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La bioética implica el cuestionamiento a nivel ético, social, legal o filosófico de todo aquello relacionado con las ciencias biológicas. Aunque en un principio fue pensada solo para los humanos, a lo largo del tiempo ha surgido la necesidad de expandir las obligaciones morales hacia todos los seres vivos. Nuestra actualidad exige una ampliación del registro moral para responder a nuevas preguntas, entre ellas: qué trato reciben los animales no humanos, entendidos como realidades biológicas con capacidad para la experiencia sensitiva de las personas. La presente obra estudia y reflexiona sobre el estado actual de la bioética global para superar las tendencias antropocéntricas. Dividida en dos partes, la primera analiza los conceptos de "sintiencia e intereses" en los animales desde algunas de las teorías más difundidas, el utilitarismo, el contractualismo y el igualitarismo, mientras que la segunda cuestiona y analiza la utilización de los animales en ganadería industrial y en investigación. Con reflexiones y propuestas prácticas, Los animales en la bioética defiende la valorización de la ética animal en la bioética global para que así actúe como herramienta de análisis crítico, educación, sensibilización y cambio a favor de todos los animales, humanos y no humanos.
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Seitenzahl: 272
Veröffentlichungsjahr: 2019
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Fabiola Leyton
Los animales en la bioética
Tensión en las fronteras del antropocentrismo
Herder
Diseño de la cubierta: Dani Sanchis
Edición digital: José Toribio Barba
© 2018, Fabiola Leyton
© 2019, Herder Editorial, S.L., Barcelona
ISBN digital: 978-84-254-4242-1
1.ª edición digital, 2019
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro de Derechos Reprográficos) si necesita reproducir algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com)
Herder
www.herdereditorial.com
ÍNDICE
PRÓLOGO
AGRADECIMIENTOS
BIOÉTICA
BIOÉTICA GLOBAL
Los orígenes
El concepto de bioética y bioética global
Los animales en la bioética
Los animales en la academia (o de cuando todo se cubrió de pelos, plumas y escamas)
LA ÉTICA ANIMAL
Ortodoxia moral: los animales no tienen relevancia moral, o la tienen supeditada a los intereses humanos
¿Por qué los animales carecen de importancia moral?
Superar la ortodoxia moral y el especismo antropocéntrico: los animales importan moralmente
Los animales en el utilitarismo
Los animales en el contractualismo
Igualitarismo y animales no humanos
La cuestión de los derechos
LA SITUACIÓN DE LOS ANIMALES EN LA GANADERÍA INDUSTRIAL Y EN LA INVESTIGACIÓN
GANADERÍA INDUSTRIAL
El consumo de animales en cifras
Animales terrestres
Animales marinos
El consumo de animales en la legislación y en la práctica
Bienestar animal en la legislacón europea
Problemas éticos de la ganadería industrial
Bienestar animal
Propuestas
LA INVESTIGACIÓN CON ANIMALES
La investigación con animales en cifras
La investigación con animales en la legislación y en la práctica
Bienestar animal en investigación: las Tres Erres
Los animales en la investigación básica
Los animales en la investigación biomédica y farmacéutica
Investigación preclínica
Investigación clínica
Investigación biotecnológica
Investigación aplicada a otros fines industriales
Investigación en nanotecnología
Pruebas de productos comerciales
Investigación para docencia en ciencias médicas humanas y veterinarias
Investigación militar
Problemas éticos de la investigación con animales
La perfectibilidad de las Tres Erres
Análisis de costes y beneficios de la investigación con animales
Consentimiento
El bienestar animal y su retórica
Comités de ética de bienestar animal
REFLEXIONES Y PROPUESTAS
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
PRÓLOGO
Las propuestas que este libro presenta inciden en una concepción de la bioética global que va más allá de las visiones antropocéntricas mayoritarias. Sostiene, además, que es preciso ampliar nuestro registro moral para responder a preguntas bioéticas nuevas, las que nos interpelan los animales no humanos. La palanca utilizada para ensanchar ese círculo moral es la certidumbre de que los animales no humanos tienen experiencias sensitivas que les permiten constituirse como realidades biológicas que interactúan con su medio; pueden crecer, enfermar, disfrutar situaciones de placer y de juego, experimentar dolor, sufrimiento o estrés; asimismo, llevan a cabo interacciones sociales con otros animales de la misma especie o de otra diferente. Sabiendo esto, solo la indiferencia, la lejanía y los intereses explican —que no justifican— el trato que los animales no humanos reciben de los humanos.
