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Beschreibung

La persistencia de la desigualdad en América Latina, y en particular en el Perú, se comprende mejor si se analiza la situación de pobreza dentro de su marco histórico cultural. Desde la década de 1990 la inclusión ha adquirido relevancia como un problema de fondo en la lucha contra la pobreza que debe ser tomado en cuenta en el diseño de las políticas sociales. Esta perspectiva nos ha llevado a entenderla como un proceso complejo y plural, y, en consecuencia, a considerar distintos tipos de inclusión, según las relaciones sociales en las que se incluyan o excluyan personas. Los artículos de este libro analizan, desde una perspectiva crítica, la multiplicidad de dimensiones que intervienen en los procesos de exclusión-inclusión. En algunos casos se trata de un diálogo con el enfoque del desarrollo humano y, en otros, de aproximaciones que articulan una diversidad de disciplinas.

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Veröffentlichungsjahr: 2014

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Efraín Gonzales de Olarte. Doctor en Economía del Desarrollo por la Universidad de París I, Panteón-Sorbona. Profesor principal del Departamento de Economía y vicerrector académico de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Profesor visitante en Universidad de York (Canadá), Universidad de California (San Diego), y miembro del Woodrow Wilson Center y de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation. Ha sido director general del Instituto de Estudios Peruanos y presidente del Consorcio de Investigación Económica. Sus principales publicaciones son sobre economías regionales, descentralización, desarrollo humano y economías campesinas.

Catalina Romero. Ph.D. en Sociología en The New School for Social Research (Nueva York). Es profesora principal del Departamento de Ciencias Sociales, miembro del Grupo Interdisciplinario de Desarrollo Humano y Ampliación de Libertades (GRIDHAL) y defensora universitaria de la PUCP. Sus principales publicaciones son sobre la Iglesia Católica en el Perú, la religión y el espacio público, y la democracia y la cultura política. Ha sido decana de la Facultad de Ciencias Sociales y fundadora y primera coordinadora de la maestría en Ciencia Política de la PUCP. Ha sido miembro del Kellogg Institute for International Studies, del Wilson Center y de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation.

Fidel Tubino. Doctor en Filosofía por la Universidad Católica de Lovaina. Ha sido decano de Estudios Generales Letras, profesor principal del Departamento de Humanidades de la PUCP y coordinador de la Red Internacional de Estudios Interculturales (RIDEI). Sus áreas de especialización son ética e interculturalidad. Ha editado los libros Hermenéutica en diálogo. Ensayos sobre alteridad, lenguaje e interculturalidad (2009), con Cecilia Monteagudo;Debates de la ética contemporánea (2006), con Miguel Giusti; y Interculturalidad, un desafío (1992), con Wilfredo Ardito. Además ha escrito Jenetian: el juego de las identidades en tiempos de lluvia (2007), con Roberto Zariquiey, y publicado varios artículos en revistas especializadas de España, México, Bolivia, Chile y Perú sobre ciudadanía y diversidad cultural.

Fidel Tubino, Catalina Romero y Efraín Gonzales de Olarte (editores)

Inclusiones y desarrollo humano: relaciones, agencia, poder

Inclusiones y desarrollo humano: relaciones, agencia, poderFidel Tubino, Catalina Romero y Efraín Gonzales de Olarte (editores)

© Fidel Tubino, Catalina Romero y Efraín Gonzales de Olarte, 2014

© Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2014 Av. Universitaria 1801, Lima 32, Perú Teléfono: (51 1) 626-2650 Fax: (51 1) [email protected]

Diseño, diagramación, corrección de estilo y cuidado de la edición: Fondo Editorial PUCP

Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente, sin permiso expreso de los editores.

ISBN: 978-612-317-047-9

Introducción

Presentamos en este libro el resultado del trabajo de los miembros del Grupo Interdisciplinario sobre Desarrollo Humano y Ampliación de Libertades (GRIDHAL) de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), sobre el problema de la inclusión en el Perú, visto desde el enfoque del desarrollo humano. Esta reflexión ha sido presentada por primera vez en el segundo coloquio organizado por el GRIDHAL sobre Inclusión y Desarrollo Humano1 y, luego, los textos escritos de las ponencias han sido también expuestos y comentados en los seminarios semanales del Grupo, donde cada autor ha recibido aportes que se reflejan en los artículos que publicamos aquí.

