12,99 €
Con tesón, prolijidad y respeto, este libro bucea en las profundidades de los textos científicos, recopilando, organizando y analizando una gran variedad de aquellos que se refieren a los temas que son de interés existencial y que aparecen en el relato cristiano del Génesis: el origen del universo y de la vida, las leyes de la naturaleza, el gran Diluvio, los mecanismos instalados para la subsistencia de la vida, los interrogantes acerca del misterio de los dinosaurios y muchos otros más. Exitosamente se proporcionan los argumentos y las evidencias que confirman las ideas creacionistas-intervencionistas y de diseño teleológico en el cosmos. Esto representa una valiosa contribución para el teísta y el agnóstico, pero más especialmente para el creyente comprometido e investigador, que no se aferra a una doctrina incomprendida, sino que permite que su creencia se apoye en una seria y escrutadora reflexión. En la inevitable confrontación que surge al tratar las visiones del evolucionismo naturalista y del creacionismo-intervencionismo-evolucionismo teísta, se instala una fértil interacción entre el texto y el lector atento. La comparación entre las evidencias aportadas por la ciencia conduce a la reflexión y al asombro. Sin embargo, la impresión más frecuente que surge de esta lectura es lo bien fundamentada que está la esperanza bíblica, ya que esta depende de nuestros verdaderos orígenes. Por eso, podemos afirmar que el tiempo utilizado en leer esta obra es una excelente inversión, ya que además de estar escrita en un lenguaje sencillo, conmoverá su corazón y generará sentimientos de admiración ante los maravillosos hechos de la creación de Dios.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Seitenzahl: 498
Veröffentlichungsjahr: 2023
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Arancibia, Martín Sebastián
Los orígenes / Martín Sebastián Arancibia. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.
408 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-824-597-3
1. Filosofía Contemporánea. 2. Espiritualidad. 3. Cristianismo. I. Título.
CDD 261.55
Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.
Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.
La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.
Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2023. Arancibia, Martín Sebastián
© 2023. Tinta Libre Ediciones
Los orígenes
Explorando los misterios del cosmos y la vida desde una perspectiva cristiana
Índice
Introducción Pág. 13
¿Es relevante el estudio del modelo creacionista/intervencionista en sus variadas formas? Pág. 17
Mi experiencia personal Pág. 18
Orígenes Pág. 20
Referencias Pág. 21
El creyente y la ciencia moderna Pág. 23
¿Qué es ciencia? Pág. 23
¿Cumple el evolucionismo con los criterios de “ciencia histórica”? Pág. 33
Material adicional Pág. 35
El origen del universo Pág. 37
Bibliografía recomendada Pág. 45
El Big Bang y otras teorías de un universo con principio Pág. 47
La teoría del Big Bang: una evaluación Pág. 47
¿Evidencias de un plan y designio cósmico? Pág. 53
Objeciones y problemas con la teoría Pág. 57
Otros modelos cosmológicos Pág. 60
Referencias Pág. 64
Las leyes de la naturaleza Pág. 65
Algunos ejemplos notables Pág. 65
Las leyes de la química Pág. 66
La asombrosa forma matemática que asumen la naturaleza y las leyes de la física Pág. 67
Los valores de las fuerzas Pág. 68
Las leyes matemáticas Pág. 69
Las leyes de la lógica Pág. 70
Las formulaciones del razonamiento lógico Pág. 72
La uniformidad de la naturaleza Pág. 73
La astronomía y el creador Pág. 75
Los orígenes estelares Pág. 75
¿Cómo se formarían las estrellas en la actualidad? Pág. 76
Origen de las galaxias Pág. 77
El origen del sistema solar Pág. 78
Problemas científicos Pág. 78
La ley de conservación del momento angular Pág. 80
El creador, ¿entidad mecánica o personal? Pág. 84
Referencias Pág. 87
El diseño en la naturaleza Pág. 89
Implicaciones de la ley de la entropía Pág. 90
Inferencia científica de diseño. ¿Cómo detectar diseño en la naturaleza? Pág. 91
Ejemplos de diseño en los niveles de la naturaleza Pág. 95
Una nota de precaución Pág. 102
Diferencias entre las hipótesis y teorías creacionistas y la teoría del DI Pág. 109
Argumentos contra el diseño Pág. 111
Resumen y conclusiones Pág. 116
Libros recomendados sobre la tesis de Diseño Inteligente Pág. 117
El origen de la vida Pág. 119
El principio de la biogénesis Pág. 120
1) La formación de aminoácidos Pág. 122
2) La formación de las proteínas Pág. 125
Objeciones Pág. 128
3) La célula Pág. 129
Ejemplos de intrincadas máquinas moleculares Pág. 132
4) La información en los genes Pág. 135
El origen de la información Pág. 138
¿Qué sabemos acerca del “ADN chatarra”? Pág. 143
Algunas hipótesis naturalistas alternativas Pág. 145
Los mecanismos evolutivos Pág. 147
Conclusiones Pág. 157
Material adicional online Pág. 158
El registro fósil Pág. 159
La supervivencia de las formas transicionales Pág. 164
La dificultad de los “fósiles vivientes” Pág. 164
La explosión del Cámbrico Pág. 165
Examen de las alegadas series transicionales Pág. 166
¿Hecho comprobado o especulación? Pág. 167
Resumen Pág. 186
El misterio de los dinosaurios Pág. 189
El descubrimiento Pág. 191
Examen de los fósiles Pág. 191
El enigma de los antiguos dragones: probables evidencias históricas y arqueológicas de la coexistencia de dinosaurios y el hombre Pág. 194
Evidencias en tallados y petroglifos Pág. 199
Dragones y bestias misteriosas en la Biblia Pág. 200
¿Cuál fue la causa de la extinción de los dinosaurios? Pág. 203
Los fundamentos filosóficos de la evolución Pág. 207
Las semejanzas entre los seres vivos Pág. 207
El porcentaje de similitud genética entre humanos y chimpancés Pág. 210
Otras dificultades Pág. 212
Sintetizando… Pág. 219
Conciencia: facultades mentales, morales y espirituales Pág. 225
En la creación del hombre resulta manifiesta la intervención de un dios personal Pág. 226
¿Puede el hombre “crear” conciencia inteligente? Pág. 232
El argumento del deseo y la necesidad Pág. 236
El argumento moral Pág. 238
¿Relativismo? Pág. 240
Esperanza y significado Pág. 246
Resumen Pág. 248
Referencias Pág. 249
El gran Diluvio Pág. 251
El Diluvio y la geología Pág. 254
Evidencias bíblicas de un diluvio global Pág. 266
Viabilidad del arca descripta en el Génesis Pág. 268
La historia del diluvio en las culturas del mundo Pág. 271
¿Qué sabemos de la Edad de Hielo? Pág. 272
Conclusiones Pág. 274
Referencias Pág. 275
Principios y técnicas de dataciones Pág. 279
Técnicas de dataciones Pág. 279
Datación por radioisótopos Pág. 282
Presuposición I - Presuposición II - Presuposición III Pág. 284
Evidencias para un sistema solar joven Pág. 288
Una cronología corta para la vida Pág. 291
Consideraciones finales Pág. 295
Referencias Pág. 296
Interpretaciones de Génesis I Pág. 299
Los modelos acerca de los orígenes Pág. 300
Evaluación de las interpretaciones Pág. 303
La propuesta de la “Mito-historia” de William Craig Pág. 306
Objeciones contra la creación evolutiva Pág. 312
2.a Creacionismo de la tierra antigua (creacionismo progresivo) Pág. 315
Problemas con el creacionismo progresivo Pág. 320
2.b. Una creación reciente Pág. 325
¿Exégesis I, II o III? Pág. 325
Los enfoques II y III (2.b.1.2 y 2.b.2) Pág. 327
Referencias Pág. 332
Argumentos filosóficos ateístas Pág. 337
El sufrimiento y la injusticia Pág. 351
Referencias Pág. 359
Conclusiones Pág. 363
Apéndice Pág. 381
El mundo prediluviano Pág. 381
Otras consecuencias de la rebelión moral según la interpretación creacionista de la Tierra Joven Pág. 388
Referencias Pág. 390
Bibliografía Pág. 393
Fuentes online consultadas Pág. 393
Bibliografía Pág. 395
Introducción
Vivimos en un mundo secular y laico, y casi podríamos afirmar que cada cultura está impregnada de preconcepciones evolutivas, nihilistas (con su proclamada ausencia de convicciones y valores) y ateístas. Ellas influencian consciente o inconscientemente la vida de cada persona. Se nos dice a través de los medios de comunicación que somos un producto de procesos aleatorios, que no fuimos creados ni diseñados a imagen de Dios alguno, sino que descendemos de criaturas similares a los monos, llamadas homínidos. Libros, revistas, canciones y películas reflejan casi universalmente estas ideas. Por esta razón, y debido a la gravedad de los dilemas racionales, metafísicos, existenciales, religiosos y espirituales que estas revisten, esta obra está dirigida específicamente al mundo teísta en general y al cristiano en particular.
