¡Haz bailar a tu cerebro! - Lucy Vincent - E-Book

¡Haz bailar a tu cerebro! E-Book

Lucy Vincent

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Bailar es una actividad que estimula nuestro cuerpo, pero también nuestro cerebro. A partir de los avances de la neurobiología en los últimos veinte años, la científica y divulgadora Lucy Vincent explica aquí cómo la coordinación de movimientos complejos al ritmo de la música estimula nuestras conexiones cerebrales, a la vez que preserva nuestra salud y fortalece nuestra autoestima –con anécdotas, curiosidades y pasos de baile incluidos. Estrés, agotamiento mental, trastornos del estado de ánimo, dificultades en las relaciones, sobrepeso... ¡Es difícil encontrar un problema que permanezca insensible a la práctica regular de la danza!

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Seitenzahl: 170

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Lucy Vincent

¡Haz bailar a tu cerebro!

Las neuronas encantadas

El cerebro y la música

Pierre Boulez, Jean-Pierre Changeux y Philippe Manoury

El capellán del diablo

Richard Dawkins

El gran calentamiento

Cómo influyó el cambio climático

en el apogeo y caída de las civilizaciones

Brian Fagan

La corriente de El Niño y el destino de las civilizaciones

Inundaciones, hambrunas y emperadores

Brian Fagan

Cromañón

De cómo la Edad de Hielo dio paso a los humanos modernos

Brian Fagan

La Pequeña Edad de Hielo

Cómo el clima afectó a lahistoria de Europa (1300-1850)

Brian Fagan

El largo verano

De la Era Glacial a nuestros días

Brian Fagan

El sentido de la existencia humana

Edward O. Wilson

Aprendiz cósmico

Informes desde las fronteras de la ciencia

Dorion Sagan

La termodinámica de la pizza

Ciencia y vida cotidiana

Harold J. Morowitz

Traducción del francés: Faites danser votre cerveau !, de Lucy Vincent

© Odile Jacob, 2018

© Traducción de Júlia Ibarz, Isabel Margelí y Christopher Domínguez

Corrección: Marta Beltrán Bahón

Diseño de cubierta: Vanina do Monte

Primera edición, octubre de 2020, Barcelona, España

Derechos reservados de esta edición.

© Editorial Gedisa, S.A.

Avda. Tibidabo, 12, 3º

08022 Barcelona (España)

Tel. 93 253 09 04

[email protected]

www.gedisa.com

Preimpresión: Moelmo, SCP

www.moelmo.com

eISBN: 978-84-18193-12-5

Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio de impresión, en forma idéntica, extractada o modificada, en castellano o en cualquier otro idioma.

«Nuestros sentimientos no nos engañan. Nada se halla en nuestro corazón que el mundo no haya metido en él. No hay nada que aflija nuestro entendimiento que no haya conmovido antes a nuestros sentidos».

Pierre Jean Georges Cabanis

(1757-1808) Médico y filósofo

Índice

Introducción

capítulo 1. ¡Bailar le sienta bien al cerebro!

El baile como función superior del cerebro

El movimiento crea el cerebro

El cerebelo o cómo el movimiento crea la inteligencia

El pensamiento virtual anclado en lo concreto

Actividad de mi cerebro con mis acciones físicas

Los pensamientos del cuerpo

El pensamiento y nuestras hormonas

Una actitud hormonal

Bailar para actuar sobre nuestro cerebro

capítulo 2.Bailar para seducir... pero también para trabajar mejor

Desde siempre, los seres humanos...

El baile como diálogo de la pareja

Bailar en la oficina

Bailar en la escuela

capítulo 3.¡Bailar es bueno para la salud!

¡Baila cuanto puedas para bailar por mucho tiempo!

Nuestro cuerpo se transforma cada día

¡Sentir el propio cuerpo es sentir el propio peso!

Por qué debes amar a tus músculos

Mi sistema inmunitario y yo

Prevenir y, a veces, curar: un equilibrio que preservar

Los sorprendentes efectos del baile en las enfermedades neurodegenerativas

El movimiento, utilizado tradicionalmente para curar

capítulo 4. Conocerse a uno mismo mediante el baile

El baile reanima el cuerpo

¡Un cuerpo delgado y musculoso es un cuerpo que habla!

