Humanismo negro - Jürgen Paul Schwindt - E-Book

Humanismo negro E-Book

Jürgen Paul Schwindt

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Beschreibung

La interpelación a la filología es una exhortación no solo de una disciplina tradicional en torno a la reformulación de las premisas de la interpretación, sino una crítica corrosiva del humanismo. Para Jürgen Paul Schwindt, la filología deja al descubierto la «utopía negativa» de un humanismo después o antes de todo humanismo: un «humanismo negro». Negro porque, luego de haber descartado cualquier comprensión de lo humano que opere con imágenes preestablecidas, toda enunciación al respecto es hecha a partir del esquivo fundamento de rendimientos lingüísticos claves en un campo –la filología, la interpretación y, por sobre todo, la lectura– todavía por explorar. En contra de cualquier lectura categórica o edificante, los ensayos de Humanismo negro se enfocan en los efectos dislocadores que el leer puede aparejar, confrontándonos a nuestras ideas preconcebidas.

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Seitenzahl: 296

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Registro de la Propiedad Intelectual Nº 2021-A12012

ISBN: 978-956-6048-76-3

ISBN digital: 978-956-6048-77-0

Imagen de portada: Albrecht Dürer, Rhinogerus (1515). Grabado, 21,4 x 29,8 cm.

Diseño de portada: Paula Lobiano Barría

Corrección y diagramación: Antonio Leiva

Traducción: Niklas Bornhauser Neuber

© todos los derechos reservados. Frankfurter Allgemeine Zeitung GmbH, Frankfurt. Puesto a disposición por el archivo de la Frankfurter Allgemeine

De la traducción © ediciones / metales pesados

E mail: [email protected]

www.metalespesados.cl

Madrid 1998 - Santiago Centro

Teléfono: (56-2) 26328926

Santiago de Chile, marzo de 2022

Impreso por Andros Impresores

Diagramación digital: Paula Lobiano Barría

Índice

Jürgen Paul Schwindt: (Teoría de la) Filología

I. El amor por las palabras

A contraluz de la filología. Un diálogo con Jürgen Paul Schwindt

Filología (radical)

Filología desde abajo. La lectura atemática y el retour sur soi-même

Humanismo negro. ¿Necesitamos una nueva filología antigua?

II. Formas y movimientos del leer

Patologías del leer

La lectura atemática

En la permanente huida ante el trabajo del texto. De la dicha instantánea del leer que se ha vuelto escasa y de la crisis de la filología científica

III. Sobre el método epigramático y la crisis de la crisis

Hacer monumentos. La filología y el método epigramático

«Acrítica» [Unkritik] o el ideal de la crisis

Procedencia de los textos

Jürgen Paul Schwindt

(Teoría de la) Filología

La historia de este libro puede ser contada a partir de dos escenas previas: primero, la lectura de Was ist eine philologische Frage? (Suhrkamp, 2009) [¿Qué es una pregunta filológica?]; segundo, el encuentro en Heidelberg con su autor.

En cuanto al primero, quizá no esté de más reconstruir, al menos en parte, la nutrida genealogía de ese libro. Según narra el propio Jürgen Paul Schwindt en el prefacio, «Was ist eine philologische Frage?» es el título de un ciclo de conferencias [Vorlesungsreihe; literalmente: serie (o fila) de conferencias magistrales o lectures], realizado en los años 2002 y 2003 en el Seminar für Klasssische Philologie de la Universidad de Heidelberg. Entre los asistentes se encontraban Gottfried Boehm, Karl Heinz Bohrer, Hans-Martin Gauger, Hans Ulrich Gumbrecht, Werner Hamacher, Jochen Hörisch, Wolfgang Iser, Michael Jakob, Gert Mattenklott, Maria Moog-Grünewald y Manfred Riepe. Dicho ciclo, a su vez, impulsó la fundación del Coloquio filológico-filosófico «Literatura y conocimiento [Erkenntnis]» (2002), la creación del primer Nachwuchs­preis [premio al talento joven; literalmente: a la descendencia, la prole, las «nuevas generaciones»] alemán para la Grundlagenfor­schung [investigación básica, fundamental, de los fundamentos; en inglés: basic, fundamental, pure o blue skies research] por la editorial universitaria local (2004) y, por último, la vinculación institucional entre el seminario de filología clásica y el de filosofía (2006) de dicha universidad. Al año siguiente, es decir doscientos años después de su fundación, el seminario de filología clásica, rememorando el espíritu de su fundador, Friedrich Kreuzer –a saber, la reflexión desprejuiciada sobre el método filológico y filosófico, que no se detiene ante los límites que le son impuestos desde lo disciplinar y apunta a lo imprepensable–, reanuda el debate al invitar a un grupo de pensadores a discutir entre el 2 y el 4 de septiembre en torno a esta pregunta.