Ahora bien, entonces, la pregunta vital sería: ¿es la evolución —tal como se entiende comúnmente— un hecho comprobado? Y, por lo tanto, ¿ciertas ideas fundamentales para el cristianismo serían simples fábulas o mitos explicativos acerca de los orígenes? ¿Está comprobado que la vida apareció fortuitamente en el planeta hace millones de años? ¿Está evidenciado científicamente que todos los seres vivos están relacionados vía filiación (relación de parentesco entre progenitores y descendientes)? ¿Se conocen los mecanismos azarosos y naturales que habrían traído a la existencia gradualmente la tremenda complejidad de la vida? Las respuestas a estas preguntas influyen decididamente en la cosmovisión humana, es decir, en la forma que interpretamos el universo, y en nuestro carácter y estilo de vida; por consiguiente, ¡parece fundamental analizar detenidamente cada aspecto crucial de los orígenes!
El concepto de intervencionismo —la hipótesis de que una inteligencia intervino en la aparición y diversificación de la vida—, en su forma básica, no depende de la Biblia ni de ninguna otra fuente específica. Sin embargo, las versiones de dicho concepto, que se presentarán en este libro, se basan en el relato judeo-cristiano, por razones que el lector irá dilucidando a lo largo de los capítulos.
Algunos líderes cristianos advierten que se debería recalcar que este tema es bíblicamente importante. El apóstol Pedro aconseja que el creyente siempre esté preparado para presentar defensa (apología) ante todo el que le demande razón de la esperanza trascendente que posee (1 Pedro 3, 15). Esto equivale a decir que se debe presentar una defensa razonada, intelectual, de la fe. Lo mismo se deduce del gran mandamiento de la ley: amar al Señor con todo el corazón, alma, fuerzas y mente —o intelecto— (Mateo 22, 37-38). No solo se debe presentar defensa, sino, además, derribar los argumentos de los oponentes de la fe (2 Corintios 10, 4-5).
El apóstol Pedro, en su segunda carta, predijo que una característica decisiva del último tiempo de la historia de la humanidad sería la presencia de gente escéptica y burladora de las creencias cristianas. Él nos dice que estos afirmarían que “las cosas permanecen así, como desde el comienzo”. El principio que subyace detrás de esta alegación es el actualismo o uniformismo que rige el pensamiento de los científicos seculares modernos: ellos suponen que los procesos naturales y el ritmo de estos son básicamente iguales a como fueron en el pasado. Por otro lado, Pedro afirma: “Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra… por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua [es decir, un cataclismo diluvial]” (2 Pedro 3, 3-6). Según Pedro, la ignorancia es voluntaria, no por falta de evidencias, sino porque muchos prefieren un marco interpretativo naturalista de la realidad que les permita vivir la vida según sus propios deseos y placeres (versículo 3).
El notable cumplimiento de esta profecía se evidencia en el hecho que muchos científicos seculares en la actualidad niegan intencionalmente la idea de la intervención de un creador y se burlan de la noción de un diluvio cataclísmico, ocurrido en un pasado relativamente cercano. Aun así, quizá le sorprenda saber al lector que las evidencias, lejos de faltar, abundan y apoyan fuertemente al menos unos tres modelos bíblicos de los orígenes; ¡más de lo que comúnmente se cree!
Otro aspecto importante del estudio de la controversia creación/intervención/diseño o evolución naturalista es que la Biblia afirma en muchos pasajes que Dios creó todas las cosas (Génesis 1, 1; Juan 1, 1-3; etc.). Que el mismo creador, aunque invisible, se hace claramente visible por medio de las cosas creadas, las que permiten detectar un ser majestuoso, divino y eterno (Romanos 1, 17-25; Salmos 19, 1-3). Por lo tanto, según Pablo, ningún hombre tiene excusas válidas para su incredulidad. Si se niegan hipótesis tan notables como la creación divina con un propósito, y la destrucción del mundo antiguo por medio de un cataclismo (diluvio), es porque así se desea, no porque la evidencia científica exija a los hombres a hacerlo (2 Pedro 3, 3-6). Tristemente, muchos cristianos se dejan intimidar por argumentos del establishment científico, pensado que son verdades absolutas, libres de presuposiciones y especulaciones, y piensan que deben reinterpretar numerosos, claros y fundamentales pasajes de la Biblia.
Un salmo declara elocuentemente: “¿Si son destruidos los fundamentos, qué hará el justo?” (Salmos 11, 3). ¿Cuál es la manera más eficaz de derribar completamente un edificio? Sí, destruyendo sus fundamentos. Pues bien, la doctrina bíblica de la creación en el libro Génesis (interpretada desde un enfoque histórico-gramatical) es así un pilar esencial de la fe cristiana. ¿Por qué? Veamos.
¿El hombre fue hecho a imagen de Dios o a imagen de los animales? La Biblia expresa lo primero, el evolucionismo indica lo segundo.¿Dónde tendría su fundamento último la heterosexualidad monógama (más allá de los indicativos biológicos y psicológicos) sino en la creación registrada en el libro Génesis? ¿Y qué decir del matrimonio (es decir, la unión esencial y vital de dos almas en una relación comprometida y estable)? No veo por qué debería existir una base sólida y permanente para ello, si solo somos el resultado de un proceso aleatorio y gradual. ¿Existía la muerte física como parte original y necesaria de la creación, aún antes de la caída moral de la humanidad? La Biblia sugiere que la muerte apareció como un resultado natural, horrendo e indeseado de la trasgresión del hombre, y no como si fuera parte constitutiva y necesaria del cosmos, como afirma la teoría de la evolución.El dolor, el sufrimiento y el mal en todas sus manifestaciones ¿son naturales en sí mismos o son consecuencia natural de la desobediencia ética y moral del hombre, señor y administrador de esta creación? La Biblia afirma lo segundo.¿Hace millones y millones de años que existen la muerte y el sufrimiento? ¿Centenas de miles? o ¿solo hace algunos miles? El evolucionismo afirma tajantemente lo primero.¿Necesitamos, como raza imperfecta, injusta e inmoral, un salvador y redentor que costee nuestras culpas de resultados eternos indeseados, nos proporcione sentido, fe y esperanza últimos y nos capacite para cambiar el carácter —sin violar nuestra libertad—, tendiendo siempre al ideal moral, y además nos obsequie una vida eterna de deleites sin parangón, tal como anhela nuestra alma? De nuevo, la respuesta depende de lo que haya ocurrido en el principio…Advirtamos que un proceso evolutivo estaría regido por un juego errático de leyes naturales, azar y tiempo, los que serían los responsables de la vida y la diversidad de esta. Parece muy difícil conciliar la idea de un creador todopoderoso y bondadoso con esta historia naturalista (y metafísica) de los orígenes.
¿Es relevante el estudio del modelo creacionista/intervencionista en sus variadas formas?
Evidentemente ¡lo es!... Esta obra está dedicada a analizar los aspectos fundamentales de los orígenes y esclarecer dudas al lector creyente, de cualquier religión, y al agnóstico sincero, revelando la extraordinaria evidencia a favor de un creador sobrenatural, tal como se revela en la escritura cristiana, por medio del estudio detenido de los campos de la cosmología, el diseño del cosmos, el origen y complejidad de la vida y las características de la mente y la conciencia, como así también otros temas trascendentes de áreas tales como la geología y el tiempo. ¡Es un compendio fabuloso de evidencias apologéticas para el teísta, el creyente y fundamentalmente para el cristiano!
