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Sépase que el trance católico por antonomasia es el celebrar la Misa de mutuo acuerdo sacerdotal entre un presbítero y su feligresía. Y además y tal como dice Ortega y Gasset “Si le faltare a alguien el mundo religioso él se perdería la emoción de lo divino y la capacidad de imaginar nuevos mundos felices.” Por eso este libro se ha hecho con vistas a que el lector pueda contemplar a su alma y revivir a sus carnes jadeantes con Cristo eucaristizado ahí en la misa durante el transitar de esos santos misterios.
Todos los 365 artículos que se presentan en este libro pretenden hacer ver con claridad y desvelar al santo enigma amoroso que acontece en el altar durante una Misa, cosa que incita al lector a esconder y arrinconar y olvidar, tanto a los deleites escabrosos de las personas que les han ofendido y humillado, como a los injustos y dolorosos acometimientos que la enfermedad y el ángel maligno vinieron a trazar contra sus cuerpos, haciéndoles sentirse a la sazón consolados merced a la extinción definitiva de todo ingrato padecimiento ya pasado.
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Veröffentlichungsjahr: 2020
Damián Galmés Cerezo
365 DÍAS PARA SER MÁS CATÓLICOS
Edizioni Pragmata
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Título: 365 Días para ser más católicos
Autor: Damián Galmés Cerezo
Primera edición impresa: octubre 2020
Primera edición digital: octubre 2020
ISBN 9788899373948
Imagen de la portada: La Misa de San Clemente en una reconstrucción actual del fresco original del siglo XI de la Basílica de San Clemente en Roma
Edizioni Pragmata
www.edizionipragmata.it
Damián me ha encandilado con un descubrimiento radical: que la etimología de las palabras no es una mera curiosidad, sino el secreto del alma que late en algunas voces. Así, qué gran hallazgo averiguar que “ur” equivale al sonido del agua que corre naturalmente. Esa sílaba se muestra en el nombre de tantos ríos en diferentes lenguas, desde el Urumea de los vascos hasta el Urubamba de los peruanos. No solo eso; los nombres de algunas grandes ciudades, empezando por Ur de Mesopotamia (la patria de Abrahán), indica que se edificó al lado de dos grandes ríos. Podría ser también el sentido de urbs (ciudad en latín) y más propiamente Roma, la ciudad por antonomasia. Qué gran campo por roturar el de la Onomatología o ciencia del significado de los nombres con mayúscula. La Deonomástica (vocabulario de nombres comunes derivados de nombres propios) sería otro saber relacionado con tales pesquisas. Por cierto, los nombres de las ciencias los escribimos respetuosamente con mayúscula inicial porque suponemos que se derivan de los saberes básicos asociados con las musas.
Lector amigo, recuerda que, como proclama San Juan, “la palabra estuvo en el comienzo de todo”. Porque las primeras voces o sonidos articulados es lo primero que distinguió a la especie humana propiamente dicha (homo sapiens) de la otra conexa y anterior, la de los neandertales, por mal nombre. El asunto ha sido tratado en forma de ficción a través de las imaginativas historias narradas por Jean M. Auel. En la Europa de hace unas decenas de miles de años, coincidiendo con el fin de una glaciación, coexistieron las dos especies. La del homo sapiens, con un cerebro más pequeño, parecía condenada a desaparecer ante la capacidad física aparentemente más desarrollada de los neandertales. Pero los sapientes, para prosperar, necesitaron desarrollar la capacidad de hablar con palabras articuladas. Los neandertales solo emitían gruñidos y unas pocas voces monosilábicas; conversaban sobre todo por señas, gestos con las manos. Es claro que el uso de las palabras articuladas supuso una gran ventaja para que los sapientes se organizaran mejor, cazaran con mayor eficiencia, desarrollaran la agricultura y la domesticación de los animales, entre otras habilidades primigenias. En seguida los sapientes lograron dibujar las pinturas que llamamos “rupestres” y tallar estatuillas votivas, las Venus esteatopigias. En síntesis, ese fue el comienzo verdadero de la cultura europea. El salto siguiente, varios milenios después, fue la escritura a partir de un alfabeto, esto es, la combinación de una treintena de símbolos para representar todos los posibles sonidos humanos. Dos alfabetos son los que han marcado la impronta del mundo que malamente llamaos “occidental”: el hebreo y el griego-latino. De ahí se colige que la investigación etimológica de las palabras actuales se centre sobre todo en tal egregio origen.
Queda por dilucidar, en el progreso que digo, cómo es que el hipotético idioma primordial de los sapientes se fragmentó en múltiples lenguas. El hecho es parecido a la coexistencia de tantas religiones como culturas. La explicación de tal diversidad es tan sencilla como misteriosa: los habitantes de cada cultura necesitan distinguirse de los foráneos, los bárbaros o gentiles. Nada mejor que la lengua y la religión para tal menester etnocéntrico. De ahí la paradoja de que la lengua sirva también para no entenderse. Se añade el hecho fascinante de que las palabras suelen contener cada una distintos significados. Además, no existen estrictos sinónimos; se trata más bien de palabras afines. Gracias a lo cual no solo hay habla sino literatura.
Ahí tienes, lector, la interpretación que nos ofrece el esmerado trujimán de Damián Galmés sobre la etimología de textos bíblicos, oraciones o invocaciones litúrgicas, símbolos de la tradición cristiana. Cavilo que por investigar algo así el catedrático de Salamanca, Fray Luis de León, fue encarcelado durante varios años a finales del siglo XVI, el de oro que se llamó. No es menos cierto que los tiempos han cambiado, si bien los españoles seguimos hablando castellano.
Se ha supuesto que en nuestro tiempo Dios ya no está a la vista. La sociedad secularizada, atea incluso, ha llegado a su cenit. Pero observarás que “secularización” y “ateísmo” son palabras de traza religiosa. Es decir, la religión no fenece del todo. Por lo mismo que la Tierra se despereza con el llamado cambio climático y otros caprichosos vaivenes, asoma en algunos círculos de la sociedad una sorprendente regeneración religiosa. Podría ser una suerte de compensación individual y colectiva para el árbol de la vida tristemente deciduo. Este libro de Damián Galmés viene a ser una especie de manual de supervivencia para tal desazón. También podría servir como una suerte de GPS o Guía de Perplejos Semovientes. Vale.
Amando de Miguel
Marcos 14; 1-11. “Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, asentado en la mesa, vino una mujer que traía un frasco de alabastro con perfume puro de nardo, de mucho precio; quebró el frasco y lo derramó sobre su cabeza. Y algunos refunfuñaban contra ella. Más Jesús dijo: Dejadla ¿Por qué la molestáis? Ha hecho una obra buena en mí.”
Sépase que el trance católico por antonomasia, es el celebrar la Misa de mutuo acuerdo sacerdotal entre un presbítero y su feligresía. Ahí durante el transitar de esos santos misterios contemplamos nuestra alma, revivimos nuestras carnes jadeantes con Cristo eucaristizado, convivimos pacientes con los hermanos de su especie, hacemos penitencia y adoramos a la Trinidad Beatísima y todo ello da sentido a nuestro vivir mientras que nos va aliviando.
Yo pido a quienquiera que lea estas líneas que entienda que con este libro, solo pretendo homenajear con mis humildes olores literarios al Hijo de Dios hecho Hombre. Y aclarada esta cuestión, me cabe decir, que el vivir de cada persona es un perenne batallar contra las apreturas del mundo y contra nuestros egoísmos y es luchar a favor de perdonar a los pecadores que nos maltratan. La verdad es que siempre nos hallamos estrechados, aterrados y doloridos pero nadie pierda de vista que cada instante de sufrimiento que vivimos inevitablemente viene a ser balsamizado con una divina rociada de alivio venida de Jesucristo.
