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"Filosofía para todos" es una accesible introducción a algunos de los temas fundamentales en filosofía con un giro contemporáneo. Ejemplifica las virtudes de usar la filosofía como una actividad en la que todos pueden participar. "Filosofía para todos" comienza por explicar lo que es la filosofía antes de explorar las cuestiones y los temas básicos de esta importante materia. Los temas clave y sus áreas de influencia incluyen: - Epistemología. En qué consiste nuestro conocimiento del mundo y de nosotros mismos y cómo podemos adquirirlo. - Filosofía de la ciencia. Temas conceptuales fundamentales en la investigación y la práctica científica. - Filosofía de la mente. Lo que significa tener una mente y cómo la mente puede ser entendida y explicada. - Filosofía moral. La naturaleza de nuestros juicios y reacciones morales si es que ellosaspiran a alguna verdad moral objetica o son meras preferencias personales o culturales, y - Metafísica. Cuestiones conceptuales fundamentales acerca de la naturaleza y la realidad. Este libro se recomienda para cualquiera que pretenda tener un panorama breve y rápido de esta fascinante disciplina.
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Veröffentlichungsjahr: 2018
ÍNDICE
PREFACIO
1. ¿QUÉ ES LA FILOSOFÍA?
Dave Ward
2. ¿QUÉ ES EL CONOCIMIENTO?
¿POSEEMOS CONOCIMIENTO?
Duncan Pritchard
3. ¿QUÉ SIGNIFICA TENER MENTE?
Jane Suilin Lavelle
4. MORALIDAD: ¿ES OBJETIVA, RELATIVA O EMOTIVA?
Matthew Chrisman
5. ¿DEBES CREER LO QUE OYES?
Matthew Chrisman
Duncan Pritchard
Alasdair Richmond
6. ¿SON VERDADERAS LAS TEORÍAS CIENTÍFICAS?
Michela Massimi
7. VIAJE EN EL TIEMPO Y METAFÍSICA
Alasdair Richmond
GLOSARIO DE TÉRMINOS ESENCIALES
BIBLIOGRAFÍA
ÍNDICE DE NOMBRES Y DE TEMAS
JANE SUILIN LAVELLE
MICHELA MASSIMI
ALASDAIR RICHMOND
DAVE WARD
siglo xxi editores, méxico
CERRO DEL AGUA 248, ROMERO DE TERREROS, 04310 MÉXICO, DF
www.sigloxxieditores.com.mx
siglo xxi editores, argentina
GUATEMALA 4824, C1425BUP, BUENOS AIRES, ARGENTINA
www.sigloxxieditores.com.ar
anthropos editorial
LEPANT 241-243, 08013 BARCELONA, ESPAÑA
www.anthropos-editorial.com
BD31
F5518
2016 Filosofía para todos / coordinado por Matthew Chrisman y Duncan
Pritchard ; con la colaboración de Jane Suilin Lavelle,
Michela Massimi, Alasdair Richmond, Dave Ward ; traducción de Josefina Anaya y Barrios. — México : Siglo XXI Editores, 2016.
181 páginas. – (Filosofía)
Traducción de: Philosophy for everyone.
ISBN-13: 978-607-03-0832-1
1. Filosofía – Libros de texto. I. Chrisman, Matthew, editor. II. Pritchard, Duncan, editor. III. Lavelle, Jane Suilin, colaborador. IV. Massimi, Michela, colaborador. V. Richmond, Alasdair, colaborador.