Una multitud de mensajes internos

El múscu­lo es también una glándula endocrina

El sistema de recompensa del cerebro contribuye a la felicidad de habitar nuestro cuerpo

Esculpirse

La imagen de sí: un significado sináptico

Las actividades físicas alimentan la imagen que tenemos de nosotros mismos, aunque algunas más que otras

Las terapias físicas para la imagen de sí

Conclusión

Bibliografía

Agradecimientos

Introducción

«Todo ser humano lleva dentro de sí a un bailarín».

Rudolf Laban(1879-1958) Coreógrafo, teórico y pionero de la danza moderna

Apenas empecé a bailar hace algunos años... pero qué revelación: ¡una demostración increíble de la inteligencia del cuerpo! Como todos los adultos que se encuentran de nuevo en la posición de alumnos, pensaba que mis diplomas universitarios me otorgarían la capacidad de aprender fácilmente todas las figuras de baile en muy poco tiempo. Pensaba que yo sería capaz de bailar perfectamente al cabo de seis meses, o incluso menos. Evidentemente, no fue así. Y, a partir del momento que me tomé en serio este proceso de aprendizaje, empecé a constatar cambios fundamentales tanto en mi cuerpo como en mi cerebro. Empecé entonces a darme cuenta de una nueva posibilidad. Como neurobióloga, siempre había predicado a favor de la unidad cuerpo/cerebro; sin embargo, el ejercicio del baile evidenciaba que en el fondo yo era como todo el mundo: tenía convicciones dualistas profundamente arraigadas, creía en la superioridad del cerebro respecto del cuerpo. Así que decidí consagrarme en cuerpo y alma a entender ese conjunto que forman el cuerpo y el cerebro cuando nos ponemos a bailar. Al investigar la literatura científica al respecto, descubrí que se estaba llevando a cabo una revolución silenciosa en relación a la ciencia del movimiento. Una revolución cargada de consecuencias que me apeteció compartir con vosotros. De ahí este libro que tenéis entre manos.

Lo que sabemos hoy en día del funcionamiento del cuerpo/cerebro demuestra de manera definitiva la importancia del baile como actividad física. Gracias al baile, el cuerpo humano aprende, en realidad, a aprovechar al máximo su entorno (incluidos a los otros seres humanos que lo componen). El baile es una magnífica herramienta de exploración, de cuestionamiento, de comprensión, de inteligencia y de expresión. Cada paso de baile genera descubrimientos y nuevas relaciones insólitas en nuestro cerebro inconsciente gracias a mecanismos que desconocíamos hasta hace poco.

En la actualidad existen dos vías principales para investigar sobre los efectos del baile. Sin duda alguna, estos hallazgos cambiarán nuestra manera de vivir, de aprender, de interactuar y de sanar. Por ejemplo, saber que nuestros múscu­los secretan sustancias esenciales para nuestro cuerpo ya es un hallazgo fundamental. Este conocimiento sobre el papel hormonal de nuestros múscu­los tiene una repercusión inmediata —y más bien simpática, diría yo— que nos permite desterrar una creencia que todavía sigue viva en nuestro inconsciente y cuya pretensión es que no sirve para nada moverse si no sudamos profusamente y si no sufrimos de una manera terrible (es ese famoso eslogan: no pain no gain; es decir, sin sacrificio no hay beneficio). En realidad, y es algo que sabemos desde hace poco, cada una de nuestras contracciones musculares —incluso mínimas— causan un impacto sobre nuestro cuerpo; más que eso, no hay nada como una actividad muscular moderada pero regular, y que haga trabajar todo nuestro cuerpo pero sin dificultad y sin estrés. Nada nos impide imaginar que en un futuro cercano se recete tal o cual serie de movimientos para poner a trabajar unos u otros grupos de múscu­los para que se estimulen nuestro hígado, los riñones, el sistema digestivo, nuestro sistema inmune, nuestro cerebro, etc., al estilo de la reflexología podal china. Seremos capaces de explicar qué mensajeros químicos se liberan a través de qué tipo de múscu­los y dónde ejercen su acción, y será impensable que nos quedemos sentados durante horas, pues tendremos demasiados conocimientos sobre los déficits inducidos por la inmovilidad de citoquinas, hormonas, enzimas y neurotransmisores. Nos cuidaremos de esas carencias de la misma manera que hoy en día evitamos un déficit de oxígeno en el cerebro. Y el baile va a tener un papel protagonista en esas recetas de movimientos, puesto que es de una complejidad y una riqueza tales que no puede compararse, en mi opinión, con ningún otro ejercicio físico.