Entre los antecedentes menos recientes de la pregunta referida está el siguiente, aportado por el propio Schwindt en su introducción: durante el semestre de verano de 1809, August Böckh, flamante profesor titular de filología, a la edad de veintitrés años por vez primera expuso el que se convertiría en su tema de vida o tema vital [Lebensfrage]: la «enciclopedia y metodología de las ciencias filológicas». Böckh, que al año siguiente se integraría al cuerpo de profesores de la recientemente fundada Universidad de Berlín, en la que lo largo de su vida impartiría asignaturas ininterrumpidamente durante 120 semestres, sería seis veces decano, cinco veces rector, fundaría, en 1812, el seminario filológico, se caracterizaría por interesarse no solo en filología y teología, sino en dedicarse también a los «ámbitos de las ciencias exactas»1. La iniciativa intelectual lanzada por Schwindt que finalmente se traduciría en el comentado proyecto editorial retorna al carácter irrestricto, del preguntar de Böckh, cuya determinación e intensidad hacen que sea imposible reducirla a una sola episteme, un solo método, un solo campo disciplinar. El irrefrenable Drang del preguntar, su esfuerzo constante del que resulta imposible desentenderse, convierte la pregunta por la pregunta de la filología en una pregunta ineludible al mismo tiempo que precisa y desbordante. El preguntar que ella desencadena, si bien se encarna en formas concisas y pormenorizadas, asociadas a la tradición filológica, debido a su dinamismo, su carácter esforzante, es una pregunta por excelencia transgresora, überschreitend, que no sabe de fronteras ni límites preestablecidos. Las dificultades asociadas ya no son de la pregunta filológica –aquella pregunta que identifica a la filología como disciplina, como ciencia que, en tanto ciencia, se originó alrededor del siglo XVI, pero que como «amor al lenguaje (y a las lenguas)» precede a dicha fecha de fundación institucional en tanto Streben orientado no solo hacia un saber especializado, sino hacia Bildung filológica y hacia Bildung en general–, sino de la pregunta por esa pregunta. Su carácter espinoso, su alevosía, como el propio Schwindt no ignora, reside en que el trato detallado y pormenorizado del preguntar (filológico) hace que se corra el peligro de sacrificar justamente lo más propio y característico de su preguntar, a saber, su carácter referido a un objeto de difícil objetivación. En otras palabras, «la pregunta por la pregunta filológica expone, interrumpiéndolo [setzt aus], el preguntar filológico, con tal de darse cuenta de aquello que sería lo propio, característico y curioso [Eigentümliche] de este preguntar»2. La pregunta por el qué [was] de una pregunta filológica, al menos si es planteada de manera incondicional, sin reconocer la legitimidad de límites o restricciones previas, si es no solo formulada sino realizada al modo del souci de soi que se lanza hacia lo desconocido con un arrojo «jugado» que no se guarda nada, ninguna reserva, ningún comodín, más allá de su incertidumbre cognoscitiva y existencial, solo «tiene sentido» si la misma filología «se pone en juego», se arriesga ella misma.

Llama la atención, en esta somera reconstrucción de los antecedentes más recientes de Was ist eine philologische Frage?, en primer lugar, la estrecha relación entre las iniciativas académicas orientadas a la reflexión, el diálogo y la discusión, por un lado, y su materialización en instituciones y dispositivos universitarios concretos y tangibles (coloquios, premios, vínculos entre seminarios), por el otro. Esta difícil y necesaria relación entre el discurrir del pensamiento y la conformación acompañante de dispositivos materiales del mismo, si se quiere, su huella institucional que opera al mismo tiempo como efecto y requisito, es algo que acompaña el quehacer de Jürgen Paul Schwindt no solo en relación al libro en cuestión. La radicalidad del preguntar, su carácter irrestricto no implica la denostación ni disolución de las instituciones académicas a través de las cuales se inscribe en el tiempo, sino que establece con estas una relación generativa, dinámica, basada en la incidencia creadora en las formas. La transformación de las instituciones académicas en el seno de una de las universidades más antiguas, y más allá de esta, incluso de las fronteras nacionales, es una condición necesaria para el preguntar y, al mismo tiempo, es consecuencia y expresión de una de las características más destacadas de ese preguntar. En segundo lugar, tanto el prólogo como la introducción, ambos de la autoría de Jürgen Paul Schwindt, no solo hacen alusión a cada uno de los ensayos que integran el texto definitivo, lo que a estas alturas ya es un formato escritural probado al interior de la tradición académica, sino que mencionan a cada uno de los ayudantes, asistentes y colegas que participaron en alguna de las instancias de trabajo asociadas a la publicación del mentado libro. Se expresa en este gesto no solo la genuina valoración del trabajo en equipo y la importancia del reconocimiento de la contribución de cada participante en un proceso complejo, sino el aprecio sincero del otro como Gesprächspartner, como otro dialogante, como soporte de un pensamiento otro. Conciencia de la relevancia de la relación de reciprocidad entre pensamiento y dispositivos universitarios (en el sentido amplio del término universitas), primero, y reconocimiento del trabajo con otros (otros sujetos, otras lenguas, otras disciplinas), segundo, hacen que su pensamiento filológico se despliegue de manera rizomática, interpelando a una amplia gama de lectores y discutientes.

