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Una joven italiana se enamora del hermano de su marido; una mujer ama a otra mujer y se condenan a no verse más; una niña percibe un alma masculina escondida en la suya y trata de liberarla; una pelirroja busca venganza; unas gemelas transgreden la moral y el juicio de la época; una actriz es traicionada por su amante; una médica se interna en la selva; dos muchachas descubren misterios familiares y los sacan a la luz. Cual micelio unido a las raíces de todas las plantas, las mujeres se toman de la mano formando una gran red, aprenden, se fortalecen y encuentran la manera de propagar su ingenio a través de infinitas estrategias. Las semillas de Dios reúne palpitantes universos femeninos: once mujeres que escriben su historia a través de mapas, acertijos, cartas y confesiones guardados en un libro naranja que las acompaña durante décadas. ¿Hallarán allí todas las respuestas?
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Seitenzahl: 188
Veröffentlichungsjahr: 2023
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Reyna, Ana Claudia
Las semillas de Dios / Ana Claudia Reyna. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.
210 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-824-516-4
1. Narrativa. 2. Novelas. 3. Novelas Románticas. I. Título.
CDD A860
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Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2023. Reyna, Ana Claudia
© 2023. Tinta Libre Ediciones
A las mujeres de mi vida, mi abuela Catalina, mi madre, María Dolores y mi hija Lucía.
Los hechos narrados, lugares y personajes obedecen a la imaginación que impulsa mi afán literario; me he tomado licencias a los fines de la novela mixturando ficción y realidad; generando una atmósfera de lucha femenina a través del relato de las aventuras de los personajes. No tengo los recursos de un historiador, pero la novela puede servirle al lector para bucear e investigar si así lo desea.
Las semillas de Dios
Prólogo
Hay un espacioanálogo, muchos hechos que somos incapaces de ver.
“Mi universo es interno como fue el amor que dio sentido a mi existencia en este nuevo mundo al que llegué entre temores y sueños. No sabía entonces que en medio de ese interminable viaje aparecería mi verdadero destino, amplio y frondoso, ni que mis pequeños descubrimientos escondidos entre cáscaras naranjas cambiaría la vida y las emociones de tantas descendientes.”
Estas líneas podrían haber sido escritas por la precursora y sentí que era ella quien me las dictaba.
Pienso, que así, describiría las circunstancias que transformaron el destino de las once mujeres que pasean por las páginas de la novela que tengo el placer de prologar, cuya autora, Any Reyna introduce de la mano de un/a narrador/a con intensa delicadeza.
Considero que este tipo de literatura es una especie de rebelión contra la patriarcalidad que en ciertos países o poblaciones no tan distantes sigue existiendo; las jóvenes de hoy pueden creer que fue mágico este cambio en el que no todo está terminado pues, solo algunas de nosotras gozamos de él, que la libertad de decidir continúa para otras siendo algo imprevisto y raro.
Mi “recorrido” por las páginas de este libro me permitió ahondar en la interioridad de personajes en los que la lucha era constante, conocer países alejados, ingresar en la profundidad del desarraigo, en las actividades de un tiempo desconocido, en la valentía para buscar esa verdad que no podía salir a la luz.
Caminé por la colonia agrícola, transpiré muy cerca de Nicoletta y Juana, logré impregnarme de los aromas emanados desde sus cuerpos apasionados, aceptar que cada ser humano es diferente.
Intenté con este prólogo sumar significado y dar hilo a la narración, centrándome en un punto de vista de la trama, en un personaje determinado, enfocarme en una escena para seguir el ritmo: lo qué hay, lo que se huele, lo que se oye, hacia dónde giran las actitudes de los personajes.
Este breve texto preliminar intenta servir de introducción a la lectura de la obra.
Me pareció importante dejar que quien narra les permita conocer a la pionera:
“El mundo se ensaña con las mujeres y por aquellas épocas el silencio era el único aliado para no ser señalada y condenada.
Lejos estaba el pedir por sus derechos ya que ni sabían que los tenían; Nicoletta estaba muy sola, Philipp era un niño que solo pensaba en mirar el mar y en soñar con quien sabe qué. Dibujaba o escribía en papeles que nunca quiso mostrarle.
