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El autor nos dice que escribió esta obra con el deseo de presentar a un público no especializado algunos de los aspectos más interesantes del mecanismo de acción de las hormonas. El lector no requiere amplios conocimientos de biología para entenderlo, mas sí de los principios elementales de esta ciencia.
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Seitenzahl: 204
Veröffentlichungsjahr: 2012
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La Cienciapara Todos
En 1984 el Fondo de Cultura Económica concibió el proyecto editorial La Ciencia desde México con el propósito de divulgar el conocimiento científico en español a través de libros breves, con carácter introductorio y un lenguaje claro, accesible y ameno; el objetivo era despertar el interés en la ciencia en un público amplio y, en especial, entre los jóvenes.
Los primeros títulos aparecieron en 1986 y, si en un principio la colección se conformó por obras que daban a conocer los trabajos de investigación de los científicos mexicanos, diez años más tarde la convocatoria se amplió a todos los países hispanoamericanos y cambió su nombre por el de La Ciencia para Todos.
Con el desarrollo de la colección, el Fondo de Cultura Económica estableció dos certámenes: el concurso de lectoescritura “Leamos La Ciencia para Todos”, que busca promover la lectura de la colección y el surgimiento de vocaciones entre los estudiantes de educación media, y el Premio Internacional de Divulgación de la Ciencia Ruy Pérez Tamayo, cuyo propósito es incentivar la producción de textos de científicos, periodistas, divulgadores y escritores en general cuyos títulos puedan incorporarse al catálogo de la colección.
Hoy, La Ciencia para Todos y los dos concursos bienales se mantienen y aun buscan crecer, renovarse y actualizarse, con un objetivo aún más ambicioso: hacer de la ciencia parte fundamental de la cultura general de los pueblos hispanoamericanos.
Comité de selección de obras
Dr. Antonio Alonso Dr. Francisco Bolívar Zapata Dr. Javier Bracho Dr. Juan Luis Cifuentes Dra. Rosalinda Contreras Dra. Julieta Fierro Dr. Jorge Flores Valdés Dr. Juan Ramón de la Fuente Dr. Leopoldo García-Colín Scherer (†) Dr. Adolfo Guzmán Arenas Dr. Gonzalo Halffter Dr. Jaime Martuscelli Dra. Isaura Meza Dr. José Luis Morán López Dr. Héctor Nava Jaimes Dr. Manuel Peimbert Dr. José Antonio de la Peña Dr. Ruy Pérez Tamayo Dr. Julio Rubio Oca Dr. José Sarukhán Dr. Guillermo Soberón Dr. Elías Trabulse
La Ciencia para Todos / 28
Primera edición (La Ciencia desde México), 1987 Segunda edición, 1996 Tercera edición (La Ciencia para Todos), 1997 Cuarta edición, 2002 Quinta edición, 2016 Primera edición electrónica, 2016
La Ciencia para Todos es proyecto y propiedad del Fondo de Cultura Económica, al que pertenecen también sus derechos. Se publica con los auspicios de la Secretaría de Educación Pública y del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.
Diseño de portada: Laura Esponda Aguilar
D. R. © 1987, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 Ciudad de México
Comentarios:[email protected] Tel. (55) 5227-4672
Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio. Todos los contenidos que se incluyen tales como características tipográficas y de diagramación, textos, gráficos, logotipos, iconos, imágenes, etc., son propiedad exclusiva del Fondo de Cultura Económica y están protegidos por las leyes mexicanas e internacionales del copyright o derecho de autor.
ISBN 978-607-16-4164-9 (ePub)
Hecho en México - Made in Mexico
ÍNDICE
Prólogo a la nueva edición
I.Los mensajeros de las células
Necesidad de la comunicación celular
¿Todas las células se comunican?
Formas en las que opera la comunicación celular
¿Existe un tipo de mensajero para cada variedad de comunicación celular?
¿Cómo son los mensajeros?
II.Receptores: los oídos de las células
¿Qué es un receptor?
Selectividad y afinidad
Afinidad y actividad
¿Dónde interaccionan los mensajeros con los receptores?
¿Hay un receptor para cada hormona?
¿Puede una célula tener varios tipos de receptores para la misma hormona?
¿Varían el número y el tipo de receptores en las células en el curso de la vida?
