Prismas del poder - EDGAR VARELA BARRIOS - E-Book

Prismas del poder E-Book

Edgar Varela Barrios

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Beschreibung

Este libro se convertirá en un referente de consulta para todos aquellos que deseen acercarse a una visión amplia de lo que se entiende por poder y sus implicaciones, desde una perspectiva filosófica crítica. En él se aborda la relación entre el poder y la política. Se integran diversos textos y artículos académicos, sobre la naturaleza del poder y las complejas relaciones entre el poder y la política. Entre el poder y las políticas públicas; y entre el poder y las ciencias de la gestión o management. Algunos de los prismas del poder tratados en el libro, tienen que ver con las complejas relaciones desde la perspectiva naturalista entre poder y violencia; Las teorías contractuales en autores como Spinoza y Hume, revisando versiones del convencionalismo, la subordinación, entre otras; y el poder como comunicación o el prisma del lenguaje y de la discursividad. Son textos de carácter retrospectivo donde el autor hace un balance desde una perspectiva particular, centrada en las Ciencias de la Administración y en las Ciencias de las Políticas Públicas. Y finalmente, un análisis de carácter prospectivo, pues toma en cuenta las tendencias y las transformaciones que están sufriendo las sociedades postmodernas globales, impactadas fuertemente por el transhumanismo y el posthumanismo.

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Seitenzahl: 558

Veröffentlichungsjahr: 2019

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Varela Barrios, Edgar, 1955-

Prisma del poder / Edgar Varela Barrios. — Cali: Programa Editorial Universidad del Valle, 2019.

292 páginas ; 24 cm. — (Serie Gobierno, Administración y Políticas Públicas)

Incluye bibliografía.

1. Poder (Ciencias sociales) 2. Ciencia política 3. Comunicación - Aspectos sociales 4. Medios de comunicación de masas y violencia I. Tít. II. Serie.

303.3 cd 22 ed.

A1646964

CEP-Banco de la República-Biblioteca Luis Ángel Arango

Universidad del Valle

Programa Editorial

Título: Prismas del poder

Autor: Edgar Varela Barrios

ISBN: 978-958-765-995-5

ISBN-PDF: 978-958-765-996-2

ISBN-EPUB: 978-958-507-031-8 (2023)

DOI: 10.25100/peu.326

Colección: Serie Gobierno, Administración y Políticas públicas

Este libro es una coedición de la Universidad del Valle,

Universidad Simón Bolívar y LAGPA/IIAS

Primera edición

© Universidad del Valle

© Edgar Varela Barrios

Director del Programa Editorial: Ómar J. Díaz Saldaña

Imagen de portada: Diego Pombo

Edición imagen de portada: Luis Mesa

Diseño de portada: Hugo H. Ordóñez Nievas

Diagramación: Jorge Alejandro Soto Perez

Corrección de estilo: Juan Carlos García

Asistente de edición: Eleonora Alzate Tijerino

_______

Este libro, o parte de él, no puede ser reproducido por ningún medio sin autorización escrita de la Universidad del Valle.

El contenido de esta obra corresponde al derecho de expresión del autor y no compromete el pensamiento institucional de la Universidad del Valle, ni genera responsabilidad frente a terceros. El autor es el responsable del respeto a los derechos de autor y del material contenido en la publicación, razón por la cual la Universidad no puede asumir ninguna responsabilidad en caso de omisiones o errores.

Cali, Colombia, septiembre de 2019

Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions

Intihuatana (Prisma inca. Reloj solar). Machu Picchu

Fotografía tomada por el autor.

DEDICATORIA

Dedico este libro a mi esposa, Bianney Ariasy a nuestro pequeño hijo, Santiago

CONTENIDO

PRÓLOGO

Capítulo 1

LOS PRISMAS DEL PODER, UNA REFLEXIÓN TRANSDISCIPLINAR

Introducción

La relación de los prismas del poder con la perspectiva managerial

El poder postmoderno

Poder, saber, lenguaje: semánticas del poder. Ideologías y estéticas del poder

Capítulo 2

EL NATURALISMO, COMO RUPTURA ENTRE EL PODER Y LA POLÍTICA

El poder desde la perspectiva del naturalismo

La matriz fundacional del poder como fuerza natural

Nietzsche y el poder natural como voluntad de dominio

Conclusiones

Capítulo 3

EL CONTRACTUALISMO Y EL CONVENCIONALISMO, COMO VÍAS DE ARREGLOS POLÍTICOS E INSTITUCIONALES

Introducción

Las teorías del contrato social

El individualismo posesivo

El neocontractualismo revivido

La teoría rawlsiana y sus ejes centrales sobre la naturaleza del poder

El dialogismo

Los nuevos arreglos institucionales se basan en la convergencia entre lo privado y lo público

Conclusiones

Capítulo 4

EL PODER COMO COMUNICACIÓN

Las principales matrices teóricas que relacionan al poder con la comunicación

El poder como comunicación, una tesis managerial, seminal

¿Por qué el poder no es equivalente a comunicación?

Capítulo 5

LA CIVILIDAD, COMO DOMINIO SOBRE EL HOMBRE NATURAL

Introducción

Entonces, ¿qué es civilidad?

Civilidad, ciudad, ciudadanía

La emergencia y caída del hombre natural

Capítulo 6

PODER, ORDEN Y VIOLENCIA

¿Qué está en discusión?

Las teorías de la frustración/agresión y sus variantes

La justificación justicialista de la violencia

Capítulo 7

LA ESTETIZACIÓN DEL PODER: EL PODER COMO ARTE Y LA PEDAGOGÍA DE LA VIOLENCIA

Introducción

La estética como poder

El arte, mercantil, de masas y de elites

El naturalismo en el arte

La violencia y el terror como estéticas de la dominación

La distinción y la diferenciación como estéticas del poder, en los consumos y en las prácticas

Conclusiones

Capítulo 8

EL REVIVAL DEL VITALISMO

Introducción

Vitalismo y management

Vitalismo y pragmatismo

El vitalismo y la voluntad de dominio

Capítulo 9

ESTATALIDAD, PODER Y POLÍTICA: EL LUGAR DEL ESTADOEN LAS DINÁMICAS DEL PODER SOCIAL

La perspectiva hegeliana: la estatalidad como sustancialización del poder social

Políticas públicas y estatalidad

Las críticas contra la estatalidad o del estadocentrismo

La nueva gobernanza: global, asimétrica y reticular

Capítulo 10

LOS PRISMAS HÍBRIDOS DEL BIOPODER Y LA BIOPOLÍTICA EN LA POSTMODERNIDAD: UNA PERSPECTIVA CONVERGENTE E INTEGRADORA

¿Qué significa que los prismas sean convergentes?, ¿lo son?

Biopoder siempre ha habido y habrá en tanto existan seres humanos

La antítesis de la civilidad no es necesariamente la barbarie

La lógica de la eficiencia y el logro del éxito managerial

REFERENCIAS

NOTAS AL PIE

PRÓLOGO

Este libro, Prismas del poder, incorpora una serie de textos que he escrito a lo largo de mi vida académica, desde mi formación inicial como filósofo e historiador, esta vez articulados con la concreción que de estos temas he logrado, trabajando en una Facultad de Ciencias de la Administración y liderando procesos en el campo de la administración pública y de las políticas públicas. Se trata de textos que buscan un enfoque multidisciplinar, y en los que, a manera de soporte, permanece la reflexión desde la filosofía política. Lo trans, lo inter o lo multidisciplinar es, por supuesto, un asunto objeto de una polémica incesante y perpetua a la que no me quiero dedicar. Sin embargo, la transdisciplinariedad es quizás el enfoque que mejor describe el ejercicio académico e investigativo vertido en estas páginas. En este sentido, debo precisar que temas y argumentos de la presente obra han sido presentados y discutidos extensamente en varios seminarios y cursos. En especial, en aquellos que he tenido a mi cargo en el Doctorado en Administración de Univalle sobre “Epistemología del management”, “Poder organizacional, perspectivas multidisciplinarias” y “Sociología de la empresa” (2012-2015). Y en la Maestría en Políticas Públicas, donde he dictado seminarios sobre políticas públicas, desarrollo territorial y regional, y he tenido oportunidad de dirigir numerosas tesis. Una parte de estos textos fue publicada hace más de 20 años como parte de un libro que titulé Crisis de la civilidad en Colombia (Varela, 1995) que, aunque editado por el Programa Editorial de Univalle, en esa época tuvo una muy limitada circulación de no más de 300 ejemplares. Por lo tanto, podría decirse que estas versiones previas han permanecido inéditas. Cabe recordar que en los noventa no existía mayor difusión de la Internet, ni de los PDF, ni la posibilidad de que los textos circulasen ampliamente a través de las redes sociales.

