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Conocer cómo podemos contribuir con la construcción de nuestro bienestar y el de los grupos a los cuales pertenecemos –nuestras familias, centros de trabajo, agrupaciones sociales y comunitarias– constituye una importante herramienta a lo largo de todo nuestro ciclo vital. Hacernos responsables del cultivo de nuestro bienestar; entender por qué nos cuesta tanto autocontrolarnos; concebir que nuestros niños con infancias limitantes y las familias reconstituidas son capaces de rehacerse y crecerse ante las dificultades; convertir el trabajo en un nicho de potenciación personal; responder con lo mejor de nosotros mismos ante el reto de ser ciudadanos y comprender por qué el amor y las relaciones interpersonales pueden hacernos tan felices o infelices, son algunos de los temas abordados en el presente volumen bajo el paraguas conceptual de la Psicología Positiva. "La felicidad duradera. Estudios sobre el Bienestar en la Psicología Positiva" está orientado a desarrollar las fortalezas del carácter y la práctica cotidiana de emociones positivas, cuyos efectos sobre la salud y el bienestar son ya incuestionables.
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Veröffentlichungsjahr: 2016
Muchos se preguntarán: ¿qué es la psicología positiva? ¿Por qué es importante? ¿Por qué la psicología se abre a este nuevo enfoque? ¿Cómo se ha desarrollado y tropicalizado esta nueva perspectiva en Venezuela? Estas y muchas otras preguntas pretenden ser contestadas en este libro.
La psicología positiva es conocida como la ciencia del bienestar, ya que esta estudia, por medio de métodos científicos desarrollados para la compresión del comportamiento humano, todos aquellos elementos que potencian al individuo y que constituyen la «buena vida». La creación de instrumentos psicométricos validados por investigadores, extensas revisiones documentales, investigaciones con muestras representativas y estudios transculturales son los elementos característicos de sus publicaciones.
Los estudios de la psicología positiva en todo el mundo están buscando dar respuesta, de forma científica, a cómo se construye ese bienestar o felicidad duradera, en diferentes culturas, considerando el género, diferenciando las edades y estudiando los contextos.
El estudio del bienestar ha sido un trabajo universal y recurrente, pero no constante, de la humanidad, desde las consideraciones de los griegos del buen vivir tales como: la inmortalidad, el miedo, la prudencia, el placer, la virtuosidad y el sacrificio. Una corriente moderna llamada psicología positiva, fundada por Martin Seligman en 1998, considerando los planteamientos sobre el bienestar de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en relación a la promoción de la salud, y no solo a la evitación de la enfermedad, decide impulsar los estudios sobre el bienestar humano recogiendo y combinando las corrientes hedónicas (importancia del placer) y las eudaimónicas (importancia de la virtuosidad y el sentido de la vida).
En la actualización de la psicología positiva presentada por Martin Seligman en 2011, donde se recogen y amplían todos los elementos que deben considerarse para la construcción del bienestar, resaltan cinco elementos (PERMA): el cultivo de las emociones positivas, el desarrollo de la fluidez o experiencia óptima (estado en el cual el sujeto está inmerso en una actividad que lo reta y lo hace desarrollar su potencial), el desarrollo de relaciones interpersonales saludables con apego seguro, la búsqueda de un significado en la vida colocando las fortalezas al servicio de otros o a una causa trascendente y la realización de logros que nos permitan sentir control y orgullo producto de nuestro esfuerzo.
En este libro, partiendo de la teoría del bienestar PERMA propuesta por la psicología positiva (Seligman, 2011) y recordando que en el año 2002 Venezuela apareció en el récord Guiness como el país más feliz del mundo, se presentan una serie de trabajos realizados con muestras venezolanas donde se evidencia que registramos, en muchas instancias y en una apreciación global, altos niveles de felicidad muy determinada por el tupido entramado de redes sociales con las que contamos; pero también descubrimos que esto presenta fragilidad cuando esa relación no es la que esperamos en la comunidad, en el trabajo, en la familia y principalmente en las relaciones más íntimas, como las de pareja.
En un primer apartado titulado «las fortalezas de los venezolanos» presentamos al lector un grupo de estudios realizados con muestras venezolanas donde se encuentra que estos presentan altos niveles de bienestar, resaltando la importancia otorgada a las relaciones interpersonales para sentirse bien o para tener un deterioro en su calidad de vida. Un interesante capítulo sobre lo que pensamos los venezolanos en referencia a la fortaleza del autocontrol nos caracteriza como auténticos ciudadanos del mundo occidental, latinoamericanos, caribeños, venezolanos: «Nos las sabemos todas en referencia al autocontrol»: definición, elementos, detonantes y controles, pero tenemos bajos niveles de autocontrol o, mejor dicho: los otros, ellos, los venezolanos tienen bajos niveles de autocontrol.
«La apuesta está en la familia», que constituye el segundo apartado, presenta la alta capacidad de resiliencia (recuperación ante las adversidades) de los niños venezolanos, quienes en alto grado están sometidos a situaciones de maltrato y miseria, además de otros elementos, pero quienes presentan también factores protectores que deben ser potenciados y una gran capacidad de responder favorablemente a las ayudas que se les brindan. Encontramos también en este bloque la importancia de los abuelos para los niños y de los niños para los abuelos como fuente de bienestar mutuo. Por último, una interesante disertación sobre la posibilidad de reconstruirse y generar aprendizajes colectivos en las familias reconstituidas, conocidas como «segundas administraciones», presenta un planteamiento optimista para el desarrollo del bienestar en la sociedad moderna. El esfuerzo reflexivo de buscar los espacios colectivos e individuales se presenta como crisis o como grandes oportunidades para el crecimiento en estas familias.
Una visión de la importancia de lo social y los grupos es recogida en el tercer apartado, denominado «La sociedad es un oportunidad para trascender». La importancia de los líderes universitarios, jóvenes con las mismas fortalezas de todos los jóvenes, de todos los venezolanos, de todo el mundo, pero que se destacan por tener un alto desarrollo de la fortaleza de la perseverancia, que no es de todos los jóvenes, ni de todos los venezolanos, ni de todo el mundo. Esta perseverancia y energía vital de los líderes universitarios contrasta con el flujo (posibilidad de involucrarse en actividades con compromiso y pasión) que otros jóvenes universitarios reflejan en sus vidas cotidianas. Mucho trabajo queda por hacer; muchos buenos ejemplos que destacar. En el ámbito del trabajo, un capítulo presenta cómo la importancia del compromiso del individuo con la actividad laboral y una retroalimentación positiva y no punitiva constituyen indicadores de bienestar en este ámbito para los venezolanos. Finalmente la construcción de una ciudadanía donde sean considerados diversos elementos de la vida pública que pueden ser potenciados, así como el desarrollo de individuos educados emocionalmente y para la convivencia en grupo, se presentan en un capítulo final como impulsores del bienestar colectivo.
Como último apartado, y como corolario de este libro, se presentan dos temas en el segmento titulado: «Tendencias y urgencias en la promoción del bienestar». En un primer capítulo se presenta una nutrida información para enamorarnos de la atención plena y consciente (traducida del inglés como mindfulness) como una estrategia de disfrute de la vida y freno a la hiperestimulación e hiperactividad de la vida moderna. Somos llevados de la mano con su definición, forma de entrenamiento y beneficios para la salud física, biológica y social, exponiendo incluso la presencia de programas educativos actuales que la contemplan. Finalizan, esta sección y el libro, con una disertación sobre la virtud del amor y la humanidad como una potente fuerza para el cultivo de las relaciones interpersonales positivas, una de las bases para el desarrollo del bienestar según la psicología positiva.
