La posverdad - Roberto Aparici - E-Book

La posverdad E-Book

Roberto Aparici

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Beschreibung

El fenómeno de la posverdad es considerado como una de las principales amenazas a la democracia actual: convierte a la ciudadanía en consumidora de noticias, la responsabiliza del alcance de las fake news a la vez que la empuja a la desconfianza, y cuestiona a los medios de comunicación y a la propia práctica del periodismo. Este libro plantea un profundo análisis sobre las múltiples caras de la posverdad y reflexiona sobre sus implicaciones mediáticas, sociales, tecnológicas, filosóficas y políticas. La obra establece una cartografía de los aspectos que explican este fenómeno, examina de manera analítica las formas que adquiere y aborda las diferentes estrategias y técnicas utilizadas por los poderes para controlar y manipular a los ciudadanos. Estructurado en 360 grados, con principio y final dedicado a las aportaciones de Jacques Derrida sobre la construcción de la mentira, éste es un trayecto descriptivo, crítico, analítico y filosófico alrededor de uno de los desafíos más urgentes de nuestros días.

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Seitenzahl: 268

Veröffentlichungsjahr: 2019

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Roberto Aparici y David García-Marín (coords.)

LA POSVERDAD

Una cartografía de los medios, las redes y la política

La imagen

Análisis y representación de la realidad

ROBERTO APARICI, JENARO FERNÁNDEZ BAENA, AGUSTÍN GARCÍA MATILLA, SARA OSUNA ACEDO

La divulgación científica

Estructuras y prácticas en las universidades

AGUSTÍN VIVAS MORENO, DANIEL MARTÍN PENA Y MACARENA PAREJO CUÉLLAR

Austeridad y clientelismo

Política audiovisual en España en el contexto mediterráneo y de la crisis financiera

ISABEL FERNÁNDEZ ALONSO (COORD.)

La radio universitaria

Gestión de la información, análisis y modelos de organización

AGUSTÍN VIVAS MORENO, DANIEL MARTÍN PENA Y MACARENA PAREJO CUÉLLAR

Comunicación política y democracia en América Latina

JUAN PABLO ARANCIBIA CARRIZO CLAUDIO SALINAS MUÑOZ (EDS.)

Videoactivismo y movimientos sociales

Teoría y praxis de las multitudes conectadas

FRANCISCO SIERRA Y DAVID MONTERO (EDS.)

Tendencias en comunicación

Cultura digital y poder

RAMÓN ZALLO ELGEZABAL

La educación mediática y los profesionales de comunicación

ALEJANDRO BUITRAGO, EVA NAVARRO

Y AGUSTÍN GARCÍA MATILLA (EDS.)

La educación mediática en la universidad española

JOAN FERRÉS PRATS Y MARIA-JOSE MASANET (EDS.)

Niños y jóvenes ante las redes y pantallas

M.ª AMOR PÉREZ-RODRÍGUEZ, ÁGUEDA DELGADO-PONCE, ROSA GARCÍA-RUIZ Y M.ª CARMEN CALDEIRO

Cultura Transmedia

HENRY JENKINS, SAM FORD Y JOSHUA GREEN

Reporterismo de Televisión

Guía de buenas prácticas del reportero audiovisual

CARLES MARÍN (COORD.)

Por una mirada-mundo

Conversaciones con Michel Sénécal.

Un recorrido por la trayectoria de uno de los grandes teóricos de la comunicación y la cultura

ARMAND MATTELART

De Orwell al cibercontrol

ARMAND MATTELART Y ANDRÉ VITALIS

Crisis del sistema, crisis del periodismo

Contexto estructural y deseos de cambio

RAMÓN REIG

Ecología de los medios

Entornos, evoluciones e interpretaciones

CARLOS SCOLARI (ED.)

LA POSVERDAD

Una cartografía de los medios, las redes y la política

Roberto Aparici y David García-Marín (coords.)

