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El libro aborda la relación entre la escuela y la familia en tanto instituciones sociales que comparten la misión de acompañar y generar aprendizajes en las nuevas generaciones. Los sujetos de la educación están en la intersección de ambas: son los hijos/as para una, y alumnos/as para la otra. Hasta hace pocos años, las familias contaban con elementos de solidez propios, que les permitían acompañar a sus hijos a través de la escolaridad. En la actualidad, los grupos familiares poseen estructuras diferentes y están inmersos en una sociedad de cambios rápidos, constantes y profundos. El sistema educativo también ingresó en crisis. Las instituciones educativas han ido perdiendo su capacidad socializadora y de responder a las demandas sociales del momento. En las escuelas se visualizan situaciones de intolerancia, discriminación, violencia entre los alumnos, en lugar de actitudes de respeto por el otro, de encuentro y de participación. Todo ello provocó un distanciamiento entre la escuela y la familia; aunque su relación debiera ser de confianza, enmarcada por una actitud de responsabilidad compartida y complementaria en la tarea de educar, se manifiesta distanciamiento, resquemores y desconfianza mutua. Este libro busca entretejer los hilos de las narrativas de la familia y la escuela en torno a las miradas que cada institución tiene sobre la otra y sobre sí misma. Es una invitación para comprender mejor cómo se establece la relación entre estas instituciones.
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Seitenzahl: 295
Veröffentlichungsjahr: 2021
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ESCUELA - FAMILIA
Una relación para pensar
Colección Thesys 28
ESCUELA - FAMILIA
Una relación para pensar
Leonor Rizzi
Rizzi, Leonor
Escuela, familia : una relación para pensar / Leonor Rizzi. - 1a ed . - Córdoba : EDUCC - Editorial de la Universidad Católica de Córdoba, 2020.
Libro digital, EPUB - (Thesys / 28)
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-987-626-436-5
1. Escuelas. 2. Ambiente Familiar. 3. Sociología de la Familia. I. Título.
CDD 306.432
Colección Thesys - Volumen 28
Copyright © 2017 by Leonor Rizzi
De la presente edición:
Copyright 2017 by EDUCC - Editorial de la Universidad Católica de Córdoba
Está prohibido la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier método fotográfico, fotocopia, mecánico, reprográfico, óptico, magnético o electrónicos, sin la autorización expresa y por escrito de los propietarios del copyright.
Todos los derechos reservados - Queda hecho el depósito que prevé la ley 11.723
Primera edición impresa: octubre de 2017.
I.S.B.N.: 978-987-626-374-0
I.S.B.N. versión digital: 978-987-626-436-5
Digitalización: Proyecto451
Obispo Trejo 323. X5000IYG Córdoba. República Argentina
Tel./Fax: +(54-351) 4286171
[email protected] - librosucc.ucc.edu.ar
Portadilla
Prólogo . Escuelas y familias: otras relaciones, otra educación
Introducción
Capítulo 1. La relación escuela-familia a través de la historia
1.1. Los inicios del sistema educativo
1.2. Siglo XX
1.3. Miradas desde la normativa actual del sistema educativo
Capítulo 2. Planteo actuales sobre la relación esucela-familia
2.1. Mirada general y contextual de las problemáticas sociales
2.2. Mirada sobre la institución escuela
2.3. Mirada sobre la institución familia
2.4. Mirada sobre la relación familia-escuela
Capítulo 3. Visiones y miradas contrapuestas, sobrepuestas y concordantes de la familia y la escuela
3.1. Contextos y escuelas
3.2. Miradas y concepciones
Capítulo 4. Una relación compleja
4.1. La relación y el contexto
4.2. La relación desde la mirada de los especialistas
4.3. La relación y el planteo de la normativa
4.4. La relación y lo observado en las instituciones
4.5. Cómo se presenta la relación escuela y familia
Conclusiones
Reconstrucción de miradas
Propuestas para mejorar la relación
Aportes a las ciencias de la educación
Bibliografía
A mi esposo acompañante de caminos a lo largo de la vida.
A mis hijos.
A quien siguió minuciosamente todo el proceso de formación como tutora de mi tesis de doctorado, Dra. Susana Carena Bruno, aportando su conocimiento y sabiduría.
Al Dr. José Ignacio Rivas Flores, catedrático de la Universidad de Málaga y coordinador académico del Programa Erasmus Mundus‘ AMoveonEducation’ 2010.
A la Dra. Analía Leite de la Universidad de Málaga por su acompañamiento durante mi beca en esa prestigiosa universidad.
A las cuatro escuelas de nivel primario que abrieron sus puertas generosamente y brindaron la posibilidad de llevar a cabo la presente investigación.
