Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Desde muy antiguo la lengua humana se presentó como un sistema de sonidos y signos comunicativos, que varían mucho según las circunstancias históricas de épocas y lugares. Esta orientación multidireccional dará como resultado una inmensa proliferación de lenguas y lenguajes. Esta diversidad, en sí misma enriquecedora, no siempre está favoreciendo ni la interacción entre los saberes ni la convivencia social. De modo que el lenguaje, que surgió para lograr una mejor comunicación entre los hombre, puede llegar a hacerles entre sí extraños e incomprensibles. La relevancia de este fenómeno ha llevado a la Asociación Interdisciplinar José de Acosta a escoger el tema de "La lengua y los lenguajes" como leitmotiv de sus jornadas anuales, cuyas ponencias y comunicaciones se recogen en el presente volumen.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 366
Veröffentlichungsjahr: 2012
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
LA LENGUA Y LOS LENGUAJES / Carlos Alonso Bedate (editor)
Antetítulo
LA LENGUA Y LOS LENGUAJES
Colección
PUBLICACIONES DE LA UNIVERSIDAD PONTIFICIA COMILLAS MADRID
ESTUDIOS INTERDISCIPLINARES
Actas de las reuniones de la
ASOCIACIÓN INTERDISCIPLINAR «JOSÉ DE ACOSTA»
Vol. XXXVIII
Portada
LA LENGUA Y LOS LENGUAJES
Editor:
Carlos ALONSO BEDATE
Ponentes:
Manuel MARTÍN-LOECHES
Luis GÁLLEGO
Paz BATTANER
Javier ECHEVERRÍA
Javier LEACH
Manuel BÉJAR
María Pilar NÚÑEZ-CUBERO
PedroRODRÍGUEZ PANIZO
Pedro CASTELAO
Javier MONSERRAT
Jesús ROMEROMOÑIVAS
Esther ROMERO MOÑIVAS
2012
Créditos
Esta editorial es miembro de la Unión de Editoriales Universitarias Españolas (UNE), lo que garantiza la difusión y comercialización de sus publicaciones a nivel nacional e internacional.
© 2012 Universidad Pontificia Comillas
Universidad Comillas, 3
28049 Madrid
© 2012 De los autores
Diseño de cubierta: Belén Recio Godoy
ISBN: 978-84-8468-436-7 (Impreso)
ISBN: 978-84-8468-452-7 (PDF)
ISBN: 978-84-8468-453-4 (e-Pub)
ISBN: 978-84-8468-454-1 (Mobipocket)
Depósito Legal: M-29509-2012
Maquetación e impresión: Imprenta Kadmos, s.c.l.
Reservados todos los derechos. Queda totalmente prohibida la reproducción total o parcial de este libro por cualquier procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética o cualquier sistema de almacenamiento o recuperación de la información, sin permiso escrito de la UNIVERSIDAD PONTIFICIA COMILLAS.
Índice
ÍNDICE
LA LENGUA Y LOS LENGUAJES / Carlos Alonso Bedate (editor)
Antetítulo
Colección
Portada
Créditos
Índice
Relación de asistentes
PRESENTACIÓN
ANTONIO BLANCH
ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL LENGUAJE HUMANO
MANUEL MARTÍN-LOECHES
EL LENGUAJE DE LOS ANIMALES
LUIS GÁLLEGO
FUNCIÓN ESENCIAL DE LA METÁFORA EN EL LENGUAJE HUMANO
PAZ BATTANER
EL LENGUAJE DE LA CIENCIA Y LA ARS INVENIENDI
JAVIER ECHEVERRÍA
EL LENGUAJE LÓGICO-MATEMÁTICO
JAVIER LEACH
EL LENGUAJE DE LAS CIENCIAS FÍSICAS NUEVOS DESAFÍOS METAFÍSICOS EN LA EVOLUCIÓN EPISTEMOLÓGICA DE LA FÍSICA
MANUEL BÉJAR
ASPECTOS POLÍTICOS DEL DISCURSO BIOLÓGICO ACTUAL
MARÍA PILAR NÚÑEZ-CUBERO,
FENOMENOLOGÍA TEOLÓGICA DEL LENGUAJE RELIGIOSO
PEDRO RODRÍGUEZ PANIZO
LA DIALÉCTICA ENTRE SÍMBOLO Y CONCEPTO EN LA TEOLOGÍA CRISTIANA
PEDRO CASTELAO
LA LÓGICA ARGUMENTATIVA EN EL DISCURSO TEOLÓGICO
JAVIER MONSERRAT
LOS LENGUAJES EN LA SOCIOLOGÍA DE LA VIDA COTIDIANA Y SUS IMPLICACIONES EPISTEMOLÓGICAS
JESÚS ROMERO MOÑIVAS
ESTHER ROMERO MOÑIVAS
Contraportada
Relación de asistentes
RELACIÓN DE ASISTENTES
ALEMANY, Ana
ALONSO BEDATE, Carlos
ALONSO BEDATE, Mercedes
BATTANER ARIAS, Paz
BÉJAR, Manuel
BENAVIDES DELGADO, Juan
BLANCH, Antonio
BOLÍVAR, Antonio
CARUANA, Leonardo
DE COSSO, Rosario
DELA CAMPA, Hermenegildo
DEL CORRAL, Carlos
ECHEVERRÍA, Javier
ESTELLA ESCUDERO, Juana
FERNÁNDEZ CASTELAO, Pedro
FONT, Jordi
GÁLLEGO CASTEJÓN, Luis
GARCÍA-MURGA, José Ramón
GARCÍA DONCEL, Manuel
GRANÉ, Francesc
GUTIÉRREZ, Rufina
IGNACIO VITÓN, José
LAHERA, Jesús
LEACH, Javier
LÓPEZ GARCÍA, Tibisay
LUMBRERAS, Sara
MARTÍN-LOECHES, Manuel
MONSERRAT, Javier
MONTOTO SAN MIGUEL, Joaquín
NÚÑEZ CUBERO, María Pilar
PÉREZDE VARGAS, Alberto
RODRÍGUEZ PANIZO, Pedro
ROMERO, Jesús
SÁNCHEZ CARAZO, Carmen
SÁNCHEZ CARAZO, José Ignacio
SERRANO REY, Antonio
SEBASTIÁNDE ERICE, Mar
SÁNCHEZ BLANCO, Jerónimo
TARABINI, Margarita
TORREVEJANO PARRA, Mercedes
PRESENTACIÓN
PRESENTACIÓN
Los seres humanos necesitan para sobrevivir en el medio natural y artificial en que se encuentran, unos pocos instrumentos genéricos que aseguren la interacción con sus semejantes, entre los que sin duda sobresale el lenguaje. Desde muy antiguo la lengua humana se presentó como un sistema de sonidos y signos comunicativos, que varían mucho según las circunstancias históricas de épocas y lugares. Esta dirección multidireccional dará como resultado una inmensa proliferación de lenguas y lenguajes.