VI. Ward, Dave, colaborador. VII. Anaya y Barrios, Josefina, traductor.
VIII. ser
primera edición en español, 2016
© siglo xxi editores, s.a. de c.v.
isbn 978-607-03-0832-1
primera edición en inglés, 2014
© routledge - taylor & francis group, londres y nueva york
título original: philosophy for everyone
¿Alguna vez te has preguntado qué es el conocimiento, o si poseemos conocimiento? ¿Y si la moralidad es objetiva o subjetiva? ¿O has pensado en qué consiste la diferencia entre los seres con una mente como nosotros y cosas que no tienen o no parecen tener mente, como las bicicletas o las computadoras? ¿Deberíamos confiar en lo que dicen otras personas, especialmente cuando reportan hechos espectaculares? Y si sí, ¿por qué? ¿Y qué hay con la pregunta de si las teorías científicas aspiran a ser verdaderas o meramente a captar los datos observables de manera atractiva? ¿Crees que viajar en el tiempo sea posible? Si es así, ¿qué significa eso para la naturaleza del tiempo?
Estas preguntas son filosóficas. Un filósofo estadunidense, Wilfrid Sellars, escribió en una ocasión que “alcanzar el éxito en la filosofía sería… ‘saber dónde estamos parados’ en relación con todas estas cosas, no a la manera irreflexiva en que el ciempiés de la historia supo dónde estaba parado antes de verse confrontado a la pregunta ‘¿cómo es que camino?’, pero de la manera reflexiva que significa que no hay restricciones intelectuales”. El objetivo de este libro es introducirte a la forma en que los filósofos piensan acerca de estas preguntas. Esto es, esperamos levantar todas las restricciones intelectuales y ayudarte a empezar a pensar reflexivamente acerca de cuestiones respecto a las cuales todos, de manera implícita y en un sentido irreflexivo, ya sabemos dónde estamos parados.
En el capítulo 1 comenzamos con una introducción general a la práctica de la filosofía. Ahí descubrirás algo más acerca de las preguntas filosóficas y qué es lo que hace que sean filosóficas. También aprenderás de qué forma los filósofos proceden típicamente para tratar de contestar a esas preguntas de forma cuidadosa y sistemática. En el capítulo 2 pasamos a un área de la filosofía conocida como epistemología. Aquí reflexionamos sobre preguntas acerca de la naturaleza del conocimiento y acerca de si poseemos algún conocimiento. En seguida, en el capítulo 3, exploramos algunas cuestiones centrales para la mente filosófica, sobre todo qué es una mente. En el capítulo 4 consideramos otra rama de la filosofía: la teoría ética. Consideraremos varios puntos de vista acerca del estatus de la moralidad: si es objetiva, relativa desde el punto de vista personal o cultural, o bien emotiva. Después, en el capítulo 5, pasamos a un asunto de la historia de la filosofía: el debate entre David Hume y Thomas Reid acerca de si, y cuándo, debemos confiar en el testimonio de otras personas. La filosofía de la ciencia es el tema del capítulo 6. Aquí exploramos la cuestión de la naturaleza y los objetivos de la ciencia: ¿aspira ésta a obtener la verdadera teoría de cómo es la realidad, o solamente a construir un modelo empíricamente apropiado de fenómenos observables? Finalmente, en el capítulo 7 abordamos una cuestión importante en la rama de la filosofía llamada metafísica: la posibilidad de viajar en el tiempo. Esto no es interesante solamente para los aficionados a la ciencia ficción sino también para los filósofos interesados en la naturaleza del tiempo y otros aspectos de la realidad.
Cada capítulo va seguido de un breve resumen, algunas preguntas para estudio y una lista de lecturas adicionales y recursos en internet. En cada capítulo los términos esenciales están resaltados en letras negritas cuando se utilizan por primera vez. Cuando se recalca una palabra de esta forma, puedes repasar su definición en el glosario que encontrarás al final del libro.
Esta excursión por diversas partes de la filosofía no intenta ser una introducción comprensiva del tema (para ello el libro tendría que ser más extenso). Más bien intenta introducir solamente algunos de los temas interesantes en los que reflexionan los filósofos así como ilustrar su forma de pensar en ellos, de manera que sea accesible al lector inteligente que no ha estudiado filosofía con anterioridad pero que está dispuesto a leer cuidadosamente y a pensar profundamente. Si has llegado hasta aquí, lector, estamos seguros de que llenas los requisitos. ¡Bienvenido al equipo!
