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Escritor maldito, colérico, cínico, delirante, Louis-Ferdinand Céline fue también un hombre condenado por traidor a su patria, colaboracionista y antisemita; escribió novelas terribles, grotescas, deslumbrantes. Pero sus ideas políticas lo llevaron a huir de su país durante la Segunda Guerra Mundial y a ser condenado a muerte y, aunque libró la ejecución, su legado literario quedó sepultado. En Louis-Ferdinand Céline en Dinamarca se ofrece un retrato poético de este escritor abominado: a través de sueños imaginados del novelista francés mientras estuvo preso en una cárcel danesa, se develan su rabia y su angustia por la guerra, sus evocaciones eróticas, su infancia en arrabales –es ilusorio decirlo, Céline escribió páginas ardientes dedicadas a la niñez de manera sublime– y la persecución fuera de los soldados.
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Seitenzahl: 105
Veröffentlichungsjahr: 2023
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LOUIS-FERDINAND CÉLINE EN DINAMARCA
César Arístides

Universidad Veracruzana
Martín Gerardo Aguilar Sánchez
Rector
Juan Ortiz Escamilla
Secretario Académico
Lizbeth Margarita Viveros Cancino
Secretaria de Administración y Finanzas
Jaqueline del Carmen Jongitud Zamora
Secretaria de Desarrollo Institucional
Agustín del Moral Tejeda
Director Editorial
Primera edición, noviembre de 2021
D. R. © Universidad Veracruzana
Dirección Editorial
Nogueira núm. 7, Centro, CP 91000
Xalapa, Veracruz, México
Tel. (01228) 8185980; 8181388
http://www.uv.mx/editorial
ISBN: 978-607-502-977-1
Cuidado de la edición: Leticia Cortés Flores
Maquetación de forros: Jorge Cerón Ruiz
Ilustración de portada: Óleo sobre tela de Xanthe Holloway
Producción de ePub: Aída Pozos Villanueva
Contenido
sueño de bronca fe lengua de muerto
fábula de dolor lumbre de preces
clava feroz licor daga y mirada
bebo silueta azul roza la aurora
clama feraz alcohol cumbre rendida
dicta medrosa hiel odas de frío
un huracán de luz sangra en la aurora
lóbrego en el umbral lame siniestro
muerde el dedo anular sangra y dibuja
agua de funeral lienzo que llora
duelo en el resquemor muerde la nube
daga de resplandor hueso de lumbre
Den Sábado, 13 de julio de 1946
a mi eterna alegría, Verónica Céline Ramos Báez:
mi tiniebla y mi luz, mi camino…
a mis amadísimos hermanos:
Margarita, José Ignacio, María del Carmen,
Cecilia, Guadalupe, Mario Felipe de Jesús
y Fátima María de Lourdes, con gratitud infinita…
a mis amigos, por tantas tempestades amorosas:
Javier Montiel Arias, Erik Alberto Ramírez Espinosa,
Ricardo Muñoz Munguía y Christopher Domínguez Michael
a Xanthe Holloway, por ese retrato, por esos días
de ensueño azul, delirio y muerte compartida…
a los enfermos mentales
y a quienes eligen la lumbre del suicidio…
Después que puse al pie dura cadena,
después que puse al cuello indigno yugo,
besé el cuchillo y adoré el verdugo
que a muerte y a paciencia me condena,
en esta oscuridad, en esta pena,
ciego así, porque a ciega deidad plugo,
ni descanso yo más, ni el llanto enjugo,
ni llego a percibir aura serena.
Conde de Villamediana
Subí solo al tren y empecé a caminar por el pasillo del coche dormitorio, en cuyos costados había cortinas blancas.
En ese momento advertí que una mujer desnuda, semejante a una momia, estaba tendida mirándome.
Era seguramente mi Diosa de la Venganza… la hija de un loco.Desperté sobresaltado y bajé de la cama.
