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Miguel Riofrío

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Beschreibung

La emancipada, de Miguel Riofrío (1822-1879), narra la historia de Rosaura, una joven que, sintiéndose asfixiada por las rígidas convenciones sociales de su tiempo, se niega a aceptar el matrimonio que le impone su padre y decide tomar las riendas de su vida. Publicada por entregas en 1863, se trata de la primera novela de Ecuador, aunque no fue rescatada hasta 1974, momento en que desplazó de este lugar de honor a la famosa Cumandá de Juan León Mera. Su gran capacidad de sintetización de temas universales -como los tópicos acerca de la conformación de la nación y la posición del Estado, el desarrollo del individuo dentro y frente a la sociedad y, sobre todo, el concepto del amor en la Latinoamérica decimonónica- la convierte en una de las más logradas narraciones de la novelística hispanoamericana del siglo XIX.

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Veröffentlichungsjahr: 2026

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Miguel Riofrío

La emancipada

Edición de Fernando Nina Rada

CÁTEDRAletras hispánicas

Índice

Introducción

Miguel Riofrío: «poor devil» a quien «faltaba sin duda lectura seria y reposada de los clásicos»

Una breve introducción a la novela decimonónica hispanoamericana

La letra con sangre entra: sobrescritura, ethos barroco y disección

Antecedentes

El argumento de La emancipada

La Ley del Padre y su subversión

La idea de la Nación como Aldeay La letra con sangre entra: leitmotiv fundacional de la literatura ecuatoriana

Esta edición

Bibliografía

La emancipada

Primera parte

I

II

III

IV

Segunda parte

V

VI

VII

Apéndice

Créditos

Introducción

Miguel Riofrío (17 de junio de 1819, Loja-11 de octubre de 1879, Lima). Imagen que reposa en los archivos de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de la ciudad de Loja.

El canon literario ecuatoriano y latinoamericano consideró durante mucho tiempo a la novela Cumandá de Juan León Mera, publicada en el año 1879, como la primera novela ecuatoriana1. En el estudio más completo sobre la novela ecuatoriana, escrito por Ángel F. Rojas, dice este: «La novela en el Ecuador empieza con Juan León Mera»2. Con esta edición se intenta corregir este dato y ofrecer una edición crítica de la novela La emancipada del ecuatoriano Miguel Riofrío, publicada en el año 1863, por entregas, probablemente en el diario La Unión de Piura3. La primera edición que rescató a la novela del olvido data del año 1974 y fue ordenada por el Consejo Provincial de la ciudad de Loja, cuna de grandes artistas y pensadores ecuatorianos, por lo cual se la puede llamar sin reparos la Weimar sureña del actual Ecuador. La novela La emancipada constituye dentro de la novelística hispanoamericana del siglo xix una de las más logradas narraciones, sobre todo por la capacidad de sintetización de temas universales. Entre ellos se encuentran los tópicos acerca de la conformación de la nación y la posición del Estado, el desarrollo del individuo dentro y frente a la sociedad y, no por último, el concepto del amor en el siglo xix. Estos temas se debaten por medio de la modelación novelesca de los conflictos centrales de la novela: la posición legal y natural de la mujer dentro de la sociedad decimonónica ecuatoriana (latinoamericana), el concepto de matrimonio y el conflicto entre legislación civil y eclesiástica. Adicionalmente, en estas pocas páginas, Riofrío transpone, en un juego sutil entre develación y revelación dos entidades significativas de fundamental importancia para el mundo hispanoamericano: la cuestión de la subalternidad en sociedades poscoloniales y la colonialidad del poder epistémico, que se presenta con una densidad simbólica y alegórica clave para su codificación y entendimiento.

Se trata de un texto aún mayoritariamente desconocido por la crítica especializada, pero de valor intertextual, de condensación estilística y de base epistémica sorprendente. Existen pocas novelas que en tan pocas páginas densifiquen tan certeramente tan vasta complejidad significativa en la época de las independencias hispanoamericanas. Para Riofrío la lógica que estructura su entorno histórico y al que él le intenta dar una forma, es la del lenguaje.

