La enfermedad invisible - José Ramón Alonso - E-Book

La enfermedad invisible E-Book

José Ramón Alonso

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Beschreibung

En los últimos tiempos se ha producido un sostenido incremento en la incidencia de la depresión. Se trata de una enfermedad que mina de forma notable la calidad de vida de quien la padece, afecta negativamente a su productividad e incluso acorta la esperanza de vida. Pero a pesar de su frecuencia y gravedad, sigue siendo una enfermedad estigmatizada e invisibilizada, que injustamente se mantiene oculta y se aborda desde la vergüenza y el silencio culpabilizador. Sin embargo, nadie es responsable de sufrir una depresión, ya que aquí no hay culpables. La persona deprimida no está simplemente triste o melancólica (dos emociones naturales), sino que padece una dolencia que afecta al organismo, al sistema nervioso, al pensamiento, a las emociones y al comportamiento. La buena noticia es que los pacientes deprimidos sienten que las cosas mejoran cuando saben exactamente lo que les está pasando, y se dan cuenta de que sufren una enfermedad, dura y larga pero curable. Este libro pretende ayudar en ese proceso, destacando las cosas que contribuirán a la recuperación y aquellas en las que no se debe caer.

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Seitenzahl: 188

Veröffentlichungsjahr: 2020

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LA ENFERMEDAD INVISIBLE

LA ENFERMEDAD INVISIBLE

Superar la depresión

José Ramón Alonso

La enfermedad invisible

© 2021, José Ramón Alonso

© 2021, de esta edición, Shackleton Books, S.L.

@Shackletonbooks

www.shackletonbooks.com

Realización editorial: Bonalletra Alcompas, S.L.

Diseño de cubierta: Pau Taverna

Ilustración de cubierta: César Sánchez

Diseño de tripa (edición papel): Kira Riera

Maquetación (edición papel): Kira Riera

Composición ebook: Iglú ebooks

© Ilustraciones (referencia a las páginas de la edición en papel): Jordi Dacs (p. 72 [ilustración basada en la de Kandel, Schwartz, Jessell, Siegelbaum, Hudspeth, Principle of Neural Science, McGrawHill, figura 48-4, adaptada por Nieuwenhuys, 1998]), [d. p.] (p. 69), Designua/Shutterstock (p. 77), Soleil Nordic/Shutterstock (p. 85).

© Fotografías: todas las imágenes son de dominio público a excepción de las de dekazigzag/Shutterstock (p. 110), Simone Hogan/Shutterstock (p. 126), Dario Lo Presti/Shutterstock (p. 145), PhotoSGH/Shutterstock (p. 150). Icons by Icons8.

ISBN: 978-84-1361-078-8

Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento y su distribución mediante alquiler o préstamo públicos.

Índice

Introducción
PARTE I. COMPRENDER LA DEPRESIÓN
¿Qué es la depresión?
Perspectiva histórica
Los primeros síntomas
El diagnóstico
Tipos de depresión
Depresión perinatal o posparto
Diferencias en hombres y en mujeres
Diferencias relacionadas con la edad
El deprimido «feliz»
El organismo deprimido
La genética de la depresión
Diferencias en el sistema nervioso
La química de la depresión
Depresión y salud
Causas de la depresión
Teoría bioquímica
Teoría estructural
Teoría del fotoperíodo
Cambios en la microbiota
Exceso de actividad laboral
PARTE II. TRATAMIENTOS POSIBLES Y SALIDA DE LA DEPRESIÓN
Tratamiento de la depresión
Terapia farmacológica
Terapia electroconvulsiva
Terapia psicológica
Tratamientos para depresiones leves
Tratamientos experimentales
Salida de la depresión: apoyo a la persona deprimida
Un decálogo para convivir con la depresión
Apéndices

Introducción

Es difícil explicar lo que es la depresión a quien no la ha sufrido. Estas descripciones breves, recogidas por el escritor Danny Baker en su página de Facebook, las han hecho personas que han pasado por esta experiencia y son un ejemplo de lo dura que es esta enfermedad.

