Manhattan Transfer - John Dos Passos - E-Book

Manhattan Transfer E-Book

John Dos Passos

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"Manhattan Transfer" lleva el nombre del cartel que colgaba en una estación de transbordo de pasajeros, que daba servicio a la línea de Pennsylvania y a los ferrocarriles del Hudson y Manhattan. Al igual que los pasajeros que utilizaban aquel apeadero no tenían otra salida o ruta posible más que diri­girse a Manhattan o salir de Manhattan, los personajes de la novela se ven abocados a permanecer en la gran ciudad. En términos literarios convencionales, "Manhattan Transfer" podría considerarse una novela histórica panorámica. Sin embargo, es mucho más que eso: Dos Passos logró plasmar la complejísima multiplicidad de la metrópolis incorporando elementos no narrativos de la prensa y la cultura popular y desplegando varias líneas argumentales diferentes, algunas de ellas interconectadas a través de los personajes y otras completamente aisladas en fragmentos discontinuos.

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Veröffentlichungsjahr: 2018

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JOHN DOS PASSOS

Manhattan Transfer

Edición de Rosa María Bautista

Traducción de José Robles revisada y corregida por Rosa María Bautista

Índice

INTRODUCCIÓN

Preámbulo

I. Acerca de John Dos Passos

II. Manhattan Transfer

Bibliografía

MANHATTAN TRANSFER

Sección primera

Capítulo I. Embarcadero

Capítulo II. Metrópoli

Capítulo III. Dólares

Capítulo IV. Vías

Capítulo V. Apisonadora

Sección segunda

Capítulo I. La dama del caballo blanco

Capítulo II. Jack del Istmo el Zancudo

Capítulo III. Estrellas fugaces

Capítulo IV. Bomba de incendios

Capítulo V. Fuimos a la feria de los animales

Capítulo VI. Cinco causas legales

Capítulo VII. Montaña rusa

Capítulo VIII. Otro río antes del Jordán

Sección tercera

Capítulo I. La ciudad alegre y confiada

Capítulo II. Nickelodeon

Capítulo III. Puertas giratorias

Capítulo IV. Rascacielos

Capítulo V. La carga de Nínive

Créditos

John Dos Passos en Nueva York (cortesía de Lucy Dos Passos Coggin).

Preámbulo

Si bien el autor estadounidense John Dos Passos (1896-1970) es conocido en su país natal fundamentalmente por su trilogía U.S.A. (1938), en la concepción española de John Dos Passos su novela Manhattan Transfer (1925) ha tenido un papel tan relevante a través de los años, que escritor y novela se han convertido en un binomio inseparable y, a su vez, ambos han pasado a formar parte indiscutible de nuestro sistema cultural y literario. A partir del análisis de la especial relación de Dos Passos con España, junto con las circunstancias socioculturales y políticas en las que Manhattan Transfer se publicó en este país, pueden identificarse algunas claves para comprender los mecanismos que han contribuido a la particular recepción de esta novela y, por extensión, a nuestra concepción del más español de los escritores americanos de la era del jazz.

Dos Passos se sintió fascinado por España desde su primera visita en 1916, cuando era un joven que acababa de finalizar sus estudios en Harvard. Aquí se empapó del arte, la literatura y la arquitectura, disfrutó de los paisajes y entabló amistades que conservó a lo largo de su vida: sus escritos sobre España son buena muestra de ello. Dos Passos no solo adquirió un apabullante conocimiento de nuestra cultura y de nuestra sociedad, sino que siempre llevó a España en el corazón. No en vano, sus memorias tituladas The Best Times (1966), comienzan con algunos recuerdos infantiles y con sus vivencias del primer viaje a España cuando era un joven estudiante; acaban con una anécdota en Madrid en 1933. Al escribir sobre una de sus estancias en España en 1921, Dos Passos recuerda:

Como corresponsal de un periódico laborista no tuve mucho éxito. Aunque me interesaban muchísimo el sindicalismo, el socialismo y los derechos de los trabajadores, me distraían continuamente los paisajes y el arte y la arquitectura, y el cante hondo y la solemnidad del baile flamenco. Y sus gentes, esa variedad infinita de gentes trágicas, cómicas, de las que te inspiran compasión y de las que te hacen reír1 (The Best Times, 1966: 81).

Cuando se intuye el lado humano de Dos Passos a través de su biografía, su correspondencia y sus diarios, trasciende su constante preocupación por los derechos de la gente corriente frente a los poderosos, su sincero sentido de la amistad y del compromiso; así lo demostró con el traductor de la novela que aquí presentamos, su querido amigo Pepe Robles, durante la guerra civil española y después.

Novelista, poeta, dramaturgo, artista, reportero y agricultor, infatigable viajero... Si la indiscutible genialidad de la técnica narrativa de Dos Passos ya no sorprende tanto a los lectores que se acercan a él por primera vez en nuestro siglo, no será por su falta de originalidad, sino posiblemente por la inmensa influencia de su obra modernista en la literatura occidental posterior.

En las páginas siguientes, además de ofrecer una semblanza de algunos aspectos de la vida y la obra de John Dos Passos, propondremos algunas claves para abordar la lectura de Manhattan Transfer, en un viaje entre Nueva York y Madrid, América y Europa, a través de la historia del siglo XX. Comenzamos.

I. ACERCA DE JOHN DOS PASSOS

Orígenes

El escritor estadounidense John Roderigo Dos Passos nació en Chicago el 14 de enero de 1896. Su padre, un prestigioso abogado neoyorquino de origen portugués, John Randolph Dos Passos, tenía en aquel momento 51 años; su madre, Lucy Addison Sprigg Madison, casi 42. Cuando nació su hijo en una habitación de hotel a orillas del lago Michigan, no estaban casados, aunque su relación había comenzado al menos cuatro años antes. El motivo era que John R. ya estaba casado con Mary Dyckman Hay Dos Passos, de quien no se había divorciado legalmente; es fácil suponer que se lo impidieran las convenciones sociales y religiosas, pues Mary era católica. Por su parte, Lucy se había criado en una familia acomodada de Virginia y había comenzado su relación con John R. varios años después de enviudar; tenía un hijo de 23 años cuando fue madre por segunda vez (cf. Ludington, 1980: 2-5).

Su condición de hijo ilegítimo hizo que John Roderigo Madison, familiarmente Jack (así solía llamarse Dos Passos hasta que su padre lo adoptó legalmente en 1912), pasara sus primeros años de vida en Europa, adonde se trasladaron su madre y él para evitar escándalos; vivieron temporadas más o menos largas primero en Bruselas y después en Londres, pasando de vez en cuando por Estados Unidos. Sin un hogar estable, Dos Passos pasó su infancia de hotel en hotel, lejos de los juegos de otros niños de su edad, y muy arropado por su madre y por sus niñeras. Cansada de estar lejos de su país y de su pareja, Lucy decide regresar a Estados Unidos en otoño de 1906. A partir de ese momento, vivió entre Washington y Nueva York, mientras el joven Jack, que tenía entonces diez años, se matriculó en la escuela Choate School, en Connecticut. Aquellos años de escuela no fueron fáciles para él. Según su principal biógrafo, Townsend Ludington, nunca llegó a encajar a pesar de ser un buen estudiante: era tímido, no le gustaban los deportes y su acento lo diferenciaba de los demás compañeros por ser una mezcla peculiar de inglés británico y francés. Además, el hecho de no tener una casa familiar adonde regresar los fines de semana y durante las vacaciones también lo hacía diferente de los demás chicos de su edad. Sin embargo, participaba en la revista del colegio y buena parte del tiempo lo dedicaba a leer todo lo que caía en sus manos.

La muerte de la mujer de su padre hizo posible que sus padres pudieran al fin casarse en 1910, casi veinte años después de haber iniciado su relación. Lamentablemente, para entonces su madre había enfermado gravemente y la situación se complicó pues Jack, con apenas catorce años, tuvo que aprender a convivir con la preocupación por los cuidados de su madre. Al poco tiempo de la boda, su padre inició averiguaciones en el registro civil de Chicago para poder adoptar legalmente a su hijo, que hasta entonces había usado el apellido de su madre viuda. Así, en 1912 y coincidiendo prácticamente con el fin de sus estudios en Choate School, Jack Madison cambió su nombre por el de John Roderigo Dos Passos, un muchacho entusiasmado con la idea de estudiar en Harvard.