La novela corta de Miguel Riofrío describe en formulación concisa y por medio de complejas referencias intertextuales el alto grado de dialogicidad de la prosa y se torna hipóstasis de un juego de palabras que demuestra la interacción de posiciones de sentido que ya circulaban en el siglo xix entre Latinoamérica y Europa. Aunque se ha leído la novela comúnmente desde una perspectiva romántica y costumbrista, esta se puede interpretar de igual manera como alegoría nacional autorreflexiva, donde la nación es representada por la aldea y el autosacrificio de la protagonista Rosaura se puede entender a la vez como sacrificio para la salvación de la nación, pero también como inserción táctica de alteridad dentro del discurso nacional. La referencia intertextual con la protagonista Rosaura de La vida es sueño de Calderón de la Barca es evidente, ya que esta se presenta de igual manera como mujer fálica con la espada en lo alto4. Rosaura no es por ello únicamente una sacrificada sino también reivindicadora de indígenas y mujeres. Por medio de la sentencia que funciona como leitmotiv «la letra con sangre entra» se entrelazan la problemática de la búsqueda de una expresión literaria propia con el conflicto genealógico entre españoles y criollos, pero también con los indígenas, así como con la pregunta acerca del rol de la mujer en el Ecuador independiente. La novela no reproduce, sino que genera un espacio semántico y simbólico en el cual se pueden disputar las disyunciones. Este espacio se constituye como zona indistinguible entre pre-escritura autoritaria y re-escritura emancipada.

Miguel Riofrío: «poor devil» a quien «faltaba sinduda lecturaseria yreposada delos clásicos»

El 11 de octubre de 1879 falleció no solo un hombre cuya formación humanística fue exhaustiva. Dominó las lenguas clásicas, como el latín y el griego, y estudió en profundidad idiomas modernos como el inglés y el francés. Este rigor académico, sumado a su pasión por el español, moldeó al futuro literato. Sin embargo, los prejuicios de casta en su entorno paterno lo distanciaron desde niño de su madre, un hecho que marcó tanto su vida personal como su perspectiva social.

Riofrío nació, por manejo de datos fidedignos de Fausto Aguirre5 utilizados desde 1971, el 17 de junio de 18196. En 1974, Alejandro Carrión, escribiendo desde Washington, abordó el origen de Miguel Riofrío en un artículo que acompañaba la primera edición de La emancipada. Según Carrión, basándose en un dato de 1822, el padre de Riofrío habría sido el Dr. José María Riofrío y Valdivieso, y su madre, Custodia Pedreros, descrita como mulata. Sin embargo, esta afirmación resulta polémica. José María Riofrío, abogado que posteriormente ingresó al sacerdocio y alcanzó el arzobispado en Quito, no habría podido ocupar dicha posición religiosa si se hubiese confirmado su paternidad de un hijo fuera del matrimonio, como estipula el Derecho Canónico. Este detalle plantea interrogantes: ¿se ocultaron ciertas realidades o fue simplemente una confusión histórica?

Rodolfo Pérez Pimentel, reconocido historiador ecuatoriano, ofrece otra versión: Miguel Riofrío sería, probablemente, hijo ilegítimo de Agustín Riofrío y Valdivieso y Águeda Custodia Sánchez, también mulata. Según este análisis, Riofrío provendría de un contexto mestizo que fusionaba las jerarquías provincianas con las raíces del estado llano, una mezcla que nutriría su notable intelecto y su fervor por la libertad. Este origen contrastaba con la posición social de los Riofrío, una familia acaudalada que manejaba prósperos negocios entre Loja (hoy Ecuador) y Piura (hoy Perú).

Desde su infancia, Riofrío mostró una notable inclinación por el estudio. En ausencia de la educación preescolar, común en su época, aprendió sus primeras letras en la escuela anexa al colegio San Bernardo, donde también cursó la secundaria. Gracias a la calidad educativa de Loja, con instituciones de prestigio como el colegio de los jesuitas y las escuelas de Bernardo y Miguel Valdivieso, Riofrío destacó académicamente desde temprana edad. Tras obtener el bachillerato en San Bernardo, se trasladó a Quito en 1843 para ingresar al Convictorio de San Fernando. Allí completó la carrera de Derecho, recibiéndose en 1845 como doctor en Jurisprudencia y un año después como abogado, tras superar los exámenes en la Corte Suprema de Justicia7.