Y en este sentido y sabedor yo de que a lo largo de cada Misa me encuentro con el hacedor de todos mis alivios, me he atrevido a poner por escrito estas mis miradas desde mis cortas anteojeras, sobre el misterio de la Eucaristía, las cuales quedan compiladas en 365 pequeños ensayos, los cuales recomiendo que se lean estrictamente uno solo por cada día, pues que lo contrario atiborra e indigesta y hace imposible su atención y su asimilación.
Me he regido a lo largo de toda esta colección de escritos por el propósito que invoca San Anselmo; toda vez que dice “fides quaerens intellectum” y sabiendo que la Fe busca ser atendida y entendida por nuestra mente, a su respecto y en base a ello, ha de notarse que a este libro lo he rellenado de explicaciones y descripciones que dan razón de lo hermosa y buena y verdadera que resulta ser la celebración de toda santa Misa.
Entrando en más honduras quisiera hacer notar con todas las palabras vertidas en este texto, que no hay misa sin un templo que la acoja y que no hay renovación del sacrificio de Cristo sin un cualquier celebrante que se sienta aliviado; porque al fin y al cabo nos cabe darnos cuenta de que la materia de la que se compone el ser metafísico del alivio católico es en puridad la celebración de la eucaristía, mientras que su forma es el Templo y su Liturgia.
También y visto que a día de hoy muchos cristianos se hallan sometidos subyugados y vencidos de por los nuevos saberes científicos de la modernidad y estando en esta tal situación aterrante ellos han venido a disfrazarse de ateísmo, quizás a algunos de estos desmoronados les pudieran servir los contenidos científicos venidos de una metafísica escolástica, los cuales circulan por las páginas de este texto y tal vez y al socaire de esta sentencia de Santo Tomás de Aquino la que dice “intelligo ut credam” es posible que los análisis etimológicos y las explicaciones de ciertas categorías teológicas ocasionen a algún cristiano encerrado en una jaula de ateísmo, que entienda estos pormenores del ser de Jesús y recobre regaladamente su Fe; pues que nos es necesario “intelligere” entender y razonar al vivir de Nuestro Señor Jesucristo, a fin de fortalecer nuestras creencias “ut credam”.
Damián Galmés Cerezo. Soto del Real, en el Invierno del 2019 A. D.
Veamos que en el salmo 84 se oye pronunciar este entonado poético ¡Qué aliviadoras son tus moradas! Mi Gran Señor. Sabe que mi alma no desea otra cosa, más, que pisar tus atrios. Seguidamente percatémonos de que en el evangelio de Mateo 12. 28. Jesús proclama Venid a mí todos los que andáis agobiados y doloridos, que yo os aliviaré. Y una vez asimilados ambos mensajes, estamos listos para caer en la cuenta de que nos apetece acudir a los templos del Señor; porque allí nos sentimos remediados de nuestros dolores y porque allí se halla el Padre creador y el Cristo redentor y el Espíritu Santo; las Tres Divinas Personas que nos llenan de alivios.
Puestos aquí, advirtamos lingüísticamente que la palabra “Templo” la que cabe entender por “lugar sagrado”, procede de dos raíces indoeuropeas; de un lado “tem” con el significado de “cortar” y de otro lado “per” que cabe traducirlo por “piedra”{1} y sepamos además que ambos términos enlazados originaron a los vocablos latinos “tem-perum y templum”. Vista esta perspectiva comprobamos primeramente que los humanos consideramos como lugares sagrados a los espacios que se hallan inscritos en los cortes de los grandes peñascos tales que las cuevas o los precipicios quebrados. No obstante también venimos a descubrir que el solo y el hermético y el aislado volumen interior de un templo, logra cortar en nuestra mente a todo fluir ardiente y torrentoso de pensamientos inquietos.
No olvidemos ahora, que toda vez que nos introducimos piadosos en un templo; primero nos sucede que nuestras dolientes sombras interiores se van aliviando, absorbidas por las auras opacas de sus sagrados espacios; y luego nos acontece que nuestro ser se va rellenando de luces espirituales y se va viendo alzado hacia lo alto, hacia sus pináculos luminosos.
Avancemos más y reconozcamos que los alivios que recibimos en el templo, nos van mostrando a las claras, cómo el Señor Eterno ha dispuesto con cariño providencial, que siempre y al después de padecer alguna afectación dolorosa causada por los indóciles aconteceres del mundo, a su seguir nos veamos surtidos de un satisfaciente alivio remediador; pues que incluso nuestro transitar hacia la gloria lo sentiremos como un exacto alivio frente a nuestro inevitable y doloroso morir.
Y abundando más en el sentido de lo anteriormente dicho, no nos resultaría chocante inducir que nuestro Padre celestial ha determinado cariñosamente, que todo nuestro trasegar biográfico venga a ser un viaje maravilloso y repleto de incontables alivios, todos ellos dedicados a la disolución de nuestros dolores.
Así pues y vistas todas estas cosas venimos a asumir que “todo templo resulta ser ese tierno lugar de alivio, al cual venimos a asumirlo simbólicamente como una pura morada de paz.”
1. DESPERTÉMONOS PARA IR A MISA
Leamos sin entender palabra, éste texto hebreo; “Modé aní lefaneja mélej jaí vekayam, shehejezarta bí nishmatí bejemlá; rabá emunateja”. Y ahora estudiemos su traducción; “Me pongo en tu presencia y me inclino ante ti y te doy gracias. Oh Rey vivo y eterno, porque me has devuelto bondadosamente mi alma y la has introducido de nuevo en mis carnes; grande es Tu confianza en mí”.{2} Y toda vez que hayamos examinado a este mensaje, a su sazón avengámonos a entender que éste preciso recitado hebraico es la primera oración del día que suele pronunciar cada israelita al amanecer. Todo judío tiene la costumbre de entregar su alma a Dios cada noche, para que así la cuide y la suavice y la perfeccione el Señor, y por eso le agradece al Altísimo que confíe en él y que se la devuelva en cada amanecer con el primer despertar.
De seguido, y a este tenor sigamos declamando a ciegas, a estas otras frases hebreas; “Baruj Aatá Adonai Eloheinu Melej ha olam, amaabi jeble shená meeinenu utnumah meafafeinu”. Y en este sentido, andemos a la par a indagar a su precisa transcripción al castellano; “Bendito seas Señor del universo que me has librado del sueño que pesa sobre mis párpados y del sopor que nubla a mi vista.”{3} Visto lo cual, sepamos también, que toda persona Judaica, durante los momentos previos al comienzo del matutino servicio de adoración al Creador, se entrega a bendecir y a agradecerle al Señor, el que le haya despertado y el que lo tenga dispuesto y despejado y listo para darle culto.
Ulteriormente y tras haber contemplado a todas éstas cosas, cabe sugerir discretamente, que antes de ir a una misa mañanera y tempranera, nos venga bien pronunciar esta breve plegaria. “Bendito seas Señor, porque me has regalado una nueva jornada, y porque ahora y para adorarte me tienes despierto. Gracias te sean dadas”.
2. CAMPANAS Y CAMPANILLAS
A fin de iniciar con precisión este exacto atendimiento, hagámonos cargo de que el vocablo “campana” procede etimológicamente del verbo latino “Cumbanire”, el cual da cuenta expresivamente de la acción de“combar o de doblar o de inclinar y torcer al rectilíneo perfil de un cuerpo sólido”. Dicho lo cual apercibámonos también de que el verbo “Cumbanire” vino a producir en aquella su anciana lengua; de un lado al substantivo “Cumbania”, el cual viene a significar “plano doblado en forma cóncava”; y de otro lado al étimo “Cambania”, cuya traducción al español menciona al concepto de “plancha metálica combada en una forja”.{4} Así pues y puestos a abundar en esta cuestión, nos es obligado señalar que éste último étimo romano “Cambania” pasó a ser usado por la lengua castellana con la precisa dicción de “Campana”, aludiendo así a un “cierto y peculiar instrumento musical idiófono construido y terminado tras haber combado y retorcido a una placa metálica”. Y de acuerdo con estas previas explicaciones; nos cabe entender que una campana es una gran copa metálica ahuecada y puesta en posición invertida, la cual resuena acústicamente y vibra al ser golpeada con un badajo de por dentro.