Invitamos a los lectores a recorrer las páginas de este libro, donde estamos seguros conseguirán muchas herramientas para el desarrollo de su bienestar personal, familiar, laboral y social. ¡Venezuela grita y espera por nuestro granito de arena!
María Elena Garassini Chávez
Hace siete años, al hablar del futuro de la psicología positiva en América Latina, el doctor James Pawelski, director de la IPPA[1], me dijo: «tienes que conocer a María Elena Garassini Chávez; es una mujer con una energía increíble». Cuando poco después tuve el gusto de conocer a María Elena y sus colegas de la Universidad Metropolitana de Caracas, entendí a qué se refería Pawelski. Tenía toda la razón y se había quedado corto: el equipo de psicólogos, profesores e investigadores que han fundado la psicología en Venezuela realmente tiene una energía y un dinamismo impresionantes. Prueba de ello es que en solo tres años han publicado dos libros de psicología positiva que recogen sus investigaciones originales.
Este volumen, el segundo compilado por las doctoras Garassini Chávez y Camilli, es un ejemplo de la vitalidad y productividad de los investigadores de la felicidad y el bienestar en América Latina. Una cosa que me gusta mucho de esta obra es precisamente la energía y el ritmo que transmite en lo variado de sus trabajos. Así como la geografía venezolana es muy diversa e incluye desde altas cordilleras andinas, ríos caudalosos, llanos, selvas, hasta playas tropicales, este libro muestra también una gran diversidad al presentar la variedad de intereses de sus autores y los distintos métodos que utilizan para explorarlos. Tenemos ejemplos de la medición del bienestar en la población venezolana (como parte de un creciente interés a nivel mundial por medir no solo las variables económicas sino también otras que contribuyen al bienestar subjetivo de la gente), así como estudios sobre la resiliencia o capacidad para sobreponerse e incluso crecer tras la adversidad, en los capítulos sobre el papel de los abuelos en la vida familiar feliz, las características de las familias reconstituidas que manejan exitosamente su situación y las características de los niños y jóvenes maltratados que les permiten superar sus vivencias traumáticas. Hay capítulos sobre los estados de conciencia que contribuyen a la felicidad. Hay un texto sobre el mindfulness o conciencia plena, cuya importancia ha sido conocida desde tiempo inmemorial en diferentes culturas y cuyas virtudes se han demostrado hoy científicamente. Dos capítulos tratan sobre las experiencias de flow (esas ocasiones en las que estamos tan concentrados en lo que hacemos que hasta perdemos la noción del tiempo), que es uno de los fenómenos clave para tener una vida plena. Los autores en este libro han estudiado el flow en los contextos educativos y laborales de Venezuela. Se discuten también las fortalezas de carácter, otro de los pilares del bienestar, en las contribuciones sobre la autorregulación y el amor-humanidad entre la población venezolana. El libro incluye también aspectos del bienestar relacionados con actividades sociales y políticas, como se muestra en las secciones sobre ciudadanía positiva y las fortalezas de los líderes estudiantiles detectadas a través de sus discursos. Los investigadores utilizan desde la investigación bibliográfica hasta métodos experimentales, entrevistas en profundidad, cuestionarios y análisis del discurso para indagar sobre todas estas cuestiones. Los temas que se presentan en este libro son importantes y tienen implicaciones profundas. Me parece un gran mérito de los autores y de las compiladoras que, sin restarle un ápice de seriedad a su trabajo, logren transmitirlo con un «sabor» venezolano que hace la lectura ligera y despierta la curiosidad del lector.
Nunca he ido a Venezuela, pero al leer sobre ese país me enteré de que, además de su gran diversidad geográfica, es uno de los lugares con más biodiversidad del planeta. El clima de Venezuela es tal que ha permitido que una gran variedad de especies de plantas y animales provenientes de otros lugares hayan encontrado un hábitat apropiado para su desarrollo. Me pareció una buena metáfora, pues he visto cómo la psicología positiva, que venía de otros sitios, ha encontrado un hábitat tan apropiado que en poco tiempo ha florecido maravillosamente. Al leer este libro me imaginaba que iba en un avión, pilotado por las doctoras Garassini Chávez y Camilli, haciendo un vuelo de reconocimiento sobre el territorio de la psicología positiva en Venezuela. Un vuelo que me da una idea de lo vasto y fértil de su territorio y que me deja con ganas de volver para conocer más.
Margarita Tarragona[2]
… para conseguir una felicidad duradera hay que introducir algunos cambios permanentes que requieren esfuerzo y dedicación todos los días de tu vida.
SONJA LYUBOMIRSKY
Los estudios sobre el bienestar ofrecen actualmente un amplio soporte conceptual gracias a los modelos, instrumentos de medición y al corpus de investigaciones internacionales y nacionales desarrolladas hasta el momento. Estos se realizaron inicialmente considerando diferentes variables sociodemográficas, tales como los ingresos económicos, la edad, los niveles de instrucción y el sexo. En recientes investigaciones, el bienestar contempla variables internas del individuo, donde los dominios y habilidades personales son la fuente para proveerse de bienestar, así como variables protectoras de la salud ante el estrés y el acoso.
En algunas investigaciones en el ámbito venezolano se presenta el bienestar material más bajo que el bienestar subjetivo general, lo que recuerda que, cuando el factor económico no permite cubrir las necesidades básicas en los diferentes momentos del ciclo vital de los individuos, se presenta un deterioro en la calidad de la salud física y psicológica. También niveles muy bajos de instrucción, característicos de personas de la clase obrera, que llevan a ingresos insuficientes, se asocian a bajo bienestar. No obstante, y cónsono con las investigaciones internacionales, los venezolanos presentan altos niveles de bienestar subjetivo, presentando un alta valoración de las relaciones interpersonales para su bienestar y reportando que cuando existen problemas de interacción en la pareja, como conflictos y separaciones, y en el trabajo, como problemas de interacción o acoso, el bienestar general disminuye.
El reto de los venezolanos para la construcción colectiva del bienestar debería estar enfocado en garantizar niveles de instrucción para todos que permitan ingresos adecuados, el logro de la estabilidad política y social y el cuido de las relaciones interpersonales y familiares que, al deteriorarse, afectan enormemente el bienestar.
Las investigaciones que se ubican dentro del modelo de bienestar de la psicología positiva aportan importantes datos para conocer y explicar los procesos que subyacen al bienestar de las personas a lo largo del ciclo vital y en diferentes culturas.
Por ejemplo, las diferencias en los niveles que pueden expresar las personas en la felicidad y el bienestar son explicadas en un 50% por el valor de referencia, el cual está determinado por factores genéticos. Este valor representa un potencial o tendencia a ser feliz, al cual se retorna luego de vivir experiencias difíciles o favorables (Lyubomirsky, 2008). En este orden de ideas, las emociones positivas que se experimentan después de un evento positivo (como ganar la lotería o casarse) y la valoración del bienestar tienden a regresar a los mismos niveles experimentados en momentos previos a esos eventos.
Otro elemento relevante se asocia a los factores de personalidad, los que determinan una línea base o predisposición genénica (Diener, Lucas y Scollon, 2006). Por ejemplo, la valoración de los eventos o circunstancias de la vida correlaciona altamente con variables asociadas a tipos de personalidad: la extroversión se relaciona con los afectos positivos y la satisfacción, mientras que la introversión con los afectos negativos y la insatisfacción (Costa y McCrae, 1980). Otros estudios amplían la mirada y enfatizan en la estructura neurológica, indicando que los extrovertidos son más sensibles a las señales de recompensa y los neuróticos a las señales de castigo (Avia y Vázquez, 1998).