Esta disposición quizá sea mejor caracterizada por el subtítulo del texto mencionado de entrada, «Beiträge zur Erkundung einer theoretischen Einstellung», que, lejos de pretender resolver definitivamente el asunto con tal de abandonar y archivarlo, trata más bien de mantener la pregunta con vida mediante la reunión, luego del sostenido trabajo de discusión esbozado con anterioridad, de algunas contribuciones orientadas hacia la exploración de algo –¿un continente?– hasta el momento desconocido y de cuya existencia ni siquiera se tienen pruebas fidedignas: una actitud pionera, de exploración, en ese punto parecida a la de un Naturforscher, la apertura de un espacio de la percepción y observación, que no existía con anterioridad a su descubrimiento y cuyos efectos, sin embargo, preceden a su constatación. Los aportes formulados, más allá de su singularidad irreductible, están atravesados por una misma apetencia, a saber, el esfuerzo transversal de querer (formular) la pregunta por la pregunta filosófica o, más bien, por aquella impresión, a la que hace alusión Werner Hamacher en el primero de los ensayos que integran el volumen, de que hay que dirigir la atención hacia algo que si bien ya está ahí, pero que, no obstante, es al mismo tiempo no familiar e inaccesible3. «Para – la filología» de Werner Hamacher, que es como se titula su texto, es también la razón por la que llegué a este libro cuya lectura resultaría reveladora en más de un aspecto, siendo uno de ellos la misma iniciativa editorial del libro en su conjunto y otro la contribución del propio Schwindt, «Texto onírico e hipocrisis. La filología de Ulises». El doble asunto del mentado estudio, que es, también, una aspiración, un anhelo o una petición [Anliegen], es, primero, «obtener un punto de vista que permita hablar sobre filología de manera distinta al mundo conceptual y representacional de ideologías humanistas»4. Específicamente, se ha de esclarecer la estructura pre o paradisciplinar de la filología, de reconocer en la materialización de esta los movimientos elementales que abren el campo filológico. El segundo affaire o demande consiste en «una reconstrucción de la filología a partir de su propio objeto, la literatura»5. No sorprende que sea justamente Ulises, a quien su creador, que puede ser considerado el padre de la filología, llamaba polýtropos (sagaz, hábil, astuto, resourceful) y polýplanktos (vagabundo, que anda errante), a quien recurra para hacer aparecer lo propio del texto (homérico, onírico) en su relato après coup.

