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La marejada del posthumanismo compila diversos análisis, con miradas originales y críticas, presentadas por especialistas acerca del humanismo y su relación con el posthumanismo en la era actual. El lector descubrirá advertencias sustentadas en profundidad acerca de los retos que estos avances representan para las ciencias administrativas y la gestión pública en particular, y para la vida de las sociedades modernas en general. Los impactos de los progresos de la inteligencia artificial, la robótica, la biotecnología y las ciencias, han sido durante varios lustros el centro de análisis de especialistas de múltiples disciplinas científicas (naturales, sociales e ingenieriles, entre otras), escuelas y líneas filosóficas, artistas e interesados en temas del desarrollo en su expresión más polimorfa y amplia. Así mismo, la discusión sobre el humanismo, el posthumanismo y el llamado transhumanismo es medular hoy en la filosofía política y moral y establece un complejo diálogo transversal entre la filosofía, las humanidades, las ciencias naturales y las ciencias sociales e, incluso, implica ecos en campos como el management y las políticas públicas. Las diferentes contribuciones de los autores que han participado en esta obra sobre el posthumanismo y el transhumanismo, deben entenderse desde una perspectiva centrada en el papel que juegan las enormes transformaciones científico-técnicas del mundo en términos de una cuarta revolución —digital, biotecnológica e informacional—. Por lo tanto, es de vital importancia la existencia de laboratorios de políticas públicas en la perspectiva de fomentar la reflexión académica y la organización de líneas de investigación científico-social y humanista, para darle un escenario institucional a espacios de formación, con el fin de analizar las disrupciones y pensar la postmodernidad, el posthumanismo y el transhumanismo como ejemplos vertebrales, para analizarlos en sus impactos sobre las gobernanzas, las administraciones y las políticas públicas.
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Seitenzahl: 388
Veröffentlichungsjahr: 2020
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Varela Barrios, Edgar, 1955-
La marejada del posthumanismo / Edgar Varela Barrios, Ernesto Piedrahita, Rubén Darío Echeverry. -- Cali ; Programa Editorial Universidad del Valle, 2020.
236 páginas; 24 cm. -- (Colección Serie Gobierno, administración y politícas públicas. Investigación)
1. Innovaciones tecnológicas - Aspectos sociales 2. Transhumanismo 3. Tecnología y humanismo 4. Poshumanismo 5. Hombres - Efecto de las innovaciones tecnológicas 1. Piedrahita, Ernesto, autor II. Echeverry, Rubén Darío, autor III. Tít. IV. Serie.
303.4833 cd 22 cd.
A1661645
CEP-Banco de la República-Biblioteca Luis Ángel Arango
Universidad del Valle
Programa Editorial
Título: La marejada del posthumanismo
Compiladores: Edgar Varela Barrios, Ernesto Piedrahita, Rubén Darío Echeverri
ISBN: 978-958-5144-35-4
ISBN PDF: 978-958-5144-36-1
ISBN EPUB: 978-958-5144-37-8
DOI: 10.25100/peu.407
Colección: Serie Gobierno, Administración y Políticas públicas-Investigación
Este libro es una coedición de la Universidad del Valle, Universidad Simón Bolívar y LAGPA/IIAS
Primera Edición
© Universidad del Valle
© Edgar Varela Barrios, Ernesto Piedrahita, Rubén Darío Echeverri
Director del Programa Editorial: Ómar J. Díaz Saldaña
Diseño de portada y diagramación: Hugo H. Ordóñez Nievas
Imagen de portada: Fragmento de la obra Dura alquimia, técnica mixta de Ángela Villegas (2009)
Corrección de estilo: G&G Editores
Asistente de edición: Eleonora Alzate Tijerino
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Este libro, o parte de él, no puede ser reproducido por ningún medio sin autorización escrita de la Universidad del Valle.
El contenido de esta obra corresponde al derecho de expresión del autor y no compromete el pensamiento institucional de la Universidad del Valle, ni genera responsabilidad frente a terceros. El autor es el responsable del respeto a los derechos de autor y del material contenido en la publicación, razón por la cual la Universidad no puede asumir ninguna responsabilidad en caso de omisiones o errores.
Cali, Colombia, julio de 2020
Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions
CONTENIDO
A MANERA DE PRÓLOGODE LA BAJAMAR INDUSTRIALISTA A LA PLEAMAR POSTHUMANISTA
Edgar Varela Barrios, Rubén Darío Echeverri Romero, Ernesto José Piedrahita
Capítulo 1
POSTHUMANISMO Y TRANSHUMANISMO: MODOS DE GESTIÓN Y PRODUCTIVIDAD DE LO VIVIENTE
Edgar Varela Barrios
Introducción
La matriz humanista contemporánea: el cientificismo biologicista de lo humano-natural
¿Qué significa el posthumanismo?
El llamado nuevo humanismo
La ciborización: sus impactos en el transhumanismo
Dilemas éticos y morales puestos en juego por el posthumanismo y el transhumanismo
Capítulo 2
SINGULARIDAD TECNOLÓGICA, TRANSHUMANISMO Y POSTHUMANOS: MÁS ALLÁ DE LA SÍNTESIS EXTENDIDA DE LA EVOLUCIÓN HUMANA
Felipe García Vallejo
Introducción
Transhumanismo y posthumanismo
La singularidad tecnológica
Evolución humana, una nueva síntesis de cara a los posthumanos
Hacia una convergencia y unificación de la ciencia y la tecnología
La inteligencia artificial
Cíborgs, robots y otras formas extendidas
Edición del genoma germinal: ¿posthumanos y superhumanos?
El TH frente a una nueva eugenesia en el siglo XXI
Consideraciones finales
Capítulo 3
LA ERA DE LA ROBÓTICA Y SUS IMPLICACIONES EN LA SOCIEDAD
Víctor Hugo Mosquera Leyton
Introducción
Interacción humano-robot
Vehículos autónomos
Robots quirúrgicos, robots asistenciales y prótesis robóticas
Normas de la relación humano-robot
Proyecto RoboLaw
Tendencias normativas de AV
Conclusiones
Capítulo 4
HUMANO POSTHUMANO EN LA ANTROPOBIOLOGÍA CONTEMPORÁNEA
William González
Introducción
El aborto crónico que después de todo soy
Institución y retardación humana
Institución e imaginario
El ascenso de lo insignificante
Dos enfermedades de la facultad de juzgar: democracia dirigida y totalitarismo invertido
Capítulo 5
LOS ESPEJISMOS, LOS SILENCIOS DEL POSTHUMANISMO
Fernando Cruz Kronfly
Introducción
Los espejismos, los silencios del posthumanismo
La asombrosa inteligencia artificial amoral
A la evolución natural de las especies, en lo humano se le fue la mano
¿Inteligencia artificial y espíritu neonazi?