Ryunosuke Akutagawa
Grabbed hold of your coat tail but it come off in my hand
I reached for your lapel but it weren't sewn on so grand
Begged, promised anything if only you would stay
Well, I lost a lot of love over you…
The Rolling Stones
oleaje de amargura sumidero
de ilusiones pocilga del venero
la siniestra mandrágora del huerto
resguarda la amenaza del deceso
los años de ilusión en la neblina
también la llamarada de la ruina
y el zafio testamento del poseso
por los sueños la vida resquebraja
con trémula piedad a los infiernos
maduros por las ansias fatigadas
de escapar ver la luz que se rebaja
en el débil fulgor de los inviernos
y dictan las matanzas alabadas
el obús son labios de serpiente
lamedura de momia hirsuta en la ventana
penetran las estacas en las casas
se cuelgan de farolas danzantes
oratorios tienen clavados sólo pájaros
y reposan en las sillas asustados
abren la puerta donde gime una mujer
una bala entre los muslos
un libro teñido de violeta es almohada
cruje el camastro murmura la tarde que la arropa
la pared dice las palabras confesión
pastor hondura calabozo temblor
se advierte que las letras son cuadros viejos
una choza bebedora del riachuelo
la virgen somnolienta
asustada por la silueta del resucitado
la mirada camina por el pasillo
observan las manos figuras cristalinas
se preguntan inquietas las llamas de los dedos
si la frialdad es un diamante
la boca clausurada en el filo del deshielo
el postigo de carne denegada
una ventana es un párpado
nos deja percibir el aroma de las charcas
estoy desnudo oculto en el quicio de un edificio
la calle queda hueca de subterfugios y pesares
corro por la avenida infinita
en un parpadeo estoy en un camión de pesarosos
la gente me mira ignora mi pesadumbre
el cielo es un río estrellado en el pudor del día
soy una espiga trémula humillada en la distancia
caigo y doy vuelta en las ruinas del templo
cruzo el consulado donde las bailarinas traslúcidas
dibujadas por el cortinaje ensayan los funerales
a los lejos mi mujer me descubre con su pardo semblante
ahíto en la vergüenza me alejo de su gesto
abro la puerta para caer en otra habitación
gime la penumbra con sus dedos en la vulva
extraigo del armario el escalpelo el fervor y la bencina
agobiado arranco la ropa de un muerto
dormido con un balazo en la frente
abre desmesuradamente sus ojos y me hundo en ellos
sonríe y me desbarranco en las pupilas
cierro mis párpados al alfiler y el alcohol suspira
sólo mi cuerpo da tumbos en trombas seráficas
al fin se detiene el descenso
y en el cielo pútrido
los ojos del difunto son astros de púas
me vigilan clementes
con la fijeza tensa de las calamidades
estoy desnudo sobre la hierba
corderos de dios balan su testamento
bala su testaferro dios es su carnero
me lamen aviesos revientan mi furia
sus hocicos púrpuras rodean mis despojos
muerden las campanas de los arbustos
el tintineo es un llamado a misa miseria y misantropía
la voz gutural de la madre feliz con sus telares y encajes
el valle tinto es mostrador de hilos yerros y agujas
cintas de fatuos fulgores y gasas para la contrición
no puedo levantar mi herrumbre
me abruman obcecadas las ovejas
siento en los tobillos lameduras de satán
la aspereza de sus días infinitos
el puntual licor de sus mortajas
muerden mi espalda hurañas
casi apeñuscadas por el remordimiento
me ahoga su blonda opresión
su acoso tibio y salvaje
retornan hoscas al balido
calcinan el suspiro que bruñe la cobardía
lamen inmensas mi rostro
sus negros hocicos son parábola y predicción
incrustan sus lenguas en mi boca
me retuerzo en el punto más intenso de la campiña
soy suyo y condenado de toda potestad
rendido a su hambruna bestial e inmunda
humilde y terrosa entonces despierto
podrida oscuridad baladronada perra certeza de ahogar pelagra ladrido y ausencia sálvenme dragones retazos de infancia carcomida alejen las sombras albinas de este cascarón tenebroso metálico pestilente he olvidado la secreción solar y la compulsión matiza las horas arredran en esta cárcava de carcajadas putas sótano o quijada de jabalí convertido en camastro no sé más de lluvia y ahora atormentan los becerros visitan mis desmayos la única claridad la dibuja torpemente la visita turbia de las alucinaciones inyecciones en el vientre punzadura de cardos muerde corroe y llena de postillas el alma de por sí tumefacta olvido de los barcos donde mi padre estropeaba con sus lápices negritud de la tumba de mi madre en el inmundo père lachaise entonces en medio del bosque se asoma la duda dónde los castillos al borde de aquella castración quimérica de aquel acantilado olfateado por las humaredas y el horno de hielos al rememorar tanta escapada tiemblo de miedo pasión y orfandad celos y tumulto pues soy la fiebre más alta el vuelo de rencorosas estrellas desdeñoso estallido de luceros vísceras de celda moscardón y melodía de cuna muerta utopía sin navío ni parcela y ahora las pérfidas bestias con el