Ya en la Edad Moderna, la gran complejidad de las sociedades más avanzadas ha producido, además, dentro de sí mismas, una notable variedad de lenguajes específicos, según la necesidad que han ido experimentado las ciencias, las ideologías y las creencias. Diversidad en sí misma muy enriquecedora, pero que no siempre está favoreciendo ni la interacción entre los saberes ni la convivencia social. De modo que el lenguaje, que surgió para lograr una mejor comunicación entre los hombres, puede llegar a hacerlos entre sí extraños e incomprensibles. ¿Estaría reproduciéndose en nuestro tiempo el mito de la torre de Babel?
La gran relevancia y actualidad de este fenómeno universal fue motivo más que suficiente para que la Asociación Interdisciplinar «José de Acosta» escogiera para sus Jornadas anuales de diálogo el tema de «La lengua y los lenguajes». Encuentro que tuvo lugar en Madrid, en la sede de la facultad de Derecho de la Universidad Pontificia Comillas, del 7 al 10 de setiembre de 2011.
En el presente volumen ofrecemos los textos de la mayoría de las intervenciones (ponencias y comunicaciones) aunque no nos ha sido posible recoger aquí los muy interesantes coloquios que se mantuvieron entre todos los participantes.
Como muy pronto advertirá el lector, el programa temático de estas Jornadas tiene un carácter claramente interdisciplinar, siguiendo el objetivo primario de nuestra Asociación.
Con el título Origen y evolución del lenguaje humano, se inauguró el coloquio, ponencia que corrió a cargo del Dr. Manuel Martín-Loeches (Univ. Complutense, ISC III). Después de haber narrado con precisión la evolución de un proto-lenguaje que se originó hace unos 200.000 años, que constaba de sonidos articulados (palabras) de carácter básicamente simbólico, el autor se detiene en la ineludible emergencia de la sintaxis y en el análisis de lo que todo lenguaje puede tener de innato y de aprendido culturalmente.
Sigue a continuación la presentación de El lenguaje de los animales, realizada por el Dr. Luis Gállego (Univ. Islas Baleares). En una precisa y bien ilustrada descripción del modo no verbal como se comunican los animales; y nos hace ver a continuación la ingeniosa variedad de estas formas y señales lingüísticas zoológicas. Las cuales pueden ser clasificadas en dos grandes géneros, el de los signos visibles y el de los sonoros, transmitidos todos por vibraciones a través del aire o del agua. Con lo cual el autor corrige, de paso, el exceso de antropocentrismo que todavía suelen tener los estudios lingüísticos.
A la Dra. María Paz Battaner (Univ. Pompeu Fabra), corresponde explicar la inexcusable reflexión sobrela Función de la metáfora en el lenguaje humano, partiendo de la etimología de las palabras y señalando su naturaleza con frecuencia figurativa. Disertación lingüísticamente muy técnica, apoyada en una muy abundante investigación léxica.
La segunda ponencia, que abría la segunda jornada del coloquio, es ya de carácter más específico, centrándose en El lenguaje de la Ciencia, que desarrolla el profesor Dr. Javier Echeverría (Univ. País Vasco) Partiendo del pensamiento pitagórico, que Galileo reformula en esta frase, «El libro de la naturaleza está escrito en lenguaje matemático», se detiene en la filosofía de Leibnitz y en la evolución de las ciencias modernas (y aún de no pocas ciencias humanas) que adoptan este lenguaje más matemático, por resultarles más útil y eficaz. En una segunda parte, el autor resume el gran cambio que están realizando actualmente las ciencias en sentido claramente tecnocrático, al desarrollar un lenguaje orientado más a transformar el mundo que a interpretarlo, como ocurre en el ámbito de lo informático.
Refiriéndose, de nuevo, al lenguaje lógico-matemático, el Dr. Javier Leach (Univ. Complutense) insiste con acierto en que no hay que separar tan fácilmente los signos de los símbolos, pues también en aquéllos (por más abstractos que puedan parecer) se dan connotaciones de carácter más personal y comunitario, y hasta pueden adquirir un cierto valor estético.
El doctor Manuel Béjar (ICAI, cátedra C.T.R.) volviendo al lenguaje de las ciencias físicas,y desde una posible aproximación entre el lenguaje geométrico de la física cuántica y los metalenguaje ontológicos, sugiere que ya se podría estar dando hoy el nacimiento de un nuevo lenguaje científico, al incidir los análisis cuánticos de la física en el estudio de los fenómenos neurológicos de la conciencia.
Desde la perspectiva de las ciencias biológicas y médicas, la Dra. Pilar Núñez-Cubero (Univ. Ramón Llull) reflexiona sobre algunos Aspectos políticos del discurso biológico actual. Después de recordar la notable evolución de esta ciencia moderna desde la Biología a la Biotecnología, subraya los importantes avances logrados hoy por la Bioética (responsabilidad moral y legal) acentuando la oportunidad de sus propuestas orientadas también hacia lo social y político (aspectos demográficos e institucionales) que parecen reclamar la constitución de un «Bioderecho».