Posthumanismo y trabajo subordinado
Inteligencia artificial y pulsión de muerte y destructividad
Conclusiones
Capítulo 6
HUMANISMO Y FORMACIÓN EN ADMINISTRACIÓN EN COLOMBIA LA “CONEXIÓN ÉTICA”
Rodrigo Muñoz Grisales
Introducción
Contexto internacional
¿Qué está detrás?
La caracterización de la educación en administración en Colombia
Algunas reflexiones a modo de respuesta y conclusión
Algunos ejemplos
Capítulo 7
SOCIEDAD EN TRANSICIÓN: EL RETORNO DE LO BARROCO EN POLÍTICA
André-Noël Roth Deubel
Introducción
El Estado y las políticas públicas como productos culturales humanistas
La formación de un ethos barroco
Una transición neobarroca
Conclusión: Resistencia neobarroca y extravagancia política contemporánea
Capítulo 8
GLOBALIZACIÓN Y SOCIEDAD BIOTECNOLÓGICA: ¿TRANSHUMANISMO O HUMANISMO AVANZADO?
Albert Cortina Ramos
Futuro, innovación y globalización tecnológica
Vivir adaptados al paso de las tecnologías exponenciales. El ser posthumano
Transhumanismo, posthumanismo y evolución biotecnológica del ser humano
Singularidad tecnológica
Superinteligencia
Superlongevidad
Superbienestar
Biopoder y biopolítica: el control de la vida
Inteligencia ambiental, innovación urbana y sostenibilidad
Ecomodernismo y renaturalización tecnológica
Innovación inteligente en la biosfera y biomimética
Paradigma tecnológico y desarrollo humano integral
Ecología integral y sociedad consciente
Humanismo avanzado y ética universal
Inteligencia espiritual e interioridad humana
Conclusión
Capítulo 9
EL POSTHUMANISMO COMO IMAGINARIO SOCIAL Y LOS RETOS PARA LA GOBERNANZA Y LAS POLÍTICAS PÚBLICAS DEL SIGLO XXI
Gabriela Chavarría Alfaro
Introducción
El imaginario social del posthumanismo
El escenario postapocalíptico, el imaginario postmortem y la explosión del contexto antropocéntrico
La genetización de la biología
Una guerra nómada: la guerra comercial de las imágenes
Los retos para la nueva gobernanza del siglo XXI
NOTAS AL PIE
A MANERA DE PRÓLOGO
DE LA BAJAMAR INDUSTRIALISTA A LA PLEAMAR POSTHUMANISTA
Edgar Varela Barrios,Rubén Darío Echeverri Romero,Ernesto José Piedrahita
En este libro se recogen diversos análisis, con miradas originales y críticas, presentadas por especialistas acerca del humanismo y su relación con el posthumanismo en la era actual. Están aquí, en esta compilación, textos de un biólogo, un ingeniero, dos filósofos, dos expertos en organizaciones y administración, un escritor humanista, una autoridad latinoamericana en políticas públicas y un analista de los fenómenos posthumanistas. Algunas de las tesis en este libro fueron planteadas por los autores durante el seminario “Humanismo y posthumanismo en la modernidad: su impacto en la administración pública y la gobernanza”1. El evento, realizado a finales de julio de 2018, en la ciudad de Cali, fue promovido por la Facultad de Ciencias de la Administración y el Grupo de Investigación en Gestión y Políticas Públicas (GESPUV), de la Universidad del Valle, espacio de análisis en el cual se presentaron ventajas y desarrollos actuales de las ciencias y tecnologías que hoy generan o apoyan ejercicios posthumanos en el mundo. También aparecen advertencias sustentadas en profundidad acerca de los retos que estos avances representan para las ciencias administrativas y la gestión pública en particular, y para la vida de las sociedades modernas en general.
Los impactos de los progresos de la inteligencia artificial, la robótica, la biotecnología y las ciencias y observados en la gobernabilidad de los Estados y de las organizaciones, y en general, en la vida moderna, han sido durante varios lustros el centro de análisis de especialistas de múltiples disciplinas científicas (naturales, sociales e ingenieriles, entre otras), escuelas y líneas filosóficas, artistas e interesados en temas del desarrollo en su expresión más polimorfa y amplia. Así mismo, la discusión sobre el humanismo, el posthumanismo y el llamado transhumanismo es medular hoy en la filosofía política y moral y establece un complejo diálogo transversal entre la filosofía, las humanidades, las ciencias naturales y las ciencias sociales e, incluso, implica ecos en campos como el management y las políticas públicas. Todos estos avances científico-técnicos siguen causando un efecto transformativo formidable sobre la riqueza y la producción y sobre las hoy dúctiles fronteras de las distintas disciplinas y oficios.
Lo que resulta vital plantear, para encuadrar las diferentes contribuciones de los autores que han participado en esta obra sobre el posthumanismo y el transhumanismo, es entender estos asuntos desde una perspectiva (que se ha venido trabajando) centrada en el papel que juegan las enormes transformaciones científico-técnicas del mundo en términos de una cuarta revolución —digital, biotecnológica e informacional—. Hemos pasado a lo largo de nuestra vida por una transformación en donde el aprendizaje empírico, sobre todo, nos ha permitido lidiar con las nuevas tecnologías, aunque una buena parte de la sociedad aun no lo hace; por lo que se genera una nueva forma de exclusión y de diferenciación social: el analfabetismo digital.