Sandy Point, Europa y Harvard

La familia se instaló en la granja que John R. tenía en Sandy Point, Virginia. La propiedad era de un tamaño considerable y desde allí, podían disfrutar de la navegación por el río Potomac en el Gaivota, el barco de su padre. Después de que el joven John Roderigo aprobara el examen de acceso a Harvard en junio de 1911, John R. le organizó un largo viaje por Europa, Egipto y Constantinopla, que duró desde noviembre de 1911 a mayo de 1912. John R. quería que su hijo ampliara su formación, además de alejarlo de la vida de reclusión a la que lo obligaba la enfermedad de su madre. Como preceptor lo acompañó un tal Mr. Jones, a quien llamaban familiarmente el tío Virgilio. El viaje, que quedó bautizado en la memoria de Dos Passos como the grand tour, marcó a aquel muchacho de quince años. Por primera vez, pudo disfrutar de cierta libertad alejado del control de sus padres, recorrer Europa una vez más y conocer lugares nuevos en Oriente Medio, con el suficiente grado de madurez como para apreciar las distintas culturas, la historia y el arte de los lugares que visitaba (cf. ibíd., 40-43).

Dos Passos ingresó en Harvard en septiembre de 1912. Allí conoció, quizás por primera vez en su vida, a compañeros con los que tenía intereses en común; entre ellos se encontraban Robert Hillyer, Dudley Poore y E. E. Cummings. Ávido lector desde niño, en Harvard desarrolló su interés por la literatura; estudió alemán, latín y griego, historia, arte y un poco de español. Harvard ofrecía muchas oportunidades de colaboración en revistas universitarias, y Dos Passos se convirtió en colaborador habitual del Harvard Monthly (cf. ibíd., 73).Tras la muerte de su madre en la primavera de 1915, Dos Passos estuvo a punto de abandonar sus estudios pero, una vez más, su padre le organizó un viaje a San Diego que le ofreció horizontes nuevos. Fue precisamente en ese viaje cuando conoció a uno de sus mejores amigos, Rumsey Marvin, por aquel entonces un muchacho, cuatro años menor que él. Su amistad perduró a lo largo de sus vidas (cf. ibíd., 67-69).

Durante su etapa en Harvard, Dos Passos adquirió una sólida formación pero también entró en contacto con las nuevas corrientes de pensamiento político de principios del siglo XX: marxismo, socialismo, sufragio universal, derechos de los obreros, anarquismo (Nanney, 1998: 61). Consciente de su posición social privilegiada, empatiza con las causas de los más desfavorecidos y, en cierta manera, comienza a rebelarse contra el capitalismo. En uno de los artículos que escribió para el Harvard Monthly, «A Humble Protest», expresa su rechazo por las grandes empresas y la industrialización que oprimen al individuo, un tema recurrente a lo largo de toda su obra.

Dos Passos se graduó de Harvard cum laude en junio de 1916, y el otoño siguiente hizo su primer viaje a España, uno de los viajes decisivos de su vida.

España 1916

Como narra maravillosamente Dos Passos en sus memorias tituladas The Best Times (1966), fue en 1916 cuando viajó a España por primera vez. Nuevamente fue su padre quien le organizó el viaje, en un intento de disuadir a su hijo de la idea de presentarse voluntario al cuerpo de conductores de ambulancias Norton-Harjes2 que prestaba asistencia en la Primera Guerra Mundial, en la que Europa se encontraba inmersa en aquellos momentos. Así, le ofreció la posibilidad de una estancia en Madrid, donde podría aprender español y estudiar arquitectura. «Tengo cartas para tres poetas y otras personas interesantes [...]. Me alojaré en la Residencia des Estudientes [sic] (o como se diga) y estudiaré arquitectura y la Biblia como un loco, también a Cervantes, Calderón...» (1966: 27). Dos Passos recuerda que embarcó en el buque Espagne con destino a Burdeos el 14 de octubre de 1916, justo el mismo día en que The New Republic publicaba el primer artículo por el que le habían pagado, titulado «Against American Literature» (en Pizer, D. [1916], 1998: 36-39)3. Al llegar a Madrid, Dos Passos escribe su primera carta desde España a su buen amigo Rumsey Marvin (a quien llamaba Rummy), fascinado por el chocolate, la Sierra de Guadarrama, los burros y las mulas, los colores de los mantones y los horarios de los madrileños:

20 de octubre de 1916.

Querido Rummy:

¡Madrid! El chocolate que me ponen de desayuno es delicioso, hay una vista preciosa de algunas zonas de la ciudad y de la sierra de Guadarrama, las calles están llenas de burros y mulas con maravillosos arreos cantarines con bronces y esmaltados rojos, por todas partes hay pillos como los que retrataba Goya y la gente utiliza para el agua unas vasijas de barro de formas inimaginables [...]. Otra cosa curiosa de Madrid son los horarios: almuerzan sobre la una o las dos, luego cenan entre las nueve y las diez de la noche. Parece que nadie madruga por la mañana y, por lo que he podido ver por la noche, los cafés y toda la gente están a pleno rendimiento. Mi español es casi nulo y me lo paso en grande intentando hacerme entender... (en Ludington, 1973: 50-51).

Durante su estancia en Madrid, Dos Passos se matriculó en el Centro de Estudios Históricos4, donde asistió a las clases del prestigioso filólogo Tomás Navarro Tomás. Mientras esperaba plaza para alojarse en la Residencia de Estudiantes, se instaló en la pensión Boston, situada en la madrileña calle de Espoz y Mina, casi esquina con la Puerta del Sol. Además de empaparse de la vida madrileña, tuvo oportunidad de visitar Segovia, Aranjuez, Toledo, El Pardo, y también las montañas y los campos castellanos. A algunas de estas salidas lo acompañaron dos de sus compañeros de Harvard que vinieron a visitarlo, Lowell Downes y Roland Jackson, pero también nuevos conocidos españoles; entre ellos Carlos Posada, un estudiante de Derecho que había conocido en la universidad; José (Pepe) Giner, sobrino del célebre pedagogo Giner de los Ríos; y José Robles Pazos, uno de sus mejores amigos españoles que traduciría Manhattan Transfer al español años después y cuya trágica muerte en la guerra civil española es una de las claves para comprender el giro ideológico de Dos Passos a partir de 1938 y su desencuentro con Ernest Hemingway. Además, aquellas experiencias inspiraron parte de sus libros Rosinante to the Road Again (1922) y A Pushcart at the Curb (1922).

En ese viaje a España Dos Passos no fue un turista cualquiera, ni un estudiante como los demás. Las cartas que le había proporcionado a su padre Juan Riaño, profesor de español en West Point, le permitieron acceder a la élite intelectual madrileña; además de sumergirse en la literatura y el arte español, de disfrutar de la cultura popular y el flamenco, Dos Passos acudió a las tertulias literarias y conoció a Juan Ramón Jiménez y a Valle Inclán. Así lo recuerda en sus memorias:

Las cartas que Juan Riaño facilitó a mi padre no podían haber sido más acertadas. Iban dirigidas a periodistas e intelectuales del grupo que luego se denominó Generación del 98. A pesar de mi notable cortedad me encontré tomando el té con Juan Ramón Jiménez [...] y estrechándole la mano a las tres de la madrugada al formidable Valle Inclán, con sus enormes barbas, en un café donde corría mucho el aire5 (1966: 30).

En enero de 1917 Dos Passos viajó al levante español (Denia, Gandía, Játiva, Valencia, Sagunto), y a su regreso pensaba quedarse en Madrid al menos hasta la primavera. Sin embargo, lo sorprende la repentina muerte de su padre y regresa a Estados Unidos en febrero de 1917.

