Estigma y educación - Diego Galán-Casado - E-Book

Estigma y educación E-Book

Diego Galán-Casado

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Beschreibung

Entender y abordar el estigma supone uno de los grandes desafíos de nuestra sociedad, especialmente considerando que este fenómeno afecta a numerosos colectivos de manera sistemática. Todo ser humano busca integrarse y participar activamente en su comunidad para mantener un bienestar óptimo. Sin embargo, los prejuicios infundados y las falsas creencias que se arraigan en el imaginario colectivo perpetúan desigualdades estructurales y generan situaciones de exclusión y vulnerabilidad. Este manual, elaborado desde una perspectiva socioeducativa, se presenta como un recurso práctico para analizar y mitigar el impacto del estigma en la calidad de vida de las personas. Se abordan contextos como la salud mental, la discapacidad, el edadismo, la drogodependencia, el ámbito penitenciario, las políticas socioeducativas, el entorno digital, la diversidad y la multiculturalidad, así como el género y la educación sexual. Cada capítulo ofrece un análisis profundo y fundamentado, dedicado a desmitificar y erradicar las creencias estigmatizantes. Con un enfoque claro e innovador, esta obra proporciona herramientas y estrategias efectivas para combatir el estigma en sus múltiples manifestaciones. Es una invitación a la reflexión y la acción, constituyéndose en un recurso esencial para educadores, profesionales de diversos campos y cualquier persona comprometida con la promoción de la equidad y la justicia social.

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Seitenzahl: 247

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Estigma y educación

Un enfoque para la igualdad

Han participado en la elaboración de esta obra:

Coordinadores y autores

Álvaro Moraleda Ruano. UCJC

Diego Galán-Casado. UNED

Autoras y autores

Olvido Andújar-Molina. UCM

Fanny T. Añaños. UGR

Margarita Isabel Asensio-Pastor. UAL

Rubén J. Burgos-Jiménez. UGR

Adolfo J. Cangas. UAL

Mª Antonia Casanova. UCJC

Juan Leandro Cerezuela. UAL

Ángel De-Juanas. UNED

Rosa María Díaz- Jiménez. UPO

José Luis Estévez-Méndez. UDIMA

María García-Pérez-Calabuig. UNED

Paloma Garrido-Reina. UPO

Ana M. Giménez-Gualdo. UMA

María Jesús Lirola. UAL

Raquel Lorente-Martínez. CICR

Joanne Mampaso Desbrow. UCJC

Julia Martínez González. UAL

Manuel Muñoz López. UCM

Francisco David Pascual Nicolás. UCJC

Teodoro Pascual Nicolás. UCJC

Gonzalo Peña-Muñante. UAL

Diana Ruiz-Vicente. UCJC

Fernando Trujillo Sáez. UGR

Sara Zamorano Castellanos. UCM

Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR)

Universidad de Almería (UAL)

Universidad Camilo José Cela (UCJC)

Universidad Complutense de Madrid (UCM)

Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA)

Universidad de Granada (UGR)

Universidad de Málaga (UMA)

Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

Universidad Pablo Olavide (UPO)

Estigma y educación

Un enfoque para la igualdad

Coordinadores y autores: Álvaro Moraleda Ruano Diego Galán-Casado

Índice

PRÓLOGO: Erradicar el estigma, una digna lucha por la dignidad de todos, hacia todosJosé Antonio Luengo Latorre

1. Fundamentos del estigma: concepto y principales tiposManuel Muñoz López y Sara Zamorano Castellanos

2. Políticas socioeducativas y su impacto para la reducción del estigmaMª Antonia Casanova

3. Estigma y drogodependencias: perspectivas y desafíos socioeducativosFanny T. Añaños y Rubén J. Burgos-Jiménez

4. Género y educación sexual: desmitificando prejuicios y estigmasFrancisco David Pascual Nicolás y Teodoro Pascual Nicolás

5. Diversidad y multiculturalidad en la educación: desafíos y estigmaOlvido Andújar-Molina, Margarita Isabel Asensio-Pastor y Fernando Trujillo Saéz

6. Uso problemático de las TIC, apoyo social percibido y estigma digital en universitarios españolesAna M. Giménez-Gualdo, María García-Pérez-Calabuig y José Luis Estévez-Méndez