Por otra parte, el bienestar está fuertemente relacionado con la posibilidad de vivir experiencias óptimas en diferentes actividades de la vida diaria. En estas experiencias las personas consiguen vivenciar una fuerte gratificación al utilizar los propios talentos o habilidades para emprender retos. La práctica de un deporte o de una actividad artística, el trabajo, el estudio, etc., se convierten en espacios para vivenciar estar profundamente involucrado (en fluidez), siendo la experiencia misma la fuente de gratificación (Csikszentmihályi, 2007).
Los aportes de Lyubomirsky (2008) en el estudio de la felicidad identifican ocho patrones de comportamiento y pensamiento que están presentes en las personas más felices:
Invierten un tiempo importante y significativo en compartir con familiares y amigos, fortalecer y disfrutar de esas relaciones.
Disfrutan expresar gratitud por las cosas que tienen.
Valoran y practican la colaboración y ayuda a compañeros de trabajo y otros que lo requieran.
Tienen pensamientos optimistas con respecto al futuro.
Hacen un esfuerzo especial por disfrutar el presente y saborear o recrearse en los placeres de la vida.
Tienen como hábito el ejercicio físico (semanal o diariamente).
Tienen compromisos con objetivos y proyectos que involucran toda la vida.
Muestran aplomo y fuerza al enfrentar las situaciones difíciles, adversas o traumáticas.
En los inicios de la psicología positiva, Seligman (2005) propone el «modelo de las tres vidas», el cual considera el desarrollo de una vida placentera, donde el cultivo de las emociones positivas a través de los placeres y las gratificaciones es la fuente de felicidad. Así mismo, indica el cultivo de la vida comprometida, donde conocer y desarrollar las fortalezas del carácter, así como vivir experiencias de fluidez (experiencia óptima), representan la fuente de felicidad. Por último, disfrutar de una vida con sentido, donde las relaciones, el sentido de pertenencia y la entrega a otros son los caminos para experimentar felicidad. De esta perspectiva se desprenden cuatro pilares fundamentales sobre los que se soporta el modelo: emociones positivas, fortalezas del carácter, instituciones positivas y relaciones positivas.
En el año 2011, Seligman propone una actualización y revisión del modelo de bienestar de la psicología positiva, a partir de la revisión del concepto de felicidad planteado en su libro La auténtica felicidad. En su libro libro Flourish describe su nueva teoría del bienestar (no de la felicidad) centrada en el florecimiento humano (y no el bienestar subjetivo), el cual requiere mediciones múltiples para su evaluación por la variedad de elementos que lo componen.
La nueva teoría del bienestar considera cinco elementos para el desarrollo del bienestar personal: emociones positivas, compromiso, sentido, relaciones positivas y logros. Dicha teoría se resume en la palabra PERMA, la cual representa las siglas en inglés de todos los elementos de la nueva perspectiva: positive emotions, engagement, relationships, meaning, achievement.
En esta actualización, las fortalezas de carácter constituyen un eje transversal que ayuda al desarrollo de los cinco elementos del PERMA; permanecen el cultivo de las emociones positivas, el compromiso y absorción en las actividades (fluidez), las relaciones interpersonales y el sentido de la trascendencia como aspectos esenciales del modelo. Se incorporan al nuevo modelo la importancia de los logros (achievement) como el quinto elemento, unido al desarrollo de una maestría o destreza particular para la construcción del bienestar.
La importancia de los logros personales para el desarrollo del bienestar, planteada previamente por autores como Ryan, Patrick, Deci y Williams (2008), retomada y ampliada por Seligman en su propuesta del PERMA, destaca la importancia de las elecciones de cada individuo como parte del bienestar. Estos logros pueden presentarse para el beneficio personal y tomar o no, posteriormente o de forma paralela, una expresión solidaria o filantrópica. En ambos casos, su contribución para el bienestar de las personas es relevante y su consideración como elemento de la teoría del bienestar «… brinda a la misma un escalón más cercano para un mejor y más completo entendimiento sobre lo que escogen las personas para su propio beneficio y bienestar» (Seligman, 2011: 19).
La llegada de la psicología positiva a Venezuela como marco de referencia para soportar los estudios sobre el bienestar se manifiesta en el ámbito académico, no solo en la creación de cátedras y estudios avanzados, sino también en las investigaciones sobre bienestar en diferentes ámbitos (trabajo, familia, pareja, entre otros).
Actualmente, la Sociedad Venezolana de Psicología Positiva (Soveppos) y otros grupos de investigadores pertenecientes a diversas universidades del país reúnen importantes hallazgos que describen el bienestar, las fortalezas del carácter, las emociones positivas y la experiencia óptima (fluidez) en diferentes muestras venezolanas, lo cual permite comenzar a crear un corpus de conocimientos científicos que permiten avanzar en la comprensión de los procesos que subyacen al bienestar en Venezuela. A continuación se incluye un breve resumen que analiza la evolución en la medición del bienestar, lo cual puede dar un marco de referencia que describa el estudio científico de esta variable. Posteriormente se describen y analizan los principales aportes en el ámbito del bienestar, que diversos investigadores venezolanos reportan, para estructurar una aproximación de características, correlaciones y perfiles de este.
Desde finales de los años noventa, el interés en el estudio del bienestar subjetivo se incrementó, en parte por la posibilidad que tuvo el constructo de tener una aproximación de medida, así como también a la diversidad de áreas en las que se comprobó su utilidad, tales como la sociología, la investigación geriátrica, la psicología clínica, el estudio de la personalidad y el afecto cognitivo (Sandvik, Diener y Seidlitz, 1993). En consecuencia, el concepto de bienestar ha sido utilizado como un constructo que engloba diferentes términos asociados con la noción de trascendentalidad del self (perspectiva eudamónica), tal como sucede con la noción de auténtica felicidad de Seligman (2005) y experiencia óptima de Csikszentmihalyi y Csikszentmihalyi (1998) y es lo suficientemente general como para abarcar tanto el constructo del estado de ánimo como el de satisfacción (Kozman, Stones y McNeil, 1991), el yo laboral (García y Rodríguez-Carvajal, 2007) e inclusive, existe un debate en torno a la posibilidad de que la medida del bienestar subjetivo pueda incorporarse como un indicador de salud mental (Viera, López y Barrenechea, 2006).
Las medidas sobre el bienestar se han utilizado para hacer investigaciones a gran escala que permitan establecer comparaciones entre los diferentes países. En las primeras evaluaciones del bienestar a nivel mundial se utilizaron índices económicos como el PIB, pero surgió la necesidad de tener índices alternativos que contemplaran la valoración subjetiva de los ciudadanos sobre su bienestar. Con este objetivo se han creado muchas encuestas mundiales con mediciones periódicas en las cuales se hace una sola pregunta general y evaluativa donde las personas deben contestar, en escalas que van desde 2 opciones hasta 10, qué tan felices o satisfechos están con su vida en ese momento.
Entre las medidas de satisfacción general subjetiva empleadas en diversos estudios e investigaciones podemos señalar: European Values Study, Gallup Public Opinion Survey, US General Social Survey, Centro Sociológico de Investigaciones de España (Vázquez, 2009) y Encuestadora Datos de Venezuela.
Esta medida de evaluación o satisfacción general promedio que se obtiene de cada país es correlacionada con el PIB del mismo para establecer índices que consideren aspectos subjetivos del bienestar y aspectos objetivos, como el ingreso económico per cápita.