Con la tercera ponencia, sobre la fenomenología del lenguaje religioso se cambia de nuevo el campo semántico del coloquio. El Dr. Pedro Rodríguez Panizo (Univ. P. Comillas) nos introduce en los lenguajes que intentan traducir no ya la realidad sensible y material sino los misterios del espíritu, aquellos inherentes a la propia existencia humana, en su dimensión más elevada, y aquellos que, precisamente desde este nivel, se refieren a lo sagrado y a lo santo. Más que en otro tipo de comunicación, el leguaje religioso es simbólico por naturaleza, tanto en los modos como se revela lo divino al ser humano, como en los modos como éste intenta entenderlo y manifestarlo. Lenguajes, por cierto, de una notable variedad específica, a través de las culturas, pero que pueden agruparse en tres categorías principales, el lenguaje de la oración (como respuesta a un supuesta voz de la divinidad), el lenguaje confesional más comunitario y el lenguaje más normativo de la teología.
El doctor Pedro Fernández Castelao (Univ. P. Comillas) estudia en su intervención, de forma más concreta, La dialéctica entre símbolo y concepto en la teología cristiana. En la tradición judeo-cristiana, en efecto, Dios no es un concepto sino un gran símbolo, que se manifiesta con gran poder y majestad y que ofrece pleno sentido a la vida humana. Sobrepasa, pues, la lógica de la mente humana, y por ello la racionalidad de la ciencia teológica necesita de conceptos que connoten esa realidad infinita que les sobrepasa, que la mente sólo llega a comprender de manera analógica.
Cierra este bloque del lenguaje religioso la comunicación del Dr. Javier Monserrat (Univ. Autónoma Madrid), que amplía y precisa la anterior, con una muy metódica exposición sobre La lógica argumentativa del discurso teológico, partiendo de las dos «lógicas de la fe», la de la Creación y la de la Encarnación en Jesús. Teniendo en cuenta esta dualidad, el autor propone además una doble hermenéutica para interpretar esa doble forma complementaria con que Dios ha querido revelarse.
El coloquio terminaba con una última ponencia de carácter sociológico, a cargo del doctor Jesús Romero (Univ. Complutense), con el título de Los lenguajes en la sociología de la vida cotidiana. Partiendo de la tesis de que el lenguaje social no es natural sino artificial y culturalmente construido y con frecuencia también no verbal, el autor se detiene en la descripción de los muchos modos que tiene le ciudadano hoy de comunicarse. Dejando de lado los discursos del poder político, analiza más en detalle los lenguajes de las apariencias y de la vestimenta y de los rituales y juegos del comportamiento público, incluyendo también el de los olores y perfumes (tema en que también había colaborado la profesora Esther Romero) para concluir con unas reflexiones sobre los múltiples lenguajes destinados a configurar la opinión pública.
Terminamos esta enumeración, en exceso sintética, de las once colaboraciones que recoge este libro, con el único deseo de abrir el apetito de nuestros lectores por los estudios tan variados y ya por sí mismos interesantes, que convergen, desde perspectivas muy diversas, en uno de los grandes temas de nuestro tiempo, como es el de las lenguas y los lenguajes. Agradecemos una vez más a los autores su muy apreciada colaboración académica, así como a todos los que contribuyeron eficazmente a la realización de estos coloquios interdisciplinares.
ANTONIO BLANCH
Vicepresidente de ASINJA
ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL LENGUAJE HUMANO
ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL LENGUAJE HUMANO
MANUEL MARTÍN-LOECHES
Centro UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos
Para la gran mayoría de los autores, el lenguaje humano se puede definir de una manera simple, pero a la vez completa, diciendo que consiste en «palabras» y «reglas». Aunque palabras y reglas no sean lo único que hay en nuestro lenguaje, sí son lo más definitorio y diferencial frente a otros tipos de comunicación existentes en la naturaleza. Lo que esta definición viene a decir es que el lenguaje humano tiene unos elementos, que normalmente son las palabras (aunque no exclusivamente), y unas reglas de combinación de esos elementos, que se conocen como gramática o sintaxis.
1. LAS PALABRAS
En las palabras, los elementos del lenguaje humano, debemos hacer una distinción entre dos partes bien diferenciadas de las mismas: el significante y el significado, términos introducidos por el lingüista Ferdinand de Saussurre a finales del siglo XIX que, de una forma u otra, se siguen utilizando. El sonido de una palabra, su significante, está vinculado, por asociación (por el uso) a todo un significado, a un contenido semántico: toda la serie de vivencias y experiencias ligadas con ese significante. Por ejemplo, en la palabra «barco» tenemos un significante, que es ese sonido «barco» y todo un significado asociado a esa palabra: la imagen ideal de un barco, para qué sirve un barco, dónde se encuentra normalmente un barco, y un largo etcétera. Los términos «significado», «contenido conceptual» o «contenido semántico» se pueden considerar equivalentes, al igual que «conocimiento del mundo», refiriéndose todos ellos a nuestro sistema cognitivo para entender y organizar la realidad.
Por su parte, los significantes son sonidos arbitrarios, es decir, que en principio no tienen nada que ver con el significado, y su asociación se debe al mero uso del lenguaje, de manera que variarán de un idioma a otro.
Las palabras son símbolos. Un símbolo es algo que se refiere a otra cosa, a algo diferente que, además, no tiene por qué estar presente cuando se utiliza el símbolo. Además, los símbolos se pueden referir a otros símbolos que, en última instancia se referirán a objetos y situaciones reales y tangibles del mundo. Por ejemplo, el símbolo «animal» hace referencia a otros símbolos como «perro», «gato», etc. Nadie ha visto un animal, pero sí a un perro o a un gato. Un símbolo, una palabra, también se puede referir a situaciones complejas, abstractas, situaciones o fenómenos para los que no podemos tener una imagen mental, al menos no una única imagen (por ejemplo, el significado de la palabra «libertad», que estaría basado en la multitud de ocasiones en las que la libertad ha sido una característica común a todas ellas, pero no vemos la libertad ni la podemos dibujar.