La inclusión ha adquirido relevancia, desde la década de 1990, en las políticas sociales como un problema de fondo en la lucha contra la pobreza y, desde el año 2010, ha recibido más atención en el Perú con motivo del debate de las propuestas electorales, que fue más allá de los problemas económicos recogiendo componentes políticos y culturales en esta cuestión. Asimismo, el análisis de las causas de las desigualdades que existen en nuestro país nos ha conducido a mirar la diversidad de factores que influyen en su reproducción. La persistencia de la desigualdad en América Latina y, en particular, en el Perú, se comprende mejor si la situación de pobreza se analiza sin abstraerla del marco histórico cultural que le es propio.

Los intercambios tenidos en el GRIDHAL nos han permitido entender la inclusión como un problema complejo. Acercándonos desde diferentes ángulos, hemos ido enriqueciendo el concepto desde la perspectiva de la ampliación de capacidades. Este enfoque nos ha llevado a entender la inclusión como un proceso complejo y plural, y, por tanto, a considerar distintos tipos de inclusión que se tienen que analizar de manera distinta según las relaciones sociales en las que se incluya o excluya personas. En este sentido, pueden haber grados distintos de inclusión a relaciones sociales diversas, por ejemplo, de género o interculturales que se explican por distintos factores: de poder, de intereses sociales o de prestigio, entre otros. También nos parece importante señalar que la inclusión no proviene solo del núcleo de un sistema como movimiento hacia los excluidos. Puede ser, y de hecho lo es, un movimiento social que viene desde abajo, desde los márgenes, cuando los excluidos o incluidos parcialmente se ponen en acción convirtiéndose en agentes de su propia manera de incluirse, de acuerdo con sus propios objetivos y valores. De aquí la importancia de la participación y de los canales y espacios de participación, que nos llevan a evaluar la necesidad de los espacios públicos y del poder que se pone en juego en ellos.

Los artículos de este libro analizan, desde una perspectiva crítica, la multiplicidad de dimensiones que intervienen en los llamados procesos de exclusión-inclusión. En algunos casos se trata de una entrada especializada, desde una sola disciplina, en diálogo con el enfoque del desarrollo humano y la inclusión, y en otros, de aproximaciones que articulan una diversidad de perspectivas disciplinarias. Los primeros dos artículos plantean una discusión conceptual y aplicada de la inclusión. Los cuatro artículos siguientes, también conceptuales, analizan las nociones de poder y agencia relacionadas, asimismo, con este fenómeno. Finalmente, los tres artículos restantes parten de situaciones concretas y consideran otras dimensiones que permiten inclusiones a través de la participación, el reconocimiento, la educación y formación en las asociaciones de la sociedad civil, y de aquellas políticas públicas que toman en cuenta las exclusiones de género y culturales, sin olvidar las que provienen de la pobreza.

El artículo de Javier Iguíñiz, «Inclusión/exclusión en perspectiva relacional y desarrollo humano» busca definir el término inclusión como un concepto relacional, enfocándolo desde la perspectiva de la ampliación de capacidades o libertades. Se concentra, por ello, «en las relaciones sociales más o menos inmediatas» en que las personas interactúan, que afectan la agencia social humana en la vida real. De otra parte revisa los aportes a la definición común del concepto exclusión desde la perspectiva de Amartya Sen, comenzando por entender la manera de vivir del ser humano como compuesta por actividades en medio de relaciones y procesos a los que contribuye. El autor considera la relación entre inclusión y exclusión como una que puede ser activa, pasiva y hasta perversa. Finalmente, termina con una propuesta para entender de otra manera las políticas sociales.

El artículo de Efraín Gonzales de Olarte propone que «para estar incluido socialmente es necesario estar integrado a través de distintos medios, mecanismos e instituciones», que serían los medios instrumentales para la inclusión. Pero, además de estos prerrequisitos como bases materiales para la inclusión, se destacan otros elementos: «pues estar incluido es formar parte de la sociedad con igualdad de derechos y con reconocimiento social horizontal. La inclusión incorpora ingredientes de equidad, de reconocimiento social, de respeto, de dignidad y de autoestima». A lo largo de su artículo, Gonzales de Olarte fundamenta la importancia de la integración como medio para la inclusión humana, para luego construir un Índice de Integración para la Inclusión Humana (IIIH) que comprende la integración física, la económica y la estatal, y presenta los avances realizados por el autor en la medición de estos procesos de integración.

