Manual de orientación educativa - Ana Cobos Cedillo - E-Book

Manual de orientación educativa E-Book

Ana Cobos Cedillo

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Beschreibung

Este libro es un manual de orientación educativa que recoge los pilares teóricos y prácticos que necesita conocer un profesional de la orientación para abordar esta compleja labor en el siglo XXI. Comienza por asentar las bases teóricas de la Psicopedagogía para a partir de ahí, conocer cómo se ha ido materializando esta ciencia teórica en otra aplicada: la orientación educativa. Desde los orígenes de la orientación en el siglo XX, y desde una perspectiva universal, trasciende la normativa española a fin de que los orientadores dispongan de un manual susceptible de uso en otros contextos y territorios. Se tratan con profundidad las técnicas, instrumentos y procedimientos de la orientación educativa y se disecciona cada intervención en las dimensiones académica, personal, socioafectiva y emocional. El objetivo es que este manual se constituya en una referencia para quienes se están formando para ejercer como orientadores, docentes u otra profesión del ámbito educativo. El conocimiento que recoge este libro está fundamentado en décadas de práctica de la orientación, por lo que las propuestas indicadas pueden extrapolarse a contextos reales. Para ello hay un capítulo específico en el que se expone un Método práctico de aplicación durante un curso completo. Como colofón del manual se dedica un capítulo a la deontología, asunto imprescindible para el desarrollo de un perfil profesional. Un siglo después del nacimiento de la orientación, con profesionales trabajando en todo el mundo, era necesario sistematizar el saber basado en la experiencia. Un manual pertinente para recopilar lo aprendido y sugerente para seguir abordando los retos del futuro.

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Seitenzahl: 498

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Manual de Orientación Educativa

Teoría y práctica de la Psicopedagogía

Ana Cobos Cedillo

NARCEA, S. A. DE EDICIONES

MADRID

En agradecimiento a todos los que me ayudarona crecer como persona y profesional.Para quienes me hicieron aprendery disfrutar de ser orientadora.Para quien me mostró con su ejemploel valor del esfuerzo y del trabajo bien hecho; mi padre.