¿Permanecen estáticos los receptores de membrana?: “veinte mil leguas de viaje celular”
Receptores internos (nucleares): “viaje al centro de la célula”
Tipos de receptores de membrana
III. Receptores nucleares
IV.Receptores canal
V.Receptores enzima
Receptores proteína cinasa (fosforiladores)
Receptores con actividad de proteína fosfatasa
Receptores con actividad de guanilil ciclasa y el sistema del óxido nítrico (NO)
Receptores que se asocian a otras actividades enzimáticas
VI.Receptores acoplados a proteínas G
El sistema de la adenilil ciclasa
Proteínas G
El sistema fosfoinosítidos-calcio
VII.Propagación intracelular y amplificación de la señal
VIII.Ejemplos de los mecanismos de acción de algunas hormonas y neurotransmisores
Adrenalina
Insulina
IX. Tolerancia, dependencia y transformación maligna
Tolerancia
Dependencia
Transformación maligna
Bibliografía
Agradecimientos
Glosario
Índice analítico
PRÓLOGO A LA NUEVA EDICIÓN
Este pequeño libro de divulgación tuvo su aparición en 1987 como resultado de una invitación del Fondo de Cultura Económica, al que reitero mi agradecimiento. Mencionaba en el prólogo de esa primera edición que, en la Antigüedad, un conocimiento permanecía sin modificarse por siglos, pero que en nuestro tiempo vivimos una verdadera revolución en el saber, lo que obliga a una revisión constante, particularmente en campos jóvenes, como el que aquí nos ocupa. En 1995 realicé una revisión amplia del texto y, ahora, creo que es necesario hacer otra, por los cambios que han ocurrido en el conocimiento biomédico.
He tenido la suerte de vivir una época de grandes cambios, pues en ella se han materializado muchos conceptos. Cuando nací, en 1952, no se conocía la naturaleza química del material que define la herencia biológica, el ADN; no sería sino hasta un año después, en 1953, cuando James Watson y Francis Crick publicaron su clásico trabajo, que abrió el campo de la genética molecular. En 1971, cuando inicié mi carrera de médico cirujano, las ideas sobre la comunicación celular eran rudimentarias. Ya se tenía claro el concepto de que existían “receptores” en las células que captaban a las hormonas y a los neurotransmisores para conducir los efectos celulares y sistémicos, pero dichos receptores aún estaban en el mundo platónico de las ideas, pues se desconocían totalmente su naturaleza química y sus estructuras. Con los notables avances de los últimos 25 años del siglo XX y de estas primeras décadas del XXI, hoy sabemos que los receptores son proteínas codificadas en nuestro genoma; sabemos en cuál de los cromosomas se encuentra la información de cada receptor, y hemos logrado aislarla, es decir, clonarla, y, además, podemos expresarla con relativa facilidad en células modelo e incluso en organismos completos. Más aún, los receptores se pueden modificar por técnicas de ingeniería genética, con el fin de definir la función de diferentes partes o “dominios” de su estructura. Se han encontrado mutaciones naturales de algunos de ellos y se han asociado con padecimientos, lo que permite la detección temprana y abre puertas a nuevos tratamientos. Algunos receptores se han cristalizado y se ha estudiado su estructura con detalle atómico. Sabemos en muchos casos qué tipos de receptores se expresan en los distintos tipos celulares y cómo se modifica la célula durante el desarrollo conforme la edad o el sexo del organismo, así como en la salud y en la enfermedad. Se han desarrollado técnicas que permiten acoplar estructuras a los receptores, como la proteína verde fluorescente, que permite ver “en vivo y a todo color” su ubicación subcelular y los cambios que se presentan en reposo y bajo distintos estímulos. El panorama actual es muy diferente.
El lector sagaz seguramente se dio cuenta de que usé la palabra algunos en la parte final del párrafo anterior. Sí, aún hay mucho por investigar y entender. A pesar de los avances, estamos muy lejos de llegar a la consolidación de esta área de estudio; es decir, a tener un conocimiento tal que nos permita explicar lo que conocemos de la fisiología celular y hacer predicciones con alta certeza. Las lagunas aún son muchas y su importancia biomédica es grande. No creo que lo que escribo ahora se mantenga vigente más de 10 o 15 años. Con seguridad será necesario actualizar este libro, o bien habrá que escribir otro.