Continuando ahora con lo que vamos estudiando paremos en ver, que merced a que su sonido simboliza a la “Voz de Dios”; al entonces las campanas suelen utilizarse parallamar a la comunidad a los eventos religiosos, es algo así como que esas sus vibraciones sonoras resultan ser caricias amorosas venidas desde los suaves dedos del Altísimo. Sepamos a la sazón que ya el hombre primitivo interpretaba que el son de una campana era cosa angélica, que conseguía reñir y combatir a los espíritus del mal; por eso y ya desde el inicio de los siglos nacientes, los pastores colgaban campanos de los cuellos de sus animales, a fin de que sus retumbes cencerrosos ahuyentaran a cualquier peligro demoníaco que les acechare.
De otro lado fijémonos en que el oleaje aéreo que producen las vibraciones de las campanas es un acontecer igual y semejante al suave viento divino que Dios escoge a la hora de presentarse a las claras ante sus criaturas humanas.
Puestos aquí y enterados de estas cosas estamos listos para desvelarnos, que cada vez que oímos las campanas de un templo, inevitablemente somos tocados por las sutiles ondas del Espíritu Santo; y nos vamos separando de a poquito de nuestros pesos terrenales; y no sólo nos vamos poniendo en contacto con Dios, el cual nos va dando con cariño su cariñosa bienvenida; sino también que nos vamos unificando con nuestros compañeros de escuchas; y además y en fin que acabamos por reconocer de nuevo al buen sentido cristiano de nuestro vivir.
3. LAS RECITACIONES Y LAS PALABRAS
Sepamos que el étimo “Nombre” en Hebreose dice“Shem” y apreciemos a su albur, que toda vez que nos demos a escuchar a un peculiar sonido tímbrico, a la sazón se cae sobre nuestra mente un preciso empujón mensajero, el cual hace que consigamos reconocer a una precisa cosa aludida. Dicho lo cual miremos ahora a esta singular frase del Salmo 8 la que dice “Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra”; y aprestémonos a traducirla reentendiendo a su recitación, como se nos dijera “Señor, Dios nuestro, cuantas delicias siente toda la tierra, al tanto que va escuchando los Sonidos de tus Pasos Divinos.”
Conozcamos también que el entonado de la voz “Vocablo” en Hebreoa su vez se pronuncia como“Miló” y veamos que esos sus signos sonoros nos dan cuenta del peculiar vivir de un preciso objeto que nos afecta. Y en este sentido andemos a leer el pasaje del Génesis 2:15-20 el que señala que “Dios le dijo a Adán que cultivara el jardín gozoso, y que pusiera nombre a los animales”; para así descubrir que Dios ha puesto en la mente de cada hombre; tanto la capacidad de intuir nebulosamente al ser vital de cada cosa; como la habilidad de apelarla con una específica designación verbal.
De otra parte no perdamos de vista que el concepto de “Palabra” en Griegose lo exponecomo “Logos” y a su seguir advirtamos que cada significante entonado por cualquier “Palabra” viene a designar a la benéfica prosperidad que aporta al mundo el transito biográfico de una entidad concreta. Y enterados de lo cual leamos el comienzo del Evangelio de S. Juan donde se publica que “en el principio era el logos y el logos era Dios” y puestos a ahondar en este texto inspirado nos damos cuenta de que Dios Hijo es el primer suceder biográfico, el que beneficia con su vivir al universo mundo.
A continuación sepamos que en la lengua latina se pronuncia como “Verbum” a la noción de “elemento léxico voceado”, queriendo significar con ese pronunciado, a esa especial voz que cada hombre emite, cuando se da a mostrar a las vivacidades de su alma.
Ulteriormente advirtamos que el concepto de “dicción” en español se pronuncia como “Palabra”, morfema lingüístico venido del étimo latino “Parábola” el cual cabe entenderlo como el habla metafórica y comparativa respecto de una cualquier cosa difícil de explicar.
Y llegados aquí tras haber contemplado todas estas cosas relacionadas con el decir de las cosas; estamos en disposición de comprender que todas las palabras, que se emiten y que se escuchan a lo largo de una “Misa”, así surgen y se agitan; a fin de que los participantes, no solo se alegren de escuchar a los sonidos de Dios, sino que y además lleguen a descubrir que el buen sentido del funcionar del mundo se lleva a cabo de continuo a causa de que fue creado por el Padre eterno, y debido a que Jesucristo ejecutó su crudo y salvífico vivir, y además y merced a la acción providencial que el Espíritu Santo derrama sobre el universo.
4. EL AGUA BENDITA
El agua una vez que ha sido bendecida con las palabras venidas de un ministro del sacerdocio, se queda bendita y se la emplea en los bautizos y en la purificación de las casas cristianas y de los artículos de uso cotidiano, y además se aprovecha para favorecer la dicha física y espiritual de las personas que se ven rociadas por sus sagradas gotas. No olvidemos, que ya desde los vetustos tiempos del naciente cristianismo, casi todos los fieles, toda vez que entraban en un templo, adoptaron la cordial costumbre de impregnar a los dedos de su mano derecha en el agua bendita que posa plácida en una pila; para luego y posteriormente signar su cuerpo con la señal de la cruz. Vista ésta práctica nos cabe indicar también, que la tradición cristiana da noticia de que San Alejandro Papa, en el año 115, instituyó el uso actual del agua bendita, a la que había que añadir sal, para purificarla de algún contacto con agentes profanos.
Seguidamente sepamos que las voces españolas de “bendito y bendita”, proceden de la lengua latina, del verbo “benedicere” y en concreto de su participio pasado “benedictus o benedicta”. Y entrando más en la cuestión venimos a informar que el verbo “benedicere” está compuesto; de inicio de por el étimo “bene” cuyo significado expresa la noción de “bien, o bondad o beneficio”; y en su final por el vocablo “dicere” cuya expresión enuncia al “decir, o al afectar a una cosa por medio del dictado de palabras”. Y visto lo dicho podemos señalar que el concepto de “Bendición” se puede definir por “esos intangibles beneficios que reciben las personas y las cosas; toda vez que una autoridad sagrada les ha dictado buenas palabras”.
Continuando con lo que vamos asimilando, descubramos a la sazón que toda vez que una persona se ve inmerso en las hondas aguas del mar, se advierte con mucha tristeza, a causa del apagamiento de las luces de la superficie; y se descubre muy castigado, debido a que no puede respirar; y se nota algo así como que se muere. No obstante y una vez que sale de los húmedos abismos hacia la tierra firme y seca; resulta notarse a sí mismo como purificado y resucitado y libre de toda previa sensación de culpa. Tal como se dice en Éxodo 15:26-3 “Y sucedió que el pueblo de Israel fue purificado durante su paso por las hendeduras de las aguas del mar Rojo”. De otro lado fijémonos en el rey David cuando reconocedor de su substancial miseria, se da a entonar el Salmo 51, y dice “Purifícame con las gotas de tu agua bendita y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve.”
Considerados estos textos bíblicos, se nos hace fácil reconocer que todo buen vertido de agua limpia caído sobre nuestras carnes, además de enjuagarnos, ocasiona que su chorreo nos haga sentirnos muy divinamente vivificados y muy indultados desde lo alto de algún recelo remordedor.
Y finalmente descubramos serenamente, que en cada momento en que nos veamos rociados por el agua bendita autorizada por Dios; al entonces nos notaremos resucitados a la vida del espíritu y nos apreciaremos purificados de muchas culpas y nos constataremos beneficiados en nuestro vivir biográfico.