Mi experiencia personal
Llegó una etapa en mi vida (como todo ser humano), en la que comencé a cuestionarme ideas que giraban en torno a los interrogantes existenciales. Pensé que resultaba lógico inferir que las respuestas a dichas cuestiones podrían revelar el camino a la satisfacción del magno anhelo interno del corazón humano, a saber, la felicidad. Por lo tanto, no quise desatenderlas ni posponer su examen, evitando así el perjuicio de vivir una vida sumida en las tinieblas de la incertidumbre.
Como un hombre consciente y escrutador (algo que los ateos erróneamente niegan admitir en muchos creyentes), me he visto en la imperiosa necesidad de analizar más cuidadosamente aquellos conceptos que había asimilado desde pequeño; y traté de hacerlo a la luz de la lógica, la evidencia y el juicio reflexivo. No resulta provechoso ser un creyente ciego, que no admite de modo sensato las explicaciones más convincentes. Mucho menos me hubiera beneficiado consentir en mi vida un escepticismo poco o mal informado. Creo que la ceguera voluntaria es y ha sido uno de los mayores males del espíritu humano a lo largo de la historia.
Al buscar respuestas convincentes, creo que se deben tomar todas las precauciones necesarias para arribar a buen puerto: analizar y pesar en balanza todas las evidencias o pruebas existentes, tanto a favor como en contra, y considerar el peso de razón de cada una de ellas. Pero es necesario un criterio inteligente al analizar las posibilidades lógicas que encierra el concepto de los orígenes. Debemos considerar que hay muchas verdades que no se perciben fácilmente, quizá no sean visibles ni audibles y, sin embargo, son tan reales como el sol que nos ilumina diariamente.
He leído y escuchado posiciones asumidas, tanto a favor como en contra, de los modelos de los orígenes; muchas de ellas son tendenciosas. Me refiero a que son afirmaciones sin peso, improbables o intencionalmente mal fundadas, estimuladas por la filosofía de vida que los creyentes y no creyentes abrazan en su interior; y actúan motivadas por prejuicios internos. Lo peor del caso es que muchos de ellos no son sino académicos y eruditos de renombre que tienen gran influencia en el común del pueblo.
Al estudiar e investigar la razón de esto último, he aprendido que muchos de ellos, tanto filósofos como científicos, tienen, por decirlo de alguna manera, un convenio previo firmado con el materialismo/naturalismo o ateísmo. Por lo tanto, cualquier evidencia en contra de su filosofía es rechazada a priori y por ello incurren muchas veces en actitudes y creencias hasta con marcados signos de incongruencia.
De la misma manera, existen algunos argumentos presentados por teístas que quizá deberíamos rechazar por su naturaleza especulativa, pueril o no documentada. Por tal motivo, uno debe tratar de analizar las evidencias de una manera objetiva y exhaustiva y, de ser posible, por medios propios. Correspondería recopilar y examinar toda la información disponible y retener aquello que se encuadre en el grupo “fuera de toda duda razonable” (ya que no es posible probar las cosas fuera de toda duda posible), utilizar la sana intuición, formulando hipótesis y predicciones cuyos conceptos se reflejen fuertemente en la realidad (es decir, el poder explicativo de la hipótesis). Es de notar que los estudiosos de la ciencia practican estos principios básicos en todos los diferentes campos de esta.
Asimismo, ciertos conjuntos de datos se prestan a dos o más teorías o interpretaciones. En dichos casos se examina la cuestión en un contexto más amplio y se trata de analizar la convergencia con las evidencias disponibles provenientes de otras áreas. Téngalo en cuenta, lector.
Orígenes
Esta obra está compuesta de un conjunto de evidencias convergentes, muy viables para una mente desprejuiciada. He considerado necesario dejar de lado algunas supuestas evidencias controvertidas.
A pesar de no ser filósofo, químico, biólogo o geólogo, he dedicado años al estudio aficionado e investigación de los temas presentados a continuación. No solo los que poseen doctorados en algún área de la ciencia pueden hacer aportes significativos en ella(1). La base de argumentación, lógica, estudio matemático y consideraciones críticas relativas a la ciencia son independientes del conocimiento avanzado en temas de biología, paleontología o geología. Sin embargo, he visto necesario (¡y lo es!), de cuando en cuando, apoyar los argumentos con citas de los razonamientos, opiniones y confesiones de autoridades científicas altamente cualificadas. Lo plasmado en este libro son conclusiones de las que he examinado sus bases de la manera más objetiva posible.
Quizá el lector pueda preguntarse si esta obra está exenta de interpretaciones o prejuicios personales. La respuesta la obtendrá examinando individualmente y en su conjunto las pruebas presentadas. Luego podrá concluir si este volumen contiene simples “interpretaciones propias”, o interpretaciones de los hechos con sentido común.
Y así, el objetivo último de Los Orígenes es doble:
Que los escépticos o agnósticos que poseen dudas honestas puedan pesar las evidencias sin prejuicios y definir sus creencias e ideología de vida sobre un sólido fundamento.Que los creyentes y cristianos puedan confirmar definidamente su fe, que también es acorde al mandato de Jesús de Nazareth, registrado en Lucas 22, 31-32: “Dijo también el Señor: (…) yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos”.Creo muy necesaria para los miembros de esta sociedad moderna, intelectual y moralmente devastada, la posibilidad de subyugar de manera permanente la perplejidad, la incertidumbre y el escepticismo injustificado, y que esto les permita avanzar así por la vida con una fe inquebrantable (¡sí, es imposible vivir sin fe!), una fe que centra sus ojos en una cosmovisión sólida y que abraza una esperanza eterna para la familia humana.
Referencias
(1) Al respecto, véanse los interesantes artículos online de un filósofo erudito de la organización científica Reasons to Believe:
Samples, K. (5 de mayo del 2008). Statements about Science that Bother Me Part 2 [Declaraciones sobre la Ciencia que me Molestan Parte 2]. Consultado el 30 enero de 2010 de https://reasons.org/explore/blogs/todays-new-reason-to-believe/read/tnrtb/2008/05/20/statements-about-science-that-bother-me-part-2
Samples, K. (27 de mayo del 2008). Statements about Science that Bother Me Part 3 [Declaraciones sobre la Ciencia que me Molestan Parte 3]. Consultado el 30 enero de 2010 de https://reasons.org/explore/blogs/todays-new-reason-to-believe/read/tnrtb/2008/05/27/statements-about-science-that-bother-me-part-3
El creyente y la ciencia moderna
¿Qué es ciencia?
Comencemos. Etimológicamente, la palabra ciencia proviene del latín scientia que significa literalmente conocimiento. Algunos la definen como “conocimiento cierto de las cosas por sus principios y causas” o “método sistemático de adquirir conocimiento sobre el universo”. El Diccionario de la Real Academia Española nos dice que ciencia es el “conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales”. Una definición desprejuiciada podría ser: “La búsqueda de la verdad, a la que la evidencia te conduzca”. Es importante entender el concepto de definición de ciencia, ya veremos por qué...
Hacemos notar lo que muchos eruditos han advertido desde hace tiempo: que la ciencia moderna se inició y desarrolló en un contexto cultural cristiano, y basada en presupuestos cristianos. Sus orígenes se remontan a la Europa medieval del siglo XVII. Sí, no es una broma ridícula: entre los padres fundadores de la ciencia, firmes creyentes del cristianismo, se cuentan:
Nicolás Copérnico (1473-1543). Fue el fundador de la astronomía moderna. Teorizó matemáticamente el modelo heliocéntrico para el sistema solar.
Sir Francisco Bacon (1561-1627). Filósofo reconocido por establecer el método científico basado en una cuidadosa experimentación y el razonamiento inductivo.
Johannes Kepler (1571-1630). Matemático y astrónomo brillante. Entre otros hallazgos, se destaca el haber descubierto las leyes que rigen el movimiento planetario alrededor del Sol.