Algunos investigadores han realizado la evaluación del bienestar centrándose en operacionalizarlo con escalas para ser aplicadas en forma individual con diferentes dimensiones con una serie de ítems que contemplan el afecto positivo y negativo. Como ejemplos de estas escalas encontramos: la Escala de Satisfacción Vital (SWLS) (Diener, Emmons, Larsen y Griffin, 1985), muy utilizada en los Estados Unidos, cuyo objetivo es la evaluación cognitiva del bienestar en su conjunto; la Revised Oxford Happiness Scale (Escala de Felicidad de Oxford revisada) de 29 ítems, muy utilizada en el Reino Unido (Argyle, 1992); la Escala de Bienestar Psicológico de C. Ryff, cuyo objetivo es la evaluación de cuatro dimensiones de personalidad en la población adulta: complejidad, generatividad, integridad e interioridad. Está constituida por cinco escalas (60 ítems en total), que exploran: nivel de autonomía percibida, propósito de vida, relaciones con los otros, dominio del ambiente y autopercepción. Por último, la Escala de Bienestar Psicológico de Sánchez-Cánovas (1998 cp. Sánchez-Cánovas, 2007), muy utilizada en España y que busca evaluar la satisfacción con la vida y la frecuencia e intensidad de las emociones positivas.
La Escala de Bienestar Psicológico de Sánchez-Cánovas, en su primera versión en 1998 y su segunda versión en 2007, se basa en el modelo conceptual de Argyle (1987), Argyle, Martin y Crossland (1989) y Argyle y Lu (1990) (cp. en Sánchez-Cánovas, 2007). Esta escala incluye cuatro subescalas: bienestar psicológico subjetivo, bienestar material, bienestar laboral y bienestar en las relaciones con la pareja. Específicamente en la primera escala, distingue entre el sentimiento de felicidad y el afecto positivo y negativo, solamente considerando el afecto positivo (no la combinación de ambos afectos). En las tres restantes contempla la satisfacción con la vida, expresada en los tres ámbitos señalados.
Cuando se aborda el bienestar psicológico personal, no solo se consideran variables que provienen de la actitud de las personas y la calidad de sus relaciones interpersonales. También las investigaciones ubicadas en el modelo de la psicología positiva ofrecen una perspectiva que considera elementos económicos, ambientales y sociales propios de una nación. Primero, el bienestar de una nación estaba definido considerando solamente factores económicos, estableciendo una relación clara entre riqueza y bienestar. Para que este último sea apreciado, es necesario que las necesidades fundamentales estén cubiertas y, a partir de allí, otras variables provenientes del contexto particular de cada persona o país pueden comenzar a intervenir y explicar los niveles de bienestar valorados (Vázquez, 2009).
En la actualidad se contemplan elementos como el bienestar social (cohesión social, desigualdades sociales, libertades, participación política, etc.) y el bienestar ambiental (contaminación, conservación y consumo de los recursos naturales, etc.), enmarcándose el bienestar global dentro de un concepto más amplio: calidad de vida (Vázquez, 2009).
Desde este marco de referencia, el bienestar o la calidad de vida de las personas se relaciona con indicadores materiales diversos, como la seguridad del ciudadano, poseer bienes materiales, altos índices de alfabetización, entre otros. También indicadores subjetivos vinculados con aspectos sociales, como la confianza en las instituciones y apreciar que las políticas de Estado llevan al país en una dirección de progreso.
De lo anterior se desprende que el estudio del bienestar en diferentes culturas es importante para comprender el papel que juegan los factores externos y su relación con características propias de cada país, lo que define un impacto particular sobre el bienestar. Por ejemplo, al comparar países desarrollados en un indicador de calidad de vida como «disponibilidad de tiempo libre u ocio» que tienen los ciudadanos de esas naciones, la economía norteamericana y su posición con respecto a países europeos, este indicador de calidad de vida se reduce de forma importante (Vázquez, 2009).
Diener y Biswas-Diener (2008) afirman en sus investigaciones que los países que no cuentan con democracias estables, respeto a los derechos humanos y donde no se consideran para las mujeres igualdad de oportunidades, presentan un deterioro en su bienestar como consecuencia de estos aspectos sociales o contextuales.
Estos aspectos de tipo social son, en muchos países latinoamericanos, incluido Venezuela, motivos de debate, análisis y reto permanente. Los venezolanos, al igual que muchos latinoamericanos, tienen un ingreso per cápita bajo, pero pertenecen a los países subdesarrollados que obtienen altos índices de bienestar. Vázquez (2009) al relacionar bienestar subjetivo (satisfacción con la vida en una escala de 0 a 10) y la renta per cápita, encontró que Venezuela se ubicó en niveles bajos de PIB y valoraciones medias-altas de bienestar (promedio de 6,5/10 similar al de Ecuador, Bolivia y Perú), Colombia (8,1/10), Costa Rica (8,0/10) Nicaragua (7,6/10), El Salvador (7,5/10), Guatemala (7,2/10), México (7,6/10), Honduras (7,0/10), Brasil (6,9 /10), Paraguay (6,7 /10) y Uruguay (6,6 /10). Estudiar los procesos que subyacen a esta expresión paradójica del bienestar representa un reto para la investigación.
Actualmente en Venezuela se cuenta con un grupo de investigadores cuyos trabajos aportan relevantes datos para comprender los aspectos asociados al bienestar, sus condiciones, los procesos que subyacen al mismo y las formas o vías para su desarrollo.
Millán y D’Aubeterre (2011) realizaron un trabajo titulado: «Validación de la Escala de Bienestar Psicológico en una muestra multiocupacional venezolana». Esta investigación surgió de la necesidad de tener un instrumento validado en Venezuela que permitiera evaluar el bienestar. Del estudio de los instrumentos existentes se decidió proceder con la validación de la segunda edición de la Escala de Bienestar Psicológico (EBP), elaborada por Sánchez-Cánovas (2007).
Para el proceso de validación de la escala se utilizaron cuatro muestras de participantes venezolanos, empleados en el sector formal de empleo, con al menos tres meses de contratación, de ambos sexos, mayores de edad, de ambos sectores de la economía (público y privado), heterosexuales y con una relación formal y estable de pareja. Cada una de las muestras se requirió para un tipo de validación: la primera, de 747 personas, para la de constructo en cuanto a la igualdad entre la estructura factorial obtenida y la estructura teórica que establece la versión original del EBP. Las demás muestras se emplearon en estudios de validez convergente y divergente, relacionados con diferentes instrumentos que evalúan estados emocionales positivos y negativos (175), la salud tanto física como psicológica (263) y el tipo o estilo de respuesta adaptativa o no adaptativa ante situaciones de estrés cotidiano (175).
Se evidenciaron altos indicadores de consistencia interna y resultados significativos de validez convergente, divergente y de constructos con las variables seleccionadas. La validación de esta escala para la medición del bienestar, que contiene 4 subescalas, ha sido utilizada en muchas de las investigaciones en el ámbito nacional; de allí la importancia de la inclusión de su descripción en este capítulo.
Los antecedentes empíricos asociados al bienestar psicológico desde una perspectiva que engloba las dimensiones afectivas y la satisfacción con la vida (que definen el bienestar en términos de la búsqueda del placer y emociones positivas, evitando la emoción negativa, siendo el centro la felicidad) han sustentado que dicho constructo puede ser medido empíricamente y la contribución más importante tiene que ver con la aceptación de que los factores externos son responsables de un efecto limitado en la explicación de las diferencias en la valoración subjetiva del bienestar entre las personas. En este sentido, son los factores psicológicos los que tienen un efecto significativamente mayor y pueden explicar mejor la variabilidad del bienestar psicológico, cuando entran a mediar las experiencias de vida (Diener y otros, 1999).
