La humanidad puesta a prueba -  - E-Book

La humanidad puesta a prueba E-Book

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Beschreibung

En el año 2020 la humanidad está siendo puesta a prueba. El coronavirus SARS-COV-2 ha sido capaz de llevar al límite la salud física y psíquica de los habitantes del planeta, a la medicina y a la técnica; pero también nuestra altura moral. En este sentido podemos decir que es la hora de la bioética: el COVID-19 ha traído muchos problemas que se han convertido en dilemas éticos. En este libro, se recogen los problemas bioéticos más importantes a los que se enfrenta la humanidad: el dilema de la atención a los enfermos con recursos limitados, los problemas éticos del confinamiento, el problema ético del modo de cuidado de los mayores, los problemas de la investigación de fármacos y vacunas, y la desigualdad social que ha dejado la pandemia. Todo ello sin olvidar partir de unos buenos datos (históricos y médicos); y apoyados en una buena fundamentación en los principios de la bioética. Además, se hace un recorrido del COVID-19 por el mundo, y se dibujan algunas perspectivas bioéticas del mundo post-pandemia.

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Seitenzahl: 996

Veröffentlichungsjahr: 2020

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LA HUMANIDAD PUESTA A PRUEBABIOÉTICA Y COVID-19

PUBLICACIONES

DE LA UNIVERSIDAD PONTIFICIA COMILLAS

MADRID

CÁTEDRA DE BIOÉTICA

N.º 34

DIRECTOR DE LA COLECCIÓN

RAFAEL AMO USANOS

PEDIDOS:

PUBLICACIONES DE LA UNIVERSIDAD PONTIFICIA COMILLAS

Universidad Pontificia Comillas, 3

28049 MADRID.

TEL.: 91 540 61 45 - FAX: 91 734 45 70

RAFAEL AMO USANOS

FEDERICO DE MONTALVO JÄÄSKELÄINEN

(EDITORES)

LA HUMANIDAD PUESTA A PRUEBABIOÉTICA Y COVID-19

2020

Servicio de Biblioteca. Universidad Pontificia Comillas de Madrid

La HUMANIDAD puesta a prueba : bioética y COVID-19 / Rafael Amo Usanos, Federico de Montalvo Jääskeläinen (editores). -- Madrid : Universidad Pontificia Comillas, 2020.

529 p. -- (Cátedra de Bioética ; 34)

En la portada: Fundación Sanitas.

D.L. M 27132-2020. -- ISBN 978-84-8468-992-8

1. Bioética. 2. COVID-19. I. Amo Usanos, Rafael (1972-), editor literario. II. Montalvo Jääskeläinen, Federico de, editor literario.

Esta editorial es miembro de la Unión de Editoriales Universitarias Españolas (UNE), lo que garantiza la difusión y comercialización de sus publicaciones a nivel nacional e internacional.

© 2020 UNIVERSIDAD PONTIFICIA COMILLAS

Universidad Comillas, 3

28049 Madrid

© 2020 DE LOS AUTORES

Diseño de cubierta: BELÉN RECIO GODOY

ISBN: 978-84-8468-992-8

Depósito Legal: M-27132-2020

Maquetación e impresión: R.B. Servicios Editoriales, S.L.

Reservados todos los derechos. Queda totalmente prohibida la reproducción total o parcial de este libro por cualquier procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética o cualquier sistema de almacenamiento o recuperación de información, sin permiso escrito de la UNIVERSIDAD PONTIFICIA COMILLAS.

ÍNDICE

PRÓLOGO

INTRODUCCIÓN

BLOQUE I. EL ESTADO (PROVISIONAL) DE LA CUESTIÓN

INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LAS PANDEMIAS

1. Pestilencias y otras enfermedades pandémicas

2. Conclusión

3. Referencias bibliográficas

EL DERECHO FRENTE A LAS EPIDEMIAS: EL CASO DEL CÓLERA MORBO EN LA ESPAÑA DECIMONÓNICA

1. Epidemias en la historia: la convivencia secular del ser humano con la enfermedad

2. Los comienzos de la gestión internacional de las epidemias: de la conferencia sanitaria internacional de 1851 al reglamento sanitario internacional de 1951

3. La regulación española de las epidemias a lo largo del siglo xix: de la ley de sanidad de 1855 a la instrucción general de sanidad pública de 1904

4. Referencias bibliográficas

EPIDEMIOLOGIA Y PREVENCION DE COVID-19

1. introducción: historia

2. Frecuencia de la enfermedad en el mundo y en españa

3. Cadena epidemiológica

4. Prevencion

5. Referencias bibliográficas

BLOQUE II LOS FUNDAMENTOS DE LA BIOÉTICA ANTE EL COVID-19

COVID-19, EL IMPULSO DEFINITIVO PARA LA AUTONOMÍA RELACIONAL

1. Rompiendo las costuras del principio de autonomía

2. Incorporación de la relación a los distintos ámbitos de la filosofía

3. Implicaciones bioéticas de la relación

4. La autonomía relacional en ejercicio

5. La relacionalidad en la bioética: cambio de acento o de paradigma

6. Referencias bibliográficas

PRINCIPIO DE VULNERABILIDAD Y EL CORONAVIRUS

1. Introducción

2. El principio de vulnerabilidad en la bioética del s. XXI

3. El principio de vulnerabilidad y la comprensión del mundo ante el coronavirus. Dimensión socio-cultural

4. Dimensión antropológica de la vulnerabilidad: emociones, vínculos, corporalidad y cuidado

5. Conclusión: la quiebra de lo humano y la grandeza de lo humano

6. Referencias bibliográficas

EL PRINCIPIO DE SOLIDARIDAD EN TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

1. Introducción

2. Principialismo bioético

3. La solidaridad en la historia

4. La Iglesia Católica y la solidaridad

5. La solidaridad: un concepto ético para el siglo XXI

6. Conclusión

7. Referencias bibliográficas

REFLEXIÓN ÉTICA ACERCA DE LA COLABORACIÓN DE LA SANIDAD PRIVADA EN LA CRISIS SANITARIA: PRINCIPIO DE SUBSIDIARIEDAD EN LA GESTIÓN DE LA SALUD PÚBLICA

1. Introducción

2. Concepto de subsidiariedad en Derecho y en la Doctrina Social de la Iglesia

3. Principios de justicia y solidaridad en el acceso a la asistencia sanitaria

4. Principio de subsidiariedad en la gestión de la salud pública

5. Referencias bibliográficas

EL PRINCIPIO DE PRECAUCIÓN FRENTE A LAS PANDEMIAS: UN ANÁLISIS A LA LUZ DE LA COVID-19

1. Breve apunte sobre los antecedentes y el fundamento del principio de precaución

2. El principio de precaución y la COVID-19

3. Referencias bibliográficas

BIOÉTICA GLOBAL, ECOÉTICA Y COVID-19

1. Introducción

2. El «nacimiento bilocado» de la bioética y su relación con la ecoética

3. Las zoonosis: ejemplos paradigmáticos de la necesidad de restablecer el puente entre la ética biomédica, la ética de la salud pública y la ética ambiental

4. Hacia un concepto integral de salud y un paradigma bioético global

5. Algunas legítimas prevenciones respecto a la propuesta de la bioética global

6. Conclusiones

7. Referencias bibliográficas

PANDEMIA E FRATERNITÀ UNIVERSALE: LA BIOETICA TEOLOGICA E IL COVID-19

1. Ascoltare ciò che accade: tratti salienti e domande emergenti

2. Approfondimento interpretativo

3. Bibbia e responsabilità nell’orizzonte teologico

4. Referencias bibliográficas

BLOQUE III. ASPECTOS BIOÉTICOS DEL DESARROLLO DE LA ENFERMEDAD PROVOCADA POR COVID-19 Y SU TRATAMIENTO Y ATENCIÓN INTEGRAL

PAPEL DE LAS INSTITUCIONES DE ÉTICA Y DE LAS SOCIEDADES CIENTÍFICAS DURANTE LA PANDEMIA DE COVID-19

1. Protocolos, recomendaciones o guías para la toma de decisiones clínicas

2. Aportación de conocimiento crítico y especializado

3. Referencias bibliográficas

TRIAJE Y COVID-19: CUESTIONES CLAVE

1. Introducción

2. Reasignación de recurso

3. Tratamiento condicionado y reasignación de recurso

4. Tratamiento fútil

5. ¿Niños primero?

