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Hernán Confino

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La Escuela de Mecánica de la Armada es uno de los símbolos más aterradores de la última dictadura argentina. Localizada en un lugar central de la ciudad de Buenos Aires, funcionó como centro clandestino de detención entre 1976 y 1983 sin interrupciones. Fueron secuestradas y mantenidas en cautiverio allí cerca de cinco mil personas y solo sobrevivieron alrededor de trescientas. Formó parte de una red de casi seiscientos centros clandestinos de detención que estuvieron en actividad en todo el país con la misma estructura represiva: secuestro, tortura, asesinato y desaparición de los cuerpos. Los testimonios de las víctimas y las organizaciones de derechos humanos, así como los juicios de lesa humanidad, permitieron que esta historia se conozca. ¿Qué puede decirse de nuevo sobre la ESMA casi cuarenta años después de la recuperación de la democracia? ¿Por qué este centro de detención fue tan singular? ¿Cuál fue la lógica de las acciones de los represores que hoy aparecen como frutos de la locura y la irracionalidad? Este libro presenta algunas claves para entender el funcionamiento de la esma y sus principales sentidos y propósitos. Formula nuevas preguntas para comprender el universo cotidiano de ese centro clandestino, las experiencias de quienes atravesaron el cautiverio y los proyectos de poder de los represores. "Las respuestas a estas preguntas sirven para entender cómo llegó a funcionar en la esma un verdadero micromundo de vínculos y acciones en los que se combinaron los métodos más directos de violencia y aniquilamiento con otros sistemas más sutiles de destrucción física y psicológica. También permiten comprender cómo la represión planificada desde la doctrina militar alimentó un funcionamiento autónomo y un proyecto de poder propio, que tuvo incluso prolongaciones políticas nacionales e internacionales."

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Seitenzahl: 259

Veröffentlichungsjahr: 2022

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MARINA FRANCO Y CLAUDIA FELD(directoras)

ESMA

Represión y poder en el centro clandestino de detención más emblemático de la última dictadura argentina

La Escuela de Mecánica de la Armada es uno de los símbolos más aterradores de la última dictadura argentina. Localizada en un lugar central de la ciudad de Buenos Aires, funcionó como centro clandestino de detención entre 1976 y 1983 sin interrupciones. Fueron secuestradas y mantenidas en cautiverio allí cerca de cinco mil personas y solo sobrevivieron alrededor de trescientas. Formó parte de una red de casi seiscientos centros clandestinos de detención que estuvieron en actividad en todo el país con la misma estructura represiva: secuestro, tortura, asesinato y desaparición de los cuerpos. Los testimonios de las víctimas y las organizaciones de derechos humanos, así como los juicios de lesa humanidad, permitieron que esta historia se conozca.

¿Qué puede decirse de nuevo sobre la ESMA casi cuarenta años después de la recuperación de la democracia? ¿Por qué este centro de detención fue tan singular? ¿Cuál fue la lógica de las acciones de los represores que hoy aparecen como frutos de la locura y la irracionalidad? Este libro presenta algunas claves para entender el funcionamiento de la ESMA y sus principales sentidos y propósitos. Formula nuevas preguntas para comprender el universo cotidiano de ese centro clandestino, las experiencias de quienes atravesaron el cautiverio y los proyectos de poder de los represores. “Las respuestas a estas preguntas sirven para entender cómo llegó a funcionar en la ESMA un verdadero micromundo de vínculos y acciones en los que se combinaron los métodos más directos de violencia y aniquilamiento con otros sistemas más sutiles de destrucción física y psicológica. También permiten comprender cómo la represión planificada desde la doctrina militar alimentó un funcionamiento autónomo y un proyecto de poder propio, que tuvo incluso prolongaciones políticas nacionales e internacionales.”