Otro de los ejes de la investigación actual —y además muy alentador— es el que han abierto las neurociencias y los estudios sobre el papel del cerebelo, del que sabemos que es quien se encarga de relacionar dentro de nuestro cerebro el pensamiento con las acciones y las posturas. Los conocimientos de los que disponemos hoy por hoy sobre este tema nos permiten no sólo comprender aquellas enfermedades a las que llamamos psicosomáticas, sino que nos permiten entender mejor el lenguaje corporal o las terapias a través del movimiento (dance movement therapy, yoga, pilates...). Todavía más, esos conocimientos incluso nos explican cómo utilizar nuestro cuerpo para mejorar nuestra forma de razonar o nuestra creatividad. Nadie duda de que, respaldados por este conocimiento, nuestros métodos de aprendizaje van a sufrir una transformación radical en los próximos años. De entre nosotros, sacarán gran provecho de este cambio los más pequeñines, los que ya no lo somos tanto y las personas de edad más avanzada... y el baile ocupará un lugar protagonista porque es, sin duda alguna, el mejor medio para que nuestro cerebro incorpore el má­ximo de información posible del mundo que nos rodea. Además, el cerebelo es esa encrucijada cerebral donde se unen los movimientos a los procesos cognitivos y también a los emocionales. Esta actividad del cerebelo nos proporciona la explicación para un fenómeno archiconocido: cuando bailamos nos ponemos inmediatamente de buen humor y esa transformación es casi milagrosa. Así que bailar permite que expresemos lo que llevamos dentro pero también que intervengamos sobre los humores que nos habitan y podamos, así, modificarlos. Actualmente, hay múltiples equipos de científicos que investigan los procesos que se esconden detrás de esta realidad, es decir, detrás de la liberación de endorfinas o de oxitocina, pero, sobre todo, detrás de la mecánica cerebral que relaciona postura, voluntad, contexto ambiental y estado emocional.

Durante estos últimos años me he dedicado a ir en busca de muchos profesores de baile por todo el mundo para recopilar conocimiento sobre sus métodos, sus vivencias, su filosofía del baile. Ellos son conscientes de cuánto tienen para ofrecerles a sus alumnos y también al mundo empresarial, puesto que, además de observarlas en sus discípulos, viven desde sí mismos las transformaciones que permite la práctica del baile. En un mundo fundamentalmente dualista como el nuestro, es difícil convencer de los poderes del baile, pero los datos científicos de que disponemos hoy en día son concretos y coincidentes: la inteligencia del cuerpo empieza a ganar títulos de nobleza. El antiguo proverbio mens sana in corpore sano se ha quedado pequeño y modesto en comparación con la realidad: ¡sin un corpore en movimiento, la mens no se desarrolla igual!

Todos los hallazgos que presento en este libro datan de hace, al menos, veinte años; y qué duda cabe de que necesitaremos todavía veinte años más para integrarlos a nuestra prácticas en la escuela, las guarderías, los centros deportivos y los centros sanitarios. Pero ya disponemos de resultados que nos muestran que cada uno de nosotros puede mejorar por sí solo su salud presente y futura, sus condiciones de trabajo, sus relaciones sociales, la confianza en sí mismo y su bienestar general. Desde hace decenas de miles de años, en todas las sociedades humanas, se ha practicado el baile: ahora empezamos a entender mejor por qué.

Este libro os proporcionará, por lo tanto, todas las informaciones de las que estamos absolutamente seguros en la actualidad; es cosa vuestra aprovecharlas y beneficiaros de ello en vuestra vida diaria. Ya veréis: bailar es convertirse en uno mismo.

CAPÍTULO 1

¡Bailar le sienta bien al cerebro!

«Quien no baila está fuera de la realidad».

Friedrich Nietzsche(1844-1900) Filósofo y filólogo

«No hay nada que sea tan necesario para los hombres como el baile. Sin el baile, el hombre no sabría hacer nada. Todas las desgracias de los hombres, sus peculiaridades funestas que llenan nuestra historia, los errores de los políticos y las deficiencias de los grandes capitanes, todo esto, nos ha ocurrido por no saber bailar».

Molière(1622-1673) Dramaturgo y actor

«Ve con cuidado con lo que bailas, porque lo que bailas es aquello en lo que te transformas».