Esta obra ha intentado e intenta ser un primer contacto con el tema en un nivel de divulgación; se trata solamente de una primera mirada a esta parte de la naturaleza, a este campo del conocimiento. Hace 25 años, lo que llamamos señalización o transducción de señales; es decir, el conocimiento de los mecanismos moleculares de la acción de las hormonas y los neurotransmisores, era algo poco común. Su importancia en las ciencias biomédicas ha hecho que hoy sea fundamental. Prácticamente no hay libro de texto, de nivel licenciatura o superior, en las áreas de bioquímica, fisiología y biología celular, farmacología, endocrinología y otras, que no cuente por lo menos con un capítulo al respecto. Incluso ya algunas obras de nivel medio superior incursionan en este campo. Los interesados en profundizar sus conocimientos deben consultarlas; se mencionan varias al final, en la bibliografía, incluidos algunos sitios electrónicos que recomiendo visitar, ya que ilustran a dónde se dirige este campo de estudio.
Aunque participo en un esfuerzo importante de muchos investigadores y educadores nacionales por poner en nuestro idioma obras de divulgación como ésta y textos en el nivel de licenciatura, es indiscutible que hay una penetración del inglés en nuestro idioma. En particular resulta difícil evitar las abreviaturas que se usan en forma internacional y que con frecuencia corresponden a términos en inglés. Tratar de cambiarlas complica innecesariamente la lectura y no resulta de ninguna utilidad para los lectores. A pesar del amor que le tengo a nuestra lengua, no puedo más que recomendar a los lectores, sobre todo pero no en forma exclusiva a los más jóvenes, el aprendizaje de la lengua inglesa, que aún es el vehículo de comunicación más usado en las áreas científicas.
Reitero mi agradecimiento al Fondo de Cultura Económica, a la Secretaría de Educación Pública y al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología por su apoyo para realizar esta publicación. Confío en que esta nueva edición será de interés y utilidad.
Ciudad de México, febrero de 2016
I. Los mensajeros de las células
NECESIDAD DE LA COMUNICACIÓN CELULAR
Los seres vivos tienen una enorme capacidad para ajustarse a las condiciones que les presenta el medio; esta característica se llama plasticidad, y es vital para las células y los organismos, ya que, de no existir, sus posibilidades de supervivencia serían muy escasas. De hecho, la extinción de una especie indica que se sobrepasó su capacidad de ajuste. Imagínese por un momento a una célula o a un organismo sencillo en un medio específico; ahora, lo colocamos en otro de composición diferente. ¿Qué sucederá? En primer lugar, el organismo deberá percatarse del cambio, y luego realizar los ajustes necesarios para continuar llevando a cabo sus funciones fundamentales. Ello implica que tiene la capacidad de “percibir”, “escuchar” o “sentir” los cambios que se producen, y de “responder” a ellos.
Si pensamos en organismos más complejos, como nosotros, por ejemplo, se verá que las células que nos forman se encuentran rodeadas por un medio (el líquido extracelular o medio interno), cuya composición varía, aunque dentro de límites relativamente estrechos. Estas células también están “escuchando” y “respondiendo” a dichos cambios. Ahora bien, si consideramos al individuo como un todo, resulta obvio que el conjunto de células que lo forman debe responder en una forma global, coordinada y armoniosa. Dado que estamos pensando en millones de células, dicha coordinación y armonía sólo puede lograrse mediante un amplísimo sistema de comunicación intercelular. Pongamos un ejemplo: imaginemos a un capitalino gozando de unas vacaciones en alguna de las hermosas playas de nuestro país. Nuestro capitalino está cómodamente recostado disfrutando el sol y las bellezas del lugar; de repente, observa que el oleaje aumenta y que va a ser cubierto por el mar. Es evidente que no permanecerá tranquilo, sino que de inmediato parecerá que los ojos se le salen de sus órbitas, la frecuencia y la fuerza de contracción de su corazón aumentarán, así como la amplitud de su respiración. Instantes después, hará todos los movimientos necesarios para poner “pies en polvorosa”, alejándose del peligro. Además, le ocurrirán muchísimos otros cambios, la mayoría totalmente imperceptibles para él, pero muy importantes para permitir la respuesta global de su organismo; por ejemplo, aumentará su tensión arterial, su sudoración, la concentración de combustibles (como los azúcares y las grasas) en su sangre, etc. Se diría que casi la totalidad de sus células se enteraron del acontecimiento y respondieron de manera coordinada. Pero ¿cómo se enteraron? A través de una enorme, rápida y compleja red de comunicación celular que se realiza y coordina principalmente a través de dos grandes sistemas: el sistema nervioso y el sistema hormonal o endocrino. Ambos operan en lo fundamental por medio de mensajes químicos.
