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Federico es un niño seguro, alegre, asombrado por las cosas del mundo. Es el hijo mayor de un terrateniente de la vega granadina, a la orilla del río Cubillas. Los días de su infancia en Fuente Vaqueros suceden entre chopos y zarzales, entre bichos y urracas, en contacto con gañanes, pastores, niños del pueblo y parientes. Este libro narra los descubrimientos de su infancia hasta su traslado a la vecina Asquerosa (hoy Valderrubio). «Mis más lejanos recuerdos de niño tienen sabor de tierra. Los bichos de la tierra, los animales, las gentes campesinas... Yo las capto ahora con el mismo espíritu de mis años infantiles. De lo contrario, no hubiera podido escribir Bodas de sangre». Federico García Lorca.
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Seitenzahl: 53
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Sinopsis
Federico es un niño seguro, alegre, asombrado por las cosas del mundo. Es el hijo mayor de un terrateniente de la vega granadina, a la orilla del río Cubillas. Los días de su infancia en Fuente Vaqueros suceden entre chopos y zarzales, entre bichos y urracas, en contacto con gañanes, pastores, niños del pueblo y parientes. Este libro narra los descubrimientos de su infancia hasta su traslado a la vecina Asquerosa (hoy Valderrubio).
«Mis más lejanos recuerdos de niño tienen sabor de tierra. Los bichos de la tierra, los animales, las gentes campesinas... Yo las capto ahora con el mismo espíritu de mis años infantiles. De lo contrario, no hubiera podido escribir Bodas de sangre».
Federico García Lorca
Guía didáctica disponible en la página web de
www.edmilenio.com
Biografías
Mónica Rodríguez nació en Oviedo (1969). Es licenciada en Ciencias Físicas. Durante quince años trabajó en un centro de investigación. Desde 2009 se dedica por entero a la literatura infantil y juvenil. Tiene publicados más de medio centenar de libros y ha recibido numerosos premios y reconocimientos. En 2018 se le otorgó el premio Cervantes Chico de literatura infantil y juvenil a su trayectoria. En Nandibú tiene publicados La flor de bambú (2017) y Naszka (2018).
Federico Delicado nació en Badajoz (1956). Es licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid. Trabaja desde 1977 como ilustrador de libros infantiles y juveniles, y, de un modo más esporádico, como dibujante de prensa (El País y El Correo de Andalucía). Es también autor del texto de algunos de los libros que ilustra, por los que ha recibido premios y reconocimientos: Segundo Premio Ciudad de Alicante 2005, Premio Internacional Compostela para álbumes ilustrados (2014), seleccionado en 2015 en The White Ravens (2015), Lista de Honor de IBBY 2016 y Premio II Muestra del Libro Infantil y Juvenil de Madrid.
Portada
Mónica Rodríguez
Ilustraciones de Federico Delicado
Créditos
Proyecto financiado por la Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura, Ministerio de Cultura y Deporte
Financiado por la Unión Europea-Next Generation EU
espai
es una colección de libros digitales de Editorial Milenio
© del texto: Mónica Rodríguez, 2020
© de las ilustraciones: Federico Delicado, 2020
© de la edición impresa: Milenio Publicaciones, S L, 2020
© de la edición digital: Milenio Publicaciones, S L, 2023
C/ Sant Salvador, 8 - 25005 Lleida
www.edmilenio.com
Primera edición impresa: noviembre de 2020
Primera edición digital: marzo de 2023
DL: L 365-2023
ISBN: 978-84-19884-25-1
Conversión digital: Arts Gràfiques Bobalà, S L
www.bobala.cat
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, <www.cedro.org>) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra.
1
(Año 1906, finales de agosto, hace mucho calor. Un pueblo andaluz de la Vega. Alrededores).
Federico camina entre los chopos y los zarzales. Mira hacia atrás y ve a Carmen que le sigue. Su vestido resalta entre la fronda y es blanco como la tarde. Ella tiene catorce años y Federico ocho. La Ramicos, como él la llama, es la hija de su nodriza, la que le amamantó cuando era niño de teta, y por eso él piensa que son medio hermanos, hermanos de leche. Él es el hijo del amo.
Federico intenta subirse a un chopo, pero no puede.
—Ten cuidado, lucero, a ver si te vas a lastimar —le reprende Carmen.
Avanza hacia Federico y su vestido se enreda en las ramas. Maldice por lo bajo y el niño la oye y se ríe. La Ramicos, enojada, se sienta a descansar en un murete de piedra, entre sombras y pájaros.
—Anda, tunante, alcánzame un fruto de esos árboles que me devuelva el aliento.
—¡No puedo! —grita el niño.
—¿Cómo que no puedes, si lo tienes ahí mismico?
—Está el peligro, Ramicos. Está el peligro.
—¿Pero qué peligro, lucero?
—Por ese reguero va un cocodrilo.
—¡Un cocodrilo, estás tú bueno! Los cocodrilos andan en otras tierras, aquí hay a lo mucho lagartijas y a lo poco ni eso.
—¿Lagartijas? No, no.
Federico se mira sus lindos zapatos llenos de barro y sus piernas blancas y regordetas. Con sus torpes andares se llega hasta el murete y se sienta en el suelo. Apoya la cabeza entre las manos y la mueve testarudo.
—Lagartijas no, Ramicos. Aquí hay cocodrilos, cocodrilos verdes que parecen cuero viejo, con dientes como escardillas y tan grandes que se comen las ovejas de un bocado. ¿Es o no es eso un peligro?
Carmen echa la cabeza hacia atrás y se ríe. Un rizo de su cabello resbala sobre la frente.
—Anda, vamos —dice poniéndose en pie—, que tu madre debe estar rezándole a la Virgen del Amor Hermoso porque no llega su hombrecito.
De pronto, Carmen se detiene y señala el muro de piedra, bajo los sauces, donde el musgo crece. El sol es muy blanco y rompe contra la piedra, les hace guiñar los ojos.
—¡Mira tu peligro! —grita y se ríe como la fuente.
En el muro, bañado por el sol, hay una lagartija muy quieta.
—¡Menudo cocodrilo!
Federico arruga la frente y enseguida contesta:
—¿Sabes qué es eso, Ramicos? No es lagartija, no. Es una gota de cocodrilo.
Carmen vuelve a reírse.
—¡Qué cosas tienes, Federico!
Le toma de la mano y siguen la vereda. La lagartija ha desaparecido por una hendidura de la piedra.
—Ay, si el amo supiera que esto está lleno de peligros, me cantaba las cuarenta —bromea la hija de la nodriza.
—Mejor te cantaba por bulerías —dice el niño.
Ella no deja de reírse y de menear la cabeza.
—¡Pero qué bobo que eres! ¿Y por qué no me cantas tú algo, lucerito, con esa voz de plata que tienes?
Federico canta y, entre coplas y risas, alcanzan el pueblo. Van de la mano.
Ya bordean las primeras fincas y la torre de la iglesia aparece tan alta como la casa donde vive Federico. Tocan las campanas y suenan a tierra. Los niños, aún de la mano, se detienen en el borde de la plaza. Las casas hondas y anchas están engalanadas y unos hombres trabajan montando columpios para la feria que en el pueblo llaman el Corpus Chico.
Cuando llegan al caserío, doña Vicenta, la madre de Federico, le llena de besos.
—¿Puedo ir con Salvador a esperar a papá? —pregunta el niño.