Susan Buirge(1940-) Coreógrafa

Con frecuencia hablamos de las actividades deportivas como si éstas fueran intercambiables, pero éste no es el caso, ni mucho menos. Para hacer jogging o salir a correr, por ejemplo, se necesita un buen entrenamiento cardiovascular, pero a nadie se le ocurre preguntarse si va a olvidarse de los pasos necesarios. Lo mismo ocurre con el ciclista o el nadador, que pueden preocuparse por la estrategia de la carrera pero no por su expresión emocional. ¿Y el baile? Pues bien, el baile se distingue de los demás ejercicios porque convoca todo tipo de aptitudes, de hecho, hay pocos deportes que reúnan tantas: equilibrio, esfuerzo muscular de todo el cuerpo, coordinación, expresividad, interacciones con el compañero, respeto del ritmo... Cuando pensamos sobre ello, no hay ni una sola de las funciones corporales o cerebrales que el baile no convoque. Y para rematar con una guinda esta pirueta... a diferencia de muchas otras actividades, bailamos siempre por placer y no porque nos digamos que «vamos a sufrir pero que es por nuestro bien». Sin llegar hasta aseverar que el baile sea el único deporte que valga la pena, digamos que conlleva muchas ventajas específicas, empezando por el esfuerzo cognitivo que exige. En este primer capítulo, vamos a ver con más detalle cómo el esfuerzo corporal actúa directamente sobre nuestras neuronas cuando bailamos.

El baile como función superior del cerebro

¿Resulta tan sorprendente? Si pensamos en ello, vemos que todo lo que conocemos del mundo ha llegado a nuestro cerebro por medio de nuestros sentidos: hemos escuchado explicaciones, observado patrones, hemos percibido diferencias de temperatura o de presión, hemos respirado olores, probado diferentes platos... Y luego —y sólo luego— nuestro cerebro ha puesto en orden todas estas informaciones clasificándolas y asociándolas de manera que pudiese aprender estrategias para asegurar nuestra supervivencia y nuestra reproducción. A lo largo de la vida nos llegan informaciones nuevas de esta manera y vamos ajustando la organización de nuestra red neuronal para que podamos incorporar los nuevos datos. En nuestros aprendizajes el cuerpo juega un papel primordial. Es él quien hace frente al mundo exterior, quien lo experimenta, y es de una sensibilidad y una agudeza extraordinaria en el procesamiento de todas estas informaciones.

Quizás estéis convencidos, como mucho, de que la inteligencia vinculada a nuestro cuerpo sigue siendo irrisoria si la comparamos con aquella que nos suministra la lectura de un libro o al atender a un curso de filosofía. No es así. En realidad, ninguna lectura ni ninguna lección pueden aprovecharse si no es gracias a un cerebro que haya sido preparado para ello. De esta preparación se encarga el cuerpo gracias a su sistema sensorial y se enriquece a medida que vivimos nuevas experiencias, haciendo a nuestro cerebro cada vez más apto para manejar conceptos complejos e imaginarios. Así que, ¿mens sana in corpore sano? Digamos mejor: ¡mens intelligens in corpore movens!

El movimiento crea el cerebro

Primer asunto que merece nuestra reflexión: sólo los seres vivos que se mueven están dotados de un sistema nervioso central. Si la evolución ha «inventado» el cerebro es, en primer lugar, para gestionar los movimientos del cuerpo y la coordinación de los órganos. Hay animales relativamente evolucionados como las medusas o el erizo de mar que ni siquiera tienen cerebro, puesto que su supervivencia se puede garantizar con una serie de simples reflejos. Fue, precisamente, al evolucionar hacia un cuerpo complejo cuando se impuso la existencia de un cerebro. Visto así, se entiende que saber utilizar mejor nuestro cuerpo permita optimizar el funcionamiento de nuestro cerebro.

En el ser humano, sabemos que el establecimiento del cerebro se realiza bajo la influencia de contracciones musculares espontáneas en el feto. Estos micromovimientos estimulan la implantación de las redes nerviosas que empiezan a activarse, enviando a su vez estímulos hacia los múscu­los, para ir perfeccionando progresivamente el control motor.