El trabajo está estructurado en dos partes: la primera se dedica al análisis teórico y analiza las cuestiones «sintiencia e intereses» en los animales desde algunas de las teorías éticas más difundidas: el utilitarismo, el contractualismo y el igualitarismo. La segunda parte versa sobre la utilización de los animales en ganadería industrial y en investigación, poniendo de relieve la realidad subyacente y estableciendo una matizada consideración de cada caso; también considera las limitaciones de las tesis del bienestar animal y las llamadas Tres Erres, llevando a cabo un detallado análisis casuístico, del que se derivan reflexiones y propuestas prácticas.
Según Fabiola Leyton, la delimitación del alcance de los valores constituye un proceso activo de discusión sobre su fundamentación y construcción, y considera que «es un ejercicio complejo explorar las posibilidades de superar nuestro antropocentrismo moral para desarrollar una ética que se abra a otros seres vivos con los que compartimos el planeta». Desde este punto de partida, propone llevar a cabo una reflexión crítica sobre la práctica industrial, científica y técnica de forma tal que, para el bienestar humano, no se utilice a otros seres sintientes contrariando sus intereses. Dicho lo anterior, y como soy partidaria de los prólogos cortos, ante la disyuntiva de dedicar este espacio a glosar el tema tratado en el libro o referirme a la autora, prefiero centrarme en lo segundo. Porque un libro ya habla por sí solo y debería justificarse con el análisis que efectúe del tema que se trata. Pero quien lo escribe casi siempre permanece en la sombra. Considero que conviene sacar a la luz a la persona que, escribiendo, piensa en voz alta y es capaz de poner sus argumentos sobre la mesa para «echarlos a pelear» con los de los demás —lectores y colegas—. Para ello se requiere tanto convencimiento como valor, especialmente en temas discutidos, como sin duda lo es el que este libro trata.
Fabiola Leyton es una persona muy cercana a mí. La conocí en 2005 cuando vino desde Chile a cursar el Máster en Bioética y Derecho de la Universitat de Barcelona, también a ver qué se estaba cociendo en el Observatorio de Bioética y Derecho y en la Barcelona de aquella época. Desde entonces no le he perdido la pista: trabajó con nosotros como becaria APIF-UB, se marchó y acabó su tesis; luego volvió al OBD, donde realiza su investigación posdoctoral en el seno de nuestro grupo de investigación consolidado Bioética, Derecho y Sociedad. Es pieza fundamental de la Revista de Bioética y Derecho de la UB, una de cuyas fortalezas se encuentra en la sección de bioética animal, que ella ha potenciado hasta ser hoy una de las que cuenta con mayor predicamento entre los lectores. Además, es profesora asociada de la Facultad de Derecho y despliega una notable presencia en congresos, redes y actividades diversas, siempre implicada en causas animalistas.
En efecto, su perfil académico tradicional se completa con el de la «activista» comprometida. La defensa de los animales no humanos y el ensanchamiento de las fronteras de la ética constituyen el tema central de su trabajo y articulan su vida, su pensamiento y su relación con todos. En este sentido, debo decir que el valor de su ejemplo, silencioso y nada proselitista, ha dejado una huella profunda en los miembros del Observatorio y en la institución misma.
De su biografía, ella explica que creció en el campo, en una cariñosa familia formada por los padres y cuatro hermanos mayores, y siempre rodeada de animales. Estudió en un colegio de monjas, cursó una licenciatura en Trabajo Social en Santiago y un máster en Filosofía Política (en la Universidad de Chile). El tema de los animales siempre estuvo con ella y cuando quiso profundizar en él desde la academia, descubrió la bioética. En su tesis doctoral escribe:
Mi curiosidad intelectual por los animales comenzó de manera muy precoz, y del todo intuitiva, durante mi niñez: mirar a los ojos de otros animales siempre fue un encuentro con un otro, que necesariamente tenía que ser algo más que un trozo de carne o un ser inferior al ser humano. Detrás de esos ojos siempre hubo un «alguien» que me inspiraba respeto, por el hecho de ser otro, con su propia vida como individuo.