Conocí a Jürgen Paul Schwindt en enero del 2018 en el contexto de un viaje de investigación a Alemania. En aquel entonces, la primera versión de la traducción de Comprender detraído (Metales Pesados, 2018) de Werner Hamacher estaba siendo revisada y apenas alcanzaba a avizorar el número, la magnitud y el alcance de las futuras revisiones de revisiones que estaban por realizarse. Me había enterado, gracias a Shinu Sara Ottenburger, que la biblioteca personal de Hamacher, alrededor de 7.500 volúmenes, había sido trasladada a la «Internationale Koordinationsstelle Theorie der Philologie», donde se recibía a estudiantes, colegas e investigadores interesados en su pensamiento y en el campo de la filología, concebido conforme a lo anteriormente esbozado, en general. Lo que no sabía es que para este propósito primero se debían sortear las respectivas trabas burocráticas (como el hecho de que la misma Koordinationsstelle [lugar, sitio, puesto de coordinación] no podía llamarse «centro») y materiales, que en Alemania no son menores que en Chile; entre otras, el desafío de habilitar cientos de metros de anaqueles capaces de exhibir y poner a disposición del público los libros en cuestión. Cualquier intento de dar cuenta con justicia del trabajo realizado por los colegas de la Internationale Koordinations­stelle es insuficiente: la biblioteca debía ser desarmada en Fráncfort del Meno, catalogada, empacada, trasladada a Heidelberg y vuelta a armar conforme al original. Esto sin contar que en ese preciso momento no se disponía del espacio necesario para aquel rearme, pues el Seminar für Klassische Philologie había sido desalojado de sus antiguas dependencias en el Marstallhof debido a que se habrían detectado huellas de asbesto en el edificio. Una vez en Heidelberg, me encontré con una impresionante fila de cajas, pulcramente armadas, etiquetadas y apiladas, para cuyo almacenamiento, como me comentaba el propio Jürgen Paul Schwindt, debido al considerable peso de los libros, se tuvo que encargar un estudio estático (de construcciones) con el objetivo de descartar la posibilidad de que la infraestructura del edificio fuera a sufrir daños estructurales o incluso llegara a derrumbarse. No solamente que los colegas en Heidelberg me habían apartado con esmero aquellas cajas que, de acuerdo a las conversaciones previas, podrían ser de mi interés, sino que dos de sus Mitarbeiter, Eva Noller y Matthias Dyck, me recibieron como invitado con tanta amabilidad como expertise. Durante esos días me percaté de la extraordinaria curiosidad intelectual que caracterizaba el trabajo docente e investigativo que se realizaba en el seminario sobre la base de la formación rigurosa en la materias primas. Jürgen Paul Schwindt se mostró no solamente como un anfitrión espléndido, sino como un pensador «de punta», up to date no exclusivamente en su propio campo de formación y trabajo, ya lo suficientemente complejo y extenso, sino informado más allá de las fronteras de este. Esta tensión entre conocimientos disciplinares prolijos y pormenorizados, en particular el abrumador conocimiento de la cultura clásica y alemana, por un lado, y la pulsión de saber no sujeta a cánones epistémicos exclusivos, su apertura radical a lo desconocido, se expresa en la diversidad y el alcance de sus investigaciones, mezcla entre saberes especializados y erudición universal, caracterizadas tanto por su pulcritud como su originalidad, y que se centran principalmente en los campos de la teoría de la literatura, la teoría y la historia de la historiografía literaria, la historia de la filología clásica, la teoría de la filología. Más allá de sus cuantiosas investigaciones, la combinación entre la comentada conciencia de la necesidad de no desentenderse de la creación de instituciones-soporte, capaces de sostener no solo el pensamiento abstracto sino de garantizar asimismo ciertos dispositivos de transmisión y discusión, por un lado, y la mezcla entre discernimiento del arraigo local y tendencia a ir más allá de las fronteras (geográficas, disciplinares) impuestas, por el otro, se materializaron, entre otros, en su membresía del grupo de investigación «La poésie augustéenne», una red de cátedras de latinismo en las universidades de Berlín (FU), Cambridge, Dublín, Florencia, Ginebra, Heidelberg, Lille, Londres, Manchester, Oxford, Pisa, Roma y Udine. El 2005, Schwindt propulsó la creación de la «Beca de Heidelberg para (con)formación teórica en filología clásica», que se concede desde entonces; asimismo es cofundador y primer director del programa de maestría en estudios literarios clásicos y modernos de la

Universidad de Heidelberg (2014), director fundador de la «Oficina de Coordinación Internacional de Teoría de la Filología» que se estableció en 2016 y mantiene convenios internacionales con distintas universidades, entre ellas el centro homólogo de la Universidad de Campinas. Además de lo anterior, su rol fundador de una serie de instituciones o becas, su dirección del Departamento de Filología Clásica de la Universidad Heidelberg y su realización de un sinfín de proyectos de investigación se complementan con su dedicación incondicional a la docencia. Lejos de agotarse en el agradecimiento público a sus estudiantes, cada vez que lo ameritaba incidía, por ejemplo, en la planificación de cada uno de nuestros encuentros, que siempre debió considerar no solo los días en que impartía sus Vorlesungen y Seminare, sino asimismo los días destinados a su planificación y preparación. Esta estima del espacio de la docencia, la dedicación a la enseñanza y el respecto del otro se respira, asimismo, en sus textos, que al mismo tiempo interpelan a especialistas en el área como a estudiantes de todos los semestres.

Conforme a lo anterior, los ensayos reunidos en Humanismo negro aspiran a retratar la diversidad y complejidad, al mismo tiempo que el carácter fundamental, del pensamiento de Jürgen Paul Schwindt. Los textos incluidos, en cuya selección participó su autor, reflejan el manejo escrupuloso de textos especializados mediante un sofisticado ensamblaje de prácticas procedentes del mundo de las humanidades que tanto caracteriza al experto formado en un determinado dominio, sin desentenderse de la preocupación por las competencias básicas del pensar que preceden y exceden a estas técnicas y a las interpretaciones que producen. En cada uno de ellos se expresa la formación humanista de un pensador ilustrado al mismo tiempo que la preocupación, en principio indiferenciada, de un espíritu curioso y ávido de saber. Más allá de la diversidad formal de los textos reunidos, todos están atravesados por el arco que va desde el trabajo filológico «propiamente tal» –algo que, lejos de ser asumido como evidente, más bien es interrogado permanentemente en cuanto a su presunta naturalidad (ya que, como agrega Hamacher en un prólogo incluido en la reedición de «Para – la filología», «en el ámbito de la lengua no hay nada que sea comprensible de suyo[selbstverständlich]»6)– hacia lo que puede distinguirse como una reflexión, de alto vuelo especulativo, orientada hacia el horizonte de una «teoría de la filología». Este arco, sostenido por el afecto filológico, abre el espacio asociado al llamado «giro filológico» proclamado por Schwindt, que ha insistido en numerosas ocasiones en que la renovación de la fuerza especulativa del paradigma filológico debe contar con el prerrequisito del giro o el giro [Wende] de la filología sobre sí misma.

