Expuesta a la muerte - Rita Segato - E-Book

Expuesta a la muerte E-Book

Rita Segato

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Este libro habla de la muerte, de las fronteras biológicas y las soberanías inmunitarias, de la fosa común vivida durante la pandemia, de la doble muerte que inscribe la colonial-modernidad, pero lo hace lleno de vida. Se trata de un testimonio emocionante, de una reflexión contingente e inacabada, que de seguro continuará, pero que aun así llega a grandes momentos de comprensión, a lo que podríamos entender como la poética de la gran pensadora Rita Segato. Porque la autora ya ha dicho, y lo dice en este mismo libro, que una intelectual es una dadora de palabras. Expuesta a la muerte es un compendio invertebrado de palabras, una caja de herramientas de nombres o, más bien, una cápsula llena de nuevas combinaciones de saberes dirigida hacia el futuro. Constituye la apertura más radical del hermético horizonte de la historia a partir de la ilimitada imaginación crítica. Javier Guerrero

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Seitenzahl: 147

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Registro de la Propiedad Intelectual Nº 2023-A-5648

ISBN: 978-956-6203-41-4

ISBN digital: 978-956-6203-42-1

Colección Pasado Mañana, dirigida por Javier Guerrero

Diseño y diagramación: Paula Lobiano Barría

Corrección: Edison Pérez

Diagramación digital: Paula Lobiano Barría

© Rita Segato

© Imágenes Rita Segato

© ediciones / metales pesados

E mail: [email protected]

www.metalespesados.cl

Madrid 1998 - Santiago Centro

Teléfono: (56-2) 26328926

Santiago de Chile, junio de 2023

Impreso por Alerce Talleres Gráficos S.A.

Índice

Prólogo. Expuesta a la vidaJavier Guerrero

IntroducciónEncomio de la incertidumbre

Todos somos mortalesDel significante vacío a la naturaleza abierta de la historia

Espacio, tiempo y género en el ojo de la pandemia

De la negatividad del sufrimiento y la muerte, a la positividad del pensamiento

The Risk is (Un)Real

La relevancia de lo inacabado

Un texto por encargo sobre la muerte —en tiempos difíciles—

Pensar en presente: virus, feminismo, politicidadEncuentro con Diamela Eltit y Rita Segato

Una teoría personal sobre la muerte

Obras citadas

Notas

PrólogoExpuesta a la vidajavier guerrero

Este libro inicia un camino hacia el porvenir de la escritura. Rita Segato se adentra en la nebulosa crítica del presente, en el huracán de la historia, para pensar o, más bien, atreverse a discutir aquello que no ha llegado aún, aquello que no llegará nunca o que, en cierto sentido, parece estar a la vuelta de la esquina. Se trata, como ella misma lo formula, de una apología de la incertidumbre que paradójicamente resulta la gran enseñanza que nos ha dejado la pandemia del Covid-19.

Este es el libro más personal de Rita Segato, el más osado y quizá el más incómodo. La teórica discute, con la capacidad crítica que la caracteriza, las aristas más complejas del convulsionado presente y lo hace cuestionando el horizonte terminado y obligatorio del futuro. Pone, incluso, sobre el tapete la posibilidad de la extinción del animal humano. Para dar cuenta de todo esto, la autora no oculta su cuerpo, por el contrario, expone su condición de materia viviente, sus trazos, la mano que escribe y dibuja, su lengua más desconocida, las visitas de familiares y muertos. Los textos críticos, entonces, devienen lengua poética que solo llegan a puerto, quizá, cuando se diluyen en la página en blanco de la escritura, en los márgenes agujereados por la reticularea de Rita.

Este libro habla de la muerte, de las fronteras biológicas y las soberanías inmunitarias, de la fosa común vivida durante la pandemia y más allá, de la doble muerte que inscribe la colonial-modernidad, pero lo hace lleno de vida. Se trata de un testimonio emocionante, de una reflexión contingente e inacabada, que de seguro continuará, pero que aun así llega a grandes momentos de comprensión, a lo que podríamos entender como la poética de la gran pensadora Rita Segato. Porque la autora ya ha dicho, y lo dice en este mismo libro, que una intelectual es una dadora de palabras. Expuesta a la muerte es un compendio invertebrado de palabras, una caja de herramientas de nombres o, más bien, una cápsula llena de nuevas combinaciones de saberes dirigida hacia el futuro. Constituye la apertura más radical del hermético horizonte de la historia a partir de la ilimitada imaginación crítica.