2. LAS REGLAS
Pero el lenguaje humano no tendría la capacidad comunicativa que posee si sólo consistiera en palabras. En el lenguaje humano se emiten palabras pero siguiendo un orden. Además, las palabras que emitimos no están aisladas las unas de las otras sino que guardan una relación entre ellas. Unas se pueden referir a otras que, a su vez, se pueden referir a otros grupos de palabras, y éstos se pueden referir a su vez a otras palabras u otros grupos de palabras. Las relaciones entre unos y otros elementos las conocemos gracias a que tenemos unas reglas gramaticales que nos permiten saber qué se refiere a qué.
Generalmente, la combinación de las palabras entre sí da lugar a un nuevo significado distinto del que contiene cada una de ellas individualmente. Un significado que además es altamente específico y muy concreto. Ya no hablamos de un «barco», sino de «el barco en el que llegó ayer mi hermano y que ha partido hoy para Sicilia». Además, y gracias a esas reglas gramaticales, el nuevo significado específico es también inequívoco. El que ha partido para Sicilia es el barco, y no mi hermano, y lo ha hecho hoy y no ayer. Y no tenemos ninguna duda de la veracidad de lo que acabo de decir, a pesar de que las palabras «barco», «hermano», «hoy» y «ayer» aparezcan todas juntas en la misma emisión lingüística. La gramática, la sintaxis, pues, es el conjunto de reglas que determinan la forma y el significado de las oraciones. La forma, porque determinan qué palabras van mejor en un momento dado en lugar de en otros (podemos combinar los elementos de diversas formas y decir lo mismo, pero las combinaciones no son infinitas). Y el significado, porque éste depende directamente de esas reglas. Pero la gramática no determina sólo la forma y el significado de las oraciones, sino también de las palabras. Si queremos hablar de varios ejemplares a la vez de una misma cosa, hay una regla gramatical que nos dice cómo tiene que ser la palabra a emplear. No es lo mismo hablar de «un barco» que de «unos barcos».
3. EL ORIGEN DEL LENGUAJE HUMANO
A hora de abordar la evolución del lenguaje, es fundamental responder a la siguiente pregunta: ¿Qué clase de sistema biológico es el lenguaje y cómo se relaciona con otros sistemas de nuestra especie y de otras especies? De una manera operativa, necesaria para abordarla científicamente, esta pregunta se puede desglosar de la siguiente manera:
– ¿Qué aspectos de la facultad del lenguaje son aprendidos y qué aspectos dependen de un diseño innato del cerebro?
– ¿Qué aspectos de la facultad del lenguaje son específicos del lenguaje y qué aspectos pertenecen a otras facultades más generales?
– ¿Qué aspectos del lenguaje son exclusivamente humanos o son comunes a otras especies, por homología o analogía?
Las respuestas a estas preguntas son diversas dentro de la comunidad científica, pero se pueden agrupar dentro de un continuo que se mueve entre dos extremos, entre dos visiones contrapuestas acerca del origen del lenguaje. Por un lado tendríamos una visión saltatoria del origen del lenguaje, según la cual el lenguaje humano apareció de una manera puntual, tal como lo conocemos ahora y en un momento relativamente reciente en la evolución. La visión gradual, por su parte, defiende un origen más remoto y una evolución más paulatina para el lenguaje humano.
La propuesta saltatoria está encabezada por los autores Chomsky, Hauser y Fitch (2002), para los que el lenguaje humano consta de dos tipos de facultados. Por un lado, la facultad amplia del lenguaje, que estaría compartida con otras especies y que incluiría los aspectos conceptual-intencional y sensorio-motor del lenguaje. Por otro, la facultad restringida del lenguaje sería exclusivamente humana y consistiría básicamente en la sintaxis, particularmente una de sus propiedades, la recursividad. Veamos esta propuesta detenidamente y sus posibles contraargumentos.
Para estos autores, el sistema conceptual-intencional estaría compartido con otra especies, ya que también pueden formar conceptos, pueden tener un significado o contenido semántico para significantes de diverso tipo (signos manuales, imágenes, etc). Sin embargo, no parece muy preciso decir que esta faceta es compartida con otras especies ya que incluso aquí encontramos notables diferencias. Por ejemplo, las uniones significante-significado que puede realizar el ser humano superan en el orden de 100 veces las que puede realizar una especie tan cercana a la nuestra como es el chimpancé. Dicho con otras palabras, mientras a un chimpancé se le pueden llegar a enseñar varios cientos de palabras, y éste es su límite máximo, el ser humano puede contener del orden de varias decenas de miles de ellas en su «diccionario mental» (o léxico), y ello sin contar nombres propios ni palabras pertenecientes a otros idiomas que un ser humano pueda conocer además del materno. En el léxico hay además marcas de categoría gramatical, imprescindibles para recursividad.
Para Hauser y colaboradores, el sistema sensorio-motor tampoco presentaría características exclusivamente humanas, ya que otras especies (por ejemplo, las chinchillas) discriminan fonemas con idéntico punto de articulación (ej., bilabial, dental) que difieren en la intervención cuerdas vocales (sonoras-sordas), como b-p, d-t, etc. Sin embargo, estos autores parecen estar ignorando que procesar el habla humana no consiste meramente en discriminar fonemas, ya que también se compensan las distorsiones de coarticulación y variaciones por edad, género, acento, estado emocional, etc. Además, los sonidos del habla y los que no son del habla se procesan en lugares distintos del cerebro en humanos, algo que no ocurre en otras especies. Siguiendo con el sistema sensorio-motor, estos autores también alegan que otras especies también pueden descender la laringe, aspecto éste que permite un mayor espacio para discriminar entre vocales y que durante mucho tiempo se consideró una facultad exclusivamente humana. Otras especies también lo podrían llevar a cabo, básicamente porque produce sonidos más graves y, por tanto, permite «engañar» a otros seres competidores de la misma especie durante los períodos de cortejo, aparentando tener mayor tamaño del que se tiene. Sin embargo, a diferencia de otras especies, el descenso de la laringe es permanente en humanos, incluso en niños de más de 3 meses, que en principio no necesitarían de esta estrategia. Además, en la médula espinal humana hay una región que presenta un mayor ensanchamiento para permitir el control voluntario de la respiración, necesario para el habla, algo que no se da en otras especies.