Índice

Prólogo. Juan Antonio Planas Domingo

Agradecimientos

Presentación

IntroducciónLa experiencia es la madre de la ciencia

1 La Orientación y la Psicopedagogía en las Ciencias de la Educación

1.1. Las Ciencias de la Educación

1.2. La Pedagogía como la ciencia de la educación

1.3. El lugar de la Psicopedagogía y la Orientación

1.4. Orientación y educación

2 Orientación Educativa: origen, concepto y principios

2.1. Concepto de Orientación

2.2. Principios de la Orientación Educativa

2.3. Objetivos de la Orientación Educativa

3 Profesionales de la Orientación

3.1. Generaciones de orientadores en España

3.1.1. Generación de la iniciación

3.1.2. Generación de la implantación

3.1.3. Generación de la generalización

3.2. Si doy clase no oriento o la identidad profesional

3.3. Competencias que confieren identidad

3.3.1. Competencias compartidas

3.3.2. Competencias específicas del profesional de la Orientación

3.3.3. Cuadros resumen de las competencias del profesional de la orientación

3.4. El asociacionismo profesional

4 Intervención en Orientación Educativa

4.1. Ámbitos de intervención

4.1.1. La Acción Tutorial y la Orientación Personal

4.1.2. La Atención a la Diversidad

4.1.3. La Orientación Vocacional

4.1.4. Ámbitos de la orientación y tareas

4.2. Niveles de intervención

4.2.1. Nivel de intervención individual

4.2.2. Nivel de intervención grupal

4.2.3. Nivel de intervención del centro educativo

4.2.4. Nivel de intervención zonal

4.3. Modelos de intervención

4.3.1. Modelo clínico

4.3.2. Modelo de programas

4.3.3. Modelo sistémico o de intervención psicopedagógica

4.3.4. Técnicas, instrumentos, procedimientos y protocolos

5 Instrumentos para la Orientación Educativa

5.1. Pruebas psicopedagógicas

5.2. Pruebas estandarizadas: los tests

5.3. Materiales de elaboración propia

5.4. Clasificación de instrumentos según aspecto a trabajar

5.4.1. Inteligencia general y desarrollo

5.4.2. Factores de personalidad

5.4.3. Habilidades sociales

5.4.4. Estrategias y estilos de aprendizaje

5.4.5. Aptitudes escolares

5.4.6. Preferencias vocacionales y profesionales

5.4.7. Hábitos y técnicas de estudio

5.4.8. Autoestima y autoconcepto

5.4.9. Inteligencia emocional

5.4.10. Lectoescritura y cálculo

5.4.11. Creatividad

5.4.12. Evaluación de las necesidades específicas de apoyo educativo

5.4.13. Trastornos del espectro del autismo

5.4.14. Síndrome de Asperger

5.4.15. Trastornos de conducta

5.4.16. Trastorno por déficit de atención e hiperactividad, TDAH

5.4.17. Tabla resumen de Instrumentos para la Orientación Educativa según aspectos a trabajar

6 Técnicas de la Orientación Educativa e Intervención Psicopedagógica

6.1. La observación

6.2. La entrevista como técnica básica para la orientación

6.3. El clima para la entrevista

6.4. La intervención psicopedagógica

7Procedimientos de intervención en la dimensión académica

7.1. Procedimiento de intervención para la motivación

7.1.1. Técnica: “Línea de la vida”

7.1.2. Técnica: “Mi yo del futuro”

7.1.3. Técnica: “La cápsula del tiempo”

7.2. Procedimiento de intervención en técnicas de estudio

7.3. Procedimiento de intervención en trastornos de lectoescritura

7.4. Procedimiento de intervención en dificultades de aprendizaje

7.5. Estrategias para la enseñanza

7.6. Cómo se enseña: tipos de metodologías didácticas

8Procedimientos de intervención en la dimensión socioafectiva

8.1. Procedimiento de intervención en las conductas desajustadas

8.2. El estudio sociométrico

8.3. Procedimiento de intervención en la disrupción

8.4. Intervención en el acoso escolar

8.5. La relajación como técnica de intervención en orientación

9 Procedimientos de intervención en la dimensión personal

9.1. Procedimiento de intervención en el contexto familiar

9.2. La mediación familiar

9.3. Las escuelas de familias

9.4. Intervención ante los problemas de salud mental

9.5. Intervención en violencia filioparental

9.6. Procedimiento de intervención en cuestiones relativas a la sexualidad

9.6.1. La educación afectivo-sexual

9.6.2. Intervención en la diversidad de género

9.6.3. Intervención en casos de transición de género

10 Procedimientos de intervención en la dimensión emocional

10.1. Procedimiento de intervención en crisis emocionales

10.1.1. Intervención en conductas suicidas

10.1.2. Intervención en autolesiones

10.1.3. Procedimiento de intervención en el duelo

10.2. Intervención en dificultades de origen emocional

10.2.1. La narrativa como técnica universal

10.2.2. La intervención de “bombero”

10.2.3. Y después de toda la técnica, el arte…

10.2.4. La pedagogía del amor

11 Necesidades específicas de Apoyo Educativo

11.1. Necesidades Educativas Especiales, NEE

11.1.1. NEE Físicas: Diversidad funcional física o motora

11.1.2. NEE Psíquicas: Diversidad funcional cognitiva

11.1.3. NEE Sensoriales

11.1.4. Trastornos de la comunicación y del habla

11.2. Dificultades de Aprendizaje, DIA

11.2.1. Identificación de las dificultades de aprendizaje

11.2.2. Instrumentos para la identificación de las dificultades de aprendizaje