A mi compañera y amiga María de Pompeya García por su aliento constante.
Con afecto y respeto,
Leonor Isabel Rizzi
PRÓLOGO
Escuelas y familias: otras relaciones, otra educación
Sin ánimo de minusvalorar otros aspectos de la escuela, estamos convencidos que una buena parte de su futuro se dirime en la comunidad. El modo como maneje las relaciones entre los distintos agentes y colectivos que la circunda y la coinstituye es y será fundamental en lo que sea en el futuro y lo que construya en el presente. En primer lugar, porque el propio sentido de la escuela como institución democrática que construye ciudadanía crítica y transformadora se establece en esta relación. En un momento histórico particularmente relevante en la lucha por consolidar el espacio de lo público, bajo la amenaza de la mercantilización y el hedonismo cognitivo, se hace necesario pensar sobre qué fundamentos queremos construir los procesos escolares. Por tanto, nos encontramos ante un dilema político e ideológico, pero que en la medida que pone en juego el valor de los sujetos, también es ético. La equidad, la emancipación y la solidaridad se ponen en juego en la construcción del espacio público y colectivo de la escuela.
En segundo lugar, porque el conocimiento tiene valor en tanto que construcción colectiva y pública, desde la experiencia vivida por los sujetos que cohabitan en este espacio. El conocimiento pensado desde la reproducción, la repetición o la acción individual no es tal, sino mero instrumento para el control y la organización de la vida de los sujetos en un sentido particular. El contexto de producción de este conocimiento, en tanto que social, es parte del conocimiento mismo. No es posible, por tanto, aislar, encapsular, el aprendizaje del alumnado, sino pensarlo desde los márgenes de la comunidad en la que se desarrolla. Afirma Pinar (2015) que el currículum no es más (ni menos) que una conversación complicada, que tiene lugar en la experiencia, la comunicación y la confrontación. Esto supone pensarlo desde un sentido más amplio que el que ofrecen los textos académicos, complacientes con una visión simplista, reducida e instrumental.
En tercer lugar, porque no es posible pensar el aprendizaje sin el complejo sistema emocional que le otorga significado. Sin sentimiento no hay experiencia, porque es el que permite que esta tenga sentido. Y sin experiencia no hay aprendizaje ni conocimiento. Esto supone pensar el niño y la niña como sujetos viviendo en tramas emocionales y afectivas, desde las que aprenden a mirar el mundo; a comprenderlo. Su complejidad se extiende más allá del espacio áulico e incluye los diversos ámbitos de la vida infantil, en la que la familia juega uno de los roles principales. A menudo este discurso se reduce en el reclamo de apoyo de la familia a la escuela, pero no tiene en cuenta que antes de su entrada al sistema instituido educativo, los afectos se han venido construyendo en el espacio familiar y también en el social.
Estas tres dimensiones, y posiblemente otras más que no es posible considerar ahora, nos permiten pensar la relación familia y escuela desde una perspectiva inclusiva y necesariamente participativa. En ellas están concernidos aspectos como el derecho a la educación, el progreso social, la transformación de la realidad y la idea de una sociedad construida desde valores democráticos. Las derivas tecnocráticas que a menudo asoman (más veces de las que desearíamos) en la configuración del espacio escolar actual apuntan al aislamiento, la individualidad, la instrumentalización y la banalización del aprendizaje escolar, poniendo en serio riesgo las próximas generaciones y la finalidad de la sociedad misma.
En un estudio anterior planteábamos como la visión de las familias sobre la escuela es construida desde su propia experiencia como usuarios de la misma (Rivas, Leite Méndez & Cortés González, 2011) si bien esta es reformulada de acuerdo a su posición actual, su trayectoria, sus experiencias profesionales y sociales, etc. Hablamos por tanto de una construcción continua del sentido de la educación escolar que genera opciones y posibilidades quizás no contempladas institucionalmente. Esto es, la escuela desarrolla una lógica propia elaborada desde las necesidades de organizar su realidad, al tiempo que el medio familiar avanza en el escenario social, cultural y político con lógicas ajenas, vinculadas a lo laboral, lo social, la cotidianidad, etc. No hay ciclos que se repiten por tanto, aunque se mantengan matrices similares en algunos aspectos, sino que siempre tiene lugar una nueva construcción a partir de las nuevas condiciones (Leite Méndez & Rivas Flores, 2012). Las reglas de juego sufren modificaciones que no siempre se hacen explícitas, generando conflictos, y a menudo, el propio cierre institucional.