¿TODAS LAS CÉLULAS SE COMUNICAN?
Cabe aclarar un aspecto importante. Podría pensarse que sólo los organismos complejos, pluricelulares, establecen comunicación, pero no es así. Muchos organismos sencillos, unicelulares, también lo hacen. Éste es el caso, por ejemplo, del moho Dictyostelium discoideum, que puede vivir, dependiendo de las condiciones que se le presenten, tanto en forma unicelular (amiboidea) como en estructuras multicelulares mucho más complejas (el moho propiamente dicho). En este ejemplo, las células libres detectan los cambios en el medio y, a su vez, secretan mensajeros que llegan a otras células y las estimulan, lo que ocasiona que se agreguen y se vayan diferenciando hasta componer las distintas estructuras del moho.
Decíamos anteriormente que en los organismos pluricelulares la comunicación se realiza y coordina por medio de dos sistemas: el nervioso y el endocrino u hormonal. En realidad la interrelación entre ambos es tan estrecha, que pueden considerarse como uno solo: el gran sistema neuroendocrino. Este sistema capta los cambios en el medio externo, ajusta el medio interno y permite la acción de cada célula de tal forma que la respuesta global se integre. Es éste, pues, el comunicador y coordinador por excelencia. Sin embargo, considerar que el sistema neuroendocrino es el único que interviene en la comunicación sería un grave error. En realidad hay comunicación celular entre todas las células y en todos los ámbitos, como se verá más adelante. Por ejemplo, cuando nos enfrentamos a una infección, hay una respuesta neuroendocrina global, pero además los muy diversos tipos de células de nuestro sistema inmune realizan una enorme labor para combatirla, y en esta lucha participa una intrincadísima red de comunicación celular.
FORMAS EN LAS QUE OPERA LA COMUNICACIÓN CELULAR
Analicemos ahora, brevemente, las seis principales formas en que opera la comunicación celular (ilustradas en la figura I.1).
1) En el caso de la comunicación endocrina u hormonal, las células de las glándulas de secreción interna (como la hipófisis, la tiroides, las suprarrenales, los islotes del páncreas, los ovarios y los testículos) vierten sus mensajeros, es decir, las hormonas, al torrente circulatorio. Una vez en la sangre, estas hormonas circulan por todo el organismo e interaccionan con algunas células que son “receptoras” para el mensajero correspondiente, las cuales se llaman “células blanco”. Lo anterior indica que el mensajero es selectivo; esto es, va dirigido únicamente a algunas células que pueden “escucharlo”. Como se verá con mayor detalle más adelante, la capacidad de “audición selectiva” de las células depende de la presencia de “oídos” moleculares a los que llamamos receptores. Ejemplifico este tipo de comunicación con la insulina. Esta hormona es producida y secretada a la circulación por las células beta de los islotes de Langerhans o islotes pancreáticos. En respuesta a un incremento en la concentración de glucosa en la sangre, los islotes secretan la hormona, la cual viaja en la circulación para activar células de muy distintos tipos y localizaciones. Entre ellas las células grasas, llamadas adipocitos, o las células epiteliales del hígado, los hepatocitos, para que capten glucosa y la metabolicen.
2) La neurotransmisión es una comunicación química en la cual participan las neuronas. Estas bellas células con sus largas prolongaciones se aproximan a las células con las que se comunican. La membrana externa de la neurona está “casi en contacto” con la membrana externa de la célula que recibe el mensaje (otra neurona o bien una célula muscular o de otro tipo). Este “casi contacto” está formado por una estructura especializada a la que llamamos sinapsis; en ella hay un espacio (el espacio sináptico) que separa a una célula de la otra. Para los fines de esta explicación consideremos que el flujo o sentido de la información es unidireccional y va de la neurona, o célula presináptica (que está antes de la sinapsis), a la célula receptora o postsináptica. En esta forma de comunicación, la célula presináptica vierte su mensaje (al cual llamaremos neurotransmisor) al espacio sináptico, y éste viaja e interacciona con la célula postsináptica, la cual lo recibe y responde. Un poco más adelante aclararé que, en realidad, en la sinapsis hay muchos más eventos de comunicación celular, pero vamos paso a paso. Pensemos en la comunicación entre dos neuronas a través de neurotransmisores como la adrenalina, la dopamina o la serotonina.