La depresión es no vislumbrar ningún futuro y no tener respuesta para ninguno de los problemas de tu vida. Cuando tienes depresión, nada te divierte, nada te hace sonreír.Sientes que eres como un fantasma… que no eres parte del mundo real.Es como ahogarse, mientras puedes ver que todo el mundo a tu alrededor está respirando.La depresión es un lugar oscuro del que no se puede escapar.Es como estar encerrada en una habitación sin luz, ni ventanas ni puerta. Está tan oscuro que no puedes ni siquiera ver tus manos delante de tu cara, no digamos ya encontrar una salida.La depresión es la incapacidad para construir o imaginar un futuro.Deslizarse en una depresión es como caer en un pozo oscuro y sin fondo, preguntándote si alguna vez terminará esa caída. Y cuando miras hacia atrás, al lugar desde donde caíste —y que es el mismo al que deseas regresar— puedes ver cómo se va alejando en la distancia, esa famosa luz que se hace más y más tenue, mientras que el pozo en el que estás cayendo se hace más profundo, más oscuro y te envuelve más y más.La depresión es como si te cambiasen la mente por otra que te hace sentir sin ningún valor e insensible a la vida, incluso para mi propio marido e hijo. Me arrebata cualquier sentimiento que no sea una tristeza perpetua que nunca sé de dónde vino pero que conozco muy bien. La depresión me ha robado mi confianza y ya no me siento merecedora del amor de nadie. La depresión me llama cosas y me hace tener pensamientos terribles y ha habido veces en las que la depresión ha ganado y he tomado una sobredosis de un medicamento.Es como estar atrapada en una caja de la que no puedes salir, un lugar muy oscuro donde te sientes tan abatida que incluso las tareas más simples son difíciles. Y te sientes completamente sola.Estás debajo de un suelo de cristal, gritando y golpeando en él para intentar captar la atención del resto del mundo que sigue sus vidas sin ti. El problema es que nadie puede oírte y ni siquiera saben que estás atrapada allí.Emociones múltiples: miedo, desesperación, vacío, insensibilidad, vergüenza y una incapacidad para reconocer a la persona alegre y feliz que solías ser.La depresión es perder el deseo de tomar parte en la vida.Para el resto del mundo es como un agua pacífica, pero hay un tsunami rugiendo por debajo de la superficie.La depresión te hace sentir que eres una actriz que te interpreta a ti misma y que siempre está obligada a sonreír.Estar deprimido es como tener una visión de túnel, independientemente de cómo vaya tu vida, te hace sentir miserable y abrumado sin ningún motivo.Un cáncer del alma.Es como vivir entre la niebla todo el tiempo, un mundo sin color ni risas.Es como vivir en un túnel oscuro sin luz al final, sin aire para respirar por mucho que intentes llenar tus pulmones.Sentirse completamente sola, incluso si estás rodeada de gente.Una desesperanza completa.Es como sentir un duelo por alguien que una vez amaste: tú misma. Cuando te miras en un espejo solo ves los ojos de un muerto. No hay chispa. No hay alegría. No hay esperanza. Te preguntas si conseguirás existir un día más.Sentirse dormida en el interior. Pasa el mundo y el tiempo y nada te da alegría.Sentirse oscura, sola, asustada. Dormir es la única escapatoria para el dolor.Es como ser el prisionero y el carcelero al mismo tiempo.Despertarse a otro día de desánimo y sentir que ese peso en tu pecho nunca va a desaparecer.Solo quieres levantarte en un campo y gritar hasta que tu cabeza estalle, pero no sabes por qué.Como si tu mente estuviera paralizada.Es como caer en un pozo o un agujero oscuro y profundo y no tener una escalera para poder trepar y salir de allí. Estás atrapada en la oscuridad, sientes frío y notas cómo te vas entumeciendo.Me hace sentir como una pequeña semilla en el fondo de una maceta, cuanto más intento crecer y liberarme, me cae encima más tierra que me ahoga y me empuja hacia el fondo.Estar deprimido es que te hayan arrebatado todas tus emociones, salvo las negativas, como son la tristeza, la ansiedad y el miedo.Es una bola de plomo de diez toneladas en tus tripas que no puedes hacer nada más que arrastrar de un lado a otro contigo.Y tienes que intentar parecer normal al mismo tiempo que haces eso.Es un ladrón… te quita todo y te deja morir.Es como tratar de respirar mientras estás envuelta en alquitrán.Es algo más doloroso que cualquier dolor físico que haya experimentado nunca. Y NADIE puede verlo.La depresión es despertarte deseando haber muerto mientras dormías.