7. Estigma ante la discapacidadPaloma Garrido-Reina, Rosa María Díaz- Jiménez, Joanne Mampaso Desbrow y Diana Ruiz-Vicente

8. Prácticas dialógicas para afrontar el estigma hacia los problemas de salud mental en los adolescentesAdolfo J. Cangas, María Jesús Lirola, Gonzalo Peña-Muñante, Juan Leandro Cerezuela y Julia Martínez González

9. Educación y prisión: reducción del estigma y reinserción socialDiego Galán-Casado, Álvaro Moraleda Ruano, Fanny T. Añaños y Ángel De-Juanas

10. Edadismo: el estigma hacia las personas mayoresRaquel Lorente-Martínez

Prólogo Erradicar el estigma, una digna lucha por la dignidad de todos, hacia todos

“Qué maravilloso es que nadie tenga que esperar un solo momento antes de empezar a mejorar el mundo”.

ANNE FRANK

“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”.

EDUARDO GALEANO

A veces es necesario echar la vista atrás y encararse con lo que ha sido tu vida hasta ese momento. Respirar hondo y hacer una sincera mirada a quién eres hoy y, claro, los ladrillos que han ido edificando esa construcción. Tú has sido el arquitecto, sí; pero también el constructor y, por supuesto, el operario que ha trabajado y trabaja cada día para seguir modelando, seguir edificando. Nuevos espacios, nuevas miradas.

A veces es esencialmente “terapéutico” realizar este repaso interior y reconocerse. Que es una forma de conocerse, o de seguir conociéndose. Y, en ese estado de la cuestión, mirarse. Con ojos transparentes y sentido crítico. Y, a ser posible, identificarte. Quién eres, de dónde vienes, con quién vienes… Desde lejos. Hasta ahora. Mirarte así, como si fueras otro al que observas en diferido, en cada recodo del camino, en cada sonrisa, en cada llanto, en cada caída, en el respirar hondo, en sus silencios, en sus noches en vela; supone (debería suponer) un ejercicio de humildad. Y, seguramente, también de perdón. Hacia otros, hacia ti mismo.

El estigma nos traslada a las marcas de fuego. Y, por tanto, a “los marcados” con fuego. Sangre y fuego. Señalados para siempre con una llaga que supura dolor y sufrimiento de por vida. Aunque, aparentemente, esté soldada, “sellada”. Solo aparentemente. Los fluidos de dolor se despliegan al interior de nuestra alma, transportados por cada respiración, casi, cada latido; por cada experiencia de vida, cada impresión fotográfica de lo que nos ocurre, de lo que nos concierne y vincula. Pero también de lo que concierne y vincula a aquellos con los que hemos recorrido el camino, más o menos cercanos. Con los que hemos caminado hablando, conversando, compartiendo. Pero también a los que hemos visto de lejos. Por dónde pasan, lo que les pasa. Con quién les pasa.

A lo largo de nuestro recorrido en la vida hemos sido testigos, seguro, muchas veces mudos, de experiencias en las que el prejuicio y los juicios relegan a alguien cercano con quien transitamos, personas que caminan a nuestro lado, construyendo también sus vidas, como pueden. Objeto de etiquetas y sesgos que lastran, condicionan y, en ocasiones, escoran y congestionan sus vidas, sus expectativas (estigma anticipado), su propia mirada interior y autoconcepto (estigma internalizado), lo que ven, experimentan y sienten en sí mismos (estigma experimentado), sus proyectos, sus sentidos de pertenencia y vínculos con el contexto en que se ubican y les ha tocado “en suerte”.

Es probable, incluso, que nosotros mismos hayamos participado, con más o menos conciencia de ello, de escenarios que cercenan, recortan y mutilan las opciones, posibilidades, ilusiones y anhelos de otros próximos. Y es posible, claro, que, lamentablemente hayamos sido “protagonistas” damnificados de esta cruel experiencia. No estamos lejos, seguro, de haber transitado en alguno de estos escenarios. Mirar hacia atrás, encarando explícita y conscientemente nuestros recuerdos y experiencias puede acercarnos, humildemente, a una mirada crítica imprescindible. Estamos cerca, muy cerca, cada día. Forma parte de nuestras vidas, de cada espacio ocupado, de cada experiencia vivida.

