Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Esta novela reconstruye una edad de oro de la Escuela de Minas de Medellín a través de cinco personajes principales que cursaron su carrera académica durante aquellos años.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 652
Veröffentlichungsjahr: 2019
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
La estrella
de cinco picos
Una novela sobre la Facultad de Minas
Jorge Alberto Naranjo Mesa
Nicolás Naranjo Boza, editor
2020
La estrella de cinco picos
Una novela sobre la Facultad de Minas
Biblioteca Jorge Alberto Naranjo M.
Primera edición: Facultad de Minas, 1995
Segunda edición: La Carreta Editores, julio de 2004
Tercera edición: Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, septiembre de 2019
© Herederos Jorge Alberto Naranjo Mesa
© Del prólogo, Nicolás Naranjo Boza
© De esta edición, Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín
Carrera 65 # 59 A 110
Tel.: 430 90 00, Medellín
http://www.medellín.unal.edu.co
Correo electrónico: [email protected]
ISBN impreso: 978-958-720-598-5
ISBN digital: 978-958-794-302-3
Coordinación editorial: Janeth Posada Franco
Edición y corrección: Nicolás Naranjo Boza
Diseño y diagramación: María Piedad León Cáceres
Imágenes interiores: Planos de anteproyecto de la Facultad de Minas, tomados de los Anales de la Facultad Nacional de Minas No. 48, 1940. Altorrelieves de Pedro Nel Gómez, ubicados en la Facultad de Minas, fotografías Oficina Unimedios Medellín
Imagen de carátula: Fragmento de La astronomía, mural de Pedro Nel Gómez ubicado en la Facultad de Minas, Fotografías Oficina Unimedios Medellín
Prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio o con cualquier propósito, sin la autorización escrita de la Universidad.
Editado en Medellín, Colombia
La BIBLIOTECA JORGE ALBERTO NARANJO M.recoge la obra escrita, publicada o inédita, de quien fuera el profesor, el amigo, el hombre que marcó a varias generaciones con su fuerza y su palabra intensa y profunda; un ser humano que era como un dínamo de pasión por la vida, por el conocimiento, por el amor. Un maestro riguroso que no se permitía ni apoyaba la mediocridad o la mentira.
Rendimos homenaje con esta Biblioteca a Jorge Alberto,a su risa contagiosa, a su talante y rectitud,a su mirada inolvidable, a su escritura deslumbrante,a su legado y testimonio de una vida cumplida a cabalidad.
Claudia Ivonne Giraldo
Prólogo a esta edición
Nicolás Naranjo Boza
El origen
Quien escribió La estrella de cinco picos la presentó de este modo en la contracarátula de la segunda edición (La Carreta Editores, Medellín, 2004):
Esta novela reconstruye una edad de oro de la Escuela de Minas de Medellín a través de cinco personajes principales que cursaron su carrera académica durante aquellos años. La primera parte examina las motivaciones que los llevaron a decidirse por el estudio de la Ingeniería, los ambientes familiares, la formación que recibieron en diversas instituciones educativas de la ciudad de Medellín. La segunda parte está dedicada a la reconstrucción de sus años de aprendizaje dentro de la propia Universidad Nacional: los maestros y cursos, los ritmos de trabajo, las diversiones, los amores, los conflictos universitarios de aquella época –que tuvieron alcance nacional–, las relaciones amistosas que supieron cultivar.
El título de la obra alude al símbolo con el que los pitagóricos se identificaban entre sí, la credencial de aquella inolvidable escuela de geómetras de la antigüedad.
La primera edición de esta obra se agotó rápidamente y esto ha hecho necesario esta segunda, que incluye algunas complementaciones señaladas por los lectores de la primera.
En un texto manuscrito el autor explica el origen de su novela.1 Es muy posible que se trate de las notas para el lanzamiento en la Facultad de Minas en 1994:
Estábamos en una “Tertulia” de las programadas por la asociación de exalumnos de la Facultad de Minas. Se charlaba acerca de literatura antioqueña. Hablábamos de la literatura antioqueña, de los relatos de minería de los Ospina y Botero Guerra, Rendón, Carrasquilla y Efe Gómez. Este servidor iba exponiendo la teoría según la cual el mundo que nos rodea permanece inconsciente si no logramos verbalizarlo, y en el entusiasmo tuvo la ocurrencia de mencionar un proyecto largamente acariciado: escribir una novela que tuviera por tema los ambientes físicos, la atmósfera académica y los procesos de formación por los que se pasa en la Escuela.2 La descripción como que fue elocuente, porque en algún momento Gabriel Awbad [sic] ‒en ese entonces Presidente de la Asociación‒ preguntó qué se podía hacer para facilitar la ejecución del proyecto. Y como él tiene visión de administrador, todo lo juzgó fácil.
De allí en adelante se empezó a concretar cada vez mejor el proyecto. Las autoridades de la Facultad de Minas que juzgaron interesante el asunto concedieron a este servidor descargo académico casi completo durante el año 1993 para que escribiera la obra, y la Corporación Pro-Desarrollo de la Facultad, Prodeminas, cubrió los costos laborales de un profesor de reemplazo durante dos semestres. Fruto de esos estímulos y de no poco esfuerzo, esta obra que, si bien apenas alcanza a transmitir la emoción genuina de la vida en los claustros de la Escuela, por lo menos no la desmiente.
Para escribir el relato se tuvieron en cuenta varios preceptos: 1) fidelidad completa a los condicionamientos de lo real. Sueño espantoso.
Se formalizó el asunto, como lo muestra una carta de Gabriel Awad Aubad, la cual revela que desde 1992 ya se estaba impulsando el proyecto. Esta dice:
Medellín, 8 de abril de 1992 Profesor Jorge Alberto Naranjo Facultad de MinasCordial saludo:
Es para mí muy agradable comunicarle que en su sesión No. 269, el Comité Directivo de ADEMINAS estudió la propuesta presentada por usted según oficio con fecha del 11 de marzo de 1992 y decidió con beneplácito apoyar su iniciativa.
Dado que en Junta de PRODEMINASse aprobó pagar el profesor interino, ADEMINAS se compromete a prestar ayuda económica para la edición de la novela.
Esperamos muy pronto que este proyecto se lleve a feliz término.
Atentamente,Gabriel Awad Aubad Presidente Cc Ingeniero Horacio Sierra Restrepo–Decano Facultad Minas
Ambos documentos permiten comprender el porqué en la dedicatoria de la primera edición se encuentra:
A Gabriel Awbad [sic] A.agradecido, dedico esta obra.
En otro cuaderno3 llamado “Conferencias ofrecidas en 1994–De paseo por la Escuela de Minas–Aula Máxima” está listada la siguiente: “3h[oras]. Ademinas–Tertulia acerca de Una novela de la Esc[uela] de Minas” aunque no proporciona la fecha exacta. Sabemos que en una noche cálida de 1994 presentó su creación a la Facultad en la finca “Las Mercedes” –sede de Ademinas (el actual bloque M6 de la Facultad en la parte alta de la ladera de sus terrenos)– ante muchos de sus colegas, estudiantes y personal administrativo. Quien escribe tuvo la fortuna de estar presente. En otro texto –quizás la guía de la presentación de 1994– trata asuntos relacionados con la novela. Se encuentra en una hoja suelta en otro cuaderno grande (catalogado como “La estrella de cinco picos n.° 1, pp. 1-141”).4 Dice:
Una novela acerca de la Escuela de Minas
Los antecedentes: Hace Tiempos, de T. Carrasquilla. Mi Gente, de Efe Gómez. Tierra Virgen de Eduardo Zuleta. Casos y Cosas de Medellín, C. Botero Guerra. Corazón, de D’Amicis. Jude el Obscuro, de T. Hardy. Este lado del Paraíso, de Scott Fitzgerald. Los días escolares de Tom Brown, de T. Hughes. E pur si mouve, de Z. Harzany. La doble hélice, de Watson. Qué te importa lo que piensen los demás, de Feynman. Más allá de la Física, de Heisenberg. Ciencia y Conciencia en la Era Atómica, de M. Born. Bajo las ruedas, de H. Hesse. Doktor Fausto, de T. Mann. Wilhelm Meister, de Goethe.El proyecto.Los agradecimientos. Gabriel Awbad [sic], Prodeminas, Ademinas, Facultad de Minas, Ing. Civil. Hidráulica.El Plan Argumental. La Vocación, El Aprendizaje.El manejo de lo real: criterio de veracidad y de verosimilitud. Equidad de persona. Preeminencia de lo real en el sueño en el acto fantaseado. Cuestión de atmósferas.Posición del narrador. El centro móvil o TAO.El manejo del tiempo: ritmos, aceleraciones, modulaciones.Cinemática del relato: corrientes, oleajes, un mar de mil sonrisas; un hálito de vida espiritual; un flujo de colores suaves, un brillor opaco y profundo. Un río de voces de hace 30 y 25 años….Novela y política: 1) imagen de la Escuela. 2) respeto a los jóvenes. 3) aprecio por los maestros, acción de gracias.II. Lecturas diversas.