Ojalá estas frases, reales y de personas deprimidas, nos ayuden a vislumbrar la dureza, el sufrimiento y la desesperanza asociadas a esta enfermedad.

La depresión es la primera causa de discapacidad a escala mundial, según la Organización Mundial de la Salud, y en 2030 será la enfermedad de mayor incidencia en todo el planeta, con unos 500 millones de afectados. Algunos estudios indican que aproximadamente una de cada seis personas sufrirá depresión al menos una vez en su vida. La magnitud del problema se agrava por el estigma que pesa sobre esta enfermedad, que hace que en muchos casos no sea diagnosticada ni tratada, y por la limitada eficacia de los tratamientos disponibles, que conlleva que sea una enfermedad larga y en algunos casos con recaídas recurrentes o que, simplemente, no responda a las terapias.

Otra dimensión impactante del problema es su coste socioeconómico: se calcula que la depresión y los perjuicios asociados (enfermedad, medicación, absentismo laboral, muertes prematuras...) cuestan cada año a Europa lo equivalente al 1 % de su economía. Frente a la dureza de estos datos, se continúa avanzando, se experimenta con tratamientos psicológicos y farmacológicos eficaces, y sabemos que nuevas líneas terapéuticas con resultados preliminares muy prometedores mejorarán la situación en el futuro inmediato. Hemos ampliado el conocimiento sobre las causas de la depresión, sobre las zonas cerebrales afectadas, sobre la química cerebral de la depresión, sobre las estrategias que pueden prevenir este trastorno o favorecer su recuperación. Pero, mientras llega esa ansiada mejora, debemos combinar, como en cualquier otra enfermedad mental, esperanza y prudencia, apoyo a las personas afectadas, esfuerzo y compromiso en la investigación y concienciación social.

La depresión es una enfermedad física que afecta especialmente al sistema nervioso y que se refleja en comportamientos anómalos. No tiene nada que ver con la tristeza o la melancolía, que son emociones naturales y probablemente necesarias. La depresión afecta gravemente a la calidad de vida, a la productividad e incluso a la esperanza de vida pero, así como para otros temas de salud tenemos unas políticas muy proactivas, con campañas contra el tabaquismo o el alcoholismo, a favor del ejercicio y la dieta sana e incluso para evitar las quemaduras del sol, la depresión se mantiene oculta y se aborda desde el silencio culpabilizador y la vergüenza. Es una enfermedad con estigma, si bien nadie es responsable de sufrir una depresión. Aquí no hay culpables.

Los pacientes deprimidos sienten que las cosas mejoran cuando saben exactamente lo que les está pasando, cuando asumen que es una enfermedad, dura y larga pero curable, cuando descubren las cosas que les ayudan y aquellas en las que no deben caer. La depresión mina recursos, arrebata el placer y la alegría, te convierte en alguien distinto a quien eres normalmente. Pero tú sigues siendo tú en ese pozo en el que te encuentras. Ojalá el estar más informados suponga un apoyo en el camino de la recuperación, un impulso para salir de ese estado; ojalá dé esperanza a personas a las que queremos y que pasan uno de los momentos más difíciles de sus vidas. Son muchos los que salen de la depresión y se curan para siempre; ojalá, sabiendo más, ayudemos a que estos casos de éxito sean cada vez más frecuentes.

PARTE I COMPRENDER LA DEPRESIÓN

¿Qué es la depresión?