Desde estas premisas, en un estudio sobre los efectos en el bienestar psicológico y las variables relacionadas con las circunstancias económicas en Venezuela, realizado por Ayala y Díaz (2009), el objetivo principal fue analizar los factores psicológicos que se asocian a la experiencia subjetiva de la adquisición de un prestamo hipotecario y su relación con el bienestar psicológico de adultos de la zona de la Gran Caracas. El interés surge de identificar un indicador estadístico que refleja un incremento en el otorgamiento de prestamos hipotecarios. Trabajaron con una muestra de 60 adultos en situación de endeudamiento por concepto de vivienda y aplicaron dos instrumentos: el Cuestionario de Medición de Factores Psicológicos, escala tipo Lickert de Ayala y Díaz (2009) y la Escala de Bienestar Psicológico de Sánchez-Cánovas (2007), específicamente las subescalas de bienestar subjetivo, laboral y material (omitieron la subescala de bienestar en la pareja).
La conclusión principal que se desprendió de los resultados obtenidos fue que el factor psicológico más relevante se asoció a aspectos motivacionales, principalmente asociados con la necesidad de trascender, siendo la necesidad de superación personal y el logro de bienes materiales la razón fundamental para adquirir un prestamo hipotecario. Esta expresión del bienestar es característico en la etapa del desarrollo ubicada en la adultez temprana, donde independizarse de los padres representa una tarea vital.
Así mismo, las autoras interpretan este resultado considerando factores provenientes de la realidad económica del país, donde el ciudadano ha experimentado una disminución importante del poder adquisitivo, lo cual ha impulsado a buscar la opción del endeudamiento. La consecuencia impacta en la calidad de vida de las personas pudiendo comprometer su salud física y mental.
En un estudio con una muestra venezolana, Inciarte y Morchain (2011) se plantearon como objetivo analizar el carácter predictivo que tienen sobre el bienestar psicológico algunas variables contextuales (el burnout, la tipología cronopsicológica, el turno laboral, la coincidencia entre el turno laboral y la tipología cronopsicológica, y variables sociodemográficas) y la disposición a fluir en el trabajo, en una muestra de 256 trabajadores multiocupacionales. Partieron de la premisa de que una combinación particular de las variables mencionadas podría facilitar identificar un perfil específico que se asociara como factor de riesgo y/o protección de la salud, tanto a nivel personal como a nivel organizacional. Utilizaron como instrumentos la validación venezolana de la segunda edición de la Escala de Bienestar Psicológico (EBP) de Sánchez-Cánovas (2007) (Millán y D’Aubeterre, 2011); segunda versión de la Escala de Disposición a Fluir (EDFT-2) de Millán, D’Aubeterre y Garassini Chávez (2011); las versiones validadas por Millán y D’Aubeterre de la tercera edición del Maslach Burnout Inventory-General Survey (MBI-GS) de Moreno-Jiménez, Rodríguez-Carvajal y Escobar; la Escala de Preferencia Vespertinidad-Matutinidad de Smith; la Escala Graffar validada para Venezuela; y el Cuadernillo de Variables Sociodemográficas (sexo, nivel educativo, nivel socioeconómico, turno laboral y edad).
Los resultados arrojaron que la combinación lineal de la disposición a fluir en el trabajo, el burnout, el sexo y el nivel socioeconómico del trabajador es el que predice en un 55,6% la estimación de los puntajes de bienestar. En este sentido, la combinación de las variables de riesgo (el burnout) y las variables protectoras (disposición a fluir en el trabajo) en un mismo momento de tiempo puede predecir el grado de salud psicológica a partir de los indicadores de bienestar psicológico.
También se reportaron en la muestra de trabajadores venezolanos niveles de bienestar en promedio muy altos. La edad no es un factor significativo cuando se valora el bienestar; las personas del sexo femenino mostraron mayor promedio de bienestar psicológico en comparación con el sexo masculino; las personas con un nivel socioeconómico alto, medio y medio-bajo presentan niveles de bienestar más elevados que los que reportan los sujetos de clase obrera y las personas que trabajan en el sector privado reportaron mayor bienestar que las que trabajan en el sector público.
En otra investigación llevada a cabo por Zavarce (2011) se planteó como objetivo asociar las fortalezas del carácter, los estilos de apego seguro, ansioso y evitativo, en relaciones románticas y no románticas, y diversas variables sociodemográficas, con el bienestar psicológico en una muestra de adultos trabajadores entre 30 y 60 años. Fue un estudio descriptivo-correlacional de campo, mediante un diseño no experimental y transeccional-descriptivo, en el que se evaluaó a 77 adultos mediante un muestreo no probabilístico o dirigido. Se aplicaron tres instrumentos: la Escala de Bienestar Psicológico de Sánchez-Cánovas (2007), el Cuestionario VIA de Fortalezas Principales (Values in Action) de Peterson y Seligman (2004 ) y la Escala de Estilos de Apego de Casullo y Fernández (2004).
Los resultados obtenidos en los adultos trabajadores que conformaron la muestra, al asociar los niveles de bienestar psicológico con las variables sociodemográficas, arrojaron que no existe relación entre estas y el bienestar subjetivo y laboral, significando que no determinan los niveles expresados por los adultos en torno al sentimiento de felicidad asociado únicamente al afecto positivo y a la satisfacción personal o percepción positiva de la actividad laboral. Sin embargo, con respecto al bienestar material y de pareja se observó una relación suficiente, buena y positiva (Prieto y Muñiz, 2000), lo cual significa que los valores obtenidos en estas dimensiones del bienestar pueden ser explicados por algunas variables sociodemográficas.
El análisis de las expresiones de la variable bienestar psicológico, en sus dimensiones de bienestar material y de la relaciones de pareja, debe no solo contemplar los aspectos relacionados con el balance afecto positivo/negativo, sino también los aspectos que hacen referencia al desarrollo de las potencialidades y el crecimiento personal, considerando las variables relacionales y del entorno (Castro, 2010).
Con respecto al bienestar material en relación con el estado civil, se encontró que los casados y solteros tenían semejantes niveles de bienestar material, parecidos a la media del grupo de referencia, mientras que en los sujetos divorciados los puntajes fueron más heterogéneos y marcadamente inferiores. De acuerdo con esto, el estado civil puede favorecer niveles de satisfacción personal o una percepción positiva de los ingresos económicos, especialmente si se está casado o soltero, mientras que, en la situación de estar divorciado, el bienestar material se compromete negativamente en los adultos trabajadores de este estudio.
En primera instancia, Zavarce (2011) señala que en el abordaje del bienestar psicológico personal y, en particular, del bienestar material, es importante resaltar la relación estrecha que guarda con elementos económicos, ambientales y sociales que caracterizan una nación. Así mismo, el bienestar de una nación tradicionalmente estaba definido considerando solamente factores económicos, resultando una asociación clara entre riqueza y bienestar. Sin embargo, es preciso que las necesidades fundamentales estén cubiertas para que sea apreciado este bienestar y así considerar otras variables del contexto particular de cada persona o país que pueden intervenir y explicar los niveles de bienestar valorados (Vázquez, 2009).
En tal sentido, considerar de forma aislada los factores económicos resulta insuficiente para poder explicar el bienestar material de los adultos trabajadores, siendo necesario contemplar otros elementos indispensables, como el bienestar social y el bienestar ambiental, característicos de nuestro país, enmarcándose el bienestar global dentro de un concepto más amplio: calidad de vida (Vázquez, 2009).