Fabiola Leyton es una profesional meticulosa, que va «poco a poco», a su ritmo, asegurándose de la firmeza del suelo que pisa. No se apresura, sabe muy bien cuáles son sus metas y camina poniendo los medios para conseguirlas. Ella desea un mundo mejor para los animales no humanos (y también para los humanos).
Confiamos en que este libro contribuya a ello, arrojando luz no solo sobre los datos del sufrimiento animal sino sobre los conceptos fundamentales de análisis que son herramienta de la ética y la bioética.
MARÍA CASADOBarcelona, 20 de junio de 2018
AGRADECIMIENTOS
Este libro no habría visto la luz sin el apoyo material del Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona. Agradezco a su directora María Casado y a Albert Royes por sus valiosos comentarios al manuscrito original y por creer que una bioética más amplia es posible y deseable. También a Raimund Herder, por creer en este proyecto. A Óscar Horta, por su guía en la tesis que originó este libro.
Quiero agradecer el apoyo e inspiración que me dan muchas compañeras antiespecistas con su lucha incansable, sus ideas brillantes, la revolución de los cuidados que practican día a día a pesar de los tiempos aciagos causados por el antropocentrismo, el patriarcado y otras formas de exclusión: a las compañeras del Jardinet dels Gats, Huellas Cantabria, los Moixos del Krekovic, de los santuarios El Hogar, Gaia, El Refugio del Burrito, El Valle, Wings of Hearts, La Bassa y otros del territorio español, Equidad (Argentina), Igualdad (Chile), Animal Aid (India), Vine (Estados Unidos), las colonias felinas del Cementerio de Verano y Torre Argentina (Italia), Palestinian Animal League, Animals Lebanon y todas las organizaciones antiespecistas que día a día se enfrentan al horror desde el amor y un profundo sentido de la justicia. A activistas como Aitor Garmendia, que documentan la violencia que sufren los no humanos, a las que la comunican (blog El Caballo de Nietzsche, TV Animalista), a las que rescatan y liberan. A las veterinarias antiespecistas, a quienes litigan en tribunales, a las que piensan, cocinan, escriben, forman y educan desde el antiespecismo. Gracias, porque sois manos, cerebros y corazones trabajando por un mundo mejor para todas las personas, humanas y no humanas.
A Carlos Castillo, por su compañía, amor y generosidad. A las amigas que inspiran, sostienen y acompañan: Paula González, Daniela Romero, Catia Faria, Toni Muñoz, Andrea Orellana, Lucha Venegas, Yessenia Ahumada y Andrea Moreno. A mi hermano Claudio, por estar siempre. A Juan Ignacio y Mariana porque están haciendo futuro. A Ramón e Isolina por inspirar las preguntas primeras. A Sandra, Fernando y Ramón por sus tiernos cuidados y cariños. A Yasmina y María por el día a día.
A todas las personas no humanas que han sido parte de mi historia, por los años compartidos, las lecciones aprendidas y el amor entregado: muchas personas felinas, otras tantas caninas, aves, vacas, cabras, ovejas y caballos, que si comienzo a mencionar me extiendo escandalosamente. Las enuncio en general, pues esto nació por ustedes y para ustedes. Les debo un eterno agradecimiento por todo, especialmente por enseñarme a escucharlas y estar atenta a vuestras voces.
A la familia, amigos, amigas y a todas las personas que lean este libro que aún comen animales y los explotan directa o indirectamente: la paz nunca será posible si perpetúan la violencia contra estos seres inocentes. Y ustedes, en el fondo, lo saben. Somos todos responsables a nivel individual y colectivo no solo por los humanos. Los invito a abrir estas páginas para pensar, imaginar y actuar por una realidad más inclusiva y justa, para todos.