Los aspectos sensorio-motores, por tanto, presentan también aspectos únicos en nuestra especie, indicando así la presencia de adaptaciones relacionadas con el habla humana.
¿Qué podemos decir de la que para Hauser, Chomsky y Fitch es la facultad restringida del lenguaje, exclusiva de nuestra especie? La recursividad, que sería la característica más destacable de la sintaxis humana para estos autores, consiste en un procedimiento que se llama a sí mismo, el hecho de que un constituyente contiene a su vez a un constituyente de la misma clase (Ej, cláusulas de relativo, condicionales, posesión recursiva). Para estos autores, si bien es cierto que la recursividad podría haber evolucionado a partir de otras habilidades cognitivas distintas del lenguaje (la navegación espacial, las relaciones sociales, etc), el lenguaje humano sería el único que la utiliza. Esta sería la «pieza clave» de nuestro lenguaje, la que nos permitiría la emisión de infinitas combinaciones (frente a las finitas emisiones del mundo animal). Sin embargo, hay que decir que Hauser, Chomsky y Fitch parecen ignorar otros aspectos de la sintaxis que podrían ser exclusivamente humanos y no son la recursividad (como el orden de palabras, las concordancias, los marcadores de caso, los cuantificadores, los marcadores verbales de tiempo y persona, y un largo etcétera). Se ignoraría también que hay lenguajes (Ej. el Piraha de la Amazonia) que no usan recursividad, sino una conexión paratáctica (encadenamiento lineal).
Dicho de otra forma, se quiere defender la idea de que el lenguaje humano surgió gracias a una mutación genética simple que permitió que un único rasgo –la recursividad- fuera a partir de entonces utilizado por el lenguaje que hasta ese momento no sería muy diferente de lo que podrían tener otras especies. Simplificando lo necesario para hacer exclusivo el lenguaje humano, los requerimientos en términos de presión selectiva no son tantos, y por lo tanto sería fácil defender que aquél pudo originarse de una manera saltatoria, casi repentina.
4. LA EVOLUCIÓN DEL LENGUAJE HUMANO
Como hemos mencionado ya, hay sin embargo otra visión acerca del origen y (por tanto) evolución del lenguaje humano. Según esta visión el lenguaje habría adquirido los rasgos actuales de una manera gradual, por lo que aquí sí sería lícito hablar de «evolución» del lenguaje, dividida en diversas etapas.
Dos nombres destacados de esta postura son los de Pinker y Jackendoff (2005), quienes comienzan destacando que el lenguaje humano tiene más de un aspecto que es exclusivamente de nuestra especie o que muestra claras especializaciones, siendo esta la base principal de las contraargumentaciones a la postura de Hauser, Chomsky y Fitch que hemos enumerado antes. Además, ponen sobre la mesa la evidencia genética que demuestra que son numerosos los genes (y no sólo el tan conocido y nombrado FOXP2) que afectan directa o indirectamente al lenguaje, y esto sólo puede ser fruto de una presión selectiva sostenida en el tiempo, a lo largo de muchos miles de años.
Aún aceptando, pues, que el lenguaje humano es fruto de una evolución gradual, nadie sabe cómo fue esa evolución. Lo más que se puede hacer es proponer una evolución basada en los criterios científicos de plausibilidad y parsimonia, y siempre desde la perspectiva de un conocimiento profundo de cómo es el lenguaje humano actual. De entre las más aceptadas destaca la propuesta individual de Jackendoff (2002), basada en gran parte en propuestas previas como la de D. Bickerton y que abogan por la existencia de un «protolenguaje» o lenguaje anterior al del humano moderno. En la propuesta de Jackendoff, que vamos a desarrollar aquí, se propone la existencia de un total de nueve «avances» hasta llegar a nuestro lenguaje actual. De estos nueve avances, unos son notablemente más importantes que otros, requisitos imprescindibles para que pudieran surgir otros. Además, los avances no tienen por qué haber sido secuenciales, sino que algunos de ellos podrían haber surgido en paralelo, a la par o casi a la par. En esta propuesta no se especifica qué especie de nuestro linaje evolutivo pudo haber alcanzado cada paso, pero al menos existe la posibilidad de que el primero de los avances propuestos para nuestro lenguaje estuviera ya presente en Homo ergaster/erectus, suponiendo que en realidad no hubiera aparecido antes con Homohabilis, o incluso antes.
El primer paso pudo haber sido relativamente sencillo de alcanzar, a pesar de su gran importancia. Se trata del uso de símbolos utilizados de manera no situacional, es decir, que no son símbolos que valgan sólo para una situación específica –como es el caso en otras especies-, sino que cada uno de ellos se puede adaptar y servir para expresar diferentes aspectos en diferentes situaciones. Un ejemplo lo encontramos cuando un niño muy pequeño dice «gatito». Ese mismo símbolo puede servir para dirigir nuestra atención hacia un gato, para llamar al gato, para preguntarnos por el gato, para indicarnos que algo le recuerda al gato, y para infinidad de cosas más. Eso es un símbolo no situacional. Para Jackendoff, de esa etapa tan importante de nuestra evolución todavía quedan muchos restos en nuestro lenguaje, «fósiles del lenguaje». Son muchas las expresiones de una sola palabra que no se pueden integrar en ninguna estructura sintáctica y que, sin embargo, transmiten mucha información, como por ejemplo: ¡ay!, ¡shh! (para hacer callar), ¡oh!, sí, no, hola, adiós. Buena parte de ellas han sufrido evoluciones en su forma, de manera que dependen ahora del idioma empleado, pero otras no. E incluso muchas de ellas pueden ser tan primitivas que podrían ser de una etapa anterior, de cuando los símbolos aún eran específicos de una situación. Por ejemplo, ay! y shh/.