5. LA MISA, LA EUCARISTÍA Y LA LITURGIA
Hagámonos cargo de que la palabra “Misa” viene del verbo latino “Mitto” el cual cabe traducirlo por “mandar, llevar a cabo un recado”, y además sepamos que este romano vocablo procede del étimo indoeuropeo“Mis”que significa “rellenar”; en este sentido y a partir de lo ya explicado, nos cabe entender a la palabra “Misa” por esa precisa actividad que “rellena a nuestro espíritu de alivios; toda vez que cumplimos con mucho gozo la misión y el recado de renovar el sacrificio de Cristo”.
De seguido paremos en ver que el vocablo “Eucaristía” viene del idéntico término griego “eujaristia” o “ευχαριστια”{5} el cual a su vez se compone; de un lado de la elocución “eu” o “ευ” que significa “bueno, supremo o inmejorable”; y de otro lado de por la voz “Jarij” o “χαριχ” que cabe entenderla por “gracia, gozo, o complacencia”. Y a este respecto y si conjuntamos a ambas significaciones ya citadas, nos es dado traducir a la palabra “eucaristía” por “el gracioso sentimiento que tenemos las personas toda vez que nos advertimos supremamente complacidos”. Visto este nuevo dato no nos resulta difícil conceptuar al hecho sacramental de la “Eucaristía” por esa precisa acción sacra que “rellena a nuestro espíritu de alivios complacientes; toda vez que cumplimos con mucho entusiasmo eucarístico la graciosa misión de renovar el sacrificio de Cristo”.
Y finalmente advirtamos que la peculiar dicción de “Liturgia” procede de su asemeja palabra griega “lizourgia” o “λιθουργια”, la cual a su vez contiene; de inicio a la expresión “lizos” o “λιθος” con el significado de “piedra”; y acabadamente a la seña lingüística de “orguía, ὄργια” o “ὄυργια, ourguía”, que cabe comprenderla como “compulsión intensa a realizar un preciso comportamiento”. Dentro de este marco y una vez que enlazamos en un único vocablo a estas dos previas expresiones ya aclaradas; acabamos por trascribir a la palabra “Liturgia” por “ese preciso impulso sentimental que sentimos con tan alta intensidad emotiva, que nos permite mover con mucha eficacia a una pesada piedra”.
Enterados de todas estas cosas estamos listos ahora para asimilar al hecho del “Celebrar la Santa Misa” como “ese impulso sentimental litúrgico que nos rellena de complacientes alivios eucarísticos; toda vez que nos lanzamos a llevar a cabo individual y colectivamente la excelsa misión de renovar el sacrificio de Cristo.”
6. EL AROMA SAGRADO DEL INCIENSO
No pecaremos de ignorancia, si afirmamos que la leche que es otorgada por una madre a su recién nacido, resulta ser bebida de vida dedicada a revitalizar de continuo a su indefenso cuerpo. Y por tanto y dado que la espontánea naturaleza del lácteo líquido dispensa gratuitamente a los humanos clamorosos bríos corporales y manifiestas energías mentales y claros vigores espirituales; entonces nos cabe deducir que toda leche nutritiva, es cosa sagrada y venida de Dios, la cual se es segregada misteriosamente en las entrañas recónditas de cualquier madre. Y en este sentido notemos que ya desde la prehistoria, muchos humanos arcaicos, ofrecían a sus muertos y a sus divinidades arcanas; al objeto de adorarles y de pedirles mercedes, unos ciertos rituales de derrame de sagrada leche.
Dichas estas cosas, nos resulta oportuno señalar ahora, que el incienso es una resina aromática, la cual procede de las lechosas lágrimas de color blanco que son exudadas hacia el exterior por ciertos arbustos originarios de Arabia. Y a partir de este dato estamos convencidos de que ésta peculiar resina resulta ser semejante y muy igual a la divina leche maternal. Y creemos así en ello; de un lado debido a su aspecto blanquecino y casi líquido; y de otro lado a causa de que el aroma de su combustión es idéntico al sabor de la dulce leche.
Seguidamente no perdamos de vista que la palabra “incienso”, se era pronunciada en hebreo como “lebonah”, en griego como “libanos”, en árabe como “luban”, y en latín como “olibanum”; siendo muy importante remarcar que todos estos precisos vocablos significan “leche”, demostrándose así y a su socaire, que el aspecto de la resina del incienso es “lechoso”.
Al seguir de lo que vamos estudiando, conozcamos de nuevas, que el étimo “incienso” en egipcio se escribía gráficamente con las consonantes de “s-nt-r”, las cuales aportan el significado de “lo que causa divinidad”. Y secuencialmente no dejemos de saber que la voz española “incienso”, procede del latino participio pasado “incensum”, el propio y correspondiente al verbo “incendere” cuyo significado expresa la acción de “incendiar a las cosas”. Y si conjuntamos ambos nuevos saberes nos es dado asimilar al concepto de “incienso” de por “esa propia substancia que derrama buenos olores mientras que se ve incendiada”.
Llegados aquí leamos el texto del Salmo 140 “Mi oración quiere tocarte a Ti como cuando Tu sagrado olor y tu presencia me acaricia mí con el humo del incienso”. Y tras interpretar al texto sagrado venimos a descubrir a las claras que toda vez que se quema al incienso en el recinto donde se celebra una misa, sus celestiales vapores aromáticos venidos de la tal quemazón, se dedican a convertir al templo, a su altar, a los libros sagrados, a las ofrendas del pan y del vino y a todas las personas allí presentes, en sagrados objetos divinos.
7. LA IGLESIA ASAMBLEA SANTA
A fin de comenzar este atendimiento, andemos a leer a este párrafo de la Biblia. Éxodo 19-6. “Yo y desde ahora y para siempre vengo a convertiros en un pueblo santo y a tornaros en una nación consagrada a mí.” Y percibamos que a Dios le place santificar a muchas de sus creaturas, consagrando a la sazón para sí a una nación. Contemplado lo dicho veamos, que el vocablo prerromano “sak”{6} menciona a cualquier “humano que es gustado por los dioses”, y reparemos también que el tal radical evolucionó; primero produciendo en latín al étimo “sanctus”{7}; y después creando a la palabra española de “santo”; cosa que nos permite considerar a la noción de “santo” como esa “persona que cae en gracia a los ojos de Dios”.
Posteriormente meditemos este otro texto del Profeta: Isaías 61-6. “Vosotros seréis sacerdotes del Señor; ministros de nuestro Dios”. Y a su albur descubramos que la elocución indoeuropea “çe” alude a la actividad de “cumplir a una sublime tarea con el aprecio de los dioses”, y es más percatémonos de que esta jerga primaria progresó en su habla; produciendo primeramente la expresión latina “sacer y sacerdos”y luego a los vocablos españoles “sagrado y sacerdote”. Visto lo cual nos es dado inducir que la palabra “sacerdote” venga a denotar a “aquella persona que realiza con eficacia ciertas tareas que intermedian con Dios.” Siguiendo con estos lances nos cabe advertir ahora que la elocución “Iglesia” viene de la dicción latina “Ecclesia”, la que a su vez viene de la voz griega, “Eκκλησία o Ekklesía”. Y en este sentido sepamos que en Atenas, la “Ekklesía” era la asamblea de los ciudadanos que se reunían en el Ágora para discutir asuntos políticos. No obstante evidenciemos también que San Pablo se valió de esta palabra helenística para referirse a cada congregación local de cristianos, los que se reunían semanalmente en la celebración de la misa.
Tras haber recorrido a estos pasos; hagámonos cargo de que el primer Pentecostés histórico, el acontecido sobre la Virgen y los apóstoles vino a fundar a la primera Iglesia. Y en consecuencia cabe ver a las claras, que el Espíritu Santo se atornilló a todos los protagonistas de este bendito episodio; no solo porque todos ellos se comprendieran a sí mismos como santísimas personas acariciadas por Dios; sino también porque se vieron dotados de unas fortísimas fuerzas sacerdotales, las que les permitirían intermediar a Dios y hablar cualquier lengua y sintonizar con toda clase de gentes paisanas y extranjeras; y además porque se vieron muy capaces de insertar a todo el género humano, en una Nación Santa y Pueblo sacerdotal constituido como Iglesia universal.