La depresión o trastorno depresivo es una enfermedad muy común y de larga duración que provoca que una persona se sienta triste, irritable o vacía y que se caracteriza por la falta de ánimo, la pérdida de interés por la vida cotidiana y sus placeres, los sentimientos de culpa o baja autoestima, las alteraciones en el sueño y en el apetito, la sensación de fatiga o falta de energía y los problemas para concentrarse en un objetivo determinado. La persona deprimida no tiene la misma capacidad que cuando está sana y, aunque hemos identificado algunos factores de riesgo, no está claro qué es lo que nos lleva a sufrir esta enfermedad.

La depresión afecta al organismo, al sistema nervioso, al pensamiento, a las emociones y al comportamiento. Se han observado cambios en la organización cerebral de las personas deprimidas, por lo que puede extrañar su profundo impacto sobre la actividad mental y que afecte a todas las actividades de la vida cotidiana. Dominan las ideas negativas en el pensamiento, el estado de ánimo es muy bajo y la falta de autoestima hace creer al enfermo que no vale para nada y que su familia o su pareja estarían mejor sin él o ella. No es verdad. Las personas deprimidas son las mismas que cuando estaban sanas, pero, igual que con una fuerte gripe no podemos hacer deporte o trabajar como cuando estamos bien, quien tiene una depresión no es capaz de relacionarse, de disfrutar de la vida como cuando no está deprimida. Sin embargo, es el mismo individuo y puede volver a estar bien.

La persona deprimida tiene más preocupaciones, se siente más ansiosa, se nota con menos capacidad para amar, no encuentra nada que le dé placer, maneja la ira de una forma diferente, disminuye su sentimiento de esperanza, cree que nada ni nadie le puede ayudar y tiene sentimientos de culpa que, muchas veces, no están ligados a nada concreto. Se trata de una sensación difusa de oscuridad y desesperanza.

Uno de los errores más frecuentes es considerar que la depresión es únicamente tristeza. A menudo el sentimiento preponderante no es el de estar triste, sino falta de confianza en el futuro, letargia, irritabilidad y muchas otras emociones. Además, diferentes personas presentan depresiones muy distintas entre sí. La depresión no es algo sencillo y claro, es un síndrome amplio que incluye numerosas enfermedades parecidas y que tienen algunos síntomas comunes, igual que el cáncer incluye muchos cánceres diferentes. Además, no todas las personas que están en fases depresivas o maníacas padecen todos los síntomas de estos trastornos. Algunas presentan unos pocos síntomas, otras tienen muchos; algunos son graves, otros son leves. La gravedad de los síntomas varía dependiendo de la persona y también puede cambiar con el tiempo. La diversidad de tipos de depresión se manifiesta en cosas como qué fármacos son eficaces. Así, algunos especialistas piensan que, si no se ven respuestas en las primeras veinticuatro horas tras tomar ketamina, es muy posible que no haya ninguna mejora tras el uso de esa medicación, aunque se haga de forma prolongada. Otra posibilidad es que los distintos tipos de depresión tengan distintas firmas metabólicas y que eso se pueda distinguir en el futuro con, por ejemplo, una analítica en una muestra de sangre o un escáner cerebral que permita determinar la actividad en varias de las zonas encefálicas implicadas en este trastorno del ánimo. Es un tema que todavía esconde muchas incógnitas, pero del que cada día sabemos más.

Las principales señales de depresión

Estado de ánimo triste, ansioso o «vacío» de forma persistente.Sentimientos de desesperanza y pesimismo. Sentimientos de culpa, inutilidad y desamparo. Pérdida de interés o placer en pasatiempos y actividades que antes se disfrutaban, incluyendo las relaciones sexuales. Disminución de energía, fatiga, agotamiento, sensación de estar «a cámara lenta». Dificultad para concentrarse, recordar y tomar decisiones. Insomnio, despertarse más temprano de lo normal o dormir más de la cuenta. Pérdida de peso, de apetito o de ambos, o, por el contrario, comer más de la cuenta y aumento de peso. Pensamientos de muerte o suicidio; intentos de suicidio. Inquietud.Irritabilidad. Síntomas físicos persistentes que no responden al tratamiento médico, como dolores de cabeza, trastornos digestivos y otros malestares crónicos.