Riofrío emerge como una figura multifacética que dejó huella en la política, el periodismo y la literatura ecuatoriana del siglo xix. Durante sus años como estudiante de Derecho en el Convictorio de San Fernando, simultáneamente profundizó en los estudios de periodismo y defendió públicamente al presidente Roca8. Su destacada trayectoria académica culminó en 1849, cuando se graduó en Jurisprudencia y fue designado Regente de Estudios en su alma mater. Paralelamente, se inició como redactor en el periódico La Unión, mostrando ya su inclaudicable compromiso con la libertad y la democracia.

Durante el gobierno de Ascázubi9, su actitud política lo convirtió en blanco de persecución, llevándolo al escondite, donde aprovechó el tiempo para prepararse como abogado. Tras superar este difícil periodo, con la llegada del nuevo régimen en 1852, fue elegido diputado por Loja y asistió a la Asamblea Constituyente de Guayaquil, aunque el historiador Pérez Pimentel sostiene que no participó en la misma. Asimismo, comenzó a trabajar en el Ministerio de Relaciones Exteriores, marcando un inicio en su trayectoria diplomática10.

En 1853, fue nombrado secretario de la legación ecuatoriana en Colombia, labor que desempeñó con tanta dedicación que terminó asumiendo el cargo de Encargado de Negocios. Durante su estancia en Bogotá, su sensibilidad literaria y erudición encontraron un terreno fértil. Riofrío no solo amplió sus estudios literarios, sino que fue muy reconocido por su prosa y poesía. Esto le valió ser admitido como miembro del Liceo Granadino, la más prestigiosa Academia de Letras de Colombia. Como miembro activo, promovió la cultura ecuatoriana, destacándose en episodios como la dignificación funeraria del literato Andrade y Ponte11.

Su retorno al periodismo en Ecuador lo consolidó como pionero en la prensa nacional, fundando y dirigiendo diversos periódicos como La Razón, El Veterano, El Seis de Marzo, La Unión y El Industrial. También colaboró con publicaciones de renombre como El Ecuatoriano, La Democracia y La Alianza. Riofrío no solo reflexionó sobre temas políticos y sociales, sino que también se convirtió en un promotor clave del movimiento literario de su generación, brindando espacios para las primeras obras de Juan Montalvo y ejerciendo como un guía espiritual en el ámbito cultural.

La efervescencia política en Colombia también moldeó su legado. Pío Jaramillo Alvarado relata cómo Riofrío gestionó la llegada de intelectuales colombianos al Ecuador, entre ellos Belisario Peña y Francisco Ortiz Barrera, para fundar en Loja el colegio La Unión. Este centro educativo pronto ganó renombre por su excelencia y atrajo estudiantes de toda la región, convirtiéndose en un hito de la educación ecuatoriana de la época.

Perseguido a lo largo de su vida por sus ideales, Riofrío fue un defensor incansable de la cultura y la libertad. Su contribución dejó un impacto duradero en el periodismo, la literatura y la educación de Ecuador, mientras mantenía intacta su influencia intelectual en los ámbitos nacionales e internacionales.

Hacia 1846 Miguel Riofrío inició su destacada carrera como profesor y pedagogo, bajo el nombramiento de su tío, el Dr. José María Riofrío, rector del colegio San Bernardo de Loja, donde comenzó a enseñar Humanidades. Paralelamente, durante la presidencia de Urbina12, se unió al partido gobiernista, mostrando ya su activismo político. En 1852 fue elegido diputado por Loja y, ese mismo año, dirigió la sociedad cultural y artística La Ilustración en Quito. Además, participó como fundador de la Escuela Democrática Miguel de Santiago, donde organizó una celebración en honor a la poesía. Durante este evento, pronunció un memorable discurso al coronar a Julio Zaldumbide por su poema «A la música». También en esa época escribió la leyenda quichua Nina13, precursora de obras como La Virgen del Sol de Juan León Mera14.