Este es un libro que habla de la vida. De nuestra vida. De nuestras vidas. Y de sus espacios más ignominiosos, si bien demasiado frecuentes y ordinarios en las distancias cortas. Un texto que inspira sensibilidad, implicación y compromiso. Una mirada profunda hacia espacios oscuros de nuestro modelo social que insisten en hacerse visibles y explícitos. Todos y cada uno de los capítulos abordan la observación minuciosa y rigurosa de las muy diversas derivadas y dimensiones de la vivencia de indignidad a la que lleva al ser humano la marca, la señal taimada, la pena infamante, la experiencia degradante. El estigma, en suma. O mejor, los estigmas.

No es sencillo encontrar un texto tan completo, preciso y detallado que aborde, con evidente vocación de construcción social decente y proporcionada, la realidad de poblaciones singularmente significadas por la vivencia del estigma; insisto, marcada por un fuego peligrosamente “normalizado”, inquietantemente banalizado. Luchar contra el estigma representa su esencia, honrada y cabal; y, por supuesto, fundamentada, razonada, viva.

Sus autores nos muestran la herida, la llaga en el corazón de un fenómeno lacerante. Y bosquejan con aguda lucidez el horizonte hacia el que dirigirse, el foco de luz hacia el que orientar la frente de una sociedad demasiado acostumbrada y acomodada, tal vez, a validar y homologar el prejuicio, los perfiles de trato discriminatorios, estereotipados, viles, abyectos e infames.

Los capítulos que siguen a este conjunto de reflexiones estructuran una línea de pensamiento, sin duda, pero también un dibujo diáfano de la necesidad de luchar contra, cuanto menos, tres dimensiones del fenómeno que estrechan y bloquean la mejora y el acondicionamiento de nuevas perspectivas y construcciones sociales: el ordenamiento jurídico y los procedimientos que configuran el estigma estructural, la expansividad de los prejuicios y estereotipos que determinan la existencia del estigma social y, por supuesto, la experiencia del contagio del estigma o estigma por asociación referido a la experiencia sufrida por el entorno próximo de la persona afectada.

Podría continuar, pero no debo. Me queda expresar mi agradecimiento a los autores y autoras que han pensado en quien suscribe para escribir estas líneas que, por encima de todo, pretenden agradecer su esfuerzo, dedicación, rigor y profesionalidad. Un honor poder compartir este pequeño espacio en la obra. Gracias. Gracias.

JOSÉ ANTONIO LUENGO LATORRE

Psicólogo Catedrático de Enseñanza Secundaria Decano del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid

Capítulo 1 Fundamentos del estigma: concepto y principales tipos

MANUEL MUÑOZ LÓPEZ SARA ZAMORANO CASTELLANOS

1. ¿Qué es el estigma?

¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.

ALBERT EINSTEIN

El término Estigma es fiel compañero de todas las culturas humanas desde hace miles de años. Ya en las antiguas civilizaciones de Grecia y Roma se empleaba la palabra “στίγμα” o “stigma” para definir las marcas impresas a fuego en la piel de personas esclavas, delincuentes, o vinculadas a otras condiciones sociales denostadas para identificarlas y excluirlas de la sociedad. Actualmente, la Real Academia Española, además de “Marca impuesta con hierro candente, bien como pena infamante, bien como signo de esclavitud”, incluye las acepciones de “Marca o señal en el cuerpo” y “Desdoro, afrenta, mala fama”.

Históricamente, todas las culturas han tenido algo en común: han apartado y aislado a las personas que se salen de la “norma”. Pero ¿es esta conducta exclusivamente humana? Jane Goodall, etóloga especialista en primates, relata cómo un chimpancé llamado McGregor fue expulsado de su grupo por estar enfermo. Un día, el chimpancé se acercó a los otros miembros del grupo; privado de contacto social, extendió la mano como saludo, pero los demás se alejaron sin mirarlo siquiera. Estos comportamientos que distancian a los miembros sospechosos de sufrir enfermedades infecciosas se han observado en las abejas, los renacuajos o las langostas. Pero ¿por qué ocurre esto? Kurzban y Leary (2001) hipotetizan que este tipo de conducta (que podemos llamar estigma) cumple un papel evolutivo relevante. Sugieren que el ser humano dispone de adaptaciones cognitivas diseñadas para evitar cualquier contacto social que amenace su supervivencia.