En inglés y en español, por coincidencia, se ha construido el acrónimo NBIC (Nano-Bio-Info-Cogno), que recoge lo que ahora se ha llamado convergencia tecnológica, entre la investigación microfísica de carácter nano: lo que tiene que ver con investigación biológica, sobre todo de biología genética que manipula y transforma la producción de lo viviente; la biotecnología, aplicada no solo a lo biológico sino a las ingenierías y a otros campos; la informática, y lo que en inglés llaman ciencias cognitivas, que en español hemos designado como inteligencia artificial. Estos temas se han venido integrando en la investigación científica, y han sido liderados por las grandes multinacionales del siglo XXI. En el siglo XX las grandes multinacionales eran US Steel, las fábricas de autos de Detroit, y otro tipo de empresas propias del capitalismo industrial. Pero si se revisa quiénes son las grandes empresas del siglo XXI, pues son entidades cognitivas e informacionales tales como Amazon, Microsoft, Google, Apple, Samsung, Huawei, etc. Empresas cuyo foco no es solo la producción de bienes materiales (aunque los produzcan, como celulares y computadoras), sino la generación de conocimiento que, además, tiene una característica que también es un concepto ad hoc: la digitalización.
El tema central aquí es el impacto de esta revolución científico-técnica sobre la economía y la producción. Incluso una palabra de Aristóteles y los griegos, poiética, o poiesis, que significa literalmente producción, en el sentido griego, que luego se volvió poesía, como antítesis de lo productivo. Pero la poiesis en un sentido técnico es producción. Cuando nos referimos a esta nueva poiética queremos hacer énfasis en la superación de la distinción propia de la economía del final del siglo XIX, que en realidad fue pensada por Hegel, entre sector primario, secundario y terciario. Para Hegel la producción primaria es lo que la naturaleza produce por ella misma, en la agricultura, ganadería, silvicultura y demás. Lo secundario, es lo que el hombre hace a través del trabajo, con su proceso de carácter transformativo; y lo terciario es una función de carácter administrativo y de mediación de los dos elementos anteriores.
Lo que ha ocurrido con las NBIC y la producción se circunscribe a que las diferencias entre lo que los economistas llaman sectores, se han ido perdiendo. El sector primario, secundario y terciario. Hoy pocos son sectores industriales; se producen industrialmente servicios, información. Por ejemplo, un muchacho que sube un video a YouTube o alguien que diseña una app y la sube a Internet y se enriquece con ella, es un industrial, pero sin empresa, sin fábrica, muros o empleados. Pero cumple una función de agregación de valor a la sociedad, y de amplificación de los bienes sociales públicos y mercantiles. Quienes están en el sector de la cultura lo han entendido muy bien, y han acuñado un término bastante adecuado, el de industrias culturales. Hacer teatro, cine, música, literatura o tecnología que tiene diseño, corresponde a un ámbito que antes se consideraba, según la economía política clásica —cfr. Adam Smith y Marx—, como improductiva, versus el trabajo fabril que era el productivo. La producción se ha extendido muchísimo y se ha transformado, universalizándose. Andrés Ortega, en un libro emblemático, La imparable marcha de los robots (2016), muestra cómo en Europa, Estados Unidos y Canadá, con la impresión 3D, esta modalidad de fabricación va a descentralizar la producción, volviendo a una nueva artesanía sofisticada en donde las personas en pequeños lugares o en sus hogares podrán elaborar elementos que antes eran exclusivamente producidos por la estructura clásica industrial. Hoy ya se fabrican muchos equipamientos con tales impresoras 3D. Jeremy Rifkin (2014) ha creado un eufemismo en inglés, prosumer, el productor que es a la vez un consumidor. Las distinciones tradicionales entre los sectores económicos se están perdiendo. En empresas del sector financiero, dicen los autores que estudian estos temas, ya no se están contratando ni son necesarios los contadores porque los sistemas de algoritmo contables de big data los reemplazan; y lo que están contratando los bancos o empresas financieras son ingenieros, diseñadores, matemáticos. En fin, gente que trabaja informática y hace análisis de datos y de información. Con esto significamos que la producción ha cambiado, y ya no hay primera y segunda clase de sector económico. Tan productivo es estar en arte o música haciendo industria cultural, como estar en una fábrica de carácter clásico, mecánica o de producción de tipo civil. Hay allí una democratización, por así decirlo, o una extensión horizontal del ámbito de lo productivo, como poiesis. Aunque esto afecta el empleo y el trabajo de forma muy significativa. El primer efecto de la revolución industrial de cuarta generación —robótica y NBIC— ha sido la destrucción de clásicos ámbitos del empleo. En un texto emblemático: Robot proof: higher education in the age of artificial intelligence, el profesor norteamericano Joseph Aoun (2017) dice que cuando hicieron una encuesta en Estados Unidos, la principal sensación que tiene el público norteamericano frente a la robótica y la tecnología es de miedo, que se deriva básicamente de una cosa muy concreta: el miedo a que la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías destruyan los empleos. En efecto, estamos asistiendo a una enorme destrucción de empleo de baja calificación, que puede ser sustituible; como pueden ser sustituibles los contadores son potencialmente sustituibles los empleados que están en las cajas registradoras de los comercios. Por ejemplo, en algunos países, en los almacenes Walmart, en Estados Unidos o en Europa, el cajero ya no existe; hay un lector de código de barras que lee lo que se tiene en la canasta y carga el valor a la tarjeta electrónica que lleva el comprador en el bolsillo, sin necesidad de que este tenga alguna intervención, destruyendo así trabajo humano. Los peajes en Europa, Estados Unidos y Asia oriental son digitales, debitan sobre las cuentas de crédito solo con que el vehículo pase. La pregunta es: ¿qué va a suceder con el empleo que hoy existe?… Los pronósticos son que la mayor parte del empleo actual va a desaparecer, sustituido por máquinas inteligentes, por sistemas informáticos, por la robótica y la inteligencia artificial. Un autor de hace unos quince años pronosticaba que el carro sin chofer jamás podría ser producido porque era muy difícil que un algoritmo complejo pudiera tomar en cuenta todas las variables del tránsito. Ya sabemos que desde hace varios años hay autos que no tienen conductor; no solo Google los ha desarrollado. Ahora las personas los pueden alquilar y un auto que no tiene conductor las lleva a su destino sin ningún peligro. Hoy en día los aviones son conducidos por los pilotos para aterrizar y despegar, pero mientras transcurre el vuelo es un computador el que dirige las naves. ¿En qué medida la producción nueva se va a articular con el empleo que se destruye y con el empleo que se tiene? Este es un tema fundamental para nosotros en las universidades, para determinar qué tipo de oferta académica tiene sentido para las próximas décadas. Desde las cuencas del management se evidencia una expansión enorme en el mundo entero de los empleos administrativos. Aunque estos no son empleos de baja complejidad sino empleos administrativos que tienen análisis, inteligencia de datos, análisis situacional y gestión de megaorganizaciones complejas. Obviamente, en ámbitos de la gestión acompañados y asistidos por inteligencia artificial.