11.2.3. La intervención educativa en las dificultades de aprendizaje

11.3. Compensación educativa o desventaja social

Escala de identificación del alumnado de compensación educativa

11.4. Altas capacidades intelectuales

12 La evaluación psicopedagógica y los informes

12.1. Especificidades del informe de evaluación psicopedagógica

12.2. El concepto de diagnóstico

12.3. La elegancia en los informes y sus destinatarios

12.4. El respeto en los informes

12.5. Los contenidos del informe psicopedagógico

12.6. Evaluar el estilo de aprendizaje

12.7. Algunas consideraciones finales e importantes

13 La organización de la respuesta educativa para que nadie se quede atrás

13.1. Medidas de atención a la diversidad

13.2. Seguimiento personalizado desde la acción tutorial

13.3. Seguimiento de hermanos y hermanas en el mismo centro educativo

13.4. Adaptación a la lengua vehicular

13.5. La optatividad

13.6. Programas de apoyo y refuerzo

13.7. Repetición de curso

13.8. Convocatorias extraordinarias

13.9. Recuperación materias o asignaturas pendientes

13.10. Atención en enseñanzas no obligatorias

13.11. Programas específicos

13.12. Adaptaciones curriculares y los elementos del currículo

13.13. Aceleración de curso para el alumnado con altas capacidades

13.14. Apoyo de especialistas

13.15. Asistentes dentro del aula

13.16. El aula específica y el centro específico

14 Un Método de trabajo para un curso completo

14.1. Organización de la información. Importancia de los registros

14.2. Fichas y carpetas

14.3. Preparando la llegada del alumnado: el programa de tránsito entre etapas

14.4. El informe de tránsito

14.5. La llegada del alumnado al centro: la acogida

14.5.1. La jornada de acogida

14.5.2. Guion de la jornada de acogida para tutoras y tutores

14.5.3. Los cuentos de bienvenida

14.6. El cuestionario personal

14.7. La evaluación inicial

14.8. Registro de observación para evaluación inicial

14.9. Proceso de screening para el estudio de la capacidad cognitiva

14.10. El orientador no puede dejar de orientar: el Plan de Orientación Vocacional

14.10.1. Delimitación conceptual: orientación vocacional, académica y profesional

14.10.2. Un programa de orientación vocacional

14.10.3. El consejo orientador

14.10.4. La orientación educativa a lo largo del curso

15 Deontología de la Orientación Educativa

15.1. Principio de respeto a los derechos fundamentales

15.2. Principio de confidencialidad

15.3. Principio de formación y actualización

15.4. Principio de rigor y transparencia

15.5. Principio de compromiso con la diversidad

15.6. Principio de trabajo en equipo y en redes de coordinación

15.7. Principio de coherencia ética y personal

Bibliografía

Índice

Índice

Prólogo

Me considero muy honrado en escribir el prólogo para este manual de mi amiga y compañera Ana Cobos Cedillo, que me ha sucedido en la presidencia de la COPOE (Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España). En este libro se recogen exhaustivamente las funciones y experiencias de cualquier profesional de la orientación, lo que me identifica con su contenido.

Precisamente, Ana Cobos, tiene el respaldo de una sólida formación intelectual avalada por su docencia en la Universidad de Málaga y la experiencia práctica de muchos años al frente de un departamento de orientación en varios institutos de su provincia. Sin duda alguna, estas experiencias y reflexiones nos van a venir muy bien no solo a los profesionales de la orientación sino también a aquellas personas que se dedican a la educación. Sobre todo, a quienes inician su periplo profesional, como bien dice en uno de sus primeros capítulos.

Los pioneros de la orientación tuvimos que desarrollar nuestro trabajo con la teoría de ensayo y error, y ahora, después de varias décadas de experiencia, podemos devolver a la sociedad todo este capital de conocimiento que, sin duda alguna, revertirá en la calidad del sistema educativo, de ahí la pertinencia de la publicación de este manual.

Coincido con la autora en la “importancia de la orientación para la mejora del sistema educativo”. Lo más plausible es que el protagonismo de la figura del orientador será cada vez más relevante en nuestra sociedad. Es un verdadero “agente de cambio”, es decir, un gestor del conocimiento y un promotor de la ética de las organizaciones, pues prima la visión global de las comunidades educativas a la vez que lidera y gestiona, y desde la práctica actúa, analiza y aprende de la misma. En lugar de hacer intervenciones centradas en un reducido número de alumnado o solo en determinados programas, el profesional de la orientación abarca todo el contexto educativo. Su intervención se hace imprescindible en lo relacionado con la convivencia, en la formación del profesorado y con las prácticas educativas. Sobre todo, en lo relativo a la educación emocional destinada a la globalidad de la comunidad educativa.

Los servicios de orientación son una pieza clave en la mejora del proceso educativo, contribuyendo a la optimización del rendimiento general del alumnado, así como a la de su evolución psicoafectiva y emocional.