Así que, luego, en otro contexto, al analizar los problemas del poder managerial y del poder en las políticas públicas, recuperé una parte de estos análisis, introduciéndoles muchísimos ajustes, modificaciones y actualizaciones. Y eliminé aquellos documentos que hacían una referencia a la situación histórico-política de Colombia y América Latina en la década de los noventa. Ello porque situé la discusión en un plano más general de abstracción. Adicionalmente, redacté una gran cantidad de textos y capítulos inéditos que no hacían parte del proyecto original y que, ahora, constituyen el grueso de la presente obra.

Se trata, en pocas palabras, de un estudio que he concebido desde la filosofía crítica. Y para ello, he construido estos textos sobre un eje transversal: la relación entre el poder y la política. Se integran aquí, pues, diversos textos y artículos académicos, sobre la naturaleza del poder y las complejas relaciones entre el poder y la política. También, en varios de estos capítulos se abordan las relaciones entre el poder y las políticas públicas; y entre el poder y las ciencias de la gestión o management. De otro lado, el título de este libro se apoya en la referencia, más o menos libre, a una metáfora geométrica. Para referirnos a unas prismáticas del poder, ¿cuál sería la caracterización de tales prismas? …El asunto central, en el arranque, es la propia noción de prisma. Existen dos acepciones connotadas sobre el término “prisma’: una, esencialmente geométrica, angular, con referencia a la geometría euclidiana bidimensional, de acuerdo con la cual el término en cuestión alude a una estructura geométrica de base poligonal, con unos lados horizontales paralelos entre sí. La otra significación remite a la óptica, disciplina que estudia los fenómenos relacionados con la visión, dentro de los cuales, el prisma constituye un artilugio translúcido que mediante cierta angulación permite reflejar, refractar y descomponer la luz blanca en los siete colores del arco iris. Es esta acepción la que nos permite adoptar analógicamente su esencia para explicitar diversos ángulos o “colores’ del poder (Darío Calvo, comunicación personal, 14 de julio de 2018). Desde luego que los asuntos del poder no son reductibles a un esquema geométrico simple. Tienen una mayor complejidad frente a la simple alternativa prismática. Ello visto como un proceso de transmutación y transfiguración del poder, a partir de una estructura que modifica lo que viene de afuera. Desde esta perspectiva macro, en varios de los capítulos de este libro se aterriza en los asuntos del poder en la actualidad, referidos a la agenda de discusión y crítica, tanto en los campos aplicados comparativos como en el ámbito teórico, propiamente tal.

La preocupación central que condujo esta investigación busca entender, al menos parcialmente, a través de la comprensión y el enfoque de diversos prismas, la naturaleza elusiva del poder. He encontrado que el poder como objeto de reflexión es altamente elusivo. Es decir, Aunque se parte de él, luego subrepticiamente se lo descarta. De este modo, los prismas pueden ser vistos también como un esquema analítico que describe o pone en escena ciertas narrativas del poder, incluso desde el discurso y la representación del poder. Como lo veremos a lo largo de este libro, estos prismas se articulan ortogonalmente, en niveles o estratos complementarios y en un haz convergente. No es este un asunto de relativismo o convencionalismo simple, sino de la puesta en escena de la relación prismática entre lo natural y lo social, mediado por la comunicación y por el lenguaje con sus semánticas del poder. Así que, cuando se usa la metáfora de prismas, se está más en la idea leibniziana de describir interacciones antes que mencionar una relación simplemente geométrica estricta, del adentro y el afuera organizacional. Como ya la primera literatura de las ciencias de la administración y de la teoría organizacional lo había descrito. Esta es la explicación de los prismas, que deben ser tomados en plural, porque no se describe un solo modelo o matriz, sino varios. Como una especie de sustrato no descrito explícitamente. Este último se relaciona más con la expansión managerial del poder con el fin de usar la concepción geométrica del prisma, así como Renée Bédard (2003) usó el rombo. En este sentido se habla de los prismas como imágenes del mundo, según Luis Villoro (2013).

Se trata de ver varios prismas del poder, a saber:

a. El primero de ellos, el del poder como fuerza natural, en una visión claramente afirmada en la positividad del poder. Así, este eje central se concreta en la tesis sobre las diferencias fundamentales, ontológicas, entre poder y política1. Esto sobre la base natural humana, pre política, del poder social. La idea fuerza, central, ha sido la discusión en términos positivos del concepto de guerra y violencia como “continuación de la política por otros medios”, pero especificando las complejas relaciones desde la perspectiva naturalista entre poder y violencia. Si nos preguntamos por la cantidad de fuerza que se puede medir en términos del poder de dicha fuerza, ¿cuándo y cómo se iguala a la de la violencia? Igualmente, con el asunto de la dominación, ¿hasta dónde esa dominación (que incluso puede ser potencial) necesariamente implica violencia? Normalmente cuando se piensa en violencia se alude a la violencia física. En general, los teóricos del poder (Benjamín, 2010; Sorel, 1999; Campillo, 2008) no discriminan, ni desarrollan, ni amplifican el componente de la violencia y las formas de violencia. Cuando se habla de violencia y dominación, normalmente, se piensa en la fuerza agresiva directa, de corte físico o fisiológico. Pero podría verse a la violencia siempre presente, aunque en unos términos diversos. De allí que, las teorías hegemónicas del primer modelo prismático sean usualmente derivadas del marxismo, del fascismo y del llamado realismo político.

b. En segundo término, y en cierta medida articulado al anterior —aunque sea visto como su contrario—, figura el poder como fruto del contrato social. Allí, desde un plano teórico y filosófico, el gobierno surgiría porque mediante el esquema del contrato social, los ciudadanos aceptan depositarle el poder; aunque hay versiones muy diferentes que se enseñan en los cursos de ciencia política o de teoría política. En realidad, la deducción lógica del naturalismo de los filósofos liberales era el contractualismo. En esta medida, las teorías contractuales y las teorías de la naturaleza no son teorías opuestas o antitéticas, puesto que el contractualismo es una emanación de la teoría natural. En autores como Spinoza y Hume, mucho más que en Hobbes, dicha filosofía política liberal reconoce que el hombre nunca pierde el estado de naturaleza. El estado de naturaleza resulta investido, forrado, configurado o moldeado por reglas de carácter político, de acuerdo con una base civilizatoria, un sistema y un ordenamiento macro. Esta perspectiva prismática se asume en ocasiones en esquemas menos rigurosos que los estrictamente contractualistas; por ejemplo, desde el convencionalismo. Esto se expresa en la idea según la cual se obedece a otro no porque haya obligación o porque se le tema; o porque sea del orden de la naturaleza, sino porque a las personas les parece razonable obedecer. Esta vertiente en filosofía, en teoría política, y en las ciencias sociales, se sustenta en la idea de que existe una razonabilidad de la obediencia. Pues los seres humanos, como sujetos racionales, por propia convicción y argumentación deliberativa, y finalmente por algún pacto o contrato social, terminan aceptando el mando.