De aquel primer viaje a España, Dos Passos se llevó consigo una admiración sincera por la cultura española y por sus gentes, sólidamente fundamentada en un conocimiento profundo del país. Posteriormente, en agosto de 1917 publicó las impresiones de aquel viaje en un artículo en la revista Seven Arts titulado «Young Spain» (en Pizer [1917], 1988: 39-47)6.

Dos Passos regresó a Europa (Francia e Italia) en el otoño de 1917 como conductor voluntario de ambulancias en la Primera Guerra Mundial, y permaneció hasta 1919. En agosto de aquel año, volvió a España, esta vez para quedarse más tiempo. En esta segunda ocasión visitó el País Vasco, Cantabria, Granada, Barcelona y Mallorca, y reunió abundante material para completar los libros que había comenzado a escribir antes de la muerte de su padre: el poemario A Pushcart at the Curb (1922), y el interesante Rosinante to the Road Again (1922), una recopilación de ensayos sobre la historia y la cultura españolas cuyo hilo conductor es un viaje figurado en busca de lo español, lo que él denomina the Spanish gesture.

Tuvo oportunidad de conocer a otros escritores, entre ellos Ramón J. Sender, Maurice Coindreau7 y Antonio Machado, a quien visitó en Segovia. Profundizó en el conocimiento de los autores del 98 y desarrolló una gran admiración por Pío Baroja, como artista y como pensador. En aquellos meses que pasó en España también empezó a trabajar en la novela que se convertiría en su primer éxito, Three Soldiers (1921). Por otra parte, algunas de las mejores acuarelas de Dos Passos están inspiradas en las escenas y paisajes españoles y, en especial, las de su viaje por Mallorca en compañía de su buena amiga Kate Drain, esposa de John Howard Lawson, y de la hermana de este, Adelaide, también artista, constituyen la mejor representación de su obra impresionista (cf. Nanney, 1998: 152)8.

Dos Passos se llevó de aquellas temporadas en España un profundo conocimiento no solo de sus gentes, sino también de su historia, su cultura, su literatura y su arte. Su relación con este país que tanto lo fascinaba no había hecho más que comenzar. Los viajes a España fueron una constante a lo largo de toda su vida; el último de ellos tan solo tres años antes de su muerte, cuando hizo una escala en Madrid de camino a Roma a recoger el premio Feltrinelli de las letras, en el año 1967. En aquella última ocasión, fue su cicerone por las calles madrileñas el escritor Jorge Cela Trulock (Cela Trulock, 1967: 40-41).

Modernismo y activismo político

La década de 1920 fue intensa y fructífera en la vida del joven Dos Passos. Su pasión por viajar lo llevó a Oriente Medio (1921-1922), Marruecos (1925-26), México (1926-1927), Rusia (1928), además de frecuentes escapadas por Europa (Francia, España, Suiza, Italia), a menudo en compañía de Gerald y Sarah Murphy, Scott y Zelda Fitzgerald y, a partir de 1924, de Ernest Hemingway. Cuando no estaba de viaje, pasaba temporadas en distintos lugares de la geografía americana, sobre todo en Nueva York, Cayo Hueso en Florida y Nueva Orleans. Las experiencias de sus viajes en esa década quedaron recogidas en distintos ensayos y publicadas en los volúmenes Orient Express (1927) e In All Countries (1934).

En los primeros años de la década de 1920, Dos Passos comenzó una intensa relación con otros escritores y distintas personas de la vida cultural en Nueva York y París; conoció a Edmund Wilson, los Fitzgerald, Dawn Powell, Sherwood Anderson. En aquellos momentos, dedicaba tanta energía a la pintura como a la literatura y montó su estudio en la neoyorquina Washington Square, en la trasera del apartamento de Elaine Orr, amante de su amigo E. E. Cummings, aunque en ese momento todavía era la esposa de su antiguo compañero de Harvard, Scofield Thayer (cf. Sawyer-Lauçanno, 2004). En sus memorias, Dos Passos recordaba así a la pareja:

Cummings era el centro de todo. Cummings y Elaine. Su Elaine Orr había sido por algún tiempo la mujer de Scofield Thayer. El pobre Scofield estaba demasiado sumergido en el psicoanálisis para poder conservar una esposa. Lo analizaba el gran Freud en persona. Elaine vivía sola en un apartamento encantador en Washington Square. Era la doncella bendita, la Bella, la encantadora, el lirio virginal de Astolat. Para la juventud romántica simbolizaba el sueño del poeta. Los que no estábamos enamorados de Cummings, lo estábamos de Elaine (cf. Años inolvidables [1966], trad. José Luis López Muñoz, 2006: 131-32).

Durante aquellos meses frecuentaba a viejos conocidos de Harvard y a otros amigos de sus días como conductor de ambulancias en Francia. También en esa época inició su amistad con Scott y Zelda Fitzgerald, por quienes tenía sentimientos encontrados: por un lado admiraba a Scott como escritor, disfrutaba hablando con él sobre literatura y le era imposible resistirse al enorme atractivo y simpatía de la pareja; por otro, su excéntrica frivolidad y su comportamiento histriónico le provocaban un rechazo visceral (Ludington, 1980: 226-28). A pesar de que aquellos meses en Nueva York fueron de intensa creatividad, sobre todo en el plano artístico, se rebela frente al ambiente bohemio cargado de elitismo intelectual del Greenwich Village (ibíd.: 213-18), en el que él mismo se veía incómodamente retratado como alguien perteneciente a una clase privilegiada frente a los más desfavorecidos por el sistema.

Ese mismo año, durante el funeral de Wright McCormic, un viejo conocido de Harvard fallecido en accidente en agosto de 1922, conoció a la que sería su primera novia formal, Crystal Ross. Ella cursaba un doctorado en Literatura Comparada en la Universidad de Estrasburgo, en Francia, y su amistad, aunque discreta, fue importante para el escritor durante los tres años siguientes.

En marzo de 1923 viajó nuevamente a París. Allí estrechó su amistad con el matrimonio de mecenas formado por Gerald y Sarah Murphy9. En torno a los Murphy fue creándose un círculo de amigos entre los que se encontraban jóvenes escritores americanos que más tarde serían conocidos como la generación perdida, representantes del modernismo americano. El grupo encontró en Europa la distancia y los contrastes necesarios para poder retratar la realidad de su país de una manera más profunda y, a la vez, todos ellos desempeñaron un papel imprescindible para la construcción de la imagen de Europa en el imaginario cultural americano. A pesar de las marcadas diferencias entre ellos, su denominador común fue la búsqueda de nuevas fórmulas narrativas próximas a las corrientes artísticas europeas que bullían en el París de la década de 1920, junto con la crítica a la sociedad americana de principios del siglo XX.

En sus memorias, Dos Passos recuerda lo incómodo que se encontraba cuando todos ellos coincidían en grupo y, en cambio, lo mucho que disfrutaba con cada uno de ellos por separado:

Por supuesto que Hemingway era una excepción, de la misma manera que Cummings. En el universo privado que me estaba fabricando, los literatos en general, y en particular los exilados de Greenwich Village y los de París, estaban excomulgados. Su actitud ante la vida me daba ganas de vomitar. Pero tan pronto como hacía amistad con uno de ellos, él o ella se convertían en una excepción; en seres únicos e inatacables (Años inolvidables [1996], 2006: 214).

A través de los Murphy, Dos Passos entró en contacto con la vanguardia modernista europea y conoció, entre otros, a los escritores Jean Cocteau y Blaise Cendrars, a los artistas Fernad Léger y Pablo Picasso, y al compositor Ígor Stravinski.