Sumado a este desencuentro, no podemos dejar de lado que los padres y madres están poniendo sobre el tapete el pensamiento social, cultural, político, económico, etc. del que son parte. Ponen de manifiesto el conflicto entre escuela, sociedad y educación, del cual también forman parte profesorado y alumnado, y del que no son ajenos los medios de comunicación y los colectivos políticos y educativos. El problema se genera cuando las soluciones se buscan de forma particular por cada uno de estos ámbitos, sin que tenga lugar el necesario encuentro y el diálogo para construir un espacio común, aunque diverso. Frente al monopolio del pensamiento escolar, se abre un abanico amplio y complejo de opciones que constituyen, nos guste o no, el marco de comprensión de construcción de la realidad del alumnado. En esta lógica tiene sentido hablar de comunidad, de participación de las familias y de un nuevo espacio de relaciones con potencial de construir otro sistema posible.
En líneas generales se puede decir que este debate público y democrático no ha tenido lugar prácticamente en ningún estado (salvo alguna honrosa excepción). Antes bien, caminamos hacia un destino incierto en el que ahora mismo el paso lo va marcando la visión más reduccionista e instrumental de la educación. Al menos en España, pero podemos aventurar que no estamos solos en este trayecto, la participación de la familia y de la comunidad en la escuela se ve amenazada por políticas neoconservadoras, por una moral neoliberal imperante y abiertamente hegemónica y por una vuelta a postulados autoritarios y segregadores de la educación. Las nuevas legislaciones están mermando la capacidad de participación de las familias, y aún también del profesorado, la vida escolar gira casi exclusivamente sobre el currículum prescrito y las pruebas estandarizadas. Todo ello supone una forma de alejar la vida cotidiana de la escuela de la comunidad, en el sentido en que venimos hablando, buscando la asepsia en el aprendizaje, de cara a un incierto futuro laboral. No hay mejor garantía de una ciudadanía domesticada y controlada, más preocupada por el éxito y la eficacia, que por la justicia y la solidaridad entre las gentes y los pueblos.
Una de las paradojas de esta situación es que sitúa la carga de la culpa sobre el eje más débil: las familias y el alumnado. De esta forma la situación se analiza más desde el escenario del “no se puede”, “no se hace” o “no se debería hacer” más que desde el “vamos” colectivo y solidario. Es importante poder permitirnos otras miradas desde lo que sí se hace y desde la diversidad de significados, vivencias y compromisos que los distintos colectivos ponen en juego: alumnado, profesorado y familias (Leite Méndez, 2014), y en este sentido el libro que se presenta es importante, ya que se analiza la situación desde diversas voces, prácticas, escenarios y contextos que permiten visibilizar el marco de relaciones entre unos y otros.
Pensamos que en el escenario actual es importante volver una y otra vez sobre la relación familia-escuela, pero desde miradas diferentes a la de la búsqueda de colaboradores necesarios o la de instrumentos para el control. Antes bien, se hace necesario recuperar el sentido de comunidad, desde la idea de Bauman (2006); esto es, desde la carencia y la necesidad de buscar espacios de ayuda mutua y de colaboración. Son muchas las aristas desde las que se está planteando, muchas de ellas emanadas de políticas y organismos internacionales, que aun reconociendo el valor de la misma mantienen una visión jerarquizada y culpabilizadora.
Dando la vuelta al argumento convencional, mencionado anteriormente, no es posible pensar la escuela sin la familia y sin niños y niñas, aunque si es posible pensar la familia sin la escuela. Lo cual provoca una relación necesaria pero no imprescindible. Históricamente la familia ha necesitado la escuela para la formación de sus hijos e hijas. En cambio, en este siglo, muchas familias prescinden de la escuela y prefieren asumir su educación de forma particular. Lo cual complejiza aún más la discusión en torno a este problema.
En síntesis, se hace necesaria una revisión en profundidad de las relaciones en la escuela, del sentido público que le acompaña, de los modelos de construcción de ciudadanía que se potencian, entre otras cuestiones, que nos permita reconstruir esta relación. Su futuro se construye en este escenario. Para ello es necesario superar las posiciones paternalistas vigentes, las dependencias y los temores, las jerarquías implícitas y las voces de autoridad preestablecidas, más con valor de control que de valor democrático.
En este sentido podemos valorar la aportación que Leonor Rizzi hace en esta obra, sin duda oportuna y necesaria. Una revisión basada en una larga y profunda investigación, que aporta datos, más allá de la especulación teórica o de la mera revisión conceptual. Este es, sin duda, uno de sus primeros logros, aportar elementos empíricos a una reflexión que suele moverse en el terreno de la especulación o el dato fácil. El trabajo de campo nos permite conocer de primera mano, las voces del profesorado, de las familias, desde sus visiones particulares sobre la necesidad y condiciones de las relaciones entre la escuela y las familias. Este conocimiento, esta apertura, se enriquece al considerar distintas escuelas, por su lugar y contexto geográfico, por la población que atienden, por su organización interna, por las expectativas y construcciones colectivas entre unos y otros.