Con la llegada del símbolo no situacional se iniciaría el proceso, pues enseguida vendrían más avances. Uno de éstos debió ser un aumento notable en el número de símbolos que un individuo podía aprender a lo largo de su vida. La capacidad de nuestros antecesores para aprender símbolos debió expandirse, poco a poco, paulatinamente, hasta el punto de poder almacenar miles o decenas de miles de símbolos. Con esto tendríamos ya una de las grandes diferencias que nos separan hoy día de los grandes simios, que como vimos antes sólo pueden aprender algunos cientos (en el mejor de los casos).
Simultáneamente al aumento en nuestra capacidad para almacenar símbolos, debía irse desarrollando también nuestra capacidad para emitir fonemas, y además fonemas con riqueza y variedad suficiente como para poder distinguir miles de símbolos sin apenas ambigüedad. A esto lo llama Jackendoff la aparición de un «sistema proto-fonológico», señalando que sería más bien un adelanto inicial de un sistema que se desarrollaría mejor a lo largo de los miles de años siguientes. Si a cada objeto simbolizado le asignamos un significante diferente, se hace necesaria la creación de un sistema de combinación de sonidos para poder tener miles de significantes diferentes fáciles de producir, distinguir y memorizar. De lo contrario, por cada símbolo tendría que haber un significante que fuera un grito o una exclamación diferente, lo que no nos permitiría pasar de unas decenas de vocalizaciones que fueran realmente distinguibles unas de otras. Debieron de surgir los fonemas, a partir de los cuales se podrían crear las sílabas cuyas combinaciones darían lugar a palabras independientes.
Mientras que el número de símbolos que podíamos aprender y distinguir aumentaba, en nuestro sistema lingüístico debieron de producirse también otros avances. Uno de ellos, derivado directamente de la capacidad de poder tener símbolos no situacionales, debió ser la capacidad para encadenar varios de ellos y poder realizar emisiones lingüísticas más largas. Con tan sólo encadenar dos símbolos la riqueza del mensaje transmitido puede multiplicarse de manera notable. Veamos un ejemplo. Si un niño de 18 meses dice «Luis manzana», tenemos dos símbolos no situacionales encadenados que pueden decir mucho más de lo que puede decir cada uno de ellos aisladamente. Por ejemplo: «esa es la manzana de Luis», «Luis se está comiendo una manzana», «a Luis le gustan las manzanas», «coge la manzana de Luis», «dale la manzana a Luis», e incluso « a Luis se le ha caído una manzana». Dependiendo de la situación, como ocurría con los símbolos aislados, las posibilidades de interpretación son relativamente evidentes a la vez que el mensaje gana en contenido. Aunque no ilimitadas, las posibilidades de interpretación son muchísimas, y de ahí la utilidad de esta etapa del lenguaje.
Al poderse encadenar dos o más símbolos en una misma emisión lingüística se pudo alcanzar el siguiente paso: usar la posición lineal de las palabras para señalar relaciones semánticas. Dicho de otra forma, la posición de un elemento (una palabra, un símbolo) dentro de una cadena de ellos determinaba la relación de ese elemento con los demás. Se podría decir que es el verdadero comienzo de la gramática, de las reglas del lenguaje. Gracias a este paso obtuvimos al menos dos principios muy importantes que han quedado en nuestro lenguaje actual, una vez más en forma «fósil». Uno de estos principios es el de «el agente va primero», según el cual en una emisión lingüística el que realiza la acción va en primer lugar. Por ejemplo, en la expresión «Juan pegar Pedro», quien pega es –claramente– Juan. En un tanto por ciento muy elevado de los lenguajes humanos de todo el planeta, este principio se mantiene con mayor o menor rigidez, lo que da idea de su gran antigüedad. Junto a este principio aparece el del «agrupamiento», basado en la proximidad lineal dentro de una emisión lingüística. Según este principio, los modificadores tienden a estar junto a lo modificado; por ejemplo, los adjetivos aparecen junto al sustantivo al que se refieren. Sería otro «fósil», que nos permitiría saber sin ambigüedades que en la oración «perro marrón morder gato», el que es marrón es el perro y no el gato, pues el adjetivo va junto al nombre sobre el que dice algo. Además, en esta frase también sabríamos quién muerde a quién gracias al principio de «el agente va primero».
Con todos los avances anteriores, habríamos llegado a tener un protolenguage, un lenguaje aún no moderno, en el que aún no se flexionan los verbos, no hay palabras cuya única misión sea la de señalar relaciones gramaticales y basado principalmente en el orden de las palabras para conocer dichas relaciones. También era un lenguaje sin recursividad. Algunos de los logros obtenidos por el protolenguaje, y particularmente principios como los del «agrupamiento», permitieron no obstante que se diera un fenómeno ulterior de enorme trascendencia para el lenguaje actual. El siguiente avance en la evolución de nuestro lenguaje, según Jackendoff, consistió en que las unidades de información de un mensaje lingüístico ya no serían meramente las palabras, sino algo de orden superior: los sintagmas. Es decir, pequeños grupos de varias palabras organizados en torno a una palabra principal, que actuaría de núcleo o «cabeza» de ese grupo. Esto ya implicaría algo tan importante como una jerarquía en la estructura del lenguaje, pues habría unos elementos más relevantes que otros, y con este avance ya podríamos pasar de la gramática basada en el orden de las palabras a la basada en el orden de los sintagmas.