A lo largo de la historia de la filosofía política, en la ciencia política y en la sociología política, la noción de poder político se ha basado en reconocer la centralidad de la obediencia, en términos que los politólogos usualmente han denominado como obligación. ¿Por qué los súbditos o ciudadanos acatan el poder del príncipe o del gobierno? …Por supuesto que existen muchísimas variantes teóricas que explican la sujeción de los ciudadanos o de los súbditos al poder del príncipe o del gobierno. Una de ellas es la teoría coercitiva, que afirma la legitimidad del gobierno en la capacidad que este tiene de ejercer dominación2. Bien sea de forma violenta, de forma directa, o a través de la amenaza del uso de la violencia.

La subordinación es un principio moderno; no considerado como algo natural sino como algo social; y en cuanto a las teorías de la razonabilidad de la obediencia, en su forma más sencilla, se basa en el hecho de que alguien obedece porque considera razonable al que manda; pues se tienen buenas razones para gobernar, se nos protege, y si se lo hace, lo hace bien; se acepta tal dominación por razones de pragmatismo en términos del interés propio. La moderna teoría del poder contractualista —la que está en Hobbes y los filósofos de su época: Leibniz, Spinoza y luego en Hume— es mecánica. El mecanicismo es el paradigma de esa época. Hay un libro, reciente sobre Spinoza, cuya tesis propugna que hay una física en Spinoza; su punto está en que Spinoza es un filósofo de la física natural del deus sive natura. En Hobbes se encuentra también esta tradición fundante de la teoría del poder. En la filosofía política que tiene un carácter mecánico o mecanicista, y cuyo eje es la relación acción-reacción. El poder es una fuerza que actúa con un curso de acción, con una dirección, con un sentido tras unos propósitos, que en el caso hobbesiano tienen que ver con la volición, el deseo, el impetus, el conatus, sin que necesariamente ello implique una racionalidad argumentativa, discursiva o una intencionalidad subjetiva, porque más allá de cualquiera de estos elementos hay una acción en curso, no simplemente un deseo. Es decir, poder no es desear algo, poder es moverse hacia el logro de ese algo.

Este es un tema importante porque allí entra la mecánica de las fuerzas asíntotas; es decir, donde, al haber un desequilibrio entre acción y reacción, el poder se ejerce. Porque el poder del equilibrio es el poder de la inacción. Si se intenta lograr algo, pero no se puede porque la resistencia es tal que anula el poder, pues no se ha ejercido, se ha fracasado en el ejercicio del poder. Entonces, la mecánica del poder y esta física liberal contractualista se basan en asimetría y en dominación, es lo que Pareto llamaba óptimo; alguien gana, alguien pierde.

c. Otro paradigma o prisma, con muchas expresiones y vertientes postmodernas, se basa en entender al poder como comunicación. El sentido y la semántica del poder son allí decisivos, en referencia a los asuntos de la subjetividad y del enunciado que codifica la gramática del poder. La semántica es una arena de poder. Se podría, de este modo, hablar del prisma del lenguaje y de la discursividad. Allí vemos el poder de las palabras, el poder de la significación y el uso social de las mismas que, a veces, sin que cambie desde el punto de vista morfológico o sintáctico, sí cambia fuertemente desde los sentidos. Byung-Chul Han (2016) en sus libros sobre el poder, habla del sentido del poder, lo que se podría retraducir expresándolo más en términos de una semántica del poder o de una semántica de la dominación. Este es un tema muy interesante para profundizar en él. En Bourdieu, un elemento que tiene que ver con las relaciones de poder es el componente de la escuela, del conocimiento. En suma, el influjo de lo cultural, como espacio, para que la gente alcance menores niveles de subordinación. Es decir, entre más se educa y más conocimiento se tiene, más se tendrían posibilidades de no ser sometido; de ponerse a la par tanto frente a otras clases sociales y personas como frente a las propias instituciones.

d. En últimas, el poder convergente no es el tema del que están hablando estos filósofos liberales contractualistas. Este fue un tema posterior. Pasando de la época de los principios de la modernidad a hoy, los científicos políticos, los sociólogos y los antropólogos que estudian el poder lo siguen evaluando en relación con la dinámica y quantums de fuerzas, que en esta resistencia-acción caracterizan siempre el poder, visto desde esa perspectiva. ¿Qué implica decir que el poder sea una fuerza natural? Su implicatura está en que es algo constitutivo de lo viviente; como pulsión y acción humana natural en cuanto a seres vivos. Esto no niega lo social, ni nos retrotrae al mito del contrato.

La sociabilidad es innata y biológica desde siempre. Este punto argumentativo conduce a la reinvención de lo natural (Haraway, 1994) y a la amplificación del poder natural (McLuhan, M. Powers, B. 1995) Este es y ha sido, desde los orígenes humanos, el rol de la tekné. Pues las técnicas se apoyan en lo natural amplificado. Es un marco natural de creación y recreación de las potencialidades y capacidades humanas para ejercer dominación. Esto se sustenta en la idea según la cual todo ser humano manda u obedece; y, en consecuencia, las jerarquías de mando y obediencia están en el orden de la naturaleza. Estas son teorías que, en términos modernos, se apoyan en el sociobiologismo de los siglos XIX y XX, mediante el cual se ha señalado que las ciencias biológicas, las ciencias de la conducta, la etología, han confirmado que en la naturaleza reside el principio de obediencia. El prisma naturalista ha tenido una mirada sobre el poder que a su vez se desagrega en la sociobiología, desde distintas versiones de una misma idea fuerza: el poder es algo naturalmente dado.

De cierta manera, este es un libro de síntesis, de una reflexión en torno al poder que comencé hace unas cuatro décadas. Es, de cierta manera, también, un texto con un carácter retrospectivo. Un balance hecho desde una perspectiva particular, centrada en las ciencias de la administración y en las ciencias de las políticas públicas. Además, es un texto que pretende un carácter prospectivo, pues toma en cuenta las tendencias y las transformaciones que están sufriendo las sociedades postmodernas globales, impactadas fuertemente por el transhumanismo y el posthumanismo. En realidad, trata de los asuntos del poder humano, en especial de las relaciones de este poder con las ciencias técnicas, la robótica, las ciencias de la información y la inteligencia artificial, así como con las portentosas transformaciones de lo viviente, que ya no son meramente un dato natural. La biotecnología, la bioingeniería, la propia inteligencia artificial y la ciencia de los datos, en forma convergente en la cuarta revolución industrial en curso, están transformando lo viviente hasta límites inimaginables. Esto nos postula complejos asuntos de carácter ético, de hasta dónde el hombre puede llegar, transformando y manipulando la naturaleza en términos de sujetos vivientes. Estos desafíos revisan y modifican los paradigmas modernistas de la política y de la filosofía política. Espero que este tipo de reflexiones se vean presentes a lo largo de los distintos capítulos y contribuyan a enriquecer una discusión novedosa, y de cierta manera inédita, desde la citada perspectiva transdisciplinar.

De otro lado, he liderado las más recientes reuniones y seminarios académicos del Latin American Group for Public Administration (LAGPA), en Río de Janeiro (2014), Cartagena de indias (2015), Santiago de Cali (2016) y Lima (2017, 2018), del cual soy su Presidente. Allí, desde miradas expertas, se discuten temas relacionados con la administración pública en el continente y se invita a expertos de otras latitudes con el propósito de generar discusiones de frontera. El Instituto Internacional de Ciencias de la Administración (IIAS), especializado en administración pública, y con importante reconocimiento a nivel mundial, ha sido otro escenario de intercambio de conocimiento investigativo. Me ha sido muy útil asistir y presentar ponencias en sus reuniones académicas en Marruecos (2014), Río de Janeiro (2014, 2015), Cartagena de Indias (2015), Chengdu, China (2016), Bruselas (2018) y Lima (2018). En este mismo sentido, han sido de especial relevancia los seminarios y eventos académicos de la Asociación Internacional de Escuelas e Institutos de Administración (IASIA).

