Guadalices - Damián Galmés Cerezo - E-Book

Guadalices E-Book

Damián Galmés Cerezo

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Beschreibung

En esta colección de relatos ensayísticos se pretende dar una visión optimista sobre el vivir aliviador que le es dado disfrutar a todo ser humano. De un lado en este libro se muestra a un sencillo maestro de pueblo, el cual enseña datos elementales a sus alumnos metiendo letras en sus mientes con mucho tacto; de otro lado aquí se narra la habitual vida, tanto amable, como entreverada de penas, la que vive la montañesa comarca del Guadalices.
Toda vez que el autor detalla y describe, cómo estas gentes se aprestan en todo momento a remediar y a resolver a los dolores que les afectan, a partir de ello se postula al alivio como un fenómeno paradigmático, que siempre está latiendo en la sentimentalidad de cualquier persona.
El recorrido del discurso se hace mediante la introducción de relatos literarios o “microfinturas” los cuales excitan la curiosidad del lector, para luego ir planteando proposiciones filosóficas entregadas a fundamentar a la exposición presumida de inicio. Este modo de disertar sobre el alivio de todo dolor, intenta hacer amigable la comunicación de mensajes que en origen puedan ser percibidos, cuanto menos como siniestros.

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EPUB

Veröffentlichungsjahr: 2014

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Damián Galmés Cerezo

GUADALICES

El presente file puede ser utilizado exclusivamente

para finalidades de carácter personal

Todos sus contenidos están protegidos por la

Ley del derecho de autor

Primera edición eBook: diciembre 2014

Edizioni Pragmata

www.edizionipragmata.it

Índice

BONUM EST DIFFUSUM SUI

PRELIMINARES

EL MAESTRESCUELA

EL RANCAJAL DONDE VIVE EL BONIFACIO

LA TRAVIESA MALICIOSA

DOÑA LOURDES DE ISTURÍZ Y FONSECA

EL COCHE DE LÍNEA DE MANZANARES

MANÍPULOS SERVICIALES O RAPIÑADORES

LA JUANA EN EL LOZOYA

LAS CASAS MANSILLAS

DON ROMÁN DE CABIECES, EL CURA

EL PILÓN

HABLAR DE LO QUE NO SE SABE

DON IÑIGO DE AZURMEDI Y ANDIOBALZA

PANEM ET TAURINENSIS

LOS DESASTRES DE LA GUERRA

DEL NO MORIR

EL SARRACENO DE PORQUERICES

AQUILINA Y HELIOTISCACIO

OH TORO, OH DIOS INMUNE DE LOS ESPAÑOLES

MARCOS EL POLICIA

LA CUBANITA

LOS PRIMEROS CULTIVOS EN EL VALLE DEL CARANCO

LAS CONFERENCIAS POLÍTICAS PARROQUIALES

DE CARRANQUE AL RINCÓN DE LA VICTORIA

EL EMPIECE DE LA GUERRA

LA ESCRITORA DE NOVELAS PÍAS

LA CORREDERA DE SANDOVAL

LOS DEMONIOS DEL VALLE

LA BODA DE LEONOR

EL CANCHAL CALIZO DONDE ÉL MURIÓ

HABLANDO DE CUBA

ALOZAIMA POR QUÉ TE QUIERO TANTO

JACOMETREZO

LOS LIBERALES REVOLUCIONARIOS

LA CUESTA DEL MONTORO

EL PARQUE DEL GARDÓN

LA FÉTIDA REVOLUCIÓN GLORIOSA

LA NIÑA MANCHADA DE ROJO

LAS OPINIONES DE DON JAUME

A BROMAS EN LOS SANFERMINES

PASEÁBANSE LOS LINGÜÍSTAS

MARI ONEGA

COBRAR POR DIALOGAR

LAS AGUAS DEL VICUÑA

AMADEUS REX HISPANIORUM

EL PELELE

LA PUEBLA DE ALORA

EL SEÑOR DE LOS VIENTOS

LA TERCERA GUERRA CARLISTA

MALDITO MARCOS SEMBRADOR DE MALAS CALUMNIAS

LAS ENTRAÑAS DE LAS PALABRAS

LAS COSAS DE LA SEDA

LOS CELOS DE LA JUANA

RECONOCER AL MIEDO

LOS MAJUELOS DEL ADIN

LA FINA CONCIENCIA DE LOS ANDALUCES

LA ERMITA DEL ABESEDO

JACINARO Y RELAMINDO

EL MAPA DEL PODER TRAS LA REVOLUCIÓN GLORIOSA

LAS NAVAS DEL TULIPES

DIVAGABAN LOS FILÓLOGOS

EL LUTO QUE CAYÓ EN EL VALLE

EL CERRO SAMPEDRO

HONORES BASTARDOS

TOC, TOC LONDON A LA PALESTRA

FALSAS BEATERÍAS

LA ABUELA JULIA