6. ¿Personas con discapacidad?

7. La preferencia por quienes se han sometido a riesgo extraordinario o por quienes pueden resultar particularmente necesarios

8. Referencias bibliográficas

ÉTICA DE LA INVESTIGACIÓN CLÍNICA DURANTE LA PANDEMIA POR LA COVID-19

1. La investigación clínica durante la pandemia de la COVID-19: vacuna y tratamiento médico.

2. Ámbito de la bionomía jurídica: marco jurídico internacional y europeo de la investigación clínica sobre la COVID-19.

3. Ámbito de la bioética: problemas éticos en el desarrollo de la investigación clínica sobre la pandemia de la COVID-19.

4. Referencias bibliográficas

PROBLEMAS BIOÉTICOS Y BIOJURÍDICOS DEL CONFINAMIENTO DE LA POBLACIÓN

1. Introducción

2. Características del confinamiento de la población en España

3. Aspectos bioéticos y biojurídicos

4. Consecuencias favorables del confinamiento

5. Consecuencias desfavorables del confinamiento

6. Conclusiones

7. Referencias bibliográficas

EL IMPACTO DE LA PANDEMIA DE COVID-19 EN LOS DERECHOS DEL NIÑO

1. Punto de partida: los derechos del niño en la «vieja normalidad»

2. Los derechos del niño durante la pandemia de COVID-19

3. Hacia una nueva normalidad «post-COVID-19». Bases para la reconstrucción con enfoque de infancia

4. Referencias bibliográficas

LOS DILEMAS FAMILIARES DEL CORONAVIRUS

1. La categoría de vórtice histórico

2. La categoría de realidad desbordada

3. Sobre la vida y la muerte

4. El pánico de Greta

5. La grieta en el pacto con los mayores

6. La gran lección

7. Hogares multimodales

PERSONAS MAYORES, CUIDADOS, RESIDENCIAS Y COVID-19

1. Introducción

2. Personas mayores y cuidados dignos

3. Personas mayores y centros residenciales

4. Una necesaria reflexión sobre los cuidados de larga duración

5. Referencias bibliográficas

ÉTICA DE LA INCERTIDUMBRE EN TIEMPOS DE PANDEMIA: A PROPÓSITO DE UN CASO

1. Descripción del caso

2. Análisis y reflexiones sobre el caso

3. Recomendación para el futuro

4. Referencias bibliográficas

CUIDADOS PALIATIVOS Y COVID-19: ROL, DIFICULTADES Y DILEMAS BIOÉTICOS EN ÉPOCA DE PANDEMIA.

1. Introducción.

2. El día a día de los CP

3. Rol de los CP en la pandemia

4. Proceso de toma de decisiones, ¿limitado?

5. La muerte digna, comprometida

6. Una lección sí, pero ¿aprendida?

7. Referencias bibliográficas

EL VALOR DE LA VIDA EN SU FINAL Y EL COVID-19

1. Introducción

2. Acercamiento filosófico-existencial a la vida humana

3. Las residencias de mayores y el final de la vida

4. Reflexiones in fine

5. Referencias bibliográficas

ACOMPAÑAMIENTO EN EL DUELO

1. Duelo por uno mismo

2. Acompañar a adjetivar la muerte

3. Acompañar a vivir la muerte biográfica

4. ACOMPAÑAR EN EL DUELO

5. Referencias bibliográficas

PANDEMIA SOCIAL: EXCLUSIÓN, DESIGUALDAD Y DISCRIMINACIÓN EN TIEMPOS DEL COVID-19

1. Introducción

2. Las facetas de la vulnerabilidad

3. Tendencias sociales en tiempos de COVID-19: de la gran recesión al gran parón

4. Una bioética social desarrollada desde el principio injusticia

5. Referencias bibliográficas

BLOQUE IV. COVID-19 POR EL MUNDO

PANDEMIA E INEQUIDAD EN AMÉRICA LATINA

1. América Latina: una realidad plural y desigual

2. COVID-19 en América Latina: algunas pinceladas estadísticas

3. ¿Es verdad que la pandemia nos iguala?

4. La pandemia ahonda las brechas de desigualdad

5. Principios bioéticos para la pandemia

6. A modo de conclusión: las líneas de acción

7. Referencias bibliográficas

SALGO A LA CALLE Y MUERO DE LA COVID-19 O ME QUEDO EN CASA Y MUERO DE HAMBRE: IMPACTO DEL CORONAVIRUS EN ÁFRICA

1. EL PANORAMA DE LA COVID-19 EN ÁFRICA

2. Medidas preventivas de la COVID-19 en África

3. las enfermedades prioritarias y el coronavirus

4. Impacto económico y social de la COVID-19 en África

5. Lectura bioética del impacto de la COVID-19 en África

6. A modo de conclusión

7. Referencias bibliográficas

COVID-19: EL DIÁLOGO CULTURAL PENDIENTE ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE

1. Convicciones

2. Mitos

3. Ritos

4. Moral

5. Conclusión

6. Referencias bibliográficas

COVID-19 Y DESIGUAL ACCESO A LA SANIDAD EN EEUU

1. Introducción

2. Contexto: modelo federal sanitario en EEUU

3. Medidas en el ámbito federal

4. Medidas estatales

5. Desigualdades raciales y económicas ante el COVID-19

6. Residencias de tercera edad

7. Asignación de material sanitario insuficiente: debates éticos

8. Consideraciones finales

9. Referencias bibliográficas

BLOQUE V EL MUNDO POST-PANDEMIA: CONSIDERACIONES BIOÉTICAS

LA POLÍTICA TRAS EL COVID-19: ¿BIOPOLÍTICA COMO NUEVO PARADIGMA?

1. El concepto de biopolítica

2. Biopolítica y coronavirus

3. Posibilidades y aciertos del concepto

4. Límites del concepto

5. Caminos de futuro

6. Conclusión

7. Referencias bibliográficas

SALUD DIGITAL Y EL NUEVO MUNDO POST-PANDEMIA

1. Introducción

2. Salud digital

3. Salud digital en la pandemia por COVID-19

4. Cuestiones éticas de la salud digital en la pandemia por COVID-19

5. Salud digital y el nuevo mundo post-pandemia

6. Conclusiones

7. Referencias bibliográficas

PROTECCIÓN DE LOS DATOS DE SALUD EN LOS TIEMPOS DE LA COVID-19: ¿HA ACELERADO LA PANDEMIA EL NECESARIO CAMBIO DE PARADIGMA?

1. La pandemia como nueva carta para el humanismo

2. Hacia un nuevo humanismo tecnológico: panhumanismo y renaissance

3. Uso secundario de los datos de salud frente a la intimidad: una nueva paradoja

4. Y, de repente, llegó la pandemia y el Comité de Bioética de España

5. Referencias bibliográficas

ÉTICA DE LA RECLAMACIÓN: LAS ALTERNATIVAS A LA JUDICIALIZACIÓN DE LOS CONFLICTOS DERIVADOS DE LA PANDEMIA

1. Justificación de la implementación de soluciones extrajudiciales de conflictos

2. Tipología de reclamaciones por COVID-19

3. Sistemas alternativos de resolución de conflictos

4. Referencia bibliográficas

TRANSHUMANISMO Y PANDEMIA: LA OPORTUNIDAD DE UN NUEVO HUMANISMO TECNOLÓGICO

1. Transhumanismo y medicina

2. El optimismo ingenuo

3. Vender la piel del oso

4. Humildad, transparencia y prudencia para reconstruir la confianza en la ciencia y en las instituciones… y para refundar el transhumanismo

5. Contemplaciones de la pandemia

6. Un nuevo humanismo tecnológico

7. Referencias bibliográficas

PRÓLOGO

El año 2020, el año en el que lo extraordinario y lo insólito cobraron carta de normalidad, quedará en los anales de la historia como el año de la pandemia de COVID-19. Visto en perspectiva histórica será otra pandemia más de las que han asolado los siglos sembrándolos de miedo, incertidumbre, dolor y muerte. Pero, considerado el año 2020 por quienes lo hemos vivido, quedará en nuestra biografía como el año en que pasamos miedo, sufrimos la incertidumbre y el dolor, y vimos morir a nuestro alrededor a miles de personas, muchos de ellos cercanos, conocidos y queridos.