En 1857 Riofrío viajó a Bogotá para asumir el cargo de Encargado de Negocios de Ecuador, consolidando su carrera diplomática. Sin embargo, en el turbulento clima político de 1860, cuando Gabriel García Moreno lideró una purga de elementos urbinistas, Riofrío fue encarcelado junto con otros opositores. Liberado tras semanas de prisión, partió al Perú, donde continuó su labor educativa, primero como profesor en el colegio San Miguel de Piura y luego en un prestigioso colegio en Lima15.

En 1862, mientras residía en Lima, Riofrío trabajó como redactor en El Comercio de Callao. Un año después comenzó a publicar por entregas su obra más conocida, La emancipada, en el periódico La Unión16. Considerada la primera novela ecuatoriana de la República, esta obra de corte romántico y realista denuncia las injusticias sociales y el fanatismo de su tiempo. Su publicación siguió el formato de folletín, popular en la literatura europea de la época.

Miguel Riofrío mantuvo su influencia hasta el final de sus días. En 1879, mientras ejercía como ministro plenipotenciario del Ecuador en Perú, falleció en Lima el 11 de octubre. Su legado perdura como una figura intelectual, política y literaria que marcó la historia ecuatoriana del siglo xix.

La valiosa herencia cultural y el legado de Riofrío evidencian su versatilidad como poeta, novelista, periodista, orador, pedagogo, filólogo, entre muchas otras facetas notables, «todo en una pieza y con facetas de igual brillo» —lo dice Pío Jaramillo Alvarado17.

Riofrío construyó una notable carrera como político y diplomático, desempeñándose siempre con dignidad y representando con honor a su patria. Su destacada labor fue reconocida en diversos espacios de prestigio, como el Parlamento, el Liceo Granadino, la Alianza de Lima y el Congreso de Jurisconsultos Americanos, en los que su participación sobresalió por su excelencia y elocuencia.

Desde sus años como estudiante de Derecho en el Convictorio de San Fernando en Quito, Riofrío mostró su talento como orador. Uno de sus discursos más emblemáticos fue pronunciado a los 27 años, en el cuarto aniversario de la sociedad Amigos de la Ilustración. En esa ocasión, desplegó un profundo análisis sobre las conexiones entre política y literatura, evidenciando su brillantez intelectual y su extraordinario dominio de la palabra.

Pío Jaramillo Alvarado destacó a Riofrío como un auténtico apóstol del liberalismo y un firme defensor del libre pensamiento, como político, diplomático y orador. Por otro lado, Vicente Paz, al referirse a su personalidad, expresó lo siguiente:

Acaba de rendir, en fin, su última jornada, en el áspero sendero de la vida y lejos de los lares queridos de su patria, el que fue doctor Miguel Riofrío, representante del Ecuador cerca del gobierno del Perú, con el elevado cargo de Ministro Plenipotenciario.

Ha muerto una de las últimas reliquias de ese gran partido liberal, que ayer nomás, fue el terror de los tiranos, y que hoy, por una inexplicable aberración histórica, forma, obedeciendo a la ley de los contrastes, el firme pedestal de la más humillante y vergonzosa dictadura.

Nada en efecto llama más nuestra atención, como la faz del político, porque en ella es en la que el ilustre ecuatoriano ha llegado a ponerse a una altura a la cual muy pocos han llegado.

Dotado, el doctor Riofrío, de un espíritu eminentemente liberal, el principal anhelo de su vida fue difundir, por medio de la cátedra y de la prensa, en el colegio, en los comicios y en el parlamento, las doctrinas netamente racionalistas.

Proscrito, entonces, el doctor Riofrío, después del espléndido triunfo que obtuvo en el jurado de imprenta, que conoció de la denuncia de «El Industrial» en el que tuvo el valor de actuar en el proceso de los abusos del Ministro Muñoz, agente irresponsable del dictador García Moreno; hizo rumbo al Perú.

Durante los quince años que, con mano férrea, dominó al Ecuador García Moreno, no se cansó este de emplear toda la sagacidad de su talento, y la influencia de un poder casi siempre irresistible, para inducir a su noble, a la vez que temido adversario, a que abandonara a las filas de la oposición y se alistara en las del partido del gobierno.