3) Existe una variedad de comunicación que es una mezcla de las dos anteriores: la llamada secreción neuroendocrina o neurosecreción. En este caso, células muy especializadas, formadas a partir de tejido nervioso, secretan su mensaje a la circulación. La neurohormona viaja en el torrente sanguíneo para interaccionar con células receptoras o “blanco”. Mencionemos un ejemplo: las células del hipotálamo secretan los llamados factores de liberación; éstos viajan por la circulación que comunica al hipotálamo con la hipófisis y estimulan a grupos definidos de células de la glándula, para que secreten algunas hormonas en forma selectiva.
4) Hay un tipo de comunicación celular que se produce entre células relativamente cercanas, sin que para ello exista una estructura especializada (como en el caso de la sinapsis): el mensajero es secretado al espacio extracelular. Recibe el nombre de comunicación paracrina y tiene un carácter fundamentalmente local. Pongamos un ejemplo: imagínese que ocurre la ruptura de un pequeño vaso sanguíneo; inmediatamente se produce la liberación de algunos compuestos (mensajeros) que ocasionan una agregación de plaquetas en el sitio de la ruptura. Las plaquetas, a su vez, secretan una serie de mensajeros que van a producir nuevos efectos, pues harán que otras plaquetas se agreguen, favoreciendo la formación de un coágulo, y además se estimulará la contracción de las células musculares del vaso sanguíneo. Todo ello es un organizado sistema de señales intercelulares tendientes a un fin específico: impedir la pérdida de sangre. Nótese que se ha hablado de comunicación entre varios tipos de células: las que cubren la superficie del vaso sanguíneo (endotelio), de las plaquetas y de las células musculares del mismo vaso. Hay muchas otras células que participan en este fenómeno y que para simplificar no se han mencionado. Es un proceso relativamente sencillo, local, pero involucra comunicación entre varios tipos de células mediante diversos mensajeros. Algunos de estos mensajeros son los llamados mensajeros locales o mediadores locales; se les ha dado también el nombre de autacoides (que proviene del griego αὐτός, autós “propio”, y ἄκος, akós, “remedio”), que pretende dar la idea de que son sustancias que se producen en el mismo organismo para su propia curación o alivio.
5)Comunicación yuxtacrina es el nombre que el investigador español Joan Massagué ha dado a aquella que existe entre células adyacentes, donde hay moléculas ancladas a la cara externa de la superficie de una célula y que hacen contacto con receptores localizados en la membrana de una célula contigua. Es interesante que, a diferencia de los otros sistemas, este factor esté anclado y por lo tanto no se difunde en el medio. Quizá el mejor ejemplo para ilustrar este tipo de comunicación es aquel que ejerce el factor de crecimiento y transformación alfa (TGF-alfa), uno de los activadores del receptor para el factor de crecimiento epidérmico (EGF) que, como su nombre indica, es un importante mensajero que regula el crecimiento y la diferenciación de muchas células.
6) Por último, existe la comunicación autocrina, en la que la célula se envía mensajes; es decir, establece una especie de monólogo. Esta variante podría parecer extraña, pero es muy importante y común en la naturaleza. Véanse los siguientes ejemplos:
a) Algunas células liberan factores de crecimiento y proliferación que actúan sobre ellas mismas, favoreciendo que se multipliquen como parte del recambio normal de los tejidos. También se ha obsevado que en algunos tipos de cáncer las células producen estos factores en forma continua, no controlada, lo cual favorece su propagación.
b) Se comentó, algunos párrafos arriba, que en la neurotransmisión la célula presináptica libera al mensajero para que actúe sobre la célula postsináptica; ahora bien, este mismo mensajero va a actuar sobre la célula presináptica (o sea aquella que lo liberó) para “avisarle” que hay neurotransmisor en el espacio sináptico y así evitar una nueva descarga de mensajero; esto implica la existencia de receptores en la membrana presináptica (obsérvese la figura I.1).
FIGURA I.1. Formas de comunicación por mensajeros químicos: A) comunicación endocrina, B) neurotransmisión, c) neurosecreción, D) comunicación paracrina, E) comunicación yuxtacrina y F) comunicación autocrina.
¿EXISTE UN TIPO DE MENSAJERO PARA CADA VARIEDAD DE COMUNICACIÓN CELULAR?
Las células son sumamente versátiles y eficientes, de modo que una misma sustancia puede participar en varias formas de comunicación. Analicemos, por ejemplo, el caso de la adrenalina (también llamada epinefrina). Esta sustancia es una hormona producida por la médula de la glándula suprarrenal (comunicación endocrina), pero también es un neurotransmisor que actúa sobre células postsinápticas (neurotransmisión) y sobre la misma célula presináptica que la liberó (comunicación autocrina).