Las y los lectores, podrán encontrarse con una relación que muestra una gran complejidad, una multiplicidad de caras, de miradas, visiones, preconceptos, opiniones, miedos; relación atravesada por el contexto, por la realidad social y cultural en pleno siglo XXI y por las condiciones históricas y políticas sobre las que se construye el sentido de la escuela y el papel de la familia. Estos atravesamientos nos llevan a plantearnos muchos interrogantes, muchas dudas que pueden abrir el campo de la reflexión y por tanto de la posibilidad para pensar en otra escuela, en otra relación, para reconocer que la diversidad de familias es una vía fructífera para transitar otros caminos en la compleja relación escuela-familia.
José Ignacio Rivas
Analía E. Leite Méndez
Universidad de Málaga, España
Referencias bibliográficas
BAUMAN, Z. (2006). Comunidad: en busca de seguridad en un mundo hostil. Madrid: Siglo XXI.
LEITE MÉNDEZ, A. E. (2014). Familia y escuela: sí, se puede. Cuadernos de Pedagogía Nº 444.
LEITE MÉNDEZ, A. E. & RIVAS FLORES, J. I. (2012). De padres y madres a hijos e hijas: los ciclos de la experiencia. En J. I. RIVAS, F. HERNÁNDEZ, J. M. SANCHO & C. NÚÑEZ, Historias de vida en educación: sujeto, diálogo y experiencia. Recuperado de http://hdl.handle.net/2445/32345.
PINAR, W. F. (2015). Educational Experience as Livedknowledge, History, Alterity. London: Routledge.
RIVAS FLORES, J. I.; LEITE MÉNDEZ, A. E. & CORTÉS GONZÁLEZ, P. (2011). Paradojas y conflictos entre las culturas del profesorado, las familias y los estudiantes en el contexto escolar. Revista de Educación, 356, 161-183.
INTRODUCCIÓN
En el quehacer cotidiano de las instituciones educativas surgen múltiples preguntas en torno a la complejidad de las relaciones interpersonales e interinstitucionales (1). ¿Cómo se entablan estas relaciones entre docentes, directivos, alumnos, padres y la comunidad toda? Un recorte de esta realidad es el espacio que relaciona la escuela y la familia.
Estas dos instituciones comparten la misión de acompañar y generar aprendizajes en las nuevas generaciones. Los sujetos de la educación, que de acuerdo con el nivel educativo estudiado son niños/as o preadolescentes, están en la intersección de ambas. Estos son para una institución los hijos/as; para la otra, sus alumnos/as.
Se puede afirmar que, según estudios realizados en el área de la sociología y de la psicología (Durkheim, Weber, Roudinesco, Dubet, entre otros) hasta hace pocos años, las familias contaban con elementos de solidez (2) propios, acordes al contexto sociocultural, que les permitían acompañar a sus hijos a través de la escolaridad. Esto está relacionado con las certidumbres de la modernidad y el programa institucional (3) (Dubet, 2006). Todo ello contribuyó a la conformación de sujetos con convicciones profundas, normas y valores compartidos, mayores seguridades acerca del quehacer educativo de las nuevas generaciones.
En la actualidad los grupos familiares cuentan con estructuras diferentes y están inmersos en una sociedad de cambios rápidos, constantes y profundos (Ramos, 2002). A través de los medios de comunicación y de investigaciones sociológicas, se hacen explícitos dificultades en la convivencia familiar y social, problemas económicos acuciantes, desestabilización laboral; aumento creciente de la pobreza, altos índices de exclusión educativa y social (Tenti Fanfani, 2004).
El sistema educativo también ingresó en crisis. Esto se manifiesta directamente en las instituciones educativas, que han ido perdiendo su capacidad socializadora y de responder a las demandas sociales del momento (Narodowski, 1999, Tenti Fanfani, 2004). En las escuelas se visualizan situaciones de intolerancia, discriminación, violencia entre los alumnos, en lugar de actitudes de respeto por el otro, de encuentro y de participación. Esto trasciende a través de comentarios particulares (entre las personas) y de los medios de comunicación.
En la cotidianeidad se puede observar que hay distancia entre estas dos instituciones, la escuela y la familia. Aunque la relación entre ambas debiera ser de confianza, enmarcada por una actitud de responsabilidad compartida y complementaria en la tarea de educar (Tenti Fanfani, 2004; Harf, 2000), en la práctica según lo afirman padres y docentes, se manifiesta distanciamiento, resquemores y desconfianza mutua.