Riofrío no cedió ante tales presiones. Había combatido al sanguinario régimen de García Moreno, y no podía convertirse, por las treinta monedas de Judas, en el panegirista del terror. Riofrío no perteneció, ni podía pertenecer jamás, a la familia de los tránsfugas y renegados; se lo impedía la nobleza de su carácter, tradicional en su familia, en su raza y en su pueblo18.

Riofrío, con una profunda sensibilidad poética, dejó una marca imborrable en la literatura ecuatoriana. Su excepcional talento lírico fue reconocido y valorado en varias antologías, estudios y ensayos de la época. Entre los principales críticos y recopiladores de su obra se encuentran Vicente Molestina, quien incluyó sus versos en Lira Ecuatoriana (1866); Juan Abel Echeverría, que destacó su poesía en La Nueva Lira Ecuatoriana (1879); y Manuel Gallegos Naranjo, quien incorporó dos de sus poemas en Parnaso Ecuatoriano (1879). La Academia Ecuatoriana de la Lengua también lo honró al seleccionarlo para la Antología de Poetas y Prosistas Hispanoamericanos en 1892, con motivo del IV centenario del descubrimiento de América. Además, Enrique Marchena publicó una colección completa de sus poemas en 1882, solidificando aún más su prestigio literario19.

La obra de Riofrío refleja un profundo amor por su patria, una nostálgica añoranza por su tierra natal y un retrato auténtico de la realidad nacional. Sus versos, imbuidos del pesar de su exilio voluntario, también muestran una dimensión afectiva y personal, marcada por emociones intensas y un profundo sentido de humanidad.

Entre sus composiciones más notables destaca Nina, un poema basado en una leyenda quechua. En él, Riofrío rinde homenaje a los pueblos originarios del actual territorio de Quito20, evocando el heroísmo de Rumiñahui al evitar que la ciudad real incaica cayera en manos de los conquistadores. Esta obra se distingue por su poderosa capacidad imaginativa y su profundo simbolismo. Afirma Rodríguez Castelo que «rompió cualquier monotonía rítmica conjugando octosílabos simples con dactílicos»21.

Otro poema esencial de su repertorio es Mi asilo, donde plasma la tristeza y el desconsuelo de abandonar su tierra. Este texto, cargado de melancolía, refleja su adiós a amigos y familiares, al tiempo que expone su dolor por el destierro22. A través de sus versos, Riofrío comparte el anhelo de ser recordado por sus compatriotas después de su muerte, dejando un legado que perdura más allá de su tiempo gracias a la fuerza de su poesía.

Miguel Riofrío, un intelectual de magnitud excepcional, debe ser interpretado, situado y estudiado en el marco histórico que le correspondió vivir. Es solo a través del análisis de su contexto que podemos entenderlo cabalmente. El método generacional proveniente de Ortega y Gasset ha sido «seguido ciegamente sin ningún cuestionamiento por diversos críticos hispanoamericanos»23, como afirma certeramente Flor María Rodríguez-Arenas, quien ha rescatado una gran cantidad de novelas del siglo xix ecuatoriano que aún quedan por ser investigadas. Situar y analizar a Riofrío, por lo tanto, más allá de su adscripción a una generación del romanticismo latinoamericano, como lo proponen Juan José Arrom, Enrique Anderson Imbert y Cedomil Goic, resulta fundamental para comprender tanto la vida como la obra de este ilustre autor. En ese sentido Rodríguez-Arenas propone entender esta obra también por medio de su «fuerte capacidad mimética con la realidad circundante, creando una sensación total de verosimilitud»24.

Pío Jaramillo Alvarado afirma: «El liberalismo tuvo en él [Riofrío] un apóstol, y en el libre pensamiento, un convencido»25. Bajo esta visión ideológico-política, Riofrío escribió en 1872 la biografía de Pedro Moncayo durante su estadía en Lima. Este texto constituye un agudo análisis político de la historia ecuatoriana, explorando cronológicamente los eventos desde los últimos años de la Gran Colombia bajo Simón Bolívar hasta el final de la administración de García Moreno26, abarcando así medio siglo de historia nacional. En esta obra, Pedro Moncayo es presentado como una figura crucial: el fundador del liberalismo ecuatoriano, un modelo de integridad y un defensor notable de los derechos humanos27.