Estos mecanismos han llevado a los grupos humanos a discriminar a personas extranjeras (fuera de nuestro grupo), personas enfermas (sospechosas de tener enfermedades contagiosas) o aquellas personas con pobres intercambios sociales (con limitaciones funcionales o sociales). No es extraño pues, que todas las sociedades humanas hayan generado comportamientos estigmatizantes y discriminatorios en función de distintas condiciones que, supuestamente, amenazan al grupo con diversos peligros.

Atendiendo a la definición de estigma, se intuye que el concepto tiene que ver con algún tipo de identificativo, de etiqueta. Hoy no imprimimos marcas a fuego en la piel de nadie, pero seguimos generando marcas simbólicas, que aun siendo “invisibles”, también producen discriminación. Etiquetas como “enfermedad mental”, “discapacidad intelectual”, “persona sin hogar”, “disminuidos”, “MENA”, “gay” y un largo etcétera, constituyen condiciones socialmente construidas que afectan negativamente a la forma en que se percibe y se trata a las personas que viven con esas circunstancias personales o sociales.

A pesar de sus orígenes remotos, el estudio científico del estigma no llegó a la Psicología, y con ella al resto de ciencias sociales y de la salud, hasta los años 60 del siglo XX. En uno de los trabajos más influyentes en este ámbito, Goffman (1963) definió el estigma como “un atributo profundamente devaluador, el cual degrada y rebaja a la persona portadora del mismo”. La persona estigmatizada recibe la antipatía, discriminación, deshumanización y daño de sus iguales, pues su valor social se ve devaluado porque se le atribuyen características personales o sociales (p. ej. una discapacidad) que le hacen supuestamente inferior, peor. Así, la persona que vive con estigma pierde su estatus de ciudadanía, se entiende que es diferente porque se asocia su persona con un “fallo” o una “desventaja” que le hace socialmente inaceptable. En resumen, el estigma convierte a alguien en diferente con connotaciones negativas y produce descrédito y desventaja social.

Pero el estigma no es solo una etiqueta que devalúa y discrimina a la persona, es un proceso psicosocial complejo basado en el intercambio de conductas entre dos grupos, el estigmatizante y el estigmatizado. Desde las teorías basadas en el etiquetado, el estigma es entendido como un proceso sociocultural, mediante el cual, las personas pertenecientes a un grupo marginado, son etiquetadas por otras personas como anormales, vergonzosas o indeseables. En esta línea, Link y Phelan (2001) lo han definido como el proceso que ocurre cuando elementos de etiquetado, estereotipado, separación, pérdida de estatus y discriminación se producen al mismo tiempo, en una situación de poder del grupo estigmatizante, permitiendo el despliegue del estigma (Figura 1.1).

Figura 1.1.El estigma como proceso

Nota. Elaboración propia (Adaptado de Link y Phelan, 2011).

2. ¿Estigma o estigmas? Marcos teóricos actuales de referencia

La definición del estigma ha evolucionado ampliamente desde su concepción, y su conceptualización ha demostrado ser una tarea compleja. El uso científico del término ha venido acompañado de distintas definiciones, propuestas y tipologías que han generado cierta confusión y falta de claridad a la hora de describir qué es el estigma y cuáles son sus efectos.

Para entender cómo se construye el estigma, primero es preciso describir sus componentes.

Ottati et al. (2005), describen el estigma como un proceso de construcción social dinámico, que se manifiesta en tres aspectos del comportamiento social: estereotipos, prejuicios y discriminación (Figura 1.2). Los estereotipos son creencias aprendidas por la mayoría de la sociedad sobre diferentes grupos, y componen la dimensión cognitiva del estigma. Por ejemplo, las creencias asociadas a las personas con trastornos mentales suelen incluir que son culpables de su trastorno, peligrosas, incompetentes o incapaces de cuidar de sí mismas, impredecibles y faltas de control. A las personas con identidad sexual no binaria se les asocian estereotipos como la rareza, la pertenencia a familias desestructuradas, la debilidad o la adicción a sustancias. Las creencias más comunes asociadas a las personas con discapacidad intelectual es que son infantiles, incapaces, asexuales o que siempre tienen un bajo rendimiento escolar y social.