La joven arribó a Rosario embarazada, pero no de su marido; tenía el alma destrozada, sabía que ese sería un secreto que se llevaría a la tumba. Con su esposo habían tenido una noche de bodas, pero ante el desconocimiento de ambos acerca de los rituales maritales había sido un fracaso. La reciente “señora de” se durmió dolida, frustrada y el hombre- niño con la sonrisa en el rostro, descansó, convencido de que esos cinco minutos, la habían enamorado para siempre; como el camalote siguió la dulce corriente, se dejó arrastrar y en la mansedumbre de los besos prohibidos, floreció su vientre lleno de amor”. (Capítulo I)
Dejarles desde estas líneas un camino propio que les permita pasar página a página con fruición e interés.
Agradezco a Any Reyna su confianza y el haberme permitido conocer las palabrasiniciales de su obra y brindarme la posibilidad de delinear este prólogo.
Cristina Lescano
Red de vida
El sembrador pone en vuelo el mensaje, las semillas que caen en el camino forjan su destino según el terreno, el clima y lo que guardan dentro para su evolución o destrucción, algunas oyen las palabras y otras no.
Es abrumador; el rulo del tiempo atrapa mis pensamientos. Sumo días y senderos, luz y oscuridad. Las formas se entremezclan con sus brotes mientras intento descifrar los ¿dónde? los ¿para qué? los ¿cómo?
Las semillas parecen haber encontrado su sitio para “ser”, se agrupan, reúnen caracteres gemelos, usan plantillas de comportamiento, algunas inventan puentes, otras, solo se dejan llevar por el viento, no cuestionan, se toman de la mano.
En un saco gigante con embriones de fuego, reunió una vez el universo, una porción de sabiduría femenina en potencia.
Existía la bolsa, el terreno asignado a cada semilla, el cielo, la luna y el sol, el entorno coexistiendo para que el telón del “ahora” se corriera y comenzara la función, una trama que se iría tejiendo con intersecciones, contradicciones, idas y vueltas, una gran red de vida.
Soy parte de la biosfera, por momentos me siento supremo me ubico en la posición de observador o narrador de la vida que se abre paso, trato humildemente de contar las historias de mujeres que colocaron el primer ladrillo de una gran construcción colectiva.
Las ovejas negras.
Soy un hongo, un rey; los humanos me llaman Micelio, conecto lo viviente de la tierra como si fuera un sistema neuronal o red de internet, por eso soy omnisciente, soy parte de una inmensa telaraña que contiene y nutre las indivisibles raíces del amor.
Mi deber es generar el propicio terreno para las semillas que están dispuestas a crecer, así se fortalecen, comparten energía, sabiduría, aprendizajes, mujeres semilla, “Las semillas de Dios”.
Madres, sanadoras, justicieras, arquitectas del universo y la geometría sagrada, sacerdotisas.
Unas crecerán en el agua, otras en el desierto, en el aire; tan infinitas como las estrellas, como los granos de arena en el mar.
Tan inmensas como el manto sagrado que las cubre, las anida, las proyecta en los senderos de la luz donde caminarán solas o en comunidad para lograr que se cumplan sus sueños.
Atraviesan el piélago de una a otra orilla y evolucionan desde el fondo del océano y de sus almas para ser primigenias plantas que darán frutos prohibidos, vanguardistas, femeninos con el poder que eso guarda.
Semillas que serán árboles, recipientes de la naturaleza donde se concentra el esfuerzo de la vida hacia la luz.
Mujeres semilla que tienen el sueño de conquistar el mundo venciendo una ley que las encadena y aprenden a desarrollar estrategias infinitas para brillar.
¿Quién morderá esas manzanas? ¿Quién sucumbirá al perfume de sus flores? ¿Qué ocurrirá con ellas? Hundirán sus raíces hasta lo más profundo y trasladarán por el planeta sus dones.