En el terreno lingüístico, Riofrío dejó un legado destacable con su obra Correcciones de defectos de lenguaje, para el uso de las escuelas primarias del Perú. Esta aportación pedagógica, que cuenta con ediciones en Lima (1874) y Quito (1971), fue pionera en su época por su rigor y amplitud28.

Reconocido también por su elocuencia, Riofrío se distinguió como un orador sobresaliente y un maestro en el manejo del idioma. Su capacidad para transmitir ideas de manera clara y didáctica se materializa en su obra lingüística, donde el enfoque pedagógico se une a una visión orientada a la perfección del lenguaje. Correcciones de defectos de lenguaje representa una valiosa contribución al desarrollo educativo, consolidando a su autor como una figura emblemática en la enseñanza y difusión del idioma.

La figura de Miguel Riofrío ocupa un lugar significativo en la historia cultural de Ecuador, a pesar de que su reconocimiento no siempre ha sido uniforme. Su primera mención destacada en un ámbito formal aparece en la Antología Ecuatoriana. Poetas, publicada en 1892 por la imprenta de la Universidad Central del Ecuador. Este trabajo se realizó como parte de las conmemoraciones del IV centenario del descubrimiento de América, bajo los auspicios de la Academia Ecuatoriana de la Lengua del Ecuador29.

Sin embargo, la evaluación de su legado ha sido objeto de debate. En 1917, el destacado crítico Manuel J. Calle se refirió a Riofrío como «buen escritor, pero pésimo poeta»30. Este comentario, como afirma Fausto Aguirre, plantea una interrogante clave: ¿se puede separar la figura de poeta de la de escritor? Es probable que Calle lo percibiera principalmente como narrador realista, asociado más a su faceta como novelista que a su habilidad como poeta o articulista. De ser así, esta sería una de las primeras referencias que reconocen a Riofrío específicamente como novelista, aunque no se proporcionen detalles profundos al respecto31.

Por otro lado, críticos como Pío Jaramillo Alvarado en su análisis de la literatura lojana, reconocen a Riofrío como poeta32. En el Sumario de la Literatura Ecuatoriana para uso de los Alumnos de Instrucción Secundaria del R.P. Luis Gallo Almeida, profesor de la asignatura en el Colegio San Felipe de Riobamba del año 1921, consta Miguel Riofrío bajo el capítulo «Provincia de Loja» como primera mención. Con fechas de nacimiento y fallecimiento erróneas (1832-1880) dice: «Su obra principal es la leyenda incásica Nina»33.

En un nivel similar, el destacado autor Ángel F. Rojas lo identifica como novelista y señala que Riofrío, contemporáneo de Juan León Mera y en algunos aspectos su maestro literario, dejó una novela inédita cuyo paradero, según Rojas, era conocido únicamente por Jaramillo Alvarado34.

El reconocido historiador literario Isaac J. Barrera lo presenta como poeta y lingüista, citando tanto su poema Nina como su obra pedagógica Correcciones de defectos de lenguaje. Además, resalta su papel como mentor de jóvenes escritores35. Paralelamente, Galo René Pérez, otro historiador de la literatura ecuatoriana, reafirma su reconocimiento como poeta36.

En la primera edición del Diccionario de Literatura Ecuatoriana de los hermanos Barriga López, Riofrío fue incluido principalmente como poeta. Sin embargo, en la segunda edición se corrigió y ampliaron los datos, incluyendo una nota acerca de su obra más emblemática, La emancipada, y rectificando la fecha de su fallecimiento37.

El crítico Rodrigo Pesántez Rodas, en su manual escolar, destaca a Riofrío tanto como poeta como novelista38. Por su parte, el académico Juan Valdano Morejón ubica a Riofrío en la «segunda vertiente» de la generación de 1824. Esta generación, cuyos principales representantes nacieron entre 1809 y 1824 y cuyos aportes se extendieron hasta 1869, incluyó también a figuras como Rafael Carvajal, Pedro Fermín Cevallos y Pedro Carbo39.