Blas Pascal (1623-1662). Físico, matemático y mecánico francés que contribuyó significativamente a la ciencia. Estableció las bases de lo que serían las calculadoras y los ordenadores actuales. También hizo importantes aportaciones a la teoría de la probabilidad.
Sir Isaac Newton (1642-1727). En matemática, óptica y mecánica, ¡fue una figura reconocida, de genio indiscutible! Estableció las leyes de la mecánica clásica, y a partir de la ley de gravitación universal dedujo las leyes de Kepler en forma más general.
Robert Boyle (1791-1867). Dio su nombre a la ley de Boyle para los gases, y también escribió una obra importante sobre química.
Gregorio Mendel (1822-1884). Fue el primero en formular los fundamentos matemáticos de la genética. Su contribución más significativa son las tres leyes en las que define las reglas naturales para la herencia (leyes de Mendel).
James Maxwell (1831-1879). Físico reconocido por haber desarrollado la teoría electromagnética clásica.
Louis Pasteur (1822-1895). Químico francés cuyos aportes de gran relevancia incluyen: la pasteurización, la refutación de la idea de la generación espontánea y grandes avances en el mundo de las vacunas.
No podemos negar los inestimables aportes que estos grandes hombres dieron a la ciencia moderna. Y lo hicieron en consonancia con sus firmes convicciones religiosas. Creían en un creador y diseñador de la naturaleza y también creían que la Biblia era la revelación especial de ese Dios. Nunca pensaron que existiese un conflicto real entre la creencia en Dios y la ciencia. ¡Este hecho es elocuente!
Sin embargo, muchos científicos modernos hacen equivaler ciencia a dos ideas filosóficas y dogmáticas:
Naturalismo: es una doctrina y un sistema de creencias que sostiene que no hay nada más que naturaleza, fuerzas y causas del tipo de las estudiadas por las ciencias naturales, aquellas que se requieren para comprender nuestro entorno físico. Rechaza por definición la existencia de todo ente sobrenatural.Materialismo o fisicalismo: El materialismo es la posición filosófica respecto de que la materia es el fundamento de todo lo que existe y que todos los entes y fenómenos pueden ser reducidos finalmente a ella.Los científicos adherentes a estos dogmas, al igual que muchas otras personas, alegan que el hombre, a consecuencia de su propio progreso científico, podría, y de hecho algún día podrá, encontrar todas (o muchas de) las respuestas a los interrogantes más apremiantes de la vida, sin la necesidad de invocar a Dios alguno. Esta es la “fe” y la “esperanza” del naturalismo. En cierto modo, es entendible, ya que dicha fe y esperanza están arraigadas —aunque de manera limitada— en el avance científico y, a su vez, impulsadas por la parálisis que ciertas autoridades eclesiásticas impusieron a la ciencia en siglos pasados. Dichas autoridades, en algunos casos, censuraron a los grandes investigadores que encontraban explicaciones naturales para los fenómenos actuales del universo, alegando que eran “herejes” y contradecían a las escrituras cuando, en realidad, solo refutaban algunas de sus erróneas interpretaciones de estas. Como resultado, se perturbó el avance de la humanidad.
Por otra parte, otros tantos aducen que de los fenómenos naturales es de esperar que tengan explicaciones naturales. De no ser así, la ciencia no podría estudiarlos ni entenderlos, ya que esta se apoya en herramientas naturales (como los sentidos, los instrumentos tecnológicos, etc.) mientras intenta analizarlos y dilucidarlos. Sin embargo, aunque este razonamiento se aplica a los eventos y al funcionamiento actual del universo, salvo en aquellas ocasiones en las que una investigación cuidadosa y adecuada revele que no existe explicación natural o científica conocida ni mucho menos, lo que llamaríamos milagros, no es razón suficiente para afirmar dogmáticamente un origen estrictamente natural para el cosmos o la vida, ya que si estos fueron creados por una inteligencia sobrenatural (¡y es una posibilidad que los escépticos no deberían rechazar a priori!), quizá inevitablemente la ciencia estará limitada en cuanto a las explicaciones sobre los orígenes, ya que si se incluyen intervenciones sobrenaturales, la ciencia no podría explicar y describir científicamente eventos de esa índole, aunque remarco que este hecho no puede negar la realidad de estos.
Una restricción metodológica no debe cegar al buscador sincero de la verdad. Asimismo y considerando lo anteriormente mencionado, es evidente que los naturalistas llevan las cosas a un extremo, ignorando intencionadamente las limitaciones inherentes de la ciencia. Si bien esta pudo descubrir y describir hasta cierto punto muchos fenómenos en el funcionamiento de la naturaleza, tales como el ciclo del agua, la fotosíntesis, la organización del sistema solar o el sistema circulatorio en los organismos, dichas explicaciones dan cuenta solo de las causas primarias de los fenómenos, pero no pueden ofrecer una explicación última de estos. Describir el ciclo que persigue el agua en la naturaleza no explica el hecho de cómo llegó a la existencia o cómo se organizó de esa manera armoniosa, ni para qué. Mientras analizamos la diferencia entre un sistema ya puesto en operación (el universo) y el origen de dicho sistema, podemos entender también que los fenómenos ocurridos dentro de este —es de esperar que casi su totalidad— puedan explicarse satisfactoriamente mediante leyes o regularidades comunes de la naturaleza, aunque podrían ocurrir excepciones, es decir, milagros, ¿por qué no?
El origen de muchos fenómenos naturales no tiene ninguna explicación natural mínimamente satisfactoria, las elucidaciones propuestas son muy inverosímiles. Debo adelantar que la evidencia apunta fuertemente en la dirección de una intervención superior inteligente. A este punto substancial volveremos en capítulos siguientes, en los que analizaremos el origen y la complejidad de la vida. Con respecto a las excepciones en las uniformidades de la naturaleza —lo que llamamos comúnmente milagros— aclaramos que es tema de un examen más detenido en El veredicto, obra parte de esta trilogía.
Recapitulando y agregando ciertos detalles adicionales, subrayamos las limitaciones de la ciencia de la siguiente manera:
No puede proporcionar los porqués, sino solo los cómo, es decir, los hechos que pueden ser observados, analizados y probados por los cinco sentidos. Los “significados” y “sentidos” de las cosas (por ejemplo, el sentido de la vida) caen fuera de su ámbito. La ciencia es formulación descriptiva, no explicación interpretativa. Está limitada a fenómenos observables en el presente. Hechos tales como el origen del universo o el origen de la vida no son observables o reproducibles directamente y no pueden ser sometidos al escrutinio de los sentidos ya que ocurrieron en un pasado remoto. De este hecho se desprende que la ciencia está restringida porque no puede tratar con sucesos únicos. Por lo tanto, se debería hacer una distinción entre la ciencia aplicada a fenómenos del presente, de la ciencia que intenta descifrar el pasado basada en interpretaciones de datos actuales.Está imposibilitada de proporcionar respuestas efectivas acerca de la moral y la espiritualidad. Los valores y deberes morales simplemente no se derivan del método científico. La ciencia no puede decirnos qué aplicación dar a los descubrimientos o cual sería una buena o una mala aplicación.La ciencia no nos puede proporcionar la verdad absoluta. El concepto de verdad en la ciencia es bastante singular. No implica algo eterno y absoluto, sino más bien un alto grado de confianza alcanzado a través de la autoverificación y autocorrección adecuada. Por encima de temas triviales, hay pocos temas científicos en los cuales el acuerdo sea universal en sentido literal. La razón fundamental del desacuerdo en la ciencia radica en la imposibilidad intrínseca de alcanzar una certeza absoluta. Un hecho puede invalidar una teoría y no todos los hechos pueden ser observados, lo que implica que un investigador no puede descartar completamente la posibilidad de que ocurra un fenómeno divergente. Además, en cualquier situación compleja, la información rara vez es lo suficientemente completa como para que una única explicación sea concebiblemente correcta. En otras palabras, es muy probable que existan teorías rivales. Y siempre existe la posibilidad de que las teorías dominantes del presente sean desaprobadas en el futuro, por lo tanto, la certeza no puede desprenderse de los descubrimientos científicos.Me parece substancial remarcar que la motivación filosófica de los científicos materialistas impregna y define las suposiciones e interpretaciones de estos, y muchos de ellos en sus libros y presentaciones confunden casi indiscriminadamente afirmaciones metafísicas basadas en sus creencias y filosofías, con hechos establecidos y “ciencia objetiva”. Esto confunde y desconcierta al común de la gente. George Gaylord Simpson (1953), el afamado científico de Harvard, terminó uno de sus libros con estas palabras cargadas de filosofía materialista:
El hombre se encuentra solo en el universo, un producto único de un proceso largo, inconsciente, impersonal, material, con entendimiento y potenciales únicos. Esto solo se lo debe a él, y a nadie más, y es a él mismo a quien es responsable. Él no es la criatura de fuerzas incontrolables e indeterminables, sino es su propio maestro. Él puede y debe decidir y conducir su propio destino.(p. 155).