I
Nicoletta, semilla de camalote, agua dulce y tierra, 1856
Tiene sus raíces flotando para manifestarse en la belleza de su flor
Micelio
Ella es terca, una y otra vez intenta que sus rojizos brotes se afiancen en la nada del polvo volátil de un destino que no acepta como único y suyo.
Alonso y Nicoletta eran hermanos de sangre, ninguno aceptaba la vida triste que tenían en Italia con sus padres y abuelos; el joven se había interesado en Lorenza, una jovencita tímida de solo dieciséis años y planeaba una familia.
Soñaba con una mejora que estaba lejos de llegar. Tenían un campo para trabajar en él y una vida fértil con muchos hijos delante, más el destino y la fragilidad de la chica permitió una sola descendiente y un amargo camino por recorrer.
Una mañana, uno de los muchachos del grupo de la iglesia, recién llegado de Francia con su hermano y sus padres, le contó a Nicoletta una disparatada historia sobre unas tierras lejanas cruzando el océano.
Se llamaba “Confederación Argentina”, existía un contrato que se había firmado tres años antes entre el gobernador propietario de Santa Fe, Domingo Crespo y Aarón Castellanos para llevar colonos europeos a esas tierras.
La mamá del chico aguardaba a que el marido se despidiera de su gente para emprender un viaje en pocos meses hacia “El estado del Plata”, todo parecía una fantasía, pero los ojos de la jovencita brillaban como estrellas, además Philipp Bonnet era muy atractivo y ella no dejaba de fantasear con un beso suyo.
Se casaron para que la niña pudiera viajar de inmediato; la familia de él era conservadora y no permitía que fuera soltera; tampoco los Amato.
Las despedidas fueron cortas, llenas de lágrimas y promesas, aunque todos sabían que a pesar de que era lo mejor para la chica, no la volverían a ver.
Eran del primer contingente y llegaron a bordo del vapor “Asunción”al puerto de Rosario el 24 de enero de 1856.
Nicoletta, su marido y familia pisaron tierras extrañas después de sesenta días en barco, días de tempestad, hambre, mareos, enfermedades y hacinamiento
Habían partido enamorados de una propuesta que los padres de él, oriundos de Francia, pero residentes en Italia, habían aceptado abrumados por la miseria.
En aquel lugar lejano, del otro lado del océano, estaban ofreciendo a los extranjeros tierras para ser trabajadas; casa, semillas para sembrar y ganado, el sueño de ser propietarios y empezar de cero a construir riqueza.
El contrato consistía en recibir eso y después de cinco años de aportar al gobierno un porcentaje de las ganancias, ser los dueños de esas posesiones: la colonia agrícola fundada por Castellanos se llamaba “La Esperanza”.
El mundo se ensaña con las mujeres y por aquellas épocas el silencio era el único aliado para no ser señalada y condenada.
Lejos estaba el pedir por sus derechos ya que ni sabían que los tenían; Nicoletta estaba muy sola, Philipp era un niño que solo pensaba en mirar el mar y en soñar con quien sabe qué. Dibujaba o escribía en papeles que nunca quiso mostrarle.
La joven arribó a Rosario embarazada, pero no de su marido; tenía el alma destrozada, sabía que ese sería un secreto que se llevaría a la tumba, como el camalote siguió la dulce corriente, se dejó arrastrar y en la mansedumbre de los besos prohibidos, floreció su vientre lleno de amor.
Con su esposo habían tenido una noche de bodas, pero ante el desconocimiento de ambos acerca de los rituales maritales habíasido un fracaso. La reciente “señora de” se durmió dolida, frustrada y el hombre- niño con la sonrisa en el rostro, descansó, convencido de que esos cinco minutos, la habían enamorado para siempre.
La muchacha comenzó a escribir una carta a su madre llena de pena e incertidumbre.
—Cara mamma…
El barco era enorme y los colonos viajaban en la bodega; por las noches se podía oír el rugido de Dios en cada ola que abrazaba al “Asunción”. Los padres de Philipp y Franco dormían en camastros rústicos de madera, sin abrigo, constantemente velaban por la madre que no asimilaba nada en el estómago por causa del vaivén y las tormentas.