La primera reflexión que hago es un claro oxímoron. El papel que asigna a los orientadores la normativa española y también en otros países de nuestro entorno europeo y americano es imprescindible para que funcione correctamente todo el engranaje del sistema educativo.Por ejemplo, para acceder a determinados programas tales como el de mejora del aprendizaje y el rendimiento (PMAR) o a los programas de formación profesional básica (FPB), es necesaria una evaluación psicopedagógica que se atribuye a la profesional de la orientación. Sin embargo, es paradójico que, por un lado, se asignen cada vez más funciones y, por otro, se escatimen recursos humanos y no se reconozca explícitamente esta importante labor.

El día a día de un orientador es extremadamente complejo. Si es importante poseer una gran capacidad emocional para ser un buen profesor, en el caso del orientador es todavía más necesaria. Continuamente estamos resolviendo conflictos y problemas, en ocasiones muy duros, como puede ser asesorar en un caso de violación de una menor, o comunicar el fallecimiento de uno de los progenitores a un estudiante. Disponemos de un tiempo limitado en el que debemos planificar con la suficiente antelación si vamos a aplicar unas determinadas pruebas a ciertos alumnos, mantenemos frecuentes entrevistas tanto con profesores como con familias o con el propio alumnado, dirigimos las reuniones con los tutores, participamos en las reuniones de las comisiones pedagógicas, nos coordinamos con otros servicios sanitarios o sociales y, en secundaria, también impartimos docencia, entre otras muchas tareas.

Además, hay que tener la suficiente flexibilidad mental y emocional para adaptarse a las exigencias sobrevenidas. Por ejemplo, si surge un conflicto entre el alumnado o entre ellos y el profesorado debemos intervenir inmediatamente, de igual manera ante problemas inesperados, imaginemos que un alumno nos pide una cita porque está pensando en autolesionarse. Dedicamos también un buen tiempo en asesorar a las familias, porque la sociedad es cada vez más compleja y no existen los patrones de respeto a la autoridad paterna propios de otras épocas. Las madres y los padres lo tienen mucho más difícil en el siglo XXI, tal como recoge la autora.

Como orientadores nos encontramos con problemas como ciberbullying, celos, ansiedad, estrés, desobediencia, temores irracionales, agresividad verbal, violencia física, trastorno negativista desafiante, etc. Con las exigencias laborales, que impiden a los padres y madres estar un mínimo de tiempo con los hijos, o con el aumento de familias monoparentales con las que aparecen problemas desconocidos hasta ahora.

Tal como plantea la profesora Cobos, la orientación ha evolucionado notablemente en los últimos años. Desde el modelo más clínico y centrado en unos cuantos alumnos, se ha pasado a un “modelo más sistémico que abarca toda la comunidad educativa y a lo largo de toda la escolaridad”. Conforme se alarga el período de escolaridad obligatoria y aumenta el número de personas que se forman a lo largo de la vida, también se incrementa el nivel de exigencia de la orientación.

Una de las más importantes conclusiones a las que ha llegado la autora es la afirmación de que la orientación educativa de los servicios especializados “debe abarcar todo el proceso educativo y ser un referente de calidad en el sistema educativo”. Es preciso hacer realidad el derecho de los estudiantes a la orientación en todos los tramos educativos.

Coincido con la autora en que es conveniente crear un “modelo en el que los profesionales de la orientación atiendan a todo el alumnado con o sin necesidades educativas especiales, asesoren al profesorado y orienten a las familias”. Tal como ya se están planteando en la mayor parte de los países, hay que adaptar las funciones de los servicios de orientación a las necesidades de la sociedad actual. En el contexto internacional se están desarrollando modelos propios de servicios de orientación con la necesidad de ampliar los efectivos humanos y recursos psicopedagógicos, como denominador común. En las comunidades educativas se valora la intervención directa del orientador como factor de calidad para el sistema educativo.

En algunos países los profesionales de la orientación intervienen exclusivamente en los equipos externos. En otros, como en España, el orientador sí forma parte del equipo educativo del centro, sobre todo en los institutos de educación secundaria, de personas adultas y en los colegios de educación infantil y primaria. Tanto desde el punto de vista científico, como desde el funcional, la concepción tradicional de la orientación como proceso a lo largo de la vida, exige una atención plena, longitudinal y no incidental.