Bioética
Bioética global
Los orígenes
Como disciplina, la bioética surgió durante la segunda mitad del siglo XX, en respuesta al avance científico y técnico en medicina e investigación, motivada por unos hechos que se contraponían de manera manifiesta a los principios éticos de la práctica médica y asistencial. La investigación biomédica llevada a cabo en los campos de concentración durante el régimen nacionalsocialista de la Segunda Guerra Mundial,1 los experimentos de la escuela internado de Willowbrook (Nueva York)2 o el estudio Tuskegee (Alabama),3 por citar algunos ejemplos, utilizaron a seres humanos como sujetos de investigación, sin ningún cuestionamiento ético ni moral por parte de los investigadores. Después que estos casos salieron a la luz y la justicia resolviera a favor de las víctimas, se abrió un espacio de reflexión ética dentro de la práctica médica y asistencial. Mientras los juristas crearon legislación, médicos, filósofos y otros profesionales se volcaron a la discusión, reflexión y creación de cuerpos teóricos y metodológicos que abarcasen la profundidad y variedad de interrogantes que estos casos plantearon, por ejemplo: cómo delimitar una investigación, cómo seleccionar a sus participantes, cómo repartir los costes y beneficios de la investigación, entre otras cuestiones teóricas y prácticas. En concreto, se crearon herramientas clave para la toma de decisiones en la investigación biomédica: una de ellas, tras el Juicio de los Médicos, el 20 de agosto de 1947, es el Código de Núremberg, un decálogo de principios orientadores de la experimentación médica en seres humanos.4 Tras el caso Willowbrook, se promulgó la ley federal estadounidense de Derechos Civiles de las Personas Institucionalizadas (1980), y después de la suspensión del estudio de Tuskegee se estableció la Comisión Nacional para la Protección de los Sujetos Humanos en la Investigación Biomédica y de Comportamiento, redactores del mundialmente conocido «Informe Belmont» (o «Informe sobre los principios éticos y pautas para la protección de los seres humanos en la investigación») y se promulgó la Ley Nacional de Investigación de Estados Unidos.5
En ese contexto de reflexión y creación de herramientas para proteger a los seres humanos en la investigación médica se gestó la bioética como disciplina, cuya conceptualización resulta ser una tarea compleja por la diversidad de ámbitos, tendencias y definiciones que involucra. Y aunque la porosidad del concepto y la movilidad de sus límites son algunas de sus principales características, es imperativo precisar aún más su definición para situar la cuestión.
El concepto de bioética y bioética global
Existen divergencias sobre el origen de la palabra «bioética». La versión más aceptada lo sitúa en Estados Unidos, en 1970, a partir de un doble acontecimiento: la publicación del artículo «Bioethics, the Science of Survival» del oncólogo Van Rensselaer Potter, que definió el término «bioética» como una interdisciplina «puente» entre ciencias y humanidades, generadora de conocimiento para el bien social; y la fundación del Joseph and Rose Kennedy Center for the Study of Human Reproduction and Bioethics, en la Universidad de Georgetown, bajo la dirección del ginecólogo André Helleger, que institucionalizó la bioética como una práctica dedicada a la investigación en salud.
Warren Reich, editor de la Encyclopedia of Bioethics (primer compendio sistemático de la disciplina), comparó las nociones de bioética de Potter y Helleger, destacando que ambos autorescoincidían en un enfoque global, aunque inspirados por diferentes puntos de vista: mientras que para Potter el medio ambiente era un elemento clave a la hora de pensar la intersección entre ética y medicina, el modelo de Georgetown se ocuparía de los dilemas médicos, fundamentalmente en tres áreas: los derechos y deberes de pacientes y profesionales sanitarios, los derechos y deberes de los investigadores y los sujetos participantes de la investigación, y la formulación de lineamientos para las políticas públicas relacionadas con la atención clínica y la investigación biomédica.6
El reconocimiento de Potter y Helleger como padres de la bioética, más allá de sus diferencias conceptuales y metodológicas, es un hecho aceptado en la disciplina.7 Siguiendo esta línea, tanto la Encyclopedia of Bioethics como la International Association of Bioethics(IAB) defienden la noción de bioética restringida a lo biológico-sanitario. Para la Encyclopedia, la bioética es «el estudio sistemático de la conducta humana en el área de las ciencias biológicas y el cuidado de la salud por cuanto dicha conducta se examina a la luz de valores y principios morales»,8 mientras que para la IAB se trata del «estudio de los aspectos éticos, sociales, legales, filosóficos o de otra índole relacionados con el ámbito de la salud y las ciencias biológicas».9