Desde este marco de referencia, Zavarce (2011) explica que el bienestar o la calidad de vida de las personas se relaciona con indicadores materiales diversos que pueden influir y definir características propias de este grupo de adultos trabajadores. De allí que indicadores contextuales, como la inseguridad ciudadana, la falta de confianza en las instituciones, apreciar que las políticas de Estado no están llevando al país hacia el progreso y el poder adquisitivo, puedan estar afectando negativamente y posiblemente influyendo sobre la percepción subjetiva negativa de los ingresos económicos que manifiestan los adultos de la muestra y en cierta forma afectar su calidad de vida.
Zavarce (2011) añade que otros factores relacionales pueden favorecer o no niveles de satisfacción personal o una percepción positiva de los ingresos económicos, como lo muestran los resultados asociados al estado civil. El estar casado o soltero representa una circunstancia que favorece el bienestar material, mientras que en los divorciados se ve afectado negativamente. Esta situación exige esfuerzos adicionales en los miembros de la expareja, que no solo implican resolución de conflictos personales y de la relación, cierre de un proyecto de vida y construcción de otro, manejo de acuerdos en torno a la crianza de los hijos (si los hay), incorporación de nuevas parejas, etc. También implica que los ingresos económicos puedan estar comprometidos en la gestión de una vida individual y familiar más compleja, característica de la circunstancia particular del divorciado.
En relación con los resultados en bienestar de la pareja, se observaron diferencias significativas según el sexo y si tienen o no pareja. Los hombres manifestaron mayor bienestar o satisfacción en la pareja que las mujeres, de manera que para estas últimas la satisfacción personal o la percepción subjetiva positiva en relación al ámbito amoroso o romántico se encuentra por debajo de la media del grupo de referencia, estando comprometida negativamente. Así mismo, aquellos sujetos que tienen pareja mostraron mayor bienestar que los sujetos que no la tienen, resultando una asociación positiva entre esta circunstancia y la satisfacción ante la experiencia real de contar con un compañero(a) sentimental.
Aunque la dimensión de las competencias no fue estudiada en esta investigación, para Zavarce (2011) su referencia es importante para inferir su posible relación con los resultados obtenidos. Es indiscutible que contar con una relación de pareja es indispensable para poner en práctica las competencias funcionales que ayudan a construir felicidad y bienestar en la relación. Sin embargo, las diferencias en la valoración o construcción de un juicio positivo pueden ser el resultado de la forma como son interpretadas las circunstancias relacionales y la conciencia y el uso de los recursos psicológicos por parte de cada miembro de la relación. De manera que es posible que los hombres, más que las mujeres de la muestra, tengan una disposición más favorable a tener presentes estas consideraciones, construir un juicio positivo de su relación de pareja y en consecuencia, contribuir a tener un sano funcionamiento psicológico.
Al relacionar las fortalezas del carácter y los estilos de apego y la variables sociodemográficas (variables independientes), sobre el bienestar psicológico (variable dependiente), se obtuvo como resultado un perfil predictivo del bienestar psicológico. Este perfil permite, entre otros elementos, identificar el grado de relación existente entre las variables que lo componen (valor predictivo del modelo), pero por el otro lado, la direccionalidad que estas poseen (a partir del signo del coeficiente de regresión no estandarizado b). Esta información permitió analizar el valor teórico de cada variable independiente del modelo, así como discutir cómo su combinación con las otras variables independientes afecta la predicción del bienestar.
El perfil predictivo para bienestar subjetivo muestra que la combinación de variables que más predice este tipo de bienestar es la que se asocia a las personas que tienen menor edad; la humildad no figura como fortaleza del carácter principal y una menor presencia de estilo de apego ansioso en las relaciones no románticas.
El segundo perfil predictivo se describe en el bienestar material, donde se indica que la combinación que más predice este bienestar se relaciona con las personas que muestren menor presencia del estilo de apego ansioso en las relaciones románticas y no se encuentren divorciadas.
El tercer perfil predictivo identificado tiene que ver con el bienestar laboral, donde la combinación de variables que más predice este bienestar se asocia a las personas con menor estilo de apego evitativo en la relación romántica, con más presencia de la creatividad y el aprecio por la belleza como fortaleza principal.
Por último, se identifica un cuarto perfil predictivo relacionado con el bienestar de la pareja, el cual señala que la combinación de variables que más predice este bienestar en las personas lo constituye manifestar tener pareja, una menor presencia del estilo de apego evitativo en las relaciones románticas, menor edad, encontrarse divorciado y ser hombre.
Zavarce (2011) concluye en su investigación que lo relacional y la calidad del vínculo emocional estuvo presente en todas las dimensiones del bienestar, siendo especialmente importante la menor presencia de los estilos de apego disfuncionales, validando que estos comprometen negativamente la experiencia emocional positiva y la satisfacción en la vida. Se apoya entonces el impacto positivo en el bienestar psicológico que se construya y vivencie el estilo de apego seguro, tanto en las relaciones no románticas (familia y amigos), como en las románticas (íntimas o de pareja). Representa un predictor importante de bienestar en sus diferentes dimensiones (subjetivo, material, laboral y de pareja).
Este hallazgo permite destacar la importancia de la teoría del apego como perspectiva conceptual y empírica para comprender y explicar las relaciones interpersonales a lo largo del ciclo vital, no solo porque ofrece una referencia evolutiva de los vínculos emocionales y los estilos relacionales (López y Ortiz, 2008), sino también por el impacto que tienen en la calidad de vida de las personas, su felicidad, bienestar y salud integral. Igualmente, la posibilidad de abrir un espacio de cambio en el modelo mental y en consecuencia en el valor adaptativo de las conductas de apego disfuncionales (ansioso, evitativo) es importante para la psicología positiva y su modelo de bienestar. Poner en juego determinadas fortalezas humanas que faciliten cambios en aspectos del estilo de apego y generar con ello emociones positivas puede ser un camino de reconstrucción para las personas que lo requieran, así como promover el desarrollo de estilos de apego seguro como alternativa de prevención y promoción de la salud y el bienestar duradero.
En segundo orden, las fortalezas del carácter características, al relacionarse con las otras variables de estudio, predicen el bienestar psicológico solo en dos de sus dimensiones: lo subjetivo y lo laboral. Es fuente de emocionalidad positiva para los adultos trabajadores más jóvenes de la muestra ser el centro de atención y disfrutar de resaltar los logros sin esperar que el reconocimiento venga de otros (menor presencia de la humildad como fortaleza principal). Por el contrario, en la dimensión laboral, el bienestar resulta de la presencia, como principales fortalezas del carácter, de la creatividad y del aprecio por la belleza y la excelencia, pertinentes para llevar la vida laboral de forma satisfactoria.
Por último, las variables sociodemográficas como la edad, el sexo y el estado civil entran en juego para explicar más el perfil que predice el bienestar psicológico del grupo de adultos trabajadores que conformaron la muestra, no mostrando una tendencia particular, pero sí reflejando que la combinación de ellas en relación con las otras variables muestra la complejidad de los factores que determinan la felicidad y la satisfacción.
Los hallazgos de esta investigación confirman que el bienestar psicológico es el resultado de un juicio global construido considerando la experiencia subjetiva agradable (emociones positivas) y la valoración satisfactoria de varias dimensiones de la vida. De allí que el estudio del bienestar en diferentes culturas sea importante para comprender el papel que juegan los factores externos y su relación con características propias de cada país, lo que define un impacto particular sobre el bienestar. Son especialmente importantes los que se refieren a las relaciones cercanas e íntimas que se presentan en la cotidianidad de la vida, ya que explican de forma significativa la varianza del bienestar psicológico.
Otras investigaciones orientadas al estudio de los componentes del bienestar relacionados con el potencial humano y la autorrealización arrojan resultados interesantes que enriquecen la comprensión de estos en la construcción del bienestar significativo.