Aun cuando nuestra intención es que el libro pueda ser usado como una introducción a la filosofía general (de ahí su nombre) para quienquiera que sea, nació de un “MOOC” impartido por la Universidad de Edimburgo. Un MOOC es un “massive open online course”, un curso en línea masivo y abierto. Tuvo lugar inicialmente en la primavera de 2013, con siete video-conferencias, una mesa de discusión en vivo y evaluaciones de compañeros en línea. Queremos agradecer a nuestro colega David Ward por encabezar en nuestro Departamento de Filosofía el esfuerzo para armar el curso y para escribir el primer capítulo, así como a nuestros compañeros en el MOOC que contribuyeron a este volumen: Jane Suilin Lavelle, Michela Massimi y Alasdair Richmond. Queremos agradecer también a la Universidad de Edimburgo por el apoyo institucional, especialmente a Jeff Haywood, Amy Woodgate y Lucy Kendra. Nuestra intención es repetir y refinar el curso en un futuro próximo. De manera que tal vez estés leyendo este libro porque ya estás inscrito en alguna de las futuras entregas de nuestro MOOC. Pero si llegaste al libro por otro camino, tal vez estés interesado en inscribirte en la siguiente presentación de nuestro MOOC. Síguenos la pista en línea.
MATTHEW CHRISMAN
DUNCAN PRITCHARD
¿Qué es la filosofía? En una ocasión le hice esta pregunta a un grupo de estudiantes que acababan de empezar sus estudios en la Universidad de Edimburgo. Después de un momento de reflexión uno de ellos sugirió: “No hay más que hacer que hacerla”. Ahora bien, esta respuesta por sí sola tal vez no es terriblemente informativa, sin embargo, creo que es decididamente correcta. Como veremos en este capítulo y en este libro, la filosofía es una actividad. Así que para descubrir de qué se trata necesitamos hacer algo más que sólo tratar de describirla –cosa que intentaré hacer en este capítulo–: necesitamos meternos de lleno y hacerla. Así, si quieres descubrir qué es la filosofía lo mejor que puedes hacer es que te abras paso por el libro que tienes en las manos y lo recorras. Al hacerlo te darás una buena idea de la clase de preguntas que hacen los filósofos, tanto hoy como a lo largo de la historia, y de las formas características en que tratan de contestarlas. Lo que es más importante, si este libro cumple su función, te verás activamente comprometido con esas preguntas: tratando de resolverlas, articulando tus propios pensamientos sobre ellas y sopesando cómo podrías defender esos pensamientos en respuesta a quienes no estén de acuerdo contigo.
Así pues, la filosofía es una actividad, y en las páginas de este libro encontrarás ejemplos de esta actividad e invitaciones a participar en ella. ¿Qué más podemos decir en este sentido? El objetivo de este capítulo es ver si podemos caracterizar a la filosofía con mayor detalle. Me propongo sugerir que la filosofía es la actividad de determinar la forma correcta de pensar en las cosas. En lo que queda del capítulo voy a intentar decir un poco más acerca de lo que esto significa, y por qué pienso que es correcto. Empezaremos reflexionando acerca de la forma en que esta caracterización de la filosofía se relaciona con otros temas. Después tomaremos nota de algunos rasgos de la filosofía que se siguen de su caracterización, y consideraremos los intentos de los filósofos de encontrar “la forma correcta de pensar en las cosas”. Y finalmente consideraremos por qué la filosofía, tal como la describo en este capítulo, podría ser un quehacer interesante o importante.