Y así concluye lo que dice la página. Hay mucho de valor ahí para el lector atento sobre las pautas seguidas para la creación.
En 1995, al autor se le hizo una entrevista acerca de su creación en el periódico de estudiantes de la Facultad de Minas llamado Trabajo y Rectitud5 y citaremos solo las preguntas y respuestas específicas acerca de la novela:6
T&R: En la Feria del libro se lanzó la novela que usted escribió acerca de la Facultad de Minas, “La estrella de cinco picos”. Cuéntenos un poco acerca de la novela y cómo surgió.
JAN: Yo había escrito hace muchos años una novela sobre la Facultad que se llamaba Los caminos del corazón. Escribiéndola me sensibilicé mucho a los espacios físicos, a la atmósfera intelectual de la Universidad, y me pareció muy sugestivo pensar en esa dirección. Manuel Mejía Vallejo me dijo hace 20 años: “Hombre, aquí está la novela universitaria, desarróllela, ese es un tema clave”, y la idea me quedó sonando. Después de que en una tertulia lancé mi novela, gustó la idea de pensar en una novela de la Facultad. Entonces entre Ademinas, Prodeminas y la Facultad me apoyaron y me dieron descarga de un año de las materias de pregrado. Yo tenía un curso dirigido y tenía varias tesis, pero no tenía que dar clase. Entonces fue un año prácticamente dedicado a planear y escribir la novela. La escribí con una intención política clara y era defender a la Facultad de la mala imagen que la opinión, por razones casi siempre gratuitas, tiene de la universidad pública, y me parecía que era clave mostrar la fuerza que esto tuvo desde el punto de vista de la gestión antioqueña, en todas las dimensiones, culturales, ingenieriles, en obras públicas y en administración. Me parece que era clave mostrar que la Facultad tiene vida, tiene alma, tiene calidez humana, y tiene tesón y mucha capacitación, tanto como trabajo acumulado. En ese sentido la idea fue claramente política, defender a la Facultad. Por dar ejemplo; en el mapa turístico de Medellín, a la Facultad de Minas la sacan sistemáticamente. Es que no hay nada que mostrar en la Facultad de MinasEs que son más hermosas las loberías de los últimos edificios que esta arquitectura A mí me parecía clave mostrar que la Facultad está presente en la ciudad. Por otro lado quería mostrarles a los jóvenes que hay vías que no son tan espectaculares, aparentemente, como las del rápido enriquecimiento, pero que a largo plazo son mucho más sanas, más alegres. Es la vida del estudio, del oficio que se quiere, que se va cultivando, en el que uno se va enriqueciendo, que le va permitiendo ir creando una familia tranquila, nunca ostentosamente rica ni ostentosamente poderosa, pero sí una familia muy humana, como son tantas familias de ingenieros de esta facultad. Es algo que no se pondera habitualmente, pero aquí la gente no solamente adquiere una capacitación intelectual sino un estilo de vivir.
EI reto era muy amplio porque una facultad con más de cien años de existencia, abría la posibilidad de hacer una novela histórica de decenios o de 5 años simplemente, y me costó trabajo decidir concretamente qué hacer. Me pareció lo mejor describir más o menos la época en que fui estudiante, porque tenía mejores elementos de juicio y muchos más conocimientos de lo que iba a tratar. Por eso me concentré en una historia de cinco muchachos que entran en el 67 y se van graduando por allá en el 72, 73. Es eso; entran; y los gradué 5 años después. Lo bonito es cómo se gradúan, cómo son las luchas de esa edad tan difícil, tan desorientada pero tan llena de alicientes e ilusiones. Eso es lo que yo creo es valioso de la novela y me parece, por los ‘pelaos’ que la han leído, que sirve en ese sentido, les da un aliciente, y les muestra que el mundo no es enriquecerse ya, que la vida no es para gastársela antes de los 30 años. La vida es para soñar largo. Yo creo que todo eso lo ha logrado la obra, y rememorar a gente muy querida de la Escuela, grandes maestros, grandes compañeros que eran muy especiales. Y toda una tradición. Es que aquí hay escuelas que tienen 25 años de fundadas. En ese tiempo apenas empiezan a tener una primera generación de profesores jubilados, a duras penas están adquiriendo padres desde el punto de vista generacional en la vida académica. No hay abuelos, no hay bisabuelos. Esta escuela tiene muchas generaciones de trabajo antioqueño acumulado, de trabajo nacional acumulado. Y todo eso hay que valorarlo. Eso no se compra. Eso se logra con el trabajo de años de mucha gente. Cuando haya escuelas aquí que tengan profesores con 40 años de trabajo, podrá empezar a pensarse que se comparen desde el punto de vista de posibilidades a la nuestra. Pero por ahora no. Por ahora son escuelas recién nacidas. A pesar de que prosperen, avancen, les falta tradición, y eso es fundamental en la vida institucional. Hay aspectos de tradición que son claves. Todo eso lo tiene la Escuela y todo eso traté de mostrarles. Hice mucha insistencia en la planta física, en la tradición académica, un elogio amplísimo del maestro Pedro Nel, que en cierto modo nos inventó todo este espacio.
T&R.: Para escribir su novela usted investigó profundamente sobre los edificios de la Facultad. Qué nota o dato interesante nos puede contar de esa investigación
JAN: Primero una filosofía arquitectónica del Maestro Pedro Nel. Esto se pensó como una unidad. No se vino a hacer el revestimiento del arte después de que se había hecho la obra en piedra. Todo estaba concebido como algo unitario, con una integración al paisaje muy hermosa. Lo que me interesaba era el aspecto del revestimiento final y la ubicación del edificio integrado al paisaje. El aspecto del arte fue el que más me llamó la atención. Leí mucho sobre las técnicas de mural del maestro, de las tallas en piedra, los motivos de las obras. […]
T&R: Por qué tituló usted su novela “La estrella de cinco picos”
JAN: La estrella pitagórica o el famoso pentaalfa era el emblema de los miembros de la comunidad pitagórica. Si en Grecia alguien sabía dibujar la estrella ya se sabía que era de la comunidad pitagórica. Era como un pasaporte silencioso de una comunidad de sabios. Al dibujar la estrella se sabía que se era del grupo. Pero la estrella guarda adentro el número irracional; el raíz de 5 y el raíz de 2, me parece. Esos números la comunidad pitagórica los mantuvo en secreto. Porque ellos consideraban que la proporción hermosa de todas las entidades materiales era racional. En la racionalidad iba buena parte de la hermosura de algo. Y de pronto encontrar que el símbolo de la comunidad guarda semejante monstruo como es un número irracional, eso ellos lo callaron. Y se volvió un secreto de estado, los números que no se dejaban expresar como la razón de dos enteros. Incluso parece que llegaron a asesinar a quien más tarde divulgó esos conocimientos. Además la novela tiene cinco personajes. Es un estudio de la amistad. En el Aula Máxima dice que algún día se estudiará la amistad como se estudia el átomo. De pronto fui viendo que el símbolo estaba perfecto. Guardaba el espíritu de una escuela y guardaba la irracionalidad que está en el fondo del problema. A mi ver es más fácil estudiar el átomo que estudiar la amistad humana. Esta historia guardaba ambas cosas y lo que se puede lograr.