El reciente matrimonio estaba apartado en unos colchones precarios, tan fríos como su relación.
Philip cargaba en brazos a su madre y la llevaba a tomar aire en cubierta cuando se aquietaba todo, pero eran segundos, temía que no sobreviviera.
Mientras tanto Nicoletta se quedaba largas horas con sus cartas y su Biblia, junto a Franco y los pasajeros que no sentían mareos, conversaban e intercambiaban experiencia en distintos idiomas. Querían aprender español y con la ayuda del sacerdote que daba misa en esa lengua anotaban palabras y armaban frases. Ella se refugiaba en sus creencias y pedía con las manos apretadas contra el vientre que su bebé naciera sano y fuerte como el padre.
No se sentía en pecado, porque el amor nunca lo es, de todas formas, no deseaba confesar al sacerdote sus sentimientos.
Colonia Esperanza 09/04/1956
Querida mamá:
El viaje fue eterno, nada era como lo imaginé, sentí frío, tristeza absoluta, hambre y soledad; me mantiene fuerte pensarte y escuchar en las noches aquellas nanas que nos cantabas a mí y a Alonso cuando éramos niños.
Tengo novedades, espero un nieto o nieta tuyo, ya nos han asignado un terreno y juntos saldremos adelante, Philipp no parece conectar con la realidad que nos circunda, tiene miedo a los malones y no duerme, en cambio Franco no para de trabajar y ayudar a sus padres y a mí.
Cuando esto mejore les voy a mandar el dinero para que vengan a visitarnos o quedarse; necesito el libro naranja para que estas experiencias puedan enriquecer el alma de las mujeres de la familia, mientras tanto guarda cada palabra, cada clave, cada secreto como solo tú sabes hacerlo.
Besos a Alonso y Lorenza, espero estén bien.
Te besa en la frente, tu Nicoletta, léele a papá solo la parte linda, va a ser abuelo, los quiero mucho a todos.
Te abrazo desde las orillas del río lleno de camalotes en flor.
Nicoletta
II
Nicoletta y Franco, pasión en alta mar
¿Qué maldición se adueñó de nosotros?
Te amo, te amo…
Se sentían caníbales al acecho, el chico arrinconaba a su cuñada, encontraban el momento, ella soltaba los botones de la blusa y le mostraba sus pechos grandes a la luz de los relámpagos en las tormentas.
Aprovechaban el revuelo de la gente descompuesta, las corridas para sujetar los muebles, camastros y baúles; nadie les prestaba atención, cada cual sumergido en su pena, sobrevivir a los inhóspitos empujones del tiempo en alta mar.
Las personas se ataban para evitar sufrir heridas con los sacudones y ellos también lo hacían, pero uno dentro del otro, gimiendo, susurrando.
El joven era un cachorro sediento de la piel de nácar de Nicoletta, sujetaba sus pies desnudos contra la madera del piso y lamia sus dedos, sus pantorrillas, sus huecos íntimos y húmedos; ella usaba sus manos para recorrer el continente inexplorado de Franco, que hasta el momento de subir al barco, había sido virgen.
Aprendió que no hacía falta saber cómo hacer el amor cuando la química de los cuerpos se convierte en un averno constante y ellos estaban ávidos por aprender y experimentar.
No les importaba Philipp en esos instantes, ni tampoco las consecuencias que podían ocasionar con su amor. Todo los extasiaba, los aromas, los sabores, la sensación de muerte al explotar de placer.
Nicoletta se alejó de su marido que no hacía más que asistir a la madre, dormía sola en su camastro y cuando todos descansaban o peleaban con el demonio del océano, se entregaba a los brazos de Franco.
Casi sesenta días con sus noches derramándose en el delirio, en el peligro de ser descubiertos y en la insolencia apasionada de la juventud.
Franco y Nicoletta no hablaban de Philipp, no podían y ante su presencia escondían las miradas tratando de que no saltara la verdad en el espejo de sus ojos.
Enero 1856
Amor oceánico:
En las nubes gastadas rugió Dios un destino.