Llegados aquí, estamos listos para entender, que siempre que acudimos a una eucaristía y debido al mero aporte de nuestra sola presencia; logramos a su respecto incrustarnos y llevar a efecto a nuestra Santa Nación Sacerdotal.
8. LA CRUZ Y LA ROSA
“Dulce hayeno árbol, leño insigne, de cuyas ramas la armonía del mundo, pendió inerme, clavada a tus cruzados maderos. Y tú rosa suave y flamorosa que te viniste a comprimir estrecha y doliente para exhalar tu puro aroma bien oliente en el morir del crucificado.” Traemos aquí a colación a este antiguo poema anónimo, llamado el dialogo del “madero y la rosa”, a fin de ilustrar que en todos los templos católicos, tanto luce la efigie de la Cruz como que resplandece la figura de alguna rosa.
Visto lo dicho no perdamos de vista que la silueta de la cruz conforma a una figura geométrica que consiste en dos líneas o barras que se entrecruzan por sus mitades en forma de ángulo recto. Y a su vez descubramos que entre nuestros antecesores primitivos, toda imagen de una cruz, aludía alegóricamente al entrecruzamiento de los cuatro caminos que se dirigían a las respectivas esquinas de la tierra. Y abundando en lo ya indicado percatémonos de que estas gentes arcaicas venían a concebir figurativamente al punto de cruce de esas cuatro sendas metafóricas; no sólo como al centro físico del mundo, sino también como el preciso lugar que hace nacer a todo espacio direccional; y además y por lo más hondo como al símbolo de la creación y del origen de la vida.
Y dando un paso más en nuestras indagaciones avisémonos de que cualquier efigie o imagen de la cruz no deja de decirnos a las claras, tras ser contemplada; que hace mucho tiempo y cuando aconteció que el cuerpo redentor de cristo fue clavado allí en unos ciertos maderos cruzados; al entonces vino a ocurrir ontológicamente, que su pura carnalidad sagrada centró a todas las fuerzas de la creación del mundo, y las lanzó a renovar santamente al universo previamente mancillado.
Puestos a puntualizar más a las cosas ya referidas, atrevámonos a cavilar ahora y al igual que nuestros ancestros prehistóricos, el que todos los caminos que existen y que se hallan enclavados en el espacio espiritual biográfico que envuelve a todos los humanos bondadosos, terminan por culminar en el punto central del paradigma de la “cruz”. No dejemos de evidenciar ahora que todas esas sendas espinosas las recorridas por los luchadores contra el mal, viene a confluir y a culminarse en el centro de la cruz, en el cuerpo de Jesucristo, en ese lugar magnánimo donde les es dado reposar a los que llegan cansados y agobiados. Mat 11; 28-29
No paramos aún nuestras pesquisas, pues que ahora nos vemos avisados de que desde el principio del cristianismo, todos los fieles gustamos de signarnos y persignarnos; puesto que cada vez que dibujamos en nuestro cuerpo al trazo de la cruz, nos introducimos en las olorosas llagas del crucificado, las que huelen a rosas y nos sentimos descansados y nos vemos animados a seguir luchando contra las asechanzas del maligno.
9. EL QUE TENGA OÍDOS PARA OÍR QUE OIGA
Entregados ahora a iniciar con vigilia a este franco atendimiento, leamos a este precioso texto del Evangelio de Mateo. 13, 9-14. “Se acercaron los discípulos y le preguntaron: ¿Por qué hablas en parábolas? Y Él les respondió: para que vosotros los sencillos podáis conocer los misterios del Reino de los Cielos. En cambio ved que a los sabiondos y jactanciosos les sucede lo que dice la profecía de Isaías: Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis”.
Y a su respecto avengámonos a comprender, que a cada mente humana salida de las manos de Dios, le es dado entender con mucha claridad y con mucha rapidez a un cierto suceso abstracto y profundo; toda vez que se vea informada del tal genérico evento, con explicaciones y esclarecimientos que lo comparen con un semejante acaecer usual y concreto. Dicho lo cual, descubramos que muchas veces la mera comunicación de una vulgar perogrullada, por medio de sentencias abstrusas y dictámenes genéricos, evitando poner ejemplos parabólicos y soslayando el aportar comparaciones alegóricas; acaba por resultar comprensible y asimilable sólo a unas pocas gentes petulantes y eruditas; y por tanto venimos a advertir que la tal evidencia comunicada de forma vanidosa, pese a ser notificada a los cuatro vientos, queda oculta y no puede ser aprendida ni captada por el resto de los mortales.
No perdamos de vista ahora, que los mensajes de Cristo; no sólo nos encandilan por ser enunciados y presentados alegórica y parabólicamente; sino que también nos dejan encantados, pues que sólo hablan de las cotidianas vivencias que vivimos los humanos. Y abundando en lo dicho notemos a su respecto que las palabras de nuestro señor Jesucristo muchas veces versan sobre los pequeños pasos existenciales que nos acontecen en nuestro propio vivir biográfico, y se dan a mencionar a las vivencias de los quehaceres laborales de la agricultura del trigo o a la rentabilización de los denarios, y también a las relaciones familiares de los padres y los hijos, y más cosas llanas.
Puestos a seguir por estos peldaños indagatorios, miremos a nuestro comportamiento habitual y reparemos en que muy pocas veces ponemos nuestra atención en el sacar adelante a nuestras vivacidades y vivencias y es más comprobemos también que casi nunca nos entregamos a atender y entender ¿Qué objeto ajeno las engendró y cual cosa nos las causó? Y en este sentido avisémonos de que en la Misa, la declamación de sus textos ordinarios y el recitado de las palabras de Jesucristo, y las prédicas de los presbíteros, y las plegarias que rezamos los asistentes; todas ellas; no sólo nos consuelan diciéndonos palabras fáciles que sintonizan con nuestras vivencias dolorosas y aliviosas y todas ellas nos desvelan con alocuciones alegóricas muy cómodas de comprender “cómo podemos armonizarnos con las precisas cosas del mundo que nos han venido a afectar”.
10. LAS CANDELAS QUE LUCEN EN LAS VELAS Y LOS CIRIOS
Digamos de entrada que nuestros antepasados griegos y romanos creían que mientras que la quemazón de una menuda flama centelleante, perdurase encendida al borde de una especial vela; entonces ocurriría que un cierto ídolo protector se instalaría en el tal habitáculo, el cual se entregaría a propiciar y a preservar al subsistir de su comunidad apadrinada. Amparados en este místico acato grecorromano nos es dado descubrir ahora, que toda vela encendida, viene a decir alegóricamente que la luz de su candela se da a despachar puras vivacidades dedicadas a resucitar al vivir físico y espiritual de los humanos.
No olvidemos ahora, que las velas son unos precisos cilindros de cera que contienen en su centro a una mecha o pábilo, el cual se enciende a fin de emitir luz y librarnos de las oscuridades opacas. Y es más reconozcamos que se prefiere que todas las bujías que se encienden en el templo, tanto las que lucen en el altar mientras que se celebra una misa, como los otros ciriales y las demás candelas, se hallen compuestas de por la impoluta cera que elaboran las puras y castas abejas virginales.
A la vez no perdamos de vista que la palabra “vela”, procede del vocablo latino “vigil” el cual significa “guardián nocturno”{8} y en este sentido descubramos que en el oficio de Tinieblas del Sábado Santo se bendice a un inmenso velón y se enciende al grandísimo cirio pascual; al objeto de explicar a los participantes que a partir de ese momento el continuo brillo de la Luz de Cristo Resucitado les va a guardar y a defender de las asechanzas del maligno.