Los textos que componen este libro me acompañaron, durante tiempos difíciles, a navegar un relato desconocido, y me permitieron entender la desorientación como una nueva tecnología de pensamiento. Por ello, aquí se reúnen las intervenciones más imprescindibles escritas y formuladas por la teórica feminista durante el acontecimiento global del virus incubado en 2019. Aquí Rita Segato compone una máquina que procesa las imágenes, paisajes y resultados del gran escáner de aquello incompatible con la vida en el que ha devenido la pandemia del Covid-19. En este sentido, Segato aborda las inequidades de raza, clase y género, también las interseccionales, que la pandemia ha revelado. Cuestiona el especismo, las derivas neoconservadoras, la catástrofe planetaria y hasta la omnipotencia de la crítica política. Propone un recuento inclinado de los signos de una época, las marcas que la pandemia nos ha permitido leer, las que nos obligan entonces a imaginar y producir un futuro más justo y la necesaria restitución de los vínculos perdidos, olvidados o aquellos que incluso siempre han estado por llegar. Porque la pandemia, dice con contundencia este libro, ha hecho legible una ruta hacia el porvenir. Por ejemplo, Segato demuestra cómo el virus global develó que la política tiene la llave de la economía o la politicidad de la gestión de la vida. En las páginas que siguen se enfrentan paradigmas y perspectivas: vida cosificada y otras formas de muerte, casa-dentro y casa-afuera, virtualidad comunicativa y cuerpo vivo en la calle, dueñidad y vincularidad.

Asimismo, Expuesta a la muerte da comienzo a la serie Pasado Mañana, que tengo el honor de dirigir para Ediciones Metales Pesados. Se trata de un libro que calza perfectamente con la filosofía de la colección, que se permite teorizar sobre lo desconocido, lo que posiblemente ya no será o, quizá, lo que será pasado mañana. Sospecha de la naturaleza, del relato de la historia y hasta de la misma muerte, y se adentra en la memoria para preguntarse qué sucede cuando morimos. En esta oportunidad, Segato incluso se enfrenta a sus fantasmas, a sus padres y abuelos muertos, inesperados visitantes, para abrir el futuro con una sentencia abrigadora: “morir es quedarse adentro de alguien”.

En este libro Rita dice mucho más, arriba a una resolución que repiensa lo que nos queda por vivir, propone un saber adicional. Pero eso lo dejo para luego o, quizá, para mañana mismo.

Princeton, abril de 2023.

IntroducciónEncomio de la incertidumbre

Prefiero el trayecto al proyecto1, el camino al destino, el tránsito a la llegada, el proceso al producto, el intento al resultado, el horizonte abierto a la utopía, la re-existencia a la resistencia, la pregunta a la respuesta. Toda llegada es transitoria. Me atrae lo inacabado, me hace feliz. Ante todo prefiero la incerteza. Y la incerteza es la lección de la pandemia.

De la misma forma y por las mismas razones, prefiero el estar kushiano y andino a ser de la metrópolis, lo óntico a lo ontológico, lo epistémico a las epistemologías.

En esas oposiciones que acabo de exponer y el diferencial de poder y prestigio que, en cada una de ellas, uno de los términos captura, puede residir la razón por la cual ese lapso muy real de dos años en situación de retiro ha resultado hoy en un raro olvido. Ahora, la trampa de las certezas del tiempo-mercancía nos acecha y vuelve a obnubilar la lucidez.

No es posible que solo la catástrofe sea capaz de librarnos de esa trampa —Ley del Padre monetarizada: norma, límite y decretada forma única de vivir en sociedad—. Me pregunto: ¿será entonces que prefiero la catástrofe? Así estamos: entre la espada y la pared, entre la catástrofe y el calabozo. Transitar con un pie en la espada y el otro en la pared parece ser la respuesta correcta. Frente a este dilema, escuchar a Clement Rosset cuando predica que asumamos la estructura trágica de la existencia2. Saber que siempre hay más de una verdad. Saber que la lógica exclusiva y consistente entronada por Occidente es un descamino. Entender que otra lógica —la más inteligente, la para-consistente, de muchas verdades simultáneas y antagónicas, en un mundo sin hegemonía y radicalmente plural—, hizo el milagro de la sobrevivencia de los pueblos durante los quinientos años de dominación y masacre. Haber finalmente percibido y decidido cuál es mi religión: permitirme ser radicalmente politeísta después de concluir que los tres monoteísmos llevan inevitablemente al etnocidio o al genocidio, pues para ellos los otros, las otras fes, son un problema a resolver. Admirar sin reservas las coreografías del Butoh. Atestiguar que ver danzar a Kazuo Ohno o su discípulo Min Tanaka me inspira y consuela porque constato cómo desprecian el centro de gravedad del cuerpo, desechan toda oferta de suelo firme y evaden cualquier eje de equilibrio. Advertir mi inclinación estética modificada porque ahora, para mí, finalmente, todo lujo es mausoleico. Todo lujo me deprime. Tiene olor a túmulo mortuorio.