Superado el primer golpe que nos dejo a todos atolondrados y confinados en nuestras casas, en la Cátedra de Bioética nos dimos cuenta de que no podíamos dejar pasar este acontecimiento sin analizarlo con profundidad, investigando la gran cantidad de aristas éticas que la ruptura de la normalidad había dejado. Surgieron muchos problemas, que en este tiempo, se transformaron en dilemas. Junto a los problemas y dilemas médicos y sociales, emergieron con fuerza los problemas y dilemas éticos. Quizá el más llamativo fue el del triaje, pero junto con él, otros muchos: el confinamiento, la desigualdad, el edadismo, etc. Detectarlos y profundizar sobre todo ello fue lo que nos movió a preparar este trabajo.

Queríamos una investigación lo más amplia posible, por ello no podía ser obra del reducido número de personas que trabajamos en la Cátedra de Bioética, ni tampoco solo de nuestros colaboradores más cercanos, los miembros del Consejo asesor de la Cátedra. Para que fuese un trabajo amplio y profundo al mismo tiempo, teníamos que sumar un gran número de personas e instituciones, involucrando a todas nuestras alianzas: el resto de los centros de la Universidad Pontificia Comillas que tuvieran que decir una palabra, aquellas instituciones con las que tenemos convenio de colaboración, y también expertos que muchas veces colaboran con nosotros o lo hacen por primera vez.

De este modo, la publicación ha cumplido con las dos características que suelen tener los trabajos de la Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas: exhaustividad y espíritu de compañía, es decir, interdisciplinariedad y pluralidad.

El libro se estructura en cinco grandes bloques: El estado (provisional) de la cuestión; los fundamentos de la Bioética ante el COVID-19; aspectos bioéticos del desarrollo de la enfermedad provocada por COVID-19 y su tratamiento y atención integral; el COVID-19 por el mundo; y, el mundo post-pandemia: consideraciones bioéticas.

Esta obra tiene tres formas de ser leída. Una primera sincrónica, que considera la pandemia de COVID-19 desde un punto de vista temporal, insertándola en la historia, explicando su presente —tanto en el desarrollo de la enfermedad como en su extensión por el mundo— y proyectando su futuro. Y en todo ello poniendo de relieve la perspectiva bioética. Una segunda sistemática, siguiendo la estructura de la Bioética: datos científicos (historia y epidemiología); bioética fundamental (COVID-19 y los principios de la Bioética); aspectos clínicos y sociales de la pandemia de COVID-19; y prospectivas de futuro. Una tercera, subjetiva, en la que cada lector busque los temas que más le interese profundizar de entre las múltiples aristas de la cuestión.

En cualquier caso, el lector debe ser consciente de que se va a encontrar una fotografía de lo que estaba ocurriendo en el mes de mayo del 2020. En esta pandemia todo ha ido muy rápido, desde su desarrollo geográfico hasta su conocimiento biomédico, pasando por los problemas sociales que ha generado. El libro se pensó a finales de abril y los autores tuvieron el mes de mayo y mitad de junio para elaborar sus escritos. El resto del tiempo hasta su publicación ha sido para los trabajos de edición, de revisión por pares y el resto de los trabajos administrativos que lleva una publicación de esta envergadura en una colección con tanta calidad como la colección Cátedra de Bioética del Servicio de Publicaciones de la Universidad Pontificia Comillas. Todo en esta pandemia va muy rápido y puede dar la impresión de que lo que se lee aquí ya está anticuado. En cierta manera es verdad, pero también quiere dejar memoria de lo que ocurrió y de la dimensión bioética de la cuestión en la perspectiva del mayo del 2020. En todo caso, muchas de las reflexiones que se contienen en la obra son muy adecuadas para los nuevos tiempos, que esperemos que lleguen definitivamente pronto, de postpandemia, ya que demandan necesariamente cierta distancia en el tiempo con la tensión y el dilematismo vivido durante la misma.

La lectura de este libro deja un poso humanista en la reflexión bioética. Todas las contribuciones, de una forma u otra, recuerdan que la persona humana, entendida de forma relacional y dotada de dignidad inalienable, debe estar en el centro de cualquier juicio ético y de cualquier toma de decisiones. Con ello pretendemos ayudar a la opinión pública a discernir la dimensión bioética de esta crisis sanitaria y social que ha provocado el COVID-19.

Solo queda agradecer a todos los que han colaborado su disponibilidad y buen hacer. En primer lugar, a Belén Recio, del Servicio de Publicaciones, que acogió la idea y facilitó desde el primer momento todas las cuestiones más materiales. También al Consejo Asesor de la Cátedra de Bioética que cumplieron brillantemente su función de asesorar en el diseño de la publicación. Igualmente, a nuestro Rector, el Padre Julio L. Martínez, SJ, por acoger con entusiasmo la obra y aceptar escribir su prólogo. Por supuesto, el agradecimiento se extiende a SANITAS que, con su apoyo a esta Cátedra permite que se desarrollen nuestros trabajos y especialmente éste, ya que gracias a su contribución económica va a permitir su mayor difusión. Y, por último, agradecer a los autores que con prontitud respondieron a la invitación y con solicitud y diligencia cumplieron con las fechas de entrega y el resto de los requisitos. A todos, y antes que a nadie a Dios, muchas gracias.

Rafael AMO USANOS y Federico DE MONTALVO JÄÄSKELÄINEN

INTRODUCCIÓN

ES LA HORA DE LA BIOÉTICA

Julio L. Martínez, SJ

Rector de la Universidad Pontificia Comillas

I

En estas páginas me dispongo a presentar una obra colectiva promovida por la Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas, en la que un grupo selecto de autores de diversas disciplinas y distintas instituciones universitarias y sanitarias dedican sus mejores talentos a buscar la orientación bioética ante lo que estamos viviendo y sus secuelas, así como a analizar cuáles son las tareas ingentes que tenemos por delante. Mi objetivo es presentar esta obra coral, y al mismo tiempo ir dando mi propia visión de cómo la bioética está convocada en esta encrucijada de la historia y qué elementos puede aportar para sacar bienes de los males que nos afligen. Si la ética tiene como propósito poner al ser humano en el camino que lleva al bien actuando desde y en la libertad, la bioética aparece como una especificación y aplicación de la ética que busca promover la conducta más apropiada del ser humano con respecto a la vida (bios), tanto la vida humana como la del resto de seres vivos, dentro del planeta que nos cobija y da marco para la acción.

Como humanidad estamos viviendo una situación singular, que desde luego tiene rasgos comunes a otras pandemias de la historia, pero al mismo tiempo posee un carácter totalmente peculiar, al darse en los parámetros de la globalización y digitalización de la «aldea global» en que el mundo se ha convertido, donde sí somos más cercanos e interdependientes, pero no por ello nos comportamos como hermanos bien avenidos. Nos viene bien conocer cómo fueron otras pandemias de la historia y calibrar las características epidemiológicas de la presente —y los primeros capítulos del libro por ahí comienzan— para ponderar bien el colosal impacto urbi et orbi de la situación actual en la que «la humanidad está siendo puesta a prueba», tal como ha declarado la Pontificia Academia para la Vida en su nota Pandemia y Fraternidad Universal, de 30 de marzo de 2020, que la obra que presentamos ha adoptado como título para comparecer en público.