En décadas más recientes, Hernán Rodríguez Castelo, dentro de la colección de Clásicos Ariel, destacó a Riofrío como un exponente esencial de la generación romántica ecuatoriana. Rodríguez Castelo no solo confirma a Riofrío como autor de La emancipada y de otra novela llamada María (de la que se desconoce su localización actual), sino que también establece paralelismos con Juan León Mera en cuanto a sus leyendas en verso. Específicamente en su estudio Literatura Ecuatoriana: 1830-1980, Rodríguez Castelo profundiza en el impacto intelectual de Riofrío, consolidándolo como novelista y una figura fundamental de la narrativa romántica ecuatoriana40.

Antonio Sacoto ubica a Riofrío en su edición de La emancipada como «primera novela ecuatoriana» al lado de El periquillo sarniento (1816) de Lisardi, El matadero (1837) de Echeverría, Amalia (1851) de Mármol y Cecilia Valdés (1839) de Villaverde41.

Esta pluralidad de interpretaciones evidencia la rica y multidimensional contribución de Miguel Riofrío al panorama cultural de Ecuador. Su obra literaria, junto con su legado como poeta, narrador, lingüista y mentor, lo posiciona como un actor fundamental en el desarrollo cultural e intelectual del país.

Miguel Riofrío vivió en una época marcada por intensos cambios políticos, sociales y culturales en Ecuador y América Latina. Su obra, tanto narrativa como poética, está vinculada, como hemos señalado, al romanticismo, reflejando los ideales, las inquietudes y los conflictos de su tiempo. Como ha señalado Hernán Rodríguez Castelo, Riofrío se inserta en la generación romántica, dentro de las coordenadas históricas y literarias que marcan esa etapa en el Ecuador. Sin embargo, podemos constatar que, en la obra de Miguel Riofrío, la literatura se convierte en un medio a través del cual la experiencia adquiere una forma única, adaptándose al universo que esta misma genera. Para él, los hechos y las realidades no solo se presentan, sino que se plantean como interrogantes, se desenvuelven en relatos, se observan desde distintos ángulos, se leen con intención y, finalmente, se comprenden. Todo esto ocurre en el espacio libérrimo de la ficción, un ámbito donde la realidad se transfigura para abrirse a la interpretación y al análisis, permitiendo que la experiencia literaria sea un puente entre lo vivido, lo imaginado y lo reflexionado.

Por otro lado, Juan Valdano Morejón lo ubica en la segunda vertiente de la generación de 1824, que también presenta características románticas, pero con un enfoque particular hacia la fundación y organización republicana, tareas fundamentales tras la independencia del país42. En una línea similar, dentro del esquema generacional del teórico cubano José Juan Arrom, Riofrío formaría parte de la generación de 183443, a la que denomina la primera plenamente romántica en el continente. Según Arrom, sin embargo, a pesar de los múltiples romanticismos europeos es importante «tener en cuenta que el romanticismo hispanoamericano, a pesar de esos y otros influjos, se arraiga en nuestro suelo, se adapta a nuestro medio, se pliega a nuestra sensibilidad y adquiere así características propias»44. Aunque estas interpretaciones tienen matices diferentes, todas coinciden en reconocer a Riofrío como un romántico profundamente comprometido con las realidades y los ideales de su época. Si hay un aspecto que se puede destacar de la supuesta adherencia «romántica» de Riofrío es quizá la relación que tiene en su nouvelle, como forma indecisa, lo no-revelado (das Unverborgene) y la narración. Esta forma de narración que encubre y descubre, que vela y re-vela un significado oculto, está también entre las inquietudes románticas, principalmente del romanticismo alemán. Interpretar y leer lo no-narrado está relacionado con los múltiples prejuicios étnicos, de clase y de género, que marcaban la sociedad de su época pos-independencia.

La vida de Riofrío transcurrió en un periodo clave para Ecuador, desde los años inmediatamente posteriores a la independencia. El Primer Grito de Independencia de Quito en 1809, la matanza del 2 de agosto de 1810 y la posterior proclamación de independencia de Guayaquil en 1820 conformaron los antecedentes más inmediatos de su nacimiento45. En 1822, año en que Riofrío vino al mundo, se libró la batalla de Pichincha46, asegurando la libertad del territorio.