Se presenta aquí el trabajo de investigación de una tesis de doctorado, realizado a partir de la observación de estas situaciones en la vida de las comunidades educativas, con el objeto de comprender, desde la perspectiva de las ciencias sociales y a través de un trabajo sistemático, la relación escuela-familia, problemática socioeducativa y pedagógica contemporánea que inquieta y preocupa tanto a las instituciones educativas, como a la sociedad toda.
Preocupa a la institución educativa, porque en ella se inicia el aprendizaje de los códigos de convivencia social, se producen aprendizajes relacionales y académicos. Como se lee en la propuesta curricular de la provincia de Córdoba (2011, p. 11), “familias, escuela y sociedad, producen sentidos y tienen un rol importante en la identidad de cada una de las personas”.
Por otra parte, en medio de estas dos instituciones, la escuela y la familia, se encuentra el hijo/a y el alumno/a. Entre ambas comparten un objetivo: el desarrollo de las nuevas generaciones. Como lo expresa Dabas, “poseen una tarea común de interacción y mutua influencia” (2008, p. 94) que puede favorecer o no los procesos de desarrollo.
En el presente trabajo se ha tratado de entretejer los hilos de las narrativas de la familia y la escuela en torno a las miradas que cada institución tiene sobre la otra y sobre sí misma. Es una invitación a mirar la experiencia recogida y tomar los elementos que emergen para comprender mejor cómo se establece la relación entre estas instituciones. La experiencia según Contreras y Pérez (2010), es aquello
que nos imprime la necesidad de repensar, de volver sobre las ideas que teníamos de las cosas, porque justamente lo que nos muestra la experiencia es la insuficiencia, o la insatisfacción de nuestro anterior pensar; necesitamos volver a pensar porque ya no nos vale lo anterior a la vista de lo que vivimos, o de lo que vemos que pasa. Justo lo que la experiencia sea tal, es esto: que hay que volver a pensar. (p. 21)
La temática se profundiza a través de un proceso reflexivo que se va desarrollando desde una espiral recursiva. Profundiza la experiencia vivida, triangula las narrativas de familia y escuela. Se pone la mirada en la diversidad de los contextos socioculturales y las características de la población que atienden.
El problema central es conocer cómo se manifiesta la relación entre la escuela y la familia cuáles son los señalamientos de la normativa vigente; qué proponen los especialistas al respecto; cuales son las percepciones de los docentes y de las familias sobre este vínculo.
A partir de esta situación problema surgen los siguientes interrogantes:
¿Cómo se relacionan las escuelas con las familias?
¿Qué estrategias utilizan las escuelas para convocar a las familias?
¿Por qué motivos las familias se acercan a las escuelas?
¿Cuál es la percepción de los directivos y docentes sobre las familias de sus alumnos?
¿Qué piensan las familias sobre la escuela a la que asisten sus hijos?
¿Qué plantea la normativa a nivel provincial y nacional acerca de la relación entre la escuela y la familia?
¿A qué conclusiones arriban los especialistas que han estudiado esta relación?
¿Cómo se acercan las formas en que se relacionan la escuela y la familia a las propuestas de las normativas vigentes y a los discursos de los especialistas?
Para la comprensión de lo que acontece en medio de la relación escuela-familia es preciso revisar que sucedió a lo largo del tiempo, desde la creación de la escuela en la cultura occidental, con estas dos instituciones y qué mecanismos de vinculación se establecieron entre ambas.
En el primer capítulo se presenta un recorrido histórico, desde el inicio del sistema educativo en Argentina hasta nuestros días. En él se señalan algunas características que fue adoptando la relación escuela y familia, comenzando por los planteos de la Ley de Educación 1420. También recoge este capítulo las narrativas que figuran en la revista del Ministerio de Educación Monitor de la Educación y expresiones de algunos autores que han aportado a la historia de la educación argentina.
En los primeros tiempos, la escuela adquiere gran relevancia, sobre todo para las familias que viven en las ciudades y las familias de inmigrantes. Se presenta como el espacio que aporta los elementos para la integración de la nación y el ascenso social. Desde el comienzo la escuela demanda la presencia de la familia en el acompañamiento de los/as hijos/as. Las familias acuerdan con los procesos que se desarrollan en la escuela, por lo que se erige como templo del saber, y lo que en ella se dice es palabra santa (Filmus, 1996; Monitor de la Educación, 1900-1961, Tenti Fanfani, 2004).
Luego se inician procesos de cambios profundos tanto a nivel global como regional que impactan en las instituciones y sus formas de relación. La escuela como institución disminuye su capacidad socializadora y de ascenso social, por lo tanto pierde valor frente a la sociedad y las familias (Filmus, 1996).