La pandemia es una situación excepcional que se ha convertido en un fenómeno omniabarcante, de alcance mundial, que no da tregua. Como se explica en el capítulo dedicado a «los dilemas familiares del coronavirus», tiene forma de vórtice alrededor del cual se han movilizado todas las estructuras, contradicciones y potencias de este mundo. Verdaderamente, todo se ha visto afectado y reorientado por esta enfermedad mundial. Ha generado situaciones en las que se ha puesto de manifiesto la grandeza humana y las fortalezas donde apoyarnos, pero también ha dejado ver lo peor, porque ha creado una espiral de destrucción que amenaza con engullirnos a todos a poco que nos descuidemos, y con cierta facilidad nos descuidamos.

La pandemia ha acelerado procesos y servido de catalizador de tendencias que, en mayor o menor medida, ya estaban en marcha. Ha afectado desde las experiencias más íntimas y familiares, hasta las relaciones internacionales, y está provocando desde hace meses una persistente y masiva destrucción de vidas y tejido económico y social, además de traumas en la población por las pérdidas y por los cambios obligados en las relaciones, así como déficits en la formación de las generaciones más jóvenes que amenazan con llegar a convertirse en auténticos problemas.

Una partícula de código genético, minúscula y aparentemente insignificante, pero con una capacidad portentosa de diseminación y contagio, pone en jaque al ufano “señor” de la creación, francamente alejado de su condición de creatura tras un largo proceso que se ha ahondado en la Posmodernidad tecnológica de nuestros tiempos convulsos. El mismo ser que de manera continua desafía los «límites planetarios» (Rockström) y que atrevidamente proclama el advenimiento del transhumanismo, sin mucha conciencia de las tremendas consecuencias que tales desafíos comportan, se encuentra con una amenaza que le descoloca radicalmente y que hace temblar los pilares que sostienen su precaria vida.

En efecto, la pandemia está siendo un golpe muy doloroso sobre la vida. Ya han perecido cientos de miles de personas en todo el mundo, y bastantes millones han sufrido la enfermedad, parte de ellos con un rastro pavoroso de secuelas y traumas. Casi todos hemos sentido en propia carne la fragilidad de una vida humana que necesita ser cuidada: ahí aparece la conciencia de la vulnerabilidad en su nivel micro. Pero también se ha vuelto experiencia común y compartida la conciencia de vulnerabilidad del planeta entero: el nivel que podríamos llamar de la macro-vulnerabilidad.

Creo no equivocarme si digo que el sentir general es de consternación por cómo la pandemia (y su gestión) ha impactado en los límites de la vida, cómo ha golpeado tanto a los pacientes como al personal sanitario, cómo deja un reguero inabarcable de secuelas físicas y psíquicas, y cómo ha saltado fronteras llegando a alcanzar los cuatro costados del planeta. Lo mínimo que cabe esperar es que esta dolorosa experiencia lleve a una reconsideración de la vida y su cuidado, muy especialmente en sus límites al comienzo y final. Hemos percibido claramente con qué facilidad se le resta valor a la vida y cómo se somete bajo criterios técnicos que acaban desdibujando el humanismo y compasión que deberían preservarse en todo momento. Todas esas circunstancias no pueden dejar indiferente a quienes se dedican a la bioética.

II

Ante las profundísimas transformaciones de la experiencia humana que están teniendo lugar y la conmoción que sufrimos, emerge la llamada a una nueva forma de estructurar y afrontar la vida en sus dimensiones personales y sociales. La 4ª Revolución Industrial en la que confluyen tecnologías digitales, físicas y biológicas, en el contexto de un desigual mundo globalizado, con una colosal emergencia sanitaria y una intensa crisis de humanidad, introducen ingredientes de tal magnitud y consecuencias tan novedosas, que lanzan afiladas preguntas que obligan a renovar el marco donde se mueve la ética.

En efecto, la actual pandemia se vuelve el ejemplo más reciente y dramático de la necesidad de adoptar la perspectiva más amplia posible y asumir decididamente el planteamiento de la «bioética global», que hace décadas propugnó el bioquímico estadounidense Van Rensselaer Potter, considerado uno de los padres de la bioética contemporánea. En el interesante capítulo titulado Bioética global, ecoética y COVID-19 se nos explica cómo el desarrollo de la ética de la salud pública —originalmente una subdisciplina de la ética biomédica— sale al rescate de la bioética global y la reconduce nuevamente, de un modo un tanto inesperado, al punto de partida original: a la confluencia de la ética clínica y la ética ecológica, logrando la feliz conjunción de las dos ramas fundacionales de la bioética contemporánea. Habría que añadir también la petición de Potter a crear puentes entre las ciencias y las humanidades.

En realidad, la bioética debe ser global porque la afección misma que tiene que afrontar es global en varios sentidos: en primer lugar, es el propio sistema el que se ha visto alterado, por eso llama tanto a una comprensión integral y radical, que reclama la participación de diferentes perspectivas del conocimiento y la acción, tal como este libro reúne al convocar a profesores de distintas disciplinas científicas y de variadas instituciones. En segundo lugar, es global en el sentido de radical y total, ya que es la propia condición humana y la constitución de personas y sociedades sostenibles está en cuestión: esa es la vertiente de las raíces antropológicas de la crisis, de las cuales el libro hace un buen abordaje. En tercer lugar, es global también porque afecta a todas las edades, desde la más tierna infancia (importante reflexión sobre los derechos de los niños) hasta los mayores, los más dañados por la COVID-19. Y es global, en cuarto lugar, en tanto que reclama una mirada cosmopolita que pide tener en cuenta la situación de las personas y lugares más vulnerables del mundo y el refuerzo de la solidaridad con ellos. Pues, bien, con agrado veo que la presente obra dedica varios capítulos al COVID-19 por el mundo, pasando revista a la situación de América Latina, África y EEUU, sin dejar de tocar los aspectos del diálogo pendiente entre Oriente y Occidente, o adentrarse en los caminos de la bioética teológica cristiana que convocan a la fraternidad universal a todos las mujeres y hombres de buena voluntad. Son evidentes los riesgos de crecimiento de la exclusión, la desigualdad y la discriminación a causa de esta terrible enfermedad global y acertadamente su análisis no está ausente en estas páginas.

A mi juicio, no hay mucha duda de que la crisis ha destapado la necesidad de volver a poner en el centro de la bioética el principio de la dignidad humana, adecuadamente interpretado desde la autonomía relacional; ahí encontramos el gran marco antropológico para la bioética tal como magníficamente desarrolla uno de los capítulos de este libro. En ese sentido, la COVID-19 nos ha hecho sentir profundamente frágiles a cada uno y como sociedad y, consiguientemente, llama a profundizar el humanismo, evitando caer en la falacia de creer que éste ya está más que superado. Las respuestas que vienen del campo inter(trans)disciplinar de la bioética tienen muchos canales de expresión en el libro que presento. Por esa senda van los capítulos dedicados a pensar sobre los principios de vulnerabilidad, de solidaridad, de subsidiariedad o de precaución, o la mirada a la ética de la incertidumbre o a las cuestiones planteadas por la crisis a la investigación clínica y los problemas bioéticos y biojurídicos derivados del confinamiento de la población.