Libres por siempre nos mostró un camino.
Nos ató a la luna de amantes en bruma.
Sádicos de amor, bendecidos o enloquecidos.
Nos enhebramos en besos y cosimos momentos, desvelos, angustias y salados silencios.
Si me leías te miraba, si te miraba te oprimías a mis blancos senos durante las tormentas.
El abrazo fundía nuestras pecadoras almas.
¿Por qué duele tanto el amor y a la vez nos eleva?
Pido al cielo un deseo, verte, siempre verte dormir en mis brazos, pero el barco arriba.
La verdad arrasa y todo se termina.
Nicoletta
III
Catalina. Tierra y pájaros, semilla de mostaza
Ámbar en sus lágrimas fértiles que fecundan nuevas simientes de amor.
Micelio
A partir de la década de 1880, los italianos del norte comenzaron a emigrar a gran escala a Norteamérica, pero también al Sur, lo hacían ayudados por el abaratamiento de las tarifas transatlánticas que trajeron consigo los barcos de vapor.
Nicoletta había partido hacía años y por las cartas que enviaba sabían que, si bien no era fácil, tampoco sería imposible vivir en aquellas tierras.
Catalina acababa de perder a su madre y no quería un futuro como campesina. Había visto sufrir demasiado a esa mujer silenciosa y enfermiza.
Recordaba en ella, una bella sonrisa que iluminaba su rostro arrugado cuando en las noches escribía o leía en el libro heredado de Rosaura, su suegra.
Nunca se quejó de los amoríos de su esposo; era un buen hombre y hasta sentía alivio cuando no regresaba a dormir, junto a su hija cocinaban recetas mágicas con los pocos ingredientes que lograban reunir. Anotaba minuciosamente fechas y mezclas, decoradas con dibujos y manchas de chocolate, un lujo que a veces se podían dar.
El amanecer las encontraba abrazadas en la poltrona frente al gran y único ventanal hasta que los primeros rayos del sol herían mansos sus ojos y llegaba Alonso, lleno de cansancio y con ternura las besaba en la frente. Su padre era mucho mayor que su mujer; Lorenza y Catalina casi parecían hermanas.
¿Dónde pasaba las nochessu padre?
Su madre le había confesado antes de partir que todos sus secretos estaban en las páginas encerradas del cuadernonaranja y ajado; Cata con el transcurrir de los días en el barco lo descubriría.
Los senderos del amor son infinitos, nadie debería decirnos a quién amar, ni juzgar los sentimientos que nacen del alma, si los hombres eligen, nosotras también deseamos hacerlo, tenemos ese derecho.
Lorenza
Estaba decidida a seguir los pasos de su tía, soñaba con viajar a América, ser libre y elegir una vida distinta.
Alonso Amato era un revolucionario que trabajaba en sus campos de Piamonte y entendía que un espíritu rebelde como el de su hija no era para arar la tierra, deseaba que su bambina fuera más feliz que Lorenza.
Le escribió a Nicoletta, su hermana, a quienhacía veinticuatro años no veía; tras una larga espera la carta había llegado a destino.
La pareja ya no residía en Santa Fe; estaban en Buenos Aires y habían logrado una estabilidad económica en un barrio plagado de conventillos, tenían una casa de comidas que se llamaba “El Molino”
Los suegros de la tía y Philipp habían fallecido, ella era una mujer avasallante abriéndose paso en la nada, enfrentando los malones, las plagas de langostas, las heladas y la partida de su esposo antes del nacimiento de su primer hijo. El francés no estaba hecho para soportar las inclemencias del tiempo y la escasez. Inocente e incauto, fue asesinado por los aborígenes a los que tanto temía.
Franco y Nicoletta se amaban, ya no escondían su amor, tuvieron cuatro hijos, el primero, engendrado en el “Asunción”, pero de esto, no sabían nada en Italia.
La joven preparó el equipaje, dos o tres prendas viejas de su madre y el libro de tapas naranja donde las mujeres de la familia guardaban sus recetas magistrales, sus secretos y sus sueños encriptados.