Algunas de las reflexiones para aterrizar y comprender el campo de estudio de la administración pública se han suscitado a partir de mi participación en los congresos realizados por el Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (CLAD), donde he tenido la oportunidad de retroalimentarme con colegas encargados de problematizar y develar las necesidades de reforma de la administración pública en América Latina. De igual manera, en el orden nacional, redes como la Asociación Colombiana de Facultades de Administración (Ascolfa) y las que existen en torno al Instituto de Prospectiva, Innovación y Gestión del Conocimiento, han sido escenarios fértiles. Agradezco, como ha venido ocurriendo en los últimos años, la colaboración de mi equipo de trabajo en el marco del grupo de investigación Gestión y Políticas Públicas (GESPUV), de la Universidad del Valle, que fundé hace más de 20 años, y que actualmente lidera el profesor Raúl Andrés Tabarquino. Me ha sido muy útil el apoyo del profesor Darío Calvo Sarmiento, al igual que el de Ernesto Piedrahita y el de Elkin Pineda. También agradezco a mis demás asistentes, a mi secretaria Mercedes Osorio, a Juan Felipe Velandia, que me ha ayudado en la transcripción y edición de los textos, y a los profesores Adriana Valencia, Byron Otálvaro, Diana Milec Cifuentes, Alexander Daza y Wilson Delgado Les doy a todos mis más sinceros agradecimientos ya que hoy no se puede escribir, como antes, en solitario. Pues se requieren equipos de trabajo, ya que la información, documentación y las propias perspectivas de análisis, son vastas e inabarcables. Finalmente, debo agradecer, como siempre, el apoyo de mi familia, y en especial el de mi esposa, Bianney Arias.

Cali, septiembre de 2019.

CAPÍTULO 1

LOS PRISMAS DEL PODER, UNA REFLEXIÓN TRANSDISCIPLINAR

Introducción

La transdisciplinariedad y la contextualidad histórica del poder tienen que ver con el recorrido y el cambio continuo que a través de la historia ha sufrido el concepto de poder. Este concepto hoy tiene una fuerza social expresiva de la que careció por muchísimo tiempo. En contraste, predominaron, para la comprensión del mismo, los conceptos de política, Estado, ciudadanía, pueblo y democracia, entre otros. Se debe tener cuidado al abordar conceptos solo teniendo en cuenta sus interpretaciones actuales, sin revisar el marco socio-histórico en el cual aparecen o se desarrollan. En el caso del poder el componente histórico reviste gran importancia, pues se trata de un concepto que ha sufrido grandes variaciones a lo largo de los siglos.

Giuseppe Duso, en su libro El poder, para una historia de la filosofía política moderna, afirma:

[…] el poder es un concepto moderno que, tal como se presenta más o menos conscientemente en nuestro pensamiento no solo no es atribuible a la manera de entender la política y la relación entre los hombres propias de la tradición de la filosofía práctica, sino que en el momento de su nacimiento solo puede formularse negándole dignidad y legitimidad a dicha tradición. (Duso, 2005, p. 261)

Señala también Duso (y hay aquí una importante diferenciación histórica) que, para Aristóteles, la política —en un contexto donde la polis existe por naturaleza y el hombre es un animal político— se refiere más a la naturaleza del hombre y al problema del vivir bien, que a la política en el sentido específico con que entendemos actualmente la política moderna, la cual se basa en un concepto del poder, que sustenta la separación entre lo público y lo privado. En realidad, el concepto de poder hoy es muy distinto al de antes del siglo XIX. Este era menos significativo que el de política, el de Estado, el de soberanía o ciudadanía. Nietzsche (2018) hizo allí una ruptura clave. Que solo en la segunda mitad del siglo pasado empezó a ser retomada por algunas corrientes filosóficas. En tanto que el concepto científico del poder derivaría de la acepción que acuñó Weber (2014) y que se expandió en la ciencia política e incluso en el management.

Al mirar el poder desde los niveles meso y micro, emergen las retículas de relaciones interindividuales o intergrupales, que nos remiten a Wilhelm Leibniz (1721/1981), quien, habiendo configurado una teoría sobre las mónadas, había controvertido a Descartes (1637/2001) y configurado una singular noción de espacialidad. Ello, sobre todo, en su ontología, transgresora del paradigma racional que configuró Descartes. En épocas más recientes, Leibniz fue recuperado por pensadores como Maurizio Lazzarato (2002) —para citar solo alguien que tiene que ver con la discusión postfoucaultiana, y que ha hecho una reflexión buscando conectar el pensamiento leibniziano monádico con esta discusión sobre las redes políticas y organizacionales—.

Aquí, el punto focal consiste en situar al poder como fuerza natural, en una clave derivada genealógicamente del vitalismo; tal como desde Nietzsche (2018) se lo ha configurado. Nietzsche, en efecto, ha sido uno de los más influyentes pensadores del siglo XIX y de la contemporaneidad. Sus aportes sobre el vitalismo buscaban una defensa de la supervivencia, la lucha, la fuerza, lo instintivo, lo corpóreo, etc., que devienen de la vida misma, incorporando por vez primera en la filosofía una dimensión biológica. Su crítica genealógica dirigida a diversos aspectos sociales de Occidente influyó fuertemente a pensadores como Foucault, Derrida y Deleuze, entre muchos otros.

Sobre este tema véase a Roberto Espósito (2002; 2008), que discute sobre Nietzsche y las transposiciones que la filosofía del siglo XX y la sociología han hecho del vitalismo. Espósito critica fuertemente la concepción hobbesiana y adhiere a la nietzscheana, la que plantea el dominio o la dominación como la característica esencial del vitalismo. Los seres vivos son así seres que dominan. Esto es darwinismo, traducido sofisticadamente en Nietzsche y recuperado por Espósito y por buena parte de la filosofía vitalista de los siglos XX y XXI. No simplemente se trata de que los seres vivientes se reproduzcan a sí mismos, como una acción mecánica autorreferida, lo que indicaría la noción de autopoiesis o de sistema-entorno, sino de la lucha por sobrevivir, por la competencia. Y detrás, como telón de fondo, emerge la dominación como valor esencial de lo viviente.

En realidad, si se revisa la historia del pensamiento occidental, la filosofía, desde los griegos, ha discutido como objeto la política, la polis, la ciudad, el gobierno, pero no tanto el poder. Si se releen los clásicos griegos como Aristóteles (1988) y Platón (2007), algunos de los presocráticos, los filósofos de la siguiente etapa, los filósofos helenísticos, estoicos y epicúreos (Séneca en Roma) o después la tradición medieval cristiana, estos siguen abordando en lo fundamental una cuestión centrada sobre lo político.

La política no equivale al poder. La política incorpora per se ciertos arreglos institucionales, convencionales, normativos y deliberativos que restringen el poder. Por eso, la civilidad como polis es la base de la política. Porque el poder se tramita en las sociedades humanas a través de configuraciones de civilidad, de la configuración de reglas basadas en las costumbres. O en la imposición de unos sobre otros. Dado que en las culturas humanas no existen reglas unívocas. Las ciencias humanas, la filosofía, las teorías críticas existen desde hace milenios y seguirán existiendo, más allá de su aplicabilidad práctica, porque son áreas del saber humano que resuelven un problema profundo a las personas, y es el del comprender. También se pueden hacer preguntas de método o proceso: ¿cómo ocurren las cosas? Estas no son preguntas del por qué o del ser. Son grados diferentes de la comprensión. Desde luego, en un primer ámbito, existe el conocimiento práctico como fundamento en la comprensión, pero desde tipologías y finalidades utilitarias. Se comprende, entonces, para intervenir, transformar, modificar, amplificar, desde nuestro conocimiento, los resultados de la acción humana.