Tratar hoy sobre el humanismo es tener que vérselas con la tecnología y con sus casi infinitas potencialidades, pero también con la posibilidad de que ésta no abduzca lo humano, sino que lo proteja y potencie. La tecnología nos ayuda a decidir, pero finalmente siempre debería ser la persona quien elige y eso pide la comparecencia de la ética. Ciertamente la elección debe apoyarse en criterios científico-técnicos; pero no esconderse o desaparecer tras ellos renunciando a el modo humano de elegir: lo que aporta la ética. Ojalá no anulemos nunca la pregunta que se interroga por el qué debemos hacer con la tecnología, porque si desaparece esa cuestión de escena algo muy grave le pasará a la humanidad puesta a prueba. En su nota sobre la emergencia COVID-19, la Pontificia Academia para la Vida lanza una advertencia que conviene tomar muy en serio:

«las decisiones políticas tendrán ciertamente que tener en cuenta los datos científicos, pero no pueden reducirse a este nivel. Permitir que los fenómenos humanos se interpreten sólo sobre la base de categorías de ciencia empírica sólo produciría respuestas a nivel técnico. Terminaríamos con una lógica que considera los procesos biológicos como determinantes de las opciones políticas, según el peligroso proceso que la biopolítica nos ha enseñado a conocer. Esta lógica tampoco respeta las diferencias entre las culturas, que interpretan la salud, la enfermedad, la muerte y los sistemas de asistencia atribuyendo significados que en su diversidad pueden constituir una riqueza no homologable según una única clave interpretativa tecnocientífica».

A este respecto, este libro afronta cuestiones capitales que el carácter disruptivo de la pandemia está agudizando y que se manifiestan como nuevos desafíos que están por discernir, a saber: la pregunta si la biopolítica será el nuevo paradigma de la política en la era post-COVID-19; la cuestión sobre cuál será el rol de la digitalización en la salud o por dónde aprietan las peliagudas cuestiones de la protección de datos, la ciberseguridad o los métodos de resolución de conflictos ante las presumibles avalanchas de reclamaciones; o el tema en torno al futuro del engreído transhumanismo, ante el cual se propone como alternativa un nuevo humanismo tecnológico, caracterizado por la humildad, la transparencia y la reconstrucción de la confianza en la ciencia y las instituciones.

III

Ante la radical experiencia de la vulnerabilidad y el desbordamiento que provoca la incertidumbre y la interdependencia de la globalización digital, la bioética contemporánea también puede aportar una categoría que no quiero dejar de ponderar y poner en un primer plano: el cuidado como actitud fundamental desde el que regenerar la civilización. Podríamos decir que el cuidado constituye una dimensión antropológica esencial de todo ser humano, que emerge de la propia dignidad de un ser constituido como autónomo y relacional. Estamos ante la obligación de ahondar en esta idea matriz si queremos dar vida a un humanismo renovado que haga posible la vida allí donde está en mayor riesgo y con mayores amenazas y oriente certeramente la aplicación de los principios de la bioética en los debates en que éstos han de intervenir.

Cuidado viene de cogitatus (pensamiento) y es definido como solicitud o atención para hacer bien algo. El cuidado es acción de cuidar (del latín cogitare) con un primer sentido como pensar, de donde pasó a los significados romances prestar atención (a algo o a alguien) y de ahí a asistir (a alguien), poner solicitud (en algo). Su arco semántico va, pues, desde el pensar o discurrir algo hasta asistir a un enfermo, pasando por tener cierta preocupación, dedicar atención/interés o guardar con celo.

Contemporáneamente el cuidado fue recuperado por la ética feminista, concretamente por Carol Gilligan, In a Different Voice 1982, que hizo una lectura ética alternativa a la teoría del desarrollo moral de Laurence Kolhberg. Hay que reconocerle a Gilligan el valor de traerlo a escena abriendo el camino a una recuperación más integral, que se ha ido produciendo y está llamada a recibir aún más impulso y difusión. No quiero dejar aquí de citar la valiosa obra que la colección de la Cátedra de Bioética publicó hace dos lustros: El cuidado: un imperativo para la bioética (2011) de Marta López, fruto de una excelente tesis doctoral que tuve el honor de dirigir. Se trata de un libro que actualmente retoma toda su fuerza en el contexto acuciante que vivimos.

Seguramente ha llegado el momento de trabajar ya y con urgente determinación por ciudades que pongan en el centro el cuidado de la gente; por un «sociedad de los cuidados» (F. Vidal) que dé auténtico relieve a la familia; el momento de valorar justamente aquellas actividades profesionales que cuidan a las personas (salud, educación, seguridad…); de tomarse el tiempo necesario para cuidar (cogitare) discerniendo para elegir bien, según la dignidad humana; y de tomarse definitivamente en serio lo de cuidar la casa común, porque en ello nos va la vida. Ojalá el distanciamiento social para hacer frente al coronavirus no active un sentido del cuidado lleno de cautelas, defensas y fronteras, y sí nos haga más conscientes de cuán necesitados estamos los unos de los otros en todas las actividades humanas.

El cuidado construye una ética recia, no meliflua; nos distancia críticamente de un individualismo que desatiende los vínculos solidarios, constitutivos de la persona, y del colectivismo que destruye su singularidad para convertirla en una pieza dentro de un engranaje. Nos adentra decididamente en el terreno del personalismo solidario, donde la autonomía relacional es la categoría central. Conviene parar mientes en estas categorías para la renovación de una bioética orientada hacia el desarrollo sostenible e inclusivo y hacia una economía más eficiente y sostenible desde el punto de vista ambiental, que incluya la modernización industrial; una economía que aproveche las ventajas de la digitalización para incluir a todos; una economía de resiliencia que vuelva a contar con actividad industrial deslocalizada y de alto valor, como la pandemia nos ha hecho sentir.

En escenarios tan inciertos como los nuestros, la ética del cuidado es más necesaria que nunca y no únicamente para las relaciones-micro, sino para los grandes asuntos del poder planetario, y se articula sobre una serie de goznes:

El cuidado engendra una responsabilidad que se dirige a las relaciones interpersonales y de cada uno consigo mismo, pero llega hasta la naturaleza no humana; por eso es necesariamente ecológica, en un sentido integral, el que une lo social y lo ambiental. De ahí que la expresión “bioética global”, como más arriba decía, adquiere un renovado papel.

La dignidad de la persona debe ser objetivo y criterio del cuidado, y se verifica concretamente en la garantía y promoción de las necesidades reales, las libertades fundamentales y las relaciones básicas que constituyen a las personas.

La bioética del cuidado ha de asumir la dimensión planetaria, sin dejar de lado las distancias cortas y de carácter local; necesitamos hoy instituciones eficaces de gobernanza mundial en las demandas de la equidad y la protección de los bienes públicos globales.

La bioética del cuidado exige buenos datos y análisis solventes, también de tipo interdisciplinar: los conocimientos científicos disponibles dan base concreta al itinerario ético, pero por sí solos no pueden aportar todo lo que el desarrollo humano integral precisa.

La bioética del cuidado no es intimista, tiene vocación política (en la filosofía griega era virtud central también para el gobierno de la polis) con un horizonte del bien común y una metodología que incluye la deliberación, el diálogo y el discernimiento sobre cómo el mundo debe organizarse y qué debe hacer o dejar de hacer.

La bioética del cuidado exige impregnar toda la respuesta a la pandemia y los procesos de reconstrucción/reactivación de una atención especial a la convivencia y a la calidad de las relaciones en el conjunto de la sociedad, y en ello aparece el papel especial de la política y los políticos, así como todas las posibles sinergias entre entes de titularidad pública y privada.

Me permito insistir un poco más en los últimos aspectos consignados. Hay una inmensa mayoría de ciudadanos que demandan concordia y cooperación, reconociendo que existen legítimas diferencias en los puntos de vista y sobre cuáles son las mejores medidas para afrontar el futuro. La gravedad de la situación exige una mucho mayor unidad en las cuestiones de fondo y respeto y colaboración con los otros. Políticos y partidos deben expresar en sus relaciones la paz y convivencia que han de reinar entre los ciudadanos. Especialmente se deben evitar los dualismos que simplifican falsamente los problemas y generan frentismos. Es preciso obedecer a la petición clamorosa y casi unánime de un nuevo consenso de reconstrucción, a diferentes niveles de la política y la sociedad. En el conjunto de la sociedad hace falta constituir un gran espacio organizado que incida en los valores públicos, disposiciones y orientaciones fundamentales en la cultura política, la cultura económica, la convivencia social o la calidad de los vínculos. Y esa labor hay que hacerla en clave universalista y de diálogo, en el talante de la cultura del encuentro, que propugna el papa Francisco.