La depresión no es algo que se nos cruce en la cabeza; es una enfermedad grave y compleja, con una evolución larga y que para un reducido número de personas termina con la muerte. Con el fin de conseguir una mejoría y salir de la depresión, la mayoría de los afectados necesitan un tratamiento, y muchas de las personas deprimidas que son tratadas se curan o mejoran de manera notable.

Un trastorno del ánimo es una de las experiencias más duras por las que se puede pasar en la vida y no ha de minimizarse su importancia ni para la persona que lo sufre ni para el conjunto de la sociedad. Son muchos los adolescentes y adultos (algunas estimaciones, como se ha dicho, hablan de uno de cada seis) que en algún momento de su vida padecen una depresión. Se trata de un trastorno del ánimo que no conoce barreras geográficas, socioeconómicas, étnicas, de sexo ni de edad. En efecto, aunque es más común en mujeres jóvenes, cualquier persona puede padecerlo. Suele mostrar sus primeros síntomas en edades comprendidas entre los 15 y los 30 años.

El trastorno depresivo afecta a los instintos más básicos de la persona: comer, dormir, tener relaciones sexuales, cuidar de uno mismo, luchar por vivir… Los problemas relacionados con estas facetas de la vida pueden convertirse en crónicos o recurrentes y llegar a afectar gravemente a la capacidad de una persona para encargarse de sus responsabilidades y tareas diarias, incluyendo la vida profesional, la familiar y la personal.

La depresión es un problema global, uno de los principales problemas sanitarios de la humanidad por su coste personal, familiar y social. Un 5 % de la población sufre al menos un episodio de depresión grave en su vida. La cifra alcanza el 15 % si incluimos depresiones de intensidad más moderada. La enfermedad es responsable de más años perdidos (76,4 millones) que cualquier otra condición o problema de salud. Esto es debido al alto número de personas afectadas y a que en muchos casos la depresión se prolonga durante años. Cuando se consideran conjuntamente los factores de discapacidad y muerte, a escala mundial la depresión ocupa el noveno lugar, por detrás de «asesinos» bien conocidos como la enfermedad coronaria, el ictus o el VIH. Sin embargo, los efectos de la depresión se agravan por la ausencia de terapias verdaderamente eficaces y, en general, por la escasez de recursos para la salud mental. En relación con esto último basta tener presente el siguiente dato: la mitad de la población mundial vive en países donde hay menos de dos psiquiatras por cada cien mil habitantes (en Suiza, por ejemplo, hay cuarenta).

El país que tiene el mayor índice de depresión es Afganistán, con un 22,5 % de la población afectada, y es precisamente uno de los peor equipados para luchar contra ella, con tan solo 0,16 psiquiatras por cada cien mil habitantes. Los conflictos bélicos son un claro factor de riesgo en la depresión, al igual que los abusos sexuales en la infancia y la violencia doméstica. Asimismo, el estrés crónico favorece la aparición de la depresión.

Otro problema que influye sobre la alta prevalencia de la depresión a nivel mundial es la escasez de fondos para investigación. Cada año, Estados Unidos dedica 5274 millones de dólares al cáncer, 1230 a la enfermedad coronaria, 1007 a la diabetes, 504 al alzhéimer y 415 a la depresión (fondos de los National Institutes of Health o NIH, datos de 2013).

La enfermedad tiene, además, una mala imagen asociada, pues se presupone que quien la padece tiene algo que ver con su aparición o con su posible mejoría. De ahí que cerca de la mitad de los individuos con depresión no lo cuente o no intente buscar un tratamiento. Por lo tanto, a la dureza de este trastorno del ánimo se une que afecta a aspectos básicos de nuestra vida, a la satisfacción con nuestra existencia, a nuestros objetivos y esperanzas, a la calidad de vida. Más aún, la depresión es una de las causas principales de suicidio.

Finalmente, muchas personas y profesionales consideran que la depresión es un trastorno recurrente y discapacitante y que tiene un pronóstico bastante negativo. Sin embargo, hay estudios que muestran que una parte de aquellos que han sufrido una depresión gozan de una condición magnífica diez años más tarde, con unos indicadores comparables al 25 % de la población en situación óptima, y presentan una recuperación completa. Es decir, la depresión se puede curar y una parte de las personas deprimidas sale de ella y alcanza una magnífica calidad de vida. Cuanto más sepamos sobre este trastorno del ánimo y sobre cómo afrontarlo, más personas tendrán esa evolución positiva.