Un segundo tema donde hay una expansión muy grande de empleo, es en seguridad. Hoy hay muchos más empleos en seguridad que en el pasado. Más allá de la Guerra Fría y de la finalización de los conflictos bélicos de carácter tradicional, la seguridad ha asumido desafíos muy grandes. Por ejemplo, en puertos como el de Buenaventura hay cuatro veces más empleados de seguridad que trabajadores portuarios. En estos puertos, con las grúas pórtico, los buques se descargan solos con máquinas y robots inteligentes. Antes había analistas de datos que recaudaban la información, pero fueron sustituidos por robots y sistemas inteligentes. Aun se requiere gente que esté dentro de las terminales revisando que no haya inclusión de droga o contrabando, robos o saqueos, por parte del personal, que aun cuando es numeroso, está cada día más asistido por la inteligencia artificial.
Conectado con los dos temas anteriores, se ha amplificado muchísimo el empleo relacionado con el control y el seguimiento de los procesos humanos y de la relación entre los procesos humanos y los procesos técnicos no humanos a cargo de máquinas. Básicamente, un obrero contemporáneo en una planta industrial de última generación es un controlador; detrás de un computador, revisando el desempeño de la inteligencia artificial y ajustándola. Tendríamos que saber muy bien qué es lo que está ocurriendo con los nuevos tipos de producción y con las transformaciones de la economía, con la creación de valor que va más allá de los paradigmas clásicos de la economía. En segundo lugar, tener un mapa y prospectivas relativamente detalladas para la OCDE, de lo que va a ser el futuro del empleo y el trabajo, y cuáles son los campos expansivos que tienen lugar en esta nueva economía del conocimiento. Por supuesto que la biología, como base de la transformación tecnológica, es fundamental en procesos de ciborización; lo que puede sonar a ciencia ficción, pero no lo es. Un cíborg es una mezcla de humano y máquina, no siendo solo una máquina sino un humano con implantes de máquina. El término ciborización nos parece preciso, aun cuando es complejo para su uso público, porque es una metáfora del hombre máquina, pero del hombre máquina inteligente. Se ha usado al respecto la metáfora de los centauros, referida al centauro en tanto figura mitológica, mitad humano y mitad caballo. Esta metáfora es lúcida pero no es adecuada, porque no se trata de una relación de lo humano con lo animal sino de lo humano con lo maquínico. En este sentido no hace justicia la idea de centauro. Es más apropiado el acrónimo cíborg, como hombre máquina; es decir, del hombre que se articula con la máquina. No solo desde el punto de vista de los implantes, sino desde el punto de vista de su interacción total, de experiencias de vida con aparatos como celulares, grabadora, la conectividad wifi, los dispositivos inteligentes y todo lo que es el horizonte cultural de nuestro tiempo, que está altamente influido por la inteligencia artificial.
La palabra técnica para la relación humano-máquina más elemental es la de prótesis. Por ejemplo, cuando se tienen las gafas puestas se está usando una prótesis. Cuando se usa un reloj o un celular del que no es posible desprenderse un segundo, a causa de una crisis identitaria, se tiene una prótesis digital. En el sentido en el que Marshall McLuhan llamaba un desarrollo analógico. Aunque esto hoy en día se expresa en formatos muy diferentes, de carácter digital. ¿Qué efecto han tenido las tecnologías en la sociedad? Evidentemente, un incremento muy alto de la productividad, con saltos en la producción que se están dando cada año. El cambio tecnológico es muy grande, igual la innovación y la competitividad. Citemos dos ejemplos sencillos: las cámaras Kodak, o las Polaroid, que eran muy bonitas. Ya no existe la Kodak y la Polaroid aún pervive, como un dinosaurio. BlackBerry fue el primer celular canadiense. Empero, de él hoy en día no se encuentra mucho; solamente algunas versiones para empresas. Todo esto, por la incapacidad de muchas organizaciones para entender las nuevas lógicas de la productividad. Otra cosa que también se ha incrementado mucho: la eficiencia de las empresas y de las organizaciones, que dependen, para sostenerse en los mercados, de cuotas muy elevadas de eficiencia, en donde la utilización de los grandes datos, la minería de datos, la inteligencia y el análisis de la información para tomar decisiones con anticipación es muy importante. Han aumentado muchísimo los esquemas de normalización, los ISO y otros estándares técnicos. En Colombia se tiende mucho a que la ISO sea solo un ritual. Nos referimos a la normalización en el sentido de normas que guían y rigen los protocolos industriales, por ejemplo, en relación con acuerdos con la OMC. Si alguien del sector productivo quiere producir un producto lácteo colombiano que vaya al mercado europeo, se puede gastar seis o siete años cumpliendo las normas, protocolos y estándares requeridos para poder tener inclusión en el mercado. Estos mercados son abiertos, pero la línea de base de entrada es cada día más sofisticada, por lo que muchas de las empresas y organizaciones, incluso de grandes organizaciones nuestras, no tienen la capacidad de ingresos. Cada día hay una distancia más grande entre Norteamérica, Europa Occidental y los países asiáticos (incluyendo a Australia y Nueva Zelanda), y América Latina, África y la parte sur de Asia, exceptuando algunas ínsulas que son las ciudades región globales como Sao Paulo, México o Río de Janeiro.