Conviene poseer de primera mano esta información de boca del propio autor pues aclara el cometido de la obra. Por ejemplo menciona que hizo estudios del lugar. En el cuaderno referenciado, “Conferencias ofrecidas en 1994–De paseo por la Escuela de Minas–Aula Máxima”, se encuentra este escrito de dicho “paseo”, con detalles de su entendimiento de la armonía arquitectónica y artística del claustro y hasta evaluando los materiales mismos de los murales del maestro Pedro Nel Gómez. En él cita, entre comillas, un texto que le sirve de apoyo (muy probablemente del propio maestro):
De paseo por la Escuela
Unidad de Creación. Integración plástica real, dimensional, entre las tres artes. Que “ocuparán y hallarán su función”, dando a cada una “igual valor; igual significación”.
La arquitectura. Edificaciones escalonadas. El eje norte-sur de las escalinatas, los arcos semicirculares, las plazoletas. El pórtico ppal. Vista en planta: los dardos del conocimiento. Amplitud de corredores, altura de techos.La escultura. Frente del pórtico: la familia minera, los ingenieros mineros. Las baharequeras, los mineros en los socavones, las chapoleras.La pintura. El frescoCa(OH)2 + CO2→ CaCO3 + H2O cal apagada y deido carbónico → mármol y agua La carbonatación dura de 6 a 7 horas.Muro de ladrillo de 1ª calidad (ni zonas salitrosas, ni humedades o infiltraciones).
Tres o cuatro capas o repellados o superficies de enlucido forman normalmente la estre. del fresco. a) 3.5 cm, cal apagada, cemento blanco, arena gruesa de mármol (caliza pura) y cal de fosa; fibra de cabuya, cabellos humanos o cáñamo. Malla metálica para sup. Extensas, en este 1er repellado. b) y c) 8 mm c/u, arena de mármol o calcita pura y cal de fosa. Arena gruesa malla 10. “l’arriciato” o capa áspera. d) “l’intonaco”, fina superf. de montero
2 de arena 1.5 de cal, arena fina de mármol, de calcita pura o de caliza Malla 50.
Luego, baño de los muros 4 o 6 días con toda amplitud. El fresco: un mosaico microscópico, partíc. de colores naturales minerales adheridas a un mortero. “Para qué degradar un color mezclándolo con el blanco […] Los colores conservan su típica naturaleza colorística que cambiaría al degradarlos en una mezcla de color blanco.
La cúpula.
Y en el mismo cuaderno hay un bosquejo de una carta al Dr. Gonzalo Jiménez, rector de la Escuela de Minas, (y quien aparece con nombre propio en la novela) donde propone publicar la obra en la Editorial Marín Vieco:
Doctor Gonzalo Jiménez Decanatura. La Facultad
Cordial saludo. Con la presente anexo la cotización para la edición de la novela sobre la Escuela de Minas (o la Facultad, como se prefiera). La editorial Marín-Vieco es de mi entera confianza, y con ellos he publicado ya varios libros, y por esa razón apelé a la misma empresa para formarme una idea de los posibles costos.
El documento carece del anexo con los costos. Pero esa primera edición en Marín Vieco fue la que se conoció hasta 2004, año en el cual salió la segunda edición en La Carreta Editores de César Hurtado (con cambios notables en la obra). En esta segunda edición la dedicatoria cambió:
A la memoria de Rafael Botero Hernández.A Marina con amor
Al hacer una revisión y pulimento de la obra completa, quiso rendir homenaje al profesor que quizás más lo marcó en su carrera, Rafael Botero. Este aparecerá varias veces en la novela. El lector podrá ver la clase de ayuda prestada por Botero a un estudiante comprometido con el saber como lo fue Tomás Ambrosio. Abundaron sus consejos, sus obsequios, sus modos de poner a prueba al estudiante y sus muestras de confianza en él, sus orientaciones en diversos momentos difíciles, etc. Se trata del verdadero educador, quien hace que su educando no tema enfrentar los tropiezos con los que se topará cuando sea un profesional, pues le ha dado herramientas y a la vez encamina las que ya trae… Fue una fuerza vital afirmativa como parte de las vivencias inspiradoras de la novela. Y Marina Barrera Castrillón fue la compañera del autor, madre de tres de sus hijas, su tercera esposa y una ayuda incondicional en sus trabajos profesionales e intelectuales. Ella estuvo a su lado dándole apoyo y a la vez encargándose de mil y un aspectos de su vida práctica durante la escritura de la obra. Era natural que se la dedicara a ellos esta vez, pues la primera vez había indicado su fidelidad a la Facultad, al tiempo que expresaba su agradecimiento por el apoyo para gestar su creación, pero la segunda dedicatoria era más cercana al corazón y daba señas de un maestro inspirador, un guía acompañante en los eventos narrados y también indicaba a su compañera en el proceso de gestación, la fuente de Amor sin la cual la verdadera creación es casi imposible.
La novela
La estrella de cinco picos está permeada por la voluntad de potencialización vital de los lectores. Jorge Alberto Naranjo Mesa estaba convencido de que la literatura no es solo un arte para gozar, un entretenimiento imaginativo, sino que es uno de los modos de hacer historia más eficaces, historia entendida como lo propone Nietzsche en la Consideración intempestiva “De la utilidad y de los inconvenientes de los estudios históricos para la vida”,7 o sea como una fuente de aliento y acrecentamiento de la intensidad de la vida presente. Nada de registrar listados de datos, de cadenas de sucesos, nombres y hechos, de venerar lo heroico o lo monumental… Quería su obra convertida en fuerza vital. Comentando un libro sobre Pedro Nel Gómez afirmó: “[…] el arte no es una evasión de la realidad sino una acción deliberada sobre lo real, una intervención dirigida a moldearnos nuevas formas de vivir, de pensar y de sentir”.8
Para la factura de su creación había que verlo consultando con excompañeros de clase, buscando textos de estudio, recordando eventos, hablando con sus antiguos profesores, investigando en archivos de la ciudad. Los recuerdos de esa época que tiene quien escribe esta nota incluyen que a los hijos del escritor nos pedían hacer silencio o no interrumpirlo cuando él estaba ante su escritorio –varias horas al día– llevando a cabo su compromiso con la Facultad. O, muy palpablemente, recuerda cómo llegó una vez a donde sus padres, Alfredo Naranjo Villegas y Alicia Mesa de Naranjo, y decía haber salido del periodo donde “no le cogía el tiro” y estaba contento por haber alcanzado un ritmo de doce hojas escritas por día (conociendo unos cuantos borradores de la obra aún existentes, fue bastante lo que desechó antes de dejar el texto pasado en limpio). El escritor sufrió tanto como gozó dando a luz su creación… O recuerda también cuando llegó a leerles en voz alta a sus padres el fragmento relativo a Tomás Ambrosio en el jardín infantil de la señorita Ángela. Y los padres del escritor, cada uno recostado en su cama respectiva en el apartamento del barrio Laureles, mirando por la ventana que daba hacia el norte de la ciudad, escuchaban en silencio con gozo, y rieron de las ocurrencias de ese carajito… Al finalizar lo felicitaron y le agradecieron con palabras como: “¡Muy lindo mijito!”. “Eavemaría, mijito, ¡Qué belleza!”. Era su manera de devolverles tantos cuidados para con él y la educación que le brindaron. A la vez buscaba retroalimentación para ver si estaba bien narrado lo evocado…9 O también en la Biblioteca Pública Piloto leyó parte de la obra para presentarla ante los oyentes y conocer sus comentarios.