Existe, sin embargo, un antecedente más remoto del termino bioética, que reivindica un dominio más extenso que lo biomédico. Su aparición se remonta a 1927, cuando el pastor protestante Fritz Jahr publicó su artículo «Bio-Ethics: A Review of the Ethical Relationships of Humans to Animals and Plants» en la revista científica alemana Kosmos. En él estableció que la diferencia moral entre los animales y los seres humanos era insostenible y que la filosofía necesitaba construir su propio sistema con base en las ideas de las ciencias naturales. Teniendo en cuenta que las ciencias naturales encuentran gradualmente más afinidades y puntos comunes entre el ser humano y los animales, especialmente desde la publicación de El origen de las especies de Darwin, Jahr reconoció la necesidad de que la responsabilidad moral humana vaya más allá de sus congéneres o cercanos, definiendo así a la bioética como «la aceptación de obligaciones morales hacia todos los seres vivos, no solo en relación con los humanos».10 En su artículo, Jahr sustenta esta responsabilidad moral tanto en la teoría como en prácticas de raigambre multicultural, aludiendo a referentes éticos, estéticos y religiosos tales como la exaltación de la naturaleza en la obra filosófica y literaria de Rousseau, las diferentes expresiones del Romanticismo europeo, el misticismo indio, la filosofía moral de Schopenhauer, el elogio estético wagneriano y las enseñanzas de san Francisco de Asís. Según el filósofo Hans-Martin Hass,
Jahr redefine las obligaciones morales hacia las formas de vida humanas y no humanas, delineando el concepto de la bioética como una disciplina académica, un principio y una virtud, donde la preocupación por la ética y la moralidad es propia de un contexto de cambios tecnológicos y culturales.11
La bioética de Jahr es, entonces, un reclamo a la acción individual, un requerimiento formativo para las generaciones futuras y también un punto a considerar en la agenda de políticos y legisladores.12
Aun teniendo en cuenta este énfasis en las responsabilidades sociales dentro de una agenda comunitaria —y por supuesto global— el concepto de bioética global de Potter está mayoritariamente centrado en el ser humano, considerándolo como único ser dotado de una entidad moralmente relevante. En su bioética global es necesario que el ser humano sea parte protagonista y responsable del cuidado del medio ambiente o de la biodiversidad global, motivado exclusivamente por su bienestar y supervivencia.13 Es en este punto donde considero necesario hacer una lectura crítica de la bioética de Potter para reivindicar el sentido originario propuesto por Jahr, con el objetivo de definir una bioética inclusiva y abierta a la reflexión sobre nuestra relación con los animales no humanos, pues la bioética global de Potter no logra dimensionar la magnitud de uno de los problemas morales más acuciantes que enfrentamos a nivel global: el tratamiento y la consideración moral que damos a los animales no humanos, que en cualquier orden son considerados herramientas o medios para mantener la supervivencia y el bienestar humano a corto, mediano y largo plazo.
Hoy en día es un hecho que la bioética ha extendido su ámbito a lo comunitario, lo social y lo global, siguiendo el desarrollo y la profundidad del concepto de Potter. Sin embargo, esa globalidad no logra convertirse en tal si se siguen dejando sin respuesta las cuestiones morales que a nivel individual, social y global nos plantean los animales no humanos. Por ello, para resituar una bioética inclusiva de los animales, debemos reflexionar sobre la bioética de corte antropocéntrico, con el fin de ampliar esa noción de salud, bienestar y entidad moral como cualidades y realidades extensibles a otros seres no humanos, una responsabilidad no solo individual sino también política. La crítica a la bioética representa un llamado a globalizar efectivamente la disciplina, lo que constituye un reclamo para reivindicar la importancia de promover bienes fundamentales como la salud de la población a nivel global —además de los individuos de la especie humana—, de buscar la justicia social, de procurar la vinculación efectiva de la bioética y la consideración moral de los otros animales. Es urgente resituar la bioética en el contexto político, al ser una disciplina que tiende un puente entre ciencia y sociedad, extenderla más allá del ámbito biomédico para estimular la reflexión interdisciplinar desde una perspectiva no confesional y vinculada al derecho como manera de resolver los conflictos entre valores, derechos y los límites jurídicos que definen a la sociedad y sus actividades científico-técnicas.14
En esta genuina bioética amplia y global, los ciudadanos deben estar informados para que puedan tomar decisiones globales responsables, que incidirán en la dimensión política de la bioética, especialmente en lo relacionado con la consideración moral de los animales. Se suele argumentar que el uso de animales forma parte de una agenda de elecciones, preferencias y gustos personales («a quien no le gusten las corridas de toros, que no vaya a verlas, pero que no interfiera en los asuntos de los demás»). Sin embargo, como veremos a lo largo de este libro, existen diferentes motivos para considerar el trato que damos a los animales como un problema moral —y por lo tanto global, político— del que nos tenemos que hacer cargo socialmente. En la medida en que hemos creado sistemas económicos, simbólicos, culturales y políticos que explotan y se benefician de la instrumentalización de los animales, entonces la resolución de esta situación exige reflexión, toma de decisiones y acciones desde lo moral, lo jurídico y lo político de manera sistémica. De ahí se desprende la importancia de la bioética global como herramienta de análisis crítico, de educación, de sensibilización y cambio para actuar a favor de todos los animales, sean humanos o no. Para ello es preciso valorar la ética animal como un espacio que permite una globalización real de la bioética.