El filósofo coreano Byung-Chul Han (2016) dice: “En relación con el concepto de poder sigue reinando el caos teórico” (p. 6). Leyendo sobre el asunto, recordé el libro Three Faces of Power, de Kenneth Boulding (1993). Volviendo a leerlo encuentro una afirmación parecida a la de Byung-Chul Han. Boulding manifestaba que, si un tema al cual se enfrenta un investigador o teórico es absolutamente una arena movediza, un terreno incierto, un campo de la exploración en el que reina la vaguedad conceptual, ese es el de la discusión sobre el poder.

Creo que ni Boulding ni Han tienen razón. En verdad, ellos tienen una pretensión difícil de concretar, pues quieren, en las ciencias sociales, construir una semántica unívoca de los conceptos. En verdad, no solo en relación con el poder, sino con cualquier concepto como Estado, ciudadanía, sociedad civil o democracia, no existe en las ciencias sociales y humanas univocidad. Esta es una semántica identificatoria propia de las ciencias naturales. Aun cuando en las ciencias naturales esto ha cambiado muchísimo, pues tampoco allí es posible encontrar una síntesis conceptual uniforme3. De forma alternativa, se puede ordenar el problema del caos teniendo claro que existen visiones antípodas en relación con el poder. La primera de ellas es lo que he denominado naturalismo postmoderno. Quiero referirme aquí solo al naturalismo postmoderno, porque el naturalismo arranca en Aristóteles (1988; 2007). He acotado esta discusión, contemporáneamente hablando, no yéndome al siglo XIX o al XVIII. Hoy se interpretaría –en esa línea a Boulding más que a Han– como una toma de partido en relación con la idea del poder como una fuerza de la naturaleza.

Me estoy refiriendo a una situación específica como la que cita Weber (2014), que es la base seminal de muchos libros de ciencia política, cuando dice que el poder es la capacidad de un sujeto A de influenciar a B, en el sentido de hacer que B, contra su voluntad, haga lo que A quiere. Esto, como lo explica Han (2016), es solo una de las posibles variaciones de las relaciones de poder, porque existe al menos otro poder, que no es negativo en el sentido de contradictorio: el poder convergente. Por ejemplo, si quisiéramos hacer cosas semejantes, podemos sentarnos a acordar que nuestra fuerza vaya en la misma dirección. Este es el poder de la cooperación, el poder de coordinar las fuerzas naturales y las voluntades para sumarse en torno de causas comunes, lo que en el fondo es el fundamento del contrato social. Un poder basado en la convergencia de intereses. En lo que la teoría de Rawls (1971) denominó Overlapping Consensus (el consenso traslapado), en donde alguien quiere hacer una cosa u otra, alguien más quiere hacer otras distintas y un tercero, otras; y esas fuerzas, en consenso, se vuelven cooperantes.

El poder cooperativo o convergente es una variación importante del poder humano y del poder social. De hecho, es la variación más significativa. No se puede hacer un ejercicio solitario de fuerza. Se necesita sumar a otros, cooperar con otros. Las hegemonías no son acciones de un solo individuo sino de grupos de individuos u organizaciones. El poder organizacional surge siempre como un poder cooperativo, o de convergencia.

El poder es generalmente aceptado por el otro. Pero el poder ostensible no es débil. Hannah Arendt (1958) lo dice en La condición humana, que la condición más débil del poder es el tirano que tiene que hacer la amenaza del uso de la fuerza. Creo que esas son versiones liberales del problema; el poder como emanación, el poder ostensible, el poder visible es poder. Es más, diría que el poder necesita de la ornamentación, la representación y la ostensibilidad, porque de este modo el poder se vuelve disuasión; el mismo que la teoría política ha tratado como amenaza del uso de la fuerza.

Es decir, es el caso de alguien que quiere hacer saber que tiene más poder que otro, que tiene poder sobre el otro y sobre sus cosas, y lo anuncia y lo informa… eso evita el uso directo de la fuerza, porque usa la disuasión; pero esto solo basado en la retórica o en la amenaza no tiene sentido. Por ejemplo, si los Estados no tuvieran ejércitos, armas, sistemas legales y la capacidad de encarcelar a los ciudadanos con sistemas judiciales, pues no tendrían poder. El poder meramente retórico no existe, y el poder invisible es una opción, que tiene que ver con la identidad, la subversión, la persuasión, con convicción, pero que no sustituye, sino que transmuta la relación basada en la fuerza. La enajenación también sería una forma de decir cómo el poder controla o maneja. La enajenación, que es ir hacia otro lado, conduce a otro camino que es el poder transaccional.

La sociedad como concepto es una ficción, incluso más compleja que la ficción más simple del contrato. Porque, ¿de qué sociedad hablamos?, ¿de sociedades nacionales o territoriales? No existe la sociedad universal. Pues la sociedad civil universal es una entelequia. La teoría social usa la ambigüedad del término social como un descriptor operacional funcional, de la misma manera que se usaba el éter o el flogisto antes de descubrir el oxígeno. Estamos ante un nombre enunciativo provisional que cada día está más arrinconado, en el sentido de que es un término vago que necesita ser precisado, por ejemplo, en esta discusión sobre política y poder.

En la ficción liberal se presenta la puesta en escena de un mecanismo muy ingenioso y fuerte, que ha dado origen al liberalismo político en los últimos cinco siglos. La ficción del acuerdo de todos, de lo cual surge un poder natural moldeado y estandarizado como un poder civil, el que genera una condición de igualdad. La desigualdad es la fuerza que sería contenida a través del contrato, por la autocontención y la renuncia al derecho natural, en términos de una fuerza nueva, de carácter civil y que tiene un contexto de tipo igualitario. Es decir: de la desigualdad del estado de naturaleza se pasaría a la igualdad civil y ciudadana, que es el leitmotiv del liberalismo político. Hoy hace parte de nuestro ADN ideológico: El demoliberalismo que nos dice que todos somos iguales; que no importan las diferencias de talento, de capacidades, de riqueza, o los lugares en que hayamos nacido ni la edad, pues en nuestra capacidad de tener pulsiones somos iguales.

Cuando se habla del iusnaturalismo, y su relación con la psicopolítica, no nos estamos refiriendo a la psicopolítica del siglo XX y XXI, sino a los contractualistas de inicios de la modernidad. Porque para ellos, lo característico de la libertad humana es lo que, desde el siglo XIX, se llamaría psique. El ámbito de la volición, del appetitus, tal como lo describía la primera filosofía política liberal. La efectividad del poder basado en la persuasión o en las identidades, muestra su superioridad en estos términos. La eficacia no niega el poder basado en la coerción. Es una escala mayor de la complejidad del poder (Han, 2016). La tesis de Arendt y de Han no es consistente, muestra grados diversos. Solo eso, aunque esto sea un matiz muy grande. En cambio, una tesis brillante en Han es la referencia a la relación entre soberanía, autonomía y decisión (Smichtt, 1998).

Las tres ciencias del siglo XXI: la robótica, la biotecnología y la nueva informática, van más allá de la lógica formal. Estas son las tres grandes ciencias transformativas de nuestros tiempos. Tras esta discusión epistemológica, hay otro asunto que tiene que ver con decidir el campo de la implementación, la organización vista más que como sistemas decisionales, como sistemas operacionales. Este es un campo destacado, que la teoría administrativa no ha reflejado. La decisión se centraliza en la virtualidad y en la digitalización que permiten que la decisión esté en red, siendo retroalimentada desde los operadores hasta el ámbito de decisión. Los implantes y los chips perfectamente pueden ser el sistema a través del cual la ciencia técnica lea el inconsciente, los impulsos, el miedo; es decir, pueda mapear completamente la vida, las funciones y emociones que son escasas pero que están ad portas de convertirse en prácticas humanas extendidas.