Las familias van adoptando nuevas conformaciones y a su vez se establecen nuevas identidades en los sujetos. La escuela que el estado constituyó para homogeneizar a la población a fin de dar sentido a un estado nacional, en este tiempo tiene que enfrentarse a la diversidad y trabajar desde y para esta realidad. La política educativa ha tratado de articular estas realidades proponiendo a través de las leyes y programas, mayor participación de las familias para acortar las distancias entre estas instituciones.
Dubet (2006) sostiene que se han iniciado procesos de decadencia de las instituciones, y que las personas ya no están motivadas para participar en ellas. La multiplicidad de criterios y verdades (Follari, 1996) acerca de la cultura, la sociedad, la ciencia, los valores, deja a los sujetos desprovistos de técnicas, conocimientos, estrategias para abordar las funciones específicas tanto de la familia como de la escuela y sus modos de relacionarse.
Los cambios sociales, económicos, ideológicos, políticos, tecnológicos culturales acaecidos a nivel mundial, y por lo tanto regional, han impactado en las instituciones, tanto en la escuela como en la familia, produciendo disrupciones en su relación, generando disconformidades, malestar, desvalorización que impactan en los procesos de aprendizaje de los/as alumnos/as.
En el capítulo II, se propone un estado de la cuestión en lo que respecta al tema de la investigación. Se presenta un análisis de los procesos socioculturales acaecidos en los últimos años y el deterioro de las instituciones, tanto de la escuela como de la familia. La pérdida de valores, los problemas de convivencia que surgen en las escuelas, la conflictividad de las relaciones, nuevos posicionamientos de las familias y las instituciones escolares, falta de formación de los docentes como de los padres para abordar la complejidad de las interacciones entre ambas instituciones son algunos de los factores allí analizados.
Los aportes recogidos fueron organizados en cuatro ejes temáticos:
– mirada general de las problemáticas sociales;
– mirada sobre la institución escuela;
– mirada sobre la institución familia;
– mirada sobre la relación escuela-familia.
En el capítulo III, las experiencias recogidas en terreno permiten la construcción de las narrativas: se trabaja con visiones y miradas contrapuestas, sobrepuestas y concordantes de la escuela y la familia en cada una de las instituciones. Las miradas que la familia y la escuela tienen sobre sí mismas y sobre la otra institución en cuanto a sus quehaceres, al sujeto de la educación, las acciones realizadas, los conflictos, la participación y la autoridad. Esto permite caracterizar la relación que se entabla entre la escuela y la familia.
Siempre desde la experiencia, como lo que expresan Contreras y Pérez (2010) en la búsqueda de algo muy especial como saber, el saber que permite iluminar el hacer para mejorar lo que acontece en la institución escolar.
De este modo se hace visible cómo se relacionan las escuelas con las familias, las estrategias que usan para convocar a las familias, los motivos por los cuales las familias se acercan a la escuela, qué percepciones tienen los directivos y docentes acerca de las familias de sus alumnos, que piensan las familias de las escuelas a las que concurren sus hijos/as.
En el capítulo IV se coteja las voces de madres, padres, docentes y directivos que hacen visibles las prácticas relacionales entre la escuela y la familia con el contexto, los discursos de autores tales como Hargreaves, Segobia, Ordóñez Sierra, Llavador Beltrán, Icaza, Coronado, Cardemil, Frigerio, Tedesco, Tenti Fanfani, Garay, entre otros y de la normativa que rige la educación a nivel nacional y provincial (4).
Para finalizar quedan asentadas las conclusiones a las que se arriba. Este espacio se cierra con aportes de comprensión sociológica, política y pedagógica de esta controvertida temática. En lo que hace a la relación, se puede afirmar que su construcción se inicia en la obligatoriedad y el derecho, el saber y el poder, por tanto genera tensión y es a la vez, asimétrica.
En la medida que ambas instituciones asuman que es importante disminuir las asimetrías y ocupar un lugar de iguales desde quehaceres distintos, las distancias se acortarán. Se podrán establecer roles y espacios de interacción.
Lo expresado anteriormente tiene que ver con las posibilidades que cada institución tiene, los espacios que ya han creado para la interacción y el deseo de superar algunas cuestiones que surgen en los diálogos recogidos. Estas cuestiones están planteadas en términos de sentimientos o emociones desde ambas instituciones: el sentirse no valorados, frustrados, no escuchados.