Manuel Aguilar Gutiérrez, María Luisa Cárdenas Rica, Paul R. Carr, José Luis Dader, Andrea Donofrio, José Antonio Gabelas, Michael Hoechsmann, Carmen Marta-Lazo, Leonardo Murolo, Andrea Pérez Ruiz, David Polo Serrano, Ángel L. Rubio Moraga y Gina Thésée

© Manuel Aguilar Gutiérrez, Roberto Aparici, María Luisa Cárdenas Rica, Paul R. Carr, José Luis Dader, Andrea Donofrio, José Antonio Gabelas, David García-Marín, Michael Hoechsmann, Carmen Marta-Lazo, Leonardo Murolo, Andrea Pérez Ruiz, David Polo Serrano, Ángel L. Rubio Moraga y Gina Thésée

Traducción del capítulo Viejos, nuevos medios y Democracia 2.0. (Michael Hoechsmann, Paul R. Carr y Gina Thésée), realizada por David García-Marín.

Cubierta: Juan Pablo Venditti

Primera edición: Febrero, 2019

Derechos reservados para todas las ediciones en castellano

© Editorial Gedisa, S.A.

Avenida del Tibidabo, 12 (3º)

08022 Barcelona, España

Tel. (+34) 93 253 09 04

[email protected]

www.gedisa.com

Preimpresión: gama, sl

ISBN: 978-84-17690-50-2

Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio de impresión, en forma idéntica, extractada o modificada, en castellano o en cualquier otro idioma.

Índice

Introducción

PRIMERA PARTELa posverdad en la era de las redes

  1.  Historia de la mentira: más allá de Derrida

Roberto Aparici y David García-Marín

  2.  La posverdad: el software de nuestra era

David García-Marín y Roberto Aparici

  3.  Viejos, nuevos medios y Democracia 2.0

Michael Hoechsmann, Paul R. Carr y Gina Thésée

  4.  La posverdad es mentira. Un aporte conceptual sobre fake news y periodismo

Leonardo Murolo

  5.  Los influencers, oráculos del liderazgo, chamanes en las redes sociales

José Antonio Gabelas y Carmen Marta-Lazo

SEGUNDA PARTEPeriodismo y poder

  6.  Propaganda, manipulación y uso emocional del lenguaje político

Andrea Pérez Ruiz y Manuel Aguilar Gutiérrez

  7.  Estrategias de la posverdad y política-cyborg

David García-Marín y Roberto Aparici

  8.  El periodismo de datos como antídoto de la posverdad

Angel L. Rubio Moraga y Andrea Donofrio

  9.  Posverdad y comunicación política: infoxicación y fact-checking

María Luisa Cárdenas Rica y David Polo Serrano

10.  El futuro del periodismo en tiempos de posverdad

Ángel L. Rubio Moraga y José Luis Dader

11.  La sociedad de la mentira

David García-Marín y Roberto Aparici

Introducción

No podríamos estudiar el fenómeno de la posverdad, uno de los grandes desafíos de la sociedad actual, sin llevar a cabo una profunda aproximación desde el lado de la política, las redes y los medios. La problemática de las noticias falsas, la desinformación, los bulos y el contenido sesgado es especialmente sensible cuando se sitúa en las coordenadas formadas por la institución política y las entidades mediáticas. Todas estas cuestiones se muestran a lo largo de toda la obra, que para facilitar una mejor organización temática se encuentra dividida en dos bloques que abordan el fenómeno de la mentira y la manipulación desde una perspectiva poliédrica.

En la primera parte, se presentan diferentes enfoques conceptuales sobre la posverdad en una era en la que, tal y como afirman Hoechsmann, Carr y Thésée, «estamos mutando desde la existencia humana del homo sapiens (el ser humano que sabe) a un homo communicare (el ser humano que se comunica)» y donde el conocimiento y la razón «ya no tienen el mando (es el declive del cogito ergo sum de Descartes) y de forma creciente, la comunicación (communico ergo sum) es lo que cuenta».

En este escenario, resulta esencial la diferenciación entre los conceptos de posverdad y noticias falsas (fake news), dimensiones que han de considerarse por separado, y que deben analizarse de forma holística para una mejor comprensión de la problemática. Otra razón para su estudio como un continuum complejo e integrado es su evidente interconexión, tal y como explica Murolo en el capítulo 4: «Una posverdad es una idea, un imaginario, un conjunto de representaciones sociales o sentidos ya incorporados por las audiencias y desde donde son posibles fake news que refieren a esa idea afirmándola o ampliándola». En su texto, Murolo explora dos de las prácticas de posverdad puestas en marcha en nuestros días: la profecía autocumplida (echar a rodar una noticia con el poder de proponer agenda y esperar que los demás resortes involucrados como la justicia, la oposición política, el despliegue mediático tradicional y los trolls en redes sociales virtuales hagan su trabajo) y la verosimilitud a partir de la concreción en los datos que, aunque sean falsos, otorgan una aparente fiabilidad a la información.