La obra le exigió bastante estudio a su creador, quien ya había publicado la novela Los caminos del corazón.10 Por ejemplo se propuso estudiar la literatura antioqueña para hallar la forma y el tono de su obra. Particularmente se concentró en el periodo entre 1890 y 1910 (después amplió esos límites), donde hubo novelas y relatos antioqueños de gran valor. A dicho momento de nuestra historia literaria pertenecen los hoy reconocidos clásicos de la novela antioqueña como Francisco de Paula Rendón, Tomás Carrasquilla, Juan José Botero y Samuel Velásquez y, a la vez, muchos otros –quienes ingresarán luego a este grupo de clásicos–, como Camilo Botero Guerra, Gaspar Chaverra, Gabriel Latorre, Alfonso Castro, Eduardo Zuleta, Marco A. Jaramillo, Manuel Uribe Ángel, entre otros. Pudo además conocer las prosas del cronista y ensayista Juan José Molina, del cronista Julio Vives Guerra, del ensayista y cuentista Saturnino Restrepo, del ensayista Manuel Antolínez, del cuentista y ensayista Efe Gómez, de los ensayistas Carlos E. Restrepo y Mariano Ospina Vásquez, etc. Y obras anteriores al periodo, como las del autor de artículos literarios Emiro Kastos, las de Camilo Antonio Echeverri, las del “Indio” Uribe, las de Antonio José Restrepo o algo tan especial como el “Felipe” de Gregorio Gutiérrez González por su capacidad de poner en cuestión problemas de la sociedad antioqueña.
El estudio de nuestros grandes ensayistas se revierte en La estrella de cinco picos en la que no solo se narra, no solo se describe, no solo se han creado diálogos entre personajes y todo lo demás que entraña una novela y para lo cual se aplican las dotes literarias, sino que hace planteamientos como los hace un filósofo cabal, con un notable manejo de las artes expositivas. Ese es uno de sus mejores logros… Hay fragmentos dentro del flujo de la creación que son verdaderos tratados en sí mismos. Y en otros casos el autor expone problemáticas que cuestionan nuestras costumbres y modos de afrontar la vida mediante los diálogos de los personajes (son conversaciones complejas, extensas y muy finas en su factura). Emplea esa magia de los verdaderos pensadores, quienes acuden a la literatura para exponer retos para el pensamiento ampliándolo para darle nuevos rumbos, como se ve en algunas conversaciones que hay en Las leyes de Manú y Los Upanishads de los antiguos hindúes, los Coloquios de Erasmo, Consideraciones y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias de Galileo Galilei, “Pequeños diálogos filosóficos” de Chamfort, “Diálogo entre el sujeto y la materia” de Schopenhauer, el diálogo de “El viajero y su sombra” de Nietzsche y muchos otros entre los cuales están los de Berkeley o Voltaire. Por ejemplo Saturnino Restrepo, entre los antioqueños, logró en “Diálogos ilusorios” uno realmente impresionante, muy admirado por Jorge Alberto Naranjo Mesa o le impresionaron vivamente muchos diálogos en varias obras de Efe Gómez.11
En sus estudios sobre Antioquia también llamaron su atención los que eran ingenieros y a la vez escritores como Eduardo Villa, Tulio Ospina, José María Escovar y, especialmente, Efe Gómez, a quienes leyó con detenimiento. Resultado de dichos estudios –no solo en el área de la narrativa sino de la ensayística, la poesía,12 el teatro, la reseña y el comentario social– fue un curso que dictó en la Biblioteca Pública Piloto en el segundo semestre de 1993 y en el primer semestre de 1994 llamado “El relato en Antioquia”. Para cada sesión redactaba una presentación y le adjuntaba antología de textos originales, y la entregaba en forma de folleto (este material se reunió y pulió para ser publicado como libro en el 201513). El novelista se convirtió en un verdadero rescatador de obras antioqueñas gracias a lo que llegó a conocer buscando la forma de su propia novela.14
Pero no se limitó a la literatura regional, amén de los autores extranjeros citados en la guía de la presentación de La estrella de cinco picos de 1994; desde que era un niño leía novelas y narraciones de la literatura universal. Gozó intensamente y estudió obras de Thomas Malory y Charles Dickens, Cervantes y la novela picaresca, Fenimore Cooper y Mark Twain, Sir Walter Scott y Oliver Goldsmith, Daniel Defoe y Henri Fielding, Jonathan Swift y Samuel Richardson, William Makepeace Thackeray y Robert Louis Stevenson, G. K. Chesterton y Lewis Carroll, Henri Beyle Stendhal y Víctor Hugo, Alejandro Dumas y Honorato de Balzac, Alphonse Daudet y Julio Verne, Edmundo D’Amicis y Emilio Salgari, Louisa May Alcott y Harriet Beecher Stowe, Herman Melville y Henry James, Selma Lagerlöf y Henry Rider Haggard, George Rodenbach y Novalis, León Tolstoi y Máximo Gorki, Ricardo Palma y Dimitri Merejkovsky (sobresalientes como historiadores narradores), Jaroslav Hasek y Scholem Asch, Giovanni Guareschi y Giovanni Papini, o por cuentos de Perrault, los hermanos Grimm, Poe, Andersen, Hoffman y los de Las mil y una noches. Pasó por poemas que narran las aventuras de un héroe y sus conquistas interiores como lo son La odisea de Homero y la Divina comedia de Dante Alighieri, etc. De algunas de las obras mencionadas se ocupan los personajes de la novela que el lector tiene entre manos, en otros casos quedan estudios sobre dichas obras o alusiones directas a ellas hechas por Jorge Alberto Naranjo Mesa. En su labor intelectual hubo épocas intensas de estudios de escritores como Franz Kafka, Malcolm Lowry, Antonin Artaud, Juan Rulfo, Samuel Beckett, Thomas Hardy, las hermanas Brontë, Cervantes, Tomás Carrasquilla, Efe Gómez y otros, así como de las obras en prosa y en verso de Francisco de Quevedo, o de los poetas Friedrich Hölderlin, Luis de Góngora, San Juan de la Cruz, Stephane Mallarmé o, entre los colombianos, José Asunción Silva y Luis Carlos López… Y de autores más próximos a su tiempo y su entorno, se ocupó de la novela de Mario Arrubla, dio conferencias sobre las novelas de García Márquez, leyó con cuidado las de Manuel Mejía Vallejo, Andrés Caicedo, María Cristina Restrepo, Juan Diego Mejía, entre otros.