  Por todas estas cuestiones, tanto la profesora Cobos como la mayoría de los profesionales de la orientación, sabemos del excesivo número de funciones que se atribuyen al orientador, tanto desde una perspectiva cuantitativa, por ejemplo, por la ratio entre alumnado y profesional de la orientación, como la cualitativa, por la diversidad de problemáticas a atender. Esta situación lleva a que la intervención del orientador priorice determinadas funciones que atienden a necesidades más urgentes y perentorias, como la atención a la diversidad, mientras que otras funciones quedan relegadas a un segundo plano como, por ejemplo, la orientación profesional o la atención al alumnado con altas capacidades intelectuales.

Tanto Ana Cobos como yo, consideramos en que, si es importantísimo para todo el profesorado en general que tenga una sólida formación en psicopedagogía, tanto inicial como permanente, todavía lo es más en caso de los profesionales de la orientación. Las exigencias de la sociedad actual son cada vez más complejas y se prevé que en el futuro lo sean todavía más. Hay que tener en cuenta sobre todo las consecuencias de todo tipo que se han derivado de la pandemia de la Covid-19. Han aumentado exponencialmente los problemas de aprendizaje y también los problemas de índole psicológico, por ese motivo debemos dar una respuesta multidisciplinar, para la que la orientación debe tener un papel protagonista en el sistema educativo. Tal como plantea a lo largo de este manual la profesora Cobos Cedillo, el profesional de la orientación va a ser clave en cuestiones relacionadas con la educación emocional, la tutoría, la atención a la diversidad, la convivencia y un largo etcétera.

A lo largo de este libro vamos a encontrar un repertorio completísimo de las distintas técnicas, pruebas, instrumentos, etc., que tienen una relación directa con el día a día de cualquier orientador. Es encomiable la compilación en pocos capítulos de la ingente tarea que tenemos. Hay que reconocer que puede resultar angustioso para cualquier profesional de la orientación novel que se abruma ante la exigencia de tener que ser experto en tantísimas tareas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que no todas ellas se desarrollan por parte del único profesional. En este manual, se ha hecho un exhaustivo desarrollo de las distintas tareas que se van a llevar a cabo desde la orientación en todas las etapas educativas.

Los que nos estamos dedicando a la orientación estimamos que el profesorado necesita una formación inicial y permanente adaptada a las nuevas necesidades y a la heterogeneidad del alumnado. Se hace necesario asesorar y formar al profesorado en problemáticas que antes no existían o se desconocían, como el alumnado disruptivo, la desmotivación, el déficit de atención, la hiperactividad, las ludopatías, la anorexia, la bulimia, el ciberbullying o la drogadicción. También precisan formación en temas tales como: materiales específicos para trabajar en esa diversidad, agrupamientos más flexibles, las nuevas tecnologías aplicadas a la educación, evaluación, la acción tutorial, medidas para mejorar la convivencia en la comunidad educativa, etc.

Aventuro a prever que en el futuro se dará más peso a la figura del orientador como agente de cambio en los centros educativos tanto en la formación del profesorado como de las familias, y también es previsible que aumente su número por cuanto podrán atender a esas demandas que van a ir en aumento progresivamente.

Si se apuesta de verdad por mejorar los sistemas educativos será irremediable mejorar la formación del profesorado e invertir en recursos humanos y, desde la humildad, pero desde el convencimiento, considero que los profesionales de la orientación podemos contribuir a este importante fin.

Para finalizar, quiero resaltar el encomiable el esfuerzo de Ana Cobos por “hacer fácil lo difícil” en la presentación de todo un repertorio de técnicas, instrumentos, métodos, protocolos, ejemplificaciones, modelos, etc., que va a necesitar cualquier profesional de la orientación en su práctica. Sin duda alguna, este manual va a servir para la formación inicial de tales profesionales, pero también en la formación permanente. Gracias a su contribución todos nosotros podemos avanzar en el necesario reciclaje y a sentar las bases teórico-prácticas de la psicopedagogía y la orientación. 

Juan Antonio Planas Domingo

Orientador educativo

Presidente honorífico de COPOE

Agradecimientos

El nacimiento de este libro tiene lugar tras décadas de gestación en la que han intervenido muchas personas a las que es necesario hacer un agradecimiento público. Las que más sufren por la escritura de un libro son los familiares de la autora, quienes se ven afectadas al ver que el proyecto les resta tiempo de convivencia y descanso compartido, por ello vaya el primer agradecimiento a mi familia, especialmente a mi madre y a mis hijas Elena y Ana.