No obstante, tener conocimiento de estos estereotipos no implica estar de acuerdo con ellos, pero, en muchos casos, cuando las personas aceptan esas creencias generan reacciones emocionales negativas hacia ese grupo y se produce el prejuicio. Sería aquella actitud hostil o de desconfianza hacia una persona que pertenece a un grupo, por el hecho de pertenecer al mismo. En el caso de las personas con trastorno mental estas emociones suelen ser de miedo, temor o desconfianza. Si se piensa en personas con discapacidad intelectual, las emociones que despiertan en la sociedad se relacionan, sobre todo, con la pena y el paternalismo.

Los estereotipos y prejuicios pueden derivar en discriminación, que hace referencia a los comportamientos de rechazo hacia ese grupo. Estas conductas van desde la discriminación educativa y laboral, a la eliminación de la autodeterminación y autonomía de las personas estigmatizadas o a su segregación. La consecuencia más perjudicial del estigma, es que se acaban violando sus derechos humanos fundamentales.

Figura 1.2.Componentes del estigma

Nota. Elaboración propia (Adaptado de Ottati et al., 2005).

Continuando con el cincelado del término “estigma”, Fox et al. (2018), llevaron a cabo un esfuerzo de revisión e integración teórica del concepto, describiéndolo en su Marco del Estigma del Trastorno Mental (Figura 1.3). Aunque los autores se centran en el estigma de los trastornos mentales, los tipos y categorías identificados pueden generalizarse muy fácilmente a otras condiciones estigmatizantes (Etnia, sexo, discapacidad, etc.). Al analizar y sistematizar el estigma, los autores incluyen la visión de la persona estigmatizante y la de la persona estigmatizada. La perspectiva de la persona que estigmatiza sería el estigma público o social, que engloba los tres mecanismos ya mencionados: estereotipos, prejuicios y discriminación. Por otro lado, la perspectiva de la persona estigmatizada la componen:

El estigma experimentado

: experiencias de discriminación que la persona ha podido sufrir en el pasado.

El estigma anticipado

: medida en que la persona espera ser objeto de estereotipos, prejuicios o discriminación en el futuro.

El estigma internalizado

: grado en que la persona hace suyas las creencias y emociones negativas de la sociedad asociadas a su identidad estigmatizada.

Aunque probablemente desde distintos puntos de vista, estigmatizadores y estigmatizados comparten el estigma percibido.

Finalmente, el cuadro se hace más complejo al identificar como el estigma asociado a distintas condiciones sociales o personales puede interseccionar y profundizar los efectos del estigma al combinar los distintos estereotipos, prejuicios y discriminaciones (por ejemplo, las relacionadas con la salud mental, la condición sexual y la edad).

Teniendo todo esto en cuenta, es importante entender que el estigma se produce en múltiples niveles que interactúan y se relacionan entre sí. Quizá en esta interacción radique la dificultad de la lucha contra el estigma, no se trata de luchar contra un estigma aislado (por ejemplo, el de la salud mental), si no de luchar contra múltiples estigmas que interactúan (salud mental, condición sexual, edad, etnia, etc.).

Figura 1.3.Marco del estigma del trastorno mental

Nota. Elaboración propia (Adaptado de Fox et al., 2018, p. 40).

Recientemente, la Comisión Lancet sobre el fin del Estigma y la Discriminación en Salud Mental (Thornicroft et al., 2022) ha realizado un esfuerzo global para definir el estigma, presentando una clasificación en la que recogen sus tres niveles clásicos (estructural, social e internalizado), incorporando a estos tres tipos de estigma uno identificado ya por Goffman (1963) pero que ha sido menos estudiado en la literatura científica: el estigma por asociación (Figura 1.4).

En primer lugar, el estigma estructural hace referencia a aquellas leyes, procedimientos políticos y normas sociales que, aplicadas por entidades públicas y privadas en posiciones de poder, coartan los derechos y oportunidades de las personas. En segundo lugar, el estigma social se da cuando la población general asume los estereotipos sobre los grupos estigmatizados y actúa en función de los mismos. En tercer lugar, el estigma por asociación se refiere al que sufre la familia y entorno de la persona estigmatizada. Por último, el estigma internalizado (o auto-estigma) aparece cuando la persona estigmatizada toma consciencia de los prejuicios y estereotipos presentes en la sociedad hacia sus circunstancias, los interioriza y se los aplica a sí misma.

Figura 1.4.Tipos de estigma

Nota. Elaboración propia (Adaptado de Thornicroft et al., 2022, p. 1442).