La estructura jerárquica del lenguaje basada en sintagmas habría permitido el surgimiento de la recursividad, esa característica que para Hauser, Chomsky y Fitch marcaría un abismo que nos separa de los lenguajes de otras especies y que, sin embargo, visto en este contexto, parecería un simple paso más en la progresiva andadura de nuestro lenguaje. Esto es consecuencia del hecho de que enseguida vinieron más avances. Uno de éstos fue el surgimiento de palabras que expresaran directamente las relaciones semánticas entre los distintos elementos de una oración. A estas palabras también se las llama sintácticas, pues determinan cómo se organiza la estructura de una oración, pero en el fondo serían semánticas pues esa estructura sintáctica o gramatical sería un reflejo de la estructura semántica -es decir, conceptual- de las relaciones entre los elementos. Por ejemplo, una expresión como la siguiente contiene varias de estas palabras: «Ve hasta donde encuentres un árbol junto a una gran roca; detrás del árbol y un poco hacia la derecha verás una gran rama con una fruta enorme». Las expresiones «hasta, junto a, detrás, hacia la derecha, con» forman parte de ese vocabulario que expresa relaciones entre los elementos. Son muchas, y sin ellas el lenguaje actual no sería tan altamente informativo.
A la par vendrían la llamada inflexión gramatical y otros aspectos relacionados de la sintaxis. La inflexión gramatical consiste en realizar pequeños cambios en las palabras de manera que quede más claro cuál es su papel sintáctico dentro de la oración, cuál es su relación sintáctica (y, por ende, semántica) con otros elementos de la oración. Variando la forma de las palabras, incluidos los verbos y los sustantivos, respecto al género o el número, (si es masculino o femenino, singular o plural, 1ª, 2ª o 3ª persona), por ejemplo, estaría mucho más claro y sin ambigüedades quién es el que realiza una acción o quién es el que la recibe. Y si además marcamos el tiempo de un verbo (pasado, presente y futuro, y sus múltiples posibilidades), la riqueza del lenguaje se convierte en inmejorable.
5. A MODO DE CONCLUSIÓN
De las propuestas aquí desarrolladas para el origen y evolución del lenguaje, la saltatoria y la gradualista, la más ampliamente aceptada parece ser la gradualista, si bien la saltatoria cuenta con defensores de gran peso dentro del mundo académico. A nuestro juicio, sin embargo, es quizá más plausible y parsimonioso que, a la vista de cómo es el lenguaje actual y teniendo en cuenta el número de adaptaciones biológicas relacionadas con el mismo, el lenguaje humano sea fruto de una evolución gradual que habría comenzado hace cientos de miles de años, muy probablemente mucho antes del advenimiento de Homo sapiens hace unos 150 ó 200 mil años.
Si seguimos la propuesta de Jackendoff, que sería afín a otras propuestas graduales para el lenguaje, el origen de todo esto estaría en el símbolo, en la capacidad simbólica del ser humano. A partir de ese elemento, que el humano pudo aplicar de manera flexible y extensa, habría surgido todo lo demás. Es por tanto la biología de este rasgo lo que de verdad nos importa, y es donde tenemos que aplicar las tres preguntas fundamentales que mencionábamos al principio: qué aspectos del mismo son aprendidos y cuáles innatos; qué aspectos son específicos del lenguaje y cuáles comunes a otras capacidades cognitivas; y qué aspectos son exclusivamente humanos y cuáles compartimos con otras especies. De la respuesta detallada a cada una de estas cuestiones en relación al símbolo se derivarán importantes consecuencias para conocernos a nosotros mismos, para profundizar en nuestro origen y entender nuestra evolución.
6. BIBLIOGRAFÍA DE INTERÉS
BICKERTON, D., y SZATHMÁRY, E., Biological foundations and origin of syntax. Cambridge (MA): MIT Press, 2009.
CALVIN, W.H., y BICKERTON, D., Lingua ex machina. Cambridge (MA): MIT Press, 2001.
CHRISTIANSEN, M.H., y KIRBY, S., Language evolution. New York: Oxford University Press, 2003.
CORBALLIS, M.C., From mouth to hand: The origins of language. Princeton: Princeton University Press, 2002.
DEACON, T.W., The symbolic species: The co-evolution of language and the brain. New York: Norton and Company, 1997.
FRIEDERICI, A.D., BAHKMANN, J., HEIM, S., y otros, «The brain differentiates human and non-human grammars: Functional localization and structural connectivity», PNAS, 103, 2458-2463, 2006.
HAUSER, M.D., CHOMSKY, N., y FITCH, W.T., «The faculty of language: What is it, who has it, and how did it evolve?», Science, 298, 1569-1579, 2002.
JACKENDOFF, R. Foundations of language. Oxford: Oxford University Press, 2002.
LIEBERMAN, P., Human language and our reptilian brain. Cambridge (MA): Harvard University Press, 2000.
PINKER, S., y JACKENDOFF, R., «The faculty of language: what’s special about it?», Cognition, 95, 201-236, 2005.
SCHOENEMANN, P.T., «Syntax as an emergent characteristic of the evolution of semantic complexity», Minds and Machines, 9, 309-346, 1999.
EL LENGUAJE DE LOS ANIMALES
EL LENGUAJE DE LOS ANIMALES
LUIS GÁLLEGO
1. INTRODUCCIÓN
La palabra lenguaje se puede utilizar referida, por lo menos, a dos conceptos diferentes. Uno de ellos está relacionado con la emisión de sonidos por un individuo (hablar) mientras que el otro se fija mas en lo que supone de comunicación, sin necesidad de que haya emisión de sonidos.