De la misma manera, Richard Lewontin (1997), un destacado genetista evolutivo de Harvard, aclara:
Nos ponemos del lado de la ciencia a pesar de lo extremadamente absurdo de algunos de sus conceptos, a pesar de su fracaso en cumplir muchas de sus extravagantes promesas de vida y salud, a pesar de la tolerancia de la comunidad científica a historias especulativas sin fundamento, porque tenemos un compromiso anterior, un compromiso con el materialismo. No es que los métodos y las instituciones de ciencia nos obliguen a aceptar una explicación materialista del mundo fenomenológico, sino, por el contrario, que nosotros estamos forzados por nuestra adherencia a priori a las causas materialistas para crear un aparato de investigación y una serie de conceptos que producen explicaciones materialistas sin importar qué tanto vayan en contra de la intuición, no importa qué tan místicas sean para el que no ha sido iniciado. Más allá de eso, el materialismo es un absoluto, pues no podemos dejar que un pie divino cruce la puerta. (p. 31).
No hace falta aclarar que las citas precedentes no constituyen en lo más mínimo parte de una ciencia objetiva, sino que conforman simples y exageradas alegaciones filosóficas materialistas. Sin embargo, debemos tener presente que este tipo de alegaciones abunda en la literatura evolucionista y muchas personas consciente o inconscientemente la perciben como una “verdad científica”.
¿Lo notas, lector? Casi universalmente en los círculos científicos se limitan y excluyen a priori aquellas explicaciones que no concuerden con estos dogmas, es decir, el materialismo y el naturalismo metafísico. Sin embargo, la falla lógica de este reduccionismo científico se hace más evidente cuando consideramos los presupuestos fundamentales en los cuales se basa la ciencia moderna:
la existencia de un cosmos objetivamente realla comprensibilidad de ese cosmosla confiabilidad general de la percepción de los sentidos y la racionalidad humanala uniformidad de las leyes de la naturaleza (hecho que permite utilizar el razonamiento inductivo habilitando así el desarrollo de teorías y también de la tecnología)la validez de la matemática y la lógica (probabilidades, leyes físico-matemáticas, razonamiento inductivo y deductivo, etc.)Si nuestro cerebro —y por consiguiente nuestras percepciones— son el resultado de un juego casual y errático de átomos, si no poseemos un yo, ego, o alma no material y si no existiese ningún creador y diseñador espiritual, entonces:
No se debería poseer ni la más mínima certeza de que realmente exista un universo objetivo. En caso de existir, este no debería por qué ser accesible a la comprensión se seres inteligentes.Los sentidos y la razón humana no serían dignos de la más mínima confiabilidad (y por ende, ningún experimento científico sería fundamentalmente válido).Las leyes naturales o regularidades —uniformes y coherentes— no deberían existir.Las leyes inmateriales (matemática y razonamientos) tampoco deberían existir. Concediendo que existiesen, no tendrían por qué ser válidas y no podrían enseñarnos mucho acerca del universo, ya que serían un subproducto del azar y, por ende, erráticas y subjetivas a cada individuo.Acerca de lo antedicho, el renombrado físico y escritor de ciencia Paul Davies (1995) recorre algunos de los impactos del cristianismo sobre la ciencia moderna en su discurso “La física y la mente de Dios”. En sus palabras:
En los siguientes trescientos años [después del siglo XVII] la dimensión teológica de la ciencia se ha desdibujado. La gente da por sentado que el mundo físico es ordenado e inteligible... aun el científico más ateo acepta como hecho de fe que el universo no es absurdo, que hay una base racional para la existencia física manifestada como un orden en forma de leyes en la naturaleza que es, al menos en parte, comprensible para nosotros. Así que la ciencia puede avanzar solo si el científico adopta una cosmovisión esencialmente teológica.
¡Cosmovisión teológica! Esencial para la práctica y el desarrollo de la ciencia: notable admisión de un científico agnóstico…
Por otro lado, es muy muy importante que distingamos la diferencia entre la ciencia operacional, la que comprende un enfoque sistemático que utiliza experimentos observables, comprobables, repetibles y falsificables; y la ciencia histórica (estudio acerca de los orígenes), la cual es la interpretación de la evidencia de eventos del pasado sobre la base de presupuestos filosóficos. Destacamos que esta última no posee todas las características de la ciencia operacional, sin embargo:
Explica y organiza hechos no relacionados previamente.Predice el resultado de experimentos no probados. Si la predicción es verificada, aumentará nuestra confianza en la teoría. Es decir, hablamos de un tipo de falsabilidad indirecta. Es muy oportuno aclarar que la falsabilidad es un principio filosófico de conocimiento que determina criterios para demarcar las teorías científicas de las que no lo son, basándose en la posibilidad de falsar o desmentir las primeras.Sugiere experimentos útiles, estimulando de esta manera el progreso científico.Tanto el evolucionismo como el creacionismo/intervencionismo se encuadrarían entre las teorías históricas, y por lo tanto no pueden observarse, repetirse o falsarse directamente en el laboratorio, pues habrían ocurrido en el pasado y una sola vez (por ejemplo el origen del universo, de la vida, del ser humano, etc.).
Algo trascendente en cuanto a las teorías sobre los orígenes es examinar cuál postura filosófica tiene mayor poder explicativo y predictivo; qué hipótesis es consistente con los datos obtenidos de la naturaleza mediante la experimentación (como dijimos, un tipo de falsabilidad indirecta), y cuál es mejor y más apoyada por la evidencia de los múltiples campos de la ciencia.
¿Cumple el evolucionismo con los criterios de “ciencia histórica”?
Resulta hasta sorpresivo que el problema fundamental con la evolución como teoría científica es que parece no ser verdaderamente predictiva ni falsable. C. Waddington (1967), embriólogo y genetista, dice:
La teoría de la evolución es no falsable…si un animal evoluciona de una forma, los biólogos tienen una explicación perfectamente buena, pero si evoluciona de alguna otra forma, tienen una explicación igualmente buena…la teoría no es…una teoría predictiva acerca de lo que debe ocurrir. (p. 98).
Otro científico teórico amplía el concepto:
La hipótesis de Darwin…tiene el carácter de filosofía no falsable, puede explicar cualquier cosa, y no predice prácticamente nada…el darwinismo exige creer…Se ha convertido en el paradigma del científico, y raramente puede reconocer que es frágil y está cargado de filosofía. (Ludwig, M., 1993, p. 295).
Es decir, ¿podría ser una hipótesis maleable y adaptable a cualquier estado de cosas y descubrimientos? Así parece.
Ya que el darwinismo está basado en mutaciones aleatorias e impredecibles, resultaría no falsable. Ahora bien, si esta concepción no tiene estas dos características fundamentales (predicción y falsación), ¿cómo se puede afirmar que es una teoría estrictamente científica, de acuerdo a su propia definición?
Algunas características del darwinismo lo asemejan a un mito cultural, en el sentido técnico del término, que pretende explicar los orígenes del mundo, pero que está fuera de la posibilidad de comprobación. Algunos científicos seculares no se dan cuenta de que apelan a libros autoritativos (por ejemplo, El origen de las especies de Charles Darwin) más que a la evidencia científica sólida. Tampoco consideran que muchas veces inconsciente o conscientemente depositan su fe en el tiempo y el azar como dos de los milagrosos agentes principales para el origen y desarrollo de la vida. Es difícil cuestionar la acusación de que muchos biólogos y paleontólogos creen firmemente en su hipótesis, declarándola una teoría científica que raya los límites de un hecho comprobado, a pesar de que no saben básicamente cómo funciona la supuesta evolución a grandes escalas, y a pesar de que nunca la han visto ocurrir: ¡hasta la fecha no ha sido constatada (u observada) la aparición de órganos o estructuras novedosos! (Morris, H., 1996, p. 24). Y es de notar que muchos científicos confunden, y hacen confundir al común del pueblo, reemplazando reclamaciones objetivas basadas en la experimentación con subjetivas reclamaciones metafísicas injustificables. Compruébelo usted mismo, lector.