Oramas, Santana y Vergara (2006) en un estudio en una muestra de la población cubana y venezolana se plantearon analizar la relación entre el autoconcepto y el sentido de vida como componentes del bienestar psicológico, con la salud general y la vulnerabilidad al estrés. Trabajaron con una muestra de 1.042 docentes venezolanos (educación básica y diversificada) de siete estados y 250 docentes cubanos (primaria, secundaria y tecnológica de un municipio de la capital). La edad promedio de la muestra de docentes venezolanos fue de 39,7 años, con un promedio de 12 años de ejercicio profesional y predominantemente femenina (91%). En la muestra cubana el promedio de edad fue de 41,5 años, con una experiencia docentes de 20,58 años y también con una mayoría femenina (84,66%).
Utilizaron tres instrumentos: el Cuestionario de Bienestar Psicológico formado por 14 reactivos para explorar el autoconcepto y el sentido de vida creado por los autores para esta investigación; el Cuestionario General de Salud (GHQ-28) (Lobo, Pérez-Echevarría, Artal, 1986) para medir la prevalencia de psicopatología general de carácter neurótico; la versión de 28 reactivos, que incluye los factores: síntomas somáticos, ansiedad, depresión severa y eficacia social; el Cuestionario de Vulnerabilidad al Estrés creado en la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana para explorar algunos factores mediadores de la respuesta de estrés en el sujeto como: estilos de vida, apoyo social y patrón de respuesta afectivo-conductual, que actúan como mecanismos de resistencia ante las demandas del ambiente.
Partiendo de los resultados obtenidos en el Cuestionario de Bienestar Psicológico, organizaron dos grupos de sujetos de acuerdo a los valores medios obtenidos, los de bienestar alto y los de bienestar bajo. Procedieron de igual forma con el Cuestionario de Vulnerabilidad y delimitaron para cada una de las escalas del Cuestionario de Salud General dos grupos a partir de los puntos de corte propuestos.
No encontraron diferencias significativas entre el grupo de bienestar alto y bajo, al establecer la relación con las 4 escalas de salud general: síntomas físicos, ansiedad, conducta social y depresión. Encontraron una relación significativa entre el bienestar psicológico y la vulnerabilidad al estrés, concluyendo que el bienestar psicológico no solo es un indicador de salud mental, sino también una variable mediadora y de protección entre el sujeto y las relaciones que establece con el entorno social y sus demandas. Esto no significa que sea igual a ausencia de síntomas, ya que no necesariamente una persona con ansiedad o sintomatología física tiene dificultades con su bienestar psicológico, sino que pueden ser consecuencia de variables psicosociales características de cada sujeto (laboral, familiar, comunitaria, etc.).
En un trabajo realizado por Morchain (2011) con una muestra de docentes de Educación Inicial venezolanos cuyo objetivo fue identificar la mediación del flow en el trabajo sobre los factores generadores de estrés y el bienestar. Se utilizó la Escala de Bienestar Psicológico de Sánchez-Cánovas (2007). Como resultado se obtuvieron altos niveles de bienestar, siendo el bienestar general subjetivo el de mayor promedio y el bienestar laboral el más bajo.
La variable de estrés esta compuesta por las dimensiones percepción de estrés, medida con la Escala de Estrés Percibido [EEP-14] de Cohen, Kamarck y Mermelstein (1983), adaptada al español por González y Landero (2007), compuesta por 14 ítems de valoración tipo Likert que hacen referencia a sus sentimientos y pensamientos durante el último mes; y la dimensión afrontamiento de los estresores, medida con el Inventario de Percepción de Estresores en Docentes [IPE-D] de D’Aubeterre (2010) compuesto por 93 ítems tipo Likert distribuidos en 12 factores que hacen referencia a la percepción de los docentes con respecto a: sus alumnos en el aula; el entorno; las políticas del Estado; el trabajo como docente; los colegas; los padres y representantes; las condiciones de la escuela; las autoridades de la escuela; la comunidad que rodea a su escuela; las condiciones laborales: la infraestructura física de la institución; y las condiciones personales de los alumnos.
La mayoría de los docentes presentan un buen nivel de afrontamiento de los estresores, así como un alto porcentaje de percepción de estrés, lo cual quiere decir que dentro de este grupo existe una alta percepción de estrés, pero se evidencia una gran capacidad para poder afrontarlo.
En relación a los factores generadores de estrés, los estímulos que mayor fuente de estrés tienen dentro de este grupo son el entorno, las condiciones laborales y los alumnos; y aquellos que se perciben con menor fuente de estrés son la comunidad cercana, las autoridades de la escuela y los colegas. La disposición a fluir medida con la Escala de Disposición a Fluir en el Trabajo [EDFT] elaborada por Millán, D’Aubeterre y Garassini Chávez (2011a) es promedio en este grupo de docentes y el fluir solo es moderadora de dos de los estresores: trabajo docente y entorno, para que pueda existir bienestar en los docentes.
Morchain (2011) concluye que los docentes presentan un buen nivel de bienestar psicológico y que solo algunos estresores afectan el mismo. Para erradicar este problema es recomendable trabajar en cuanto a las vías de afectación, para así poder obtener un mayor bienestar tanto en su vida personal como laboral. En cuanto a la hipótesis planteada, solo en dos estresores la disposición a fluir es moderadora del bienestar; por ende, la disposición a fluir no es completamente significativa para que los docentes puedan tener mayor bienestar psicológico.
En una investigación realizada por Cartolano, Padrón y Rojas (2011) con una muestra de 70 trabajadores del área de la salud realizada en la zona metropolitana de Caracas, se determinó el efecto de la inteligencia emocional sobre la relación entre el flow y el bienestar percibido. Para ello, se emplearon los inventarios Trait Meta-Mood Scale 24, que evalúan inteligencia emocional mediante el metaconocimiento de los estados emocionales por medio de 24 preguntas de valoración tipo Likert agrupadas en 3 factores: atención, claridad y reparación emocional, de las cuales se genera un índice que permite identificar y diferenciar a las personas en cuanto a su destreza para ser conscientes de sus propias emociones, así como de su capacidad para regularlas (Fernández-Berrocal, Alcaide, Domínguez, Fernández-McNally, Ramos y Ravira, 1998, cp. Millán y Pompa, 2007).
Los otros instrumentos empleados fueron la Escala de Bienestar Psicológico (EBP) de Sánchez-Cánovas (2007) y la Escala de Disposición a Fluir en el Trabajo (EDFT) de Millán, D’Aubeterre y Garassini Chávez (2011a).
Mediante los resultados obtenidos, se concluye que de los factores que constituyen la inteligencia emocional, solo la claridad y la reparación emocional ejercieron un efecto potenciador en la relación entre el flow y el bienestar percibido. Adicionalmente, se estableció que dentro de la relación entre los factores que conforman el flow y la inteligencia emocional, el sentido de control y experticia y la claridad emocional son los mejores predictores de bienestar percibido.
Se presenta otra investigación realizada por Mendoza (2011), titulada «Influencia de la sensibilidad emocional sobre la relación entre el acoso laboral y el bienestar psicológico en trabajadores de la Gran Caracas». La sensibilidad emocional fue medida con la Escala de Sensibilidad Emocional (ESE) de Guarino y Roger (2005) que mide la reactividad emocional en tres dimensiones: sensibilidad egocéntrica negativa, distanciamiento emocional y sensibilidad interpersonal positiva; el acoso laboral fue evaluado mediante el Inventario de Acoso Laboral de Leyman (LIPT-60) en la versión de González y Rodríguez (2006) que contiene 6 subescalas: desprestigio laboral, entorpecimiento del progreso, incomunicación, intimidación encubierta, intimidación manifiesta y desprestigio personal; y para la medición del bienestar, la Escala de Bienestar Psicológico de Sánchez-Cánovas (2007) con las subescalas de binestar subjetivo, material, laboral y de pareja. Los resultados arrojaron que los 62 sujetos de la muestra presentan un alto nivel de bienestar subjetivo general, pero niveles medios bajos de bienestar material y laboral, lo que se traduce en insatisfacción con los ingresos económicos y los bienes materiales que poseen.