EL CRIMEN DE PRIM EL PRIMER MAGNICIDIO DEL SIGLO

EL AVE BELIX

LA NECESIDAD DE RESTAURAR A UN SINGULAR LIENZO

TAO TE KING

LA BATALLA DE LOS SIGLOS

LOS MALOS ESPAÑOLES

EL SACAMANTECAS DE LA GAMELLA

UNO NUEVO EN LA TERTULIA

ARGEMIO Y SIGVALDO

EL ENVIDIAR AL BIZNAGO

EL TUNEL DEL CERDIAL

UN BUEN HOMBRE DEBE HACERSE FILÓSOFO

ANATOMÍA DEL SUICIDIO

CASIMIRA LA CUITADA

IZERDI Y NAGY

ZARATUSTRA

MARI CIERVA SE VA AL PENAL DEL PUERTO

ACUTARIO Y LA PEÑA DE LOS PERROS

NOVEDADES IMPREVISTAS

UNA SEMANA SANTA DESANGELADA

LAS RESQUEBRAJADURAS DE LA IGLESIA

CREDO QUIA CONSOLANS

DEL NO MATAR

ROSAMISTICA EN LA HOSTERÍA

EL FLORECER DE LAS COLMENAS

RENUNCIEN A SER DEVOTOS

CARAY ALIVIENSE

UN CHUSCO HACERSE DE LA JUSTICIA

ISAURITO Y LAS LLAVES DE LA IGLESIA

DEL DOLOR Y DEL ALIVIO

LA VISITA DEL RESTAURADOR DE CUADROS

EL LAGO DEL ARRAMAYA

SUGUIE Y MUSCARDO

DEL NO PERDONARSE A UNO MISMO

SIENDO DEL MONTÓN

SOBREVIVIR MÁS ALLÁ DE LA NADA

SABIDURÍAS PICTÓRICAS

LAS LUJURIAS FAMILIARES

BONUM EST DIFFUSUM SUI

Aunque el bien se difunda por sí mismo, nunca como ahora ha sido tan necesario que sabios bondadosos –disculpen la redundancia– como Damián Galmés le den un empujoncito. A este filoloco de vocación filantrópica hay que agradecerle que desde su magisterio ático nos hable con cariño fraterno, como si no tuviese en cuenta nuestra petulante ignorancia de ciudadanos del siglo XXI.

No sé si a algún alumno le habrá tocado en suerte escribir un prólogo para su maestro. Más raro se me antoja, si cabe, que sea el maestro quien reclame una introducción y no le brote “motu proprio” al alevín. Qué combinaciones de palabras podré engarzar para no sonrojar a mi dilecto amigo es aún para mí un arcano insoluble.

A Damián le sucede como a Groucho en sus memorias pero al revés. El marxista de pata negra decía que podría escribir un clásico cuando le viniera en gana pero prefería publicar un best­seller infame; Galmés nos regala 100 clásicos, 100 “microfinturas” talladas a conciencia con desnuda letra románica, pudiendo habernos legado 100 records de ventas.

Cuando a la filología se suma la genialidad, surge el filoloco, el amante de la etimología, de la ortografía y de la caligrafía, que principia por admirar la belleza de la grafía de las palabras y hurga en el origen de las mismas para saber de donde procede tanta hermosura. Este guardián de la República de las Letras se decanta en un incontenible torrente verbal que nos conduce a las fuentes de donde mana el prodigio de la lengua.

Como la humildad es la virtud de las almas superiores, Galmés ha creado un personaje a imagen y semejanza del ciudadano íntegro y probo. Un profe, don Bonifacio, que educa con la infinita modestia de quien es consciente de que cuanto más sabe, más ignora.

De Tales de Mileto a Artur de Catalonia la especie ha degenerado tanto que se agradece que un genio se invente a otro genio y don Bonifacio, manso de corazón, pero de espíritu bravo, templado y tenaz, guíe a sus alumnos con delicadeza y pasión a partes iguales. La letra con tacto entra.

Al magisterio vocacional le adorna un formidable sentido del humor, o viceversa. Tanto monta. Cada una de estas piezas ha sido labrada con amor y con humor, con la ironía de las almas libres, inaprensibles. Hay en todas ellas una común y conmovedora ternura que se le desprende al autor de las entrañas en cada renglón. Pero también respira por la herida de la justa indignación cuando se cruzan en el camino seres despreciables a quienes traspasa con el rejón de su impecable mordacidad.