SOBRE LOS AUTORES

LAS DIRECTORAS

MARINA FRANCO es historiadora, docente de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) e investigadora principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), y doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Université de Paris 7. Se ha especializado en el estudio del terrorismo de Estado y actualmente trabaja sobre la violencia represiva en la historia argentina del siglo XX. Es autora de El exilio. Argentinos en Francia durante la dictadura (2008); Un enemigo para la nación. Orden interno, violencia y “subversión” (2012), y El final del silencio. Dictadura, sociedad y derechos humanos en la transición argentina (2018). Como editora ha publicado, entre otros, Historia reciente. Desafíos para un campo en construcción (con Florencia Levín, 2007), y Democracia hora cero. Actores, políticas y debates en los inicios de la posdictadura (con Claudia Feld, 2015). Es fundadora e integrante del Núcleo de Historia Reciente de la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales (IDAES)-UNSAM.

CLAUDIA FELD es doctora en Ciencias de la Comunicación por la Université de Paris 8 e investigadora independiente del CONICET, con sede en el Centro de Investigaciones Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES). Es docente del doctorado en Ciencias Sociales de la UBA. Sus investigaciones abordan los vínculos entre la memoria social, la historia reciente, la cultura visual y los medios de comunicación. Ha publicado Del estrado a la pantalla: las imágenes del juicio a los ex comandantes en Argentina (2002); El pasado que miramos. Memoria e imagen ante la historia reciente (editado con Jessica Stites Mor, 2009); Democracia, hora cero. Actores, políticas y debates en los inicios de la posdictadura (con Marina Franco, 2015) y Las voces de la represión. Declaraciones de perpetradores de la dictadura argentina (con Valentina Salvi, 2019). Es integrante fundadora del Núcleo de Estudios sobre Memoria (Centro de Investigaciones Sociales [CIS]-CONICET/IDES) y directora de Clepsidra. Revista Interdisciplinaria de Estudios sobre Memoria.

LOS AUTORES Y LAS AUTORAS

HERNÁN CONFINO es historiador, docente de la UNSAM y becario posdoctoral del CONICET. Es doctor en Historia por la Escuela IDAES de la UNSAM y profesor en Enseñanza Media y Superior en Historia por la UBA. Se ha especializado en el estudio de las militancias de la década del setenta y la historia del último exilio político argentino. Es autor de La Contraofensiva: el final de Montoneros (2021). Es miembro de la Red de Estudios sobre la Represión y la Violencia Política (RER) y cocoordinador del Núcleo de Historia Reciente de la Escuela IDAES-UNSAM.

RODRIGO GONZÁLEZ TIZÓN es historiador, docente de la UNSAM y coordinador de Investigaciones Históricas del Archivo Nacional de la Memoria. Es doctor en Historia por la Escuela IDAES de la UNSAM. Se ha especializado en el estudio del activismo político en clave de derechos humanos, en particular, de las y los sobrevivientes de la dictadura. Actualmente, investiga el dispositivo de inteligencia estatal y su empleo para la represión política en la segunda mitad del siglo XX. Es autor de No solo un testigo. Historia de los sobrevivientes de la última dictadura argentina (El Vesubio, 1978-2016) (en prensa). Es integrante del Núcleo de Historia Reciente de la Escuela IDAES-UNSAM.

LUCIANA MESSINA es antropóloga, docente de UBA e investigadora adjunta del CONICET. Es doctora en Antropología por la UBA. Se ha especializado en el estudio de procesos memoriales sobre el pasado dictatorial argentino, con énfasis en las políticas y los lugares de memoria. Miembro del Núcleo de Estudios sobre Memoria, donde coordina el grupo “Lugares, marcas y territorios de la memoria” (CIS-CONICET, IDES), y es investigadora formada del equipo “Lugares y Políticas de la Memoria” (Facultad de Filosofía y Letras [FFyL] de la UBA). Integra el comité editorial de Clepsidra. Revista Interdisciplinaria de Estudios sobre Memoria (Centro Argentino de Información Científica Tecnológica [CAICyT] /CONICET).

VALENTINA SALVI es socióloga, profesora de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) e investigadora independiente del CONICET con lugar de trabajo en el CIS-CONICET/IDES. Es doctora en Ciencias Sociales por Universidad Estadual de Campinas, Brasil. Entre 2015 y 2021, fue directora del Núcleo de Estudios sobre Memoria y actualmente es miembro de su Consejo Académico. En sus investigaciones, se ha especializado en el estudio de los perpetradores con énfasis en sus memorias y en sus intervenciones públicas. Ha publicado De vencedores a víctimas. Memorias militares sobre el pasado reciente en la Argentina (2012), y con Claudia Feld, Las voces de la represión. Las declaraciones de los perpetradores de la dictadura argentina (2019). Es fundadora e integrante del Red Interdisciplinaria de Estudios sobre Memoria Social (RIEMS).