IV

En ese sentido, y tal como hacen varios de los autores de esta obra, la respuesta a la pandemia deja patente la necesidad de desarrollar y humanizar más el sentido ético de la sociedad en su conjunto y especialmente en los centros de decisión que afectan a la salud y la vida. En el momento de la urgencia para actuar ha habido mucha reacción, pero acaso ha faltado reflexión. En general, ha habido graves problemas de diseño del modo de organizar y actuar. Se han impuesto elecciones dilemáticas que ponían a la población entre extremos como vida o muerte, en vez de seguir enfoques problemáticos que apreciaran la complejidad y arbitraran soluciones ponderadas.

Hemos tenido que priorizar en la asignación de determinados recursos sanitarios por su insuficiencia para atender a todos los pacientes que requerían asistencia hospitalaria y medios específicos de soporte vital, y se tendrá que volver a priorizar en la prescripción y aplicación de la deseada vacuna. Ello, sin embargo, no debe provocar que caigamos en el sesgo de transformar todos los problemas éticos derivados de la pandemia en dilemas en los que hay que optar por una opción renunciando por completo a la otra. Sucumbiendo al dilematismo, se bloquea la detenida reflexión y a la deliberación, se imposibilita el discernimiento y la búsqueda de cursos de acción intermedios a través de los que se evita el sacrificio de uno de los derechos en conflicto, como certeramente señala el profesor Federico de Montalvo.

Las implicaciones de este modo dilemático de razonar se aprecian nítidamente en un caso paradigmático de un problema transformado en dilema durante la pandemia: la casi absoluta exclusión del acompañamiento o de la asistencia espiritual durante el proceso de morir de muchos pacientes. Muchos de nuestros conciudadanos han muerto solos y sin asistencia espiritual, porque la solución ha sido extrema y se le han aplicado medidas dictadas por una lógica de corte dilemático. Se ha partido de una regla general que se ha aplicado de manera taxativa a todos los casos, obviando una mínima reflexión acerca de las posibilidades de haber facilitado un mínimo acompañamiento o asistencia espiritual, que se han considerado como secundarios o incluso prescindibles, con lo que algunos elementos constitutivos del cuidado han brillado por su ausencia.

Ver la crisis desde los lentes de la bioética nos permite reconocer que los fallos se localizan, sobre todo, en el ámbito de los decisores de la política sanitaria, donde lo ha dejado mucho que desear ha sido la prevención. Más que fallar el sistema lo que la pandemia ha dejado al descubierto que no existe realmente un sistema sociosanitario que, más allá de la cobertura de la asistencia social, ofrezca también una prestación sanitaria real. La coordinación de la atención primaria y, en especial, de los equipos de soporte de atención domiciliaria con las residencias de la tercera edad muestra un déficit grave que se arrastra desde hace años. En esa línea, parece que la reconstrucción debe fortalecer la prevención e invertir en la equidad, ya que el mayor determinante de la salud es el entorno y los hábitos de vida, y la condición económica es la que establece mayores diferencias en la calidad de la salud. Hay que evitar un enfoque asistencialista y favorecer otro basado en la prevención. Si desde la perspectiva de la sanidad hay que reconstruir algo, es precisamente la atención primaria, para reforzar de verdad el sistema socio sanitario.

La bioética también permite ver que forma parte de la crisis sanitaria una desenfocada noción de «utilidad social», convertida por algunos agentes en criterio para tomar decisiones sobre la atención clínica de las personas enfermas y el descarte de una parte de ellas. Ha quedado la impresión —sea porque así se ha procedido, sea porque no se ha sabido comunicar lo que se iba a hacer— de que se establecieron el rango de edad o la discapacidad como criterios para que las personas dejaran de ser atendidas en los servicios hospitalarios y ahora conviene hacer una crítica seria y rigurosa de lo que se ha hecho y cómo se ha hecho a fin de prepararse correctamente para escenarios futuros. Es duro que el virus ataque con mayor letalidad a los más mayores, pero aún más duro darse cuenta de cómo nuestra sociedad ha fallado y falla clamorosamente a la hora de atenderles, acompañarlos y curarles. Hemos fracasado al cuidarles y ni siquiera hemos podido despedirles como se merecían.

Es imprescindible reflexionar en profundidad sobre el modelo general de atención a los mayores y otras personas dependientes, especialmente en lo relativo a los recursos residenciales, sin estigmatizar de entrada a las residencias y a los que trabajan en ellas, que lo han hecho y lo hacen frecuentemente de modo entregado y hasta heroico. La catástrofe de la pandemia en las residencias de mayores y personas dependientes no debería convertirse en un arma de generalización y crítica indiscriminada, sino en un revulsivo para discernir cómo mejorar el modelo de atención a los mayores y ver si, como dicen algunos expertos, existen otros modelos más comunitarios que pueden evitar el desarraigo y la gentrificación. Podemos transformar el dolor por lo que ha sucedido en oportunidad para humanizar la atención.

Como no podría ser de otra forma, sobre este importante asunto de lo que ha pasado con nuestros mayores hay varias contribuciones en el libro. De igual modo que también hay reflexiones sobre el valor de la vida en su final, los cuidados paliativos o el acompañamiento en el duelo. Recomiendo mucho la lectura de estos capítulos, porque aportan claves verdaderamente valiosas para entender y reenfocar algunas de las principales situaciones traumáticas que hemos vivido y porque están escritos por personas con gran experiencia en las materias.

V

Tras la pandemia y la crisis desatada, buena parte de la sociedad padece una situación post-traumática que se convierte en surtidor permanente de desolación, incertidumbre y que, en general, está cargada de sentimientos negativos. Quizás se está produciendo un desacople entre el análisis dolorido de la situación y las orientaciones al futuro, que todavía están pendientes de ser desarrolladas. Cuando no se ve futuro se vuelve harto difícil elaborar adecuadamente lo que hemos vivido o estamos viviendo. Con esta obra queremos ayudar a abrir esos caminos de futuro y a convertir esta hora aciaga en hora de la esperanza, evitando caer en reacciones destructivas y en la mera culpabilización colectiva o personalizada. Y para conseguirlo nuestro camino es el de buscar las enseñanzas éticas sobre la vida para seguir caminando dignamente y mejorar humanamente. Eso sí, la convicción que acumulamos en la Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas nos dice que solamente puede hacerse buena reflexión bioética sobre buenos análisis y que a fortiori los buenos análisis han de contar con buenos y fidedignos datos. Creemos que procediendo así colaboramos eficazmente a la reconstrucción tras la conmoción de los cimientos de nuestra existencia personal y colectiva.

Un mapa de la reconstrucción a medio plazo debe incluir prácticamente todas las dimensiones de la sociedad y nos obliga a una mirada sistémica, estratégica y, hasta donde sea posible, también profunda. El cambio principal no sólo ha de incidir en los contenidos de la reconstrucción, sino en el modo mismo de reconstruir. Una reconstrucción que no se sostenga sobre la renovación de cada persona, no será sostenible y tendrá un alcance muy limitado, pero igualmente una reconstrucción en condiciones debe movilizar a la sociedad civil para que cale en la gente, active sus fuerzas más creativas y genere una sociedad resiliente. Una reconstrucción personalizada y cívica proyecta un nuevo espacio público del bien común y los bienes comunes e integra a la Administración junto a toda la fuerza de la sociedad civil; una reconstrucción a la altura de los retos inmensos pide a gritos la colaboración y el encuentro constructivo entre entidades de titularidad pública y de titularidad privada en un nuevo contrato eco-social. Se trata de un nuevo marco colectivo que, tal como he expresado más arriba, haría muy bien con poner en el centro la categoría cuidado en la vida personal y social y desterrar el favorecimiento de marcos legislativos que favorezcan, por ejemplo, la eutanasia. Es el momento de la ética de la vida, no de la muerte.