Por otro lado, el tema del poder es discutido por Pepi Patrón en su ensayo, a partir de los estudios de Hannah Arendt y Jürgen Habermas. De Habermas toma la noción de espacio público deliberativo y se pregunta por qué esta no es considerada por Sen, pese a la importancia que da a «la deliberación y los debates públicos en la configuración de los valores de una sociedad y del ejercicio efectivo de la libertad y la agencia». La autora llama la atención sobre la manera en que Sen trata el tema del poder en Idea de la justicia (2010), obra en la que no lo relaciona con la capacidad argumentativa de los ciudadanos, hombres y mujeres, a pesar de la importancia de la razón pública para evaluar la democracia.

Este mismo tema también es abordado por Juan Ansion, pero planteado desde una perspectiva sociológica y antropológica que parte de la noción de poder de Weber, quien lo entiende como una relación social. Además, toma en cuenta la noción de legitimidad, incluye la dimensión de la dominación por el uso de la violencia y continúa con el desarrollo crítico que hace Arendt del concepto weberiano, pues esta autora concibe al poder como una capacidad de acción concertada. Frente a estas dos posturas, el autor apunta a una definición del poder como una relación social que depende del margen de libertad que tiene cada actor en las relaciones sociales y no lo considera un recurso que provenga del uso de la fuerza o la riqueza.

Además del poder, la agencia es considerada como una capacidad de la gente que debe ser central en los procesos de inclusión. Pablo Quintanilla nos ofrece una entrada original e interdisciplinaria al tema, al preguntarse por este concepto tan central en el enfoque de capacidades, que parte del actor de la inclusión. Las personas deben tener la oportunidad de incluirse por su acción, por «la libertad para vivir y para elegir vivir el tipo de vida que valoran y que tienen razones para valorar». Su artículo busca enriquecer el debate sobre la inclusión «con una discusión más compleja acerca del grado de libertad que uno puede tener o no tener para elegir los estados mentales que causan sus acciones». La agencia está ligada a la capacidad relacional del yo, la cual le permite interactuar con otros y con su contexto a través de un proceso de interpretación complejo. Las personas maduran y desarrollan capacidades como individuos de acuerdo con sus etapas de crecimiento. Asimismo, la humanidad, a lo largo de la historia, desarrolla capacidades como especie. Todo ello ha permitido una mayor autoconciencia y una mayor complejidad en la capacidad de simular e interpretar la propia acción y la de los otros.

Gonzalo Gamio también entra en diálogo con Sen, refiriéndose a la inclusión desde el punto de partida de la identidad, la cual se constituye a través «del trabajo de la razón práctica y de la libertad». El resultado de este enfoque es que no hay identidades únicas, en el sentido de simples, sino identidades plurales, hecho «que supone condiciones y exigencias de inclusión social y política». Para desarrollar esta idea, Gamio plantea la importancia de la narrativa del propio yo y la del mundo de los otros, interlocutores con los que se activa la agencia humana, capaz de «afrontar dilemas, deliberar y elegir cursos de acción alternativos en situaciones complejas».

Por otro lado, Fidel Tubino analiza la dimensión política de la inclusión. Para ello propone que los procesos de esta deben ser básicamente participativos y, además, permitir la intervención de los nuevos agentes en los espacios deliberativos de la sociedad. A partir de un enfoque de desarrollo humano, el autor va más allá de la inclusión en el plano económico para situar la relevancia de la ampliación de libertades en un contexto democrático. Insiste en la importancia que tiene el implementar políticas de reconocimiento, en contextos de diversidad cultural como el nuestro, para hacer posible la participación en la deliberación pública de los excluidos. Como lo han hecho otros autores en este libro, Tubino enfatiza el carácter de relación social de la inclusión, tanto en la política como en la cultura, y la necesidad de inclusiones culturalmente diferenciadas orientadas al desarrollo humano, como resultado de un proceso de deconstrucción de las diversas modalidades de exclusión instaladas en los espacios públicos de la sociedad.