Otro caso interesante es el del factor de crecimiento y transformación alfa al que ya me he referido en un párrafo anterior. Decíamos que este factor se encuentra anclado a la membrana de algunas células para realizar comunicación yuxtacrina con las células adyacentes; sin embargo, existen condiciones en las cuales la célula lo libera (por corte proteolítico), de modo que se difunde por el medio extracelular y así actúa sobre otras células cercanas (comunicación paracrina) o incluso lejanas (comunicación endocrina) (figura I.2). Se podría pensar que la célula ha usado una misma sustancia para realizar diferentes trabajos; de hecho así es, aunque esencialmente es uno solo: servir como vehículo de comunicación celular. Muchas células se asocian utilizando estructuras que acercan sus membranas y, además, permiten el paso de muchas sustancias de una a otra; son como “túneles” y se denominan uniones comunicantes.
FIGURA I.2. Transformación en la forma de comunicación del EGF(epidermal growth factor, “factor de crecimiento epidérmico”) por proteólisis (corte): yuxtacrina (célula a célula), autocrina (la misma célula envía el mensaje y lo recibe), paracrina (comunicación entre células cercanas de diferente estirpe) y endocrina (distante a través de la circulación).
Esto hace que al estimular a una célula, el mensaje se transmita por estas uniones o “túneles” a las que estén conectadas. En algunas neuronas existe una variante de sinapsis donde las células están prácticamente adosadas a través de uniones comunicantes; se denominan sinapsis eléctricas, ya que no hay mensajero intermedio, simplemente una propagación de los cambios en el potencial eléctrico de la membrana por difusión de los iones. Además, en los axones largos el impulso nervioso se puede transmitir en forma “saltatoria”, propiamente como impulso eléctrico, logrando una propagación muy rápida.
¿CÓMO SON LOS MENSAJEROS?
El proceso evolutivo ha permitido que percibamos estímulos externos, como la luz, los olores y los sabores en forma similar a como las neuronas “sienten” la adrenalina o la dopamina. Pareciera que la naturaleza, cuando logra que algo funcione, lo utiliza como modelo para hacer muchas cosas. Por ello, no sorprende que las sustancias que participan como mensajeros puedan tener una naturaleza química muy variada: incluye partículas tan sencillas como los fotones (la luz), algunos iones como el calcio, lípidos, derivados de aminoácidos, péptidos y proteínas, entre otros. Por el contrario, no deja de maravillarnos cómo, a partir de unas cuantas estructuras proteicas básicas que constituyeron a los receptores primitivos, se fueron generando por el proceso evolutivo (duplicación génica, especialización, presión selectiva) unos cuantos cientos de receptores, y que estos pocos cientos sean capaces de reconocer a una sustancia (o a un pequeño grupo de ellas) con una enorme selectividad y afinidad, y que, además, tengan tan diversas funciones. Pero dejemos a los receptores, que veremos más adelante, y regresemos a los mensajeros.
Muchos de los mensajeros conocidos fueron descubiertos entre 1890 y 1930 utilizando extractos de glándulas. Al mejorarse las técnicas bioquímicas pudieron ser purificados; esto ocurrió principalmente entre 1900 y 1960, determinándose más tarde su estructura química. Por ejemplo, hace poco más de 100 años, en 1895, dos investigadores británicos, G. Oliver y E. A. Sharpey-Schafer, descubrieron que un extracto crudo de la glándula suprarrenal era capaz de incrementar la tensión arterial. En 1899 Abel en los Estados Unidos y poco después Takamine en Inglaterra bautizaban al principio activo; es decir, a la sustancia purificada responsable del efecto, con los nombres de epinefrina y adrenalina; ya para 1901 su estructura química fue definida. Pero no todo esto es obra de un pasado relativamente remoto; no fue sino hasta 1931 que dos ginecólogos estadunidenses, Kurzrok y Lieb, descubrieron que el semen producía la contracción de tiras de útero. Años más tarde, en 1935, Euler y Goldblatt reportaron que esta actividad se observaba también en el líquido de la próstata (de allí el nombre de prostaglandinas que recibieron estos compuestos); su estructura fue elucidada hasta 1962. En estos inicios del siglo XXI las prostaglandinas y sus derivados continúan siendo un activísimo campo de estudio.
