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Beschreibung

Género y conflicto armado interno en el Perú. Testimonio y Memoria es un análisis sobre testimonio, género y memoria que busca aportar a la comprensión de las dinámicas que el conflicto armado interno generó en el Perú y contribuye al análisis del testimonio y la memoria desde una perspectiva de género, explicando las representaciones sobre las mujeres andinas, rurales e indígenas antes, durante y después del conflicto armado interno peruano. Los artículos que componen este libro, editado por Mercedes Crisóstomo, analizan la aparición de voces de mujeres indígenas en el canon discursivo de la literatura y de las ciencias sociales; estudian los testimonios orales de mujeres quechuas en las audiencias públicas de la CVR; investigan los discursos que han homogeneizado y estereotipado a las presidentas de ANFASEP. Además, revisan las representaciones de género en las imágenes y la propaganda del PCP-SL y se aborda la participación de las mujeres en el movimiento femenino popular y en la lucha armada.

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Veröffentlichungsjahr: 2018

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Mercedes Crisóstomo Meza es docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú, antropóloga y magíster en Ciencia Política y en Estudios de Género. Actualmente realiza sus estudios de PhD en University College London.

En 2016 obtuvo el primer puesto en el concurso nacional de investigaciones en violencia familiar y sexual organizado por el Ministerio de la Mujer. Es autora de Violencia contra las mujeres rurales: una etnografía del Estado peruano (2016); Mujeres y Fuerzas Armadas en un contexto de violencia política. Los casos de Manta y Vilca en Huancavelica (2002, 2015); Legítimos y radicales. Una aproximación al estudio del Frente de Defensa del Pueblo de Ayacucho (2014). Estudia los temas de memoria, conflicto armado, género, movimientos sociales y funcionamiento del Estado en zonas rurales.

Mercedes Crisóstomo Meza

Editora

Género y conflicto armado interno en el Perú

Testimonio y memoria

Género y conflicto armado interno en el Perú

Testimonio y memoria

Mercedes Crisóstomo Meza, editora

De esta edición:
© Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, 2018
Av. Universitaria 1801, Lima 32, Perú

[email protected]

www.fondoeditorial.pucp.edu.pe
Diseño, diagramación, corrección de estilo y cuidado de la edición: Fondo Editorial PUCP

Fotografia: Jorge Miyagui

Arpillera titulada Marcha por nuestros derechos elaborada por «Mama Quilla» Organización de familias afectadas por la violencia política

Primera edición digital: julio de 2018

Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente, sin permiso expreso de los editores.

ISBN: 978-612-317-376-0

Presentación

En el año 2014 las tesis que se producían en la Maestría en Estudios de Género de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) trataban en gran proporción sobre género y conflicto armado, lo que me hizo pensar que eso no era casual. Mis colegas Eduardo Huaytán, Sofía Macher y Victoria Guerrero respondieron con entusiasmo a la propuesta de elaborar artículos a partir de sus tesis; y consideré necesario incluir a las profesoras que trabajaban esta temática. De ese modo, Narda Henríquez y Francesca Denegri aceptaron elaborar, respectivamente, un estado del arte y un balance final; y Fanni Muñoz, directora de la maestría, respaldó nuestra apuesta.

El título original de este libro, «Lo que las mujeres verdaderamente hemos vivido», era una frase que usó Mercedes Calcina —puneña y dirigente de la Federación de Campesinos del Perú— en una de las audiencias públicas organizadas por la Comisión de la Verdad y Reconciliación. La expresión daba cuenta de la forma en la que el conflicto armado afectó su vida y su comunidad, pero también explicaba la manera en la que las mujeres —principalmente las quechua hablantes y andinas— se han sobrepuesto al conflicto y sus secuelas. Aunque existen diversas publicaciones sobre este tema, con distintos enfoques y apuestas políticas, este libro contribuye a este corpusanalizando los testimonios y la memoria desde una perspectiva de género. Además, explora y problematiza la manera en que se ha representado a las mujeres andinas, rurales e indígenas antes, durante y después del conflicto armado interno peruano.

Mercedes Crisóstomo Meza

Prólogo

Este libro constituye un aporte al campo de los estudios sobre violencia de género a partir de la narrativa testimonial de mujeres rurales, indígenas y pobres producida antes y después del período de conflicto armado interno que se vivió en el Perú (1980-2000) y que, como señala el Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) «constituyó el episodio de violencia más intenso, más extenso y más prolongado de toda la historia de la República. [Este fue un] conflicto que reveló brechas y desencuentros profundos y dolorosos en la sociedad peruana»1.