rostro de la misericordia con el rastro de la ignominia entre las arboledas me estacan en vetustas noches donde hurgo el sosiego solo acerco a la condición fastuosa de estar luminosamente encerrado la negrura de mi risa violeta puntual en el resentimiento mis lágrimas reprimidas en el duermevela la orgía del furor y el asco pero dónde ahora los enfermos los atónitos ante mis manos de asqueroso condenado en sus cuerpos oxidados tendidos al rayo loar de la náusea dónde mis animales envueltos por el maullido tal vez en esa vereda triste en espera de mi sombra dolorida por no saber de mi deambular violento viril virulento vacilante lancinante por las calles destruidas donde los soldados solemnes ofician la tiniebla algo dirán sus ojos del hombre muerto del despojado por mí de sus ropas los pingajos en su vientre serán el significado de sus pupilas desbarrancadero de alelíes de cielo escrito con lámparas estúpidas incapaces de alumbrar redención y consuelo acaso sea la escrupulosa invitación de los pozos y las lozas abiertas en la degradación para dormir y ser un mártir sin honra ni nombre con túmida túnica arboleda leucémica lunar florido en la cintura de las muchachas o quizá la lluvia perenne evocada en el encierro el anhelo perruno del sabor de la niñez templaria arrogante perniciosa y cuzca con sus descalabros y pedradas al reloj escolar pero estoy tullido convertido sin remedio en un viejo ladrillo ya no lastimo a nadie y miro sorprendido el bombardeo con la tozuda necesidad de descifrar el baile de las ovejas en el páramo el cuerpo yerto mi cuerpo injerto en la zanja entre sus hocicos bramidos y música de páramo pues soñé
hirientes en la celda donde yacen
huraños los antojos y renacen
las odas mendicantes de los meses
marcados por el odio los lamentos
la gélida ceniza de la loca
carcajada que turbia se desboca
punzada por los yerros macilentos
el pálido discurso de la luna
martajada declina frente al vuelo
jadeante del convicto aturrullado
que descubre en el sueño su laguna
para hundirse sagaz en el revuelo
del celo y el horror encarnizado
el pabellón arde de miedo
los hombres en la sala husmean el frío
arbotantes canceles y torpes traqueteos
arropan hastiados todos los pesares
nadie los oye en el apretujamiento de la angustia
pero los aeroplanos dictan el discurso del bramido
a lo lejos se advierte la carraspera de una bomba
los muros son ahora la muscínea lejana de la hogaza
apeñuscados en las calles infectan la cotidianidad
deambulo por el pasillo bajo las miradas suplicantes
los gestos ocultan el encono y el horror
me detengo estupefacto frente a la ventana
me pesa violentamente el murmurio
gris la ciudad despojada de belleza
extiende sus templos almacenes costras y lamentos
un bullicio tenso me obliga a recular
los ojos desbocados profundos
filos de tarde ensangrentada
la mirada de una mujer pálida lastima mi hastío
mira más allá de los confines patibularios
rompe los muros aletea purga la vida
atraviesa fugaz los rostros agobiados
sacude su desvarío hierática desolada
soledad asquerosa del juicio rebatido
reseca quisiera despojarse ser ceniza
sacudirse la brisa rutilante
el criterio del bombardeo que calumnia su destino
por eso vuela rauda eclipsa el tenebrismo matinal
el ruido displicente de los explosivos amuralla
y ella obediente vuela impávida
hacia los confines dilatados del infierno
ruido de huesos y cemento rumbo de ruecas y concreto
el raso testaferro rasga el roce troquelado
estrellan aleteos en la parda encrucijada
y la hembra no se mueve
sangra su sopor el cuerpo inmaculado
la sirena gime bronca en el aura del azoro
y la suben ya sin alas despoblada al sumidero
sobre la camilla el pájaro es rubor que se desmaya
yerta nube en desgracia soleada
me impone su tragedia la mujer arrojada al vacío
su descenso es más sombrío
que las salvas florecientes en los tejados
más límpido que la sangre de nuestros calendarios
veloces arcángeles de guerra la llevan al abismo
al hueco corazón del sanatorio miserable
me alejo temeroso de la loca certidumbre
busco los nardos sembrados en la puerta
su lúbrica cerradura para perpetrar el miedo
sucio salgo de la boca del hospital y su epilepsia
camino entre los árboles ateridos por la perra suerte
apenas apurado por el pavor que me ciñe
la banca del parque recibe mi cansancio
es una mañana de fría mendicidad
desolada deshabitada y al borde de la asfixia
la tierra está cubierta de nieve y muerta redención
blanca sábana para cubrir nuestra fractura
entonces suspiro deleznable impuro desdichado
de pronto ella me dice que no deseaba hacerlo
la busco entre las frondas las verjas las horquillas
mas nunca logro verla entre fierros y condenas
no deseaba hacerlo repite sentenciosa
susurra que su vuelo era sólo a los desvelos
su voz entre la nieve es cal de llanto
no deseaba hacerlo no deseaba hacerlo
no deseaba ser lo que puta certidumbre le dictaba
volteo lentamente y me mira lancinante