Hay tiempo y lugar, microfintura a microfintura, para aprender. Para saber que 150 son las personas que requiere el grupo humano que pretenda funcionar como un reloj, y 150 el número virtuoso de romanos que constituían una Legión. Para reír hasta echar las muelas con La corredera de Sandoval, donde la joven y liberal esposa de un tullido se da a frecuentes extravíos hasta que el resignado cornudo deja “su nombre y su fortuna a tres hijos de puta, muy españoles, y muy mezclados de sangres y religiones” de tres amantes de su amante esposa. O para dar fe del salvaje cainismo que a veces nos brota obsceno y salvaje en El canchal calizo donde él murió.

También para la piadosa mirada de un hombre que ha reflexionado a conciencia sobre la condición humana y no permite que se frustren los sueños de una noble y virginal “escritora de novelas pías”.

Hay espacio para la emocionante liturgia de la fraternidad en lances como De Carranque al Rincón de la Victoria o La boda de Leonor. Se lee en un pasaje inolvidable que “Allá en una vera de la cala, prendieron una candela en el suelo; acullá ensartaron sardinas en cañas; ahí metieron las gaseosas debajo de los rompientes de las olas rugidoras; allí mojaron el suelo alrededor de la lumbre. Y en la arena mojada, muy cerca de las flamas clavaron los ensartes de los peces, y comenzó la pescada a oler a tueste”.

Y no olvide nadie finalmente, y no confunda, la mansedumbre de don Bonifacio –Nifassio, para las abnegadas madres de sus alumnos– con debilidad alguna; porque con incontenible presencia de ánimo expulsa del templo de Guadalices a necios y pedantes como Marcos el policía, a quien espeta “Tenga quieta su batracia lengua, don Marcos” y desea que “en la próxima arrollada de primavera sus aguas se lleven todas las majaderías policiales que dice usted de los maestros”.

A este paladín de la sencillez que nos enseña a amar la palabra le debemos que resucite el espíritu de Ortega cuando denunciaba que la falta de vocabulario conducía a la incomprensión y a la guerra. Cómo vamos a entendernos si no sabemos expresarnos, si ignoramos de dónde proceden cada una de las voces que pronunciamos ¿O no buscan a toda costa los huérfanos a sus padres? ¿Por qué un mal día dejamos de preguntar por qué?

Tras la apariencia barroca de este ejercicio de estilo que constituyen las microfinturas encontramos una verdad limpia, una iglesia prerrománica derruida que el tiempo ha hecho más bella.

Queridos lectores: una vez paladeadas estas microfinturas no olviden sintonizar, antes de acostarse, “Radio Sagrado Corazón de JESÚS en Vos confío”.

Norman Roy - Gijón, a 8 de octubre de 2014

PRELIMINARES

Un microfintor, es un escribidor de muy cortas narraciones, pues que a la sazón es algo sabedor, del poco tiempo de atención, que de primeras los humanos apretados, venimos a poner en las agitadas vidas de los ajenos.

Sepan los lectores, que el autor de todas estas microfinturas del Guadalices no ha dejado de entremeterse muy curioso, ni por un segundo, ni por dentro de su biografía, ni ha cesado siquiera de preguntarse en todo momento; tanto ¿De por donde vienen nuestros estremecimientos filosóficos{1}? como ¿Cuales mentes sensatas pronunciaron por primera vez? a esos topónimos, que se nos enclavan desde nuestra cercana geografía.{2}

De añadido dense cuenta los leedores de este libro, que todas estas mínimas redacciones, se le han escapado a su microfintor, indómitas, traviesas y bien rebeldes, de su mano dramatúrgica.

Damián Galmés Cerezo

EL MAESTRESCUELA

Don Bonifacio Simón fue enviado por el ministerio como único profesor al centro rural masculino de la Sierra de Guadalices. Don Bonifacio estaba casado, y ya con su mujer y sus tres hijos, se presentó en su rural destino. Don Bonifacio tenía mucho frío durante los largos inviernos pues que había nacido en el sur bonancible, a la vera de los montes mediterráneos.

Don Bonifacio era un habitante perote, nativo de Álora una aldea situada en el malagueño valle de Abdalajis. Don Bonifacio estudió y obtuvo en su tiempo en Sevilla un título de ciencias pedagógicas, un diploma casi universitario; no obstante se aplicó y se presentó a las oposiciones al cuerpo de maestros nacionales. Y ganada su plaza de funcionario, don Bonifacio rodó por Mollina, la Roda, y Santa Elena.