La editora del volumen, Mercedes Crisóstomo, es antropóloga con estudios de posgrado en Ciencia Política y Género, y pertenece a una joven generación de académicas interesadas en continuar con la reflexión y producción de conocimiento sobre la violencia hacia las mujeres, pues si bien este tema se ha visibilizado en la academia, aún demanda investigaciones sobre la diversidad del sujeto femenino. Los ensayos que presenta en este libro nos ofrecen una mirada renovada del testimonio de las mujeres desde el enfoque de género.

Estos ensayos han sido producidos entre 2012 y 2015, y muestran el discurso que construyen las mujeres durante el conflicto armado, que ofrece una memoria de dicha etapa desde sus propios lugares de enunciación, «diversos en términos generacionales, sociales y políticos», como señala Francesca Denegri en el último artículo del libro.

Los trabajos se enmarcan en el interés en la investigación sobre género y violencia en el Perú que impulsa la Maestría en Estudios de Género desde 2012 con la finalidad de constituir una comunidad académica sólida en la cual se intercambien nuevos marcos teóricos y metodológicos para entender un fenómeno complejo en el que intervienen variables como género, clase, etnicidad, y sobre todo el contexto y desarrollo histórico de la configuración de los diversos sujetos femeninos en el Perú rural.

El ensayo del literato Eduardo Huaytán nos lleva a transitar por los primeros testimonios producidos en el Perú durante la década de 1970, en los que apenas se visibiliza la voz de las mujeres rurales, campesinas, pobres, que no son representadas como sujetos con voz propia. Los casos que muestran la socióloga Sofía Macher y la antropóloga Mercedes Crisóstomo, referidos a años posteriores, tienen una presencia de voces femeninas mayor: ahí encontramos mujeres capaces de enunciarse desde sus distintas posiciones y con agencia para ofrecer sus testimonios, en unos casos relatando el sufrimiento que vivieron y en otras situaciones exigiendo y demandando al Estado justicia para ellas y sus familias. El ensayo de la literata Victoria Guerrero analiza los discursos de las mujeres que integran Sendero Luminoso.

El texto introductorio de Narda Henríquez, a modo de presentación de un estado del arte en el tema, hace un repaso de los momentos y producciones académicas en las ciencias sociales peruanas sobre violencia, memoria y género. Para cerrar, un escrito de Francesca Denegri resalta los aportes de los ensayos e identifica los silencios, vacíos y preguntas que estos generan.

Género y conflicto armado interno en el Perú. Testimonio y memoria constituye una mirada renovada y crítica que visibiliza la polifonía de voces de las mujeres rurales, que dejan traslucir una memoria oculta que abre más interrogantes por resolver.

Esperamos que este trabajo sea de utilidad tanto para quienes se dedican al estudio de los fenómenos sociales como para aquellos que tienen a su cargo el diseño y la ejecución de políticas públicas, así como para personas interesadas e involucradas en la búsqueda de reparación y justicia durante el conflicto armado interno, y el público en general que desea conocer la historia «no oficial» de este período de la historia nacional.

Asimismo, creemos que los hallazgos de cada uno de los ensayos permiten abrir un diálogo en-tre la academia, la sociedad civil y el Estado, con la finalidad de hacer propuestas integrales que permitan reducir los efectos del conflicto armado interno sobre las mujeres indígenas (secuelas físicas y psicológicas, situaciones de pobreza, discriminación y olvido) y motivar la elaboración y puesta en marcha de políticas de memoria destinadas a recuperar —como bien anotan Denegri y Hibbett— «no un pasado dejado atrás sino un pasado que habitamos ahora y en el que, sin la certeza de una verdad ilustrada, debemos estar atentos a la infinidad de matices»2.

Fanni Muñoz CabrejoDirectora de la Maestría en Estudios de GéneroPontificia Universidad Católica del Perú

1Hatun Willakuy. Versión abreviada del informe final de la CVR. Lima, 2004, p. 433.

2 Denegri, Francesca y Alexandra Hibbett (2017). Dando cuenta. Estudios sobre el testimonio de la violencia política en el Perú(1980-2000). Lima: Fondo Editorial PUCP, p. 31.

