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"Se deslizó detrás de mí y suavemente me sodomizó mientras sus dedos acariciaban mi clítoris con habilidad. Yo miraba al mar donde se reflejaba la luz de la luna. No podía evitar fijarme en la belleza del paisaje y este esplendor añadía intensidad al momento." En Busan, Corea, el ambiente durante la conferencia medioambiental hizo que Alia, una gran reportera, se sintiera excitada, perpleja e iracunda. Y si esperaba acción, la recibiría. Entre una mujer desconocida de belleza felina que se movía con una extraordinaria flexibilidad y rapidez y el inspector "Apolo Colombo", guapo como un dios y emanando autoridad, que investigaba un gato negro y una vampiresa… El corazón de Alia latió deprisa. Después de viajar al antiguo Egipto, descubre a nuestra reportera Alia en una nueva investigación policial teñida de fantasía y erotismo.
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Seitenzahl: 29
Veröffentlichungsjahr: 2020
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Chrystelle LeRoy
LUST
Gato Negro
Original title:
Chat noir
Translated by Cymbeline Núñez
Copyright © 2019 Chrystelle LeRoy, 2020 LUST, Copenhagen.
All rights reserved ISBN 9788726355963
1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0
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Salí del grupo plenario de delegados, aún mareada por el crescendo de la jornada: manifestaciones, botes de gas lacrimógeno, el sonido de porras golpeando cuerpos pero también los cascos de plástico que habían usado la mayoría de los manifestantes en previsión de la respuesta de las fuerzas del orden público a esta Conferencia Mundial del Medio Ambiente. No estaba segura de que los organizadores hubiesen previsto tanta acción. El centro de la conferencia se había elegido explícitamente en las afueras de la ciudad costera de Busan, Corea del Sur. Pero se habían congregado más de un millón de personas de todo el mundo delante del edificio.
Dentro, el ambiente era una mezcla de excitación y desesperación. Muchos delegados estaban cansados de escuchar las mismas palabras que llamaban a la calma de las mismas delegaciones nacionales. Las discusiones progresaban bien sin que se llegaran a acuerdos.
Como gran reportera, estaba satisfecha; nuestra especie en concreto era adicta a la adrenalina, excepto porque yo sí que compartía las preocupaciones globales. Para completar el ambiente, la construcción de hormigón donde estábamos todos confinados por la policía tenía un aspecto austero que le aportaba un toque sombrío al evento.
Grandes espejos a un lado ampliaban el salón ya de por sí grande y daba la impresión de un océano de humanos que gesticulaban. Por el rabillo del ojo podía ver mi reflejo mientras daba grandes zancadas saliendo del océano en cuestión: alta, delgada y todavía atractiva para los hombres y, tengo que reconocerlo, mujeres también, incluso a mis casi cuarenta años. Todavía tenía un rostro juvenil que emanaba energía, pelo corto marrón, ojos marrones almendrados y labios finos con sólo un toque de pintalabios para destacarlos. Un grupo de delegados de Brasil me miró descaradamente mientras yo casi choqué contra un pelotón de guardias de seguridad fuera de la habitación.
Me detuve justo delante de un hombre vestido de paisano rodeado por oficiales uniformados. Supuse que él era su comandante. Durante un breve instante nuestros ojos se encontraron y me quedé impresionada por esta visión. ¡Apolo en forma de policía, vaya tío! Era tan alto como yo, esbelto, con un rostro de rasgos regulares, ojos hermosos y una mandíbula bella y además de todo eso, una mirada que emanaba autoridad pero con un aire reflexivo. La clase de persona que evaluaba cuidadosamente a la persona que tenía delante y preparaba sus preguntas de acuerdo con eso. La clase de persona a la que era mejor no contarle nada. Me giré para evitar el grupo y llegar a la zona de los ascensores.