Tras la Navidad de 1924, Dos Passos se instaló en un edificio de apartamentos en Brooklyn Heights, donde conoció al poeta Hart Crane, que era su vecino (cf. Ludington, 2003: 808). Sin embargo, sus finanzas eran muy precarias debido al fracaso de su última novela, Streets of Night, así que dejó Nueva York y se trasladó a Nueva Orleans, donde terminó prácticamente Manhattan Transfer antes de volver a emprender viaje, esta vez cruzando a pie y en trenes de mercancías el estado de Florida hasta llegar a Cayo Hueso. Después de un fugaz regreso a Nueva York, Dos Passos volvió a embarcar rumbo a Europa en el mes de junio. Allí se encontró con Crystal Ross10, que se alojaba en el colegio mayor universitario femenino de la rue Notre Damme des Champs. Muy cerca de allí, Ernest Hemingway y su primera esposa, Hadley, tenían alquilado un pequeño apartamento. Aunque quizás habían coincidido brevemente en Italia durante la Primera Guerra Mundial, cuando servían en el cuerpo de ambulancias (cf. Dos Passos [1966], 2006: 215-216)11, aquel verano, primero en París y luego en los sanfermines en Pamplona12, Dos Passos y Hemingway iniciaron una amistad que duraría hasta su desencuentro en la guerra civil española trece años después.

Tras la publicación de Manhattan Transfer en 1925, Dos Passos se convirtió en el escritor estadounidense más admirado de la nueva generación y, al mismo tiempo, se fue implicando cada vez más como activista por causas sociales. En el año 1926, comenzó a colaborar con The New Masses, una revista recién creada, de ideología marxista; también durante este periodo entró a formar parte de un proyecto de teatro experimental, «The New Playwrights Theater», para el que escribió tres piezas teatrales: The Moon is a Gong (1925), más tarde retitulada The Garbage Man (1926), Airways, Inc. (1929), y Fortune Heights (1933). Su contribución al proyecto también incluyó el diseño de decorados (Ludington, 1980: 255-256).

Durante la década de 1920, Dos Passos fue comprometiéndose cada vez más con la defensa de los derechos civiles. Muchas personas de su círculo de amigos y conocidos, entre ellos Jack Lawson, pertenecían al Partido Comunista. Él simpatizaba con las causas sociales que defendía la izquierda, pero nunca llegó a militar en ningún partido, a pesar de que siempre denunció las injusticias del sistema capitalista imperante en las grandes metrópolis: desconfiaba del poder de las organizaciones frente al individuo corriente.

La radicalización de Dos Passos en contra del sistema alcanzó su punto álgido y más visible en torno al caso de Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, dos anarquistas de origen italiano condenados a muerte por asesinato, sin que al parecer se hubiese podido demostrar su culpabilidad de manera fehaciente. A pesar de que en la actualidad hay historiadores que sostienen la culpabilidad de Sacco y Vanzetti, Dos Passos se sumó a una multitud de intelectuales, escritores y artistas de izquierdas que estaban convencidos de que la detención de aquellos hombres en 1920 había sido el resultado de la xenofobia contra los inmigrantes italianos, exacerbada por la «amenaza roja» de 1919 y 1920 (Nanney, 1998: 177). Sacco y Vanzetti fueron condenados a muerte en 1921, y en los años siguientes hasta su ejecución, su causa se hizo mundialmente famosa, con protestas y manifestaciones en muchas ciudades, no solo de los Estados Unidos. Dos Passos fue uno de los escritores más activos en su defensa; no solo participó en movilizaciones que se organizaron en distintos lugares del país, sino que también decidió escribir un panfleto, Facing the Chair, en un último intento de detener la ejecución, que se produjo finalmente en agosto de aquel año. Apenas dos días antes, Dos Passos había sido detenido en Boston durante una manifestación de protesta en defensa de los anarquistas.

En aquel momento de frustración y decepción, Dos Passos se radicalizó y se situó ideológicamente junto a la izquierda más reivindicativa del país; se sentía obligado a denunciar lo que él consideraba un sistema capitalista perverso, incapaz de responder adecuadamente a las necesidades básicas de la gente corriente.

Inmerso en una intensa experimentación artística y con un fuerte sentimiento de rechazo hacia el capitalismo de la América industrializada, comenzó a trabajar en su siguiente novela, The 42nd Parallel. Nuevamente, impulsado por su pasión viajera y tras la decepción política por la ejecución de Sacco y Vanzetti, decidió emprender viaje a Rusia para conocer de primera mano el funcionamiento del sistema comunista, aprender el idioma y entrar en contacto con el teatro experimental soviético. Durante el viaje y mientras esperaba su visado ruso, Dos Passos viajó por Dinamarca, Francia, Alemania y Finlandia. Una vez en Leningrado, recorrió el país, estudió ruso y asistió al teatro tantas veces como pudo. Tuvo ocasión de conversar con personas muy diversas que le pusieron al corriente de sus experiencias y, finalmente, al dejar Rusia dos meses después, tenía muchas dudas y sentimientos encontrados sobre las bondades del sistema comunista. Su escepticismo quedó patente cuando publicó las impresiones de su viaje en 1934, al retratar el terror en la mirada de un hombre que había sido testigo de la brutalidad de las purgas comunistas de los disidentes (Nanney, 1998: 176).

Poco antes de emprender viaje a Rusia, Dos Passos había conocido a Katharine Smith durante una breve visita a los Hemingway en Cayo Hueso. Katy, como solía llamarla, era escritora también y conocía a Hemingway desde que eran niños (cf. Ludington, 1980: 277-279). La pareja se casó en agosto de 1929 y se instalaron en Provincetown, Massachussets, aunque pronto volvieron a hacer las maletas camino de Europa. En aquel momento, Dos Passos tenía treinta y tres años; Katy, treinta y cinco. Ella sería su compañera hasta su fallecimiento en accidente en 1947.

«El escritor más grande de nuestro tiempo»

La década de 1930 fue la de mayor popularidad para John Dos Passos en los Estados Unidos, coincidiendo con la publicación de sus tres novelas más célebres, integrantes de la trilogía U.S.A. (1938): Jean Paul Sartre se refirió a él entonces como «el escritor más grande de nuestro tiempo». El primer libro de la trilogía, The 42nd Parallel, que había comenzado a escribir en 1927, se publicó en 193013;dos años más tarde, apareció el segundo, 1919; ambos tuvieron una excelente acogida por parte de la crítica. Sin embargo, pasaron casi seis años antes de que publicara la tercera y última novela de la trilogía, The Big Money (1936). En esos años, además de trabajar en la novela, continuó compaginando viajes y colaboraciones en The New Masses —a pesar de haberse mostrado crítico con el aparato del Partido Comunista sobre todo tras su regreso de Rusia— y también escribiendo artículos para The New Republic y Common Sense.

En junio de 1933, gracias a un anticipo que firmó con la editorial Harcourt Brace para escribir un libro sobre la Segunda República y al apoyo económico de Hemingway, Dos Passos emprendió nuevamente viaje a Madrid en compañía de Katy. Gerald y Sarah Murphy les facilitaron los pasajes (Ludington, 1980: pág. 315) y, una vez en Europa, la pareja pasó una temporada con ellos en Antibes antes de trasladarse a Madrid. Tanto el viaje a España como el trabajo en The Big Money se habían demorado algo, pues Dos Passos había enfermado con fiebres reumáticas en la primavera y tuvo que mantener reposo durante dos meses. La enfermedad resurgió en Madrid, por lo que no pudo dedicar tanto tiempo a escribir como hubiese querido; su proyecto de libro sobre la República española, que tanto lo ilusionaba, se vio menguado y consistió en un conjunto de interesantes ensayos que se recopilaron más tarde en el capítulo titulado «The Republic of Honest Men», dentro del volumen In All Countries (1934). El primero y más conocido de aquellos artículos titulado «Doves in the Bullring» (en español, «Palomas en el ruedo») presagiaba un futuro incierto para la joven República española, simbolizado en la caída de una paloma que intenta emprender el vuelo durante un mitin del partido socialista en la plaza de toros de Santander. Durante aquel verano madrileño, Dos Passos solía frecuentar la biblioteca del Ateneo, donde fue dando forma al material recabado en lecturas y encuentros con distintas personalidades de entonces, entre ellas el presidente Manuel Azaña, el escritor y filósofo Miguel de Unamuno, su viejo amigo desde su primer viaje a Madrid, Pepe Giner, además del entonces embajador de Estados Unidos en Madrid, Claude Bowers, y de Hemingway, que estaba también en la capital por esas fechas. Años después, Dos Passos recordaba en sus memorias que las comidas de aquel verano con Hemingway en el restaurante Botín fueron la última ocasión en la que los dos pudieron conversar sobre España sin enfadarse (cf. Años inolvidables [1966], 2006: 328).

