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Armas biológicas, manipulación genética, contaminación del medio ambiente, desintegración de las relaciones humanas... ¿Es la ciencia realmente culpable de todo esto?, ¿cuál es su verdadera cara? En un tiempo como el nuestro, donde la sobreabundancia de información paradójicamente favorece el prejuicio y la confusión, un libro como La ciencia ofrece las respuestas más claras y concisas, especialmente dirigidas a los jóvenes, para entender el largo y apasionante camino de la mejor y más riesgosa.
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Seitenzahl: 99
Veröffentlichungsjahr: 2018
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A Tomás
Este libro es el resultado de muchas horas de clase con jóvenes alejados de la ciencia y con futuros científicos, además de largas discusiones con amigos, algunos de los cuales me ayudaron en la corrección de los diversos manuscritos que terminan en este ejemplar. Particularmente agradezco a los doctores Octavio Chamizo, Juan Manuel Gutiérrez, Alejandra García, Juan Pedro Laclette, Ana Martínez, Matías Moreno y José Luis Palacio por enfrentarme con mis equívocos y confusiones; a Luisa y Rodrigo por provocarlas, y a Montserrat y Yosune por paliar… algunas de ellas.
Parecía absolutamente evidente que la Tierra fuera estable e inmóvil y que éramos el centro del universo. La ciencia occidental moderna parte de la negación de este axioma derivado del sentido común. Tal negación, origen y prototipo de las mayores paradojas de la ciencia, constituiría nuestra invitación a un mundo indivisible e infinito. Del mismo modo que el conocimiento fue lo que llevó a Adán y a Eva a descubrir su desnudez y a vestirse, el conocimiento, acompañado de un sentimiento de culpabilidad, de esta simple paradoja —que la Tierra no ocupaba un lugar tan central ni era inmóvil como parecía—, llevarían al hombre a descubrir la desnudez de sus sentidos. El sentido común, pilar de la vida cotidiana, ya no servía para gobernar el mundo. En el momento en que el conocimiento “científico”, sofisticado, producto de complicados instrumentos y sutiles cálculos, dio lugar a verdades incuestionables, las cosas dejaron de ser lo que parecían.
D. Boorstin1
Figura 1.
Mirar la figura 1 nos causa cierta molestia. Algo está mal con ella ya que queremos verla como un objeto en tres dimensiones cuando no lo es.
Este objeto es una paradoja; parece una cosa y es otra. ¿O tal vez no? Al mirar este objeto, como sucede también al mirar el mundo, nuestros sentidos nos engañan. ¿Acaso todo lo que miramos no es lo que parece ser? Una respuesta a esta pregunta está en las ciencias. Sobre ellas hay muchas ideas diferentes; dos de las más importantes son:
1. La que sugiere que el desarrollo de las ciencias, con su fría lógica capitalista a la que no le preocupa otra cosa más que el beneficio económico, ha desplazado viejos saberes que permitían comprender mejor el mundo. Las ciencias, además, han olvidado lo sagrado, lo humano, lo artístico, lo inesperado. Para los que comparten esta idea, las ciencias han roto el contacto que existía entre los seres humanos y su entorno, incluidos los otros seres humanos. Las ciencias son un peligro, como lo demuestran los ríos contaminados, las armas de todo tipo, la comida alterada y la manipulación de la vida a través de la ingeniería genética. A fin de cuentas, las ciencias son dañinas en sus resultados, en sus aplicaciones y, por tanto, en su forma de construirse. Es el saber deshumanizado por excelencia… y además, a pesar de ser aburridas, hay que aprenderlas en la escuela por la fuerza.
2. La que apunta a que las ciencias son un esfuerzo obviamente humano (de quién si no) realizado durante siglos por mujeres y hombres para vencer los mitos que tenían y aún tienen engañados a los seres humanos. El saber del pasado fue, precisamente, un remedio contra el temor que producían los fenómenos naturales, y el saber científico lo ha superado. Al hacerlo, los conocimientos científicos han crecido lo suficiente como para poder manipular mucho de lo que nos rodea. Las ciencias nos dan, entre otras cosas, una agricultura que sostiene a un número creciente de personas en todo el planeta, remedios para muchos de los males que nos aquejan, materiales que nos facilitan la vida y una red global de telecomunicaciones… y en la escuela algún maestro o maestra de ciencias fue lo suficientemente talentoso como para hacer que no las odiáramos.
Este libro trata sobre las ciencias y sobre sus tres temas más importantes: la materia, el tiempo y las sociedades humanas, y muestra algunos aspectos de su historia. Finalmente, la historia de las ciencias está llena de luchas, denuncias y vueltas a empezar; de errores que generaron verdades, de pruebas que dejaron de serlo, de esperanzas y de frustraciones. Ha sido y es una acumulación razonada y crítica de saberes, que en sus intentos de conocer mejor el ambiente que rodeaba a las comunidades humanas pareció como un ataque contra lo que era el sentido común de la época. La historia de las ciencias se desarrolló como una larga lucha contra el principio de autoridad, tanto civil como religiosa, que de alguna manera se opuso a esta nueva forma de ver el mundo para justificar la estructura social de la época. Hoy las ciencias son, querámoslo o no, parte de esa estructura social y con ello también de nuestra cultura.
