La escalera mágica - Pilar González Serrano - E-Book
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Pilar González Serrano

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Beschreibung

  Los poemas que aparecen en La escalera mágica son como gotas destiladas de un alma de mujer que a través de su trayectoria vital sintió, observó con ojos ávidos de conocimiento cuanto la rodeaba y se rebeló ante la injusta realidad con la que se castigaba al mundo femenino a mediados del siglo xx. Son, en definitiva, modestas puntatas en las que se respiran los ensueños y aspiraciones de cuantas mujeres, ya "sin sombrero", siguieron avanzando en un duro y constante batallar, tratando de abrirse caminos a codazos, pero sin perder el tono de sus íntimas esencias, ni el sentido musical de la belleza. Todos los poemas están acompañados por ilustraciones de Sandra Delgado, que adapta con su particular destreza y estilo el imaginario de Pilar González Serrano.

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Veröffentlichungsjahr: 2019

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La escalera mágica

PILAR GONZÁLEZ SERRANO

Ilustraciones de Sandra Delgado

La escalera mágica

Primera edición, 2019

© Pilar González Serrano

Diseño de portada:

© Sandra Delgado

Ilustraciones:

© Sandra Delgado

© Editorial Ménades, 2019

www.menadeseditorial.com

ISBN: 978-84-120204-3-4

en colaboración con

I. PRIMER RELLANO

al florecer los almendros

paseos y ensueños en el jardín de ártemis

(vieja facultad de filosofía y letras)

Tú eres mi promesa

y el desierto esta tierra,

seca y árida,

en la que me humillo.

LA OTRA ORILLA

Algún día,

surcando caminos de estrellas que al cielo conducen,

mi alma huirá prendida en la albura de una nube,

para ser, del espacio, eterna peregrina.

En la nave transparente de mi adiós

bogará, suavemente, con remos de espuma y plata,

al compás de las notas desgranadas desde un místico órgano,

pulsado por invisibles manos.

Se ensanchará el silencio manso de las alturas,

y un rayo de luz sembrará la noche de quietudes infinitas.

En la otra orilla del mar inmenso,

mi alma reposará en campos dorados y abiertos,

en los que el amor se hace trigo en espigas,

ignorantes de la noción de cosecha y de tiempo.

Y, entre los mil mundos que incendiados arden

en el fuego milenario que fluye de sus entrañas,

mi alma se encenderá de esperanzas,

será un ascua, confundida

con los puntos luminosos

que los cuerpos adheridos a la tierra

creen luces fugitivas, condenadas

a iluminar la mezquina oscuridad

de sus tristes vidas.

Yo sé que llegará ese día,

y la nube que me ascienda.

Habrá camino y estrellas,

habrá nave, y habrá notas,

y un descansar en la orilla...

En esa otra orilla

que quisiera compartir contigo.

EL EDÉN

Ellos tendrán su Cielo,

y tú el Edén.

En los misterios de tus sonrisas

te adoraré.

Ellos tendrán su Cielo,

y tu el Edén.

Con las quimeras de tus pupilas

no tendré sed.

Ellos tendrán su Cielo,

y tu el Edén,

y yo la fe de que, en mis sueños,

te podré ver.

MI QUIMERA

Yo persigo una quimera,

como tú, y como tú...

Yo persigo una quimera,

como vosotros,

todos los que pisáis la tierra

y tenéis ojos

para mirar el reposo

engañoso del cielo.

Y, donde quiera que me halle,

me recojo,

sobre los latidos del tiempo

que me ha sido dado,

y los destrozo,

adivinándola,

más allá de mi juventud,

más allá de la vida misma.

Yo persigo una quimera,

hecha del «tú»

y del «nosotros».

POR LA CALLE

Por ahí, por la calle, llenándolo todo,

va la gente, con su espíritu a cuestas.

Lo lleva asomado en los ojos abiertos

y en los labios cerrados.

Por ahí, por la calle, transita la gente,

sintiendo en su funda de carne

el goteo diario de la vida incesante.

El joven lo cree un derecho.

El viejo se mira al espejo de un escaparate

y se aleja en silencio.

Cada cual, por ahí, con su espíritu a cuestas,

pisa las aceras y cruza las calles,

siguiendo los cauces de ríos de asfalto,

y el olor esquivo de engañosas presas.