Con lectores tan diestros como el barcelonés Pablo Turó, dueño de un centro cultural pionero en Medellín –la librería y microgalería “La Buhardilla”– y alumno suyo en la carrera de Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana, leyó por ejemplo a Alfred Jarry, a Boris Vian, a Raymond Queneau, ciencia ficción de Stanislav Lem, Isaac Asimov y Ray Bradbury entre otros, u obras de William Burroughs y de un analista de la literatura y a la vez narrador tan querido por el autor de La estrella de cinco picos como lo fue Maurice Blanchot. A comienzos de los ochenta, en el hogar conformado con Mónica Villa, su segunda esposa y quien le ayudó muchísimo en toda suerte de trabajos (por ejemplo digitó muchísimos de sus textos), la literatura era comentada regularmente –a la par que los libros de física e ingeniería y filosofía– con su familia, estudiantes, colegas y amigos visitantes. Particularmente quien escribe recuerda de ese entonces oírle hablar con los mayores de Marcel Proust. Su hijo Daniel lo recuerda específicamente estudiando la estructura de los párrafos en la obra proustiana y cuenta que una vez le leyó un párrafo larguísimo, casi sin pausa alguna, como un modelo para narrar las cosas como las necesitaba para La estrella de cinco picos. También recuerda lo orgulloso que estaba ante una descripción de una mujer en su novela porque –le contaba a Daniel– generalmente cuando uno encuentra descripciones en novelas le toca verlas por bloquecitos, por fragmentos y la hecha por él para la obra de la que nos ocupamos le había quedado “de un solo bloque”… Mónica Villa recuerda que en esa época leían y comentaban novelas de D. H. Lawrence, Thomas Mann, William Faulkner, Gustave Flaubert, George Sand, Jane Austen, Thomas Hardy, Charlotte Brontë y Emily Brontë. Quien escribe recuerda que por esa época también leía cuidadosamente a Joseph Conrad, Virginia Woolf, James Joyce, Katherine Mansfield, George Orwell, Ernst Hemingway, F. Scott Fitzgerald, John Steinbeck, Jean Paul Sartre, André Malraux, Marguerite Duras, Mijaíl Bulgakov, Fiodor Dostoievski, entre otros. Estas largas listas (a modo de ejemplos porque no constituyen todas sus lecturas, lejos de ello15) se traen a cuento con el fin de respaldar que el trabajo literario que presentamos es una obra artística hecha por alguien con mirada amplia, con buenos conocimientos de la forma de la novela tal como se ha desarrollado en varios países y en varias épocas. Y téngase en cuenta que empezó a hacer novelas propias desde que tenía doce años, con “William Hastings”.16
La obra misma se encargará de mostrar al lector que no solo estudió literatura, pues los trabajos de historia, filosofía, política, economía, religión, etc., citados en La estrella de cinco picos son muchos y esas lecturas exigentes las hacía con cuidado. En filosofía conocía bien las obras de Lucrecio, Spinoza, Leibniz, Rousseau, Marx, Nietzsche, Althusser, Jaspers, Sartre, Bataille, Foucault y Deleuze-Guattari, entre otras. De hecho, se declaró a sí mismo como lucreciano, spinocista, nietzscheano, artaudiano y deleuziano. Pero para él, grandes de la ciencia como Tales de Mileto y otros presocráticos, Epicuro y Lucrecio, Arquímedes, Leonardo da Vinci, Pascal, Galileo, Newton, Maxwell, Einstein, Feynman, Schrödinger, Stokes, Lamb, Schlichting, Lifshitz-Landau, G. I. Taylor, Li-Lam, Batchelor, Bertrand Russell y otros eran filósofos y los quería tanto como a quienes nombramos antes… Acogía el saber en muchas de sus formas, no se dejaba llevar por categorizaciones impuestas como las de ciencias por un lado y humanidades por otro.17 Iba directamente a las obras a captar sus mensajes y así llegaba lejos.
La estrella de cinco picos es un testimonio de la Facultad de Minas en la época 1967-1973, pero no debe quedarse en “documento histórico”, pues es a la vez una suerte de “profesión de fe” con la confianza en la práctica de la ciencia como camino para mantenerse alegre y sano sobre todo si se complementa con el estudio del arte y con la creación artística, a la vez que es exposición de un modo de vivir, de actuar, de pensar, de enfrentar la vida.18 Es para ser leída como obra de arte pero en el fondo expone una ciencia. No conviene creer que por conocer personalmente al autor o a determinadas personas y anécdotas de la Facultad de Minas entonces uno “se sabe la historia”. Eso sería un engaño ante lo que la obra entrega si se entra en ella y se la deja operar sus encantos en uno…
A Efe Gómez, el autor de La estrella de cinco picos dedicó dos libros y varios trabajos cortos. Le enseñó mucho acerca del arte y el pasado antioqueños. Dicho ingeniero químico y de minas, y a la vez uno de los mejores cuentistas de Antioquia, en su carta al vate Abel Farina (de 1901) llama a Hamlet y al Quijote “grandes poemas”.19 Con ello amplía lo que entendemos por poema pues no lo limita a escritos en verso sometidos a métrica, acentuación regularizada y rima en formas clásicas como epopeya, oda, elegía, madrigal, soneto, romance, etc… Según ese modo de ver, esta novela podría ser tenida como un gran poema y su creador sería entonces un poeta. Esto pensaba Efe Gómez de este tipo de “poeta”:
Gran parte de la tarea encomendada a ustedes, los poetas, es a formar a las sociedades en que viven, esa atmósfera, ese cielo a donde ascienden a cuajarse –como en la atmósfera material de las nubes– todos esos mundos invivibles que en su sed infinita se fragua el corazón; todos esos sueños más queridos siempre que las mezquindades en que la Realidad madrastra nos acogota y obliga a vivir, mal que nos pese. Y ese horizonte sensible va viajando con nosotros a través de las edades de la vida y con la Humanidad en su viaje de siglos. Sin él, el alma se ahogaría: Hay allí más vida que en la vida misma, porque es más, infinitamente más, lo que sueña y no se vive, que lo que alcanza a cuajarse en vivir ¡ay! siempre exiguo. Pero para formarnos ese ambiente, no contraríen nuestros vates la Realidad que tienen delante; ausculten el corazón de la raza para idealizar lo que exista de más característico en ella. Pero que no nos den frases solamente. La Poesía son pasiones.20
El autor comparte a través de la obra el sueño que animó su existencia de estudiante y que lo llevó a ser gran profesor: educarse y educar. Y con él luchó contra lo que se oponía a la materialización de ese sueño… ¡Y salió triunfante del “encontronazo” entre su deseo y las resistencias al mismo! Se propuso precisamente formar la sociedad en la que vivía mostrándole un camino: el del estudio paciente y sereno para formarse y para pasarlo a estudiantes y amigos, a construir entre muchos el saber y así ampliar las miras de todos para acrecentar el flujo sano de la vida en la sociedad. La pasión que anima esta obra es el conocimiento construido en medio de la amistad. Es un llamado a la labor perseverante, a la alegría del trabajo intelectual y a la aplicación práctica de ese trabajo para bien del espíritu de todos pero a la vez una prueba de su eficacia. Es un modo de vencer lo rutinario y de afectarlo elevando las aspiraciones a mejores mundos.
Expuso la vida de ingenieros empezando su camino: descubriendo, aprendiendo, preparándose en las obras escritas dejadas por tantos grandes espíritus como los hay en la historia de la ciencia y en la vida científica, sin temer a los problemas, enfrentándolos, dándoles soluciones, entregándose al trabajo –también una forma de oración, como lo expresaba el autor en su vida–. Y mostró que en caso de toparse un ingeniero con algo irremediable debe aprender a “saber pasar” como lo hace por ejemplo el personaje José Alfonso con Francia o con la muerte de su querido padre… Abundan los casos a lo largo de la obra literaria. Por eso exige ponerse a tono con ella como lo pide cualquier gran cuadro, escultura, obra musical o literaria o cualquier propuesta científica y filosófica. Gerardo Zuluaga, Luis Fernando Acosta, Tomás Ambrosio, Camilo Herrera, José Alfonso Navarro, con sus respectivos amores e intereses, sus puntos de vista y actitudes, sus concepciones y sensibilidades, con sus compañeros y sus buenos profesores son mensajeros de fuerzas muy poderosas. Como lector se vive la amistad entre ellos.