Muchas vidas, nuevas voces, dolores persistentes

Notas sobre la violencia política, las miradas de género y los trabajos de memoria

Narda Henríquez

Durante las conflagraciones y guerras que ha padecido la humanidad, el dolor, el aislamiento y la indefensión son vividas de un modo singular; por ello hablamos de compartamentalización de la experiencia y de memorias fragmentadas. Esto es más evidente en un país como el Perú, donde la desarticulación social y la fractura cultural han sido parte del orden social, lo que ha hecho más hondas las distancias históricas —cimentadas en el legado colonial y aristocrático— y nos han convertido en una sociedad en constante proceso de construcción democrática, aspiraciones de justicia y demandas de respeto por los derechos humanos.

Durante el período de violencia política el Perú pasó por cruentos y dolorosos acontecimientos y tribulaciones cotidianas de muchas personas que aún hoy buscan justicia. Estos acontecimientos también interpelan las instituciones, los modos de relacionarnos con el pasado y de reconocernos en el presente.

Este libro se refiere a aquellas vidas y narrativas que en medio de la violencia despliegan agencia para hacerse escuchar desde pueblos alejados, como nos narra Mercedes Crisóstomo; o se hacen presentes en las audiencias de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), como los testimonios analizados por Sofía Macher. Victoria Guerrero analiza las representaciones de género desde la otra orilla, en la iconografía senderista. Existen otras voces que resuenan desde la primera mitad del siglo XX y ponen también en evidencia el valor del testimonio oral: en el texto de Eduardo Huaycán las palabras de Agustina y Asunta emergen desde la segunda línea; las conocemos porque fueron las compañeras de Huillca y Mamani, y el autor pone en cuestión las representaciones indigenistas de la época. Hay un hilo conductor en este libro que nos remite a la historia oral de voces y vidas que transcurren en los márgenes.

En este texto presentamos reflexiones y estudios que forman parte de un largo y dramático recorrido. Debates políticos, textos académicos, testimonios de parte y narrativas de experiencias vividas remiten a un período de nuestra historia que se resignifica en el presente como parte de una tensa relación entre memoria y poder. Nos referiremos sobre todo al período de conflicto armado interno y a los trabajos de memoria analizados desde las ciencias sociales, poniendo atención a la relación entre memoria y género.

Tomar la palabra y hacerse visible fue un esfuerzo laborioso; a veces personal, a veces colectivo. A comienzos del siglo XX, mientras movilizaciones campesinas y luchas obreras ponían de manifiesto demandas de amplios sectores marginales en el escenario público nacional, y corrientes indigenistas protestaban por el abandono y el maltrato de poblaciones indígenas, poca atención se prestó a sus voces.

En ese período también encontramos mujeres destacadas que recorren difíciles caminos en la literatura y en la política3, aunque son escasos los trabajos que dan cuenta de la participación de las mujeres en las luchas sociales4. Décadas después, la presencia de las mujeres en el tejido social irrumpe masivamente y son sus voces colectivas, las de las dirigentes de base, de gremios o de colectivos feministas las que cobran protagonismo, aunque de modo errático e irregular5. Es un período en que se observa creciente interés por hacer oír las voces de las mujeres, la literatura de la época da cuenta de la vida cotidiana de mujeres de sectores medios y populares6.

Estos sectores —campesinos, mujeres, luego poblaciones afectadas por la violencia política, poblaciones originarias y colectivos de la diversidad sexual— no solo reclaman reconocimiento, sino que demandan justicia en sus varias dimensiones: justicia distributiva, de reconocimiento, reparativa y jurídica. Estos procesos trascienden sus dinámicas específicas y repercuten en la producción de conocimiento y en el reconocimiento de saberes, suscitando interrogantes necesarias sobre desde dónde y cómo abordamos la subalternidad y las diferencias, y cómo nos relacionamos con las voces confluyentes y disidentes.

Las relaciones de poder en las guerras, en los mercados capitalistas, en las comunidades patriarcales, en las mentes y pueblos colonizados modulan ese día a día en formas a menudo poco visibles, con violencia sutil o brutal hacia las mujeres. No debe sorprender que los trabajos que se incluyen en este libro pongan especial atención sobre esas vidas y voces. Este libro está anclado en la vida de las mujeres, en su condición de dirigentes y activistas de derechos humanos, en su condición de familiares de víctimas de la violencia política o esposas de dirigentes. Ello a la vez da cuenta de las asimetrías en las relaciones sociales, del olvido histórico de poblaciones rurales en general y de las mujeres de zonas rurales en particular.

