
Amistad Pág. 84
La línea C. C. C. Del amarrete Pág. 86
Palabras que sanan Pág. 87
GRACIELA MARTÍNEZ Pág. 91
Me regalaría Pág. 93
Microrrelatos Pág. 94
Leía Pág. 94
Letra “E” Pág. 94
Ellas… Pág. 95
Imaginé Pág. 97
La llave Pág. 98
Mermelada Pág. 99
La luz no tiene sombra (reflexiones) Pág. 101
La pesca Pág. 103
El olvido Pág. 104
MARÍA INÉS MCKENA Pág. 105
La abuela Pág. 107
Claro de luna Pág. 109
La fondue Pág. 111
El tío José Pág. 113
María Paz Pág. 114
Paradoja Pág. 115
Poesía y ciencia Pág. 116
Con toque francés Pág. 117
Herencia de amor Pág. 118
Ecos Pág. 119
MARTA BEATRIZ OLIVA Pág. 121
Escopeta y machete Pág. 123
Amor y pasión Pág. 125
“Para la nena” Pág. 127
Perdiendo velocidad Pág. 129
Aprendo, aprendes, aprendemos, aprenden Pág. 130
Vengo a ofrecer Pág. 132
Zapatos de terciopelo verde Pág. 134
PABLO PFLUGER Pág. 137
Amanecer Pág. 139
El campamento Pág. 141
Helado Pág. 144
Huellas de lectura Pág. 146
Secretos Pág. 149
ANTONIETA LILIANA RIVAROLA Pág. 151
La escuchadora Pág. 152
Compañía Pág. 153
Amarrete Pág. 154
Microrrelatos Pág. 155
La marca Pág. 155
Certezas Pág. 155
Juego con “P” Pág. 155
El vendedor ambulante Pág. 157
Ausencias Pág. 158
Volver Pág. 160
Aceptación Pág. 162
Un lugar especial Pág. 163
La búsqueda Pág. 165
BEATRIZ BOTTI
Mi pasión por la lectura comenzó a la sombra de un limonero, con papá. Él alimentó, sin límites, mi fantasía. Con voz grave y pausada, me leyó fábulas, cuentos, leyendas. Así, viajamos en el tiempo y espacio para vivir aventuras increíbles.
Luego me escolaricé. Aprendí el secreto de las letras. El amor por los libros fue instantáneo.
Fui mamá. Con el ejemplo, incentivé a mis hijos. Guardo en mi retina la imagen de mi “benjamín” que, imitándonos, se iba a la cuna con un cuento que leía patas para arriba.
Fui abuela y, a imagen y semejanza de mi padre, leí a mis nietos tantos cuentos como pude.
También fui docente y traté de transmitir el gusto por la lectura y la escritura a mis alumnos.
Hoy, que me animo a escribir, sueño con repetir la historia en quienes me lean.
TEJIENDO RECUERDOS
Después del café de la sobremesa, cuando el calor del verano da paso a las tardes otoñales, tengo una cita…
Música suave de fondo desde la radio, siempre transmitiendo esos lentos que nunca pasan de moda.
Me siento en el sillón y retomo el tejido donde lo dejé el día anterior.
Uno para arriba… uno para abajo. Uno para arriba… uno para abajo.
Con el tiempo aprendí que los puntos tenían nombre, eran derecho y revés. Pero así los aprendí y así los repito todavía, como un mantra mágico.
Uno para arriba… uno para abajo. Uno para arriba… uno para abajo.
Ya no son mis manos las que sostienen las agujas. Son las manos de mi abuela. Las que me enseñaron a tejer hace tantos años.
Uno para arriba… uno para abajo. Uno para arriba… uno para abajo.
Esas manos arrugadas que reconozco con el corazón... Pequeñas, regordetas, de uñas prolijas y siempre pintadas con esmalte trasparente. Esas, con signos de una artritis incipiente. Parecían ásperas a la vista, pero eran suaves como la seda cuando me acariciaban. Como único adorno, el anillo con el que el abuelo le había prometido amor eterno.
Uno para arriba… uno para abajo. Uno para arriba… uno para abajo.
Las manos de mi abuela, contando historias en cada arruga. Historias de pobreza en los campos de Galicia. Del viaje interminable en la tercera clase del barco que la había traído a tierras tan lejanas, donde conoció al tanito que le arrebató el corazón. De los hijos, que vinieron uno tras otro. De pañales lavados casi a la intemperie con agua fría y con el viento helado bailando a su alrededor.
Uno para arriba… uno para abajo. Uno para arriba… uno para abajo.
Las manos de mi abuela cocinaban los domingos para unir a la familia. Revoloteando aquí y allá, para que no nos faltara nada. Levantando, presurosa, la mesa para jugar a la escoba de 15: la única distracción de su semana de trabajo.
Uno para arriba… uno para abajo. Uno para arriba… uno para abajo.