Acudir a la forma de la novela para el cometido de volver a una época de la Facultad de Minas es una determinación política sutil, por lo aparentemente alejada de la práctica de la historia, pero resulta más contundente y eficaz por eso mismo. Precisamente novelar permite alcances que no están en el formato de la recuperación del pasado como lo usamos regularmente. Ya Peter Santamaría o José María Bravo Betancur u otros (algunos de ellos los mencionaremos más adelante) han hecho historias de la Facultad con acopio de materiales suficientes para dar una visión de conjunto bastante bien armada. Pero la novela permite mostrar aspectos de la vida institucional que no tienen cabida en esas recomposiciones de lo acaecido. No se limita a los hechos concretos, fechables y ordenados con una cronología, determinando las directrices de quienes mandan, sino que permite expresar sentimientos, estudiar emociones, detenerse en acaecimientos para mostrar sus varias dimensiones y despliegues, plantear tesis que exigen extenderse para poderlas demostrar. O mediante ella muestra palpablemente que la combinación de las vivencias en los hogares o en lo que llamamos “la vida privada” de los alumnos y la vida dentro de la institución es determinante en el desempeño académico de quienes pasan por un centro de estudios como la Facultad. Por ejemplo ese venirse del campo a la ciudad de la familia de Camilo Herrera, la situación de pobreza de la familia de Gerardo Zuluaga y su empeño en la superación, la vida de un José Alfonso hijo de un ingeniero nómada y criado en la soledad, con madre ausente, la acomodada familia Acosta de Luis Fernando en El Poblado de finales de los sesenta (con riquezas y una patria potestad exacerbada), y Tomás Ambrosio en una familia acomodada del emergente barrio Laureles… Son cinco mundos distintos y van confluyendo en una vivencia común. El artista acude a esta complejidad y convergencia de mundos para así rescatar regiones de lo pasado las cuales, por lo general, no quedan dentro de los límites de la historia (esta, en su objetividad pierde de vista pormenores que la alimentarían y le darían más poder aún). Hace pensar en el caso de Gregorio Gutiérrez González quien, hacia 1866, cuando una Academia de Ciencias le pidió un tratado científico acerca del cultivo del maíz, compuso para ello su famoso canto y envió el gran poema…
La novela no es pues una autobiografía en sentido estricto, es mucho más que eso. A ello se debe que uno de los alumnos que hizo parte de la institución, llamado “Jorge Naranjo”, aparezca en la obra solo en dos ocasiones como un nombre apenas en varios centenares de páginas, y, a quien sí podemos llamar personaje principal, Tomás Ambrosio –que sería solo en parte un alter ego literario de Jorge Alberto Naranjo Mesa–, así aparezca en gran parte de la obra. Claramente es el personaje más trabajado y desarrollado. Ese distanciamiento entre Jorge Naranjo y Tomás Ambrosio Ospina indica ya un medio de hablar de lo que realmente importaba al autor… y no era de sí mismo. Detengámonos en esto un momento. Había hallado expresión de su recato sobre sí en una de las “Tonterías” de Carrasquilla, escritas por aquella pluma genuina y maestra de don Tomás:
Una de las pesanteces más abrumadoras de los parlamentos sociales es la autobiografía, ese yoísmo tremendo y horripilante en que todos caemos. Y cuando un prójimo se ensimisma; cuando se engolfa en su yo y a sus dulzuras se entrega, quién lo vuelve al mundo objetivo Hay que ponerle el rótulo dantesco: “Aquí se acabó toda esperanza”. Bien sabemos que el yo es la base de toda existencia; que es su esencia misma; que al redor de cada ser humano gira su universo; que cada uno es el propio centro; bien sabemos que de este yo tenemos que ocuparnos, con alguno de nuestros semejantes, toda vez que ello es una necesidad de todos los corazones. Mas para esta tarea, tan grata como ineludible, están las intimidades del compañerismo, de la familia, de la amistad, del amor; están los seres que nos vinculan a la vida, que nos la hacen amable y trascendente, que la comparten con nosotros, que gozan con nuestros placeres y sufren con nuestros dolores. Para éstos es el yo, el yo propio, el yo recíproco, el yo solidario. Para los demás, con quienes sólo nos une el hilo endeble y frágil de la camaradería, del ambiente, de las circunstancias, y cuando más el común sentimiento de la Patria, qué va a ser, qué va a importar el yo íntimo de nadieQué sus vicisitudes, su psicología, su autocríticaQué su proceso Sobre no importarle un ardite ni al más curioso y averiguador, es ello un impudor pueril y vulgarote que ocasiona, amén del aburrimiento de los demás, infinidad de inconvenientes para el propio autobiógrafo. Si contamos nuestras faltas y flaquezas, nos tendrán por indiscretos y por cándidos, si no por desvergonzados y cínicos; si nuestros triunfos, satisfacciones y ufanías, pasaremos por vanagloriosos y desvanecidos; si futilezas, por comineros y menguados; y si entonamos gemebundos la elegía de nuestras penas, las profanamos ante gente que no las entiende, para recibir el consuelo de un bostezo. Así lo sentimos todos; sino que esta chifladura autobiográfica y confidencial, esta farsa irrisoria del egoísmo, es tentación irresistible que no admite argumentos ni razones. Cuando menos lo percatamos damos la gran “lata” ante un corrillo de extraños, contándoles, con todos sus pelos y señales, con circunstancias de tiempo, de lugar y de persona, cómo nos dio la gripa, cómo compramos un sombrero, si nos gusta el baño frío o caliente, si tomamos los huevos en cacerola o en tortilla. Es lo curioso que, mientras más conversemos de lo objetivo, de lo ajeno; mientras más prescindamos de ese yo, civil y familiar, en carne y hueso, de todo hijo de vecino, más exhibimos nuestra personalidad moral, mejor mostramos nuestro temperamento, nuestra comprensión, nuestros matices, nuestro caso: esas peculiaridades que nos diferencian de nuestros semejantes. Por qué Porque ya de un modo, ya de otro, todos llevamos adentro el mundo exterior, según las facultades, la posición y los puntos de vista de nuestra propia psiquis.21
El personaje Tomás Ambrosio es entonces un antídoto contra ese mal de la autobiografía, le posibilitaba dejar de lado ese “yo de todo hijo de vecino”, y se constituye en vehículo para objetivar, para hablar de lo que nos une con los otros: en este caso el estudio y la formación y la entrega del ingeniero en la Facultad en conjunción con otros. Crea una novela para mostrar la lucha de esos cinco amigos cuyos ingresos a la Facultad son presentados pormenorizadamente en la primera parte, preocupados por “ganar” las materias, por aprender a distribuir el tiempo, por enfrentarse al reto de concluir una carrera (llegar al otro lado y saber pasar la prueba de esa suerte de ritual de iniciación que es un estudio de ingeniería), viéndoselas con su propia independencia, con asumir ese acoplarse a las exigencias de cada profesor, rendir a tiempo lo que es preciso, planear y lograr grupos de estudio, atemperar los deseos para acoplarlos a los ritmos de la formación profesional, sufrir por las notas, vivir y enfrentarse a la situación política candente a finales de los sesenta y comienzos de los setenta (no fue nada fácil semejante época tan convulsa pero a la vez despertó posibilidades que nunca antes en la historia se habían dado), experimentar el amor con lo que entraña para bien y para mal, etc. Se propuso mediante su arte captar mucho del movimiento de la vida con el fin de volverlo comprensible para otros. Así como un ingeniero percibe y comprende particularidades del devenir de la materia y domina –hasta donde puede– parcelas del mundo físico, el artista capta aspectos de la vida y los pone –hasta donde alcanza– en la obra de arte. Hacerla parecer un solo continuo es una de las proezas más hermosas de un artista.