Las cuestiones de género permiten una «otra» comprensión de los procesos sociales y políticos, exploran los sujetos, requieren de la escucha y permiten auscultar la complejidad de lo ocurrido, aun cuando en el discurso o en el lugar de enunciación no se proponga de modo explícito trabajar desde esta perspectiva. «Género» es una construcción conceptual que alude a los procesos de elaboración histórica, social y cultural de la diferencia sexual, que se expresa tanto en la subvaloración de lo femenino como en los arquetipos de la masculinidad, en develar la corporeidad de varones y mujeres, en las normas, valores y costumbres que organizan la vida cotidiana, la maternidad y las relaciones de parentesco, y en las pautas enraizadas en instituciones, creencias y subjetividades.

Los proyectos autoritarios de fines del siglo XX encontraron un territorio minado por estas fracturas, el racismo y la discriminación. En ese contexto, se desenvuelve una guerra cruenta entre peruanos. ¿Qué lecciones hemos aprendido de esa dolorosa experiencia, tanto los actores de la guerra como las élites, las poblaciones afectadas por la violencia y la población en general?7 Ha sido necesario que, durante el gobierno de transición (2002), se tomara la decisión política de acometer la monumental tarea de crear la CVR para recuperar las voces y la escucha de una parte de la población —que tenía sus propios proyectos familiares y comunales— que había sido subalternizada y discriminada a lo largo de la República. El informe final de la CVR es una obra fundamental sobre la historia reciente y una obra humana susceptible de ser resignificada y leída desde diversos ángulos, y es un relato necesario que se constituye en plataforma para nuevas miradas. Sin duda es el trabajo de la CVR, anclado en miles de testimonios, el que otorga reconocimiento simbólico a gran parte de estas poblaciones afectadas por la violencia política.

A lo largo de más de cuatro décadas se han dado cambios significativos en el país: hemos pasado de hiperinflación y guerra en la década de 1980 al boom de la minería y, en la actualidad, a los reclamos por el derecho a la consulta previa por parte de comunidades de sierra y selva. En medio de acelerados procesos de politización en el campo, seguimos dependiendo de materias primas, y aunque hay mayor conectividad tecnológica, se reproducen las jerarquías y la racialización del otro entre propios y ajenos, pero sobre todo se reproducen silencios institucionales, intolerancia e impunidad. Hemos pasado del conflicto al «posconflicto» sin que gobierno alguno haya priorizado la reconstrucción de las zonas afectadas, lo que produciría cierto alivio a los pobladores que allí sobreviven. Igualmente, los grupos subversivos no han depuesto las armas oficialmente, ni se ha desterrado el estigma y el prejuicio que alimentan, aún ahora, cualquier debate político sobre dicho período.

Como toda catástrofe, las guerras dejan luces y sombras, y no solo alteran las reglas de convivencia (Stern, 1999) sino que penetran los mundos subjetivos (Jelin, 2011). El mundo interno y los procesos sociales son dos dimensiones que se conectan, pero cuando las instituciones son parte de circuitos perversos, con gobiernos que alteran las reglas básicas de la vida ciudadana a través de métodos como la tortura o el fraude, las familias y las personas requieren resistencias especiales para enfrentarlas. Esto es aún más fuerte en tiempos en los que el desarrollo de la tecnología y los medios masivos de comunicación penetran en la dinámica de las familias y en el desarrollo psíquico individual de manera cotidiana. Riquelme (1990) ha señalado que el reto para el psicoanálisis está en comprender la dinámica relación entre el mundo interno y el contexto social. Aunque no podremos desarrollar esta perspectiva, es necesario tener presente que en condiciones de violencia los seres humanos somos vulnerables8.