Y ulteriormente consumamos estas palabras, las que desde el Libro del Éxodo 27; 20-21 dicen que “Dirás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de oliva para el candelero, a fin de alimentar constantemente a sus lámparas pues que no han de apagarse”. Y a su socaire evidenciemos que siempre y en todo momento en que el sagrario se encuentre ocupado por la humana realidad material de Cristo comprimida en un Copón; entonces a su vera y apostada en una pequeña lámpara cercana, siempre vendremos a ver lucir flamorosamente, a una vela que no se apaga, la cual se halla compuesta y contenida de por una mezcla de esencias de oliva que se enlazan a una sólida y pura cera incorruptible.
11. EL ALTAR ES EL DOLMEN DE LOS MARTIRES
Estemos al corriente de que la palabra Dolmen, es un vocablo bretón que quiere decir “Mesa de piedra”, sepamos también que a lo bajo de esos gigantescos tableros pétreos se solía enterrar en los tiempos neolíticos a ciertos jefes totémicos. Y además conozcamos que con frecuencia en estos tales enterramientos arcaicos, a la persona fallecida se la encuentra delicadamente depositada en posición fetal, mientras que a la vez se la ve acompañada de los restos de su animal totémico.
Dedicados ahora a aclarar a estos datos oscuros, echemos de ver que el totemismo es una convicción misteriosa asumida por un grupo humano, la cual, les hace creer a todos sus miembros, que son venidos al mundo a partir de que un singular animal, el cual empleó hubo engendrado a una progenie tribal de seres humanos, empleando al efecto a todas sus artes celestiales. Mismamente reconozcamos que todas las personas de una cualquiera tribu totémica se sentían ligadas entre sí por ser descendientes de un arcano animal. Y de por otro lado advirtamos que todos los miembros de cualquier clan, creían que al después de morir despertaría cada uno a una nueva vida, inserta en el placentero universo ultramundano regido por su animal totémico.
Continuando con lo que vamos descubriendo y tornando al hecho de que los jefes de las primitivas hordas totémicas eran enterrados en los dólmenes; conozcamos a su sazón que todas las personas pertenecientes a un peculiar linaje totémico estaban fielmente convencidos de que la inmolación de un preciso animal semejante a su propio tótem emblemático al encima de un pétreo tablero dolménico, éste se reviviría en su tal paraíso mágico y le serviría de grato alimento, no sólo al inicial y primigenio tótem divino; sino también al ser extramundano de cualquier individuo fallecido perteneciente a ese peculiar grupo clánico y por supuesto al cuerpo ultratúmbico de su propio jefe. Notemos que estos humanos totémicos estaban muy persuadidos de que tras este tipo de sacrificios, todos sus antepasados y en justa reciprocidad se entregarían desde el más allá a prosperar al perdurar mundano de su casta.
No dejemos de incidir todavía en este asunto; y aprestémonos a considerar que debajo del ara marmórea de los altares católicos, se hallan durmiendo y muy dignamente enterrados, los restos relicariosos de muchos valiosos mártires del cristianismo, nuestros primeros antecesores, los cuales, y gratuita y generosamente desde el cielo procuran propiciarnos gracias salvadoras.
Y por último comprobemos con asombro, que sobre el plano alabastrino y enmantelado de todos los altares católicos, se viene a sacrificar incruenta y eucarísticamente a Jesucristo, nuestro emblemático y semejante hermano divino, el cual y en nuestro nombre se deja ofrendar; a fin de dar gloria a Si mismo y al Padre y al Espíritu Santo, en fin a la Trinidad un solo Dios.
12. LAS POSTURAS CEREMONIALES
Quiera Dios que pueda explicar con claridad que el emposturarse es el hablar legítimo que hace nuestro cuerpo, es el expresar aliviosamente a nuestros pensamientos e intenciones y es el articular balsámicamente a nuestros sentimientos y palabras por medio de la estricta elaboración de puros gestos carnales. Así pues y en lo referente a las posturas que establecemos en la misa, tanto en lo referido al presbítero oficiante, como a los feligreses que participan, nos es dado entender; que no solo estamos conversando con Dios Nuestro Señor, merced al pregonado de nuestras palabras o al entonado de nuestros cánticos; sino que también venimos a comunicarnos con Él empleando a ciertos gestos mímicos manejadas por nuestro cuerpo.
En este sentido venimos a percatarnos de que toda vez que nos demos a recitar plegarias respetuosas que dignifican a nuestro Dios; al entonces nuestro cuerpo no puede por menos que ponerse en pie, pues que con ese tal gesto nuestras carnes quieren unirse a la suprema gloria del Eterno y además buscan comprobar agradecidamente y con gusto a las vitalidades habituales que les regala de continuo su creador. Nadie olvide ahora al salmo 71-21, el que dice “Volverás a ponerme de pie y sostendré de nuevo tus alivios.”
De seguido nos damos cuenta de otra parte, que a la hora de escuchar y meditar a ciertas prédicas del presbítero o a la palabra de Dios, a su albur nuestro cuerpo se asienta y se reposa ya que con esa gestualidad dispone a todas sus potencias atencionales a surtirse de buenos pensamientos mensajeros. No dejemos de lado ahora el recordar al salmo 77-6 cuando declama “De noche mientras que me halle asentado en mi lecho, me acordaré de mi canción; y en mi corazón meditaré en las obras de mi Señor.”
Finalmente y asimismo caigamos en la cuenta de que siempre que estemos contemplando con inmenso asombro a la presencia fascinante de Dios, en esos tales misteriosos momentos acontece que nuestro cuerpo tenuemente aterrado dobla las rodillas y cae al suelo; porque siente a la grave mirada del Señor como si fuera un peso incomportable que se carga a sus espaldas; y aludiendo al tal evento veamos lo que dice San Pablo en su carta a los filipenses 2-10 “Pues que ante la imponente presencia de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra.”
13. LAS SANTAS MUJERES
Comencemos contemplando a este sagrado texto de Mateo 27-55 “Allí se hallaban las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María —la madre de Santiago y de José— y la madre de los hijos de Zebedeo.” Leído lo cual advirtamos que a menudo y estando situados en el interior de un Templo nos es dado ver trajinar por sus penumbrosos espacios a ciertas santas mujeres; unas dedicadas a solventar las necesidades del altar y de las luces veleras y de los ropajes presbiterales y etc; otras consagradas a rezar y a venerar con beatitud a nuestro Señor Jesucristo sacramentado, toda vez que se da a morar en el sagrario, o en la custodia; y en fin otras muchas más que muy alegremente entregadas a prestar diversos servicios a los feligreses de su parroquia, tales como el rezo del rosario y otras ceremonias piadosas, o bien la llevanza de caridades y además cualquiera otra misericordia beneficiosa.
Seguidamente se nos hace necesario citar de nuevo a San Juan 19-25 “Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.” Y tras entremeternos en su urdimbre mensajera, acabamos por descubrir que nuestras santas mujeres parroquiales, al igual que aquellas benditas que acompañaron al Cristo en la cruz son las únicas personas que no pierden la fe y que no se desaniman; no solo cuando ven que los deleites del mundo raptan y excluyen de la parroquia a sus jóvenes feligreses; sino también cuando comprueban cómo muchos matrimonios aledaños se derrotan, se cortan y se seccionan; y además cuando evidencian que las apreturas del vivir económico, ocasionan que muchas personas cristianas o no, cometan terribles atrocidades contra sus prójimos.
Y culminamos este ensayo trayendo a capítulo a estos versículos de San Juan 20-1:16 “El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro y (a Jesús resucitado) … Jesús le dijo: «María». Ella la Magdalena se dio la vuelta y le dijo: «Raboní», que quiere decir «Mi Maestro»” Y nos atrevemos a aludir a estas frases, a fin de explicar cómo nuestras santas mujeres parroquiales, debido a sus sacros servicios aparentemente triviales han llegado a oír a Cristo resucitado. El cual las ha llamado a cada una por su preciso y específico nombre, del mismo modoque así Él avisó a María la de Magdala.