Entre familia, amigos y amigas del corazón hay una línea tan fina que es muy difícil de ver, lo que resulta muy agradable al corazón miope que quiere querer. De estas personas he recibido un constante apoyo en la realización de este proyecto, desde que solo era un pensamiento hasta que poco a poco, se fue materializando. Me fueron leyendo a poquitos, encontrando erratas y haciendo aportaciones tan valiosas que hicieron que este libro fuera mucho mejor. Entre estas personas, tengo que citar a Araceli Suárez, la hermana que la vida me ha regalado con quien camino del brazo por la vida y también por la orientación. Mi entrañable amigo Manolo Pérez, también colega orientador, que siempre me ayuda a crecer mientras reímos, porque él nunca deja de creer y ambos lo sabemos bien como atléticos.

No puedo dejar de mencionar a las personas con las que conocí la orientación, Pedro Badía, el orientador de mi instituto siendo yo alumna, a mi profesor y ahora compañero Francisco Guerrero y a Carmen Prada, mi profesora de la asignatura de orientación en la Universidad de Málaga, donde estudié pedagogía. Ambos me mostraron el camino para que me enamorara apasionadamente de la orientación educativa y siempre les estaré agradecida.

Quiero citar también a mis queridos compañeros y compañeras de la orientación, también amigos y amigas, siempre presentes en mi carrera profesional, con quienes tantas reflexiones he compartido y que han sumado en este libro como: Cinta Aguaded, Antonio Cantero, Juan Antonio Planas, Pedro C. Almodóvar, Marcos A. Ruiz, Enrique Piña, Eloy Gelo, Jesús Ibáñez, Enrique Gallardo, Lola García Román, Ernesto de la Plata, Paco Méndez, y Diego J. Luque. Quiero agradecer especialmente la revisión de este libro a Pepe Melero y las aportaciones al capítulo sobre instrumentos de Jorge Jiménez.

Las redes profesionales que he establecido gracias a mi implicación en el asociacionismo, también han sido clave en este manual, pues me ha permitido compartir y contrastar todo lo relativo a la práctica de la orientación a lo largo de mi carrera. Son para mí, mi familia profesional, por lo que siempre estaré agradecida a AOSMA (Asociación de Orientadores y Orientadoras de Málaga) y a la COPOE (Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España).

Futuros profesionales serán también los estudiantes en prácticas a los que he tutorizado y dado clases en la Universidad, ellos me han ayudado a recordar que, en esta profesión, siempre estamos aprendiendo y se lo agradezco mucho. Han sido cientos, pero quiero citar expresamente a dos, que además han sido revisoras de este libro: Marta Ortega y Elena Lorente.

Siento también agradecimiento en forma de entrañable abrazo por las comunidades educativas malagueñas en que he trabajado: IES Guadalpín (Marbella), IES Las Viñas (Manilva), IES José Navarro y Alba (Archidona), IES Salvador Rueda, IES Portada Alta, IES Profesor Isidoro Sánchez, IES Miguel Romero Esteo e IES Ben Gabirol (estos cinco últimos en Málaga capital). He aprendido sin descanso y con emoción de cada alumna y alumno (y de sus familias) que me he cruzado en mi trayectoria profesional, son ellas y ellos quienes han activado el motor de mi compromiso con la educación. Gracias también a los directivos y docentes, a los buenos, desde luego, porque enseñan cosas valiosas hasta cuando no se lo proponen y a los malos porque también muestran otro camino y es de agradecer.

Como siempre se termina diciendo y en este caso así es, solo la autora es responsable de los errores y zonas no bien resueltas de este libro, por lo que agradecería recibir las críticas para seguir mejorándolo, de cara a una siguiente edición porque este manual pretende ser un instrumento vivo en continuo proceso de evolución y mejora, como la orientación educativa.

Presentación

Este libro tiene como objetivo ser un manual para la práctica de la orientación educativa. Se ha ido confeccionando a lo largo de los años desde mi trabajo diario como orientadora, al ver que no existía manual alguno con el que resolver las cuestiones y dudas que surgen de la práctica.