Dos Passos y la guerra civil española

En agosto de 1936, coincidiendo prácticamente con el estallido de la guerra en España, John Dos Passos apareció en la portada de la revista Time como uno de los escritores americanos más influyentes, después del éxito de la tercera novela de la trilogía de U.S.A.,The Big Money. Sin embargo, lejos de disfrutar de un momento dulce por su popularidad, el estallido de la guerra civil española preocupaba enormemente a Dos Passos. Una vez más, se sumó a la defensa de los derechos humanos y empezó a colaborar con el American Committee to Aid Spanish Democracy (Comité Americano de Ayuda a la Democracia Española). Esta organización tuvo como objetivo recaudar fondos, asistencia médica y ayuda para los refugiados españoles. Entre sus miembros había militantes comunistas, así como miembros de diversas organizaciones cristianas y ciudadanos corrientes.

En un esfuerzo por convencer a la opinión pública y a los políticos estadounidenses de la necesidad de la intervención internacional y con el ánimo de presionar por que se levantara el embargo de armas al Estado español, en reconocimiento de la legitimidad del Gobierno republicano, Dos Passos, Hemingway, Lillian Hellman y Archibald McLeish, entre otros, fundaron la productora Contemporary Historians. El objetivo era rodar una película documental sobre la guerra civil española y así recaudar fondos para la causa republicana. Para el proyecto, contrataron al cineasta holandés Joris Ivens, un comunista. Hemingway y Dos Passos acordaron que se reunirían en Madrid para el rodaje de la película y para a trabajar en el guion. Cada uno de ellos consiguió financiación para el viaje de manera independiente; Hemingway viajó como corresponsal de guerra para la agencia North American Newspaper Alliance (NANA), mientras que Dos Passos se comprometió a escribir tres artículos para Fortune, una revista editada por su amigo Archibald McLeish. Dos Passos estaba convencido de que «si el Gobierno estadounidense no intervenía, su país iba a dejar a España a merced de fascistas y comunistas» (cf. Spencer, 2004: 357-362).

Cuando Dos Passos llegó a España en aquella primavera de 1937, la gravísima noticia de la desaparición de uno de sus mejores amigos españoles, Pepe Robles, desencadenó una serie de acontecimientos que dieron un giro a su trayectoria vital a partir de entonces. Para poder imaginar hasta qué punto el injusto final de Robles afectó a Dos Pasos, debemos recordar que Pepe y Dos, como solían llamarse, eran amigos desde el primer viaje a España del escritor en el invierno de 1916.

Por aquel entonces, Robles tenía 19 años de edad y estudiaba Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid, aunque había nacido en Santiago de Compostela. En un viaje en tren a Toledo en un vagón de tercera clase se encontró con un joven americano, apenas un año mayor que él. Hablaron sobre política y poesía, y sobre su admiración por la pintura de El Greco, El Entierro del Conde de Orgaz (cf. Martínez de Pisón: 2005). Pronto entablaron amistad, tenían muchas cosas en común: los dos eran viajeros y compartían intereses. Dos Passos recuerda así aquel primer encuentro con Robles:

Yo estaba en esa época de la vida en que se hacen amigos. En un vagón de tercera clase, volviendo de Toledo, me encontré charlando con un estudiante de la universidad que quería mejorar su inglés. Nos entendimos tan bien que seguimos tratándonos hasta su muerte. Pepe Robles tenía la lengua más afilada que las de mis amigos liberales interesados en la educación. Se reía de todo. Su conversación se parecía más a la desenfadada manera de escribir de Baroja (cf. Años inolvidables [1966], 2006: 59-60).

En 1920, Robles se trasladó a Baltimore (Maryland) como profesor de español en la Johns Hopkins University. Un año antes, se había casado con Márgara Villegas (cf. Bautista, 2017: 191-203), una mujer culta y divertida que, años más tarde al igual que Pepe, traduciría para la editorial Cenit una obra de Dos Passos, Rocinante vuelve al camino (1930).

A través de Pepe y Márgara, Dos Passos conoció al escritor Maurice Coindreau (su futuro traductor al francés), y también a Valle Inclán, amigo y paisano de Robles. Durante aquellos años y hasta el estallido de la guerra civil en 1936, Dos Passos y la familia Robles —Pepe y Márgara con sus dos hijos, Miggie y Coco— aprovechaban cada oportunidad para verse, ya fuera en Estados Unidos o en España, ya que, a pesar de que estaban afincados en Baltimore, los Robles se habían mantenido en contacto con sus amigos de Madrid y cada verano continuaban siendo asiduos a las tertulias en los cafés madrileños, sobre todo a la de Valle Inclán en la Granja El Henar, una vieja tienda-lechería que fue convertida en una moderna cafetería en 1925, situada en la calle de Alcalá, cerca del Círculo de Bellas Artes. Entre 1927 y 1928 Robles colaboró con La Gaceta Literaria, que por aquel entonces era la revista más importante de jóvenes escritores españoles. Sus dos primeros ensayos, publicados en la sección «Libros yanquis» los dedicó a Manhattan Transfer y The Sun Also Rises, de Hemingway. Al mismo tiempo, Márgara comenzó a trabajar en la traducción de Rosinante to the Road Again y Pepe, en la de Manhattan Transfer, ambas para la madrileña editorial Cenit (cf. Martínez de Pisón, 2005: 9-39).

En el verano de 1936, los Robles habían venido a España para pasar las vacaciones de verano, como siempre. Al estallar la guerra, decidieron quedarse para defender la República, y Pepe se alistó en el ejército, a pesar de que podrían haber regresado a Estados Unidos, dada su condición de profesor en la Johns Hopkins. Como hablaba inglés y francés y conocía el ruso, lo destinaron como traductor para la delegación rusa en Madrid y posteriormente en Valencia, donde una tarde estando en casa después de trabajar fueron a buscarle unos hombres vestidos de paisano que se lo llevaron para un interrogatorio rutinario. Jamás regresó (cf. ibíd.)14.

Aunque su ejecución nunca fue confirmada oficialmente, todos los indicios apuntaban a que lo habían ejecutado los rusos por sospechas de espionaje. Francisco Ayala, en sus memorias, recuerda que una tarde a principios de diciembre de 1936, Robles no asistió a su tertulia en Valencia, y nunca lo volvieron a ver. El escritor español rememora la imagen de Márgara con sus dos hijos, tratando de encontrar al padre, «de un sitio para otro, preguntando, averiguando, inquiriendo siempre sin el menor resultado» (cf. Ayala, 1984: 229-230). La desesperada búsqueda de Márgara fue infructuosa.

Según el testimonio de sus allegados, Márgara no comprendió el aislamiento que sufrieron ella y sus hijos después de la desaparición de Pepe: en aquellos difíciles momentos no recibieron ayuda ni apoyo de sus antiguos amigos españoles. Particularmente dolorosa para ella fue la inacción de Rafael Alberti y de Wenceslao Roces, ambos antiguos amigos de Pepe y vinculados al Partido Comunista15.

En cambio, cuando Dos Passos llegó a España en la primavera de 1937, utilizó todos sus contactos y su posición privilegiada como famoso escritor extranjero para indagar abiertamente. A pesar de sus esfuerzos por encontrar respuestas, pronto resultó evidente que Robles estaba muerto. A partir de entonces, Dos Passos luchó durante meses hasta conseguir un certificado de defunción que permitiera a Márgara tramitar el cobro del seguro de vida de su marido y así poder comenzar una nueva vida en México con su hija Miggie. Entretanto, su hijo Coco se quedó en España luchando en el bando republicano, y fue encarcelado al terminar la guerra. La implicación de Dos Passos por ayudar a esta familia llegó al punto de que incluso se ofreció a adoptar a Coco para facilitar que pudiera salir del país una vez liberado de prisión gracias a las gestiones de una de sus tías16.