Posteriormente, Ecuador atravesó eventos complejos, como la disolución de la Gran Colombia en 1830 y las guerras internas que definirían su configuración política. Fue una época de inestabilidad, marcada por frecuentes cambios de gobierno, múltiples constituciones y movimientos revolucionarios, entre ellos la revolución marcista de 184547 y el gobierno de Gabriel García Moreno48 hacia el final de la vida de Riofrío. Estos cambios configuran el trasfondo de una generación encargada de «fundar y organizar la República», según Valdano Morejón49.

La generación de 1834, a la que pertenece Miguel Riofrío según José Juan Arrom, enfrentó un contexto cultural y político contradictorio. Arrom señala que esta etapa sucedió a una era de hazañas épicas y la llegada del romanticismo. Fue un periodo de reconstrucción donde los ideales de progreso chocaron con una realidad fracturada. Según Arrom, este escenario de caos social y político propició la aparición de los caudillos como figuras predominantes en América Latina. «A una etapa de épicas hazañas siguió otra de agotamiento y frustración»50.

A esta generación se sumaron intelectuales y líderes que dividieron sus ideales entre dos posturas: aquellos que aspiraban a conservar las instituciones coloniales bajo una forma moderadamente independiente, y aquellos que abogaban por reemplazar el antiguo orden con sistemas genuinamente republicanos y progresistas. Riofrío, como romántico, defendió ideales que, al mismo tiempo, ensalzaban la libertad y la lucha contra la injusticia social, aunque su narrativa no dejó de reflejar las contradicciones y desafíos de su entorno.

Miguel Riofrío destacó como poeta, novelista, crítico literario, lingüista, educador, diplomático y periodista. Estas múltiples facetas lo convirtieron en una figura integral de su época. La emancipada se inserta en un contexto literario y cultural que refleja la transición de un Ecuador independiente pero caótico hacia la consolidación republicana.

Una breveintroducción ala noveladecimonónica hispanoamericana

Según la importante teoría sobre la construcción de las naciones de Benedict Anderson, las comunidades nacionales establecidas en América Latina en el siglo xix fueron especialmente comunidades imaginadas (imagined communities), lo que significa, como él argumenta, que «son imaginadas porque los miembros de incluso la nación más pequeña nunca conocerán a la mayoría de sus correligionarios, ni se reunirán con ellos, ni siquiera oirán hablar de ellos, pero en la mente de cada uno vive la imagen de su comunión»51. Para Anderson, una nación es «una comunidad política imaginada, imaginada como inherentemente limitada y soberana»52. Un papel importante en esta generación de una comunidad nacional tuvieron, según Anderson, los medios impresos, especialmente el periódico que empezó a circular, un ejemplo de ellos serían las publicaciones del ilustrado quiteño Eugenio Espejo, a partir de finales del siglo xvii53. El capitalismo-impreso, como llama Anderson a los empresarios que imprimían sus libros y medios de comunicación en una lengua específica, permitió que varios lectores se reunieran bajo una lengua oficial debido a la maximización de la circulación de estos medios, permitiendo entenderse entre ellos, formar un discurso común al que se sentían vinculados. Estas lenguas de impronta nacional permitían, por tanto, que los lectores se imaginaran a sí mismos como parte de un grupo al que pertenecen juntos, siendo así una nación, una comunidad imaginada construida socialmente. ¿Por qué es esto tan importante para América Latina? Porque Anderson elabora su concepto sobre el ejemplo de las naciones independientes latinoamericanas del siglo xix y porque sobre este fundamento, otra crítica, Doris Sommer, construye su idea de las ficciones fundacionales (foundational fictions)54. Para Sommer las ficciones fundacionales son precisamente la continuación del pensamiento de Anderson sobre las comunidades imaginadas como un factor exterior insertado ahora en el interior de las novelas (es decir, los medios impresos) de la América Latina del siglo xix. Sommer postula que los escritores y lectores de las novelas del siglo xix