Otro tema relevante aquí es el racionalismo, que ha explosionado. Recordamos aquí que la inteligencia artificial tuvo un padre, Herbert Simon (1979, 1997), una de las grandes figuras de la administración, que en los años cincuenta pensó cómo resolver lo que él llamaba racionalidad limitada, o racionalidad cognitiva en seres humanos. En esa época se planteó la posibilidad de la cibernética insuficiente. Wiener y otros la desarrollaron, pero tres o cuatro décadas después es cuando se puede concretar el sueño de Simon de una inteligencia artificial, que básicamente es una decisionalidad sistémica programada. Por ejemplo, hoy en día se habla de smart cities, de ciudades inteligentes, como Seúl, Tokio y otras. Son ciudades donde robots con información de big data planifican en tiempo real y adecúan los flujos de tránsito de las rutas. Pueden voltear una autopista de ocho carriles para permitir que durante una época, cuando hay un pico de tráfico, se vayan en una dirección u otra, logrando resultados significativos, que no son resultados humanos. Son hechos por humanos a través de sistemas robóticos inteligentes.
Es claro que el fenómeno que rompe, transmuta y transforma, durante los últimos veinticinco años, la situación precedente, lo constituyen las grandes revoluciones científico-técnicas; las que tienen como matriz central a la inteligencia artificial. Incluso, el término robotización no le hace justicia a lo que ocurre. Porque no se trata simplemente de qué aparatos antropomórficos sustituyan a lo humano sino que la información, el conocimiento y el saber resultan imbricados, afectados y transformados de manera fuerte por la inteligencia artificial. Allí se percibe que las ciencias del management, aun cuando instrumentalmente han venido adaptándose a la inteligencia artificial —que es una proclama clara en Simon (1979)—, como una profecía que se ha cumplido en una escala que el propio Simon no previó, es como si todavía estuvieran instaladas en el capitalismo postindustrial de penúltima generación, en donde sí había una influencia grande de las redes, redes de política inter y transorganizacionales. El fenómeno arranca entre los años cincuenta y setenta, y va en la segunda mitad del siglo XIX plenamente consolidado. Sin embargo, ahora no estamos hablando de redes; no son solo eso. Es algo distinto. Incluso, la red como metáfora o descripción es muy insuficiente porque solo da una idea muy gruesa de interconectividad e interdependencia, pero qué ocurre en esa interconectividad e interdependencia, siendo bastante pobre y limitada.
¿Hasta dónde el poder decisional humano resulta cada día más residual, retórico o emblemático frente al verdadero poder decisional que tienen sistemas de carácter programado, que de forma permanente se extienden a muchos más ámbitos de las decisiones?, ¿qué está pasando con la educación superior en relación con las NBIC y las nuevas tecnologías?, ¿qué está ocurriendo en Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, Europa Occidental y algunos países latinoamericanos? El primer gran desafío es con la universalización de la educación; el ir más allá de la educación masiva y estandarizada. La educación masiva, en la que todavía nos encontramos, es una educación del modo industrial; lo que era más o menos enseñarles las mismas cosas a las personas para que se desempeñaran en una industrialización que, con los estándares de hoy, es vista como una época de baja tecnología. La industrialización de los años setenta hacia atrás, antes de las NBIC, es toda ella, desde principios del siglo XIX, una industrialización de baja tecnología. Para ello, el nuevo modelo educativo exitoso se apoya en la flexibilidad formativa y en la diversidad de la oferta que permite la flexibilidad educativa.
Este rasgo lo constituye lo que llaman learning for life, educación durante toda la vida. Los cursos abiertos y los cambios en la educación continua están articulados con la educación durante toda la vida. Esto se está resolviendo a través de un esquema que no es la educación continua solamente, basada en pequeños cursos para jubilados o para personas que quieran, por amor al conocimiento, seguir aprendiendo, sino que son cursos y seminarios, en su mayoría online, para gente que está en el mundo productivo.
El cuarto tema para destacar como tendencia es la disolución de fronteras fijas entre los niveles de la educación superior, lo técnico, tecnológico, profesional, maestría, posgrados o doctorados. Nosotros tenemos un marco regulatorio fijo, rígido, terriblemente restrictivo, que impide que una persona pueda hacer procesos de autoaprendizaje o articularse al aprendizaje según sus necesidades y a la medida; no importa el nivel de formación. Los doctorados les dan cursos solo a los doctores, las maestrías al magíster. En relación con la educación superior, en investigación hay un peso creciente en la formación doctoral y de los posgrados. Estamos transitando desde los doctorados genéricos a doctorados que cada día tienden a ser más hiperespecializados. Un tema que se viene trabajando con esto de las NBIC es el de los parques tecnológicos y el desarrollo de la investigación en centros e institutos con las empresas y los gobiernos; asuntos derivados con la transdisciplinariedad. Aquí queremos enfatizar que, los mejores modelos, exitosos para responder estos desafíos, trabajan asuntos de cooperación y redes en escalas regionales y globales. Nosotros como líderes universitarios hemos reactivado en América Latina la cooperación iberoamericana. Entidades como la AUIP y otras, nos ayudan. En los últimos veinte años se evidencia un esfuerzo muy fuerte por hacer cooperación compleja entre las universidades iberoamericanas, pero también manteniendo una relación con universidades de carácter global, como Stanford, Harvard, las que están en California, las grandes universidades inglesas, algunas japonesas. Hoy han saltado al esquema que planteamos arriba, que son universidades de multicampus en red, a menudo globales. Algunas universidades como las de la IBILI tienen cursos en Singapur, Shanghái, Abu Dabi, Dubái, Sudáfrica o Sao Paulo, y lo están haciendo a través de la formación online, que cada día es más grande. Hay un filósofo de Harvard, Michael Sandel, que tiene un seminario llamado Justice (justicia), que abre matrícula y recibe en línea cada semestre miles de admitidos, con un ejército de tutores con los que el profesor lidera la formación online de este curso en Harvard.
Hoy muchísimas entidades que son empresas de negocio han entrado e irrumpido con fuerza en la educación superior, con los cursos online y con otros asuntos con los que cada día se vislumbra más este peso de lo empresarial. ¿Qué desafíos en Colombia siguen siendo válidos? …es muy importante que la Universidad sea capaz de ser pertinente y actual. Aquí hablamos de la pertinencia y de la actualidad de la formación. Es decir, que lo que enseñe sea lo que la gente, las empresas, la sociedad y el nuevo universo de la producción requieran. Incluso en la sociedad, no solo en los mercados, algunos de estos temas van mucho más allá. Creemos que allí tenemos muchas debilidades en términos de lo que se llama inteligencia estratégica y competitiva: saber leer para qué estamos ofertando un programa, seminario, doctorado o maestría. Si somos instituciones que seguimos ofertando las mismas carreras que a veces no cambian en décadas. Debemos tener la capacidad de ser prospectivos, de tener una visión estratégica; es decir, de saber en qué lugar de la amplia oferta de la educación superior global ubicarnos, cuáles son nuestros puntos de singularidad, por así decirlo. La Universidad debe mantener dos valores fundamentales: ser autónoma y crítica (Navas, 2018). La función de carácter crítico en la sociedad se deriva de la autonomía, la que no es un fin en sí mismo, pero sí un elemento clave para que la Universidad tenga la capacidad de ser un referente crítico de la sociedad.