Y queriendo culminar con mucho cariño a lo explicado, sepamos que desde aquel verdadero momento de contacto con Nuestro Señor, a partir de entonces, ellas, nuestras santas mujeres, se hallan luminosas y venerables porque los previos penosos pasos que van dando con sus caridades cada día, las van llenando de puro contento suave y silencioso.
14. LAS ALEGORÍAS Y LAS METÁFORAS PIADOSAS
Sabedores de que en la Misa, todas sus sentencias y sus plegarias se hallan compiladas y declamadas con palabras fáciles y con alocuciones figurativas muy cómodas de comprender; a su respecto andemos a desvelarnos a las claras a los conceptos de “alegoría” y de “metáfora”.
Y puestos a entrar en materia leamos a este texto del buen Juan de la Cruz “¡Oh llama de amor viva que tiernamente hieres de mi alma en el más profundo centro!”.{9} Y advirtamos con facilidad, que esa flameante “llama”, la entonada en el poema por el santo místico, viene a ser un “símbolo alegórico”, hartamente explicador de su “vivencia” del amor a Dios.
Visto lo cual; de un lado percibamos que la palabra “alegoría” procede del verbo griego “αλληγορώ” o “al-legoró”, el cual significa «hablar figuradamente»;{10} y de otro lado advirtamos que las gentes que se explican con encanto, se suelen aprovechar de una figura literaria a la cual llamamos “alegoría”, a la hora de expresar cómo se ve afectada una persona por causa del roce impactante de un cualquier objeto externo.
En este sentido nos cabe inducir que una “alegoría piadosa” resulta ser una expresión figurada que da cuenta de “cómo cualquiera de nosotros se ve afectado por Dios o por María o por los ángeles o por los Santos”.
Y abundando más en lo que vamos descubriendo, nos cabe explicar que cada “alegoría piadosa” que enunciamos los humanos, suele ayudarse de “metáforas” y comparaciones audaces; al objeto de expresar con una estancada imagen, al inquieto acontecer movedizo, del verse afectado por Dios y sus Santas Creaturas.
No perdamos de vista a la filósofa malagueña María Zambrano la cual dijo que “la metáfora es una definición que roza con lo inefable, única forma en que ciertas realidades pueden hacerse visibles a los torpes ojos humanos.”{11} Y ojeada esta dicción, percatémonos de que toda “metáfora piadosa” es un “íntimo balbucido, relleno de comparaciones impertinentes e inefables, el cual se entrega a explicar, cómo nos vemos afectados por Dios y por María y por los Ángeles y los Santos”.
Y ahora y a nuestro seguir vayamos y estudiemos de nuevo a estas otras frasecillas de Santa Teresa de Jesús: “Mi Dios que es como fuego del brasero encendido, lanzaba con chispas y saltos a alguna centella que daba en mi alma; de manera que muy grato se dejaba sentir aquel encendido calor, y no tan alto como para quemar mi espíritu, y es que Él es tan deleitoso”.{12} Y en lo tocante a ello evidenciemos palmariamente que la santa de Ávila balbuce con esta soberbia metáfora; cómo se ve afectada por Nuestro Señor el Eterno.
15. EL AMBÓN ES EL SOPORTE DE LA VOZ DE DIOS
Digamos que el ambón es el lugar señero del templo desde donde se proclama la lectura de la Biblia en la Misa. Expresamente viene a presentarse a modo de atril, o de podio o de púlpito. No obstante notemos que en algunas iglesias, existen dos ambones, uno es el situado en la derecha de la escena eucarística, mirando hacia el altar, el cual queda dispuesto a la sazón para las lecturas epistolares, y para el declamado de todos los pasajes del antiguo testamento y para el entonado de los salmos responsoriales. El otro pedestal se suele ubicar en la izquierda del estrado, y se es usado específicamente para el recitado del Evangelio.
Continuando con lo que vamos asimilando, aprestémonos a entender que Dios Padre y Dios Hijo al presente están vivos pero situados fuera del tiempo y del espacio, y por tanto que funcionan y se mueven asimismo muy ajenos a toda cosa material. Subsiguientemente démonos cuenta también que las texturas corporales y las inteligencias mentales de los hombres son cosas puramente materiales, las cuales se hallan rabiosamente anudadas al tiempo y el espacio. Por lo tanto y en consecuencia nos cabe ver con claridad ahora, que Cristo tras ascender a los cielos nos envió al Paráclito, al objeto de que las divinas caricias venidas de la inmaterialidad de Dios Padre y de la intangibilidad de Dios Hijo acabaran por llegar a tocarnos, por mano de sus egregias y palpables y santísimas actuaciones.
Puestos a ahondar más en el hecho de que los inmateriales amores de Dios se nos advienen a nuestros sentidos tangibles, a través de las afectaciones palpables del Espíritu Santo; en base a ello nos es dado comprender, que todos los autores de las escrituras Bíblicas recibieron una precisa inspiración del propio Espíritu Santo a fin de expresar con decoro a las cariñosas revelaciones que Dios quiere otorgar a sus criaturas humanas.
Enterados ahora de que las lecturas de los textos bíblicos resultan ser Amorosos Abrazos Divinos propiciados por el Espíritu Santo; a su socaire estamos listos para entender a las claras que el Ambón es ese preciso objeto sagrado que carga con las voces palpables de Dios.
16. REZOS, PLEGARIAS Y ORACIONES
Sepamos, que el vocablo prerromano “kei” menciona a la noción del “grito que pone en movimiento a las cosas”, y de seguido echemos de ver que esta raíz primigenia evolucionó; de un lado al latín produciendo los verbos “ciare” junto con “reciare”; y de otro lado al español ocasionando a la palabra “rezar”. Igualmente conozcamos, que la elocución indoeuropea “vor” alude a cualquier “voz entonada por nuestras bocas, la cual da cuenta de nuestras noticias y sucesos”, y a continuación estemos al tanto de que este primitivo étimo progresó etimológicamente; produciendo primeramente la expresión latina “orare” y luego al verbo español “orar”. Del mismo modo veamos que el término “prek” el perteneciente al habla previa a todos los idiomas europeos, se refiere al “ruego lastimoso que toda persona desdichada solicita a quien pueda ayudarla” y a su respecto no dejemos de advertir que ésta dicción arcaica prosperó lingüísticamente, dando origen a la palabra latina “precare” y luego al nombre español de “plegaria”.
Vistas estas cosas estamos listos para entender que toda conversación que mantenemos los hombres con Dios; no solo se entrega oratoriamente a informarle sobre los pasos de nuestro vivir biográfico; sino que también busca abrazarlo y moverlo a gozar y conmoverlo adoradoramente; y además que se dedica deprecatoriamente a solicitarle auxilios y mercedes.
Dichas estas cosas, percibamos que todos los hombres nos soliloquiamos a nosotros mismos, elaborando en las entrañas de nuestras gargantas unos muy minúsculos movimientos subglóticos, los cuales alumbran a nuestras cavilaciones. Y a favor de lo dicho sepamos que en 1912, un renombrado psicólogo llamado Watson en unas conferencias dictadas en la Columbia University, demostró que todos nuestros pensamientos se reflejan en unos pequeños movimientos ejecutados, por los músculos de nuestras gargantas y de nuestras laringes.{13} Y puestos a puntualizar más esta demostración, andemos a llevar ahora el dedo índice a nuestro cuello, y toquémoslo mientras leemos estas palabras, y notemos a su sazón unos pequeños latidos que se corresponden con el texto que estamos mirando.
Vistas estas cosas advirtamos, que en la misa y a la hora de ponernos a conversar con Dios, solo nos hace falta atender y dirigir hacia Él a todas nuestras palabras intrapsíquicas las que inevitablemente siempre fluyen por nuestras gargantas; y solo nos hace falta querer regalárselas porque con ello, tanto le entregamos a Nuestro Señor noticias de nuestro vivir, como que lo conmovemos con nuestras sinceridades, y a más que le pedimos dádivas.