En períodos de represión, guerras internas y terrorismo de Estado, los actores de las guerras, así como los de las dictaduras, tratan de no dejar huellas tangibles del dolor y sufrimiento que ocasionaron. Las narrativas épicas omiten los sufrimientos en la vida cotidiana, del mismo modo que las voces con poder en tiempos de paz omiten aquellas de los marginados. A la vez, las demandas de justicia y reparación y los reclamos contra la impunidad no prescriben. Los trabajos de memoria individual y colectiva se activan cuando la historia o la propia vida lo reclama9. En estos contextos y en medio de dificultades, se logra significativa documentación vinculada a las denuncias de violaciones de derechos humanos y a testimonios de quienes resisten y sobreviven, así como algunos trabajos de análisis político que abren brecha y constituyen líneas de trabajo que persisten a lo largo del tiempo.

En el caso del Perú, se dispone desde la década de 1980 de algunos artículos y ensayos pioneros sobre lo que en ese momento se denominó «violencia política». A lo largo de los noventa, circuitos académicos y políticos despliegan renovados esfuerzos para estudiar los complejos y dramáticos acontecimientos de un período que fue entonces caracterizado como guerra interna, guerra «sucia», violencia política, lucha subversiva y antisubversiva. En algunos de estos textos se llama la atención sobre la ambigüedad y confusión ante situaciones inéditas10 y sobre la dificultad para establecer delimitaciones claras cuando familiares y amigos están en bandos encontrados del conflicto, pero también sobre los modos en que se resignifican los derechos humanos.

Cuando ocurren conflagraciones, el curso de vida de las personas se interrumpe, los familiares buscan a sus seres queridos y las organizaciones se repliegan. Presentar una denuncia en esos contextos de violaciones de derechos humanos representa un riesgo, y en el caso del Perú ese riesgo incluye muchas veces ser acusado de terrorista. Durante el gobierno de transición, luego del conflicto armado, el trabajo de la CVR surge como una oportunidad histórica para enfrentarnos con nosotros mismos y con realidades antes silenciadas, inscritas en geografías y paisajes a la vez cercanos y distantes. El trabajo desplegado abrió un universo amplio del cual solo disponemos de la punta del iceberg. En el informe de la CVR presentado en el 2003, documentos, voces y testimonios constituyen un legado para las nuevas generaciones.

En medio del conflicto armado, la incertidumbre y el dolor, surgieron organizaciones como la Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos (ANFASEP)11, que dio voz pública a las señoras madres y esposas de muchos desaparecidos. Más adelante surgió la Coordinadora Regional de Afectados por la Violencia política de Ayacucho (CORAVIP), conformada por jóvenes que serían parte activa de las movilizaciones por derechos humanos, justicia y demandas por reparaciones y oportunidades de desarrollo. Aunque sus reclamos han sido lenta e insuficientemente atendidos y no han logrado ser prioridad para los gobiernos, hay nuevos procesos de afirmación ciudadana desde los márgenes, y sus testimonios filtran la cultura política y producen sus propios relatos, entrando a la disputa por la memoria. Nuevos rostros, sobre todo jóvenes, ingresan a la política local desde su condición de afectados, labrando su propia trayectoria individual o colectiva; en otros casos despliegan capacidades de agencia labradas en trayectorias previas12.

Cuando la información es escasa y restringida, los testimonios constituyen una fuente clave, como lo han sido para la CVR y siguen siéndolo en múltiples investigaciones en curso. La CVR proporcionó un marco institucional en el que fue posible brindar testimonio sobre lo vivido en ese período, y tales testimonios fueron la fuente primordial del informe final. Esta vasta e invalorable documentación, que sigue disponible en los archivos de la Defensoría del Pueblo y en el Centro de Documentación del Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM)13, incluye dichos testimonios, materiales audiovisuales, etcétera, que también deberán ser protegidos de los avatares de la historia y, como en otros casos, ser declarados patrimonio de la humanidad.

Luego de más de veinticinco años del encarcelamiento de Abimael Guzmán y más de quince de la caída de Fujimori, la tarea de comprender lo ocurrido y sus repercusiones sigue viva, como suele ocurrir con los hitos que marcan nuestra historia, como la reforma agraria de Juan Velasco o los escritos de José Carlos Mariátegui y de José María Arguedas. Un país cuyas heridas aún no han cerrado está obligado a autoexaminarse sin complacencias, tomando en cuenta los nuevos marcos de interpretación de la acción individual y colectiva, y las continuidades y discontinuidades con respecto a las tradiciones autoritarias. En este proceso, encontramos investigaciones académicas que aportan nuevas miradas y también testimonios de parte que interpelan nuestras conciencias e imágenes perturbadoras que nos permiten cuestionar y cuestionarnos.