Este libro es, entonces, un encomio de la deriva. La deriva es una forma irreductible de vitalidad. No se deja ser cosa. Sabe que solo las cosas pueden ser apropiadas, porque la vida es movimiento, y todo movimiento vital es incierto e inapropiable. Los dibujos que habitan sus páginas así lo ilustran: son expresiones de la experiencia de deriva que ha sido mi vida y que es, en realidad, toda vida. Mi escucha de otras voces, siempre viajando hacia adentro y dejando la pluma correr sin rumbo fijo. Pensando también sin rumbo fijo. Huyendo del método.

La pandemia lo permitió. Las preguntas que me llegaron durante ese lapso de dos años fueron respondidas con los textos que se encuentran en las páginas de este libro, escritas sin expectativa de autoridad, como una reflexión abierta que solo aspiró a seguir conversando. Todas respondieron a convocatorias que me interpelaron y son nada más que intentos de respuestas provisorias.

Tilcara, Provincia de Jujuy, abril de 2023.

Todos somos mortalesDel significante vacío a la naturaleza abierta de la historia3

Que la pandemia iluminela diferencia entre lo que importa y lo que no importa.

¿Qué es, qué no es, y a qué nos conduce la pandemia?

Ha circulado en estos días un significativo número de textos, muchos de ellos escritos por autores influyentes. Intentan dar cuenta de dos aspectos distintos de la pandemia que nos aflige. Un grupo hace apuestas por lo que puede haber sido el origen del virus, dividiéndose entre aquellas que adhieren a la teoría del complot y las otras que, sin necesariamente saberlo, dan continuidad a lo que ya Marx llamaba fractura metabólica o desequilibrio de la relación entre los seres humanos con la naturaleza4. Me ocuparé aquí del otro conjunto de interpretaciones, respecto del significado y uso a futuro de la pandemia. Cada una de ellas se deriva y tiene como presupuesto un proyecto político y un sistema de valores que defiende5.

Por mi parte, veo el Covid-19 como Ernesto Laclau vio a la figura de Perón en la política argentina: un significante vacío, al que diversos proyectos políticos le tendieron su red discursiva6. También lo veo como un evento que da origen a un efecto Rashomon, evocando aquí la forma en que en las Ciencias Sociales se ha usado el tema del clásico filme de Kurosawa: un mismo crimen relatado desde cuatro perspectivas de interés diferentes. Pero sobre todo lo veo como una situación de lo que Lacan llamó irrupción de lo real —el imaginario que atrapa nuestra visión del mundo o grilla a través de la cual filtramos las entidades que formarán parte de nuestra percepción es una fina tela que nos envuelve—. Más allá de ella se encuentra lo real, para usar el término de Lacan: la naturaleza tal cual sea, incluyendo nuestra propia naturaleza.

El virus no es otra cosa que justamente un evento del desdoblamiento de este otro plano, la Historia Natural, la marcha azarosa de la naturaleza, sus desdoblamientos contingentes, su deriva. Organismos se consolidan, duran y desaparecen. Nuestra especie seguirá ese destino incierto también o, con suerte improbable, tendrá la longevidad de la cucaracha —aunque será difícil, porque la cucaracha se caracteriza por necesitar poco—. Es importante acatar la idea de que, aun si este virus fuese un resultado de la manipulación humana en laboratorio o, como ciertamente es, una consecuencia de la forma abusiva en que la especie ha tratado su medio ambiente, igualmente y de todas formas se trataría de un evento de la naturaleza. ¿Por qué? Porque nosotros somos parte de esa misma naturaleza y, aun cuando capaces, como especie, de manipular microorganismos y provocar el advenimiento de una nueva era como es el Antropoceno, tenemos allí nuestro lugar, somos parte de esa escena que llamamos naturaleza. Nuestra interacción bioquímica pertenece y juega un rol en una escena toda ella interior al gran nido que habitamos, aun cuando el pensamiento occidental haya presionado para retirarnos de esa posición contenida, interdependiente y dependiente. Pensarlo así no nos resulta fácil, porque estamos dentro de la lógica cartesiana de sujeto-objeto, de cabeza-cuerpo, de mente-res extensa. La cosificación y externalización de la vida es nuestro mal.