En este primer bloque, elevamos la posverdad a la categoría de problema para nuestras democracias. La falsedad se despliega en múltiples formas, pasa inadvertida confundida con retazos de verdad, oculta en nuestras formas de ver el mundo, impregnada de forma invisible en el diseño de nuestras interfaces. La posverdad no sólo se halla en cómo nos relacionamos con la información y con la tecnología que nos la provee, también se manifiesta en el declive de los medios tradicionales y en el auge de las plataformas y los falsos medios digitales hiperpartisanos, en nuestro rastro en Internet y los datos que regalamos a las grandes corporaciones, así como en nuestros sesgos cognitivos. Nos mostramos seducidos por una falsa promesa de empoderamiento en las redes cuando prácticamente lo único que encontramos es «diversión hasta morir» (Postman, 1985) y una reclusión en polos ideológicos que refuerzan nuestros gustos, emociones y retuits. Nosotros, cada uno de nosotros, somos los verdaderos actores de la posverdad.

La manipulación no es un fenómeno novedoso. Desde la Antigüedad, la persuasión y la propaganda han marcado el relato desde sus primeras formas orales hasta los refinados diseños de campañas de propaganda política en las redes sociales. En el capítulo 5, Gabelas y Marta-Lazo dibujan el paralelismo existente entre las tribus, los clanes primitivos, y los escenarios digitales actuales,espacios donde también aparecen los líderes de opinión que, como los antiguos chamanes, son conocedores de las redes, de su posicionamiento y del control de los algoritmos. En este sentido, afirman que «el canal demiúrgico que antes nacía y transitaba en las aldeas, ahora se reproduce en la tecnología post-PC, donde las grandes plataformas marcan las normas y las horas para la ruta».

Más específicamente, las conexiones entre política, periodismo y posverdad constituyen el objeto de estudio de la segunda parte del libro, iniciada con un recorrido histórico por las diferentes formas de manipulación y propaganda empleadas por los gobernantes. Pérez y Aguilar, en el capítulo inicial de este segundo bloque, describen el marketing político actual como el estudio de las estrategias a fin de mantenerse en el poder o alcanzarlo a través de campañas políticas detalladamente planificadas y donde la flexibilidad del discurso «permite adaptarse a la situación para atender con más facilidad los intereses puntuales de los partidos». A este respecto, hemos de cuestionarnos dónde queda el debate político en un contexto donde cada partido amolda su relato (y sus propuestas electorales) a las circunstancias específicas de cada votante, de cada momento y de cada lugar.

Los caminos que llevan hacia la mentira ahora son variados y complejos, como marca el carácter multidimensional del fenómeno. Combinando el recurso de las falacias, ampliamente estudiadas a lo largo de la historia, con las modernas técnicas del click­bait y el secuestro de hashtags (analizadas en el capítulo 7), los actores de la mentira encuentran renovadas formas de manipulación donde confluyen las prácticas de siempre con las más modernas técnicas que la omnipresente «softwareización del mundo y la cultura» (Manovich, 2014) nos permite.

El actual ecosistema mediático, caracterizado por las múltiples convergencias entre lenguajes y formas comunicativas diferentes, entre medios analógicos tradicionales y otros con ADN digital y entre la producción amateur y profesional, no es el único gran reto que tienen que afrontar los profesionales de la comunicación. La verificación de los hechos en un contexto donde no sólo parece importar el qué se cuenta sino el ser el primero en hacerlo es una de las competencias esenciales que, ahora más que nunca, cualquier comunicador debe poseer. En su aportación a esta obra, Cárdenas y Polo reflexionan sobre la creciente importancia del fact-checking (la comprobación de los hechos) como forma de luchar contra la posverdad, así como medida de calidad de la labor periodística. Si, como afirman estos autores, «para los ciudadanos la verdad ha dejado de ser algo relevante, y admiten el engaño como parte natural de la política, y lo aceptan sin problema», desde el ámbito de los medios se hace más imprescindible que nunca la adopción de unos elevados niveles de verificación y honestidad imprescindibles en una sociedad donde la transparencia y la rendición de cuentas, no sólo de los políticos sino también de los propios medios, ha de ser un estándar de calidad exigido en cualquier país que se pretenda llamar plenamente democrático.