El deseo de una teoría filológica, en la medida en que es, al mismo tiempo, deseo por una teoría así como deseo desde una teoría, lejos de corresponder meramente a un capricho, como podría serlo el gusto onanista de teoretizar por teoretizar, asociado al gozo autoerótico de atrincherarse en una inaccesible torre de marfil, es más bien un gesto de apertura que responde al diagnóstico de la actual crisis de la lectura. Dicha sentencia no hace alusión, al menos no exclusivamente, al creciente desinterés por la lectura en términos generales, sino que apunta al imperio dogmático de una serie de prácticas de lectura mecánicas, estereotipadas, avaladas por una episteme reduccionista, que se traducen en el compromiso y deterioro de la experiencia del leer. Si, de acuerdo a lo anterior, el ethos filológico se caracteriza por el «amor» o «cuidado [Sorge] por las palabras», este souci o care subvierte las distinciones disciplinares clásicas en las que se sostienen dichas técnicas. Tanto esta dimensión afectiva, el amor, así como su «objeto», las palabras o la lengua, se convierten en elementos constituyentes de una escena primordial7 tan relevante como inaprehensible. La emancipación del imperio de las técnicas de lectura transmitidas por la tradición disciplinar hace visible que la lectura no es reducible a un procedimiento normado, regido por metodologías precisas ni a un gesto simple y espontáneo, sino que requiere ser pensada como una operación poliestratificada, realizada en varios momentos, sujetos a distintas temporalidades, que se ve enfrentada a la necesidad de definir el límite que separa el adentro del afuera del texto. De todas estas modalidades, a Schwindt le interesa despejar la mirada del texto sobre sí mismo que es, en estricto rigor, una interrogación de sí, una heautoteoría de la literatura. Esto no solo equivale a una cancelación de la ayuda de parte de toda disciplina metodológica auxiliar, sino que enfatiza la necesidad de que la teoría de la literatura se constituya en un gesto reflexivo que la tome a ella misma como «objeto». La teoría de la literatura, de acuerdo al genitivo subjetivo, en la medida en que expresa pertenencia, participación o procedencia, solo merece este nombre si es una contemplación desde o a partir de la literatura, pero, al mismo tiempo, en tanto genitivo objetivo, debe ser una teoría sobre y para ella misma. La literatura no se tiene, no se es propia per se, sino que tiene que incautarse o apropiarse [zueignen], la teoría mediante, escribiendo su propia dedicatoria [Zueignung].

Lejos de pretender cerrar el ciclo autorreferencial del texto o de establecer una continuidad ininterrumpida, no se trata de prescindir, acaso de manera anárquica, de la categorización y ordenamiento de todos los thaumata y atopa del texto, sino de deso­cultar «los puntos de quiebre, las grietas y las fisuras que dejan al descubierto, prescindiendo de toda comprensión previa o precipitada, lo abismal, lo obsoleto o aún no madurado [Überständige] al interior del espacio abierto»8. El movimiento inverso a la «huida del texto» puede ser descrito como thaumatográfico (del griego thauma, asombro, maravilla, pero también espanto), una lectura atenta al registro de lo extraño, lo insólito, lo raro, lo chocante o lo milagroso, que parte del supuesto de que los textos literarios son portadores de su propia filología y puede dejar al descubierto la visión de sí o autopercepción de los textos. En lugar de suscribir las habituales dicotomías imperantes, es la misma interpretación de textos literarios la que ha de proporcionar información sobre la «naturaleza», la peculiaridad (la manera propia), la génesis, el desarrollo, la estructura y la dirección del preguntar filológico. Se combinan intuiciones originales, no programables, con la cuidada elección de determinados textos en los que se revelan las pautas de exploración (o apertura) e interpretación del mundo que están relacionadas con patrones y procedimientos que habitualmente solo se aplican en el proceso de interpretación de los textos (por ejemplo, la interpretación de los sueños o de los oráculos). Como consecuencia de lo anterior, más que de la fundación de una nueva metodología de la lectura, se puede hablar de una genuina mise en abyme metodológica. Más que una actitud de despedida de la metodología como tal, el autor dice explícitamente que cada texto literario exige y de hecho contiene su propia metodología, su propio Ta eis heautón. Es decir, no hay una metodología en general, válida para toda clase de textos, sino que la pregunta metodológica debe responderse cada vez de nuevo, partiendo del mismo texto, dado que el camino [odós] que se abre en cada caso depende íntimamente de la composición, lógica y racionalidad de cada texto particular. Filología sería, entonces, aquella actitud, (dis)posición o teoría que promete aprehender, de manera precisa, el horizonte teórico de cada texto respectivo en cada caso.