Por lo tanto, la teoría de la evolución se describe más precisamente como una filosofía que como ciencia, especialmente por su carácter de no falsable. En los siguientes capítulos consideraremos algunas grandes dificultades en la teoría general de la evolución (TGE), dificultades diversas que revela la ciencia moderna.
Material adicional
Para más detalles acerca de por qué se puede afirmar que la evolución es un mito cultural, véase:
Henry, H. (5, 12, 19, 26 de mayo y 2 de junio, respectivamente). La evolución como mitología. Reasons to believe. Consultado el 11 agosto de 2023.
Parte I: https://reasons.org/explore/blogs/todays-new-reason-to-believe/read/tnrtb/2008/05/05/evolution-as-mythology-part-1-(of-5)-the-theory-of-evolution-is-a-myth
Parte II: https://reasons.org/explore/blogs/todays-new-reason-to-believe/read/tnrtb/2008/05/12/evolution-as-mythology-part-2-(of-5)-evolution-is-not-a-scientific-theory;
Parte III: https://reasons.org/explore/blogs/todays-new-reason-to-believe/read/tnrtb/2008/05/19/evolution-as-mythology-part-3-(of-5)-the-myth-of-abiogenesis;
Parte IV: https://reasons.org/explore/publications/tnrtb/read/tnrtb/2008/05/26/evolution-as-mythology-part-4-(of-5)-the-myth-of-macroevolution;
Parte V: https://reasons.org/explore/publications/tnrtb/read/tnrtb/2008/06/02/evolution-as-mythology-part-5-(of-5)-conclusion
El origen del universo
Este es un tema realmente apasionante fuera de toda duda. Creo que todo ser humano cabal alguna vez en su vida indagó con seriedad y detenimiento sobre los orígenes de todo cuanto existe. ¿Qué es el universo? ¿Por qué existe? ¿Tuvo un comienzo o es eterno? Estas son cuestiones de vital importancia y de consecuencias potencialmente trascendentes. ¿Cuáles son las posibilidades lógicas y qué es lo que revela la evidencia en cuanto a su origen? El siguiente esquema muestra todas las posibilidades:
Ante todo, recalcamos dos de las afirmaciones y predicciones básicas del materialismo acerca del universo:
El universo tiene una existencia infinita en el tiempo. Por lo tanto, como no tiene principio ni fin, no fue creado. Esta idea surgió en la Grecia antigua, sobrevivió en distintas formas bajo los romanos, y después del Renacimiento empezó a ganar amplia aceptación entre los eruditos y científicos europeos. El filósofo alemán Immanuel Kant, en el siglo XVIII, durante el Iluminismo europeo, reafirmó la idea de un universo eterno. En palabras de un pensador ateo:El universo no se trata de un objeto creado. De ser así, habría sido creado de manera instantánea por Dios, quien le hubiera dado existencia de la nada. Admitir la creación significa admitir, en primer lugar, que hubo un momento en que el universo no existía y que salió de la nada. Eso es algo que la ciencia no puede consentir. (Politzer, G., 1954, p. 84).
Todo lo que hay en el universo es simplemente el resultado de la casualidad y no el producto de algún plan, proyecto o previsión intencionada.La primera afirmación se encuentra en fuerte aprieto ante la evidencia científica y lógica que revela un universo con principio, y por lo tanto, que precisa de una causa primera, ¡tal como, en esencia, lo predecía y argumentaba el filósofo y teólogo musulmán Al-Ghazali! Este argumento analizaremos cuidadosa y brevemente en esta sección. La verosimilitud de la segunda afirmación será examinada en capítulos posteriores.
Hay dos líneas de argumentación para el origen del universo: 1) evidencia lógica, y 2) evidencia científica. ¡Examinaremos ambas!
Los razonamientos filosóficos y las pruebas científicas contrarían seriamente la noción de un universo eterno:
La imposibilidad de una sucesión infinita de eventos causa-efecto: la existencia de un pasado temporal infinito real haría imposible llegar a la actualidad. Debemos distinguir entre un infinito teórico, como el que usamos en las matemáticas, y un infinito real. El primero es posible solo como un concepto abstracto. El segundo no es posible en la realidad material. Obviamente, cuando hablamos del pasado, lo hacemos desde la perspectiva de nuestra realidad, o sea, el presente. Si existiera un pasado infinito, eso querría decir que ha transcurrido un tiempo infinito hasta llegar a nuestro presente, lo cual es imposible porque ¡sería infinito! La única solución al problema del infinito real de eventos sería la existencia de una causa primera incausada, un ser necesario, existente en sí mismo, eterno y distinguible del cosmos, que dio origen a la dimensión temporal de eventos de este.La imposibilidad lógica de la existencia de un infinito real: Supongamos que tenemos un infinito número de cartas, marcadas con los números del 1 al infinito. Pero suponga ahora, lector, que restas a estas cartas todas las cartas que tengan un número múltiplo de 5. ¿Cuántas cartas tendrías al final de la operación? Bien, el resultado ¡sigue siendo infinito! Pero, ahora, supongamos que a este infinito número de cartas, les restas todas las cartas que tengan un número mayor al 100. ¿Cuántas cartas te quedan? Bien, te quedan 100 cartas. ¿Cómo puede ser esto? ¡Hemos hecho dos veces la misma operación y hemos obtenido números diferentes! En una ocasión, ∞ – ∞ = infinito. En otra, ∞ – ∞ = 100. Podemos seguir con las paradojas utilizando los números pares o impares, y así sucesivamente… Este razonamiento nos demuestra que un infinito cuantitativo no puede ser real, pues nos guía a resultados contradictorios, violando así una ley lógica que analizaremos más abajo. Un número infinito actual de cosas no puede existir en la realidad, por ende, tampoco pueden existir causas (cuantitativas) infinitas, ni razones de ser sin un principio definitivo. La segunda ley de la termodinámica: esta ley tan ampliamente reconocida implica que la entropía del universo (que se supone es un sistema aislado) tiende hacia un máximo. Expliquemos: en términos sencillos, la entropía es una medida del desorden de un sistema. Esto quiere decir:Las diferencias entre sistemas en contacto tienden a igualarse (por ejemplo, su densidad, presión o temperatura).La energía disponible para operar se está acabando gradualmente (la cual permite el movimiento y, por tanto, la vida en el universo).La información (como la contenida en el ADN) tiende a ser confundida y estropeada.El orden tiende hacia el desorden.Ilustremos algunos ejemplos de esta ley en acción: una taza de café recién calentada que se entibia gradualmente acorde a la temperatura ambiental (es decir, iguala su temperatura con el ambiente); el calentamiento solar de la tierra día tras día; la digestión de los alimentos; la energía disponible para los trabajos en el universo, la cual decrece paulatinamente; la información contenida en el ADN o en los productos fabricados por el hombre, que tiende a disminuir.
¿Cuáles son las implicancias de esta ley tan estudiada y confirmada? Bien, si el universo fuese eterno, ya hubiera alcanzado su estado de equilibrio térmico: la información no existiría y la energía operativa se habría agotado completamente. Por consiguiente, el universo no puede ser eterno.