En la persecución de este objetivo, el Periodismo de Datos ofrece innegables oportunidades, como nos muestran Rubio y Donofrio en el capítulo 8. Con los datos, señalan, «es posible transformar algo abstracto en algo que todos pueden entender y con lo que pueden relacionarse, se pueden crear herramientas de cálculo personalizadas para ayudar a la gente a tomar decisiones, se puede analizar la dinámica de una situación compleja como disturbios o un debate político, mostrar falacias y ayudar a todos a encontrar posibles soluciones para problemas complejos». A este respecto, Rubio y Dader reflexionan, en formato conversacional, sobre los métodos y las prácticas más eficaces a propósito del uso de grandes volúmenes de datos para lograr un periodismo que privilegie lo factual y se levante contra la dictadura de lo emocional que recubre de forma creciente la labor del comunicador de hoy. Estas y otras consideraciones acerca del futuro del periodismo en estos tiempos de incertidumbre, en los que tanto la verdad como la propia labor periodística son elementos en disputa, cierran el penúltimo capítulo del libro.

Aunque permanecerán presentes a lo largo de toda la obra, será en el primer y último capítulo donde examinaremos las teorías del filósofo y sociólogo francés Derrida sobre la construcción de la mentira, ideas que servirán como hilo conductor del libro. Diseñamos, de este modo, una obra estructurada en 360 grados con Derrida como inicio y final de nuestro recorrido. Un trayecto descriptivo, crítico, analítico y filosófico alrededor de uno de los desafíos más urgentes de nuestros días.

ROBERTO APARICI Y DAVID GARCÍA-MARÍNCoordinadores

Referencias

Manovich, L. (2014). El software toma el mando. Barcelona: UOC.

Postman, N. (1985). Amusing Ourselves to Death. Public Discourse in the Age of Show Business. New York : Viking Penguin Inc.

PRIMERA PARTE

La posverdad en la era de las redes

1

Historia de la mentira: más allá de Derrida

Roberto Aparici1 y David García-Marín2

En el año 1995, el sociólogo y filósofo Jacques Derrida pronunció en la Universidad de Buenos Aires una conferencia bajo el título de «Historia de la mentira». Esa charla impactó a aquellos que trabajaban en el campo de la manipulación informativa y sirvió para enfocar este objeto de estudio desde una perspectiva diferente, ya que en lugar de hablar de manipulación, Derrida situaba su análisis en la construcción de mentiras intencionadas desde el poder político y otros ámbitos. Desde su visión, todas las mentiras tienen su origen y su razón de ser. Se configuran a partir de fábulas que se construyen a su alrededor y que encantan a los que se aproximan a esa mentira que, a su vez, debe cumplir unos requisitos y presentar unas características determinadas que atrapen al lector y al espectador. En aquel momento, los estudiosos de este fenómeno cargaban el peso de la manipulación informativa exclusivamente en los medios de comunicación. No se le prestaba una dimensión filosófica ni de cualquier otra naturaleza que no fuese la comunicativa e informativa. En ese contexto, Derrida expresaba algo diferente, algo que toma enorme vigencia en estos momentos. La aproximación a la mentira que él planteaba en 1995 se convirtió en palabra del año en 2016.

En aquella disertación, Derrida hizo referencia a Nietzsche en El ocaso de los ídolos:

En El ocaso de los ídolos, Nietzsche llama Historia de un error a una especie de relato en seis episodios que, en una sola página, narra en suma, nada menos que el mundo verdadero, la historia del «mundo verdadero». El título de este relato ficticio anuncia la narración de una afabulación: «Cómo el mundo verdadero terminó por convertirse en una fábula». Por consiguiente, no se nos contará una fábula sino, en cierto modo, cómo llegó a tramarse una fábula. Tal como si fuera posible un relato verdadero acerca de la historia de esa afabulación y de una afabulación que, precisamente, no produce otra cosa que la idea de un mundo verdadero, lo que amenaza arrastrar hasta la pretendida verdad del relato: «Cómo “el mundo verdadero” terminó por convertirse en una fábula» (Derrida, 1995a).