Cabe calificar el procedimiento de Schwindt como «filología radical». No porque sea parte o defensor de algún radicalismo científico, sino porque, en lugar de conformarse con chapotear en las aguas de lo evidente y consabido, opera sobre la raíz (radix) del problema, aspira a ir más allá de las primeras manifestaciones explícitas de cualquier fenómeno y va en busca del primer impulso de nuestra atención incluso antes de que este se haya convertido en temático. Esta atención concienzuda a un dominio previo, a lo emergente antes de que se consolide como tal, va de la mano de la comentada renuncia a las metodologías universales consagradas. No se trata de un anarquismo metodológico, sino de un retorno a lo que hizo surgir la metodología como respuesta, siempre situada, transitoria y efímera, a determinados problemas y determinadas preguntas. La hipóstasis de la metodología conlleva el peligro de que esta se convierta en un fin en sí misma y contribuya a la institucionalización irreflexiva de la lectura y a la administración anémica de los textos. Y es aquí donde el proyecto filológico de Jürgen Paul Schwindt, al liberar los potenciales subversivos enterrados bajo el archivamiento del inventario de los saberes, gracias a su voluntad de ir hacia las raíces de la lengua, obliga a un cambio del modo –y de la dirección– de pensar [Umdenken] radical. En la medida en que se anticipa a la constitución del fenómeno como tal y busca rastrear su brotar, puede desentenderse de lo comprendido y enfocarse en el comprender el modo de comprender – en su caso: de los textos. Llevado a esta fórmula, advertida por Victoria Urtubia, su propuesta se conecta con la de Werner Hamacher, que en su anhelo por comprender el comprender opera un desplazamiento que, más allá de sus respectivas diferencias, en algunos puntos se asemeja al esfuerzo de desalojo propio de esta forma de comprender la filología. En cierto modo, describe un movimiento de metafísica inversa, reconstruyendo el punto en el que los sonidos, las sílabas y las palabras aún no se han solidificado en unidades temáticas o sensoriales y, de este modo, no solo desoculta disposiciones filológicas que no se pueden discernir con una estrategia de lectura clásica, enfocada la mera lectura del contenido, sino que, más fundamentalmente, más radicalmente, apuesta por mantener abierta la pregunta. Así, manteniendo la tensión que la evoca y sostiene, la misma pregunta es interrogada por su preguntar, la lectura es leída con miras a su leer y se busca comprender el comprender, más allá de cualquier comprensión, todos ellos movimientos que atienden a los movimientos de la lengua y a su carácter inconcluso. Y esta propuesta no es reducible a una posición contestataria, ya que no se conforma con rechazar las formas transmitidas del saber, desestimándolas por sus pecados epistémicos, su sujeción a una matriz epistemológica démodé, intempestiva, sino que a través de esta rescate de la filología como fuerza constituyente de sentido y como posibilidad de dar cuenta de ese arte de describir – y escribir. La invitación no es exclusivamente a derrocar y desestimar lo consabido, al menos no principalmente, sino a realizar, siempre de nuevo, un trabajo en el texto, un close reading capaz de develar su ordenamiento interno y de liberar su potencial semántico. En ese sentido, la filología radical, lejos de bastarse a sí misma, obtiene su lugar y sus contornos a partir de sus relaciones con la crítica, con la filosofía, con la teoría literaria (especialmente la hermenéutica, la deconstrucción y el constructivismo), pero también con la historia, la política y el derecho.

La interpelación a la filología es, por ende, una exhortación no solo de una disciplina tradicional, asentada en el canon universitario clásico, sino una crítica corrosiva del humanismo, de su episteme, sus métodos, su concepto del hombre. Lo que la filología, sin ser ella misma humanista, deja al descubierto es lo que Schwindt llama la «utopía negativa» de un humanismo «después o antes de» todo humanismo: un «humanismo negro». Negro porque, luego de haber descartado cualquier comprensión de lo humano que opere con imágenes preestablecidas y constructivas, toda enunciación al respecto es hecha «ex negativo» a partir del esquivo fundamento de rendimientos lingüísticos de división u ordenamiento de un campo por explorar. En contra de cualquier lectura consolidada o edificante, se trata entonces de los efectos dislocadores de un trabajo de subversión que nos confronta al abismo de nuestras ideas preconcebidas. Los textos de Jürgen Paul Schwindt reunidos en este volumen invitan, cuan Ulises, a emprender este viaje catabásico, un viaje acompañado de la ineludible otreificación [Veranderung] de uno.