En el diccionario de la RAE están representadas las dos acepciones. Entre las primeras se pueden citar: «Conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que piensa o siente”; «sistema de comunicación verbal» o «uso del habla o facultad de hablar». Entre las segundas, valen como ejemplos las siguientes: «Estilo y modo de hablar y escribir de cada persona en particular» o « Conjunto de señales que dan a entender algo. El lenguaje de los ojos, el de las flores». Se utiliza la misma palabra incluso para expresar la posibilidad de entendimiento entre un humano y una máquina: «Conjunto de instrucciones codificadas que una computadora puede interpretar y ejecutar directamente» o «lenguaje que facilita la comunicación con un computador mediante signos convencionales cercanos a los de un lenguaje natural».
En nuestra especie, cada individuo las utiliza en uno u otro sentido según su criterio. Así por ejemplo, en una universidad podemos encontrar anunciado un «curso de lenguaje no verbal»[1] y algunos expertos analizan, por ejemplo, discursos de las campañas electorales[2] basados en ese lenguaje no verbal. Mientras que otros profesores, como J. Miguel Fernández en la UAM, afirma que «el lenguaje no verbal no existe»[3].
Figura 1. Alfabeto con banderas para dialogar entre embarcaciones
No tomaré partido por ninguna de las dos posiciones porque ambas tienen buena parte de razón. Cada uno debe buscar las respuestas a una serie de preguntas como: ¿Es lenguaje el conjunto de signos que utilizan los sordomudos para comunicarse?, ¿es lenguaje el conjunto de señales con banderas que utilizan para comunicarse dos barcos en alta mar? (figura 1), ¿es lenguaje el conjunto de señales luminosas del alfabeto Morse? ¿es lenguaje el sistema de silbidos con el que se comunican desde lejos los habitantes de La Gomera?[4] ¿Se pueden entender solamente con el lenguaje, dos individuos que hablen idiomas muy diferentes? Para un niño ¿qué tiene más sentido, las palabras cuyo significado no conoce, o los otros signos que las acompañan, como los gestos, el tono y la intensidad de la voz, por ejemplo?
A veces, incluso entre individuos de nuestra especie que hablan el mismo idioma, se dan equívocos porque «no había entendido qué querías decirme». Así es que resulta difícil determinar con exactitud el alcance justo del término lenguaje. Si consideramos además, que hay muchas especies de animales, cada una con sus peculiaridades, se comprenderá la dificultad creciente que supone hablar en ellos del lenguaje.
La principal diferencia entre ambas concepciones es que, si se utiliza la expresión en el sentido de emitir sonidos, el órgano receptor es el oído, pero si se utiliza en la acepción de comunicarse, son interesantes todos y cada uno de los receptores. En consecuencia, por una simple cuestión práctica nos limitaremos a considerar solamente el primer caso, el de un solo receptor, para no extendernos excesivamente, además de que conceptualmente no aportaría nada nuevo.
2. A MODO DE DEFINICIÓN
Después de lo dicho en el apartado anterior nos fijaremos en el lenguaje y lo estudiaremos como sonido emitido por un animal que es percibido e interpretado por otro. Este proceso supone la presencia anatómica de un emisor y de un receptor, además de un proceso mecánico de transmisión y otro psíquico de interpretación, como consecuencia del cual se produce una respuesta. Puede esquematizarse en los puntos siguientes: a) producción o emisión del sonido; b) transmisión; c) percepción (¿audición?) y d) interpretación.
a) Emisión
Cada especie animal lo hace de diferentes modos, según sea su anatomía y su comportamiento. Por ejemplo, en aves hay un órgano llamado siringe, formado por una serie de membranas, situadas en la bifurcación de la tráquea a los bronquios, que vibran cuando expulsan el aire con fuerza y producen sonidos muy variados. Así, mientras que unas especies son capaces de imitar palabras de nuestro lenguaje particular, otras producen melodiosos cánticos y otras, en fin, no producen ningún tipo de sonido. En otros casos, es un comportamiento peculiar el que les permite producir sonidos sin utilizar la siringe, como por ejemplo el crotorar de las cigüeñas golpeando ambas mandíbulas.
Otro tipo de órganos productores de sonido se encuentra en los machos de Anfibios Anuros, son unos sacos bucales que pueden inflar y desinflar a voluntad produciendo el característico croar[5]. Muchas especies de peces óseos utilizan la vejiga gaseosa para amplificar sonidos que utilizan en distintas circunstancias. Los insectos producen sonidos, frotando las alas entre sí (grillo); la pata posterior con el borde del ala (saltamontes); o con membranas vibrátiles y cámaras de resonancia (órganos estriduladores) como las cigarras. Otros lo hacen de un modo un poco más brusco como puede ser dar golpes con la cabeza sobre la madera como la carcoma conocida como «reloj de la muerte”[6].
En los ejemplos citados, al parecer hay sonidos producidos con distintas intenciones. Se puede considerar que unos se han emitido con una clara intención de comunicar algo a otros individuos (croar de las ranas), otros han sido más bien de interés propio por la información que facilitan al individuo (el sonar de los murciélagos) o bien neutros, por ser inevitables, dadas unas circunstancias concretas, como por ejemplo caminar sobre hojarasca.
Emisión voluntaria o involuntaria
Decir que los sonidos se han producido con distintas intenciones, supone plantear la cuestión de si se emiten voluntaria y conscientemente, o no. Hay autores que opinan que todos los animales son puro instinto y nada de lo que hacen se puede considerar voluntario. Otros por el contrario piensan que eso no es así y que muchas especies animales son capaces de tomar decisiones en determinadas circunstancias. Veamos algunos ejemplos y que cada lector resuelva la duda en el sentido que considere mejor.
Parece lógico pensar que son involuntarios los que resultan inevitables, como pisar la hojarasca, roncar, masticar cosas duras, como hacen algunas especies de peces o de carcomas, la rotura de la rama del árbol sobre la que se encuentra un animal o el desplazamiento en el seno del agua.
Otros sonidos son producidos de modo voluntario ya que con ellos, el animal obtiene una información del medio que les rodea. Este es el caso de los ultrasonidos que emiten murciélagos y cetáceos para reconocer el entorno y orientarse.