Estos modelos teóricos se complementan, y suponen un gran avance en la investigación sobre el estigma. No obstante, es importante destacar que tanto el estigma social como el auto-estigma y el estigma estructural son fenómenos complejos que involucran estereotipos, prejuicios y discriminación (es decir, estos tres componentes del estigma no son exclusivos del estigma social). Por ejemplo, una persona con un Trastorno por Déficit de Atención puede pensar de sí misma (auto-estigma) que es poco capaz (estereotipo), una amiga (estigma social) puede sentir pena (prejuicio) de esta persona y una institución (estigma estructural) puede dificultar que acceda (discriminación) a una educación igualitaria y de calidad.

3. ¿Cómo se estigmatiza? Principales tipos de estigma y consecuencias

Partiendo de una estructura social que estigmatiza, las personas que forman parte de esa sociedad asumen estereotipos y prejuicios negativos en referencia a un grupo (personas con trastorno mental, personas transgénero, personas con discapacidad, etc.), que finalmente son interiorizados por parte de las personas de ese grupo. A continuación, se desarrollan los tipos de estigma ya introducidos anteriormente, exponiendo sus características y consecuencias.

Estigma estructural (sistémico u organizativo)

Cuando son las propias políticas y prácticas institucionales las que discriminan, nos encontramos ante el estigma estructural. En este caso, la estigmatización no se da a nivel individual (de persona a persona), sino a un nivel sistémico asociado a los derechos humanos (de sistema a persona) (Corrigan et al., 2005). El estigma estructural deriva de las instituciones, que imponen barreras que restringen la participación social de los grupos estigmatizados. Esto legitima las diferencias de poder y perpetúa las desventajas y la exclusión social.

Las instituciones discriminan de forma intencional cuando los grupos que legislan y toman decisiones implementan, de manera deliberada, políticas que disminuyen las oportunidades para un grupo particular; como las leyes estatales que impiden votar a las personas con problemas de salud mental graves. Otro tipo de discriminación estructural ocurre cuando se limitan los derechos de personas estigmatizadas de maneras no intencionadas, como las políticas de segregación en centros especiales para alumnado con algún tipo de dificultad.

Como un ejemplo claro de estigma estructural, la Organización Mundial de la Salud (2013) recomienda que el gasto en salud sea proporcional a la carga de enfermedad y que haya paridad entre los aspectos físicos y mentales. La realidad es que los gobiernos gastan únicamente un 2% de sus presupuestos totales de salud en la atención de problemas de salud mental, siendo estos una de las principales causas de discapacidad y especialmente relevantes en los ámbitos educativos. En muchos países continúa existiendo legislación que impide a las personas con trastorno mental o discapacidad intelectual tener bienes en propiedad o casarse. Si nos imaginamos a Pérez, una persona con un trastorno mental grave, que intenta conseguir un crédito para cursar un máster, pero su banco se lo niega porque Pérez no tiene autonomía legal, podremos empezar a comprender las consecuencias del estigma estructural. Los efectos en los sistemas educativos pueden llegar a ser perversos al identificar a las personas como agentes responsables de sus problemas, eximiendo al sistema de hacer ajustes y adaptaciones. Por ejemplo, el aumento de diagnósticos de estudiantado con Trastornos por Déficit de Atención e Hiperactividad ha desembocado en un aumento de los tratamientos al alumnado (generalmente farmacológicos de dudosa eficacia, Kazda et al., 2022) pero no ha provocado tantos ajustes o cambios en los sistemas educativos, que siguen exigiendo comportamientos reglados e idénticos para todo el alumnado (que es diverso por naturaleza).

Las consecuencias del estigma son extensas, e incluyen oportunidades reducidas y segregadas de educación y empleo, imposibilidad de acceso a vivienda autónoma, o peor atención sanitaria (con una brecha de mortalidad con respecto a la población no estigmatizada) (Werner y Scior, 2022).

Estigma social (público o interpersonal)

El estigma social es aquel que está respaldado por grandes grupos sociales, que actúan en función de los estereotipos imperantes sobre los grupos estigmatizados (Corrigan et al., 2005). La diferenciación entre “ellos” y “nosotros” es una característica definitoria de este tipo de estigma, que se produce cuando la población general etiqueta de forma negativa o estereotipada a una persona o grupo debido a características específicas, como su apariencia física, condición de salud, orientación sexual, etnia, género, religión o cualquier aspecto que pueda representar una diferencia. Como hemos visto más arriba, el estigma social se construye a través de procesos de socialización, estereotipación y discriminación, perpetuando desigualdades y prejuicios en la sociedad.