Estamos en un nuevo momento respecto de la cultura política y de la producción de conocimiento; ante nuevas generaciones de académicos y de ciudadanos y ciudadanas que por un lado pueden revisar críticamente las narrativas del período de violencia política, pero a la vez son capaces de movilizar la indignación ante la impunidad14, en tanto que otros sectores querrán olvidar y voltear la página. También nos encontramos en un nuevo momento en la disputa por la memoria y la agenda de derechos humanos y representaciones de género, lo que se ha puesto en evidencia en medio del proceso político15 y la polarización que suscitan las elecciones presidenciales, así como en las movilizaciones de sectores conservadores tanto de la Iglesia católica como de las evangélicas. El reciente indulto y la gracia otorgados al ex presidente Fujimori marcan un hito crucial en esta polarización —con serias repercusiones para los juicios en marcha— y han suscitado demandas frente a la Corte Interamericana de Derechos Humanos por parte de las víctimas de la violencia política16.

1. Violencia política y derechos humanos: nuevas miradas, dolores que persisten

1.1. Primeras publicaciones: período 1980-2000

Los documentos iniciales sobre el período 1980-2000 del conflicto armado son trabajos elaborados desde las ciencias sociales en los que se da cuenta de lo que ocurría en ese momento en el interior del país, primero, y luego también en Lima. Estos estudios se refieren al accionar senderista, los decretos del estado de emergencia y su impacto en las poblaciones. A ello se suma la documentación de las denuncias de desapariciones forzadas, atentados, detenciones, etcétera. Estos textos y documentos se abren paso en medio de situaciones de riesgo y amenazas a la integridad física y a la vida de quienes los producen17. Entonces apelar a los derechos humanos formaba parte de esos riesgos, pero también de la configuración de un nuevo marco de referencia para acciones individuales y colectivas en torno a los derechos humanos.

Entre los primeros textos sobre Sendero Luminoso y el conflicto armado se encuentran varios trabajos de Degregori (1984, 1985) y el texto de Coral (1990) sobre la desarticulación de las familias en Ayacucho, el desplazamiento de miles de pobladores y el impacto de la guerra en las mujeres. El primer texto de Coral se presentó en 1988 en el marco de un seminario cerrado18 y en medio de un ambiente de tensión por el asesinato de Consuelo García, dirigente sindical minera en Lima. A comienzos de la década de 1980 la información era limitada y la documentación de escasa circulación; a fines de dicha década, sin embargo, la información ya no podía ocultarse: varios atentados, desapariciones y asesinatos ocurrían en diversas partes del país y en Lima.

Posteriormente, en la década de 1990, en un clima de inseguridad, represión y autocensura debido a las acciones de Sendero Luminoso y de los paramilitares, en Lima se publica uno de los pocos libros sobre las mujeres en las élites de Sendero Luminoso (Kirk, 1993). Otros recogen la destacada y dramática trayectoria de uno de los más importantes movimientos de mujeres del siglo XX: las dirigentes del vaso de leche y de los comedores populares, que habían tomado la palabra y resistieron las amenazas senderistas en Lima. Guzmán y Pinzás (1995) trabajan la trayectoria y el testimonio de Emma Hilario, quien luego de haber sufrido dos atentados senderistas debe dejar el país. Por su parte, Miloslavich (1993) recoge en sus páginas el tesón y las convicciones de Maria Elena Moyano, una mujer afroperuana, feminista y de izquierda cuya vida fue fogueada en la lucha urbana. Moyano fue una dirigente popular y la primera regidora en un distrito popular, donde fue asesinada por Sendero Luminoso. La memoria colectiva la evoca como «madre coraje», denominación inscrita en el monumento construido en su honor en su distrito, Villa El Salvador. Luego de estos hechos, la dirigencia del vaso de leche y comedores sesionaba en reuniones cerradas, pero a la larga se repliegan y luego, bajo la influencia del gobierno fujimorista, se dividirán.