Niklas Bornhauser Neuber

Notas

1 Sabine Seifert, Die Ursprünge der Berliner Forschungsuniversität. August Boeckhs philologisches Seminar in Konzeption und Praxis (1812-1826) (Berlín: Berliner Wissenschafts-Verlag, 2020).

2 Jürgen Paul Schwindt, Was ist eine philologische Frage? (Fráncfort del Meno: Suhr­kamp, 2009), p. 11.

3 Ibid., p. 21.

4 Ibid., p. 64.

5 Ibid., p. 65.

6 Werner Hamacher, Für – die Philologie (Fráncfort del Meno: Roughbooks, 2009, p. 4).

7 El concepto de «escenas primordiales» fue importado por Friedrich Kittler desde el campo psicoanalítico. Cfr. Horst Turk y Friedrich A. Kittler (eds.), Urszenen: Literaturwissenschaft als Diskursanalyse und Diskurskritik (Fráncfort del Meno: Suhrkamp, 1977).

8 Jürgen Paul Schwindt, Thaumatographia oder Zur Kritik der philologischen Vernunft. Vorspiel: Die Jagd des Aktaion (Ovid, Metamorphosen 3, 131-259) (Bibliothek der klassischen Altertumswissenschaften, Bd. 150) (Heidelberg: Universitätsverlad Winter, 2006), p. 18.

A contraluz de la filología

Un diálogo con Jürgen Paul Schwindt1

eisodos: El tomo ¿Qué es una pregunta filológica? [Was ist eine philologische Frage? Fráncfort del Meno: Suhrkamp, 2009), editado por usted, intenta realizar una «determinación de la esencia [Wesen] de la filología». ¿Cómo determinaría, brevemente, la esencia de la filología?

Jürgen Paul Schwindt: En términos muy generales, la filología es una ciencia que –tal como sugiere su nombre– mantiene una relación afectiva con sus objetos. Su cientificidad, en mi convicción, no reside en la neutralización del afecto, sino en su capacidad para volverlo productivo. La mayoría de los departamentos universitarios en los Estados Unidos, como es consabido, a partir de un viejo dictamen (F. Schlegel) llegaron a la extraña conclusión de que las ciencias literarias justamente por esto no serían lo suficientemente «científicas». En consecuencia, son asignadas, sin más, a las «Arts and Humanities». A mi parecer, sería más inteligente comprender el lado afectivo de la filología como una posibilidad de asignarle al asombro, el que –al menos en Aristóteles– se encuentra en el comienzo del conocer, un lugar estable al interior de la economía de los afectos, y de este modo mantener la economía pulsional que guía el conocer filológico en un estado dinámico o, como prefiero decir, en un estado de inquietud. Más precisamente, la filología es la apercepción metódicamente dirigida de mundos textuales, una especie de intuición moderada con sagacidad. El decir de Karl Philipp Moritz (recordado por Yvonne Pauly en contextos pertinentes) acerca de la «atención a lo aparentemente pequeño» toca otro punto relevante.

eisodos: ¿En qué consiste la novedad de su concepción de la filología y en qué se distingue de conceptos tradicionales de la filología?

JPS: «Novedad» es una gran palabra que ya ha seducido a varios teóricos a valorar su rendimiento académico por él mismo y no por aquello que a través de este se volvió posible para otros. Lo desacostumbrado y, sí, quizá también lo intempestivo de nuestro concepto de filología es el énfasis [Nachdruck] que recae en el leer. La particularidad de la experiencia del trato que se tiene con los textos, en nuestra opinión, tiene que encontrar su precipitado en la determinación de aquello que «filología» ha de representar como un todo. Y, más aún, quisiera decir que los conceptos que la filología pueda tener solo son utilizables en la medida en que fueron desarrollados en el trabajo con textos. Usted quizá objetará lo siguiente: ¿acaso no todos los conceptos filológicos usuales han sido desarrollados en y con textos? Yo pondría en tela de juicio esta afirmación. Preferiría decir que la filología como tal [überhaupt] solo se realiza en el enfrentamiento [Auseinandersetzung] con un texto concreto. Si esto tiene como consecuencia que al final hay tantas filologías como textos, eso sería algo que habría que celebrar. Ahora, se torna visible que no es mucho lo que se pueda ganar con una formulación como la que acabo de emplear cuando hablé de la «filología como un todo». ¿Qué es lo que esto debería ser? ¿Para qué uno debería poner la experiencia, en cada caso novedosa, en el trato con textos bajo la tutela de un supraconcepto que puede que obtenga su legitimidad de diversos procedimientos de generación de reconocimiento social, pero que en esto ha perdido el contacto directo, inmediato, con la experiencia que se da en el trato con textos?