Siempre la misión de la Iglesia estriba en señalar esa profundidad e integralidad de la reconstrucción de la vida y en generar reconciliación con Dios, con uno mismo, con el prójimo y con la creación, para lo cual se siente llamada a asumir la realidad y a hacerse presente compasivamente en sus fracturas y fronteras para contribuir a su transformación. Para el cumplimiento de esa misión, la Iglesia recibe el apoyo del significado que el cuidado tiene en el Evangelio: desvelo, solicitud, diligencia, celo, atención, ternura y compasión como condición para la realización del aquí y ahora del Reino de Dios. El cuidado se expresa en las acciones del Buen Samaritano (Lc 10, 29-37) estrechamente relacionadas con las obras de amor/misericordia propuestas en Mt 25. Desde esa perspectiva, la reconstrucción requiere la participación bajo la perspectiva de la pluralidad, el diálogo y el encuentro. Lo que busca, precisamente, la Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas fundada por el P. Javier Gafo, SJ, hace más de tres décadas.

A lo largo de su recorrido, la Cátedra ha sabido generar —con generosidad, valentía y arrojo— diálogo inter(trans)disciplinar desde su pertenencia a una Facultad de Teología de una Universidad de la Iglesia; en este caso, la Universidad jesuita de Madrid, donde se practica la apertura a todas las disciplinas, personas e instituciones que deciden tomarse en serio la reflexión bioética. Hoy le toca de nuevo responder a los grandes desafíos éticos con sus mejores fuerzas y energías poniéndose al servicio en los procesos de reconstrucción. Estoy seguro de que el P. Gafo estaría volcado en cuerpo y alma a la tarea. A través de nuestros humildes trabajos, como el de investigar o el de pensar y escribir, es como nos disponemos a recibir el don teologal de la esperanza. Cada cual tendrá que hacerlo a través de sus propios desempeños y acciones. La esperanza a la que me refiero no es un sentimiento abstracto, sino una realidad operativa y concreta que reconoce y da valor a todo lo positivo que emerge en la vida de cada persona, de cada familia y de la sociedad en su conjunto. La pandemia con sus duros efectos crea la ocasión y da el empujón, pero el marco, la sintonía de fondo y el talante en el modo de proceder queremos que lo pongan el cuidado y la cultura del encuentro que llaman a la inter(trans)disciplinariedad que practica la bioética.

VI

Como rector de la Universidad Pontificia Comillas —y recordando en este punto mi condición pretérita de director de la Cátedra de Bioética— quiero agradecer a todos los autores de esta valiosa obra colectiva su contribución. Es un agradecimiento que va dirigido tanto a los profesores de Comillas como a los de otras universidades o instituciones, a éstos incluso con mayor intensidad. Su colaboración en esta obra quiero entenderla como prueba fehaciente de su compromiso social a través de la reflexión siempre orientada a la acción justa, solidaria y transformadora de la vida de las personas y las sociedades, hoy laceradas por las heridas profundas que nos está infligiendo la pandemia más global de toda la historia humana.

Mi gratitud se dirige de modo especial a los dos coordinadores de la obra: al Dr. Federico de Montalvo, profesor agregado de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de Comillas ICADE y a la sazón presidente del Comité de Bioética de España, y al Dr. Rafael Amo, profesor de Ética en Comillas desde la Facultad de Teología y director de la Cátedra de Bioética. Ambos han coordinado y dirigido sabiamente esta excelente iniciativa y merecen mi reconocimiento sincero. Quiero agradecer también el apoyo y la colaboración de SANITAS a la Cátedra de Bioética, sostenido a lo largo de los años.

Ánimo a los lectores a sumergirse en las páginas abundantes que aquí arrancan, donde encontrarán abundante experiencia y valiosa reflexión. Más que recetas, hallarán buenos enfoques para plantear bien las preguntas y orientar adecuadamente las respuestas. Les aseguro que no quedarán defraudados si aceptan el reto de buscar respuestas en los cauces de la bioética ante la dureza de la prueba que estamos sufriendo.

BLOQUE I

EL ESTADO PROVISIONAL DE LA CUESTIÓN

CAPÍTULO 1

INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LAS PANDEMIAS

Javier Sanz Serrulla*

Profesor de la Unidad de Historia de la Medicina (UCM)

Académico de Número de la Real Academia Nacional de Medicina de España

Resumen: La historia del enfermar común en un momento concreto, con un gran número de casos y difusión internacional no es fenómeno actual ni puntual sino que se remonta al menos más de un milenio con confirmación documentada. La aparición, afectación humana y secuelas producidas, no solo en el ámbito sanitario sino también económico o social, han mantenido un comportamiento similar incluso en los tiempos actuales con la irrupción del COVID-19. Del análisis histórico de las pandemias deriva la mejor comprensión de un hecho extremadamente importante incluso en la sociedad del siglo XXI que hasta la fecha no ha podido ser frenado sin graves consecuencias para la población mundial.

Palabras clave: Historia de la medicina, pandemia, COVID-19.

Abstract: The history of the common illness at a specific time, with a large number of cases and international diffusion is not a current or specific phenomenon but dates back at least more than a millennium with documented confirmation. The appearance, human affectation and sequels produced, not only in the health field but also in the economic or social field, have maintained a similar behavior even in the present times with the irruption of the COVID-19. From the historical analysis of pandemics derives the best understanding of an extremely important fact even in the society of the 21st century that until now has not been able to be stopped without serious consequences for the world population.

Keywords: History of medicine, pandemic, COVID-19.

La llamada pandemia del COVID-19 ha supuesto una convulsión mundial como la Humanidad no recordaba por experiencia propia ante una situación semejante. Algo parecido, que no igual, sobre todo en lo que ha tenido de alarma social, se vivió con la mal llamada Gripe española de 1918-1920 y, lógicamente, no queda sobre la faz de la Tierra ningún centenario que pueda tener memoria firme de aquella tragedia sanitaria que derivó en social y humanitaria. Es la última de las grandes pandemias, otras menores de por medio, un hecho preocupante que pone en jaque a las sociedades que resultan afectadas no solo por su principal repercusión sanitaria negativa con grandes cifras de mortalidad, sino también por las consecuencias económicas y sociales que acarrea, en muchos casos de ruina.

Antes de entrar de lleno en la aproximación histórica, bien que sucinta, que nos ocupa y que despierta agitada por la reciente y asoladora experiencia, conviene precisar el significado del término pandemia.

Según el Diccionario de Términos Médicos, de la Real Academia Nacional de Medicina de España (2012, pp. 1242-1243), Pandemia, sinónimo de Enfermedad pandémica, documentado, en francés, a partir de 1771, es la «epidemia de una enfermedad transmisible que afecta a un amplio número de individuos y se extiende por diversos países en distintos continentes». A continuación se refiere este repertorio a la mencionada pandemia gripal de 1918 y también a las de 1957, o gripe asiática, y de 1968, o gripe de Hong Kong. Sin embargo, esta definición deja alguna duda puesto que se incluye otro término, epidemia, que admite dos significados muy próximos:

«Enfermedad que se propaga en un país o en una comunidad durante un periodo de tiempo determinado y que afecta simultáneamente a un gran número de personas».

«Aumento inusitado y temporal del número de casos de una enfermedad contagiosa en una comunidad, en una zona o en país determinados» (Real Academia Nacional de Medicina, 2012, p. 599).

Parece claro, pues, que Pandemia ha de entenderse como una enfermedad transmisible de amplia afectación entre humanos y con extensión a varios países de varios continentes, lo cual viene a recordarnos inmediatamente la conocida pandemia del COVID-19, mientras que la epidemia quedaría reducida al ámbito geográfico de una zona, comunidad o país pero no de varios. No obstante, viene a complicar esta delimitación la definición propuesta por la Real Academia Española (23ª edición), que así reza: «Enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región», discordante con la a su vez propuesta por la OMS en 2010 que dice así: «Se llama pandemia a la propagación mundial de una nueva enfermedad». Es así que debamos inclinarnos, con el respeto debido a las demás, por las definiciones que provienen de instituciones sanitarias, especialmente prestigiosas, tal es el caso de la OMS y de la RANME.

