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En un mundo en donde
“tu éxito será proporcional a la capacidad de controlar tus emociones” o en otras palabras,
“el que primero pierde el control, es el primero en caer”, no podemos permitir que esto continúe de esa forma en nuestra vida personal, profesional y en nuestro entorno social.
Es nuestro deber como personas modernas, cuyo intelecto es lo más destacado frente a cualquier otro animal, aprender a gestionar nuestros impulsos emocionales, a desarrollar las habilidades necesarias para afrontar las adversidades que nos hacen estallar de rabia y a saber cómo solucionar los estragos provocados por nuestros ataques de ira.
En está entrega, el autor
Ezequiel Jairo Heredia nos comparte todas las herramientas, estrategias y técnicas avaladas por la ciencia para desarrollar la capacidad que nos permitirá dejar de estar a merced de nuestras emociones, que lograremos ser el artífice de nuestra vida de una vez y por todas.
Algunos de los puntos más importantes que se presentan, incluyen:
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Veröffentlichungsjahr: 2023
Gestión de la Ira
Fundamentos y Ejercicios Prácticos para Tomar el Control de la Ira, Autorreflexión y Autoconocimiento, Técnicas prácticas para Gestionar la Ira de Parejas, Padres e Hijos, Herramientas de Autoterapia y Crecimiento Personal
Ezequiel Jairo Heredia
“Cuando una copa se rompe en mil pedazos, basta con simplemente reemplazarla con otra para solucionar el problema. Pero cuando la ira toma el control y destruye una relación, lastima tanto física como emocionalmente a alguien, aun así, se puede perdonar fácilmente a está persona irascible, pero difícilmente su daño puede quedarse en el olvido, sus actos quedan impregnado en la conciencia de las personas como si de cicatrices en la piel se tratara”.
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Índice:
Introducción
Ira
Las Entrañas de la Ira
Desencadenantes Fisiológicos
Reconociendo los Patrones Recurrentes
Autorreflexión y Autoconocimiento
La Importancia de la Autoterapia
Herramientas para el Crecimiento Personal
¿Furia Positiva?
Utilizar la Energía de la Ira en Nuestro Beneficio
Relaciones
Parejas
Padres
Ayudar a Gestionar la Ira de Nuestros Hijos
Conclusión
Referencias Bibliográficas
Es horrible pensar en las consecuencias negativas que pueden derivarse del mal manejo de nuestras emociones, en especial de la rabia. Pero es muchísimo peor saber que una buena parte de las personas encarceladas en países desarrollados, están encerrados ya sea de forma directa así como indirecta, por los estragos que dejó a su paso la pésima gestión al momento de afrontar conflictos.
Ya no solo hablamos de las disputas familiares o laborales que la ira puede provocar, también los problemas legales que este puede acarrear. Cuando estamos fuera de control, nuestros comportamientos se transforman en agresivos y destructivos, dando lugar a la violencia doméstica, agresiones físicas y a delitos que pueden quedar marcados para toda nuestra vida, tanto personal como profesional.
Esto claramente, es una invitación a destacar la importancia de aprender a gestionar nuestras acciones, a través del entendimiento de nuestras emociones y a cómo manejarlas a nuestro favor. Es de suma importancia que desarrollemos la capacidad de comunicarnos de forma efectiva, a resolver conflictos de manera pacífica y encontrar la forma de lograr expresar nuestras emociones de la forma más asertiva, dependiendo del contexto, entre muchas habilidades más. Todo para lograr mejorar nuestra vida personal, la relación con nuestros familiares, pareja, amigos y compañeros de trabajo. “Debemos tomar el control de nuestras emociones, ya que de está manera, estaremos tomando el control de nuestras vidas”.
Entonces, ¿Con qué nos vamos a encontrar más adelante?
Para empezar, en el primer capítulo, exploraremos la complejidad de la ira y sus diferentes aspectos, desde los principios emocionales hasta los principales desencadenantes fisiológicos. Es importante que seamos conscientes de las manifestaciones emocionales para poder abordarlas de forma constructiva y evitar que nos dominen.
En segundo orden, nos enfocaremos en un viaje de introspección para descubrir quienes somos realmente y cómo nuestras experiencias, tanto pasadas como presentes, moldean nuestros pensamientos, emociones y acciones.
Por otro lado, veremos una perspectiva que muy poco conocen o se atreven a explorar. La fuerza motivadora y constructiva que puede ser la energía de la rabia, si es que la aprendemos a utilizar a nuestro favor. Aprenderemos a canalizar la ira y a como usar esa “energía emocional” en diferentes áreas de nuestras vidas para mejorarlas significativamente, además de descubrir las formas más fáciles y saludables para liberar el exceso de tensión emocional.
Por último, veremos cómo mejorar nuestras relaciones de pareja, nuestros comportamientos como padres y las mejores prácticas a realizar para ayudar a nuestros niños a que aprendan comprender y gestionar sus propias emociones. Profundizaremos la importante de una comunicación asertiva y empática, así como el desarrollar una “escucha activa” para mejorar y generar relaciones interpersonales saludables.
“Emoción compleja que yace en lo más profundo de nuestro ser, esperando ser desatada”, esta podría ser una de las tantas definiciones que le podríamos dar.
La ira es compleja y poderosa, ya que puede surgir en diferentes situaciones y transformar momentos agradables, en recuerdos lamentables. Es una respuesta natural a potenciales amenazas percibidas, injusticias o frustraciones. Cuando sentimos ira o furia, generalmente se origina a partir de que nos sentimos agraviados o de que nuestras expectativas no se cumplen.