En esos años también se publicaron obras que se convirtieron en foros académicos que indagaban sobre los factores y las dinámicas de la violencia. Es el caso de los estudios sobre la violencia estructural en el Perú (Mac Gregor, Rubio & Vega, 1990) y de un texto de obligada referencia de Steve Stern, inicialmente publicado en inglés en 199819. El libro de Stern aborda diversos ángulos de la guerra en Ayacucho y en el centro, mostrando las ambigüedades y contradicciones de los relatos. Stern trata de señalar las implicancias de la guerra que impulsó Sendero, el fracaso en la conquista senderista de los Andes, centro y sur del país y la aparente destrucción de la «tercera vía» en Lima y en la sierra. El volumen reúne un conjunto de estudios sobre la época que analizan lo ocurrido desde diversos aspectos, entre ellos la experiencia de las mujeres en la guerra y su afirmación como sujetos de ciudadanía, así como los «legados» de la guerra en la política y en la cultura20. Asimismo, muestra que para muchos peruanos de esa época la guerra fue una suerte de doble vida, en medio de tensiones y conflictos internos. Ello es evidente en la dinámica de las comunidades en ese período, circunstancias en que pueden pasar de la tolerancia a la resistencia en medio de la presión y coerción de Sendero (Stern, 1999, pp. 471-472).

Los estudios de memoria vinculados a la violencia política existen a lo largo del período del conflicto armado, pero, como señala Salazar (2015, p. 139), se constituyen en un campo de estudio a partir de dos factores claves: el contexto internacional vinculado a un momento de estudios posconflicto y transiciones democráticas en el mundo, y el trabajo de intelectuales «ético-políticos» dedicados a estudiar la violencia política, que publican y promueven la formación de investigadores en el tema de la memoria. Salazar identifica un texto de Jo Marie Burt (1998) y otro de Carlos Iván Degregori (1999) como los primeros que se refieren de modo explícito a la memoria, refiriéndose a una memoria triunfalista y al lado oscuro de la historia (2015, pp. 265-266).

En ese período posconflicto y posdictadura, se entiende la memoria como una memoria-deber, y se hace referencia a otros estudiosos en América Latina que asumen esta noción como parte de la batalla por la memoria. En el Perú, en cambio, pronto se perfila la necesidad de relacionar las «batallas por la memoria» con las del reconocimiento21.

1.2. Segundo momento: la CVR, un texto fundamental y la disputa por la memoria

El segundo momento se abre con el trabajo de la CVR, un trabajo monumental que constituye un mandato del gobierno de transición que otorga un espacio de legitimación a las demandas de justicia de poblaciones afectadas por el conflicto armado interno y un proceso de reconocimiento simbólico a poblaciones no letradas quechua, aymara, asháninka. El trabajo de recuperación de testimonios, entrevistas y estudios en profundidad, así como el informe final, actuaron como clave de activación de la memoria individual y colectiva.

Las comisiones de la verdad y los tribunales internacionales han abierto el camino a nuevas formas de indagar sobre estas conflagraciones, aportar información, nuevos testimonios y expedientes judiciales. Actúan a favor los significativos cambios que se han producido en el campo de los derechos humanos y la jurisprudencia a nivel nacional e internacional. En algunos casos, el trabajo de estas comisiones estuvo delimitado por el mandato ligado al esclarecimiento de las violaciones de derechos humanos; no fue ese el caso del Perú, donde la Comisión, además de tener esa tarea, desplegó varias iniciativas de estudios en profundidad, entrevistas y audiencias públicas, produciendo un acervo inigualable.

Este desempeño coloca al trabajo de la CVR —y particularmente a su informe final— en el vértice de tres ejes: 1) el primero gira en torno a la justicia y la impunidad, circuito en el que de facto interpela las relaciones de poder y la complicidad con las violaciones de derechos humanos; 2) el segundo gira en torno a su condición de narrativa alternativa a la visión hegemónica, desde una perspectiva intercultural que busca visibilizar a sujetos ignorados por la historia oficial y subalternizados en la política nacional. Ello no solo se expresa en los capítulos del informe final de la CVR vinculados a la discriminación étnica y de género, sino que es una práctica en el recojo de testimonios y en las audiencias públicas; 3) por último, como un texto de ciencias sociales construido desde una visión crítica y humanista, los comisionados ponen en evidencia cierta conciencia del rol histórico que les tocó y también de sus posibilidades y limitaciones. El informe final es un puente entre la tradición oral, las narrativas locales y los testimonios con un público letrado urbano22. Esto es solo parte de las enormes repercusiones como texto fundamental sobre el país que sin duda espera también ser deconstruido.