Como acabo de afirmar, la filosofía es la actividad de determinar la forma correcta de pensar en las cosas. Pero ¿acaso no todo el mundo trata de pensar en las cosas de la manera correcta, trátese de la materia de que se trate –desde la astronomía hasta la zoología–? ¿Qué es lo que diferencia a la filosofía de estas u otras materias? Para ver qué hace que la filosofía sea diferente necesitamos distinguir entre lo que hacemos cuando damos un paso atrás y determinamos la forma correcta de pensar en algo y lo que hacemos cuando de hecho continuamos pensando acerca de algo en la forma, sea cual sea, que decidimos es la correcta (o quizá sólo aceptamos acríticamente). Podemos considerar esta distinción entre determinar la forma correcta de pensar y seguir reflexionando de esta forma como correspondiente a la distinción entre trabajar en una materia académica (tomemos la física como ejemplo, por ahora) y hacer filosofía acerca de esa materia.
Así, cuando hacemos física podríamos estar interesados en montar experimentos, registrar datos y tratar de utilizar esos datos para construir una teoría que explique adecuadamente todos los datos que observamos y, optimistamente, todos los datos que observemos en el futuro. Cuando estamos haciendo esto, supongamos (con las debidas disculpas a los físicos por mi cruda caracterización de su quehacer) que estamos pensando en la forma característica de la física. Sin embargo, siempre podemos dar un paso atrás y preguntar si esta forma de pensar es la correcta. Podemos preguntar qué significa que los datos confirmen o refuten una teoría; podemos preguntar qué significa que una teoría sea mejor o peor que otra en lo que a la explicación de ciertos datos se refiere; incluso podemos preguntar si el proyecto de intentar explicar y entender la realidad física identificando sus elementos constitutivos y sus procesos fundamentales, y las leyes que los rigen, es el correcto. Cuando retrocedemos de esta forma hacemos un giro y pasamos de hacer preguntas acerca de la física a hacer preguntas en el ámbito de la filosofía de la física: de seguir pensando en la forma en que la física recomienda determinar si (y por qué) esa forma de pensar es la correcta. Tendrás la oportunidad de reflexionar sobre estas cuestiones de la filosofía de la ciencia con más detalle en el capítulo 6.
Pongamos otro ejemplo para ilustrar la distinción entre trabajar en una materia y hacer la filosofía de esa materia. Supongamos que somos médicos, vivimos en la Edad Media y estamos tratando de entender una cierta enfermedad. En concordancia con la comprensión de la medicina de nuestro tiempo, intentaremos entender la enfermedad en términos de los cuatro “humores” (sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema) que componen el cuerpo humano, según nuestras creencias, y cuyo desequilibrio creemos que es la causa de toda enfermedad. Nuestra teorización acerca de la enfermedad podría asumir la forma de identificar los síntomas y luego tratar de relacionarlos con las características que asociamos a uno de los cuatro humores, a manera de entender la enfermedad como una falta o un exceso de ese humor. Al hacer esto, como los buenos médicos medievales que somos, simplemente seguimos la práctica de la teoría médica. Sin embargo, siempre podemos dar un paso atrás y hacer más preguntas acerca del marco de esta teoría y los supuestos que yacen tras ella: podemos preguntar qué significa exactamente que los humores estén en equilibrio o en desequilibrio; podemos preguntar cómo exactamente se relacionan los humores con los tipos de temperamento y personalidad con los que se supone que van de la mano; y (lo más importante) podemos preguntar si estamos pensando en las enfermedades humanas y su tratamiento de la forma correcta: si no sería mejor que nos saliéramos del marco de la teoría de los humores completamente y tratáramos de encontrar otra teoría diferente. El uso del ejemplo de la medicina medieval deja en claro que dar un paso atrás de esta manera suele ser importante: poner en tela de juicio el marco teórico e intentar sustituirlo por uno mejor ha dado como resultado grandes avances en la forma de diagnosticar y tratar enfermedades. Pero observa que lo mismo podría yo haber usado la medicina moderna como ejemplo. Al parecer, en cualquier campo siempre podemos dar un paso atrás en la tarea de desarrollar nuestra indagación, tratar de tener una visión clara del marco o del conjunto de supuestos que conforman nuestra indagación y poner en cuestión si dicho marco es el mejor para la tarea.
