La llave del gabinete hermético - Autor Anónimo - E-Book

La llave del gabinete hermético E-Book

Autor Anónimo

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Beschreibung

"Al leer esta curiosa obra, vemos que la intención del autor es la de describir detalladamente el procedimiento de laboratorio de la Obra Alquímica. Algo que no es nada frecuente en las obras de los autores más famosos, que han merecido el honor de ser impresas." M.M.

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Seitenzahl: 126

Veröffentlichungsjahr: 2023

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ÍNDICE

La llave del Gabinete Hermético

Tabla de contenido

Acerca de este libro

Acerca de la traducción

La Llave del Gabinete

Hermético. Prólogo.

Muchos me acusarán de temeridad y presunción, cuando vean que me atrevo a emprender la tarea de instruir a hombres muy sabios en el Arte Químico, enseñándoles cosas que hasta ahora han ignorado, y señalándoles lo que han entendido mal: pues yo mismo estoy muy lejos de un conocimiento perfecto de este Arte. Sin embargo, tanto si le soy útil al público, como si los eruditos encuentran algunas cosas que no son de su agrado, la sinceridad con la que escribo debe atraerme más su indignación que servirme de excusa, y aunque me pudiera haber cegado el error, como a muchos otros, o un determinado trabajo me haya conducido a la verdad, siempre estaré muy seguro de que muchas personas tendrán la ventaja de que en el futuro se librarán de los gastos innecesarios que hacen el trabajo infructuoso, y de la pérdida del tiempo que debe ser tan precioso y querido por ellos en relación con su salvación, que debe ser la principal ocupación de los cristianos. - Buscad primero el Reino de Dios y todo os irá bien, - dice el Señor en el Evangelio.

El método que me he propuesto seguir para realizar tan excelente Obra es muy diferente al que otros han seguido en este camino tan resbaladizo y que lleva a tantas personas al precipicio.

Tengo por garantes a los grandes hombres que han escrito sobre esta Ciencia y de modo especial al célebre Hermes, quien, - si bien haya escrito muy poco sobre Ella - en su breve plática nos enseña, sin embargo, todo el secreto de esta gran Obra, y puede decirse que el presente tratado no es más que una explicación o comentario de su Tabla Esmeralda, en la que están contenidos todos los misterios de este admirable Arte.

Es por eso por lo que lo titulo La Llave del Gabinete Hermético.

Este tratado os enseña también el modo de entender a los Filósofos que han ocultado este Arte Divino bajo parábolas y signos y bajo nombres tan diferentes para ocultarlo a los ignorantes y a los indignos.

Capítulo I.

De la materia en general.

Son pocos los que han entendido cómo se hace la Piedra de los Filósofos, y nunca lo comprenderán, a menos que Dios, o alguno de los Filósofos, por una Gracia singular, se lo revele; pues ¿quién puede imaginar que lo que los hombres buscan con tanto afán desde hace tanto tiempo se encuentre encerrado, sin embargo, en una Materia que pisotean y arrojan a las calles, que siempre tienen ante los ojos, que se encuentra en la basura y en el estiércol?

Esto es lo que tendría que confundir el orgullo de los hombres que desprecian las cosas que deberían estimar, y honran y respetan lo que no es nada en su origen.

El oro que brilla ante sus ojos les deslumbra, un ídolo que a menudo requiere de un gran cuidado y de grandes preocupaciones para adquirirlo, aun a costa de la salvación eterna; si conocieran la Materia de que está hecha la Piedra, probablemente no tendrían una opinión tan elevada de él y se verían obligados a admitir que la apariencia y todo el brillo de este mundo son pasajeros, y que no son nada como dice el profeta Rey, pues toda carne es tan sólo estiércol.

La Escritura compara el verde con el Oro, aunque aquel sólo esté hecho de ceniza. Sabe, hombre, que no eres más que ceniza.

Tenían, pues, razón los Filósofos al ocultar este misterio a los ojos de aquellos que sólo valoran las cosas por el uso que se les ha dado, porque si lo supieran o si se les revelara abiertamente la Materia que Dios se complace en ocultar en las cosas que les parecen útiles, ya no la estimarían.

La Materia es única en su origen, la Naturaleza sólo difiere en especie y forma, pero no actúa más que por los mismos Principios.

Por ejemplo: el alimento que toma el hombre cambia y se convierte en la sustancia de su cuerpo. El mismo alimento que nutre al hombre puede transformarse en la sustancia del animal y en una sustancia mucho más noble que la materia de la que se nutre. Así, lo mismo ocurre con la Piedra de los Filósofos: aunque la materia es vil, se transforma por Arte en una perfección mucho más noble que la del Sujeto del que deriva.

Los Filósofos se han servido de dos Vías para alcanzar este Gran Secreto. La primera atañe al Arte, y la Naturaleza tiene poco que ver en ella. La segunda es obra de la Naturaleza y el Arte sólo le sirve de ayuda.