Las conexiones dentro del cerebro o entre el cerebro y el cuerpo están relacionadas con la actividad de los múscu­los que, desde su aparición, empiezan a realizar movimientos sin utilidad aparente pero que, en realidad, proporcionan los estímulos eléctricos que permiten organizar los sistemas sensoriomotores cerebrales. Las neuronas, desarrolladas de esta manera, estimulan a su vez los múscu­los que las han creado. Este ir y volver de estímulos y respuestas afianzan los circuitos que producen los movimientos característicos que se pueden ver en los fetos y en el recién nacido. El movimiento y el cerebro están tan estrechamente relacionados que hasta se pueden diagnosticar lesiones cerebrales observando simplemente los movimientos del recién nacido o su postura en reposo. En los niños que presentan una parálisis cerebral se han podido identificar de esta manera anomalías posturales, la ausencia absoluta de ciertos movimientos característicos del repertorio de los recién nacidos y la coordinación de movimientos insólitos (Ferrari, Prechtl et al., 1997).

El desarrollo de nuestro cerebro depende, por lo tanto, de numerosas experimentaciones que los niños llevan a cabo de la manera más natural si se les deja libres para moverse como quieran: lo prueban todo, se lo llevan todo a la boca, todo lo tocan... ¡Todas sus tonterías aparentes no son más que inteligencia en potencia! Son comportamientos que les permiten incorporar a su cerebro las características del mundo para orientarse, nutrirse, calentarse, protegerse y, más tarde, para reproducirse mejor. Por suerte no hay fecha límite para este proceso, y aunque nos encontramos menos abocados a metérnoslo todo en la boca a los 25 años, seguimos integrando nuevas experiencias que renuevan nuestras redes cerebrales a lo largo de toda nuestra vida... A condición de que sigamos experimentando físicamente nuestro entorno.

Ahora bien, ¿los efectos del movimiento en el cerebro se limitan a la construcción de los circuitos que se encargan de la motricidad? Esta cuestión está en el epicentro de un área de investigación que llamamos embodiement (in-corporación o encarnación) y que intenta comprender cómo las partes del cuerpo de fuera del cerebro contribuyen a los procesos cognitivos y a las emociones. Históricamente hablando, se empezó a reflexionar sobre el funcionamiento de los efectos del movimiento sobre el cerebro cuando nos dimos cuenta de que el ejercicio físico era un antidepresivo «natural». Como en esa época (los años setenta) se acababan de descubrir las endorfinas y su efecto euforizante, fue fácil demostrar que, efectivamente, el ejercicio libera muchas endorfinas. Entonces se encontró una explicación bien simple: el ejercicio se encarga de la liberación de endorfinas, que tienen un efecto euforizante y, por lo tanto, antidepresivo. Salvo que las endorfinas no nos proporcionaban la explicación concreta de este estado de mayor bienestar dado que estos neurotransmisores también se incrementan en el caso de dolor (para que sea soportable)... El hecho es que el descubrimiento de este efecto antidepresivo abrió el camino a numerosas investigaciones que profundizaban sobre los otros efectos del ejercicio físico.

La noción de ejercicio se entendió durante mucho tiempo, también por parte de los investigadores, como una actividad intensa que conllevaba un consumo importante de energía y cuya eficiencia se medía cuantitativamente (frecuencia cardíaca o volumen respiratorio), contabilizándose el esfuerzo en calorías quemadas. Vamos a ver que el interés de la actividad física para el cerebro no tiene sentido únicamente por los atracones de endorfinas que nos procura o por la mejor oxigenación que conlleva... ¡la verdad es que mover el cuerpo también nos vuelve más inteligentes!

El cerebelo o cómo el movimiento crea la inteligencia

Sabemos desde hace mucho tiempo que el cerebelo juega un papel esencial en la coordinación de movimientos. Sin duda alguna, juzgamos a priori como menos «noble» y menos digno de nuestro interés al cerebelo, que se ocupa de los movimientos, porque estamos obnubilados por el poderío de la corteza cerebral humana, reina del pensamiento. Pero en realidad la expansión del cerebelo humano en comparación con la de los demás primates ejercicio fsu existencia superv el cuerpo nos hace tambi/ofrece o por la mejor oxigenacifue fel ejercicio fsu existencia superves todavía más importante que la de la corteza cerebral. El número de células que contiene —¡69.000 millones!— supera de lejos la cantidad que encontramos en el resto del cerebro y, a fortiori, solamente en la corteza —16.000 millones— (Lent, Azevedo et al., 2002). En pocas palabras, se trata de un órgano un poco misterioso con funciones aún inexploradas, pero no por mucho tiempo...