Así, en los dos ejemplos anteriores, la física y la medicina (medieval), podemos distinguir entre 1] continuar pensando o investigando según las reglas, prácticas y presuposiciones de una disciplina teórica, y 2] dar un paso atrás para investigar cuáles son esas reglas, prácticas y presuposiciones y reflexionar sobre si son las correctas. Retroceder de esta manera –intentar identificar, clarificar y evaluar los supuestos que yacen tras la forma en que pensamos o actuamos– es lo que hacemos cuando hacemos filosofía. Concebir la filosofía de esta manera nos revela una serie de cosas importantes acerca de ella.
En primer lugar, los límites entre la filosofía y otras materias pueden ser borrosos. El segundo ejemplo de arriba planteó la cuestión de cómo movernos de un marco que ahora vemos anticuado e inadecuado (como la teoría de los humores en la medicina) a uno mejor. Una forma de hacerlo es sencillamente reflexionando sobre él: ¿sabemos realmente qué queremos decir cuando hablamos de humores? Cuando tratamos de reflexionar sobre una enfermedad como falta de flema, o un exceso de bilis, ¿entendemos bien qué significaría que una enfermedad fuera una de esas cosas? Tratar de identificar y sopesar los conceptos y las categorías que empleamos “desde nuestra butaca” es una manera de intentar determinar la forma correcta de pensar en las cosas. Este tipo de teorización desde nuestra butaca acerca de los conceptos que utilizamos y el trabajo que realizamos es, así, una forma de hacer filosofía –quizá la forma en que la gente comúnmente piensa que es hacer filosofía.
Pero ésta no es la única forma que podemos ensayar para encontrar la manera correcta de pensar en las cosas. Podríamos llegar a revisar la forma en que pensamos acerca de la medicina como resultado de salirnos de nuestra butaca y tratar efectivamente de hacerlo: podríamos, por ejemplo, observar que nuestra teoría de los humores propone que algunas formas de tratar las enfermedades deberían funcionar, pero en realidad sencillamente no es así. O podríamos notar que algunas otras formas de tratar enfermedades, que no tienen nada que ver con los humores o su equilibrio, funcionan realmente bien. Si nos topamos con bastantes observaciones como ésta, y si las observaciones forman un patrón nítido y bastante obvio, entonces esto también puede impulsarnos a empezar a concebir la medicina de otra manera. Podríamos expresar esto diciendo que los retos a nuestra forma de pensar pueden ya sea proceder del interior, como en los casos en que nos damos cuenta de que el marco que estamos utilizando para reflexionar en las cosas es inestable o confuso por el solo hecho de pensar acerca de él, o desde el exterior, como cuando los enigmas y los sucesos inexplicados con los que el mundo confronta nuestra actual forma de pensar están tan difundidos que nos vemos obligados a buscar un nuevo marco que dé más sentido a las cosas. Apuntamos arriba que desafiar las formas de pensar “desde el interior” (o “desde la butaca”) es algo característicamente asociado a la filosofía. De esta manera podemos hacer filosofía de la antropología, la biología, la química o la zoología, tratando de identificar los marcos que esas materias emplean para reflexionar acerca del mundo, y considerando si esos marcos implican confusiones o contradicciones que podríamos identificar y tratar de resolver. Pero en muchos casos (y aquí es donde los límites entre la filosofía y otras materias se vuelven borrosos), cuando estamos determinando cómo revisar nuestras formas de pensar de forma óptima, a la luz de los enigmas que el mundo nos ha lanzado, también estamos haciendo filosofía.