Índice

CubiertaPortadaSobre este libroSobre los autoresAgradecimientos¿Por qué la ESMA? Algunas claves para leer este libroI. Una breve historia del centro clandestinoII. El poder en las sombras: el grupo de tareas de la ESMAIII. Un nivel superior de aniquilamiento: el “proceso de recuperación”IV. Solidaridades y tensionesV. De la rapiña a los millones: El robo de bienes en la ESMAVI. El lugar sin límites: el centro clandestino fuera de la ESMAVII. Conclusiones. Pensar la ESMA: entre la represión y la acumulación de poderÍndice de nombresCréditos

AGRADECIMIENTOS

ESTE LIBRO FUE POSIBLE gracias al trabajo colectivo, prolongado y comprometido de muchas personas. Ante todo, queremos agradecer al grupo de investigadores e investigadoras que integran el Proyecto de Investigación Científica y Tecnológica (PICT 0467-2016): Soledad Catoggio, Hernán Confino, Facundo Fernández Barrios, Rodrigo González Tizón, Julieta Lampasona, Florencia Larralde Armas, Luciana Messina, Esteban Pontoriero, Valentina Salvi y Dolores San Julián. A todos ellos y ellas, les agradecemos el diálogo permanente y la disposición al trabajo colaborativo. Sin sus aportes, este libro no hubiera sido posible. Las investigaciones de cada uno y cada una exceden, por supuesto, lo que aquí hemos podido abarcar; algunos de sus textos están citados en los distintos capítulos e invitamos a su lectura para profundizar sobre cada tema. Especialmente agradecemos a Florencia Larralde Armas, Julieta Lampasona y Dolores San Julián por la lectura aguda y en muy poco tiempo de nuestros borradores. También han leído textos previos y discutido ideas con enorme generosidad Valentina Salvi y Luciana Messina.

Queremos expresar un particular reconocimiento a Rodrigo González Tizón, miembro de nuestro equipo y coordinador de Investigaciones Históricas del Archivo Nacional de la Memoria, quien trabajó incansablemente para la selección y autorización de las fotos publicadas en este libro, siempre atento a nuestros pedidos y aportando ideas.

De la misma manera, queremos agradecer por las imágenes que ilustran los diversos capítulos al Museo Sitio de Memoria ESMA, al Archivo Nacional de la Memoria y a la Fototeca de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA), que nos abrieron sus fondos documentales y realizaron las gestiones necesarias. Expresamos nuestra gratitud a Memoria Abierta y, ante todo, a Gonzalo Conte, por su ayuda en la obtención de algunas fotografías para este libro. Asimismo agradecemos muy especialmente a Munú Actis por cedernos una foto personal que fue incluida en el capítulo III.

Con el Museo Sitio de Memoria ESMA nos unen muchos años de intercambios, diálogos y trabajo conjunto. Agradecemos sobre todo a Alejandra Naftal, su directora, por la colaboración, la lectura de algunos borradores y, más ampliamente, por el interés en nuestra tarea de investigación. Junto con Alejandra, queremos reconocer a los muchos trabajadores y trabajadoras del sitio que con tanta entrega ayudan a profundizar el conocimiento y transmitir la historia de ese lugar en cada una de sus actividades.

Esta investigación también fue posible gracias al diálogo y la generosidad de numerosas personas del mundo judicial. Muy en particular queremos agradecer a Mercedes Soiza Reilly y Leonardo Filippini, fiscales de diversos tramos de la Megacausa ESMA, por brindar información a nuestro equipo, contestar preguntas, facilitarnos materiales valiosos para el trabajo y estar interesados en nuestra reflexión.