eisodos: Parece asignarle mucha importancia al concepto del afecto/del ser afectado.Nos interesaría saber a qué epistemología se anuda este concepto de afecto, ya que las elaboraciones al respecto nos han dejado un par de preguntas, entre ellas las siguientes: el concepto de afecto es puesto en relación con el componente «philo» de la palabra filología, pero ¿qué pasa con la parte del «logos»? En parte usted pareciera enfatizar que su nueva filología justamente no apunta a un método, en el sentido de que pone a disposición un procedimiento aplicable a varias cosas (por ejemplo, «tantas filologías como textos»). ¿A qué se refiere con esto?

JPS: El aspecto aquí desarrollado de la «teoría de los afectos» no está basado en ninguna dirección o escuela del pensar determinada. «Por supuesto» que retomamos, por un lado, la clásica teoría de los afectos de Aristóteles y, por otro, los fragmentos acerca de la filología de Friedrich Schlegel. Werner Hamacher (respecto de Schlegel) y Gerhard Poppenberg (respecto de Aristóteles) probaron en sus respectivos aportes, ambos de suma originalidad, al tomo anteriormente mencionado (2009, 21-60 y 160-191), el alcance que pueden tener estas opciones teóricas aún hoy en día. Por favor, tampoco olvide que hace tiempo que leemos los textos teóricos –Paul de Man y Derrida lo demostraron a su modo, es decir, al modo deconstructivo– con la misma intensidad que los llamados textos literarios. De acuerdo a nuestra comprensión, interpretaciones válidas de formaciones teóricas más antiguas entonces no pueden ser testigos válidos para las decisiones y tareas teóricas del presente. Al menos no en un campo en el que estas decisiones y las preguntas y disposiciones que llevaron a estas son puestas a prueba, ellas mismas. Es que vale lo siguiente: tot philologiae, quot textus! No se trata de un acceso unilateral-esquemático, sino de un procedimiento sumamente móvil del «flexible response». Sin embargo, insistiría en que, con toda la diferencia entre los textos y situaciones, hay constantes en cuanto a los gestos y hábitos de esta praxis filológica. Ella es intervencionista en su fondo, rechaza los patrones de interpretación y las jerarquías de atención clásicas y rara vez recurre al presaber contextual sino de preferencia a la interrogación filológica tradicional. Consideramos que esta dispensa de la ilusión de una metodología uniforme y, no obstante, exitosa, es una ganancia. ¿Qué tendría de equivocado el que existieran tantas filologías como textos? Equivaldría a volver a tomar en serio la palabra escrita.

eisodos: ¿Qué hay del llamado a la «refilologización de la ciencia literaria» (Möller, FAZ 2018)? ¿Qué entiende usted por las expresiones «philological turn» y «refilologización» (2009, 2)? ¿Y qué por ayudar a los textos «a que recuperen su derecho» (Möller, FAZ 2018)?

JPS: El «philological turn» fue proclamado por nosotros en el lanzamiento de la «Pregunta filosófica» (stw 1943) y –lo confieso con gusto– disfrutamos sin reservas el efecto de esta forma de hablar en eslóganes. Es que nuestro «turn» prescindió de la retórica progresista de otros «giros» y en apariencia remitió a algo archi y omniconocido, que buscamos volver a convertir en algo apetecible para nuestros contemporáneos. Por supuesto que en ningún caso quisimos volver a las fachadas colosales de aquella filología que habíamos llegado a conocer en sus manifestaciones tardías en los años ochenta, sino que quisimos dirigir la mirada más atrás sobre las utópicas reservas de la tradición y que se habían acumulado en los soñadores días infantiles de la doctrina de las ciencias que en sus partes esenciales es romántica y posromántica. La condición abierta, no clausurada [Unabgeschlossenheit], de los esbozos teóricos de Schlegel, Böckh y Nietzsche parecía tener que ser una promesa de su solidaridad y efectividad en un tiempo cuya imagen «científica» de mundo era al menos tan fragmentaria y dispar como lo era el caso en los años fundacionales. No veíamos la falta [Mangel], sino la plenitud perspectivista en posibilidades impensadas o no pensadas hasta el final. Werner Hamacher (2010) tomó en serio este appeal al intentar anudar la reflexión actual, también en un sentido formal, a los tempranos impulsos del pensar haciendo salir [hervortreiben