Con respecto a la sensibilidad emocional, se presentó un menor grado de sensibilidad emocional negativa (SEN) que sensibilidad emocional positiva (SEP); y en cuanto al acoso laboral, la estrategia más evidenciada hacia las personas de la muestra fue el desprestigio laboral (DL). Por otra parte, existe una influencia de la sensibilidad emocional sobre la variable acoso y el bienestar psicológico, específicamente a través de la dimensión de sensibilidad egocéntrica negativa (SEN), correlacionando en conjunto con algunas dimensiones del acoso, de manera inversa con el bienestar psicológico y el bienestar laboral.
En una investigación realizada por Aldecoa, Mora y Koklonis (2011), el objetivo fue contrastar el bienestar psicológico, el perfil de las principales fortalezas del carácter y uso cotidiano en una muestra de parejas casadas, pertenecientes a la segunda y cuarta etapa del ciclo vital de la familia. En el estudio se trabajó con una muestra de 40 parejas, 20 pertenecientes a la segunda etapa del ciclo vital familiar y 20 pertenecientes a la cuarta etapa del ciclo vital familiar. Se entendió a la pareja como unidad, con edades comprendidas entre 25 a 60 años, de diferentes niveles socioeconómicos, educativos, culturales y ocupacionales, residentes en la Gran Caracas.
Para la recolección de datos se utilizaron tres instrumentos que medían las variables anteriormente mencionadas, a saber: Cuestionario VIA de Fortalezas del Carácter (Peterson y Seligman, 2004); Cuestionario Uso Cotidiano de las Fortalezas del Carácter (Lira y Rodríguez, 2009 cp. Aldecoa, Mora y Koklonis, 2011) y la Escala de Bienestar Psicológico de Sánchez-Cánovas (2007).
Como resultados, se encontró que al contrastar las variables de estudio en la segunda y cuarta etapa del ciclo vital de la familia se posee un patrón diferente en las virtudes, uso de las fortalezas y bienestar psicológico, dependiendo del período evolutivo en el que se encuentre la familia. Mientras que en la segunda etapa es fundamental disfrutar de la unión de la pareja y se posee mayor bienestar subjetivo, en la cuarta etapa las prioridades se orientan hacia los hijos adolescentes, siendo el bienestar psicológico mayormente obtenido en la relación de la pareja que en el bienestar subjetivo. Se pudo confirmar una relación estadísticamente significativa en lo que respecta al uso cotidiano de las fortalezas del carácter con el bienestar psicológico, particularmente en la cuarta etapa del ciclo familiar.
En los hallazgos presentados en esta primeras investigaciones con pequeñas muestras en referencia al bienestar psicológico en Venezuela, se puede notar que un grupo de ellas enfatiza en el estudio del bienestar y su caracterización según diferentes variables sociodemográficas. Especialmente, todas trabajan con muestras de sujetos que se ubican en la etapa adulta y en ámbitos de desarrollo como el laboral y el de pareja.
En otras investigaciones se estudia el bienestar psicológico asociado a componentes, vías o capacidades personales que conducen al bienestar. Estas variables internas son constructos como: la fluidez, la autoeficacia, el autoconcepto, el sentido de la vida, la inteligencia emocional, la sensibilidad emocional, los vínculos emocionales y las fortalezas del carácter. En las investigaciones, estos conceptos se relacionan con variables como el burnout, el mobbing, el estrés y la salud general.
Por otra parte, todas la investigaciones evalúan el bienestar psicológico a través de la Escala de Bienestar Psicológico de Sánchez-Cánovas, por lo que se asume como definición del constructo la que propone el autor, la cual indica que el bienestar psicológico es la expresión de la forma en que una persona evalúa su vida, considerando aspectos que vienen de las experiencias emocionales positivas (componente afectivo positivo), de la ausencia de emociones negativas (componentes afectivos negativos) (entendido como felicidad) y aspectos de la satisfacción personal y relacional (componente cognitivo-bienestar) en cuatro dimensiones de bienestar: bienestar subjetivo, material, laboral y de las relaciones de pareja.
Los resultados obtenidos concluyen que en las muestras de adultos contempladas en los estudios, los niveles de bienestar psicológico se encuentran por encima del promedio normativo, lo cual se interpreta como niveles favorables y positivos en cuanto a la forma en que evalúan la vida. También, en promedio es un poco más alto en las mujeres, en todas las clases sociales (a excepción de los obreros, cuyos ingresos económicos en Venezuela no son suficientes para cubrir las necesidades básicas, además de otras variables contextuales que comprometen su calidad de vida). Por último, el bienestar psicológico es, en promedio, más alto en trabajadores del sector privado que en el público.
Con respecto a la edad, pareciera que la satisfacción aumenta con la edad y la emocionalidad positiva (bienestar subjetivo) disminuye. Es importante recordar que el componente afectivo del bienestar psicológico tiene un carácter inmediato, lábil, momentáneo y cambiante, lo cual refleja que la construcción de un juicio positivo sobre la propia vida (componente más estable del bienestar) tiende a valorarse más al avanzar en edad.
El bienestar material puede comprometerse no solo en sectores donde los ingresos no son suficientes para satisfacer las necesidades básicas, sino también ante eventos naturales del ciclo vital.
En relación al bienestar laboral y de pareja, al parecer las características de las relaciones interpersonales que se establecen en esos contextos son los factores más influyentes en la construcción de un juicio positivo asociado a la felicidad y el bienestar. De allí que en la medida en que los vínculos emocionales sean más funcionales y saludables, así como la ausencia de expresiones de acoso y estrés laboral, mayor es el bienestar apreciado en esos ámbitos.
Desde la perspectiva que resalta la importancia de las competencias o vías para construir bienestar, la disposición a fluir, la emocionalidad positiva, la inteligencia emocional, los vínculos emocionales positivos y las fortalezas del carácter se constituyen en factores de protección, lo cual refuerza la importancia de desarrollar estos aspectos como elementos en la prevención y promoción del bienestar sustentable en el tiempo.
Estos hallazgos permiten resaltar que no solo indicadores de orden material pueden influir y definir características en torno a la valoración positiva o no de la felicidad y el bienestar, sino también entran en juego factores relacionales. El matrimonio, las relaciones de pareja o el amor romántico, relaciones respetuosas y saludables entre compañeros de trabajo, parecen ser fuente de felicidad importante para las personas y representan componentes de los factores externos o circunstanciales muy poderosos, que pueden contribuir a vivir con mayor calidad, lo cual también ha sido confirmado en diversos antecedentes empíricos (Myers, 2000; Diener y Seligman, 2001; Gómez y otros, 2007). Así mismo, en los casos de pérdida de estatus económico asociado al divorcio, pueden comprometerse los niveles de bienestar y hacer que el malestar o la insatisfacción permanezca por más tiempo (Diener y otros, 1995).
Por último, un sano funcionamiento psicológico puede ser el resultado de la forma como son interpretadas las circunstancias relacionales y, también, de la acción voluntaria y consciente por parte de las personas de utilizar los recursos personales y fortalezas para enfrentar cada día de una manera sana y funcional, en lugar de enfocar los esfuerzos en tratar de cambiar las circunstancias que afectan la vida económica o amorosa de las personas.