Don Bonifacio era un hombre cariñoso risueño y bonachón. En todos los pueblos adonde iba, las madres del lugar le decían “don Nifassio, le traigo aquí a mi niño a ver si usted que es maestrescuela me lo aprende y me lo hace rico”. Y añadidamente y por supuesto, todos sus alumnos y escolares lo primero que aprendían era a llamarle don Boni.

No se sabe bien, qué razones subrepticias cayeron sobre el bueno de don Bonifacio, pues que se vio muy alejado de su Andalucía natal, viniendo a parar a la Sierra de Guadalices.

Don Bonifacio era bajito, poco musculado y siempre vestía con trajes de color gris Marengo.

Don Bonifacio no gustaba de Castilla, pero tampoco la despreciaba, él le sacaba jugo a sus días sentidos como de exilio, investigando, indagando, siguiéndoles la pista a los nombres de los sitios que lo rodeaban y expresándolos, tanto a sus alumnos, como a los paisanos que quisieran escucharle.

Por eso y a raíz de sus toponimias explicadas y en virtud de los detalles de sus etimologías, don Nifassio, no solo cayó bien a los seres austeros de la Sierra; sino que se hizo famoso por todas las maserías y las quintanas del Guadalices.

EL RANCAJAL DONDE VIVE EL BONIFACIO

Su casa, bendita choza, está agarrada al ribazo de una antigua morrena terciaria matritense. Allá por su alto, las cumbres de un cetrino cerro; por los medios en estío se ven los vuelos de las palomas; y abajo, a la frontera del valle, un río guadalescente, murmulla mucho en los deshielos. Donde él vive, ya vivieron arévacos, romanos, gotónicos, judíos, moros y cristianos, los cuales trenzaron de veredas, entreveraron de calzadas, entretejieron de rondas y enramaron de carreteras a todos los vados camineros, los que pudieran cortar a los duros muros de la cordillera.

Si miras de por frente a su vivienda; verás que a su cara se asoma, se alza, y se crece, un yelmo rocoso. Mas, si dispones el caminar de tus piernas hacia abajo, te abajarás y te descenderás al “Arancaxal” un viejo valle o arandal ibérico, el cual en la primera habla vascongada de aquí, se le señalaba “kaxalco” o cubierto de vegetación y de flores; a fin de señalar su contraste herbáceo con el desierto pedrizo, que se alza desde el Yelmo. Por eso desde entonces se le llama los “Rancajales”.

Siéntate allí, a más abajo, a sus bruces, en los andurriales del regato, acércate al leve arroyuelo del Ix, el que en voz arévaca así fue pronunciado, con la intención de mostrar su alto desmontarse de las cumbres. Pues si acudes a su vera fluyente con tus ávidos oídos, en el crepúsculo del verano, vendrás a oír en sus remansos llamazares a muchas ranas, las que conciertan con armonía a sus cantos y llamadas.

Fue allí a la vera del riachuelo, en una primera atardecida de septiembre, donde “Acutairo” se exhibió muy arrogante, muy altivo y muy altanero, como todos los serranos, ante aquel forastero que paseaba; pues que al presentarse le preguntó ¿Que cual permiso tenía él? para coger esas moras de zarza, las que se ondeaban al borde de las tapias lugareñas. Don Bonifacio le miró y le preguntó por si tenía hijos en el colegio, al fin y al cabo, a él le habían destinado a dar clases allí en la escuela del valle. Apercibido del dato “Acutairo” vino a decirle, que no las cogiese tan rojas a las bolitas de fruta, que es menester dejarlas ennegrecer. Dicho lo espetado y exhumado su discurso; cogió su antipático portante y se fue.

Al pasar de los días, los meses y los años, los vecinos chismosos, esos vecinos calvos y deslenguados, le dijeron al maestro que “Acutario” era seco, desabrido y muy atroz, porque después de haber sufrido en una misma semana la muerte de su madre y de su padre, tanto sus hermanos, como sus parientes, le esquilmaron su herencia, le robaron su patrimonio, y que lo dejaron casi arruinado. Los correveidiles parroquianos le dijeron y aún le dicen, que no te topes con él, puesto que amén de haberse casado con “Juana”, la mujer más malvada de la sierra, él solo vive para vengarse en ti de todo el daño que le dolieron sus familiares, y además que no pierdas de vista, que todo el tiempo de tu vida, le vale a él para aliviarse de ese rencor.

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