Dice Tomás Carrasquilla a quien el escritor de la Facultad le dedicó un libro de estudios amén de publicar cuidadosamente su obra completa:
El poeta, por lo mismo que lo abraza todo, no puede prescindir de lo que informa la esencia de su ser moral. He aquí por qué la patria les pide a sus poetas que en algo la reflejen, que en algo la canten; que si el espíritu de esos poetas lleva todas las luces y sus corazones todos los sentimientos del orbe, refieran y apliquen tantas riquezas y excelencias a su patria, ya sea en el orden moral, ya en el físico; ya directa, ya indirectamente. Sí mi buen amigo [don Tomás se dirigía a Max Grillo]: todo no ha de ser para la Europa actual, ni para la Grecia y el Egipto, que ya pasaron. Verdad que “lo que fue y ya no existe” tiene especial encanto para la fantasía soñadora; verdad que lo remoto produce mirajes, y que la fruta del cercado ajeno será la eterna provocación; pero también es cierto que, para quien lleva la belleza en el alma, para quien siente la intuición de la vida, lo mismo es lo de hoy que lo de ayer, igual lo próximo que lo distante. La hermosura es como la felicidad: se busca afuera, pero está adentro; se busca en el pasado o en el futuro, pero no deja de existir en el instante en que se vive. El recuerdo poetiza y transfigura; mas la sensación de la actualidad no se repite nunca, por mucho que lo procuremos. En esta eterna novedad de cada instante, en esta alma que le vamos transmitiendo, minuto por minuto, a cuanto nos rodea, se cifra el poema de cada existencia. Por qué, entonces, rechaza el escritor su época y su ambientePor qué no le cuenta su ensueño a sus coterráneos, que habrán de sentirlo y comprenderlo mejor que nadie
Lo ignoto, Maximiliano, está en todas partes. En lo ignoto vivimos, en lo ignoto respiramos. Ese soplo misterioso que anima la flor simbólica del Ganges sacrosanto, también anima los geranios de un jardín bogotano; ese sol que alumbró la euritmia del Partenón y el ara de la diosa, es el mismo que fulgura en las cumbres del Tolima, que convierte en lirios virginales las ermitas de tus cerros santafereños, que arranca destellos de oro al trigo que te alimenta. De lo mismo que están formados el Parnaso y la fuente Castalia, lo están las alturas de Guadalupe y Monserrate, la linfa cristalina de Padilla y el légamo de Funza. El sueño no es sólo María Bashkirtseff, ni Delfina Gay ni la Pompadour; es también cualquier amiga tuya, de esa columbinas de ojos y de formas, columbinas en la gentileza y en el arrullo. El misterio no es sólo Isis tras el velo: es Adán desnudo, en la eterna inconsciencia de la humanidad. Ella es el símbolo, ella el misterio. Todo rasgo, todo hecho humano que anote el arte, algo significa y revela.22
Decía el autor sobre estas especiales palabras de don Tomás: “Lo ignoto, Maximiliano, está en todas partes. En lo ignoto vivimos, en lo ignoto respiramos”, que en ellas “Don Tomás alcanzaba tonos védicos…”, uno de los más hondos para expresar el conocimiento en la antigüedad y también en la historia humana. El autor sabía que la vida presente, la que a cada uno ha tocado, es la más digna de ser llevada a las obras de arte porque es de ella que podemos hablar por haberla experimentado. Las palabras de don Tomás eran casi como un credo suyo, y trabajó porque su obra dejara esa impresión de la “eterna novedad de cada instante” del “alma que se le va imprimiendo, minuto a minuto” para crear ese “poema de cada existencia”. De eso quiso permearnos a los lectores, mostrarnos ese combate de los estudiantes en su propia vida, sin rechazar ni la época ni el ambiente y con ello reflejando la patria para ella misma. Y en su obra buscó hacer que la “cinemática del relato” con aquellas “corrientes” y “oleajes”, con ese “hálito de vida espiritual”, esos tonos lumínicos, suaves, de brillor opaco, deje fluir el río de voces de lo evocado. Sus personajes están vivos… “El misterio no es sólo Isis tras el velo: es Adán desnudo, en la eterna inconsciencia de la humanidad. Ella es el símbolo, ella el misterio. Todo rasgo, todo hecho humano que anote el arte, algo significa y revela”. El arte de Jorge Alberto Naranjo nos acerca a ese misterio en esta hija de su pluma.
Aunque con Los caminos del corazón ya el autor había hecho una obra nuestra, sobre temas nuestros en términos nuestros, don Tomás y Efe Gómez lo animaron con sus escritos aún más a crear arte de nuestro entorno sobre temas de nuestra vida con elementos propios para lograr que un “pasado” actualizara su poder y lo revertiera en el presente. Es exigente para un novelista lograr efectivamente exceder los límites usuales de la Historia. Así, no tendría sentido buscar que todo en la obra corresponda con un hecho real, si se tiene en cuenta que el autor no concluyó estudios en la Facultad de Minas, aunque luego fue profesor distinguido en la misma en Ingeniería Hidráulica (y lo hizo acreedor a ser Profesor Emérito en 2000 y Maestro Universitario en 2002). En cambio el personaje Tomás Ambrosio sí obtiene su grado en la Facultad y eso ya indica que hay creación de situaciones que no corresponden estrictamente con la realidad histórica. En la novela, el doctor Ospina dio a conocer a Tomás Ambrosio un hermoso relato de don Saturnino Restrepo, intitulado “Sombría”. En su vida dicho relato lo conoció el autor en sus estudios de literatura antioqueña, no fue su padre quien se lo dio a conocer sino él quien lo dio a conocer a su padre. No hubo en vida del autor una Caty que volviera de Francia a su vida y lo acompañara en esa graduación tardía respecto a la de sus compañeros de estudios, etc. Hay muchos ejemplos más que probarían lo afirmado. La obra es una evocación, claro, pero a la vez una reelaboración artística de esos recuerdos, una exposición de las ideas del autor, un llamado al vivir amando y conociendo tan inspirador de los personajes que sacan adelante sus estudios y la vida como lo hacen José Alfonso Navarro, Camilo Herrera, Gerardo Zuluaga y Tomás Ambrosio, a pesar de que otros compañeros como Murillo y Luis Fernando Acosta se hayan ido. Y lo hacen con tal intensidad y compromiso que se gradúan para ejercer vida de ingenieros. Los personajes que rodean a Tomás Ambrosio son especiales y a cada uno de ellos se les dedican muchas páginas para mostrar su formación y cómo llegan a la Facultad. La novela se desarrolla sobre todo en torno a su diversidad de mundos, a sus diferencias consustanciales palpables. Pero logran trabajar como grupo. Son ellos los picos de la estrella a la que se alude en el título de la obra. Y algunos van alejándose y desapareciendo, como sucede en la vida misma… Solo unos quedan a fin de cuentas… y así cause tristeza es inevitable. Como lo hemos dicho, entre ellos Tomás Ambrosio es el personaje más elaborado y constituye el motor principal de la estrella. Que Tomás Ambrosio esté tan seguro de los estudios de Humanidades realizados en casa, que con ellos le baste para no tener que seguir una carrera de ese tipo (además de otras razones que da para no optar por ese camino profesional) ya es una muestra del saber que tiene. Es un alma bastante madura para su edad. Una frase tomada cerca de la mitad de la primera parte, resume lo especial que es: “Un instrumento de alta precisión no es para que lo maneje un picapedrero”. No se lo mide con la misma vara, es un ser excepcional. Y a través de él el autor va a hacer planteamientos realmente contundentes. Por ejemplo, es clara su lucha contra ideologías imperantes, buscando abrirse camino con su conocimiento, su fe en lo que puede lograr, con amor por su entorno y los seres con quienes comparte, y su capacidad para bendecir la vida y aumentar su fuerza a medida que el tiempo pasa. Conceder avances a la intransigencia, al dogmatismo, a la falta de miras, al desconocimiento, sencillamente no es viable para él. Es una conquista de esta obra de arte y de la ciencia unidas la de, a pesar de la soledad y las dificultades que se acrecientan con cada paso adelante, buscar ir un poco más allá en la oscuridad que nos rodea para iluminar regiones del cosmos que permiten avanzar a la humanidad… Por ejemplo, Tomás Ambrosio sostiene que lo necesario es tener libros de texto buenos en lugar de irse a estudiar a otros lados o que hay que compartir el conocimiento con los menos favorecidos y de esa manera construir mejor nuestros lazos sociales. Esas dos ideas bastarían para cambiar las metas que se fijan nuestras universidades de buscar que los estudios de pregrado y posgrado se hagan en otros países o facilitarían la buena educación de tantas personas en nuestra sociedad, quienes, aún con capacidades enormes, por meras carencias económicas no pueden llevar a cabo sus carreras. “Se las trae” –como se decía hace unos años– esta novela. No es un mero pasatiempo, aunque esté hecha como obra de arte para gozarla…
Plantea temas tan contundentes como darse cuenta de que es preciso no creer en religiones establecidas… El personaje pasa de cristiano a protestante y luego a una suerte de ateísmo: “A los dieciséis años Tomás ya no tenía otra religión que la del conocimiento”, abandona el estudio de la historia al modo tradicional (para darse cuenta posteriormente de su importancia y de la necesidad de cambiarla); en cuanto a su pareja, quiere una unión libre consentida y no un matrimonio. En relación con la educación que recibe, cuestiona asuntos como algunos planes de estudio, plantea algo tan significativo para un ingeniero como que “la geometría es el primer capítulo de la física” (tema discutido hasta por los mismos alumnos y profesores), llama la atención sobre lo nefasto que resulta competir por una nota, realza la importancia de textos básicos para iniciar una carrera de ingeniería como Geometría de Reunión de profesores, obras de Bowser (en inglés) o el libro de Bertrand y Robert, llama la atención sobre el estudio del francés y el inglés para los ingenieros en formación y va a mostrar la cantidad de estudio que –por ser hecho con Amor– enriquece su vida como nada más puede hacerlo.