Otros muchos colegas, amigas y amigos estuvieron siempre dispuestos a debatir y conversar sobre los avances de nuestras investigaciones y a responder interrogantes y pedidos. Entre ellos, queremos agradecer a Santiago Garaño, Pablo Scatizza y Mariana Tello Weiss, porque sus comentarios, desde el primer momento, nos ayudaron a pensar mejor la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en el marco del sistema general de represión en Argentina. Mariana, además, leyó varios borradores y dedicó su tiempo y lucidez a pensarlos con nosotras.

Los colegas del Núcleo de Estudios sobre Memoria (Centro de Investigaciones Sociales [CIS]-Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas [CONICET]/Instituto de Desarrollo Económico y Social [IDES]) y del Núcleo de Historia Reciente (Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales [IDAES]-Universidad Nacional de San Martín [UNSAM]) también están presentes en las ideas, los proyectos y los debates plasmados en este libro. A ellos deseamos brindarles un especial agradecimiento, así como a las instituciones mencionadas que hacen posible la tarea diaria de investigar, en condiciones materiales muchas veces difíciles.

Este libro se basa en numerosas fuentes, documentos y testimonios a los que hemos accedido por diversas vías. En especial, queremos agradecer a las decenas de sobrevivientes y su tarea incansable de dar testimonios; sus relatos sobre lo padecido en la ESMA han sido centrales para pensar esta obra. Hemos recogido esos testimonios en instituciones, archivos, bibliotecas y museos que conservan y hacen público ese material. Estos merecen también nuestro reconocimiento por su valiosa labor. Agradecemos, además y en particular, a quienes nos concedieron entrevistas directas a lo largo de muchos años de trabajo.

La confianza de Mariana Rey, Gastón Levin y la editorial Fondo de Cultura Económica ha sido fundamental para que este proyecto, con desafíos nuevos, se concretara.

Por último, agradecemos a nuestras familias por colaborar amorosamente, pese a las difíciles condiciones en las que se preparó este libro. Comenzado en plena pandemia, mientras estaban cerrados los espacios habituales en que desempeñamos nuestras tareas y las escuelas de nuestras hijas, este proyecto fue posibilitado por el acompañamiento incondicional, el trabajo y la paciencia de quienes viven con nosotras. A Guillermo y Lucila, la familia de Claudia, y a Javier, Violeta y Lulú, la familia de Marina, ¡muchas gracias!

¿POR QUÉ LA ESMA? ALGUNAS CLAVES PARA LEER ESTE LIBRO

Marina Franco y Claudia Feld

 

 

ESTE LIBRO ANALIZA la historia del centro clandestino de detención que funcionó en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), en la ciudad de Buenos Aires, entre 1976 y 1983. En esos años fueron secuestradas allí cerca de cinco mil personas. Solo sobrevivieron alrededor de trescientas. Aunque pasaron muchas décadas, la terrible experiencia de la violencia de Estado y de la última dictadura militar sigue siendo una historia abierta y dolorosa en Argentina. La movilización de las víctimas y de las organizaciones de derechos humanos a lo largo del tiempo posibilitó contar innumerables veces esta historia. Permitió hacer públicos cientos de testimonios y juzgar a buena parte de los responsables de estos delitos aberrantes. La ESMA, particularmente, fue objeto de decenas de relatos, películas, libros y programas televisivos que circularon en Argentina y en el mundo. El lugar donde se perpetraron estos crímenes atroces es hoy un sitio de memoria que recorren miles de visitantes al año. ¿Por qué, entonces, detenerse en esta historia? ¿Qué puede decirse de nuevo sobre este centro clandestino?

Volvemos sobre esta historia porque quedan preguntas abiertas. Preguntas que no se agotaron con la incesante actividad testimonial de las víctimas. Que no se respondieron pese al titánico esfuerzo de los organismos de derechos humanos y de quienes llevaron adelante los juicios de lesa humanidad. Volvemos sobre esta historia porque todavía queda pendiente explicar la ESMA. Queda por comprender qué hizo de la ESMA un lugar tan singular. Porque nos falta entender el universo cotidiano de ese centro clandestino, las experiencias de quienes atravesaron el cautiverio, así como las intenciones y los proyectos de los represores que sostuvieron la siniestra dinámica de la ESMA. En definitiva, aún hace falta esclarecer las lógicas y acciones de los perpetradores, que hoy, a la distancia, pueden parecer solo locura e irracionalidad.