La contribución de Patricia Ruiz Bravo es sobre la situación de las mujeres que, estando incluidas y empoderadas en la sociedad a través de instituciones como la familia, el barrio, el mercado y el estado, siguen siendo excluidas en un proceso constante y casi institucionalizado que limita su participación, a pesar de que, incluso, ocupan cargos de representación política. En la medida en que presenta resultados de sus investigaciones, Ruiz Bravo distingue entre una inclusión que no incluye, porque lo hace en condición de subordinación reproduciendo condiciones de exclusión, y una inclusión sustantiva. En favor de esta última, la autora recomienda que las políticas de desarrollo tomen en cuenta las particularidades de las mujeres (indígenas, madres solteras, pobres, víctimas de violencia y discriminación, número de hijos, trabajo, entre otras), así como las maneras en las que son incluidas.

En la misma línea propositiva, desde las perspectivas de la teología, la filosofía y las ciencias sociales, Felipe Zegarra nos plantea un acercamiento a la inclusión y al desarrollo a partir de la sociedad civil y las actividades de autoformación de diversos actores, al presentar una «hipótesis atrevida»: afirma que lejos de atravesar un momento de fragmentación estamos en un momento de desfragmentación, después de siglos de divisiones y distanciamientos sociales en el país. Así, con el respaldo de autores que han estudiado y analizado la realidad peruana en el último medio siglo, Zegarra toma casos y experiencias como ejemplos, tanto en el nivel micro, por el alcance de su acción, como en el macro. La riqueza y diversidad de los casos le dan mucha fuerza a su argumentación para demostrar que la formación de la capacidad intelectual y emocional permite a gente excluida crecer en autoestima y humanidad. Ello, a su vez, les permite asumir iniciativas productivas y compromisos que benefician a sus comunidades, incluyéndolos a todos y desfragmentando el país.

La lectura de los diferentes ensayos permite, en conclusión, apreciar lo multidimensional y complejo que es el proceso de inclusión, la densidad de relaciones implicadas en él y la importancia que tiene en el desarrollo humano. La inclusión, como hemos visto, debe ser parte del proceso de ampliación de libertades, y por eso utilizamos en plural dicho término en el título del libro: para hablar de inclusiones en relaciones sociales, en esferas de acción, en instituciones, en grupos étnicos y, finalmente, en la condición humana.

Fidel Tubino, Catalina Romero y Efraín Gonzales de Olarte

1 El coloquio se llevó en el segundo semestre de 2012 en la PUCP.

Inclusión/exclusión en perspectiva relacional y desarrollo humano

Javier M. Iguíñiz Echeverría

A Albert O. Hirschman

En este artículo presentamos un concepto de inclusión/exclusión social que pone el acento en las relaciones sociales en que participan las personas, por lo que se trata de inclusiones/exclusiones en relaciones sociales. El marco general es el de las capacidades que propone Amartya Sen y ello nos lleva a distinguir entre inclusión/exclusión en la práctica propia de las diversas relaciones, por un lado, y de inclusión/exclusión de recursos, instituciones y derechos, por el otro.

Introducción

Actualmente, el término inclusión tiene un amplio uso. Ahora bien, la propuesta que presentamos reacciona contra su empleo indiscriminado y opta por una manera específica de entenderlo, pues el contexto político nacional en el que estamos viviendo requiere que se especifique su significado y, a la vez, que se reconozca que en la práctica de la política social esta palabra puede tener legítimamente sentidos distintos que presentaremos en mayor detalle. Más adelante indicaremos algunas de estas acepciones que generalmente conviven en buenos términos con la que desarrollaremos a continuación.

El concepto de inclusión/exclusión que aquí presentamos se focaliza en las relaciones sociales más o menos inmediatas en las que las personas interactúan, haciéndolo desde la perspectiva del desarrollo como «expansión de capacidades»2. En lo fundamental recogemos y resumimos, con algunas explicaciones adicionales intercaladas, el planteamiento de Amartya Sen (2000b) al respecto, pues consideramos que su interpretación destaca la potencia y límites del enfoque de la exclusión social, y resulta poderoso y útil para las políticas públicas, así como también para las iniciativas privadas. En suma, analizaremos la inclusión/exclusión en las relaciones sociales que afectan la agencia social humana (2000b, pp. 35-36)3. Cabe mencionar que esta mirada encaja bien con una preocupación por juntar la medición con la explicación: «[…] la medición de la pobreza debe ser acompañada de análisis de los procesos sociales, estructuras y relaciones que crean pobreza (y, podríamos añadir, por acción práctica y política para confrontar la pobreza)» (Alkire & Santos, 2009, p. 123; la traducción es nuestra).