Sin embargo, la historia de la mentira no es la historia de un error. Aquí no debemos hablar de errores, sino de mentiras intencionadas. Existen diferentes conceptos que pueden asociarse a la mentira, pero que no son exactamente sinónimos de mentir. El error, el fraude, la astucia, la invención poética, la construcción de una historia ficticia no son equivalentes a la mentira. La mentira no es incompetencia ni falta de lucidez, ni ausencia de ignorancia. Tampoco es un error accidental. El problema viene cuando todas estas dimensiones aparecen, de alguna forma, mezcladas de tal manera que resulta imposible diferenciar cada una de ellas.

Estas categorías son irreductibles entre sí, pero ¿qué pensar de las situaciones tan frecuentes donde de hecho, en verdad, se contaminan tan recíprocamente y no permiten una delimitación rigurosa? ¿Y si este contagio marcara a menudo el espacio mismo de tantos discursos públicos, sobre todo en los medios? (Derrida, 1995b).

Estas reflexionas de Derrida resultaron absolutamente proféticas y sirven para entender la realidad del sistema mediático-político de la actualidad, donde hechos y ficción, mentiras y verdades, contenidos contrastados y bulos circulan en régimen de isonomía (es decir, con una igual apariencia) no sólo en las redes, sino también en los medios tradicionales. Nos encontramos rodeados de mentiras y de mentirosos. En los últimos 20 años, la desinformación ha tomado unas dimensiones desproporcionadas. La mentira y las falsas noticias ya no son propiedad exclusiva de los medios, sino que se reúnen en una serie de combinaciones que sirven al acto mismo de mentir, que resulta siempre intencional. Para eso, la mentira recurre a diferentes técnicas, siendo una de las más sutiles la fusión de datos verdaderos con informaciones falsas. Los diferentes actores de la mentira (los políticos, las grandes corporaciones, los medios, algunos usuarios de las redes sociales, etcétera) deben armar una serie de elementos que los protejan, es decir, que hagan verosímil la mentira. Si la mentira no es verosímil, no funciona, deja de ser posverdad y se convierte en una mentira descubierta de entrada. La cuestión es hasta qué punto en esta sociedad de la información y la comunicación somos continua e intencionadamente engañados y en qué dimensión la posverdad forma parte del paradigma de nuestra época. En palabras de Gómez de Agreda (2018):

La mayoría de las falsas noticias pretenden principalmente eliminar los distingos entre el artículo y la línea editorial, entre la opinión y el paper académico, entre lo contrastado y lo especulativo. A partir de ahí, una vez suplantado el papel de la información rigurosa, cualquier cosa vale.

De la conferencia de Derrida, una primera idea sobre la mentira queda contundentemente clara. La mentira debe ir acompañada de intencionalidad. Se trata de una fabricación imposible sin el concurso de la intención; es decir, sin la determinación de mentir. Continúa Derrida (1995c) afirmando que:

Se puede estar en el error, engañarse sin tratar de engañar, y por consiguiente, sin mentir. [...] Si según parece, la mentira supone la invención deliberada de una ficción, no por eso toda ficción o toda fábula viene a ser mentira; y tampoco la literatura. Ya se pueden imaginar mil historias ficticias de la mentira, mil discursos inventivos destinados al simulacro, a la fábula y a la producción de formas nuevas sobre la mentira, y que no por eso sean historias mentirosas.

El propio Derrida (1995d) concluye su conceptualización de la mentira señalando que:

En su figura prevaleciente y reconocida por todos, la mentira no es un hecho o un estado: es un acto intencional, un mentir. No hay mentiras, hay ese decir o ese querer decir al que se llama mentir: mentir será dirigir a otro (pues sólo se miente al otro, uno no se puede mentir a sí mismo, salvo sí mismo como otro) un enunciado o más de un enunciado, una serie de enunciados (constatativos o realizativos) que el mentiroso sabe, en conciencia, en conciencia explícita, temática, actual, que constituyen aserciones total o parcialmente falsas; hay que insistir desde ahora en esta pluralidad y en esta complejidad, incluso en esta heterogeneidad. Tales actos intencionales están destinados al otro, a un otro o a otros, para engañarlos, para hacerles creer (aquí la noción de creencia es irreductible, aún cuando permanece oscura) en lo que se ha dicho, cuando por lo demás, se supone que el mentiroso, ya sea por un compromiso explícito, un juramento o una promesa implícita, dirá toda la verdad y solamente la verdad. Lo que aquí cuenta, en primero y en último lugar, es la intención.