Hay un punto que es el involucramiento en el cambio de paradigma, con perspectiva de inclusión. Queremos conectar el tema señalado con grandes problemas. Un primer problema que tiene el mundo educativo es la financiación; y este no es solo un problema nuestro, sino global. ¿Por qué es más un problema hoy que hace treinta o cuarenta años? Porque a pesar de las NBIC, y quizás por ellas, hoy es más costoso educar a la gente que en el pasado. Estamos de acuerdo con que la acreditación de alta calidad debe ser para unas pocas instituciones. La excelencia en sí es de élites académicas y científicas. El nivel que permite entrar, lo que se llamaría ahora normalización y protocolización, es muy bajo; necesitamos más escalas de entrada al sistema de educación superior que hagan posible resolver los asuntos de calidad; pero lo que se contrapone a ello, en el mundo de la educación superior, es una tendencia negativa a la empresarización, a la institución con ánimo de lucro que tiene baja calidad y amplias coberturas. Ello expresa una crisis sobre el modelo educativo porque este es un modelo del industrialismo, no del postindustrialismo. Sloterdijk (2001) habla de la domesticación, critica desde el postmodernismo al modernismo, porque dice que básicamente el proyecto educativo de Occidente es un proyecto de domesticación que ha fracasado. Que pretendió alfabetizar y volver moralmente bueno al hombre. Y que ese es un proyecto donde no hemos logrado ganar. Siguiendo a este autor, la corrupción es eso: Entre más se eduque a la gente con reglas inadecuadas más podrán robar, no es al revés. No son los ignorantes los que roban sino los más capaces y los que tienen mejor información e inteligencia para poder apropiarse de los recursos.
El disciplinamiento es un esquema que Foucault (1976) caracterizó como propio del modo industrial. Empero, hoy estamos en un esquema epistemológico más de control y de seguridad que de disciplinamiento, aunque nuestra formación está centrada en los esquemas anteriores. Tenemos un desafío muy complejo y está en que la masificación, que es absolutamente necesaria, tiende a ser solo centrada en tecnologías que muy rápido se vuelven anacrónicas. Creemos que una de las pérdidas más grandes que tenemos hoy es si nos ponemos a enseñar tecnologías tratando de aspirar al estándar contemporáneo. Porque esa tecnología será muy pronto rebasada. Hay que tener una perspectiva de carácter formativo mucho más basada en fundamentos, análisis crítico, pensamiento matemático, lógico, comunicacional, en el debate y discusión, que pensamos que son valores que a despecho de las revoluciones de última generación no se van a desvirtuar.
El problema central de la educación superior es el de resolver la inclusión laboral en el sentido amplio de las nuevas generaciones. La gente no tiene hoy asegurado que, por ser contador, ingeniero civil o biólogo, con los currículos actuales, tenga empleo en los próximos veinte o treinta años. Tenemos que saber en qué medida en áreas como las ciencias contables o la arquitectura misma y en otras líneas, la inteligencia artificial y las máquinas que aprenden, al sustituir trabajo humano van a reposicionar, reubicar o no el trabajo humano. Hay gente pesimista, incluso bien informada, que considera que lo que habría que hacer es renta universal. Tobin lo planteó hace muchos años, sobre la base o el supuesto de que en treinta o cuarenta años los seres humanos seremos relevados por máquinas en buena parte del trabajo que hoy conocemos. Por ejemplo, qué será de un profesor de inglés o portugués en veinte años, cuando hay traductores que traducen a muchos idiomas desde los celulares. ¿Que será de los profesores de idiomas en veinte años si los robots en los salones podrán traducir simultáneamente, o si implantes dentro de las personas les darán información que hoy en día, desde una perspectiva que no es cíborg, se puede dar? Estos son temas de futuro, sobre los que debemos pensar para saber qué es una universidad pertinente. Somos optimistas al creer que las universidades, que son espacios privilegiados del conocimiento, tienen la capacidad para seguir situadas en un lugar central en la sociedad de conocimiento; pero si la universidad sigue anclada en el modo industrial, no tiene ningún futuro.
Las transformaciones cuánticas de la inteligencia artificial en las últimas décadas, y las múltiples transformaciones tecnológicas disruptivas, presentes en la mayor parte de los campos científicos, son hechos de los cuales no es consciente buena parte de la humanidad. Fenómenos actuales como la interacción maquínica, sin que medie lo humano, tal como sucede con el Internet de las cosas, están produciendo profundos cambios en la sociedad y, en general, en la conformación de las organizaciones y de las empresas. Por esto, se requieren laboratorios de políticas públicas en la perspectiva de fomentar la reflexión académica y la organización de líneas de investigación científico-social y humanista, para darle un escenario institucional a espacios de formación, tales como el doctorado en Gobierno y Administración Pública, que prepara la Universidad del Valle y que tiene, como uno de sus principales propósitos, establecer un programa académico que analice las disrupciones y piense la postmodernidad, el posthumanismo y el transhumanismo como ejemplos vertebrales, para analizarlos en sus impactos sobre las gobernanzas, las administraciones y las políticas públicas.
Referencias
Aoun, J. (2017). Robot-Proof: Higher Education in the age of artificial intelligence. EE UU: MIT
Foucault, M. (1976). Vigilar y castigar. Buenos Aires: Siglo XXI.
Navas, 2018). Tolerancia y respeto en las sociedades modernas. Veritas. Vol III, No 19 (2008) 229-252
Ortega, A. (2016). La imparable marcha de los robots. Madrid: Alianza Editorial.
Rifkin, J. (2014). La sociedad de coste marginal cero: el internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo. Barcelona: Paidós.