Al hacer esa maniobra, el pensamiento occidental cancelaba dos molestias. Una de ellas es la temporalidad de la vida, con su inherente descontrol y el límite que interpone al intento de administrarla. El tiempo, que no es otra cosa que el tiempo de los organismos, de la propia Tierra como gran organismo, y de la propia especie como parte de ese gran útero terrestre, desafía la omnipotencia de Occidente, su obsesión por administrar los eventos, lo que he llamado en otra parte su neurosis de control. La otra obsesión del pensamiento colonial-moderno, occidental, es la de colocarnos, como especie, en la posición de omnipotencia de quien sabe y puede manipular la vida, la maniobra cartesiana de formular la res-extensa, la vida cosa, y catapultarnos hacia afuera de la misma. Por eso, frente a esta pandemia, tenemos la oportunidad de salvarnos cognitivamente de esta trampa y conseguir entender que, aun cuando sea el efecto de nuestra interferencia, el virus que nos está enfermando es, de todas maneras, un evento natural, de ese acontecer sinuoso e imprevisible que es el tiempo. Y lo es porque resulta de una interacción dentro del reino de la naturaleza, de cuya escena somos parte. El salto de un virus del animal al humano debe leerse de esta forma, que nos recoloca en esta posición de ser parte del mundo natural con sus azares, que muchas veces creemos dominados. Toda una disponibilidad distinta para la vida y para lo inevitable de la muerte surge de una conciencia que acepta ser parte subordinada al orden natural. La exterioridad cartesiana, lejos de ser universal, lleva a un vicio de lectura propio de Occidente y tiene consecuencias.

El otro gran tema es el del futuro, vinculado también a la dimensión anárquica del tiempo. Las tres imágenes de las que hablo me permiten aventurar que un gran desconcierto ha sobrevenido en el mundo frente a esta rara plaga de conducta arcaica. Frente a este desconcierto, las tres imágenes que le atribuyo: la ausencia de un significado e intencionalidad propia, su provocación Rashomon y su realidad radical e independiente de nuestras apuestas me permiten hablar de una batalla a futuro por la imposición de un orden a ese desconcierto. Y toda apuesta teleológica esconde un discurso de supremacía moral, y todo discurso de supremacía moral tiene una vocación autoritaria. ¿Quién tendrá entonces la permisión de narrarlo a futuro, para usar la expresión de Edward Said, o quién detentará el derecho a narrar, usando aquí las palabras de Homi Bhabha?7 Entonces esas tres figuras teóricas nos permiten prever que se dará una batalla para decidir qué red de significaciones, qué discursos y qué relatos serán capaces de atrapar el evento que nos desafía, para instalar así las políticas que darán forma al mundo en el después. Sin embargo, como ya he argumentado, la única utopía que ha sobrevivido a los sucesivos fracasos revolucionarios en su intento de reorientar el camino de los pueblos es la absoluta imprevisibilidad del futuro: nunca sabemos hacia dónde ni cómo soplará el viento de la historia. Lo único que nos resta es hacer nuestro papel, en acuerdo con nuestras convicciones y responsabilidades.­

El preanuncio de la contienda en puertas ya lo hemos visto suceder por estos días, y este texto también, inevitablemente, se incluye. Muchas mallas de sentido se han tendido para atrapar el tiempo de la naturaleza. Ya de inicio testimoniamos la divergencia entre dos grandes analistas, como son Slavoj Žižek y Byung-Chul Han: utopía y distopía en confrontación, a la par como presagios. A partir de allí, centenas de atribuciones de significado circularon en muchos textos, pero el virus las excede en su incerteza y el desconcierto en que ha sumido a la humanidad. Esto es muy importante considerarlo, pues nos lleva hacia la apertura de la historia, a su imprevisibilidad y a la aceptación de los límites implacables impuestos a nuestra capacidad de controlarla, ordenarla. El virus da fe de la vitalidad y constante transformación de la vida, su carácter irrefrenable. Demuestra la vitalidad de la naturaleza, con nosotros adentro de ella. Se ha mostrado una realidad que nos excede y supera todo voluntarismo. Occidente se enfrenta así con lo que constituye la dificultad suprema del mundo colonial-moderno, porque la meta por excelencia del proyecto histórico eurocéntrico es la dominación, cosificación y control de la vida. Acorralar y bloquear todo imprevisto, toda improvisación ha sido su intento y relativo triunfo progresivo.

Este virus y todos los que le antecedieron y vendrán luego, presentan una libertad que hace temblar inclusive más que la misma muerte a esta propuesta civilizatoria. Una libertad desconocida. Siendo así, la orden del día solo ha podido ser replegarse para sacarle el agua al pez, dejar al nuevo ser sin hospedero, hasta que su peligrosidad quiera dar la curva y/o surja una vacuna de las manos del papel que representamos en esta gran escena: la escena ambiental. Lo que sabemos sirve, pero más que un control indica una adaptación, una flexibilidad y maleabilidad de los comportamientos, y una capacidad de respuesta que forma parte de un mismo drama, del que somos parte. Gran lección le da este minúsculo ser al Occidente.