La noticia de la muerte de Robles afectó profundamente a Dos Passos, que regresó anticipadamente a Estados Unidos sin llegar a asistir al Congreso de escritores que se celebró en Valencia en 1937 y al que había sido invitado. Aunque había participado en buena parte del rodaje del documental que lo había traído a España, The Spanish Earth, quedó excluido de los créditos después de que Hemingway le recriminara su actitud inquisitiva y su indignación contra los comunistas en torno a la muerte de Robles17, porque le parecía una traición a la causa.

Poco después de su regreso a Estados Unidos, Dos Passos plasmó su inquietud por los derroteros que tomaba la guerra española en diversos artículos y, más tarde, en su novela Adventures of a Young Man (1939). En su famoso ensayo titulado «Farewell to Europe», («Adiós a Europa»), publicado en la revista Common Sense en 1937, denunciaba a partes iguales los dos movimientos políticos que polarizaban la Europa en aquellos años, el fascismo y el comunismo y, frente a ellos, defendía las virtudes de la democracia americana. Por otra parte, en los ensayos que escribió durante la primavera de 1937 en España, (de temática coincidente con escenas del documental de Ivens), denunciaba el sufrimiento de los civiles y retrataba la vida sencilla de las gentes de los pueblos de España como los auténticos héroes de la guerra. Esos ensayos fueron agrupados bajo el título «Introduction to Civil War», y publicados en el volumen Journeys Between Wars (1938); son principalmente escenas en Madrid, Fuentidueña de Tajo y Valencia. Por último, en 1939 publicó su novela Adventures of a Young Man, en la que Glenn Spotswood, un joven comunista americano de clase media, después de participar en distintos movimientos de reivindicación social y política en Estados Unidos, decide viajar a España para luchar contra el fascismo en las Brigadas Internacionales. Una vez en España, se encuentra con distintas facciones dentro del bando republicano y no sabe muy bien a qué atenerse, pero sin apenas darse cuenta se ve envuelto en sospechas de traición por trotskista y, finalmente, los suyos le envían a una muerte segura entre balas franquistas. El libro constituye una recreación novelada del análisis político que Dos Passos hizo de su propia trayectoria ideológica y de la guerra civil.

La dura crítica que publicó su amigo Malcolm Cowley de Adventures of a Young Man impulsó a Dos Passos a escribirle una carta con el relato detallado de la muerte de Pepe titulada «The Death of José Robles». En ella, Dos Passos afirma: «El hecho de que una vez tradujo uno de mis libros, y que lo hizo bien, carece de importancia ahora; éramos amigos desde mi primer viaje a España en 1916». En un intento de aclarar su posición a raíz del caso Robles, añadió esta amarga reflexión:

Claro que esta es solo una pequeña historia entre miles de historias terribles durante la carnicería de la guerra civil española, pero nos da una idea de la maraña sangrienta de vidas destrozadas que subyace más allá de los bandos. Comprender las historias personales de algunos de los hombres, mujeres y niños que lo sufrieron en sus propias carnes creo que puede ayudarnos a entender que la realidad no es ni blanca ni negra y a liberar nuestras mentes de las obsesiones partidistas18 (Dos Passos [1939], en Pizer, 1988: 193-195).

Estas y otras manifestaciones públicas de su posición política le granjearon enemistades y una pérdida gradual de popularidad que nunca volvería a recuperar del todo en los círculos intelectuales de su país.

Años de madurez

Con independencia de las críticas feroces de Dos Passos al comunismo, en la década siguiente continuó comprometido con causas sociales y defendiendo la libertad del individuo frente al sistema. Un ejemplo de su compromiso fue su colaboración con la New World Resetlement Fund, con la que viajó a Ecuador y Haití para la acogida de refugiados republicanos españoles en el año 1940. Otro ejemplo fue su participación, en 1941, en la causa contra veinte camioneros sindicalistas (algunos de ellos militantes del partido socialista) que habían sido acusados de conspiración por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, en calidad de vicepresidente del Comité de la Defensa de los Derechos Civiles junto al anarquista italiano Carlo Tresca.

La década de los años 40 fue convulsa en el mundo entero y también lo fue para Dos Passos. Tras publicar su novela Number One (1943), la Segunda Guerra Mundial le llevó a cubrir diversos escenarios del Pacífico Sur para la revista Life y,al finalizar la guerra, los juicios de Núremberg, entre otros reportajes. En el terreno personal, Katy y él proyectaban mudarse a la antigua granja del padre de Dos Passos en Baltimore, cuya propiedad le fue adjudicada en 1944 tras un largo pleito con sus parientes. Sin embargo, no llegaron a hacerlo, ya que en el año 1947 Katy fallece en un trágico accidente de coche en el que Dos Passos pierde un ojo. Arropado por sus amigos, Dos Passos atraviesa probablemente uno de los momentos más difíciles de su vida. En 1949 conoce a Elizabeth Holdridge que, como él, también había perdido a su esposo en un accidente de coche en 1946; la pareja se casa al poco tiempo. Además de sus colaboraciones para la revista Life y otros ensayos de carácter político e histórico, en 1949 publicó The Grand Design, la tercera novela de lo que posteriormente se publicaría como parte de la triología District of Columbia (1952), junto con sus dos novelas anteriores, Adventures of a Young Man y Number One.

En 1950 nació su única hija, Lucy, cuando Dos Passos llevaba ya una vida mucho más sosegada que años atrás, instalado en la granja de Baltimore y compaginando la investigación histórica con la agricultura, otra de sus grandes aficiones. En torno a 1954, el FBI le investigó por su pasada vinculación a elementos próximos al partido comunista, a pesar de que en su madurez Dos Passos iba acercándose a posiciones cada vez más conservadoras. Continuó escribiendo y publicando gran cantidad de trabajos, incluidas novelas, libros de observación personal, historia, biografía y viajes. Con su novela Midcentury (1961), Dos Passos volvió a la técnica caleidoscópica de sus anteriores éxitos para ofrecer una panorámica de la posguerra en Estados Unidos. A pesar de que la novela fue muy bien recibida por el público y la crítica, Dos Passos jamás volvió a recuperar del todo su nivel de éxito de los años 30.

Dos Passos regresó a España para pasar unas vacaciones con su segunda esposa, Elizabeth, y su hija Lucy en el verano de 1961. Los recuerdos que aquel viaje despertó en él fueron determinantes en sus memorias, The Best Times (1966), al volver a recorrer algunos de los lugares que habían sido tan importantes para él en momentos clave de su vida. Aunque no era la primera vez que Dos Passos había pasado por el país desde 1937, aquella fue su primera estancia larga. Todo ello cobró un nuevo significado después de haber recibido durante el viaje la noticia del suicidio de Hemingway19, el viejo amigo con quien había compartido tantas vivencias en España (cf. ibíd., 485).

John Dos Passos publicó un total de cuarenta y cinco obras en los Estados Unidos. En el momento de su muerte, el 28 de septiembre de 1970, en Baltimore, Maryland, Dos Passos había terminado una novela más, Century’s Ebb: The Thirteenth Chronicle, que fue publicada póstumamente, inacabada y sin revisar. Easter Island (1971), un libro de viajes, y The Fourteenth Chronicle (1973), sus cartas y diarios, se publicaron también tras su muerte. En su última «crónica contemporánea», Century’s Ebb (1975), Dos Passos expresó una vez más su preocupación por el futuro de América a través de biografías, bocetos impresionistas y piezas de ficción, como la del personaje Danny Delong, un narrador en primera persona que habla a una grabadora; una vez más Dos Passos mostraba «su interés en la adaptación de la tecnología actual los medios de comunicación a fines narrativos» (Nanney, 1998: 231).