Simon, H. (1979). Rational Decision Making. Business Organizations. American Economic Review, 69, 493-513.
Simon, H. (1997). Administrative behavior: A study of decision making processes in administrative organizations. New York: The Free Press.
Sloterdijk, P. (2001): Normas para el parque humano. Madrid: Taurus.
CAPÍTULO 1
POSTHUMANISMO Y TRANSHUMANISMO: MODOS DE GESTIÓN Y PRODUCTIVIDAD DE LO VIVIENTE
Edgar Varela Barrios2
Introducción
La discusión sobre el humanismo, el posthumanismo y el llamado transhumanismo es medular hoy en la filosofía política y moral. También atraviesa discusiones aplicadas en otros campos de los saberes científicos. Esto sobre todo en casos como el de la biología, la biotecnología, las ciencias de la informática, la computación y la sociología. Es, pues, una discusión que configura un complejo diálogo transversal entre la filosofía, las humanidades, las ciencias naturales y las ciencias sociales. Incluso implica, en algunas de sus aristas, ecos de menor dimensión y visibilidad, en campos como el management y las políticas públicas. En este último ámbito, la superación de lo humano o las reflexiones de corte filosófico sobre el poder y la política, simplemente están excluidas. En contraste, de ello se ha ocupado la filosofía política, recuperando articulaciones entre la especulación filosófica, con topos propios de la teoría crítica, y en campos y temáticas cercanos a la sociología.
En efecto, este objetivo ha sido puesto en una perspectiva crítica, desde prismas sociológicos centrados en el estudio de las prácticas humanas, en las maneras como tales prácticas transforman la visión postmoderna. Ello, desde una matriz occidental, expandida en torno de lo “humano” y del “humanismo” (Singer, 2003), frente a tradiciones de las culturas occidentales de estirpe judeocristiana. No obstante, tales formaciones culturales entendieron por humanismo un racionalismo que, en el discurso occidental, supone la superioridad de lo espiritual sobre lo material. La hegemonía de la razón (nombre moderno del alma), diferenciándola de la psiquis, que tendría que ver con la función fisiológica, conductual y reflexiva propia de la mente, como mecanismo de estímulo-respuesta.
En contraste, desde perspectivas críticas a este humanismo, hoy se va más allá de la sujeción de lo espiritual a lo corpóreo. Es decir, en este caso, respecto del sistema biológico de pensar, actuar y de reflexionar. Esta, desde luego, no es la única oposición o antinomia, en las semánticas de los humanismos. Los diversos tipos de humanismo, en cierta manera, articulan e integran la matriz occidental del humanismo, de forma conflictiva en algunos casos. ¿Qué tienen estos momentos?... un componente antropocéntrico fuerte, pues continúan siendo en esencia griegos, entrañando la diferencia entre la animalidad humana versus la animalidad del resto de los animales no humanos (Waal, 2016). Todo ello sustentado en la idea fuerza del hombre dueño de lo natural y dominador de lo viviente (Lakatos, 1983). Las perspectivas modernistas de matriz griega reconocían la superioridad del bios humano (Valenzuela, 2015) sobre el resto del bios (Esposito, 2006; Schaeffer, 2009). Pero el posthumanismo hoy se inviste con una revisión radical de la relación entre el hombre y la naturaleza. Esto es justamente lo que empieza a ser cuestionado desde perspectivas postmodernas.
La matriz humanista contemporánea: el cientificismo biologicista de lo humano-natural
El humanismo como dogma racionalista supone al ser humano superior a la naturaleza. Y ello desde perspectivas provenientes de la tradición occidental de corte judeocristiano. Existe una dilatada historia del proyecto civilizatorio de la dominación sobre lo natural que debe además reconocerse como una larga historia exitosa. Subrayo esto, dado que vivimos ahora dentro de una sociedad tecnocientífica, informacional, bastante sofisticada respecto del pasado humano, vis a vis, la sociedad tradicional, la economía campesina, o la economía autárquica del sustento.
Teniendo en cuenta que las teorías de corte religioso son antropocéntricas, constituyen sistemas de deidades tributarios del hombre. Como ser humano este crea dioses que, aun cuando superiores formales de él, lo ubican en el centro del universo natural y social. A partir de eventos como la Creación, el hombre debe someter a la naturaleza y ser su amo. En el siglo XIX esto confluyó en la emergencia de la Psicología, la Antropología, la Sociología, la Etología, entre otras ciencias, con un referente epistemológico convergente: el uso del método de las ciencias naturales. La herencia fue la maquinización no orgánica, como interpretación de la organicidad biológica y biosocial. Herbert Spencer —inglés contemporáneo de Darwin— fue fundacional en la irrupción de este patrón organicista. Esto después tendría una enorme influencia en el management, sin que signifique una genealogía articulada de la episteme orgánica en la sociología —u organicismo social y organicismo administrativo— frente a la manera como las escuelas de gestión han postulado estos asuntos.
Bajo este tipo de reflexiones se segmenta y bifurca lo humano. Nunca se tiene en sí misma la visión de un hombre integral, donde lo biológico sería tan importante y fundamental como lo ideológico, lo espiritual y lo cultural. Nosotros somos parte de una cultura en donde lo biológico es residual. Nuestra razón facultativa, comunicacional, argumentativa y racional es la que nos define como humanos. Incluso para los que escriben desde el posthumanismo y los que son críticos del humanismo. Porque allí hay una situación ontológica discursiva; pues se está discutiendo con argumentos, discursos, textos, narrativas que no se salen de la mathesis occidental.
Así fue caracterizado el paradigma del utilitarismo filosófico; sustentado en una teoría liberal de la naturaleza humana dúplice, sociable/insociable. El ser humano sería una suerte de sujeto esquizofrénico que buscaría beneficiarse de los demás. Pero que, al mismo tiempo, no quiere ser solidario sino centrado en sí mismo, en su propio beneficio. La nueva lógica de la utilidad es relacional. Los seres humanos se relacionarían entre sí, y la organización social no sería producto de alguna imposición moral de carácter ideológico. En términos específicos, podríamos denominarla “ley divina” mediante un esquema de cálculo. El relacionamiento con otras personas se haría simplemente en virtud de que, desde su cálculo, el individuo consideraba ventajosas las relaciones sociales. El ser humano reconocía así la inevitabilidad de la interdependencia social, pero actuaría según una lógica de beneficio propio o de autointerés. Esto fue denominado “liberalismo” por los filósofos políticos de esa época y constituye la esencia del liberalismo, como corriente filosófica.