No todas las de su siglo sabían leer, por eso las páginas estaban adornadas con dibujos, esquemas y jeroglíficos que seguiría descifrando.
Su madre le había dado alas para comprender que la vida no era siempre un martirio, que había que aprender a sortear la autoridad masculina de la sociedad como Nicoletta y que existían hombres diferentes como lo había sido siempre con ellas, Alonso.
Lorenza por segundos había sido dichosa, por ejemplo, con el nacimiento de Cata cuando solo tenía dieciséis años, faltaba descubrir con qué otras vivencias había experimentado felicidad o si esa era la única.
Catalina sentía que podía tirar abajo el muro de mandatos que condenaba lo femenino en su familia y en todo el mundo patriarcal, aunque aún no sabía cómo.
De pequeña solía imaginar a la hermana de su padre, en medio de vastos campos, sembrando, arando la tierra, criando vacas y peleando contra los indios, era su ejemplo, una mujer que había vencido grandes obstáculos y se había entregado al amor verdadero sin importar su estado civil.
Sí, Catalina lo sabía, su tía se había jugado por amor siendo infiel a su marido y adorando a su cuñado hasta que al fin el destino los liberó.
Nicoletta era una guerrera que luchaba por lo que deseaba,había construido una vida amando y peleando por sus derechos como campesina y parte del proceso agrícola-ganadero que tuvo Santa Fe. Una heroína en terrenos extraños.
Ejercía la docencia por vocación, autodidacta como siempre había sido, leía, se informaba y escribía, ayudando a mujeres desamparadas en la lucha por lograr independencia ya que aún no se habían creado leyes que las favorecieran.
Su marido era un ser especial, su compañero, el nexo entre el afuera y la secreta habitación al fondo del bodegón donde se cocinaban ideas.
Nicoletta tenía la magia del camalote florecido, con las raíces en el agua, flotando y fluyendo con la corriente, oxigenando su hábitat y bajando las temperaturas de los tiempos de lucha.
En medio de la inhospitalidad de la tierra, supo sacar partido de lo poco que había y mantener la familia unida, agregando tres personas más para completar los cinco adultos que requería el contrato, una pareja de suizos y un hombre soltero.
La Colonia Esperanza había sido un desafío difícil pero también un puente para el progreso del que gozaban en el presente ya que finalmente habían logrado ser propietarios.
IV
Italia 1880, sueños por cumplir
En Italia las mañanas se atropellaban presurosas en las ventanas de la casa de los Amato, la luz partía el abismo oscuro que mantenía presa a la joven.
Despertó otra vez al vértigo, al ruido de la gente, personajes enmascarados cincelando los paquetes humanos y olvidando sus almas.
Espejos donde no querían verse.
Mujeres vacías y autómatas viviendo cada jornada como esclavas de amos implacables, el campo, los hombres, la ignorancia. Presas de sus maridos, de sus hijos,en mediode una chatura gris como los atardeceres tormentosos.
Recorrer la tierra descalza provocaba en ella una conexión inexplicable y placentera; algo así como si le crecieran raíces invisibles que generaban una extraña sinapsis con sus sueños y las aromáticas especias que cultivaba su abuela.
Se sentía una semilla en tierra árida. Sus ropas la molestaban, se ahogaba, todo en ella gritaba libertad.
Estaba harta de las costumbres, de las formalidades femeninas al vestir, de las palabras que se podían decir y de las que había que callar por siempre.
La noche anterior al viaje cortó su trenza larga y alborotó los rubios rizos que develaron una cara bella de mandíbula cuadrada y labios anchos y gruesos.
Un amigo de la familia, médico, viajaba a tierras americanas y la acompañaría. Él había sido su tutor, lector de las cartas de la tía Nicoletta y quien le enseñara a escribir, leer y saciar su manantial de preguntas respecto a la esencia del ser humano, el alma y lo religioso.
El viejo, siempre que tenía unos momentos libres, la invitaba a su biblioteca a tomar un té mientras soñaba con volver a ver a sus hijos en América, nada lo retenía allí pues