El legado de John Dos Passos nos da la dimensión de su genio como artista y de su categoría humana. Como escritor, siempre estuvo más cómodo en esa delgada línea que separa la ficción de la realidad, y sus retratos de la sociedad americana del siglo XX lo convirtieron en «el cronista de América»; además, fue pionero en el uso de una serie de técnicas narrativas que marcaron el camino de muchos otros escritores: la incorporación de mensajes extraídos de los medios de comunicación, publicidad, carteles, canciones populares; la mezcla de distintos géneros en una misma obra, el retrato mordaz del materialismo del sueño americano; el montaje cinematográficos y el camera eye. En su constante búsqueda de un sistema de gobierno que respetara las libertades individuales, denunció la injusticia allí donde la vio, y se comprometió no solo de palabra, sino también actuando siempre que le fue posible. Fue un hombre adelantado a su tiempo en el análisis de las ideologías políticas monolíticas y radicales que se convierten en un fin en sí mismas. Para Dos Passos, en la vida los medios eran más importantes que los fines, porque los fines últimos rara vez se alcanzan.

II. «MANHATTAN TRANSFER»

Preludio

París, primavera de 1923. Un artista americano trabaja en el diseño de los decorados de una pieza breve de ballet con música de Cole Porter. La pieza representa las primeras impresiones de un inmigrante recién llegado a Nueva York. Uno de los decorados parodia los titulares de un periódico, noticias absurdas, anuncios ridículos y un gran titular: UN BANQUERO DESCONOCIDO COMPRA EL OCÉANOATLÁNTICO. El artista se llama Gerald Murphy.

En aquella primavera de 1923, Dos Passos había viajado a París en compañía de E. E. Cummings; fue precisamente entonces cuando entabló una gran amistad con Gerald y Sarah Murphy (cf. Ludington, 1980: 213-35). Parece muy probable que parte de la inspiración para algunos de los recursos narrativos que el escritor norteamericano empleó en Manhattan Transfer proviniese de las conversaciones que mantuvo durante aquellos días parisinos con Murphy, un arquitecto paisajista que por aquel entonces se dedicaba a la pintura y al diseño de decorados teatrales y carteles. En su círculo, los Murphy frecuentaban a artistas y músicos, entre ellos Picasso y Stravinsky. Fueron ellos quienes presentaron a Dos Passos y al pintor francés Fernand Léger, el cubista preferido de Dos Passos (Pizer, 2013: 33). Según recuerda el escritor en sus memorias, Murphy, Léger y él solían dar largos paseos por los muelles del Sena, durante los que conversaban de arte e intercambiaban ideas sobre sus respectivos proyectos. Dos Passos recuerda así su primer paseo en compañía de los dos artistas:

Mientras paseábamos, Fernand nos llamaba la atención sobre formas y colores [...]. No nos movíamos entre las banalidades color pastel de las Tullerías, ni entre los puentes, las barcazas y los bateaux mouches del Sena, sino en un mundo recién inventado. Gerald se fijaba en los cabestrantes, en las uñas de un ancla, en unas maromas enrolladas en el casco rojo de un remolcador [...] Los muelles del Sena nunca me volvieron a parecer triviales después de aquel paseo (Años inolvidables [1996], 2006: 223).

Murphy se encontraba trabajando en el diseño de decorados para un espectáculo de ballet titulado Within the Quota, con música de Cole Porter20, en el que se contaban las primeras impresiones de un inmigrante sueco que llega a América. La música evoca el ritmo frenético de la ciudad, con una base rítmica orquestal de jazz salpicada de otras músicas tan dispares como los cánticos del Ejército de Salvación, un foxtrot, un vals y las bocinas de los taxis, que sirven de contrapunto a un solo de piano (cf. Ludington, 1980: 224).

Dos Passos ya se había propuesto dedicar una gran novela a Nueva York antes de viajar a París aquella primavera, pero sin duda su contacto con las vanguardias artísticas europeas le proporcionó las claves de su innovadora técnica narrativa. A partir de pequeños retazos de realidad, eslóganes publicitarios, canciones, recortes de noticias, carteles, Dos Passos comenzó a montar el armazón de su gran novela de Nueva York como si se tratara de un lienzo cubista en el que la realidad se presenta desde ángulos múltiples y yuxtapuestos. Las libretas en las que fue tomando aquellas notas y donde empezó a escribir sus primeros borradores indican que desde muy pronto tuvo clara su intención de fragmentar las diversas piezas narrativas en torno a distintos personajes, entremezclándolas con los materiales reales que había ido recopilando. Cuanto más avanzaba, más patente era que el resultado iba a ser una gran novela colectiva (cf. ibíd.: 226-227).

Cuando la editorial neoyorquina Harper & Brothers publicó Manhattan Transfer por primera vez el 12 de noviembre de 1925, John Dos Passos tenía veintinueve años. Era su sexta obra publicada, su cuarta novela. La habían precedido One Man’s Initiation (1920), Three Soldiers (1921), Rosinante to the Road Again (1922), A Pushcart at the Curb (1922), y Streets of Night (1923). En aquel momento, el joven Dos Passos comenzaba a convertirse en un escritor de prestigio, tras el éxito de Three Soldiers.

Manhattan Transfer (en español, la traducción sería Transbordo a Manhattan) lleva el nombre del cartel que colgaba en una estación de transbordo de pasajeros situada en Harrison, Nueva Jersey, al este de Newark, a unos quince kilómetros al oeste de la estación neoyorquina Penn Station, y que daba servicio a la línea de Pennsylvania y a los ferrocarriles del Hudson y Manhattan. La estación no tenía accesos de entrada ni salida, era un mero apeadero de unos trescientos metros de longitud cuyo único propósito era que los pasajeros hicieran transbordo al entrar o salir de Nueva York. Estuvo en funcionamiento entre 1910 y 1937.

Al igual que los pasajeros que utilizaban aquel apeadero con el letrero «Manhattan Transfer» no tenían más opciones que dirigirse a Manhattan o salir de Manhattan, sin otra salida o ruta posible, los personajes de Manhattan Transfer se ven abocados a permanecer en la gran ciudad, de la que solamente uno de ellos, Jimmy Herf, logra escapar, aunque para hacerlo elige un camino diferente y evita las vías de Manhattan Transfer.

Técnica narrativa

En términos literarios convencionales, Manhattan Transfer podría considerarse una novela histórica panorámica. La línea temporal que abarca comienza aproximadamente en torno a 1890 y alcanza prácticamente hasta 1925, la fecha de su publicación. Sin embargo, es mucho más que eso: Dos Passos logró plasmar la complejísima multiplicidad de la metrópolis a través del empleo de una serie de recursos modernistas, entre los que pueden destacarse dos principales, que dominan la obra. El primero de ellos es la profusa incorporación de elementos no narrativos de la prensa y la cultura popular para retratar aspectos de la vida urbana y trazar la línea temporal de la novela. El segundo consiste en el despliegue de unas veinte líneas argumentales diferentes, algunas de ellas interconectadas a través de los personajes, otras completamente aisladas en fragmentos discontinuos (cf. Pizer, 2013: 31). Las vidas de los personajes de la novela, al igual que las calles y avenidas de Nueva York, unas veces transcurren de forma paralela, otras se entrecruzan o no, pero en cualquier caso, ninguna de las encrucijadas en la que sus historias convergen dura mucho tiempo. El modo en el que Dos Passos yuxtapone las distintas líneas narrativas en Manhattan Transfer se ha asociado frecuentemente con la técnica del montaje cinematográfico y, más concretamente, se ha comparado con la del cineasta ruso Serguéi Eisenstein (1898-1948). Sin embargo, las películas de Eisenstein no se proyectaron fuera de la Unión Soviética hasta 1926, un año después de publicarse Manhattan Transfer, por lo que, con independencia de las similitudes, el cineasta ruso no pudo haber inspirado a Dos Passos en esta ocasión. En cambio, el montaje de D. W. Griffith en sus dos grandes películas, The Birth of a Nation (1915) e Intolerance (1916), sí que influyó en el ensamblaje de las piezas narrativas de Manhattan Transfer, como el propio Dos Passos reconoció en diversas ocasiones (cf. ibíd.: 34). Más allá de la influencia de Griffith, en algunas de las escenas más ácidas de la novela se ven trazos del humor que caracterizaría el cine cómico de principios de siglo, al más puro estilo de los hermanos Marx: burlesco, satírico y absurdo21. En esta línea de paralelismos entre el cine y Manhattan Transfer, son notables las similitudes temáticas con el corto de 1921 de los fotógrafos Charles Sheer y Paul Strand titulado Manhatta, junto conel poema del mismo nombre del escritor Walt Whiltman (1819-1892), en el que se basa la película; ambos pudieron haber influido en la elección de los temas repetitivos que Dos Passos utilizó como transiciones a lo largo de toda la novela: ferris cargados de pasajeros que inundan la ciudad, edificios en construcción, chimeneas, humo de los remolcadores, transatlánticos, tráfico, trenes, trenes elevados, tranvías. De hecho, el corto Manhatta comienza exactamente con la misma escena que la novela de Dos Passos. Otro de los recursos narrativos de Manhattan Transfer asociado al cine es el denominado camera eye, a través del cual la voz narrativa se comporta como una lente de cámara y fija su atención en detalles parciales y muy concretos de la realidad que observa, para retratarla desde un ángulo único. En este juego de lentes diversas, la luz y los efectos que provoca sobre los objetos desempeñan un papel fundamental en las descripciones, en las que la naturaleza, los objetos, las percepciones sensoriales y las luces plasman realidades subjetivas, a través del filtro del estado anímico de los personajes.