17. EL ATRIL Y EL ORDEN DE LA MISA
Veamos que el sustantivo instrumental “lectorile” se usaba en el bajo latín de la edad media, a la hora de significar y nombrar a un cierto “mueble lectorio”, el cual servía para sostener a los libros que se eran recitados por un preciso leedor de cualquier libro escrito. Y de seguido echemos de ver que éste étimo circuló evolutivamente por todas las nuevas lenguas romances de Europa, bajo las formas de “ectoril” y “actril” y etc. Culminando de este modo y en el español con la castellana palabra “atril”.
Visto lo que es un “atril” percatémonos a su respecto, y de un lado que un “lector eclesiástico” es la persona que lee las escrituras sagradas en un oficio religioso; y de otro lado que en la Iglesia ortodoxa todo “lector” recibe este oficio de manos de su obispo en una ordenación menor, que lo incluye en el clero de su diócesis. No perdamos de vista asimismo que los lectores en las misas católicas suelen ser fieles del pueblo de Dios, hombres y mujeres, incluso niños y adolescentes que sirven a su Parroquia, recitando los salmos y las palabras de Dios las del antiguo Testamento y las de los nuevos escritos Apostólicos a excepción del Evangelio.
Continuando con lo que vamos asimilando, aprendamos que en la antigua Roma las hojas de los libros se confeccionaban a base de aplanar a las cortezas de ciertos árboles, láminas leñosas éstas, que se eran llamada “libri”, en su lengua itálica; de ahí que derivándose del latín a esa colección de planchas vegetales se la venga a llamar en español “libro”. Y en este sentido percibamos que el Misal romano es el libro litúrgico en cuyas hojas se contienen escritas todas las plegarias ceremoniales, y las oraciones y las rúbricas que se emplean en la celebración de la misa en el rito católico vaticano. El misal recuerda el libro judío llamado “Hagadá” que contiene el “Seder” o el ritual de “Peshaj” o de la pascua hebrea.
Así pues y abundando más en lo comentado caigamos en la cuenta de que el Misal romano; de una parte se compone del “Ordo Missae” o el Ordinario de la Misa, el cual compendia a todas las oraciones y los textos invariables de la Santa Misa del Rito Romano; y de otra parte contiene a los “Propios de la Misa”, los cuales escritos, reflejan himnos, cantos y salmodias que cambian durante las peculiares fechas del Año litúrgico o según que se celebren ciertas específicas fiestas.
Puestos aquí en estos postreros pasos cavilatorios, salgamos a contemplar a este sagrado texto del Apocalipsis 10-10 “Tomé el librito de la mano del ángel y lo devoré, y fue en mi boca dulce como la miel; pero, cuando lo comí, se me amargaron las entrañas”. Y advirtamos en su mensaje que cada vez que recitamos a un libro sagrado; venimos a gustar de muchas dulcísimas y deliciosas palabras inspiradas por Dios; cosa que no impide que esos mismos divinos vocablos ya recitados, acaben por amargar a nuestro espíritu piadoso, al tanto que se dan a combatir a nuestras inclinaciones insurrectas y diabólicas.
18. DEL SENTIR EN LA MISA AL DOLOR, AL ALIVIO Y AL ALMA
En una de sus conferencias, don Manuel García Morente dictó esta proclama. “El alma de cada sujeto hispano, siente tal aliviador anhelo de vincularse ardorosamente con Dios, que no puede ni siquiera esperar al término de su breve vida; por eso se llega a decir a sí mismo, que muere porque no muere.”{14} Y tras haber leído a lo discursado, nos es dado entender de manos de nuestro místico moderno, que cada vez que las cosas del mundo nos rozan, nos raspan y dañan muy dolorosamente a nuestros nervios; a su seguir siempre buscamos sentirnos etéreos e inmateriales y vinculados a Dios nuestro Señor, al objeto de sentirnos aliviados para siempre jamás.
Es incuestionable, que al después de que nuestra mente haya asimilado a un episodio biográfico mortecino; a la sazón se venga a decirse a sí misma, que más le vale morirse para volar a un cielo donde nadie muere. Igualmente estamos en disposición de comprender, que cada vez que nuestra subjetividad pensante se da a asumir a un incidente vital atacante, viene a ayudarse de con los símbolos del “dolor”, del “alivio” y del “alma”; a fin de poder enterarse de ¿Quién está sufriendo, y de qué eventos sintientes nos están pasando?
Tratemos ahora con más profundidad a estas previas reflexiones, y advirtamos que la mayoría de nosotros, a la hora de dar un significado al concepto de “alivio”, acostumbramos a simbolizarlo alegóricamente como al respirar a una templada y suave brisa, dedicada a aquietar a las agitaciones de nuestro ánimo. De otro lado; no dejemos de admitir también, que muchas de las metáforas de la cultura occidental en lo tocante a la noción de “dolor” lo representan figurativamente, como un ardiente y áspero fuego que nos quema. Y en fin y a la postre avisémonos de que todos los humanos solemos conceptuar alegóricamente a nuestra “alma”, como un fino fluido aéreo lleno de energía tibia, el cual se consagra en todo momento a lograr que aleteemos vivos, y a que nos descubramos como protagonistas de nuestra biografía.
Allegados ahora a este párrafo conclusivo percatémonos a su socaire de que nuestra “alma” toda vez que se ve inmersa en el suceder de los benditos misterios dolorosos y aliviosos que acontecen en la encarnación sacrificial de Cristo en la Misa; siempre podrá comprobar con exactitud, que Dios Padre ha hecho que todas las sus creaturas del mundo bueno, puedan llegar a sentirse desafectadas y aliviadas de las afectaciones de las cosas, tras verse rozadas, atacadas y doloridas por aconteceres contrarios; pues que aunque murieran y quedasen pulverizadas, pasarían a verse cobijadas en el Divino Regazo del Eterno.
19. OBISPOS PRESBITEROS Y ACÓLITOS
Al respecto de estos nombres, hagámonos cargo de que las Falanges militares de Alejandro Magno, estaban constituidas por una precisa formación cuadrada rellena de muchos infantes guerreros provistos de largas picas, las cuales se dirigían hacia delante. Sepamos también que estas columnas combatientes venían a ser regidas por un experto estratega que iba montado a caballo, y que impartía sus órdenes a unos ciertos soldados veteranos instalados en las esquinas de estos cuadros. Los cuales y merced a que eran ayudados por ciertos milicianos subalternos colocados a los flancos del destacamento lograban conducir a las tropas hacia los lugares designados por el superior al mando.
Y dichas estas cosas nos cabe indicar que el estratega que se hallaba alzado sobre una caballería podía dirigir con acierto a toda una Falange porque le era dado observar y examinar a todo el campo de batalla. Así pues y en base a ello, descubramos que a esta persona se la denominaba “obispo” en griego “epíscopos” o “ἐπίσκοπος”, ya que ésta palabra helena significa “el que ve las cosas desde lo alto”. Asimismo conozcamos también en cada una de las aristas del batallón figuraban unos ejemplares soldados y maduros y experimentados, los cuales y en virtud de su mayor edad no solo resolvían con inmediatez lides belicosas imprevistas; sino que también se eran llamados “presbýteros” o “πρεσβιτερος”, pues que esta palabra griega significa “persona veterana y experta”. Y ulteriormente estemos al tanto de que la elocución griega “akolouthos” o “ἀκόλουθος”, la que cabe traducirse por “el que acompaña”, denotaba a los soldados “acólitos” que ayudaban a los “presbíteros”.
Continuando con lo que vamos examinando, desvelémonos al respecto, que las primitivas congregaciones de creyentes en Cristo o “ekklesías” o “ἐκκλησίαi”o “iglesias