Volviendo al ejemplo de la física, piensa en lo que ocurrió a principios del siglo XX con el desarrollo de la mecánica cuántica. Existía un creciente cuerpo de datos que al parecer simplemente no tenían sentido si se empleaban las formas de reflexionar a la sazón acerca de la realidad física. Por ejemplo, parecía que la natural presunción de que los elementos de la realidad deben comportarse ya sea como ondas o bien como partículas (pero no ambas cosas) probablemente era errónea. Y parecía que el acto mismo de observar o medir una cantidad física podía instantáneamente alterar las cosas en otra parte del universo, aparentemente violando nuestra concepción de sentido común de cómo funciona la causalidad. Ahora bien, es claro que el proyecto de determinar la forma óptima de pensar sobre todos estos resultados, y sus implicaciones para nuestra comprensión de la realidad, no era puramente filosófico. Después de todo, necesitábamos la ciencia para proporcionar y describir los extraños resultados experimentales que desafiaron nuestras actuales formas de pensar, para empezar. Y en algunos casos fue necesario que buscáramos nuevos resultados experimentales para comprobar si las revisiones de nuestra forma de pensar que se aventuraron iban por el buen camino. Sin embargo, al intentar revisar nuestras formas de pensar a la luz de los resultados de la mecánica cuántica seguimos haciendo filosofía. Estamos dando un paso atrás ante los resultados en cuestión e intentando llegar a un nuevo marco que les dé mayor sentido.
Por ejemplo, ¿necesitamos modificar nuestra forma de pensar acerca de qué significa que una cosa sea la causa de otra, de manera que la causalidad que ocurre a distancia tenga sentido para nosotros? ¿O bien estos resultados nos están mostrando que tratar de recurrir a una noción de causalidad de sentido común en nuestra comprensión de la naturaleza de la realidad microfísica es sencillamente equivocado? En cualquier caso, ¿hay una nueva y mejor manera de reflexionar que podamos emplear y ayude a que estos extraños resultados nos quepan en la cabeza? Como acabo de decir, cualquiera que sea el marco que se nos ocurra, estará fundamentado por trabajo realizado por científicos, no por filósofos, y muchas de las pruebas que utilicemos para determinar si el marco es bueno implicarán también a científicos que formulen y prueben experimentalmente las predicciones que dicho marco haga. Pero, en realidad, al producir ese marco estamos saliéndonos del proceso de obtener los dichos resultados, y tratando de determinar el mejor camino para pensar acerca de ellos: la actividad que estoy sugiriendo es característica de la filosofía. Aquí, como en muchos sitios, la relación entre los hallazgos que alimentan nuestro pensamiento, y el subsiguiente proceso de pensamiento que se alimenta de ellos, es cerrada e intrincada –y es esta clase de relación la que puede hacer que los límites entre la filosofía y otras materias sean borrosos.
Estos puntos acerca de la relación entre la filosofía y otras materias nos señalan otros rasgos importantes de la filosofía. Nos muestran, por ejemplo, que la filosofía es una materia muy amplia. Parecería que, sea cual sea la materia que investiguemos, o cómo lo hagamos, siempre podemos dar un paso atrás, tratar de identificar los supuestos que conforman nuestra investigación y sopesar si son las óptimas. En los ejemplos de arriba vimos que dar un paso atrás puede llevarnos de hacer física, o medicina, a hacer filosofía de la física o de la medicina. Y al parecer podemos retroceder de manera similar sea cual sea la materia que estemos estudiando, o la forma en que la estamos estudiando. Esto significa que, independientemente de lo que estemos haciendo, una pregunta filosófica –una pregunta acerca de si el marco que estamos utilizando es el mejor para esta labor– nunca está muy lejos.
Piensa en la clase de intercambio que el comediante Louis CK dice haber tenido con su hija (que hemos editado ligeramente para suavizar el lenguaje florido):
No puedes contestar la pregunta de un niño –¡un niño no acepta nunca una respuesta! Un niño no dirá nunca: “¡Oh, gracias, ya entendí”. Hará más y más preguntas: “¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?”, durante horas y horas, y finalmente todo es tan absurdo y abstracto, todo acaba en: “¿Por qué?”
“Bueno, pues porque algunas cosas son y otras cosas no son.”