Así como la mentira no es error ni desconocimiento, sino fundamentalmente intención, la característica esencial de los mentirosos es que conocen la verdad y, al conocerla, la ocultan, la falsean y la recubren para invisibilizarla. Los mentirosos saben cuál es la realidad, saben lo que quieren decir sobre ésta y diferencian ambas dimensiones: «Para mentir, en el sentido estricto y clásico del concepto, hay que saber la verdad y deformarla intencionalmente. Por lo tanto, es preciso no mentirse a sí mismo» (Derrida, 1995e).

En la cuestión del autoengaño (la mentira a uno mismo) hemos de realizar un parada. Mientras que Derrida defiende la imposibilidad del autoengaño a la hora de practicar la mentira, Hanna Arendt plantea una teoría que parece contravenir tal aseveración. Desde su punto de vista, la práctica contemporánea de la mentira exige cierta dosis de autoengaño:

En «Verdad y política» («Truth and Politics») aparecen varios signos de que ese concepto de mentira a sí mismo desempeña un papel determinante en el análisis arendtiano de la mentira moderna. Por cierto, Arendt ilustra esa mentira a sí mismo con anécdotas o discursos de otros siglos. «Sabemos desde hace mucho tiempo», observa, «que es difícil mentir a los demás sin mentirse a sí mismo» y «cuanto más éxito tiene un mentiroso, más probable resulta que sea víctima de sus propias invenciones» (Derrida, 1995f).

La misma Arendt (1972: 326) se encarga de confirmarlo cuando indica que:

Políticamente, lo importante es que el arte moderno del autoengaño puede transformar un problema externo en cuestión interna, de tal modo que un conflicto entre naciones o entre grupos repercuta sobre la escena interna. Los autoengaños practicados en los dos lados durante el período de la Guerra Fría son demasiado numerosos para enumerarlos, pero es evidente que son un caso especial. Los críticos conservadores de la democracia de masas a menudo subrayaron los peligros que esta forma de gobierno introduce en las cuestiones internacionales, sin mencionar empero los peligros propios de las monarquías u oligarquías. La fuerza de sus argumentos reside en el hecho innegable de que, en condiciones plenamente democráticas, el engaño sin autoengaño es casi imposible.

De alguna forma, podemos afirmar que Derrida anticipa algunos de los elementos esenciales que varias décadas más tarde acapararían la atención de los académicos en el campo de la información y la comunicación, ya bajo la denominación de posverdad. Con el fin de reflexionar sobre estos elementos, el filósofo francés recurre a las teorías que Arendt había trabajado en los años setenta. Arendt defendía la creciente universalización de la mentira y su expansión en contextos ajenos al político, campo este último donde se asentó siglos antes. En cierto modo, Arendt anticipa el poder manipulador y la capacidad de influencia de grupos de presión situados al margen de (pero en conexión con) los gobiernos:

La posibilidad de la mentira completa y definitiva, desconocida en épocas anteriores, es el peligro que nace de la manipulación moderna de los hechos. Incluso en el mundo libre, donde el gobierno no ha monopolizado el poder de decidir o de decir qué es o no es desde el punto de vista fáctico, gigantescas organizaciones de intereses han generalizado una especie de mentalidad de la razón de Estado, que antes se limitaba al tratamiento de los asuntos exteriores y, en sus peores excesos, a las situaciones de peligro claro y actual (Arendt, 1972: 324-325).

La mentira es peligrosa no sólo como representación del presente, sino también como actor interpretador del pasado. Nunca el prefijo pos- de posverdad estuvo tan bien justificado como en la construcción de una mentira sobre unos hechos que ya ocurrieron. La reelaboración, la reescritura, de la historia es otra de las grandes formas en las que se envuelve la mentira. Para evidenciarlo, recurrimos de nuevo a Arendt (1972: 321):