Este libro propone, entonces, una historia posible de la ESMA. Es una historia que cuenta lo ocurrido allí, pero especialmente plantea algunas claves para entender cómo funcionó este centro clandestino y cuáles fueron sus principales sentidos y propósitos. No se trata de una historia integral ni de un panorama completo sobre todo lo sucedido allí durante los años de la dictadura. Tampoco se trata de sintetizar cientos de testimonios que ya han dado cuenta de estas experiencias de manera pormenorizada. Ningún libro, lo sabemos, puede abarcar la densidad de lo real. Este tiene una intención más acotada: recoger algunas líneas, proponer algunos problemas, explorar nuevas preguntas.

¿Cuál era el proyecto de los represores de la ESMA? ¿Cómo se relacionaron el proyecto político y la acción represiva? ¿Por qué el grupo de tareas de la ESMA se expandió entre 1976 y 1978? ¿De qué manera robaron las propiedades de las y los desaparecidos y cuál fue el destino de ese botín? ¿En qué consistieron el “proceso de recuperación” y el trabajo forzado de las y los secuestrados? ¿Cómo “convivían” las víctimas con los represores dentro del centro clandestino? ¿Qué clase de vínculos fueron posibles entre las personas secuestradas? ¿Qué transgresiones y resistencias se intentaron? ¿Hasta dónde se extendía el centro clandestino de detención?

Las respuestas a estas preguntas sirven para entender cómo llegó a funcionar en la ESMA un verdadero micromundo de vínculos y acciones en los que se combinaron los métodos más directos de violencia y aniquilamiento con otros sistemas más sutiles de destrucción física y psicológica. También permiten comprender cómo la represión planificada desde la doctrina militar alimentó un funcionamiento autónomo y un proyecto de poder propio, que tuvo incluso prolongaciones políticas nacionales e internacionales.

Sin embargo, la historia de la ESMA que indagamos en este libro no se dio de manera aislada. Esa violencia atroz, así como el terrorismo de Estado, fueron posibles porque se insertaron en una trama más amplia que recorre buena parte del siglo XX argentino.

UNA HISTORIA MÁS LARGA

En Argentina, como en la mayoría de los Estados nación modernos, el uso de la violencia represiva es un instrumento habitual de gobierno. No obstante, desde la década de 1930, la conflictividad política y la violencia de Estado marcaron el ritmo de la vida pública. Por décadas, se alternaron en el poder gobiernos dictatoriales, de cuño militar, y gobiernos constitucionales.

A partir de 1955, comenzó un ciclo particular de esa conflictividad con el golpe de Estado que derrocó a Juan Domingo Perón e inició la persecución de los sectores peronistas. Desde entonces, y durante veinte años, diferentes gobiernos respondieron por la vía represiva a los conflictos sociales y políticos, junto con políticas tendientes al cercenamiento de derechos. La puja permanente en torno a qué hacer con el peronismo, los proyectos económicos y los nuevos desafíos sociales al orden capitalista signaron la vida política de esos años.

El contexto internacional de la Guerra Fría y la llegada de las doctrinas contrainsurgentes de origen francés y estadounidense, particularmente entre las Fuerzas Armadas, facilitaron una lectura de los conflictos locales en clave de “enemigo interno” contra el cual combatir. La ebullición latinoamericana de los años sesenta bajo el signo de la Revolución Cubana (1959), el crecimiento de los movimientos revolucionarios y la opción por la lucha armada, las “nuevas izquierdas” y la reacción social al autoritarismo militar acrecentaron la tensión política y la radicalización del conflicto. Desde finales de la década de 1960, la violencia y la represión crecieron de modo acelerado, primero durante la dictadura de la llamada “Revolución Argentina” (1966-1973). Pero incluso también lo hicieron de la mano del gobierno democrático de Perón, quien había vuelto al poder en 1973, y, en especial, a partir de su muerte en julio de 1974. Hacia 1975, ya se había autorizado la intervención de las Fuerzas Armadas para perseguir y aniquilar a la llamada “subversión” en todo el territorio argentino. Esta tarea fue prácticamente concluida por los militares antes del golpe de Estado al año siguiente. La noción de “subversión” aludía a las numerosas organizaciones revolucionarias que se habían expandido en Argentina, sobre todo desde comienzos de la década de 1970. Algunas de ellas sostenían la toma del poder por la vía armada, como Montoneros y el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). Sin embargo, de manera más amplia, la palabra “subversión” designaba cualquier forma de organización o activismo político, cultural o social que fuera considerado una amenaza al orden.