Las manos de mi abuela sostenían por primera vez un lápiz para aprender a escribir, de mi mano, su nombre.
Me cuesta ver mi tejido y me doy cuenta de que mis ojos están empañados.
Acabo de reconocer las manos de mi abuela en las mías.
Uno para arriba… uno para abajo. Uno para arriba… uno para abajo…
INSTANTES
Un hilo invisible une nuestras vidas. Estoy llena de recuerdos. Hace unos pocos años ella empezó a perderlos. Pero no me importa. Seguro que a veces no sabe quién soy, pero yo sé quién es ella.
Es lo que intento explicarle a los que no entienden por qué mi abuela sigue viviendo en mi pequeño departamento, si no me reconoce. Por qué estoy dejando de lado mi juventud por estar con alguien que vive en un mundo que no es el mío. Tratan de convencerme de que hay instituciones en las que estaría mejor atendida.
Cuando murieron mis padres en aquella mañana invernal, ella no dudó un minuto en dedicarse a mí.
Ya había criado y dado alas a 10 hijos. Era su tiempo de cosechar todo el amor que les había brindado en la paz de su hogar. Podría haber pensado en una institución, en un hogar sustituto, en otros familiares más jóvenes. Pero no lo hizo.
Empezó un nuevo ciclo de blancas palomas sentadas en un verde limón, de faroleras, de muñecas vestidas de azul, de pisa pisuela color de ciruela, de Pinocho contando hasta ocho para ver a quién le tocaba poner la mesa o lavar los platos. Le puso voz a Louisa May Alcott antes de dormir y soñar con las Mujercitas y los Hombrecitos bajo las lilas.
De su mano temblorosa llegué, por primera vez, a la escuela; y el temor de un abandono terminó cuando, al salir, siempre estaba allí. Mi felicidad era completa al ver cómo se le iluminaban los ojos y cómo sus brazos estaban listos para contenerme.
Era el mismo brillo y los mismos abrazos que estuvieron en cada cumpleaños, en cada fin de curso, en mis tristezas y en mis alegrías.
Hoy, como cada semana, nos arreglamos y salimos de compras por el barrio. Primero, a la panadería, donde le compro los sacramentos rellenos de dulce de membrillo que tanto le gustan. Después, a la verdulería, por frutas y verduras para la semana.
Al llegar se sienta como un autómata en su sillón, su mundo.
Limpio y corto las frutillas, como la vi a ella hacerlo tantas veces. Las pongo con el azúcar al fuego y espero que se realice la magia de convertirlas en mermelada.
Preparo en la mesita frente a su sillón, el juego de té del que está tan orgullosa porque había sido de su mamá. Unas tostadas recién hechas aroman la tarde.
De pronto, su mirada se posa en la mermelada, y aparece ese brillo que hace tanto no veía en sus ojos.
Me mira. Sé que me reconoce y me abraza. Estamos de regreso en nuestro mundo. Dicen que los recuerdos tienen la capacidad de transformarnos. Llegan como aromas y sonidos que recrean instantes.
Abro Los hombrecitos de Jo en la marca donde lo dejé ayer y comienzo a ponerle voz a Louisa May Alcott, como ayer, como siempre...
MICRORRELATOS
CERTEZA
Primeras horas de un domingo de un mes cualquiera. Canastos. Anillos de goma. Relojes. Nerviosismo. Felicidad. Sonrisas cómplices entre papá y su hermano. El coche aguarda en la puerta. Viajan hasta la colombófila y regresan rápido.
Es tiempo de espera. El buchón se pasea nervioso llamando a las competidoras. Llega la primera. ¿Será la campeona? Faltan algunas. Incertidumbre.
Anochece. A veces pasan días que se hacen semanas porque ellos saben que, casi siempre, vuelven… casi siempre…
IMPULSO
Te extrañé tanto. Sabía que era tiempo de distanciamiento. Aun así, no pude evitar darte ese abrazo mortal.
LA ANTONIA
Vivíamos tras las sierras. Era mi vecina.
Lloraba todos los días, durante una hora, a las 6 de la mañana. Pasada esa hora, volvía a ser la de siempre.
Día tras día escuchaba sus sollozos a través de las paredes.
Nadie pudo descubrir la razón de sus lamentos. Ni ella tenía una explicación.
Una mañana, desperté a las ocho y me sobresalté.
El doctor dijo que se había quedado dormida y se había ahogado con sus propias lágrimas.
ERA ELLA
Mate amargo con peperina y criollitos. Sol de mediodía en La Cañada. Percibo una presencia. Entre el ruido de la ciudad reconozco esa voz. Casi en un susurro, me habla de un pasado lejano... de su trabajo en el hotel de lujo en las sierras... de extraños huéspedes y dudosas banderas... de amores clandestinos... de misteriosas desapariciones.
Necesito verla una vez más. La luz me ciega y la vuelvo a perder en el juego que hace el sol con el agua del Suquía.
EL ESPEJO