La primera es difícil y costosa, y la segunda es fácil y no requiere de grandes gastos.

Esta última Vía es la que trato aquí, y la que han seguido casi todos los antiguos Sabios.

La mayoría de los que han escrito acerca de esto, han seguido esta Vía, entre ellos Artefio, Zachaire, El Trevisano, Flamel, etc.

La primera Vía les era desconocida, o si la conocían, la publicaban bajo el nombre de la segunda.

Por eso, es muy difícil discernirlas en la lectura de los Filósofos; a menudo ponen estas dos Vías juntas para confundir a los lectores. Filaleteo, que fue uno de los últimos en escribir acerca de ello, nos exhorta a no dejarnos confundir. Estas Vías, aunque diferentes en sus operaciones, en lo que concierne a la Materia de la que se hace uso, son siempre una y la misma.

La Ciencia de la Alquimia ha ido encontrando diferentes medios, pues los Filósofos ya han descubierto otros caminos más cortos que los que tiene la Naturaleza para el perfeccionamiento y la transmutación de los metales.

El Cosmopolita señala algunos de ellos, y dice que hay algunos que saben cambiar el hierro en cobre, que de Júpiter hacen Mercurio, que de Saturno han hecho plata, y dice que, si supieran unir a estas transmutaciones la naturaleza del Sol, harían algo aún más valioso que el oro mismo.

Son árboles ya adultos pero silvestres, en los que se pueden injertar esquejes Solares y Lunares y de este modo hacer mejoras y transmutaciones que fructifican de conformidad a las especies Solar y Lunar. Me refiero a los metales imperfectos, después de haberlos reducido a sus primeros Principios y purificarlos.

Se les puede unir el Alma Vegetativa por una única Vía conocida por los Filósofos, y no por las que se imaginan los filósofos vulgares, y de las que a menudo abusan muchas personas que desconocen su ignorancia.

Nuestra Materia se halla encerrada en los cuerpos impuros, así que estos cuerpos deben ser corrompidos, no de una forma totalmente destructiva que acabe definitivamente con ellos, sino por una corrupción que conduzca a la generación de la muerte a la vida, y que, por una resurrección gloriosa, de nacimiento a este Hijo del Sol, que debe ser entregado a su padre y devuelto al seno de su madre. Es la única manera de hacer que el Hijo del Sol vuelva a su padre y al seno de su madre; es decir, al obtener este un Cuerpo fijo y permanente, los vivos resucitarán a los muertos, y estos dos Cuerpos Animados por un mismo Espíritu, producirán Hijos semejantes a su Padre y a su Madre; esto es todo lo que se puede decir de la Materia en general.

Capítulo II.

De la Materia en particular.

Es una Humedad Untuosa que está encerrada en todos los seres de la Naturaleza, una Materia viscosa y pegajosa.

Está oculta en el centro más profundo de los Elementos, y los une tan estrechamente de manera que es imposible separarlos sino por un medio que sólo conocen los Filósofos.

Esta Materia se cubre con el manto de los Elementos y estos no tienen ninguna potestad sobre ella, ni siquiera el Fuego, por violento que sea, siendo fija e inalterable por Naturaleza.

Por eso los Filósofos dicen que se mantiene intacta en el Fuego, y que es la Materia Próxima de su Piedra, que inspiró a Basilio Valentín estas admirables palabras:

Búscala en las entrañas de la Tierra. Encontrarás nuestra Piedra escondida y la primera medicina.

Es la Primera Materia de los metales que son más o menos perfectos, según esta se una a una materia más o menos perfecta. Si se une a una materia pura forma el oro, si es menos pura forma la plata, si es aún más impura, forma el plomo, y así sucesivamente; es la Humedad Seca de Geber, que no moja las manos.

Pero esta Materia, aunque muy fija en su Naturaleza, se volatiliza fácilmente por medio de los Elementos que le sirven de vehículo, y los desarrolla y une sin alterar no obstante su propia Naturaleza, a la manera del Fuego, que, aun mezclándose a todos los seres sigue siendo Fuego, incluso cuando es reducido de la potencia a la acción, al igual que el sol, que, aunque extiende su influencia sobre toda la tierra, sigue siendo siempre el sol.

Por eso es por lo que es susceptible a las impresiones de los Elementos y a las influencias de los Astros que atrae y retiene. Es el Imán y el Acero de los Sabios.

Se eleva de la Tierra al Cielo y desciende del Cielo a la Tierra, y se llena de las influencias del Cielo, y principalmente de la Gran Luminaria, sirviendo para la multiplicación y generación de todos los seres. Es por medio de ella que reciben su acción y movimiento. Los animales reciben la vida a través de ella y todo lo que está animado en la Naturaleza. El mismo hombre no puede prescindir de ella, pues mantiene su vida y su movimiento, puesto que hace en la Naturaleza la función de la hembra, recibiendo del Cielo y de los Astros, y principalmente del Sol, que es lo masculino, la acción y el movimiento; ella es como el esperma, la Matriz que recibe la semilla masculina; ella realiza el Matrimonio entre el Cielo y la Tierra,

es la que contiene el Fuego Oculto de los Sabios sin el cual el Artista no puede alcanzar el fin del que tratamos en un capítulo concreto. (1)

De estos dos Espermas, se forma la Materia del Mercurio de los Filósofos. Por eso el gran Hermes dice estas admirables palabras: El Sol es su padre y la Luna su madre, el aire lo lleva en su vientre que es la matriz y el receptáculo.