El fracaso del peronismo en el gobierno, la violencia política, la crisis económica y la tradicional presión militar sobre el sistema político dieron lugar, una vez más, a una feroz dictadura. Así se produjo, el 24 de marzo de 1976, un nuevo golpe de Estado, autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”. La violencia desplegada por este régimen en la “lucha antisubversiva” fue radicalmente distinta de todo lo anterior.

Esa dictadura fue el marco del “terrorismo de Estado”: un atroz sistema represivo, planificado, centralizado y ejecutado por las Fuerzas Armadas, que se inició poco antes del golpe de Estado y se extendió hasta 1983. Este sistema se basó en un entramado brutal de represión, que se abatió especialmente hacia la población más joven, pues constituía el grueso de los militantes políticos de los grupos revolucionarios armados de la época. Sin embargo, la represión fue más amplia en sus objetivos y afectó a otros sectores no vinculados a esas organizaciones. Muchos obreros, sindicalistas, estudiantes, profesionales o artistas fueron también considerados “terroristas” por sus ideas y actividades. Además, en algunos casos, las familias y los allegados de esas personas pudieron ser víctimas de la represión y, más puntualmente, de los centros clandestinos de detención, como la ESMA.

Esta represión fue ejecutada por las Fuerzas Armadas y otras fuerzas, como las policías y, a veces, civiles, que secuestraban, torturaban, mataban y hacían desaparecer los cuerpos para no dejar huellas del crimen. El sistema represivo incluyó, además, toda una serie de prácticas legalizadas y públicas, como la prisión política, el exilio, la censura y diversas formas de persecución en el marco de una dictadura.

Se instauró un sistema clandestino basado en centros de detención secretos y distribuidos a lo largo de todo el territorio nacional. Allí eran llevadas las personas secuestradas y comenzaba el proceso de destrucción física y psíquica al que fueron sometidos las y los desaparecidos. La apropiación de bebés nacidos en partos clandestinos durante el cautiverio de sus madres fue parte de este dispositivo, así como el robo sistemático de los bienes de las víctimas. La abrumadora mayoría de estos miles de personas secuestradas fue ejecutada y enterrada en fosas comunes o arrojada al mar desde aviones en vuelo.

Se calcula que en Argentina hubo más de seiscientos centros clandestinos de muy diversa envergadura y dinámica. En ese conjunto, la ESMA se destaca muy especialmente porque funcionó durante toda la dictadura, por la cantidad de personas secuestradas que pasaron por allí y por la sistematicidad con que se ejecutó la apropiación de niños y niñas nacidos en cautiverio. Su ubicación en la ciudad de Buenos Aires contribuyó a su visibilidad temprana, así como algunas denuncias de repercusión internacional y la circulación de algunos testimonios.

La ESMA adquirió posteriormente una enorme importancia como símbolo del terrorismo de Estado. Ello provino, asimismo, de las luchas por la memoria y la justicia después de la dictadura. En esa historia, este centro clandestino ocupó un lugar prominente, en especial, porque muchos de quienes sobrevivieron tomaron la palabra y testimoniaron de modo insistente. Y también lo hicieron las y los hijos nacidos en cautiverio, hoy adultas y adultos, así como las mujeres que se animaron a contar el encierro y la violencia de género sufrida. De la misma manera, la justicia ha contribuido de forma sustantiva al conocimiento público sobre la ESMA.