Ahora bien, ¿qué aspectos de la realidad son destacados en esta perspectiva? La literatura al respecto es amplia. Algunos de los comunes denominadores que se encuentran en los trabajos que presentan el enfoque de la exclusión social son: a) su acento en los procesos en que están inmersas las personas y los grupos; b) su concentración en la continuidad y cambio de ciertas relaciones sociales y de las personas en ellas; c) su interés por las causas de ciertos fenómenos, siempre que estén bien acotados, y d) su carácter esencialmente dinámico (Sen, 2000b; Saith, 2007; Hills y otros, 2009).

Ambos términos, inclusión y exclusiónsocial, aluden a una situación, pero más comúnmente a una actividad y proceso, y nos interesa destacar sobre todo estas últimas acepciones, porque resultan útiles para entender ciertas causas, remedios y responsabilidades de la pobreza. Esas causas son las que tienen que ver con deficiencias, limitaciones, sea por inclusión inadecuada, sea por exclusión en relaciones sociales familiares, económicas, políticas, religiosas, etcétera. Son, en ese sentido, causas relacionales4, y en tanto tales, directamente sociales, de la pobreza, en nuestro caso, entendida como privación seria de capacidades, incluyendo entre estas dimensiones, también relacionales, como la vergüenza de aparecer en público que a menudo siente el pobre y el anonimato en el que vive frecuentemente por su insignificancia social.

Tales causas se distinguen de otras que tienen lugar, según el asunto bajo análisis, en otro tipo de enfoques, pero, en cualquier caso, se contraponen claramente a aquellas que tienden a atribuir la pobreza a características de los propios pobres, generalmente a título individual («blame the victim»), y que con frecuencia, además de exagerar su importancia, las desconectan del complejo proceso de exclusión social e inclusiones perversas que son parte de la vida de los pobres5.

Inclusión en un aspecto fundamental del vivir humano

El enfoque de la inclusión que trabajamos en el GRIDHAL promueve una perspectiva de la inclusión/exclusión social que busca colocar la vida del ser humano concreto en el centro de la preocupación, del análisis y de las políticas. Para Sen esa búsqueda no es especialmente difícil si se parte del enfoque de las capacidades y, más fundacionalmente, desde una perspectiva aristotélica. Como señala este autor sobre el enfoque de la exclusión: «[s]u importancia no se encuentra en su novedad conceptual ya que, en realidad, es visto de mejor manera al interior de un marco gruesamente aristotélico de libertad y capacidades» (Sen, 2000b, p. 47; la traducción es nuestra). Este marco, pues, pone el acento en la necesidad de centrar la evaluación de una vida en las funciones que ejerce el ser humano y en su actividad6.

Desde la perspectiva de Sen, se entiende que lo que una base gruesamente aristotélica de comprensión de la inclusión/exclusión pondría de relieve es lo que la gente es y hace en y con sus vidas. Los individuos son concebidos principalmente como agentes de su destino, pero vistos en medio de múltiples relaciones sociales y, además, no como meros pacientes. Casi siempre, los seres humanos son agentes en el seno de relaciones humanas. Se entiende, por tanto, la manera de vivir como compuesta de actividades en medio de relaciones y procesos a los que se contribuye.