En distintos momentos Tomás Ambrosio nos muestra cómo el cultivo de la poesía le ayuda a no ser monje enclaustrado, se libera desde muy joven y con plena conciencia de la lucha partidista en Colombia y se siente cercano al comunismo (y lo toma “a su manera”, lo cual es diciente, pues entonces no es comunista tampoco…), aprende a sobrellevar una soledad inherente y debida a su exigencia para con el conocimiento, sufre con el amor al tiempo que ama con plenitud, se rebela contra sus propios padres cuando es preciso y odia las convenciones sociales que impiden su Amor con Caty, aunque también muestra que, si es preciso, se despide de ese Amor que no se queda a su lado ¡y sin dejar de amar por eso!23 De lo más notable es su deseo de construir el saber… para él conocer (así implique trabajo arduo) constituye una “fiesta”. Por ejemplo dice la obra:
Tomás Ambrosio, flechado de amor y ebrio de conocimiento se embelesaba con esos estudios, y se dedicó a profundizar por propia cuenta en los temas que iban cubriendo en Física, en Cálculo, en Álgebra lineal. Sus compañeros eran tan buenos estudiando como él, pero Tomás tenía una curiosidad adicional, una sed de aprender más, una tenacidad y una pasión por el estudio que rayaban en obsesión. Si para un examen de Física se debían preparar dos capítulos del libro de Alonso-Finn, no solamente realizaban los setenta u ochenta problemas correspondientes en ese libro, sino que realizaban los equivalentes en Sears-Zemansky y Halliday-Resnick, empujado el grupo por las energías –y las exigencias– de Tomás Ambrosio. No era tanto un trabajo, era una fiesta.
O cuando está triste (y alude al final de la cita a las tareas de su profesor Rafael Botero) dice: “Para Tomás Ambrosio –que harto necesitaba olvidarse de sus pesares– era una fiesta entregarse a estudiar los problemas que les dejaba ese maestro”. Cuando habla de las conferencias dictadas sobre problemáticas de la época por fuera de las aulas de clase, comenta: “Era una fiesta del pensamiento. Incluso algunos miembros de ‘la macería’ iban con gusto a escuchar planteamientos quizá discutibles pero en cualquier caso apoyados en el estudio cuidadoso de los problemas expuestos”.24O “Reuníanse hasta cuatrocientos estudiantes para escuchar a Pedro Nel Gómez, Álvaro Tirado, Iván Villegas, Juan Camilo Ochoa, Luis Antonio Restrepo, Rafael Awbad, disertaciones sobre ‘La gestión colectiva de granjas en Israel’, ‘El deterioro de los términos de intercambio’, ‘La moral burguesa y la revolución’, etcétera. En los descansos era corriente escuchar, entre signos de aprobación, frases como: ‘¡Ah bueno seguir en paro pa’ poder estudiar sabroso!’”. Era una fiesta del pensamiento.
Festejar cuando la comprensión y las capacidades aumentan, cuando se tiene tan claro un tema que ya está listo para pasárselo a otros seres… Esto lo logra un autor cuyo lema era: Amor, arte y ciencia en todo momento. El modo como el narrador y Tomás Ambrosio analizan a los profesores con sus diversos cursos y métodos de enseñanza es para que sirva a otros educadores y a otros alumnos. Y con asuntos tan serios –aunque permeando la obra entera se siente una risa discreta y plena animándola– no queremos indicar que la obra carezca de momentos graciosos y momentos para el goce puro. ¡Claro que los tiene y son muchos y variados! Pero el deleite del autor es el del avance por los saberes, enfrentando las luchas de superación de uno mismo, conquistando universos para tornar amable la existencia. La novela expone su tesis de que el ingeniero también ora a su manera al crear soluciones para la sociedad en que vive. Es una suerte de religiosidad particular: la de un hombre que trabaja en Natura, por ella y para ella. La que necesitamos más que nunca. Por eso es a Tomás Ambrosio a quien se le revela ese ser misterioso que sobrelleva la soledad en la Facultad de Minas. Se le aparece tanto el primer día de clase como el día de su grado (también lo ha visto Caty y lo reconoce cuando aparece por última vez) y le indica al joven que todo se dará a su tiempo… Dicho personaje merece detenerse en él. Por fortuna contamos con el testimonio de un egresado de la Facultad, el historiador Luis Fernando Múnera, quien aclara de quién se trata. En el homenaje a Jorge Alberto Naranjo Mesa, llevado a cabo del 7 de marzo de 2020 en la Biblioteca Pública Piloto, el historiador lo mencionó y nos ha hecho el favor de transcribirlo:
Le pregunté [a Jorge Alberto Naranjo Mesa] quién es el Hombre de Gris que se le aparece a Tomás Ambrosio al principio de la segunda parte de la obra y al final de la misma, junto a los altorrelieves de Pedro Nel Gómez, en el frontis de la Facultad, y me contestó: “La figura tónica del principio es Darío Valencia, por su sensibilidad, cultura, humanismo, sí se ve que es él, y también podría ser Efe Gómez, por las mismas razones. La figura tónica del final es el Guardián de la Escuela y es otra vez Efe Gómez”.
Quien escribe también recuerda habérselo oído en una conversación familiar, pero gracias al testimonio del historiador recuperamos detalles ya perdidos para nosotros: se trata de dos grandes profesores de la Escuela de Minas como lo son don Efe y Darío Valencia, quienes pertenecen a dos periodos diferentes de la historia de la Escuela (uno fallecido en 1938 y el otro aún vivo entre nosotros), sintetizados en un científico, humanista y artista, con sensibilidad y cultura, el cual, sin embargo, es más que la suma de esas partes y a la vez, como una fuente de irradiación de la mejor energía de la Escuela de Minas encarnada, esperando ser actualizada por quienes de verdad estudien y enseñen allí… Solo se llega a este tipo de sueños radicados en las entrañas de la vida –y a enunciarlos– cuando se ha llegado hondo en el arte y en la ciencia, amando un lugar y a quienes lo animan. El autor nos hace el llamado: “Busquen por ese camino y encontrarán tesoros”. A pesar de la gran soledad expresada por el personaje que cuida el claustro, se hace el llamado a acercarse… Es la entrega al quehacer de Tomás Ambrosio la que logra despertar fuerzas escondidas en los caminos del conocimiento y la vida interna de la Facultad de Minas. Queremos aceptar el reto de seguirlo Cada lector tomará la decisión…
No nos vamos a detener en cada personaje ajeno a Tomás Ambrosio porque nos llevaría a un análisis que no es propio de una nota. Un trabajo así sería por lo menos de la extensión de la obra misma. Pero sí diremos que la novela es compleja, se trata en ella un universo de asuntos además de los que ya hemos mencionado: los sistemas educativos de los que proviene cada uno de los cinco muchachos, la adaptación a los nuevos compañeros, los problemas económicos, los problemas que enfrenta un profesor joven, la situación política del país y cómo afecta a la universidad, la importancia de participar en el movimiento estudiantil pero sin dejar de conocer ni de formarse, los cambios en las concepciones religiosas desde el colegio (véanse, entre otras, las apreciaciones sobre el consejero jesuita de Luis Fernando Acosta, o la discusión de Tomás Ambrosio con el hermano de las Escuelas Cristianas a propósito de Catorce preguntas a un protestante