NUESTRA INVESTIGACIÓN

Para contar esa historia, para entender la ESMA, en este libro nos reunimos los integrantes de un grupo interdisciplinario de investigadoras e investigadores que venimos trabajando hace muchos años sobre este centro clandestino y sobre el terrorismo de Estado, sobre sus historias y sus memorias. Se trata de un libro colectivo, escrito a muchas manos y con diversas voces, pero pensado como un relato con un único hilo argumental. Un argumento con ramificaciones y líneas abiertas, pero que puede leerse de corrido desde la primera hasta la última página. En otros términos, el libro es un gran rompecabezas, las piezas tienen distintos autores y autoras, pero todas confluyen y son necesarias para explicar la ESMA.

A su vez, es un libro pensado para quienes quieren entender la represión de los años setenta en Argentina. Comprender cómo funcionó la ESMA es, en muchos sentidos, conocer el sistema más amplio de centros clandestinos de detención que instauró la dictadura en nuestro país. Como un prisma que descompone, refleja y refracta la luz, esta historia sirve para alumbrar cuestiones más generales vinculadas al terrorismo de Estado.

La investigación final para esta obra se hizo en el marco del Proyecto de Investigación Científica y Tecnológica (PICT 0467-2016) financiado por la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación, que reúne a especialistas provenientes de la historia, la sociología, la comunicación y la antropología. Las y los autores somos, además, investigadores y becarios del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) y docentes en universidades nacionales argentinas. Sin este apoyo estatal a la investigación científica, este trabajo no podría haber sido hecho.

Para escribir este texto, analizamos una gran cantidad de fuentes muy diversas. Fueron fundamentales los testimonios de quienes sobrevivieron al cautiverio en la ESMA y relataron sus experiencias en diversos lugares y momentos: desde las primeras denuncias en el exterior, aún durante la dictadura, hasta las más recientes presentaciones en el estrado judicial en la década de 2000. La diversidad de esas experiencias es inabarcable. Cada situación y cada historia dentro de la ESMA fue singular, y las modalidades de reclusión fueron variando con el tiempo. En este libro, intentamos buscar los puntos de contacto y las líneas comunes a los diferentes relatos testimoniales, pensando como “sistema” algo que, sabemos, tuvo cambios y matices en cada caso. Por todo esto, en nuestra investigación intentamos sintetizar y organizar lo diverso para comprender las lógicas globales del funcionamiento de la ESMA. Como en toda investigación sobre estos temas, hay vacíos y huecos; muchos derivan de todo lo que no sabemos sobre el mismo sistema de desaparición que tratamos de comprender. También se deben a la escasez de documentación histórica y a que los represores destruyeron las pruebas de sus acciones criminales.

Otros recaudos se plantean frente al uso de las fuentes militares y las declaraciones de los perpetradores de la violencia. En Argentina, ellos han hablado en distintos contextos a lo largo de muchos años, en los medios de comunicación, ante los estrados judiciales y en comentarios privados. Sin duda, no han dado la información fundamental sobre el destino de las víctimas asesinadas y sobre muchos aspectos del funcionamiento represivo. Sin embargo, algunas de sus declaraciones permiten entender diversas cuestiones, especialmente las lógicas, las morales y las convicciones de la “lucha antisubversiva”. Por lo tanto, aquí fueron consideradas con todas las precauciones éticas necesarias y con las reservas imprescindibles sobre su veracidad.

Las investigaciones generadas por la Justicia también han sido un insumo fundamental para este libro. Las causas judiciales sobre la ESMA llevan muchos años de desarrollo y acumulación. Desde la primera condena en 2011, se han logrado varias sentencias para los responsables de los delitos y las violaciones a los derechos humanos perpetradas en ese centro clandestino. El diálogo con las investigaciones judiciales fue importante para nuestra obra porque hay aspectos difíciles de reconstruir por otras vías, por ejemplo, los delitos económicos y las rutas de los bienes robados. Sin embargo, las lógicas de la Justicia son distintas a la tarea de comprensión histórica. No es el objetivo de nuestro trabajo probar los hechos, como sí lo ha hecho la Justicia en muchos aspectos. Intentamos, en cambio, entenderlos y explicarlos.