En muchos ámbitos ese tipo de lógicas del sentido son las que están facilitando la producción de máquinas inteligentes. Sin embargo, podría ocurrir que el ser humano vaya rumbo a la caja de Pandora de la robótica que tiene la capacidad de tomar decisiones por sí misma. El tema decisional pasa de las decisiones humanas a sistemas de circulación del management, y a una gran cantidad de decisiones con las que convivimos, que no son decisiones nuestras; claro, son de nuestra sujeción4. Los profesores Luis Enrique Alonso y Carlos Fernández Rodríguez (2011) publicaron un trabajo en el cual se señala que esta robotización no solo está destruyendo el trabajo mecánico o manual de la primera etapa del capitalismo industrial sino que también está ofreciendo máquinas inteligentes que sustituyen el trabajo inteligente, máquinas mecánicas que sustituyen el trabajo mecánico5.

Las llamadas máquinas inteligentes en realidad son un anacronismo porque no son máquinas, pues este es un término utilizado en la época mecánica. Los robots no obedecen al principio de acción-repulsión, ni a la lógica binaria, a pesar de que las máquinas inteligentes reciban órdenes a través de sistemas informacionales que tienen el carácter de una lógica binaria. Se trata de un sistema de inteligencia artificial o de sistemas maquínicos no mecánicos de inteligencia artificial autodecisionales. Es decir, que son capaces de tomar sus propias decisiones. La simbiosis hombre-máquina ha pasado de lo mecánico, que era lo propio del capitalismo industrial, a un ámbito digital virtual.

La digitalización y la virtualización rompen los esquemas analógicos propios de las lógicas binarias. La lógica binaria se basa, en lo que Aristóteles denomina el principio del “tercero excluido” (un término de la lógica, pero en realidad muy sencillo): “A es A o su negación”; o sea, no puede ser posible que una cosa sea y no sea. Las lógicas contemporáneas, desde finales del siglo XIX, sobre todo, son lógicas del sentido o de la significación que se han alejado de las lógicas formales6, para entrar a definir sentidos en donde la idea del tercer excluido se rechaza; entonces ya no se trata de que una cosa sea o no sea, una cosa puede ser o no ser, o puede ser y no ser al mismo tiempo.

Las lógicas del sentido han entrado en epistemología contemporánea para criticar la lógica formal que construyó los sistemas informacionales. La informática basada en las lógicas binarias genera todos los modelos instrumentales, pero más allá de esa informática binaria hay un nuevo tipo de construcción cognitivo, heurístico, que es lo que está trabajando las ciencias contemporáneas basadas en las lógicas del sentido. La idea de la racionalidad binaria superaría las limitaciones del racionalismo cognitivo y está hoy en un estado totalmente diferente a las ciencias cognitivas que son ciencias que intentan ir más allá de la lógica o el principio del tercero excluido binaria, del ser o no ser.

La relación de los prismas del poder con la perspectiva managerial

Visto retrospectivamente, la teoría managerial ha eludido este punto (visto retrospectivamente), del análisis del poder, para —en su lugar— configurar un amplio campo de despliegue de la política en términos contractuales, convencionales, o con diseños de arquitecturas de análisis que ocultan la dominación. El último y más fuerte de estos discursos de ocultamiento, que proviene curiosa y significativamente de la ciencia de la gestión (Barnard, 1938; Simon, 1979; March & Simon, 1958), es la tesis del poder como comunicación. Aquí quiero ser preciso, pues no se trata de negar las relaciones complejas, diversas y documentadas entre el poder y la comunicación, puesto que existe un doble influjo epistemológico sobre el management7. En primer lugar, el del pragmatismo americano, influyente, como una versión específica de una filosofía estadounidense, cuyo autor más relevante fue William James. En segundo lugar, lo que algunos filósofos llaman vitalismo, es decir, las filosofías de la vida, que particularmente fueron construidas en Europa en el siglo XIX, como la fenomenología alemana y algunos autores franceses, a los que llega el management a través de Wilfredo Pareto (1917), cuyo Tratado de sociología general fue conocido por un profesor de Harvard, Lawrence Henderson (1967), que creó el Círculo de Pareto, al cual asisten el propio rector de Harvard y otras personas que luego serían muy visibles en el escenario académico norteamericano y mundial, como Talcott Parson o Elton Mayo. En este Círculo predominaron el método y el modelo del equilibrio u homeostasis, que Pareto había configurado en su Tratado de sociología. El que fue usado desde Harvard y expandido a todos los Estados Unidos como una suerte de doctrina alterna explicativa de la lógica de la dirección de empresas, para enfrentarla deliberadamente al influjo tan grande que tenían en las primeras tres décadas del siglo pasado las teorías marxistas y socialistas sobre la empresa, la organización y el trabajo.

Si se lee sobre la Escuela de las Relaciones Humanas, a Elton Mayo, a Dickson, a los autores de los años cincuenta, a Barnard, al Círculo de Pareto, a los continuadores de los sesenta o a Thompson, se encuentra que no están pensando en la gestión, tratando de construir un discurso universalista, sino pensando en los problemas de la administración de las empresas norteamericanas y de la sociedad estadounidense, en el marco de lo que el filósofo político John Rawls llamaba well-ordered society (la sociedad bien ordenada). La sociedad norteamericana de la época del capitalismo de bienestar y de la coronación del modelo fordista en los años cincuenta.

En Francia, en esta época, hay un comienzo y un desarrollo muy fuerte de la sociología del trabajo, que ocupa el espacio epistemológico de lo que sería en Estados Unidos el desarrollo del pensamiento administrativo. Después de la guerra, en los años cincuenta, no hay sociología del trabajo ni management en Francia. Michel Crozier, que fue un sociólogo muy destacado, va a Harvard, a tomar algunos seminarios, entre el año 59 y el 62; allí escribe El fenómeno burocrático y desde el cual, con el influjo de Crozier y luego de su socio Friedberg, con El actor y el sistema, el esquema epistemológico del management norteamericano llega a Europa, se instala en Francia y va preludiando lo que será luego la expansión de las teorías administrativas y del management de las empresas del sector público, con lo que luego fue llamado coloquialmente New Public Management (la nueva gerencia pública), cuyo eje seminal es la teoría que Crozier planteó en El fenómeno burocrático8.

En un principio la empresa estuvo ligada a los estudios del trabajo, principalmente al taylorismo, pero posteriormente, por la dimensión ideológica y social que ha tomado el fenómeno del management, ha generado unas nuevas ataduras, independiente de que haya liberado al trabajador de las cargas más pesadas y haya especializado hacia el conocimiento el trabajo humano. Refiero que hay unas nuevas ataduras ligadas a esa ideología del management, que son básicamente los valores que cobijan el éxito personal, la competitividad o el consumo frenético. Yo diría que ha generado unas nuevas ataduras que ya no recubren solamente el ámbito de la empresa, sino el ámbito de lo social. Por el momento quisiera responder a eso desde el señalar cómo este management ha tomado una nueva dimensión gigantesca y su extensión hacia lo social.

El modelo dominante del management es aún el racionalismo limitado que construyó Simon. Muchas de las escuelas contemporáneas del management básicamente se apoyan en variaciones de esta escuela dominante. Lo que la ha enriquecido sin destruir sus planteamientos básicos. El gerente, el directivo o el manager, la organización estándar, utilizan el modelo de racionalidad simoniana. Este modelo les permite transitar desde la racionalidad limitada a la racionalidad exhaustiva; es decir, una racionalidad más completa, más integral. Simon buscaba la optimalidad a partir de la normalización y la protocolización, o sea, a través de la experiencia, la práctica incesante, del ajuste perpetuo sobre la acción-error. Las organizaciones complejas, mediante aprendizaje organizacional –una suerte de memoria organizacional– van generando nuevos protocolos.