Los animales en la bioética
Este libro sostiene la necesidad de ampliar nuestro registro moral porque debemos responder a preguntas bioéticas nuevas cuyos protagonistas son los animales no humanos. Para avanzar en esta reflexión, un primer aspecto a considerar es que los animales no humanos son objeto de experiencias sensitivas que les permiten habitar en el mundo: se constituyen como realidades biológicas que interactúan con el medio. Por otra parte, las realidades particulares de los animales no humanos, aunque sean para nosotros epistemológicamente inaccesibles, no nos resultan del todo opacas, pues podemos imaginar algunas de sus características. Pensemos, por ejemplo, en la vida de algunos animales que nos son familiares (con los que compartimos espacios domésticos y sociales, como perros, gatos o algunas aves): los hemos visto crecer, disfrutar de situaciones de juego, felicidad y placer así como enfermar, experimentar dolor, sufrimiento o estrés; también hemos visto sus interacciones sociales con otros animales de la misma especie o de una diferente. Por el hecho de convivir con ellos, sabemos qué hacen, lo que les gusta y lo que les desagrada. Las realidades de otros muchos animales, por el contrario, permanecen fuera de nuestra conciencia inmediata: nos cuesta mucho imaginar qué sentirá un pez, un águila o un insecto, pues son ajenos a esos ámbitos de domesticación o socialización que compartimos cotidianamente con algunos animales.
Todo esto se relaciona con el grado de conocimiento que tenemos de los otros animales. Como veremos más adelante, la ciencia, especialmente la biología, nos ha enseñado mucho sobre las realidades físicas y biológicas de los animales, también acerca de sus hábitos, costumbres, comportamiento, dónde y cómo viven, si son sociales o solitarios. Los hemos clasificado en una taxonomía que nos resulta útil para desentrañar los misterios del mundo natural, como realidad externa que está ahí para aprehenderla con el método científico. Es esa misma taxonomía la que ha posibilitado un gran bagaje de conocimiento teórico respecto al modo en que se mueven, operan y viven los animales, como entidades externas presentes en el mundo, que lo vivencian a su propia manera (Umwelt).15
Ahora, sobre la base de estas reflexiones: ¿qué es lo que entendemos por «animal»? El Diccionario de la lengua española lo define como «un ser orgánico que vive, siente y se mueve por propio impulso»;16 el Diccionario de Oxford,como «un organismo vivo que se alimenta de materia orgánica, por lo general tiene órganos sensoriales especializados, sistema nervioso y es capaz de responder con rapidez a los estímulos».17 Estas definiciones incluyen de modo implícito a los humanos pero, a mi juicio, por rigor científico, deberían ser incluidos explícitamente, ya que desde una perspectiva biológica el ser humano es miembro del reino animal. Según la Enciclopedia Británica:
Los animales son los miembros del reino Animalia, un grupo de organismos eucariotas multicelulares que han desarrollado músculos y, por lo tanto, movilidad; característica que ha impulsado el desarrollo de tejidos y sistemas de órganos (…) en cuyo grupo se incluyen también los humanos como un producto muy reciente de la evolución animal.18
Con dichos conceptos en mente, nos preguntamos: ¿Qué sucede con los animales en la bioética? Responderé diciendo que los animales solo son relevantes como instrumentos o insumos indispensables para la investigación, la nutrición y la salud pública. En el contexto del desarrollo científico y técnico de hoy, la investigación involucra procesos de experimentación «para aumentar los conocimientos de una materia»,19 pero también para desarrollar productos, bienes, servicios y procedimientos que benefician al ser humano. Según el Consejo de Organizaciones Internacionales de las Ciencias Médicas (CIOMS):
El uso de animales en investigación, educación y pruebas es un componente esencial en el avance de nuestra comprensión del funcionamiento humano y animal. Este conocimiento es importante para el avance de la salud y el bienestar humano y animal a través de la prevención de enfermedades, curas, nuevos tratamientos y desarrollo de medicamentos y dispositivos.20
El análisis que la bioética ha hecho hasta ahora respecto a la situación que viven los animales en el mundo se caracteriza por su unidimensionalidad —al considerarlos instrumentales para los fines humanos— e insuficiencia, si tenemos en cuenta la falta de crítica a dicho uso y trato, con la consiguiente carencia de propuestas alternativas.21 Dichos atributos son característicos de un análisis bioético restringido, que en muchos ámbitos sigue anclado en reflexiones exclusivamente biomédicas.