Aquí se torna relevante revisar el concepto de participación, no en el sentido de mera asistencia, sino como procesos donde todos y cada uno forme parte, tome parte, que cuente y se cuente como dice Beltrán Llavador (1997). Todo esto debe ayudar a encontrar los caminos para abordar la diversidad de familias, de alumnos y por qué no de docentes. Aquí es importante tener en cuenta la comunicación, como forma para acercar a las personas.
Para concluir esta introducción, se estima importante señalar que se espera que este trabajo contribuya a ampliar, cuestionar, generar nuevas condiciones para el estudio de los procesos pedagógicos. La relación escuela-familia y el modo de llevarla a cabo se considera un proceso pedagógico que transmite un contenido importante para las nuevas generaciones y la sociedad: la participación, los procesos democráticos, la convivencia, el reconocimiento y el trabajo desde la diversidad. Todo ello, con un fin: de que la escuela sea un espacio realmente de lo público.
Queda abierta la invitación para que cada uno pueda leer en las narrativas de los agentes que transitan su institución y visibilizar la complejidad de las relaciones entre la escuela y la familia.
1. Relaciones entre distintas instituciones que intervienen en los procesos educativos, entre ellas la familia, las iglesias, etc.
2. Estrategias, valores, normas compartidas.
3. Según Dubet el programa institucional de la modernidad pone énfasis en la homogeneidad de los valores y principios, con una filosofía de progreso indefinido. Es “el proceso social que transforma valores y principios en acción y en subjetividad [...] por el trabajo profesional específico y organizado” (Dubet, 2006, p. 32).
4. República Argentina, provincia de Córdoba.
Capítulo I
LA RELACIÓN ESCUELA-FAMILIA A TRAVES DE LA HISTORIA
Así, la acción se tensa entre el pasado y el futuro.
La acción es temporal, como hemos dicho, y no meramente espacial, un actuar que requiere un espacio específico donde insertarse.
BÁRCENA & MÈLICH, 2000, p. 71
Desde sus orígenes, la familia y la escuela se han ocupado de la formación de los hijos y de los alumnos contribuyendo así a la formación de la sociedad. Han tenido y siguen teniendo en su seno, el deber y el derecho de formar, educar, transmitir conocimientos. Estas instituciones transmiten formas de vida, tradiciones, valores universales (5).
Actualmente los avances científicos y tecnológicos en el campo de la comunicación han contribuido a la conformación de la denominada Sociedad de la Información, en la que nuevos agentes han ingresado en el ámbito de la educación y la transmisión de valores: los medios masivos de comunicación (internet, celulares, televisión) y los lugares de encuentro de las nuevas generaciones (videojuegos, redes sociales).
Hoy la realidad presenta nuevos espacios sociales, nuevas formas de interrelaciones y de subjetivación (6) ya sea en el espacio real o en el espacio virtual, de modo que las nuevas generaciones internalizan nuevas formas de relación con el otro y con el mundo.
Aun así, el espacio donde se despliega el juego de la educación, y donde se distribuyen el capital simbólico, relacional y cultural, sigue siendo la familia y la escuela. Situados en el aquí y ahora, reconociendo a la familia y la escuela como espacios propios donde se desarrollan las acciones pedagógicas.
Según lo expresado por diversos autores (Nassif, 1965; Durkheim, 1997; Jerome Bruner, 1997; Fullat, 1997) se comprende a la educación como un proceso subjetivo y social a la vez. Se produce en el interior del hombre, en contacto con el exterior, físico y social. Conforma y modifica al sujeto y a la sociedad, en interacción constante. Esta interacción produce discursos, y estos, a su vez, construyen realidades y subjetividades. Es así que, como lo expresa Donald James: “estaré atendiendo a la enseñanza en tanto proceso que produce ciertas formas de subjetividad [...] y la educación como proceso productor de sujetos” (1995, p. 21).
Desde esta perspectiva, tanto el individuo como las instituciones donde se desenvuelve cobran importancia en la construcción de identidades sociales y subjetivas como así también en la generación de enseñanzas que producirán aprendizajes. La familia y la escuela son dos instituciones donde acontece parte del proceso de educación de las futuras generaciones.
En el presente trabajo el término educación considera:
• Los procesos educativos como procesos formativos que conforman al sujeto en su dimensión ética, en la configuración de su identidad, en la manera de insertarse en el mundo.
• A la familia y la escuela como instituciones de la sociedad donde, de manera paralela y a la vez simultánea, interactúan con los hijos/as-alumnos/as en procesos educativos.
• Las interacciones entre estas dos instituciones como procesos pedagógicos y formativos de las nuevas generaciones.
El eje central de esta investigación son las relaciones que se establecen entre la familia y la escuela, consideradas ambas como instituciones sociales, concepto cuya significación varía en distintos contextos y espacios. Suele asociarse el término institución con la palabra organización, y hasta empleárselos como sinónimos. Para diferenciarlos puede decirse que una institución puede tener una organización particular, lo que no significa que toda organización sea una institución.