Se puede medir el tamaño de un poder en función de las capacidades; una empresa en un mercado, por ejemplo, su producción, su participación en el mercado; los países en sus fuerzas militares, su producto interno bruto o su territorio. Para esto se pueden hacer ecuaciones y hoy en día algoritmos del poder para medirlo. Parte de lo que la ciencia política y la sociología han hecho es medir el poder. Cada día se medirá más y mejor, con el big data y la analítica de datos, además de ver cómo potenciar el poder, cómo referenciarlo, medirlo, anticiparlo. Este es un campo en donde las ideas fuerza que tenían los teóricos contractuales siguen siendo muy relevantes en geopolítica y en muchos otros ámbitos. Incluso en el propio Management con lo que ahora llaman inteligencia estratégica o inteligencia competitiva.

Por ejemplo, cuando se estableció cómo medir y cómo hacer los mapas, las etnografías, la cuantificación y la cualificación de los poderes, esto result muy importante. Incluso en el análisis político, para saber cómo anticipar si se toma un curso de acción, o si se tiene o no adhesión de los electores, cómo se hace determinada estrategia que permita lograr apoyos, consensos y coaliciones. La política pública ha trabajado bastante bien este tema. Por ejemplo, Sabatier y Jenkins (1994), con el tema de las coaliciones que elaboraron en los setenta y ochenta, fueron haciendo un mapa mucho más etnográfico del poder, no visto desde una pura teorización deductiva, sino desde la antropología del poder, de la sociología o la socioantropología del mismo.

El poder postmoderno

La tesis central aquí, en este tema, es la caracterización de las rupturas que, frente al modelo de análisis tradicional en la modernidad, sobre lo político y las políticas públicas, establece el poder postmoderno, el cual tiene características difusas, proteicas, y un alto perfil de corte managerial. Aunque este sea un esquema y un modelo de poder que se relaciona fuertemente con el Estado y con la institucionalidad estatal y transestatal, propia de la globalización.

En tal dirección, una exploración original y que se atenga a los hechos contemporáneos debe superar el estatalismo pero, así mismo, debe determinar cómo operan las relaciones del estatalismo y las políticas públicas con el poder managerial. Cfr el discurso de las coaliciones de interés AFC (Advocay Coalition Framework), (Sabatier y Jenkins, 1994; Evans y Davies, 1999) y las redes de políticas. O el modelo emergente y fuertemente influyente en el campo de las políticas públicas, de la Nueva gobernanza (Aguilar, 2005) Este es un enfoque muy variado en la literatura reciente que se apoya en el modelo de redes en las políticas públicas, en la postmodernidad. Pero en modo alguno desconoce que lo managerial necesita del Estado como legitimador y como ámbito de acumulación y reproducción del capital. Una vieja y válida tesis marxista. Pero, además, el poder no es solo dinero y capital. El poder es igualmente un ámbito para el logro de oportunidades, ventajas y privilegios de distinto tipo9.

En nuestros tiempos postmodernos no existe, no domina, como antes, una teoría general del poder. Ni tampoco se encuentra un consenso sobre la naturaleza del poder. El estudio del poder, de forma complementaria, implica abordar una temática profunda y a la vez general; pues no solo se relaciona con la política, la cual es la principal tecnología social para regular el poder, sino también con el management. Existen fuertes tensiones entre los roles de la decisión y el de la puesta en marcha de tales decisiones a través de las acciones organizacionales. Cuando pensamos en el mundo organizado no estamos hablando solo de las organizaciones empresariales, pues estas son una de las tantas formas organizativas de la sociedad. Cuando hablamos de organizar estamos pensando en la organización de la sociedad (Luhmann, 1998)10. Ello nos lleva a asuntos complejos de la llamada arquitectura de las instituciones y reglas de acción e interacción del poder y la política.

De otro lado, esta discusión se articula con la actual agenda sobre el rol y el impacto del posthumanismo y el transhumanismo11. Esto nos lleva a construir una agenda de reflexión en investigación sobre cómo se dan los diferentes ejercicios, incluso más allá de que contemporáneamente se aplique el poder en la administración y en la política. Cómo opera el poder, cuáles son los diversos prismas del poder, en una sociedad posthumana. Esto resulta clave para determinar el vínculo que yo conceptúo que está en la relación entre ciertos prismas del poder con los discursos y semánticas del posthumanismo. Debemos hablar de la ontología del poder, en tanto ello nos conecta con el hecho de que la política y la administración no son las únicas formas de ejercer el poder.

Desde Simon, hoy en día tenemos un desarrollo gigantesco de la Internet que, desde el punto de vista del procesamiento de datos que no son posibles para los seres humanos, posibilita una articulación entre el ser humano, que hace parte de las organizaciones, y las máquinas inteligentes. Estamos asistiendo a procesos muy complejos de cyborización organizacional, no de cyborización humana12. En este caso son las organizaciones o las sociedades mismas los sistemas decisionales que son complementados o estructurados en una relación muy fuerte entre lo digital y lo virtual. Es muy probable que estemos en un umbral muy grande de biogénesis. La ciencia técnica de hoy puede intervenir o manipular la reproducción humana; de hecho, hay un umbral moral que está atravesado por la decisión política. Ante ello cabe preguntarse: ¿Qué tanto resistirá este umbral o cuánto se irá corriendo? En las próximas décadas podemos estar en un escenario mucho más complejo donde la combinación de lo uno con lo otro se cambie significativamente. Esta, a pesar de ser la gran promesa del management clásico racionalista, puede transformarse en una limitación muy grande de la racionalidad humana, por los ámbitos no humanos maquínico-inteligentes.

Hoy en día, si pensamos en la civilidad, en la cual no solo lo humano —en sentido puro— tiene que ver, debemos reconocer que ya no se trata solo de relaciones entre humanos, o entre diversos niveles de las sociedades humanas, sino que uno de sus desafíos más importantes está en la manera como se están reconfigurando y redefiniendo políticamente, en las relaciones de los humanos con las máquinas; del humano mezclado con las máquinas. Y en especial con las llamadas máquinas inteligentes, las dinámicas de cyborización, y la inteligencia artificial. Además de la revisión radical, desde la civilidad, de las relaciones de los humanos con el resto de los animales y especies vivientes, de los humanos con el medio ambiente y la naturaleza, y otras combinaciones más, entre los anteriores elementos.

Estos tópicos y relaciones se vuelven pertinentes, porque ya no pensamos el poder como algo solo entre humanos. Ahora es el poder visto en un sentido más general. Por lo tanto, se hace necesario ir al fondo del concepto de poder para ver otras posibilidades de aplicación. Es decir, ahora vamos a ver cómo se presenta el poder en la relación humano-máquina, en la mezcla de lo humano-máquina. Y en las relaciones con lo natural, dejando de lado la visión del humano como fin en sí mismo, y de la naturaleza como simples medios de los cuales se puede, discrecionalmente, disponer, en función de las finalidades humanas.

En efecto, el tema de la relación técnica-humano se debe dar; de hecho, es una de las primeras cosas que aborda la filosofía. Con unos factores que vale la pena mencionar: por ejemplo, respecto al tema de la tecnología, con una distinción importante entre técnica y tecnología; en el sentido de que mientras que la técnica no necesariamente requiere conocimiento científico (entendiendo “científico” como ciencia moderna, un tipo de ciencia que aparece en el siglo XVII, XVIII), la tecnología, por el contrario, sí necesariamente incluye conocimiento científico y lo aplica. Luego, como es otra thécne, basada en conocimiento científico, en esa reflexión ontológica del poder se asume una postura naturalista, la cual tiene unas implicaciones, en esa relación entre la distinción o relación entre lo social y lo natural. Si se lo examina desde el punto de vista general, esa relación es de varios tipos. Desde posturas que dicen que lo social es igual a lo natural; que lo social se reduce a lo natural. En tanto que otras posturas afirman taxativamente que lo social es una cosa y lo natural, otra. Que son distintas e incluso que son términos opuestos. Mientras que una tercera vertiente sustenta que a pesar de ser diferentes, lo social deviene de lo natural.