La primera ley de la termodinámica (o la ley de la conservación de la masa y la energía): implica que la materia y la energía, una vez en existencia, nunca pueden ser creadas o destruidas a través de procesos naturales. Esto quiere decir que no hay nueva materia o energía viniendo a la existencia y no hay materia o energía dejando de existir. Esta ley demuestra claramente que el universo y toda la materia y la energía dentro de él deben haber tenido un origen externo o un momento específico en el cual fueron creados por un ente trascendente y ajeno a este universo, ya que el cosmos material no puede, a través de procesos naturales, llegar a existir ni dejar de existir. Las implicancias de esta ley concuerdan con los razonamientos filosóficos presentados con anterioridad.Teorías de un universo con principio: la más popular y extendida en los ámbitos científicos, incluso en su versión secular, implica que el cosmos vino a la existencia hace unos 13.700 millones de años. El Big Bang (en castellano, “Gran Explosión”) no sería una gran explosión, de la forma que lo entiende la mayoría de los legos. Esta expresión evoca imágenes de estallidos de bombas o explosiones de dinamita. Una “explosión” de este tipo produciría desorden y destrucción. En realidad, esta “explosión”, de haber ocurrido así, representa una liberación inmensamente poderosa pero cuidadosamente planeada de materia, energía, espacio y tiempo dentro de los límites estrictos de constantes y leyes físicas que tienen un cuidadoso ajuste fino que rigen su comportamiento y sus interacciones. El poder y el cuidado que revelaría esta explosión, en caso de ser cierta, excede incluso la imaginación humana. El astrónomo cristiano Hugh Ross, creacionista progresivo, sugiere una lista de unas 30 evidencias científicas para el Big Bang y, resaltando el ajuste fino, plan y propósitos que requeriría este evento, aduce que es la forma en que Dios creó el universo, tal como afirma Génesis 1, 1.Por otra parte, en los círculos del creacionismo de la Tierra joven (posición interpretativa que mantienen algunas iglesias conservadoras) recientemente se formuló una teoría que explica los mismos fenómenos que el Big Bang y, a la misma vez, sin invocar entidades inobservables como sí lo hace la teoría de la “Gran Explosión”. Se la designó con el nombre de universo rotatorio y está basada en fenómenos físicos aceptados universalmente.
Aquí el quid de la cuestión es que, sea cual fuere la teoría que aceptemos, la evidencia astrofísica sugiere un origen para el universo. Estas teorías serán abordadas con más detenimiento en el capítulo siguiente.
El teorema de Borde-Guth-Vilenkin, o teorema BGV: establece que cualquier universo que se expande en promedio a lo largo de su historia, no puede ser eterno en el pasado, sino que debe haber tenido un comienzo absoluto. Este es un teorema extremadamente robusto. Dentro de un espacio-tiempo clásico, el teorema BGV no depende de ninguna condición de energía particular (baja o elevada) ni depende de alguna solución particular a las ecuaciones de Einstein. El hecho de que el teorema sea tan robusto lo hace muy difícil de eludir. Se aplica a las teorías del multiverso y a las del universo cíclico. Cualquier teoría cosmológica que plantee una eternidad hacia el pasado, debe evadir el teorema BGV. Pues bien, todas las propuestas contra el mismo, han fallado vez tras vez.La siguiente opción (ver esquema anterior) para el origen cósmico es que el universo haya surgido de la nada absoluta. La teoría del Big Bang sugiere que el cosmos (materia, energía, espacio y tiempo) “antes” de la singularidad inicial no existía. Por tanto, algunos materialistas concluyen que no existía nada, absolutamente nada. Sin embargo:
Resulta evidente el contrasentido, el error de raciocinio que resulta creer que de la nada absoluta, pueda surgir alguna cosa. Sabemos que ningún efecto puede ser mayor que su causa correspondiente. La nada es por propia definición: lo que no existe, lo que no es. Y esto no puede ser racionalmente causa de lo que es. La nada no tiene elementos para formar algo, porque es la ausencia absoluta de todas las cosas. (Baum, L., 1983, p. 188).
De la nada no pudo surgir lo que existe. Y no debemos cometer el siguiente error de concepto: la nada no es sinónimo de un vacío. Un vacío es eso, un espacio físico, regido por leyes, pero sin objetos materiales. La nada es nada. Por tanto, es muy evidente que si en algún momento en el remoto pasado no hubiera existido nada, nunca podría haber llegado a existir algo. La ley de la no contradicción —importante ley en el estudio de la lógica— establece que un objeto no puede ser “A” y “no A” a la misma vez y en la misma relación. Para que un objeto surja de la nada, tiene que, en efecto, crearse a sí mismo: “ser” (“A”) y “no ser” (“no A”) a la vez, lo cual es ilógico e imposible. Por lo tanto, se concluye que algo existía en el principio, pero ese algo no era el universo…
Vale aclarar algunos puntos importantes. Todo el universo es una vasta e interrelacionada cadena de cosas que existen. Cada una de esas cosas debe tener una razón de ser que explique su existencia. Porque, como señaló el filósofo William Craig, si no hubiese una primera causa, entonces el universo sería como una gran cadena con muchos eslabones, en la que cada eslabón se mantiene con el anterior, pero el total de la cadena se mantendría en la nada.
Ahora bien, en un sistema, representado por un círculo, existe una cadena de acontecimientos que sigue una relación de causa y efecto. Sin embargo, es necesario que haya una causa original, una razón fundamental que dio origen a todo el sistema. Esta causa primaria sigue siendo una causa, aunque de una manera distinta a las causas que ocurren dentro del sistema.
El siguiente razonamiento nos ayuda a comprender mejor este asunto:
Supongamos que tienes un libro que te explica todo lo que quieras que te expliquen. Quieres mucho a ese libro. Te pregunto si es de tu propiedad. Me dices que no, que lo tienes porque te lo prestó tu mujer. Le preguntas a tu mujer si el libro es de su propiedad. Te responde que no y que se lo prestó una amiga, etc. ad infinitum. Al final resulta que el libro no es de nadie... Pero en ese caso tú nunca lo hubieras tenido. ¿Cómo ha de ser de larga la cadena de gente que presta el libro para poder negar lo evidente?, que tu pudiste conseguir el libro porque hubo alguien que en algún momento lo tuvo en propiedad y que no tuvo que pedirlo prestado a nadie... (Kreeft, P., 2021).
El autor prosigue así con la línea de lógica:
La existencia es como el libro que aparece tras una cadena de razones de ser o de causas a efectos. Si no hay una primera causa, el Ser necesario que es eterno y autosuficiente, nada podría haber venido a la existencia por sí mismo, porque en último término nada tienes a qué pedir prestada su existencia. Existimos porque recibimos la existencia de otros. Si no existiera el ser independiente, la totalidad de la cadena de entes dependientes, estos en último término dependerían de nada, pero de nada no puede salir algo, porque no tiene ninguna potencialidad... es nada. Es decir, sin un Ser necesario e independiente, sin esa primera causa que es razón de ser de sí misma, nada podría existir. Pero las cosas existen, por consiguiente, debe existir. (Kreeft, P., 2021).
Los ateos objetan que los creacionistas y creyentes aceptamos acríticamente el principio de la razón suficiente y de la causalidad. A esto respondemos que si no hay una causa eficiente para el cosmos, entonces alguna vez no existió nada, o este es eterno, o ¡se creó a sí mismo! Ya vimos y es evidente que dichas ideas están descartadas en lo que respecta al universo. Además, la ciencia misma se basa en el principio metafísico racional de asumir conexiones entre los eventos, esto es, la causalidad, que implica que todo efecto tiene su correspondiente causa. Toda la observación científica ejercida establece que todo efecto requiere de una causa (razón) suficiente. Así, por el momento, solo quedan dos opciones: una causa primera impersonal (una energía o fuerza, sin un centro consciente), o un creador espiritual y personal. Antes de definir esta cuestión, es necesario abordar algunos temas importantes relacionados con ciertas cuestiones descritas sintéticamente en este capítulo.
Bibliografía recomendada
Craig, W. 2000: The Kalam Cosmological Argument [El Argumento Cosmológico Kalam]. Wipf and Stock.
Craig, W. 2001. The Cosmological Argument from Plato to Leibniz [El Argumento Cosmológico desde Platón hasta Leibniz]. Wipf and Stock.
Craig, W., Copan, P. 2012. Creation out of Nothing: A Biblical, Philosophical, and Scientific Exploration [Creación desde la nada: una exploración científica, bíblica, y filosófica]. Baker Academic.