En un sentido amplio, este término designa hechos sociales organizados, transmitidos de generación en generación e impuestos a los individuos. Dubet entiende a la institución, en un sentido político, como “un conjunto de aparatos y procedimientos de negociaciones orientados a la producción de reglas y decisiones legítimas” (2006, p. 31).
Las instituciones son constructos que dan sentido al mundo en la medida que los sujetos creen en ellas; “la institución no tiene, no puede tener fundación racional o real: su único fundamento es la creencia de los sujetos en ella, y también el hecho de que puede volver coherentes el mundo y la vida, es decir sensatos” (Catoriadis, 2004, p. 215).
Según autores consultados (Dubet, 2006; Max Weber; Catoriadis, 2004) puede comprenderse a la institución como el constructo social que acontece en un espacio y un tiempo, por el cual el hombre y la sociedad parcelan, rigen, normativizan las acciones que se transmiten de generación en generación y son aceptadas y modificadas por los sujetos.
La institución permite la interacción entre la sociedad y el individuo, modificando a ambos y creando nuevas realidades en procesos que se conforman en la acción y en esta interacción. Las personas establecen las normas, que le dan origen, iniciándose de este modo procesos de institucionalización constante.
La familia es una institución construida socialmente y que existe en tanto y en cuanto está reconocida colectivamente y desde ese reconocimiento se conforma como una realidad. Se caracteriza por una alianza entre un hombre y una mujer y la filiación. (Bourdieu, 1999; Doubet, 2006)
Dos aspectos constituyen esta institución: uno lo natural, la unión y procreación; otro cultural, normas que se establecen para el desenvolvimiento de las personas que componen la familia (Roudinesco, 2003). En este entorno se inicia el proceso de socialización primaria de las nuevas generaciones, con mecanismos que han variado en el tiempo.
Los cambios experimentados por la familia, a lo largo de la historia, están dados por la mayor o menor autonomía de sus integrantes y la forma de organizarse. Lo que permanece es su función esencial, la reproducción biológica y simbólica (7). Sin dejar de considerar que en el sentido biológico, con el avance de las ciencias, hoy se observan cambios profundos que inciden directamente en este aspecto: inseminación artificial, concepción in vitro, alquiler de vientres.
Si bien puede considerarse a la familia en crisis, es en el análisis de la función frente al sujeto la que le otorga un nuevo orden simbólico, ya que puede contribuir o no a su inserción social, a partir del capital simbólico, cultural, relacional y económico que posea y transmita. Si sabe mantener como “principio fundamental el equilibrio entre lo uno y lo múltiple que todo sujeto necesita para construir su identidad” (Roudinesco, 2003, p. 214) podrá perdurar en el tiempo, aunque deba reinventarse una vez más. Dentro de ella se producen procesos educativos y formativos, tanto de las nuevas generaciones como de los adultos que las conforman.
La escuela, como institución, tal cual la conocemos hoy, se inicia en el contexto histórico social de la modernidad. Surge a partir del cambio de modelo de relaciones económicas y políticas en el tiempo que nacen los estados nación, cuando las personas comienzan a aglutinarse en las ciudades, y los aprendizajes que llevan adelante los niños en las familias no son suficientes para el desempeño en la sociedad. El nuevo modelo presenta la necesidad de consolidar los pueblos en naciones fuertes y unidas, con un alto compromiso con el proyecto establecido por parte de sus miembros. En Europa tiene como marco histórico a la modernidad y se consolida a partir de la Revolución Francesa, con los ideales de libertad, igualdad y fraternidad.
En este período histórico comienza, según Dubet, el programa institucional. Considera que la escuela primaria no fue solo la institución privilegiada de la República, sino que también fue “la institución moderna por excelencia; moderna en sus principios, sin lugar a dudas, pero ampliamente inspirada en su forma por la institución religiosa contra la que combatía” (Dubet, 2006, p. 102) la que le había dado sus bases en los siglos XVI y XVII (8).
Los ideales de la Revolución Francesa llegan hasta las colonias del Río de la Plata, promoviendo un movimiento de independencia. Luego de largas luchas en 1853 se dicta la Constitución Argentina, que organiza nuestro país.
La escuela, es el espacio social donde se puede incidir para la conformación de un pueblo y su cultura, de acuerdo a las necesidades y prioridades determinadas por el grupo que posee el poder. Tanto Foucault (1976) como Bourdieu (1999), expresan que esta institución es el brazo del estado, que le permite dar forma según sus intereses y necesidades a los individuos.