Para aproximarnos, pues, a una historia general de las enfermedades pandémicas, había que resolver, pues, el primer obstáculo, el de los límites geográficos, de tal manera que habrá que dejar a un lado enfermedades puntuales y concretas como también aquellas otras que afectaron a un colectivo más o menos amplio pero que no saltaron fronteras nacionales y continentales. Sin embargo, debemos al menos aclarar a grandes rasgos otra cuestión, pues se tiende a establecer correspondencia entre ciertas enfermedades antiguas con otras actuales como si fueran la misma cosa, y no siempre es así pues, para complicar todavía más el asunto, algunos males se catalogaron como una misma enfermedad y en general se recogieron bajo el amplio y difuso nombre de pestilencias. No podemos estar más de acuerdo con López Piñero (1990, pp. 140-141) cuando al referirse a

«la más mortífera de todas las enfermedades infectocontagiosas padecidas por los seres humanos, advierte que la palabra peste era empleada originalmente en la mayoría de los idiomas europeos (pestis en latín, peste en francés e italiano, plague en inglés, pest en alemán, etc.) para designar epidemias graves y explosivas. Por ello, algunas de las pestes más famosas, como las descritas por Tucídides (siglo V a.C.) y Galeno (siglo II d.C.), fueron en realidad epidemias de tifus exantemático u otras afecciones».

Peste y pestilencias, pues, comparten el predominio durante una buena parte de la historia de la Humanidad como prototipo de enfermedades que afectaron a gran número de personas en gran número de países y cruzaron continentes, de ahí que de siempre se haya tomado la peste como ejemplo de enfermedades cuyo comportamiento fue similar en lo dicho: extensión geográfica y consecuente afectación humana, por ello nos referiremos a la peste principalmente, cuyos estudios retrospectivos corrigen y afinan hoy en día gruesos errores que sobre la misma se tenían ante la falta de una metodología apropiada para el análisis de su origen y comportamiento.

Las enfermedades pandémicas, que por lo general tuvieron una grave repercusión histórica principalmente por la mortandad humana causada, son un hecho constante a partir de testimonios documentados que grosso modo se pueden agrupar en dos tipos: los comentarios de las mismas aparecidos en lo que podemos llamar textos no médicos y los más concretos propios de textos médicos. Los primeros, no obstante, tienen gran importancia pues aun no exponiendo una visión específica, a catalejo de médico, proporcionan otra información de índole social indiscutible, tal es el caso, por ejemplo, del Decamerón de Giovanni Bocaccio (2010)1 o de La peste de Albert Camus, ambas obras referentes paradigmáticos de esta enfermedad, bien es cierto que avaladas por una gran calidad literaria, no debiéndose olvidar, de por medio en tiempo y enfoque, A Journal of the Plague Year de Daniel Defoe. Prueba de ello es, sobre todo en el segundo caso, el extraordinario aumento de ventas que ha tenido esta novela durante los días más duros del COVID-19. La agudeza y la sensibilidad de los autores permite, seis siglos de por medio, enriquecer, por ejemplo, el conocimiento de la inseparable parte sociológica de la enfermedad. Los segundos, los textos médicos, se refieren específicamente a cuestiones abordadas principalmente con el propósito de identificar la enfermedad para poner remedio de acuerdo a lo que se llama el momento científico. Así, a lo largo de toda la historia de la Medicina, y especialmente durante el Renacimiento, se ha formado un extenso corpus sobre esta que podríamos denominar literatura de género pestilencial2. Conviene asimismo cotejar el estudio con el material que guardan las hemerotecas, pues diarios o semanarios de la época recogen fielmente la crónica de cuanto viene pasando, el día a día de la enfermedad, tantas veces desde otros puntos de vista donde se pone énfasis no ya en lo sanitario sino en lo social.

Todavía quedan otras fuentes historiográficas de significado valor como son los archivos, especialmente los locales. Es así que en ellos, bien municipales bien de cabildos catedralicios, principalmente, se recogen noticias de toda índole y entre ellas las de las enfermedades que afectaron a las corporaciones gobernadas por estas instituciones. Si bien adolecen, lógicamente, de cierta precisión sanitaria al no estar escritos por mano de médico, al menos se deja constancia de las fechas de la aparición y cese de la enfermedad, como de su intensidad y sus secuelas, y no pocas veces de las medidas tomadas al respecto, no ya bajo el criterio médico sino tantas veces en forma de manifestaciones populares de fe como rogativas, procesiones, misas, etc. En muy contados casos, de ámbito local y en tiempos de finales del XIX y principios del XX, en dichos archivos pueden hallarse libros de registros de defunciones, de enorme valor, que aumenta dependiendo de la pericia diagnóstica del médico que firma el documento, y también en los libros parroquiales de defunciones que, aunque no siempre, indican la causa del fallecimiento, pues cotejando con los años anteriores y posteriores se pueden incluso trazar las curvas de la mortalidad pandémica en un lugar concreto con bastante aproximación.

Muchos de los que sufrieron aquellas pandemias, y también epidemias, en tiempos remotos y aun no tanto se sintieron castigados por sus dioses, que pasaron de ser tenidos como protectores a ser considerados correctores de un mal colectivo sobre todo cuando el hombre se apartó de sus devociones y de sus obligaciones para con ellos. No es de extrañar que, por ejemplo, en el caso concreto de la cristiandad, hayamos podido leer tantas veces en legajos antiguos las súplicas elevadas a su Dios, para que se digne aplacar su justa ira, escueta y contundente muletilla que no es sino el reconocimiento de un cierto pesar, un pecado comunitario que se intentará reparar mediante demostraciones públicas de devoción y arrepentimiento, especialmente en los antiguos pueblos semíticos. El hombre ve morir a su alrededor niños, adultos y ancianos; mujeres y hombres; pobres y hasta ricos pues la plaga no respeta edad, sexo ni circunstancia, de ahí que le urja reconciliarse con el Dios que con justicia le ha castigado por sus desórdenes morales. Esto, que hemos comprobado en los archivos de dicha índole consultados, puede leerse también en el Decamerón (2010, p. 56) de la siguiente manera: «llegó la mortífera peste que, o por obra de los cuerpos superiores o por nuestras acciones inicuas, fue enviada sobre los mortales por la justa ira de Dios para nuestra corrección, la cual había ya comenzado algunos años antes en las partes orientales privándolas de gran cantidad de vivientes, y, continuándose sin descanso de un lugar en otro, se había extendido miserablemente a Occidente». Es más, todavía en nuestro Diccionario de Autoridades de 1737, se añade al final de la descripción una referencia de Marq. que dice así: «Las pestes y calamidades públicas son efectos de la ira de Dios» (Real Academia Española, 1737, p. 245); ítem más, en este mismo diccionario el vocablo peste tiene una acepción en sentido moral y explica que esta palabra «se toma por la corrupción de las costumbres, y desordenes de los vicios, por la ruina escandalosa que ocasiona».

Al fin, como sucedió en el mundo cristiano con otras tantas otras enfermedades (VV.AA, 1948; Vilarasa, 2007) generales, aunque también particulares, la peste tuvo su abogado defensor de la misma y fue San Roque. Nacido en Montpellier hacia 1295, murió en esta ciudad en 1327, si bien otras versiones dan las fechas de 1348/50 y 1376/79, respectivamente, más compatibles con las de la enfermedad que representa y que al parecer padeció tras contraerla en Piacenza. Fue canonizado por Gregorio XIV en 1584. En su peregrinaje constante se dedicó a curar a infectados por esta enfermedad y a raíz de una de estas epidemias se fundó en Venecia, año de 1477, una cofradía en su honor la cual fomentó la devoción al santo y construyó otras más, así como centros de acogida, en Italia para después extenderse por toda Europa. En Castilla, tan azotada por este mal, son muy numerosos los pueblos que festejan a su protector patrón en el día de su festividad, establecida