El Big Bang y otras teorías de un universo con principio
La teoría del Big Bang: una evaluación
¡Este sí que es un tema atrapante! ¿Por qué alegamos esto? Bien, la teoría del Big Bang implica que el cosmos vino a la existencia hace unos 13.700 millones de años y habría comenzado en una singularidad inicial o punto cero cuando toda la materia y la energía estaban concentradas en un punto cuasi infinitamente denso y caliente. El Big Bang, es decir, la “Gran Explosión”, no sería una gran explosión, de la forma que lo entiende la mayoría de la gente. Esta expresión evoca imágenes de estallidos de bombas o explosiones de dinamita. Una “explosión” de este tipo produciría desorden, destrucción y caos. En realidad, esta explosión representaría una liberación inmensamente poderosa, pero cuidadosamente planeada de materia, energía, espacio y tiempo dentro de los límites estrictos de constantes y leyes físicas que tienen un cuidadoso ajuste fino que rigen su comportamiento y sus interacciones. Resulta interesante advertir que lejos de refutar el teísmo (doctrina que afirma la existencia de un dios creador del universo), la teoría ampliamente aceptada establece un origen y principio definido para el universo, lo que eleva la cuestión y el dilema de un originador o principiador, si es que cabe tal posibilidad filosófica.
El astrónomo cristiano Hugh Ross (2007), creacionista progresivo y fundador de Reasons to Believe, detalla una lista de más de 30 evidencias científicas para el Big Bang, y, resaltando el ajuste fino, plan y propósitos que requeriría este evento, aduce que es la forma en que Dios creó el universo, en consonancia con Génesis 1, 1: “En el principio, Dios creó los cielos”. Dios habría sido el agente y el origen de toda la energía liberada. Además, varios pasajes bíblicos expresan, utilizando diferentes verbos y flexiones, que el Creador “extiende los cielos”, ¡tal como afirma la teoría! Estos textos podrían interpretarse adecuadamente como una descripción predictiva para su tiempo de que el universo se está expandiendo.
Existen pruebas científicas que pueden interpretarse consistentemente con el modelo aceptado. He aquí un resumen de dichas evidencias:
La teoría de la relatividad general de Einstein y las confirmaciones científicas de su exactitud.La radiación de microondas en el fondo cósmico (en inglés: cosmic microwave background radiation).Predicciones radioactivas de abundancia de elementos.Predicciones de abundancia de hidrógeno/helio.Formaciones estelares y teorías sobre sus ciclos de vida.La segunda ley de termodinámica y su aplicación a la fusión nuclear dentro de estrellas.El red-shifting, es decir, el efecto de desplazamiento hacia el rojo del espectro lumínico de la luz emitida de galaxias que se alejan de nosotros.Por estas razones, entre otras, si los ateos y escépticos cuestionan estos descubrimientos y el origen del universo físico de la nada, en cierta manera se opondrían al progreso científico. Ahora bien, analicemos las más significativas de ellas:
Existencia y temperatura de la radiación cósmica de fondo. Ralph Alpher y Robert Herman calcularon en 1948 que el enfriamiento del evento de creación por un Big Bang arrojaría una leve radiación cósmica de fondo con una temperatura actual de aproximadamente 5 kelvin (-455 °F).
En 1965 Arno Penzias y Robert Wilson detectaron una radiación de fondo cósmica, uniforme y distribuida de manera pareja por todos lados. Se determinó que su temperatura era de aproximadamente 3 kelvin (-457 °F). El satélite espacial COBE confirmó los niveles de radiación. ¡Sorprendente confirmación!
Velocidad de enfriamiento de la radiación cósmica de fondo. Según el Big Bang, cuanto mayor es la edad y más se ha expandido el universo, más fría debe ser su radiación cósmica de fondo. Las mediciones de la radiación cósmica de fondo a distancias tan grandes, lo que equivale a mirar atrás, a cuando el universo tenía solo la mitad, un cuarto o un octavo de su edad presente, muestran temperaturas que son más calientes que la actual —2.726 K— en exactamente la cantidad que predice la teoría del Big Bang. Por tanto, ¡los astrónomos realmente ven al universo enfriarse cada vez más con el tiempo!
Expansión cósmica y efecto de desplazamiento hacia el rojo. George Lemaitre, astrónomo belga, basándose en los cálculos anteriores de otros científicos renombrados, declaró que el universo tuvo un comienzo y se expandió como resultado de algo que lo había impulsado. En 1929 el astrónomo norteamericano Edwin Hubble, al observar una serie de estrellas a través de su gran telescopio, descubrió que la luz de estos estaba corrida hacia el rojo al final del espectro visible, y que, de manera concluyente, ese desplazamiento estaba relacionado directamente con la distancia existente entre las estrellas y la Tierra.
Según las normas reconocidas de la física, los espectros de destellos de luz de objetos que viajan hacia el punto de observación tienden hacia el violeta, mientras que los destellos de luz de cuerpos que se alejan del punto de observación tienden hacia el rojo. Bien, la observación de Hubble mostraba que, según dicha ley, los cuerpos celestes se alejaban de nosotros, de la Tierra. Poco después el científico descubrió que las estrellas no estaban alejándose solo de la Tierra, sino que también se alejaban unas de otras, un efecto similar a un globo que se está inflando... Se concluyó que si en el universo todo se alejaba de todo, era porque este estaba en una “expansión” constante. Si el universo se estaba agrandando en tanto el tiempo avanzaba, el ir para atrás en el tiempo significaría que menguaba. Y si se iba suficientemente para atrás, todas las cosas se contraerían y convergirían en un solo punto. La conclusión que se derivaba de este modelo era que, en algún momento, toda la materia del universo estuvo compactada en un solo punto-masa, con volumen cero debido a su enorme fuerza de gravedad. Nuestro universo habría pasado a existir como resultado de la explosión de este punto de masa superconcentrada que tenía lo que se denomina como volumen cero. Ese evento se llamó singularidad inicial.
Entonces, recapitulando, las implicaciones que este modelo cosmológico tiene son que si retrocedemos en el tiempo, en vez de una expansión, veríamos una contracción, hasta que llegaría un punto en el que todo se volvería una singularidad, en el que todo el espacio-tiempo, la presión, temperatura, densidad, etc. se volverían virtualmente infinitos. Esto significa que no habría ninguna galaxia, planeta ni materia tal como la conocemos, pues todo estaría comprimido y confinado a un punto 0 en el que no existiría nada, ni el espacio, ni el tiempo, ni la energía, ni la materia. Para ponerlo más gráfico:
Universo en expansión:
<_____________________>
<__________________________>
<___________________________________>
Esto es lo que podemos ver: un universo expandiéndose. Pero si hiciéramos reversa en el tiempo, veríamos esto:
<__________________________________>
<___________________________>
<_______________________>
<________________>
<____________>
<________>
<___>
.
Velocidad de la expansión cósmica. Un evento de creación del Big Bang implica una expansión universal desde un inicio hace varios miles de millones de años atrás. Las mediciones más cuidadosas de las velocidades de las galaxias establecen que dicha expansión cósmica ha estado ocurriendo durante los últimos 13.700 millones de años, una medición de la edad cósmica que es consistente con mediciones hechas con otros medios.
Órbitas estables de estrellas y planetas. Nuestro universo permite órbitas estables de planetas alrededor de las estrellas y de estrellas alrededor de los núcleos de las galaxias. Dichas órbitas estables son físicamente imposibles a menos que el universo esté formado por tres dimensiones de espacio, muy grandes y en rápida expansión.
Reducción del congestionamiento de las galaxias. El Big Bang predice que las galaxias se separarán cada vez más entre sí a medida que se expande el universo. Las imágenes del telescopio espacial Hubble muestran que cuanto más lejos uno mira en el cosmos (y, por lo tanto, debido a la velocidad finita de la luz, cuanto más atrás en el tiempo), más congestionadas están las galaxias*. De hecho, al mirar atrás al momento en que el universo tenía solo la tercera parte de su edad actual, las imágenes del telescopio espacial Hubble revelan galaxias tan abarrotadas entre sí que ¡están literalmente arrancándose los brazos espirales unas a otras!
Otras evidencias para la teoría estándar incluyen la abundancia de helio en el cosmos y los tipos y cantidades de poblaciones de estrellas.