Ahora debemos volver nuestra atención hacia el fenómeno relativamente reciente de la manipulación masiva de los hechos y de la opinión, tal como se ha tornado evidente en la reescritura de la historia, en la fabricación de imágenes y en la política de los gobiernos. La mentira política tradicional, tan saliente en la historia de la diplomacia y de la habilidad política, generalmente se refería a secretos auténticos —datos que nunca se habían hecho públicos— o bien a intenciones que, de todos modos, no poseen el mismo grado de certidumbre que los hechos consumados. [...] Las mentiras políticas modernas tratan eficazmente de cosas que de ningún modo son secretas, sino conocidas prácticamente por todo el mundo. Esto es evidente en el caso de la reescritura de la historia contemporánea a la vista de aquellos que han sido sus testigos, pero es igualmente cierto en la fabricación de imágenes de todo tipo, pues se supone que una imagen, a diferencia de un retrato a la moda antigua, no embellece la realidad sino que ofrece de ella un sustituto completo. Y ese sustituto, en virtud de las técnicas modernas y de los medios masivos de comunicación, es, por supuesto, mucho más patente de lo que fue jamás el original.

Estas consideraciones de Arendt nos hacen ver que las viejas formas de la mentira, sus antiguas conceptualizaciones, su cartografía y desarrollos han evolucionado a lo largo del tiempo, situándose en una nueva dimensión en la era actual de los datos y la hiperconexión. Nuestra era es también la de la concentración del procesamiento de datos en las plataformas tecnológicas que nos conectan con el mundo. Estas plataformas se sitúan en el eje del poder económico actual como principales receptoras del nuevo petróleo que ha encontrado la humanidad, los datos que, de forma voluntaria, los usuarios entregamos a estas empresas. A cambio, estas compañías nos ofrecen una ventana a la información, a la representación de la realidad sobre el mundo, y nos facilitan conexiones con nuestros seres queridos. Las grandes compañías digitales han sido capaces de monopolizar la provisión de determinados servicios como la creación de vastas redes de conectividad social y, por ello, se configuran como cárceles invisibles de los usuarios, que se resisten a abandonar tales plataformas a fin de mantener sus relaciones sociales y no verse abocados a un evidente empobrecimiento en términos comunicativos. Para Fuchs (2015), el sistema de medios sociales digitales crea un estado de alienación hacia el usuario construido a partir de una evidente violencia simbólica bajo amenaza de aislamiento social y disminución de oportunidades en caso de abandonar estas plataformas sociales monopolísticas. A la vez, estas plataformas gozan de una importancia emocional en la gestión del día a día de los individuos que enmascara su dimensión mercantil. En esta situación, el sujeto se muestra completamente vulnerable ante todo lo que circula en los circuitos digitales. Tal como afirma Lanier (2018): «Internet, tal y como lo conocemos hoy, se basa en la manipulación y la modificación de las conductas sobre la base de las emociones».

Estas consideraciones deben tomarse como el punto de partida de un análisis profundo, meditado y multidimensional que continuaremos en los próximos capítulos. De cómo nuestra sociedad ha alcanzado un estado de mentira generalizado y sobre las diferentes perspectivas de análisis del concepto de posverdad reflexionaremos a lo largo de esta obra, cuyo capítulo final volverá a retomar las ideas de Derrida que aquí hemos anticipado.

Referencias

Arendt, H. (1972). «Lying in Politics. Reflections on the Pentagon Papers». Recuperado el 25 de septiembre de 2018 de: https://www.nybooks.com/articles/1971/11/18/lying-in-politics-reflections-on-the-pentagon-pape/

Derrida, J. (1995). «Historia de la mentira, prolegómenos». Recuperado el 25 de septiembre de 2018 de: http://www.ddooss.org/articulos/textos/Derrida.htm#_edn4

Fuchs, C. (2015). Culture and economy in the age of socia media. New York and London: Routledge.

Gómez de Agreda, Á. (Septiembre de 2018). «Falsas noticias, no noticias falsas». Telos (109), pp. 18-21.

Lanier, J. (2018). Revista Telos. Recuperado el 23 de septiembre de: https://telos.fundaciontelefonica.com/revista/telos-109/#contentNewspaper

1. Director del Máster de Comunicación y Educación en la Red y profesor de la UNED. Investigador en educomunicación, educación digital interactiva, nuevas narrativas, cultura de la participación y transalfabetizaciones.

2. Periodista, investigador y docente en la UNED especializado en narrativa digital interactiva, nuevos medios y cultura digital.