Para entender este principio es preciso referirse a Marx, cuando afirmaba que la mercancía es la unidad básica, la célula vital del capitalismo, de la cual ha de partirse, y cuya característica es la dicotomía entre valor de uso y valor de cambio. Si se mirase la mercancía y se la relacionara con la tesis del utilitarismo y de la utilidad, podría desdoblarse así mismo el valor de uso en una utilidad concreta. Y el valor de cambio en una utilidad abstracta. La definición misma del capitalismo es su capacidad indefinida e infinita de crear y producir más riqueza.
El nuevo lazo humano que se ha inventado está orientado por exigencias estrictamente terrenas individuales y materiales que las ciencias del hombre pueden formular y, de la misma forma, calcular. Él se organiza en principio por la construcción de leyes propias de la sociabilidad humana y no desde arriba por el efecto indiscutible de una ley divina. Desde el siglo XVII el interés devino para muchos del principio natural de la sociabilidad humana y esto bien entendido más allá de los juegos económicos de mercado. A partir del siglo XVIII, de manera masiva, numerosos autores comenzaron a imaginarse una sociedad mítica, en la cual todas las relaciones sociales obedecerían a lógicas de maximización de los beneficios privados en general, y de la ganancia monetaria en particular. Según esta concepción la sociedad nacería del reencuentro de individuos naturalmente separados o aislados, autónomos, competitivos y móviles, ante todo cuidadosos de aumentar sus ventajas y de disminuir sus pérdidas (Laval, 2002, p. 12).
Según este individualismo, y en relación con los problemas de la sociedad, existe la sociedad como resultado de un cálculo utilitario que de manera aislada hace cada individuo, sobre la necesidad de vincularse con los demás sujetos, no basado ni en la voluntariedad ni en la reciprocidad; porque desde el punto de vista de la voluntariedad, el paradigma fuerte del liberalismo es el del individuo independiente de los demás. O sea, entre más autónomo el sujeto, menos dependiente, y mejor en su autovaloración ontológica. De tal forma que, para las teorías liberales, el vínculo societal es una suerte de mal menor. Los fundamentos de la doctrina liberal no han sido suprimidos. Lo que ha ocurrido es que, desde el liberalismo social, se concibe que el orden de la sociedad solo es posible con un Estado que intervenga y corrija las inequidades del mundo económico, y las del mercado. Y que provea a los más desfavorecidos de medios para que puedan concurrir a su felicidad individual.
En el siglo XX tales presunciones políticas hallaron eco y fundamento en las teorías psicoanalíticas, en particular en las conocidas formulaciones de Freud sobre el carácter ambivalente de la naturaleza humana. Según Freud (1971) el hombre posee dentro de sí fuerzas de naturaleza contradictoria que explican los desequilibrios y desajustes emocionales. La tradicional dicotomía entre deseo y razón se plantea en la teoría psicoanalítica clásica como una revaloración en términos de la relación entre lo consciente y lo inconsciente. Estando contrapuesto a ello el instinto de vida. La naturaleza humana constituye el espacio vital para la lucha incesante entre Eros y Tánatos.
En una reflexión desde el presente, frente al constructivismo y las teorías cognitivas en un enlace con los sistemas de información y la inteligencia artificial contemporánea, las máquinas autónomas tienen relaciones lógicas, realizan, según Jorda (1999), la idea de cerebro igual al computador. En la época de Descartes, el cerebro era igual a una máquina que razonaba. En tanto que ahora la idea fuerza posthumana expresa que el cerebro constituye una máquina digital. O que el computador y los sistemas inteligentes sean analógicos y digitales, en relación con los sistemas de pensamiento y racionalidad. Jorda (1999) —discutiendo con Foucault— señalaba que la idea de la existencia de un sistema artificial aparece como una ruptura. Aunque en realidad no hay tal, sino la realización del programa de normalización, nombre contemporáneo de la programática de racionalidad cartesiana detrás de la idea de hombre máquina.
Jorda, citando a Canguilhem, hace referencia a dos etapas posteriores, ubicando una en la mitad del siglo XIX y la otra en la mitad del siglo XX3: el hombre órgano4 y el hombre sistema. Ambos emergen en la mitad del siglo XIX; el programa cibernético, con la lógica sistema/entorno organizacional, las teorías de la contingencia social y organizacional. La hipótesis principal, en las escuelas cognitivas europeas, asegura que no se trata de una ruptura sino que este nuevo tipo de antropología política sistematiza, integra y profundiza un programa racionalista, que no se basaría más en la dicotomía entre pensamiento y corporeidad5.
En otras palabras, el programa racionalista integral supone que la racionalidad gobierna tanto la mente como el cuerpo. Según Lakatos (1983), el programa científico de la mente es la traducción en la mente del programa científico de la naturaleza. Copérnico lo planteaba, como tantos otros científicos fundadores de las ciencias naturales, las ciencias físicas y experimentales. De cierta manera, habría un programa unificado científico. La cientificidad de la racionalidad no estaría solo en la mente humana, sino también en la corporeidad del mundo físico. El que incluye el mundo humano como sujeto físico. Allí, se presentan la biopolítica y el biopoder de los que hablaría Foucault. E, incluso, la capacidad de explicar, lo que se realiza por parte de las ciencias cognitivas, en la medida en que se podría construir un mapeo de la neurofisiología como algo homologable a los sistemas naturales de tipo informacional de comunicación, tales como existen en la naturaleza.
De cierta manera, la tesis detrás de este tipo de argumentos es que no hay dicotomía entre lo espacial-corporal y lo relacional-intelectivo. Al contrario, estos son dos componentes de un mismo programa que se puede unificar. Y que el desarrollo de los sistemas inteligentes de información estaría llevando a su extremo. En el fondo se trata de una teoría hiperracionalista, que además intenta realizar la programática de las escuelas conductistas6 de los años cuarenta y cincuenta, que fundaron las políticas públicas.
¿Qué significa el posthumanismo?