Cada cual, como sabe y puede,

traza sus caminos y en ellos,

al final, se pierde.

Gracias a que asciende,

por las rejillas del metro, aire de un Averno,

sugestivo y caliente.

A MI CUARTO DE ESTAR

De mis años de niña,

una sonrisa.

De mis años de mujer,

una nostalgia.

Y, cada vez que te evoco,

para ti, en el aire, dibujo

celosías de caricias

con un lápiz azul y rojo.

¡Caricias! ¿Recuerdas?

¡Cuántas caricias!

Tantas como ilusiones nacidas

al calor del brasero amigo,

removido por la badila.

¡Brasero encendido, recuerdo

de la esjara micénica venida a menos!

Siempre al cobijo de las acampanadas faldas

de una vieja mesa camilla,

redonda, como el ombligo.

Caricias que, aunque dormidas,

pero no perdidas, vibrarán en tus paredes,

en el umbral de tu puerta

y en la intimidad

de tus sencillos muebles.

Y esto sé que será así

ahora, mañana y siempre,

donde quiera que me encuentre

y la vida me lleve.

PERFÚMENES DE ADOLESCENCIA

Blancas azucenas tengo

entre mis sueños perdidos.

Blancas azucenas llevo

con el aroma de un tilo

mezcladas en mi recuerdo.

¡Las azucenas! ¡El tilo!

La soledad de un jardín

en largos atardeceres

y unos ingenuos suspiros

por no saber qué se quiere.

Un nido de golondrinas,

una fuente que libera

su cristalino caudal,

la vereda y más allá

la estrella que parpadea,

aún breve en claridad

del día que se consume.

¡Las azucenas! ¡El tilo!

¡Perfúmenes de adolescencia!

¡Qué lejos estáis, amigos,

y qué lejos la inocencia

de aquellos suspiros míos!

Y sin embargo yo sigo cultivando

en un rincón recoleto de mi huerto

—íntimo y evocador—

una vara de azucenas

y un tilo de flor abierta.

Blancas azucenas llevo

por donde quiera que voy...

U N I D AD

No se desgajan las hojas

siempre una a una,

sino que algunas

tiemblan al tiempo

y en un acorde

vibran unidas

y caen muy juntas.

¡El después ya no importa!

y no importa tampoco

lo que hagan con ellas

el cogedor y la escoba

de un anónimo barrendero.

LA NADA

¿Qué es la nada?

La nada ya es algo:

es nada.

Un fonema castellano,

cuatro letras combinadas

y dos sílabas sonoras

que encierran, en su interior,

la infinitud de la nada.

Y dicen que la nada

no puede pensarse...

¿Qué más dará, si puede sentirse?

¡La nada, esa nada que no existe

me invade toda

y me devora,

cuando tú no estás!

.

EN MI PENUMBRA

A jirones, entra la luz por mi ventana.

A jirones, crece y se ensancha

y sobre la pared dibuja dientes gigantes

que me amenazan.

A jirones, la luz.

A jirones, el alma

entra y se va

por la ventana.

Y yo, en jirones, no tengo fuerza

para cerrarla.

A jirones, la luz

y a jirones, el alma

se estampan a veces

en la ventana entornada...

LA HIEDRA

Me fascina la hiedra que trepa

por los humildes muros del patio

de este colegio de barrio

—en el que enseño

todo cuanto sé y puedo—.

Hay hojas nuevas, hojas tiernas

de un verde claro, entre las viejas,

verde apagado, que ya resecas

se mueren con la caricia de la primavera.

Vigilo un examen.

Los niños piensan, suspiran

y garrapatean

en las milimetradas cuartillas

su lección aprendida,

o mal sabida.

A mí me hipnotizan las hojas oscuras

y las hojas tiernas de la fértil hiedra,

símbolo primario del eterno renacer:

planta elegida de Osiris,

el anual resucitado.

Los niños piensan, suspiran

y garrapatean cuartillas.

Y yo, sin saber por qué,

me colmo de verde esperanza,

como Isis, la plañidera de estrellas.

LA LENGUA DEL GLACIAR

Después de haber escalado

nuestros sueños las montañas

y haber grabado en ellas