El estigma social no es exclusivo de una población (p. ej. personas con trastorno mental), sino que se da en todos los espectros poblacionales, se adhiere a múltiples circunstancias, y tiene consecuencias negativas para todas las personas que lo sufren. Las personas con trastorno mental son vistas como peligrosas e impredecibles, aquellas con alguna discapacidad son vistas como menos capaces, las personas sin hogar son vagas y poco saludables a ojos de la sociedad, y un largo etcétera.

De especial importancia para el marco educativo y de atención sociosanitaria son los comportamientos paternalistas y sobreprotectores, y la creencia de que las personas con trastorno mental, con discapacidad o en situación de exclusión social responden peor a los programas educativos debido a sus carencias personales y, además, se adhieren peor a los posibles tratamientos médicos tanto físicos como psicológicos (Knaak et al., 2017).

Las consecuencias del estigma social privan a las personas estigmatizadas de la oportunidad de tener una vida digna y de calidad, y suponen un gran impacto emocional y psicológico. Este tipo de estigma dificulta el acceso a recursos como educación, empleo, vivienda y atención médica. Además, puede llevar al aislamiento, la baja autoestima y la falta de autoconfianza, impidiendo que la persona se sienta afiliada a un grupo social (Corrigan y Watson, 2002).

De acuerdo con Goffman, El estigma por asociación se presenta cuando una persona o grupo de personas cercanas a alguien que tiene una característica estigmatizada también son estigmatizadas por asociación o “cortesía” (Thornicroft et al., 2022). Este tipo de estigma puede afectar a la familia, amistades y entorno de las personas estigmatizadas. Por ejemplo, la familia de un niño con discapacidad intelectual puede experimentar el llamado “estigma de cortesía”, que es el rechazo y la desacreditación social asociados con las personas que mantienen una relación con quienes están “marcados”. En este caso, la sociedad sentiría pena por la familia, o podría pensar que la discapacidad del niño1 es culpa de una crianza inadecuada. Esto es el estigma por asociación, y por ello es tan importante trabajar en la reducción del estigma también con las familias y el entorno. Pensemos ahora en López, un adolescente que tiene una cita con su tutor en el instituto debido a sus problemas de comportamiento en el centro. Acude a la misma en compañía de su madre y el tutor dirige las preguntas relacionadas con los problemas de López, cómo se encuentra o qué les trae allí, principalmente a la madre. Además, probablemente el tutor podría pensar que parte de los problemas de López se deben a su familia, de la que puede anticipar que es desestructurada y disfuncional (sin ninguna evidencia). El tutor estaría exhibiendo su estigma social hacia López y su estigma asociativo hacia la madre y familia de López.

Estigma personal (estigma internalizado)

El estigma personal es el experimentado por la propia persona estigmatizada, y se compone del estigma anticipado, el experimentado y el internalizado.

El más estudiado, por su prevalencia y por la importancia de sus consecuencias, es el estigma internalizado. Este es un proceso subjetivo, que ocurre en un contexto sociocultural, por el cual la persona interioriza los elementos estigmatizantes de su condición y desarrolla sentimientos negativos sobre sí misma, incurre en comportamientos desadaptativos y transforma su identidad, ajustándola a los estereotipos sobre su etiqueta (Livingston y Boyd, 2010). Es un proceso multinivel, resultado de la interiorización del estigma social y compuesto de cuatro niveles sucesivos (Corrigan y Watson, 2002). En primer lugar, la persona toma conciencia sobre los estereotipos, prejuicios y discriminación de la sociedad hacia su grupo. Después, si la persona considera que esos estereotipos y prejuicios son correctos, se produce la aprobación del estereotipo. Cuando se dan estos dos procesos, la persona determina si los estereotipos y prejuicios se aplican a ella; al aceptar que estos describen a la propia persona, se produce el estigma internalizado. Por último, esta internalización daña su autoestima.