La importancia de concebir la vida enrelación puede, en efecto, ser apreciada recordando una clásica distinción que nos retrotrae, como ya adelantó Sen, a Aristóteles. En su clasificación se distinguen tres formas de actividad humana7. Por un lado, teoría/ciencia (episteme) que se refiere a la actividad humana que trata de lo universal y necesario, que busca la demostración de las cosas, basándose en una racionalidad teórica, con la finalidad de saber por saber, de contemplar. En segundo lugar, la acción interactiva (praxis) que trata de lo particular y contingente, cuyo método es la deliberación; la racionalidad es práctica y la finalidad es vivir mejor: la vida buena. En tercer lugar, la actividad productiva (poiesis) que se centra en la creación de cosas que son un artificio humano, con una racionalidad instrumental y que buscan productos, «mundanidad». En el primero, la excelencia (areté) consiste en la sabiduría (sofía); en el segundo, en la prudencia (phronesis), y en el tercero, en el arte (tecné). Al estudiar, entonces, la dimensión relacional de las actividades humanas nos situamos en un plano con densidad propia que es distinguible del que trata sobre la «relación» entre cosas (la ley de la gravedad) y del que analiza la relación entre seres humanos y las cosas (la innovación tecnológica)8.

En este gran marco9, la actividad de elegir, propia de los individuos, y tan importante en el enfoque de las capacidades, se puede ubicar en diferentes casilleros, ya que encuentra un lugar distinto cuando se trata del mundo de la técnica que cuando se elige entre relaciones humanas alternativas o dentro de ellas. En consecuencia, lo relacional no se contrapone a lo individual aunque complejice su tratamiento. Además, debido a este motivo, hemos dedicado el artículo a Albert O. Hirschman, porque fue él quien nos ilustró sobre el ejercicio de la libertad respecto de las relaciones sociales propias de las organizaciones. Sus conceptos salida, voz y lealtad son una manera de poner de relieve lo diverso de tal ejercicio.

En general, las relaciones sociales se crean, se reproducen, se cambian desde dentro y se rompen, y generalmente forman parte de la vida y ayudan a vivir. Desde esta perspectiva interesan las relaciones sociales en la medida en que constituyen: a) aspectos de la manera de vivir que son importantes en sí mismos para bien o para mal y b) instrumentos para lograr otros fines más o menos trascendentales, como obtener recursos para seguir viviendo como individuo o conquistar derechos que, a su vez, ayuden a desempeñarse mejor en la vida10.

En esta manera de enfocar la realidad, un país subdesarrollado sería aquel en el que, para una alta proporción de la población, las diversas relaciones sociales en que participan las personas les permiten en grado muy reducido ser agentes de su propio destino y del destino de las relaciones en las que participa. Ello puede ocurrir porque la persona no logra, individual y colectivamente, obtener los recursos necesarios para vivir. Una persona pobre es aquella que vive mal en el doble sentido indicado arriba: sus relaciones sociales son a menudo castradoras, cotidianamente insoportables, frustrantes y, a la vez, sirven para poco en su afirmación como ciudadano o en el sostenimiento material de su familia o en el logro de un status social digno en la comunidad.

Claro está que no todo el desempeño de los individuos se puede deducir de las relaciones en las que está involucrado11. Señalamos esto para indicar que nuestra aproximación a la vida de las personas desde la perspectiva de la inclusión/exclusión es parcial, en el sentido de que aun tomando todas las relaciones sociales en cuenta, cosa tan imposible como inútil, no se llegaría a una visión cabal de la condición humana. Aun así, un punto de vista relacional es muy poderoso. Se vive, esto es, sees y seactúa, en gran medida, en relación12. Y ello sin reducir en lo más mínimo la importancia de la libertad individual para salir de ciertas relaciones o entrar en nuevas, o en crearlas o destruirlas. Además, un mismo tipo de relación social no supone personas iguales.

Inclusión/exclusión activa, pasiva y perversa

En el ensayo de Sen sobre exclusión en el cual más nos basamos el autor se propone distinguir las exclusiones activas de las pasivas. Un ejemplo de las primeras es cuando a los migrantes o refugiados no se les da un estatus político que les permita vivir adecuadamente. Y, de las segundas, cuando las privaciones resultan de una crisis económica general (2000b, pp. 14-15). Esta última acepción de la exclusión, ajena a las intenciones de excluir, debe ser más trabajada para lidiar con fenómenos estructurales cuya vigencia es una combinación de factores fuera de control de los agentes sociales y otros claramente intencionados que expresan objetivos e intereses específicos.

Otra distinción del mismo autor es la que separa las inclusiones favorables de las desfavorables, como las que a menudo ocurren en el ámbito laboral o familiar o en el del ejercicio de la ciudadanía (2000a, pp. 28-29).