Es cierto que el hombre, desde los griegos, siempre ha pensado en la thécne. Si en la tradición del pensamiento humano algo ha estado presente siempre ha sido la relación hombre-técnica. Los medievales lo hicieron. Los primeros filósofos modernos también. Lo que es diferenciador y hace una ruptura grande en el posthumanismo y la postpolítica, es la inteligencia artificial. Porque, por vez primera, el ser humano ha creado un demiurgo que no controla; artefactos y máquinas que procesan toma de decisiones basados en encadenamientos lógicos sofisticados que cada día son perfeccionados y se pueden autonomizar del control que el hombre tenga sobre ellos. El Estado de naturaleza o la libertad natural biológica, desde la ciencia técnica, el hombre la viene modificando y lo podrá seguir haciendo. Donna Haraway, la bióloga posthumanista, en su famoso libro Simians, cyborgs, and women lo expresó con un subtítulo muy interesante: “The reinvention of nature”. En efecto, tanto la reinvención de lo natural desde la genética sofisticada contemporánea, como la aparición de la inteligencia artificial y las máquinas inteligentes, generan una ruptura grande en términos de la relación entre el poder y la política, en las sociedades humanas.

El determinismo tecnológico señala que son los patrones de la tecnociencia, las condiciones del ambiente tecnológico, las que determinan las conductas y nuestras interacciones, incluso el tema de rol-función estaría muy articulado o dependiente de las tecnologías y no solo de las sofisticadas sino también de tecnologías sociales más propias: la ciencia aplicada a la sociedad. El determinismo socioorganizacional, por su parte, dice que las lógicas de las sociedades y las organizaciones son reglas constitutivas que los seres humanos construimos en nuestra interacción, sin que intervengamos voluntariamente en ellas. Cómo se configura una familia es algo que está determinado socialmente y las personas se adscriben a dicho determinismo socioorganizacional13.

La etología fue un proyecto cientificista, derivado y extendido desde la biología, orientado a realizar el estudio de las conductas de los seres vivientes, partiendo del estudio científico de las sociedades biológicas, o biológicamente constituidas. Esto, como patrón epistémico de la sociobiología, lo que influyó muchísimo sobre todo en los Estados Unidos, durante los años sesenta-setenta del siglo pasado, tal como aquella fue configurada bajo una guía metódica por sociobiólogos que fueron a la vez etólogos humanos (Tinbergen, 1972; Morris, 1983; Lorenz, 1975). Dado que el ser humano es un ser viviente; un ser que se agrega naturalmente a partir de la reproducción biológica (aunque tiene un factor que perturba tal esquema natural de agregación que resulta ser la cultura), ¿por qué estos mismos estudios bioconductuales no pueden ser hechos con los seres humanos? Después de todo, la sociobiología básicamente lo que intentó hacer fue resolver desde la biología la explicación de la conducta política humana. Por lo que se utilizó extendidamente una cierta versión del darwinismo social.

Hemos relacionado la physis con el bios. No estamos relacionando el alma o la razón con el bios. Quisiera ser explícito en ello. El poder, basado en la physis, se expresa desde esta, en el bios. Esto configurado en narrativas o escalas epistemológicas que comprenden la relación entre el poder y la política. Narrativas o discursos parece por ahora una buena frase provisoria, más que doctrinas o teorías. De otro lado, el iusnaturalismo arranca de la teorización acerca de la existencia de una naturaleza humana, la que luego se desdobla mediante arreglos convencionales. Kenneth Boulding (1993) consideraba que el poder tenía tres grandes caras. En su libro llamado Three faces of power, retomó una vieja distinción: poder positivo y poder negativo. Poder como agregación, versus el poder como afectación. E incluyó una tercera cara: el poder integrador. Este, entendido como la capacidad de sumar positividad y negatividad, en términos que los administradores llaman eficiencia y eficacia. Isaiah Berlin (2001) usó esta distinción en su conocido ensayo titulado Dos conceptos de libertad y otros escritos, distinguiendo la libertad positiva de la libertad negativa.

Deben recordarse aquí, en este punto, las bases constitutivas de las doctrinas y teorías administrativas norteamericanas, siendo una reflexión detallada desde Chester Barnard y su principal discípulo, Herbert Simon, los que, a mi juicio, constituyen la matriz dominante, hegemónica, del management norteamericano, y de su expansión, particularmente desde la teoría de Simon de la racionalidad limitada y su apuesta, hoy enormemente influyente, de resolver las limitaciones de la racionalidad con la inteligencia artificial. Hoy estamos en el pleno gobierno del sueño de Simon, de la inteligencia artificial, el big data, el Internet de las cosas y la minería de datos. Simon, en sus textos de los años cincuenta y sesenta, consideraba como una utopía los mecanismos a través de los cuales la toma de decisiones que gerentes y empresas tenían que tomar no dependiesen exclusivamente de las limitaciones de cognitividad y de espacio que tendríamos los seres humanos.

El posthumanismo es, en buena medida, la herencia contemporánea del influjo simoniano que se planteó como solución a los asuntos derivados de la limitación de la racionalidad cognitiva. Una tesis relevante es la de la erosión del poder tradicional; sobre este punto, Aguilar (2005) refiere las tesis de Naim al respecto. Pero obvio que no se trata del fin de todo el poder. Es el fin de un modelo estadocéntrico y de las tesis que se basan en este esquema binario de una ciudadanía/Estado central. Al contrario, emergen y dominan ahora muchos poderes múltiples, multirrelacionales. Allí entra la tesis de micropoderes (Foucault) y de los poderes meso, desde las organizaciones, y desde espacios inter y transociales, e inter y transgrupales, Y de las ideas fuerza de la gobernanza y la nueva gobernanza. O desde las tesis sobre las redes de políticas.

En suma, nuestros dispositivos manageriales no solamente se usan para las empresas, para gobernar organizaciones complejas en ámbitos productivos, se usan también en los gobiernos, y cada vez más, las organizaciones públicas usan lógicas que no son normativas del Estado de derecho constitucional, sino lógicas gerenciales propias del management público, y ha habido un traspasamiento de esa esfera de lo privado a lo público.

Desde luego que el Estado no es neutro. Hay una concepción desde el gerencialismo clave para el análisis: la lógica de la productividad y la eficiencia. Lógica que está detrás del espíritu, que concibe toda acción que busca transformar una organización. Si esta lógica la comenzamos a trasladar a otro tipo de organizaciones como las públicas, cuyo objeto es distinto, u otro tipo de organizaciones como la familia, que tienen otras lógicas, terminan por convertirse en algo que desnaturaliza la organización. Si se comienza a gobernar el Estado bajo la lógica de la productividad y la eficiencia, entonces se dejan de lado, como cuestiones secundarias, agendas como las de enfrentar la inequidad, o buscar en las políticas públicas la correcta distribución de la riqueza para que todos tengan acceso. Por ejemplo, a cubrir las necesidades fundamentales como la educación y la salud. Las que comenzarían a ser delimitadas por unas lógicas de la eficiencia de la productividad. Esto ocurre en la actualidad, desde mi punto de vista, porque representa la transformación más importante en el mundo contemporáneo: la managerialización de las esferas de la vida. La invasión de lo managerial sobre lo político frente a la crisis de los partidos. El gobierno del management sobre la vida de cada individuo, incluso en la vida afectiva y privada.

Poder, saber, lenguaje: semánticas del poder. Ideologías y estéticas del poder