Con el desarrollo de las ciencias aumenta el conocimiento que se tiene del mundo, y consecuentemente la capacidad para intervenir en él. Esto ha hecho que particularmente en los últimos 100 años buena parte de las costumbres sociales asociadas a la moral, que nos permitían vivir en sociedad, se volvieran obsoletas. Por primera vez en la historia de los seres humanos nuestras condiciones de vida no son iguales a las de nuestros padres; ni siquiera semejantes a las de nuestros abuelos. ¿Cómo eran los días sin radio, televisión o redes sociales? ¿Cómo se iluminaban las noches sin electricidad? ¿Había métodos anticonceptivos? Las mujeres, desde luego, no iban a la escuela.
Como resultado de los cambios actuales hay nuevas y urgetes preguntas, y, por tanto, muchas y diferentes respuestas. Hay que tomar decisiones para las que no estamos preparados. ¿Cuándo empieza la vida? ¿Cuándo la muerte? ¿Qué hacer para no destruir el planeta? ¿Cómo compartir el conocimiento? ¿Cómo repartir la riqueza?
Muchas de estas preguntas también se las hacen los filósofos y los teólogos; sin embargo, sus respuestas, cuando las tienen, son diferentes de las de los científicos.
Buda no tenía respuesta para el enigma de la creación. En gran parte, el atractivo que ha ejercido sobre millones de personas de todo el mundo durante 2 500 años deriva de esta razonable negativa a intentar responder a preguntas para las que no hay respuesta. “¿Es el universo eterno o no lo es, o ambas cosas? ¿Es el universo espacialmente infinito o no infinito, ambas cosas o ninguna de las dos?” Buda incluía estas preguntas en la lista de 14 interrogantes para las que no tenía respuesta.2
Las ciencias no son más que lo que son: poderosas en su transformación y explicación del mundo, y frágiles en la medida en que lo son las obras de las mujeres y los hombres. El problema de hoy está en encontrar la moral que nos permita vivir de acuerdo con nuestro tiempo, tiempo caracterizado y construido por las ciencias. ¿Cómo ves?
Las ciencias son una manera de ver el mundo. Hay muchas maneras de verlo: los campesinos, a través de los alimentos que recogen de la tierra después de una paciente labor de sembrar y cuidar las plantas; los doctores y las enfermeras, a través del cuidado de la salud de las personas; los conductores profesionales de aviones, trenes, autobuses o automóviles, como el partir de un lugar para llegar a otro transportando mercancías o personas; y los científicos, como algo por conocer y también por intervenir. Estos últimos se preguntan por qué están hechas las cosas de la manera en la que están hechas, o el porqué de:
el color azul del cielo,el sabor de la piña,la lava de los volcanes,las alas de las mariposas,los anillos de Saturno,el tiempo,la vida,la muerte.Pero a diferencia del resto de las personas, que en muchas ocasiones sólo se hacen las preguntas o aceptan la primera respuesta, los científicos buscan cómo responderlas haciéndose más preguntas. Ése es, finalmente, el trabajo de muchos de ellos: responder preguntas. La otra actividad que caracteriza a las ciencias es intervenir en el mundo (o el universo), idealmente con un propósito definido. Para contestar las preguntas casi siempre dividen el problema que éstas concretan en partes cada vez más pequeñas, y las van contestando poco a poco, una tras otra.
Es tan amplio el número de preguntas y de respuestas que la humanidad se ha hecho a lo largo de su historia que para responderlas adecuadamente las ha agrupado en aquellas que se refieren a objetos o fenómenos semejantes. Por un lado, las que tienen que ver con los planetas y las estrellas; por el otro, las que se relacionan con los seres vivos; por otro lado, aquello que tiene que ver con los objetos materiales y cómo se transforman; y otro más con las razones del movimiento, etcétera.
Una vez clasificadas y separadas las preguntas —lo que ha sido muy difícil a lo largo de la historia y aún hoy es motivo de controversia— podemos, como ya se hizo hace muchos años, darles un nombre común. Algunos de ellos son:
Biología. Ciencia que estudia la vida.Física. Ciencia que estudia la interacción entre la materia y la energía, así como el movimiento de los objetos.Química. Ciencia que estudia las transformaciones de la materia, y la energía relacionada con dichas transformaciones.Matemática. Ciencia que estudia las formas y los infinitos.Antropología. Una de las ciencias que estudian las culturas humanas.A los biólogos les interesa saber, entre otras cosas, qué es una flor, por qué son diferentes de los frutos, de dónde vienen y cuál es su relación con las abejas. O por qué vuelan las águilas y no lo hacen las ballenas.
A los físicos les interesa saber, entre otras cosas, por qué el cielo es azul, por qué brillan las estrellas, por qué los objetos se mueven, por qué hay rayos o por qué oímos los truenos.
A los químicos les interesa saber, también entre otras cosas, por qué la piña sabe a lo que sabe; de qué están hechas las hojas de las plantas, la lava de los volcanes o la tela de una araña. Y después de saberlo, les interesa reproducir los sabores, las texturas o los olores, e intentar que sean iguales o mejores.
La astronomía, la geología o la bioquímica son conjuntos más pequeños, pero no por ello menos importantes que los tres anteriores. Podríamos decir que se hacen preguntas más específicas sobre las estrellas, la Tierra o las transformaciones de la materia que acompañan a la vida.
A los matemáticos les preocupan las formas de los objetos, reales o imaginarios; las geometrías de sólidos posibles o imposibles; las dimensiones y los diferentes infinitos.