El estigma internalizado se puede explicar a través de variables sociales, cognitivas y conductuales específicas (Figura 1.5). Una persona que ha vivido experiencias de discriminación provenientes de su entorno próximo (pareja/amistades/familia), y que está de acuerdo con las creencias negativas sobre su etiqueta, tendrá más probabilidades de internalizar ese estigma, y peores expectativas sobre sí misma y su recuperación. En consecuencia, su funcionamiento psicosocial y su autonomía personal serán más limitados.

Figura 1.5.Modelo sociocognitivo-conductual de estigma internalizado

Nota. Elaboración propia (Adaptado de Muñoz et al., 2011).

Si la sociedad no deja de decirte que si tienes un trastorno mental eres una persona peligrosa, o que si tienes un Trastorno por Déficit de Atención nunca podrás aprender, al final acabas por creértelo. Si la sociedad siente miedo hacia ti o pena, al final acabarás por auto compadecerte. Si la sociedad te aísla y te discrimina, al final acabas por aislarte, entre otras cosas, para evitar sentimientos de vergüenza o culpa asociados a tu circunstancia estigmatizada. Volviendo a López, imaginémonos que su madre no deja de comentar que no le cree capaz de estudiar. López se acabará creyendo que no es capaz de ajustarse a las exigencias de los estudios y, en consecuencia, decidirá ni siquiera intentar esa tarea (paradoja del “¿para qué intentarlo? Si no va a servir de nada”). Además, como todas sus amistades estudian, decide no acudir a la quedada de esa tarde para no tener que enfrentarse a la vergüenza que le produce no “poder” estudiar (y así, aumenta su aislamiento social).

El estigma internalizado tiene un fuerte impacto en la calidad de vida, el desempeño personal y la capacidad de recuperación de personas con diagnósticos, además de afectar de forma muy negativa a su autoestima. Tanto es así que el 80% de las personas con trastorno mental aseguran que el estigma y la discriminación les producen mayor malestar que la propia sintomatología (Thornicroft et al., 2022). Y, sin duda, una de las peores consecuencias del estigma internalizado es que supone una barrera para la búsqueda de ayuda, pues si la persona siente vergüenza por sus circunstancias, tratará de esconderlas y no acudirá a buscar ayuda, lo que retrasará su mejoría (en España, la media que tarda una persona en buscar ayuda tras los primeros síntomas de un trastorno mental es de 3 años).

Queda patente, por tanto, la necesidad de detectar el estigma internalizado en las aulas tan pronto se produzca.

Las intersecciones del estigma

Antes de terminar el capítulo es necesario recordar que el estigma no se concentra en la discriminación de grupos minoritarios, sino que se extiende a muy diversas características personales que afectan, de un modo u otro, a todas las personas que vivimos en sociedad. De este modo, características como el género, la orientación sexual, la etnia, la discapacidad, la edad, la nacionalidad, las enfermedades y un largo etcétera se han identificado como “susceptibles de estigma”. El estigma es, por tanto, un problema de todas las personas, no solo de aquellas que son estigmatizadas. Y todo el mundo estigmatizamos, de una forma u otra.

Una característica por considerar al hablar del estigma es la posibilidad de que una misma persona pueda ser etiquetada desde distintas condiciones. Cuando esto ocurre, se observa una superposición o intersección entre distintos estigmas, colocando a la persona afectada en una situación de máxima vulnerabilidad y exclusión. Crenshaw (1989), al estudiar la situación de las mujeres negras en Estados Unidos, empleó el término estigma interseccional (Figura 1.6) y puso de manifiesto que el estigma no puede entenderse como un concepto unitario, sino todo lo contrario: los distintos tipos de estigmas mantienen intersecciones entre sí.

Figura 1.6.Estigma interseccional

Nota. Elaboración propia.

El estigma que afecta a una persona concreta no viene determinado por una única variable como un trastorno mental o una condición étnica. A una persona con un trastorno mental no se le aplicará el mismo estigma si es varón o mujer; si es de origen europeo o subsahariano; si es pobre o rico. De este modo, el estigma no se aplica del mismo modo a un varón, de origen europeo, rico, de mediana edad, estadounidense; que, a una mujer, pobre, afroamericana, mayor de 70 años, inmigrante en los Estados Unidos. En el caso de López, si además de tener un problema de comportamiento, fuese mujer, gitana, del colectivo LGTBIQ+, y con pocos recursos económicos, sufriría un estigma multiplicado.

4. Conclusiones