“…¿Por qué?”[molesto] “Bueno, pues ¡porque las cosas que no son no pueden ser !”
“¿Por qué?”
“¡PORQUE ENTONCES NADA NO SERíA! No puedes tener… ¡Nada no es! ¡Todo es!”
“¿Por qué?”
“Bueno, pues porque si nada no fuera, habría toda clase de cosas que nosotros no… como hormigas gigantes caminando por ahí con sombrero de copa, ¡bailando por ahí! ¡Nada de eso puede ser!”
“¿Por qué?”
[Louis se da por vencido.]
[Louis CK, 2005, HBO Special, “One Night Stand”]
Lo que ocurre en este diálogo nos muestra algo de lo que pasa en la filosofía. El filósofo se parece mucho a la hija en la conversación: continuamente pide razones y explicaciones sobre por qué pensamos y actuamos como lo hacemos. Pero también tiene que realizar el trabajo de Louis: pugnar por producir respuestas a preguntas como éstas, una lucha que a veces implica tratar de explicar por qué son las preguntas que no se deberían estar haciendo. Esto ilustra una serie de puntos importantes acerca de la filosofía.
En primer lugar –el que acabamos de mencionar–, si seguimos preguntando pronto daremos con preguntas que parecen filosóficas: arriba, Louis rápidamente se mete en aguas metafísicas profundas con preguntas acerca de la existencia (tendrás oportunidad de reflexionar más sobre estas cuestiones en la metafísica, en los capítulos 6 y 7).
En segundo lugar, la filosofía es difícil. Verse incesantemente confrontado por las preguntas de los niños, o por los filósofos, probablemente no sería una experiencia tan frustrante si tuviéramos respuestas fáciles a mano para cada pregunta que se nos hiciera.
En tercer lugar (y en estrecha relación con el punto anterior), aparentemente la filosofía suele ser difícil precisamente porque hace preguntas acerca de cosas que generalmente damos por sentadas en el curso de nuestra vida. Probablemente parte de lo que resulta frustrante acerca de batallar para contestar preguntas como las que se le hacían a Louis es que preguntas tales como “¿Por qué no todo existe?” parecen tan básicas que no requieren respuesta. “Por supuesto que hay cosas que no existen” –nos dan ganas de decir: es tan obvio que nos parece una tontería hacer semejante pregunta–. Pero cuando se hace nos vemos batallando para dar razones de nuestras convicciones que puedan satisfacer al que pregunta, y ésta puede ser una experiencia embarazosa y frustrante –de ahí (tal vez) el gradual aumento de la tensión en la conversación anterior.
Finalmente, creo que todos estos puntos nos muestran algo acerca de por qué la filosofía puede ser (y también puede no ser) un importante quehacer. Vimos que la naturaleza de la filosofía, tal como la describimos en este capítulo, significa que las preguntas filosóficas pueden surgir por todos lados, simplemente porque siempre podemos dar un paso atrás y hacer preguntas acerca del marco desde el que estamos pensando. Al igual que la hija de Louis CK, podemos pasárnosla preguntando “¿por qué?”. Por un lado, hemos visto que esto puede convertir a la filosofía en una actividad difícil y frustrante. Y, afrontémoslo, también significa que el espacio de la posible indagación filosófica va a incluir algunas preguntas que a nuestro parecer simplemente no valen la pena. ¡La vida es corta! Parte de la frustración que pueda producirnos la niña, o el filósofo, que lo cuestiona todo es ciertamente legítima: podríamos pasarnos el tiempo ponderando acerca de la mejor manera de reflexionar sobre las agujetas, los tapetes o las chaquetas, pero ¿acaso no hay cosas que valen más la pena? Así que debemos admitir que el que una pregunta sea filosófica en el sentido que hemos venido delineando aquí no significa necesariamente que sea importante. Sin embargo, creo que estas mismas características de la filosofía nos ayudan también a entender en qué sentido las preguntas filosóficas con frecuencia son extremadamente importantes.