Perspectiva histórica

Tenemos datos acerca de la depresión nerviosa desde que existe un registro histórico, con los primeros rastros de escritura en unas tablillas mesopotámicas de arcilla de hace cinco mil años. En ellas se habla de una tristeza anómala causada por espíritus malignos. Hay también rastros de la depresión en el antiguo Egipto. Un ejemplo precioso es un poema titulado Diálogo con su alma de un hombre cansado de la vida que se encuentra en el Papiro Berlín 3024:

La muerte está hoy ante mí como la curación de una enfermedad, como un paseo tras el sufrimiento. La muerte está hoy ante mí como el perfume de la mirra, como el reposo bajo una vela en un día de gran viento. (...) como un camino tras la lluvia, (...) como un retorno a casa después de una guerra lejana (...)

Durante siglos, la depresión fue considerada un problema espiritual, para algunos causado por una posesión demoníaca, y la trataron más los sacerdotes que los médicos. Mientras perduró la idea de que su origen estaba en algún tipo de posesión por seres malignos, se la combatió con exorcismos, azotes, ataduras o privación de comida, todo con el objeto de hacer del cuerpo del paciente un lugar incómodo y, así, sacar y alejar de él a esos malos espíritus.

La ciencia griega fue rompiendo con muchas de esas ideas supersticiosas sobre la enfermedad. Hipócrates escribió que los tipos de personalidad y las enfermedades mentales estaban determinados por la distribución de cuatro líquidos corporales, los llamados «humores»: bilis amarilla, bilis negra, flema y sangre. Así, un exceso de sangre provocaba comportamientos hiperactivos (maníacos, en la terminología actual), mientras que el exceso de bilis negra daba lugar al abatimiento, la apatía y a un manifiesto sentimiento de tristeza, la «melancolía» (melas significa ‘negro’ y kholé, ‘bilis’). Esta fue descrita como una enfermedad, con síntomas físicos y mentales característicos. «Todos los miedos y desánimos —decía Hipócrates en sus Aforismos—, si duran un tiempo largo, son sintomáticos de esta enfermedad»; y los melancólicos, como consecuencia de ese desánimo, «odian todo lo que ven y parecen continuamente apenados y llenos de miedo, como los niños y los hombres ignorantes que tiemblan en la oscuridad».

Los remedios propuestos por Hipócrates incluían la sangría (sacar sangre del cuerpo), el baño, el ejercicio físico y la dieta. Otros médicos griegos y romanos empezaron a tratar la depresión como un problema físico y sus terapias incluían, además de lo citado anteriormente, masajes, música, extracto de amapola y leche de burra. No suena mal, pero Cornelio Celso (25 a. C.-50 d. C.) recomendaba, como «tratamiento», hacer pasar hambre a los pacientes, encadenarlos con grilletes y darles palizas, con el fin de provocar en ellos una reacción y alejar así aquella sombra oscura.

Galeno continuó las teorías de Hipócrates, pero Cicerón, en contra de lo dicho por ambos sabios, planteó que la melancolía la causaba un miedo o un sentimiento de rabia o de tristeza, es decir, que tenía una causa mental en vez de física. En aquel entonces, la melancolía era un concepto mucho más amplio que el de la depresión actual. Se otorgaba especial importancia a una serie de síntomas que incluían la tristeza, el rechazo y el desaliento, y a menudo también el miedo, la furia, los delirios y las obsesiones.

Tras la caída del Imperio romano, el mundo árabe se convirtió en la zona de mayor desarrollo cultural y científico. Sabios persas como Rhazes (865-925), médico jefe en el hospital de Bagdad, juzgaban adecuadamente al cerebro como el órgano donde tenía lugar la enfermedad mental y la melancolía. Los tratamientos habituales incluían la hidroterapia (baños) y una forma primitiva de terapia conductual: recompensar al paciente tras un comportamiento apropiado. En el siglo XI