El Cosmopolita dice que está en el vientre del Carnero, entendiendo con “Carnero” el comienzo del tiempo primaveral, cuando el Sol entra en este Signo Celeste, que es el de la renovación de aquel Espíritu que anima entonces toda la Naturaleza. Es esta semilla arrojada en el mar de los Sabios, que es nuestro Aire, la que da toda la fecundidad a nuestra Piedra, es esta semilla que ellos saben extraer por medios desconocidos para los químicos vulgares, y saben unir a un Azufre puro; a esta semilla la llaman Mercurio.

Por eso dicen que su piedra está compuesta de Mercurio y Azufre puro, y dan al primero el nombre de Luna y al segundo el de Sol.

Estas son las dos grandes Luminarias que debéis extraer de la Piedra.

La comunión del Cielo y de la Tierra está perfectamente bien descrita por el Cosmopolita, quien, por una comparación os señala lo que debe hacer el Filósofo, que ha de ser el imitador de la Naturaleza que Dios ha formado así, habiendo unido el Cielo y la Tierra, que tiene sus Estrellas que son el Sol y la Luna. Nuestro Maestro (2) nos dice que todo lo que está arriba es como todo lo que está abajo, de este modo, el Filósofo debe unir el Cielo con la Tierra, debe sacar del Caos, es decir de su Sujeto, las Luminarias, separar la luz de las tinieblas y por la unión del Espíritu convertirlas en un todo perfecto, uniéndose así a Dios en la Creación del Mundo. Es en este último aspecto que nuestro Arte es considerado un Arte Divino.

Después de haber extraído estas Luminarias y Elementos, y de haberlos luego despojado de su tosquedad e imperfección terrenal, hace de ellos un todo homogéneo, un compuesto que llaman Elixir, que contiene la fuerza del Cielo y la Tierra, y que Hermes llama la Fuerza de las fuerzas, que reduce todo poder a la acción, y finalmente a un puñado de polvo. Por eso no debe extrañarnos que este tenga tan grandes efectos, tanto para la salud como para la perfección de los metales imperfectos.

Pues este polvo divino tiene la virtud de purificar los elementos del hombre y los pone en su igualdad natural, cuya perturbación es la causa próxima de la destrucción.

Trataremos en un capítulo expresamente de sus virtudes, que son innumerables. Ella no tiene menos efecto sobre los metales: de imperfectos los hace perfectos. El designio de la Naturaleza era hacerlos perfectos y hacerlos oro, pero habiéndose visto impedida en su operación, y no pudiendo llegar a su fin, produce metales imperfectos, no oro, y lo que la Naturaleza hace en gran número de años, el Filósofo lo hace en pocas horas.

De modo que no hay nada que sea más digno de un hombre, que trabajar en esta Obra o Búsqueda Divina, ya que puede adquirir salud y riquezas a través de esta Ciencia, que debe preferir a todas las demás ciencias, excepto a la de la salvación de su Alma, que debe ser su principal ocupación.

Buscad primero, - dice el Señor en su Evangelio, - el Reino de los Cielos, y todas las cosas os serán dadas por la fe.

Se puede decir de nuevo que esta Ciencia es Divina, porque sólo Dios la da, se la enseñó a Moisés, a su hermano Aarón, a los Patriarcas, y a sus descendientes, a Salomón que tenía un conocimiento perfecto de ella y que se conservó hasta la época de Esdras, que reconstruyó el Templo.

Después del Cautiverio de Babilonia, Sem, uno de los hijos de Noé, la hizo pintar en las columnas que fueron encontradas tras el Diluvio. Sem la aprendió de Adán, es por eso por lo que vivieron tanto tiempo, ya que fue conservada y comunicada cabalísticamente a algunos judíos.

Sólo Dios y un amigo a quien Dios se la haya inspirado pueden comunicártela; Si tienes esta buena suerte, guárdala como un tesoro precioso, pero sobre todo no la comuniques a los indignos, porque atraerías sobre ti la maledicencia de Dios, que te castigaría nada menos que, con una repentina muerte, o te pondría en manos de los poderosos que te harán morir en una prisión.

En cuanto a la posesión de la Piedra Filosofal, no es tan difícil como la mayoría de la gente imagina. Es la Naturaleza la que actúa, y siempre actúa de forma certera según invariables principios, a menos que encuentre ciertos obstáculos en su camino, pero si sabes cómo eliminar estos obstáculos, llegará infaliblemente a su fin y al término que Dios le ha prescrito.