La mecanización de la gran ciudad, en la que automóviles, trenes elevados, ascensores, apisonadoras, remolcadores y bombas de incendios constituyen un elemento alienante y opresor que inexorablemente obliga a los personajes a estar en continuo movimiento, se confunde con elementos naturalistas, en escenas en las que la modernización y la naturaleza se amalgaman para formar una nueva realidad. Así, los trenes elevados se convierten al oscurecer en «trenes luciérnaga» (glowworm trains); «los puentes telaraña» (spiderweb bridges) se confunden entre la bruma, o el sol de primavera reflejado en los elementos metálicos y decorativos de los edificios ilumina «las calles que mayo esmaltaba, chapaba de oro y plata» (all the nickelplated, goldplated streets enameled with May) (cf. Brøgger, 2009: 136). El empleo de la estética de la mecanización en Manhattan Transfer permitió a Dos Passos representar la fragmentación de la vida en la ciudad moderna. «Creó una máquina con los distintos elementos de la ciudad —la gente, los rascacielos, los trenes, los metros, las canciones populares, los titulares de prensa— todos meros engranajes de una máquina urbana inexorable» (Nanney, 1998: 156). Todos los personajes de la novela luchan por encontrar humanidad y su propia identidad frente a la mecánica implacable de la metrópolis.

La imagen de Nueva York en plena expansión no estaría completa sin la incorporación de olores y sonidos característicos de la gran ciudad. Las continuas referencias a infinidad de olores contribuyen a reforzar el elemento naturalista de la novela: olores característicos de los distintos barrios, de los muelles, de los restaurantes, de los vagones de metro; olor a gasolina, a alcantarilla, a pobreza, a comida podrida, al humo de los barcos de vapor, a rosas marchitas, a refrescos y donuts, a whisky, ginebra y langosta... La lista es interminable. Por su parte, los sonidos constituyen el alma de la ciudad: sus vibraciones, sus ritmos y su voz. Sirenas de los transatlánticos, rugido de motores, silbatos de los ferris, bocinas de los automóviles, alarmas de incendios, coches de bomberos, chirridos de cadenas, música de jazz, música de vals, foxtrot, cánticos de soldados, himnos del Ejército de Salvación, teléfonos incesantes, máquinas de escribir, pisadas... Cada escena tiene su ruido ambiental, su música de fondo (cf. Clark, 2017). Pero la banda sonora de Manhattan Transfer también está formada por los distintos acentos de personajes de muy diversa procedencia: irlandeses, italianos, franceses, judíos de Europa del Este, caribeños, ingleses, alemanes, holandeses, neoyorquinos. La polifonía de múltiples voces superpuestas nos habla de la Nueva York por la que transitaban cada día millones de personas en busca de oportunidades. Este es sin duda el elemento más intraducible de toda la novela.

La estandarización, otro de los grandes temas del modernismo, está presente de manera recurrente en Manhattan Transfer a través del uso simbólico de las prendas de vestir y de la moda como elementos deshumanizantes que hacen iguales a todos los individuos, imposibles de distinguir. La moda, además, ejerce una presión a la que todos se ven sometidos, a riesgo de quedar excluidos de la maquinaria urbana si no siguen sus dictados. En efecto, sombreros, zapatos, abrigos, peinados, maquillaje... sustituyen en las descripciones a los rasgos humanos de los hombres y mujeres que los usan, y de este modo, los convierten en individuos clónicos, a quienes es imposible diferenciar, aunque sí clasificar: «Cepíllese el traje, que está lleno de pajas [...] En esta ciudad lo que cuenta es la facha», le dicen a Bud Korpenning recién llegado a la ciudad. El sombrero de paja en Manhattan Transfer simboliza hasta qué punto la maquinaria es capaz de destrozarte si no sigues las reglas, la tiranía de la moda. En la ciudad no te juzgan por quién eres, sino por el sombrero que llevas. Así, en el capítulo final de la novela, se nos presenta un fugaz personaje a través de un titular de periódico (basado en un hecho real) que murió por la paliza que le dieron unos gamberros por el simple hecho de llevar puesto un sombrero de paja fuera de temporada (cf. Brevda, 2014). Escapar a la estandarización de la modernidad puede llevarte a morir como un mártir en la gran ciudad.

Recepción crítica de «Manhattan Transfer»

Las líneas generales de la interpretación crítica de Manhattan Transfer a raíz de su publicación fueron muy similares en España y en Estados Unidos, si bien por aquel entonces hubo en ambos países un rechazo de la crítica más conservadora.

En Estados Unidos, Manhattan Transfer tuvo una recepción desigual, ya que algunos críticos y escritores de prestigio la elogiaron por lo innovador de sus temas, lenguaje y técnicas, mientras que otros la denostaron exactamente por las mismas razones. Sinclair Lewis y Scott Fitzgerald fueron algunos de los escritores y amigos de Dos Passos que contribuyeron a su reconocimiento en aquellos primeros años. En la década siguiente, Dos Passos se consagró como un escritor de primera línea en su país. Con el paso del tiempo, los críticos estadounidenses parecen coincidir en que Manhattan Transfer ha desempeñado un papel importante en la construcción de la identidad americana del siglo XX, pero muchos se refieren a ella como el preludio técnico de U.S.A., comúnmente considerada como la mejor obra de Dos Passos.

Por su parte, en España, la recepción inicial de Manhattan Transfer fue muy positiva, como muestran las recensiones de José Robles Pazos, Francisco Ayala y la publicada en La Revista Blanca; confirma este hecho el testimonio de Hemingway sobre la popularidad de Dos Passos en España en 1931. Fue precisamente su traductor, José Robles, quien escribió por primera vez sobre Manhattan Transfer en una revista española, concretamente en La Gaceta Literaria del 15 de abril de 1927, en la sección «Libros Yanquis». Ese mismo texto sirvió como prólogo a la primera edición española de la novela, cuando se publicó la traducción a cargo del propio Robles en la editorial Cenit. En él, Robles elogia al amigo y al escritor, lo retrata como un viajero incansable, siempre dispuesto a hacer las maletas:

Sin embargo, Dos Passos no es de esos americanos que, como él mismo dice, viajan para pasear sus baúles. Su insaciable curiosidad no se contenta con ver. Necesita vivir la vida que le rodea, amoldarse a las costumbres, aprender la lengua del país que visita. Es, en una palabra, todo lo contrario de un turista. [7]

Tras repasar las obras anteriores de Dos Passos, Robles elogiaba su profundo conocimiento de nuestro país y su capacidad de observación de nuestra realidad, que consideraba superiores a los de muchos escritores españoles. Sobre la novela, escribe: «El verdadero protagonista es Manhattan mismo [...] con sus viejas iglesias empotradas entre geométricos rascacielos, con sus cabarets resplandecientes, con su puerto brumoso y humeante y con sus carteles luminosos, que parpadean de noche...». [10]

La segunda crítica importante que se publicó de Manhattan Transfer fue la del escritor Francisco Ayala en la Revista de Occidente