Podemos ilustrar esta afirmación a partir del análisis de documentos bioéticos de relevancia mundial elaborados por la Organización de las Naciones Unidas o su unidad para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Los dos principales documentos de referencia internacional de la disciplina, el Informe Belmont «Principios y guías éticos para la protección de los sujetos humanos en investigación» (1979) y el Convenio sobre Derechos Humanos y Biomedicina del Consejo de Europa (Convenio de Oviedo, 1997), no incluyen a los animales. La Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial (1964)22 y la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos (2005),23 sí los consideran parte de la investigación biomédica y del medio ambiente del que los seres humanos somos responsables.
Un documento bastante ilustrativo de esta situación es el «National Bioethics Committees in Action», de UNESCO, en el que, de ocho países que cuentan con comités nacionales ya establecidos y con diferentes trayectorias de trabajo,24 solo los informes de Rusia, Reino Unido y Dinamarca se refieren a los animales. En el caso de Reino Unido, el monográfico The Ethics of Research involving Animals (2005) del Nuffield Council on Bioethicsofrece un completo panorama sobre la investigación con animales en el país y hace recomendaciones prácticas para las futuras políticas sectoriales basadas en el bienestar de los animales y la libertad de investigación. Por su parte, en su informe «Man or Mouse? Ethical Aspects of Chimera Research», el comité danés insta a los políticos a tomar medidas para modificar la regulación actual con el fin de prohibir la creación de quimeras que podrían dificultar su clasificación biológica, ética y legal.25 Rusia declara que «la ciencia [nacional] deberá estandarizar la regulación biomédica en humanos y animales para involucrarse activamente en la ciencia internacional».26 En el mismo documento de UNESCO, llama la atención que en la introducción del informe preparado por el Indian Council of Medical Research(ICMR), se expresa: «Siguiendo con los nuevos avances de la ciencia y sus implicaciones en materia de derechos humanos y animales, las directrices para las prácticas éticas en los estudios en seres humanos y animales han evolucionado a lo largo de los años»,27 sin ninguna otra mención ni alcance posterior que involucre a los animales.
En el caso de los animales utilizados como insumos de la industria alimentaria, podemos contrastar su situación en el enfoque de trabajo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO). El Departamento de Producción y Sanidad Animal reconoce que:
incrementar la productividad —haciendo el uso más eficiente posible de los insumos de producción— en todo el sector pecuario será fundamental para que el sector pueda satisfacer la creciente demanda de productos ganaderos de calidad y, al mismo tiempo, reducir al mínimo sus repercusiones en el medio ambiente y en los recursos naturales mundiales.28
La entidad dispone de recursos humanos, materiales y técnicos para mejorar la producción de carne, leche y otros subproductos animales para el beneficio, particular pero no exclusivo, de los países en vías de desarrollo. De esta manera, la alimentación como un problema de justicia redistributiva y de salud pública tiene total relevancia bioética,29 por sus repercusiones en el estado de salud de las personas, pero también por el modo en que se producen actualmente los alimentos a escala mundial, entre los que por supuesto se cuenta a los animales como fuente primaria de insumos y nutrientes.