También nos parece importante realizar una muy breve reflexión en torno al lenguaje con el que denominamos muchos de los fenómenos que aquí abordaremos. La mayoría de las experiencias relatadas por las y los sobrevivientes de los centros clandestinos resultan intraducibles para el vocabulario cotidiano de quienes no las hemos vivido. En los testimonios, se condensan vivencias y recuerdos cuya expresión está atravesada por eventos traumáticos, silencios y una gran complejidad emocional. Al mismo tiempo, el vocabulario usado “cotidianamente” en esos lugares suponía entrecruzamientos y mezclas entre la jerga de los perpetradores —llena de eufemismos, ironías y no dichos— y el lenguaje de la militancia. Esto hace que a veces sea difícil definir de modo verbal y con precisión situaciones de una extrema opacidad y separar nuestras maneras de nombrar y las de quienes atravesaron esas experiencias. Ante todo, nuestro trabajo estuvo orientado a comprender en profundidad sin reproducir la violencia sobre las víctimas con nuestro propio lenguaje y narración.

El desafío de entender la ESMA es mucho más que adentrarse en la historia de un centro clandestino de detención durante la última dictadura argentina. Es una historia que nos permite observar la violencia más extrema que puede anidar en los vínculos sociales y en los conflictos políticos llevados a su paroxismo. Sin duda, el terrorismo de Estado es parte del pasado en nuestro país; pero los discursos de odio, el autoritarismo político, las formas de la violencia estatal e institucional, la persecución y la estigmatización cotidiana de amplísimos sectores sociales arrojados a la pobreza y la marginalidad son parte de nuestro presente en América Latina y en otras partes del mundo. Las urgencias políticas y sociales han cambiado desde los años de la Guerra Fría hasta la actualidad, pero el respeto integral por los derechos humanos y la construcción de sociedades democráticas e igualitarias siguen siendo tareas pendientes.

I. UNA BREVE HISTORIA DEL CENTRO CLANDESTINO

Hernán Confino, Marina Franco y Rodrigo González Tizón

 

 

LA ESCUELA DE MECÁNICA DE LA ARMADA (ESMA) comenzó a funcionar como centro clandestino de detención después del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Probablemente, fue el único espacio de reclusión que se mantuvo activo durante los siete años de dictadura, hasta 1983. Las pocas víctimas que han sobrevivido recuerdan ese lugar como un infierno, imagen que se repite una y otra vez en los testimonios.

Sin embargo, la historia de la ESMA se remonta mucho más atrás en el tiempo. La institución fue creada en 1897 como escuela naval de prestigio, y recién en 1928 se instaló en su ubicación definitiva, en un enorme predio que originalmente tenía 14 hectáreas, en la zona norte de la ciudad de Buenos Aires, muy cerca del Río de la Plata. A lo largo del siglo XX, pasaron por ella cientos de jóvenes que se formaron como suboficiales navales en las distintas especialidades de la Marina. En los años setenta, durante la dictadura, la ESMA conservó su rol de escuela militar, pero una parte del predio, el edificio llamado Casino de Oficiales, se destinó a atroces actividades de represión clandestina.

El proceso represivo había empezado en Argentina mucho antes del golpe de Estado de 1976. Al menos desde 1974, se había instalado socialmente la idea de que el país enfrentaba una grave amenaza subversiva y que las Fuerzas Armadas eran la institución necesaria para combatirla. Esa amenaza se refería principalmente a la aparición de las organizaciones revolucionarias desde 1970. Sin embargo, esos grupos no representaban un real peligro armado y más bien fueron utilizados como excusa para expandir la represión y la persecución política sobre todas las formas de activismo político, social o cultural de la época. Desde inicios de 1975, los militares comenzaron a organizar la represión a partir de directivas y reglamentación específicas, y ese mismo año fueron autorizados por el gobierno constitucional a iniciar la “lucha contra la subversión”. La intervención castrense se inició en la provincia de Tucumán, en el mes de febrero. Ese primer “laboratorio” de violencia estatal extrema abrió la puerta para que las Fuerzas Armadas ganaran autonomía y presionaran aún más sobre el poder civil.

FIGURA I.1. Entrenamiento de jóvenes cadetes en los primeros tiempos de la ESMA. (Fuente: Museo Sitio de Memoria ESMA.)