Las relaciones laborales «no decentes», o las propias de la consulta popular o de los presupuestos participativos, pueden pues evaluarse desde esta perspectiva de inclusión/exclusión. La pregunta sobre a qué se incluye es del todo pertinente al momento de evaluar una política de inclusión.

Aunque el acento en lo causal no lleva automáticamente al señalamiento de responsabilidades personales o grupales, el aspecto relacional en la explicación de la pobreza permite apuntar más finamente hacia las responsabilidades mutuas entre las personas. Sin duda, el tema de la responsabilidad es más amplio. Por ejemplo, Sen sugiere algo para reflexionar: «[q]uerría sostener que la preocupación por la fraternidad lleva a la necesidad de evitar la “exclusión” de la comunidad de personas, así como la preocupación por la igualdad nos empuja en la dirección de un compromiso para evitar la “pobreza”» (p. 24; la traducción es nuestra)13.

Si bien la pobreza no es siempre explicable de manera técnica en vocablos exclusivamente relacionales, no es posible evadir del todo esos términos. Pero el punto es más completo y de fondo cuando recordamos lo que ya indicamos arriba: que la exclusión es el rechazo a un aspecto constitutivo de la manera de vivir y, en cuanto tal, también es un factor en la creación y caracterización de la pobreza. Como señala Sen: «[n]ingún concepto de pobreza puede ser satisfactorio si no toma adecuada cuenta de las desventajas que resultan de ser excluido de las oportunidades compartidas disfrutadas por otros» (p. 44; la traducción es nuestra).

El lugar de la inclusión/exclusión de recursos, instituciones y derechos

Hemos explicado la acepción de los términos inclusión/exclusión que pone el acento en el aspecto relacional de la vida, es decir, en el aspecto de las relaciones sociales, las cuales, al ser efectivamente ejercidas, llamamos vivir, en la medida en que consideramos que lo más importante de nuestras vidas ocurre, generalmente, enrelación.

Exclusión en el acceso a bienes y servicios

Hasta ahora hemos dejado de lado una manera bastante común de aludir, en el lenguaje corriente, a la inclusión/exclusión, que es la que se relaciona con el acceso a bienes y servicios. Decir que alguien está excluido del agua o del servicio de salud no es una manera extraña de expresarse para referirse a una situación problemática. No es, sin embargo, la manera de expresar la inclusión/exclusión que favorezco en las líneas anteriores.

Claro está que comúnmente —y con mucha razón— se puede argumentar que las dificultades para acceder a ciertos bienes y servicios tienen como explicación alguna o varias exclusiones. Empero, no conviene recurrir de manera tan simple a esa vía, apuntando, por ejemplo, a alguna exclusión muy indirecta, de trasfondo, o alguna que haya ocurrido mucho tiempo atrás, pues el sentido práctico que reclama este enfoque de la inclusión/exclusión no favorece ese ejercicio. Al contrario, la mayor productividad nos parece que tiene que ver con relaciones más inmediatas que, eventualmente, podrían ayudar a entender mejor aquellas más abstractas: estamos hablando de las relaciones laborales salariales cotidianas y las que se dan entre clases socioeconómicas14.

En efecto, cuando se trata de bienes imprescindibles como el agua, esa falta de acceso —salvo en el extraño caso de un solitario habitante en una isla o alguien perdido en el desierto— generalmente tiene que deberse a algún proceso de exclusión por acción u omisión propiamente social, o inclusión inadecuada, en algunas de aquellas relaciones sociales, familiares, comerciales, empresariales o políticas que hacen efectivo el acceso al agua.

Una hipótesis en principio muy poderosa en torno al acceso a bienes y servicios es la que destaca el problema de la escasez. Su popularidad, acentuada en el marco de los problemas de sostenibilidad ambiental, ha llevado a recurrir con demasiada facilidad a ese tipo de explicación. Al respecto, uno de los aportes de Sen más reconocidos ha sido su análisis de hambrunas y la conclusión de que algunas de las más grandes del mundo no se debieron a la escasez de alimentos sino a la ruptura de relaciones sociales de tipo económico que dejó a millones sin el salario necesario para adquirirlos dentro de las reglas del intercambio comercial (1981).