Considerar este tema como un problema bioético de justicia redistributiva requiere tomar en cuenta un par de fenómenos económico-industriales: la «ganaderización» y el «ascenso en la escala proteica». Mientras la primera es «el esfuerzo sistemático de las corporaciones multinacionales para crear un solo mercado mundial para la producción y distribución de carne»30que convirtió a los países de América Central y Sudamérica en tierras de pastoreo para el ganado consumido en los países de Europa y Norteamérica,31 el ascenso en la escala proteica es un subproducto natural del aumento de la población en el mundo y la presión que esta ejerce sobre los recursos terrestres. Como el autor describe, las culturas ganaderas de Europa y Norteamérica
han erigido una escala artificial de proteínas a nivel mundial, con el ganado-alimentado-con-grano instalado en la cima. De esta manera, las corporaciones multinacionales que producen las semillas, los pesticidas y el ganado, y que controlan los mataderos y los canales de marketing y distribución para la carne, están dispuestos a promocionar las ventajas del ganado alimentado con grano. Las campañas de promoción y ventas dirigidas a los países en desarrollo se apresuran en equiparar el ganado alimentado con grano con el prestigio del país. Ascender en la «escala proteica» se transforma en la marca del éxito y asegura la entrada al club de élite de productores que están en la cima de la cadena alimenticia mundial.32
El geógrafo de la economía alimentaria global, Toni Weis, utilizó el concepto de «carnificación» (Meatification), en un mundo que ha doblado el tamaño de su población desde 1950 pero la producción de carne ha aumentado casi cinco veces en el mismo período.33 Esto se explica porque gran parte de la transferencia de tecnología y de las inversiones en la industria agrícola a nivel mundial se debe al aumento de la demanda de productos ganaderos por parte de los países desarrollados. Según la FAO:
El repunte de las inversiones extranjeras privadas en la industria agrícola ha surgido como resultado de varios factores. En primer lugar, como las poblaciones en expansión de los países emergentes experimentan un rápido crecimiento económico, los ingresos individuales han aumentado y están gastando más en comida. Además, sus gustos los llevan a cambiar a una dieta más rica que incluye más carne, pescados y productos lácteos. Con el fin de satisfacer la demanda, estos países tienen que importar algunos de estos alimentos, creando así oportunidades para inversionistas locales y extranjeros en la industria agrícola de los países en desarrollo.34
La dependencia de los animales se explica por el aumento del consumo de productos derivados de su explotación comercial, que requiere nuevas fuentes de producción. Por ejemplo, a nivel industrial se trabaja en la clonación genética de animales destinados al consumo, con el objetivo de replicar aquellos que cumplan con las características óptimas requeridas por el mercado; una suerte de «ganado hecho a la medida».35
Esta relación entre humanos y animales ha planteado —y continúa formulando— innumerables preguntas, tanto teóricas como prácticas, en diversas áreas. Dependiendo desde dónde se formulen las preguntas y se planteen las respuestas, nos encontramos con tres campos relacionados entre sí, pero con propuestas teóricas y prácticas totalmente diferentes: mientras la ética animal se pregunta por la validez moral de los animales, el campo de los estudios animales abarca ámbitos como las ciencias naturales, sociales, las artes y humanidades. Por su parte, los estudios críticos animales surgen como una respuesta ante la vastedad y amplitud de ámbitos de los estudios animales, poniendo especial énfasis en el análisis teórico y las propuestas políticas interseccionales que abrazan un punto de vista contrario a la discriminación por especie (especismo), que será explicado y analizado más adelante.
Los animales en la academia (O de cuando todo se cubrió de pelos, plumas y escamas)
Los estudios animales (EA) abarcan una amplia cantidad y variedad de disciplinas cuyo objeto son las relaciones humano-animal. Se podría decir que su origen se remonta al proceso de revolución agrícola del Neolítico, con la aparición incipiente de cultivos y la domesticación de los primeros animales hace unos 12000-14000 años —cuando comenzó la historia de los conocidos como recursos zoogenéticos—.36 En ese período de la historia los seres humanos comenzaron a desarrollar su vida comunitaria, protegiéndose de las inclemencias de la naturaleza, por un lado, y defendiéndose de los animales salvajes con los que convivían en el mismo territorio, por otro. Entonces comenzó el proceso de domesticación de algunos animales y el hombre empezó a recopilar el conocimiento técnico que supone modificarlos en relación con sus antepasados salvajes con el fin de «aumentar su utilidad para los humanos, que controlan su reproducción (cría), sus cuidados (refugio y protección contra predadores naturales) y les proporcionan alimento».37 Desde entonces los animales han formado parte del bagaje técnico y cultural de la humanidad, han sido protagonistas de prácticas religiosas y paganas ancestrales, han estado presentes en diferentes ámbitos como la narración literaria, la praxis científico-técnica y la reflexión humanista desde la Antigua Grecia hasta nuestros días. Los EA