2

La posverdad: el software de nuestra era

David García-Marín y Roberto Aparici

Veles es una ciudad macedonia de 55.000 habitantes. Allí, durante el año 2016 se registró la mayor concentración mundial de páginas web de apoyo al candidato republicano a las elecciones presidenciales de Estados Unidos, Donald Trump. Un grupo de jóvenes habilidosos en los circuitos digitales, residentes en aquella ciudad, logró construir varios sitios online de noticias falsas a favor de Trump y en contra de Hillary Clinton que, convenientemente difundidas en los grupos de apoyo a Trump en Facebook, llegaron a millones de ciudadanos estadounidenses, que generaron una enorme cantidad de visitas a estos contenidos y difundieron a través de sus redes todas las falsedades que estas páginas incluían. Aunque su impacto en las elecciones del país más poderoso del mundo resultó decisivo, el objetivo de los jóvenes macedonios no era ayudar a Trump a vencer a Clinton, sino ganar dinero a través de la venta de espacios de publicidad en sus páginas aprovechando el elevado tráfico que éstas registraron. ¿A quién le importa la verdad cuando se trata de hacerse rico? Bienvenidos a la era de la posverdad.

Es cierto que la historia del engaño tiene muchos siglos de desarrollo. Desde las primeras etapas de la historia de la humanidad, aquellos que han ocupado el poder han intentado manipular y controlar a la población; si bien este proceso comenzó a hacerse a gran escala desde comienzos del siglo XX, cuando se constituye la llamada sociedad de masas. Desde entonces, los grandes medios de comunicación (la prensa, el cine y la televisión) y la escuela construyeron un sistema cuyo objetivo era generar individuos en serie para la sociedad industrial que se estaba desarrollando, sujetos estandarizados e iguales que debían compartir los mismos valores y consumir los mismos productos que, también en serie, salían en masa de las fábricas. El fin de los medios de comunicación y de la escuela era generar consumidores para el sistema socioeconómico que comenzaba a construirse. No en vano, el filósofo francés Louis Althusser definió a los medios y al sistema educativo del siglo XX como los grandes «aparatos ideológicos del Estado».

Sin embargo, la manipulación y la mentira viven estos días un proceso de reconfiguración, remodelado y complejización debido a un conjunto multidimensional de factores, señalados por la Comisión Europea en su informe titulado A multidimensional approach to disinformation. Report of the independent High level Group on fake news and online disinformation (2017) como vectores esenciales para entender la desinformación en nuestros días.

Por un lado, los actores políticos alimentan en múltiples ocasiones la circulación de falsas informaciones a partir de acciones dirigidas a atentar contra la estabilidad de determinadas naciones o interferir en procesos democráticos como elecciones o referéndums. Además, no todos los medios mantienen los mismos estándares de profesionalidad, honestidad e independencia. A pesar de que los propios medios deberían jugar un importante papel a la hora de combatir la desinformación e incrementar la resistencia de la sociedad ante la posverdad, determinadas empresas mediáticas contribuyen a alimentar este problema, debilitando la confianza de los ciudadanos en los medios tradicionales. Por otro lado, aunque la sociedad civil debería mantener una actitud vigilante y crítica hacia los incesantes intentos del poder por ejercer procesos de manipulación y engaño, la tendencia habitual de los usuarios en los circuitos digitales es la de avivar el fuego de la falsedad a través de la propagación individual y/o colectiva de contenidos falsos, guiados por aspectos emocionales y razones ideológicas. En última instancia, el papel de los medios digitales —y en particular de las grandes plataformas de social media como Facebook o Twitter— resulta central en el ecosistema mediático actual ya que actúan cada vez de forma más potente como puerta de acceso a la información —y, por tanto, a la representación del mundo— para un número creciente de ciudadanos. Las herramientas digitales ofrecen a los sujetos nuevas formas de recibir, crear y compartir informaciones desde una variedad de fuentes nunca antes conocida en un contexto donde, además, el relato que circula en las autopistas digitales termina siendo rentabilizado por las grandes empresas tecnológicas a partir de procesos de mercantilización de las emociones y apropiación de los afectos, propios del capitalismo emocional (Illouz, 2007). En este sentido, afirman Rúas y Capdevila (2017: 151):

Los discursos emocionales y económicos se configuran mutuamente y la vida emocional sigue la lógica del intercambio y las relaciones económicas, hasta llegar a un régimen de dominio afectivo y gobierno basado en la sentimentalización de la conversación pública.

La negación de lo empírico

En su versión del siglo XXI