La manifestación de está “energía agresiva”, comienza con un evento o una serie de eventos que desencadenan emociones negativas en nosotros. Pueden ser personales, como cuando alguien nos insulta o vulnera nuestros límites, o pueden ser más generales, como presenciar un acto de injusticia o experimentar una situación frustrante.
Nuestra mente está programada para evaluar e interpretar estos eventos desde nuestras perspectivas y sistemas de creencias únicos, cuya influencia provienen de nuestra “crianza” hasta en la “cultura” en la cual vivimos. Está interpretación de nuestra realidad, influye en cómo percibimos la situación y si la consideramos una amenaza para nuestro bienestar, dignidad o valores. Si nos sentimos amenazados o que nuestro honor fue ultrajado de alguna manera, esto puede desencadenar la “ira” como un mecanismo de protección, en donde “atacar”, es la única alternativa.
La respuesta fisiológica en todos estos desencadenantes, implica la liberación de hormonas del estrés, como la adrenalina, que preparan nuestros cuerpos para la acción. Sin darnos cuenta, sentimos un aumento de la frecuencia cardíaca, sentidos agudizados y una oleada de energía que recorre todo nuestro cuerpo, a menudo acompañado de pensamientos y sentimientos negativos, como el resentimiento, la venganza o el deseo de enfrentar al causante de nuestra ira.
¿Qué pasa si perdemos los estribos? ¿Qué problemas pueden causar?
La ira descontrolada puede tener efectos perjudiciales e incluso irreparables en varios aspectos de nuestras vidas. Cuando permitimos que está “emoción” nos domine, le dejamos vía libre para que pueda dañar nuestras relaciones de amistad, amorosas y de familia, nuestra salud física e incluso la estética de nuestro cuerpo, nuestro bienestar mental y nuestra calidad de vida en general.
Cuando nos expresamos con mucha furia en nuestras palabras o acciones, corremos el riesgo de lastimar y alejar a las personas que nos rodean. Nuestros seres queridos pueden sentir miedo, intimidación o incluso resentimiento, lo que lleva a relaciones tensas y una ruptura en la comunicación. La confianza puede erosionarse y volverse mucho más difícil de mantener, provocando que las “conexiones emocionales saludables” que tenemos con las personas que amamos, se desplomen en picada.
Como dijimos nuestra salud física, tampoco se salva. La intensa respuesta fisiológica asociada con la ira, como el aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, puede ejercer presión sobre nuestro sistema cardiovascular. La ira crónica se ha relacionado con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas, hipertensión y otras condiciones relacionadas con el estrés. El estado constante de excitación y tensión también puede debilitar nuestro sistema inmunológico, haciéndonos más susceptibles a enfermedades. Nuestra apariencia física o estética, también sufriría grandes cambios notables, la propensión a enfermarse, la incapacidad del cuerpo de poder funcionar correctamente, por todo ese cóctel de hormonas “agresivas” recorriendo nuestras venas, hace imposible que nuestros ojos brillen, que nuestra piel irradie “buena salud” y felicidad.
Desde un prisma de la salud mental, la “furia descontrolada” puede contribuir en gran medida al desarrollo de diversos trastornos. Los frecuentes estallidos de ira se asocian con niveles más altos de estrés, ansiedad y depresión. A su vez puede conducir a dificultades para manejar y regular otras emociones, ya que cuando la ira toma el control de nuestra vida, tiende a eclipsar otros sentimientos. Este estado constante de rabia, puede dejarnos atrapados en un ciclo negativo o espiral invertido, que en vez de subir y mejorar, cae y empeora cada vez más, que al final termina impactando en nuestra felicidad y bienestar en general, sin tener en cuenta a todas las personas que también afectamos en el proceso.
En medio de una intensa cólera, nuestras decisiones se vuelven completamente ineficientes y rara vez somos asertivos. Cuando estamos consumidos por está, nuestra capacidad de pensar racional y lógicamente disminuye radicalmente. Podemos decir o hacer cosas de manera impulsiva, sin considerar las consecuencias, tanto para nosotros, como para otros. Esto puede resultar en arrepentimiento, oportunidades desperdiciadas y conflictos en aumento. En entornos profesionales, todo esto puede llevar a la pérdida de empleo, dañar la reputación profesional y perder oportunidades de carrera.
También, nuestra paz interior y crecimiento personal, pueden verse seriamente mermados y que a pesar de ser los factores más relevantes en nuestras vidas, o al menos así debería de ser, realmente son los aspectos que menos importancia les damos. Este incesante resentimiento, nos impide avanzar y encontrar formas más saludables de enfrentar los desafíos de la vida. La energía que invertimos en está emoción, podría utilizarse mejor para nuestro desarrollo personal, para cultivar relaciones positivas a la vez que perseguir nuestras metas y pasiones.
Entonces, si la solución a todos estos problemas es aprender a gestionar la ira, ¿cuáles son algunos de los beneficios de hacerlo?
Mejora en nuestras relaciones. Cuando respondemos al enfado de manera tranquila y serena, dejando de lado toda matiz de “ira incontrolable”, mejoramos la comunicación y comprensión con los demás. Al lograr expresar nuestras necesidades, preocupaciones y frustraciones de manera asertiva, empática y respetuosamente, logramos crear un espacio seguro para el diálogo abierto y la resolución de problemas. Promoviendo y fortaleciendo conexiones mucho más saludables, logrando así, desarrollar relaciones más profundas y significativas.