La literatura sobre orientación tiene un momento álgido al comienzo de los años noventa, pero poco a poco, ha ido decayendo el interés por publicar sobre este asunto y de este modo el número de publicaciones ha ido disminuyendo hasta ser casi inexistente en la segunda década del siglo XXI. Sin embargo, la práctica nos lleva a considerar que es necesario que se publique sobre orientación para que no quede en el olvido tanto conocimiento acumulado con los años y, sobre todo, para que las nuevas generaciones de orientadores, sean herederos del saber de la experiencia de sus colegas antecesores.

El manual es ambicioso y comienza con una fundamentación teórica por la que sitúa a la orientación dentro de las ciencias de la educación y define su relación con la psicopedagogía, a modo de red nomológica como hiciera de forma análoga el añorado profesor Dr. Esteve (1983) con el concepto de educación. Un texto siempre vigente que debe estar presente en la primera lección de cualquiera que se forme para dedicarse a la educación.

Se define el concepto de orientación, así como los ámbitos, niveles y modelos de intervención e instrumentos, todo ello desde la combinación entre la teoría y la práctica, generando teoría desde la práctica.

Especial mención requiere el capítulo dedicado a los profesionales de la orientación, donde se definen las competencias, desde la perspectiva que generan décadas de ejercicio profesional en la realidad diaria de la orientación educativa.

Como si de un zoom se tratara, el marco teórico va enfocando hacia el centro y el manual continúa adentrándose en la práctica, comenzando por los procedimientos de intervención y proponiendo un método de trabajo aplicable de facto, tal como se ha venido realizando durante años.

La costumbre en el esquema de presentación de trabajos en educación consiste en que la última parte se dedica a la intervención y normalmente decepciona, pues no cumple con las expectativas que se generaron en los primeros capítulos. Con el deseo de no defraudar al lector, en este manual se asume el riesgo de exponer cómo se trabaja en orientación, como si se tratara de realizar una disección de cada intervención, porque es posible construir teoría desde la práctica. Así, en el penúltimo capítulo se aborda un método de trabajo para un curso completo, siguiendo el orden cronológico del mismo: desde el programa de tránsito, pasando por los que resultan más necesarios para abordar la orientación, y finalizando por el plan de orientación vocacional; cerrando el ciclo de una propuesta de trabajo para un curso académico.

En educación, son muy pocas las ocasiones en que los veteranos legan el saber de su experiencia por escrito, lo que hace aún más frágil la educación en el entramado de las ciencias y disciplinas científicas. Esta fragilidad tiene su origen no solo en la falta de manuales prácticos sobre educación, sino también en que, además, el conocimiento es muy difícil de transferir ya que es especialmente permeable a los contextos, eminentemente volátil, genuinamente humano.

El libro finaliza con un aspecto importante del que apenas se habla, como es la deontología profesional, especialmente relevante en la práctica de la orientación, por lo delicado de la información que se baraja y el sensible material que se maneja, el personal, el más humano e íntimo.

En este manual se abordan todos estos asuntos, con humildad, sin más pretensión que dejar plasmada una memoria de la práctica, que sirva como legado a quienes comiencen a adentrarse en el apasionante mundo de la orientación educativa.

Ana Cobos Cedillo

IntroducciónLa experiencia es la madre de la ciencia

A lo largo de mi experiencia profesional he ido descubriendo “mucha ciencia” en las tablas del escenario de la práctica de la orientación educativa. Entiendo por “mucha ciencia” aquel conjunto de prácticas que han demostrado ser eficaces y que la mayoría de los orientadores ponemos en marcha sin tener conciencia de que estamos empleando unas técnicas, además de una forma mucho más metódica y rigurosa de la que creemos a priori.

El objetivo de este libro es que el método de trabajo que he construido en décadas de trabajo como orientadora en institutos de secundaria, no se pierda y pueda ayudar a otros profesionales, especialmente a los noveles.

Gran parte de los orientadores tuvimos que aprender a realizar nuestro trabajo mediante el “ensayo-error” y aunque es un método del que finalmente se aprende, resulta muy costoso en tiempo y frustraciones. No tiene sentido que cada orientador empiece desde cero, cuando es posible aprender de la experiencia de los compañeros y rentabilizar este capital profesional.

Plantear un manual de orientación educativa supone un objetivo ambicioso, porque la pretensión es contar qué se hace y cómo se hace un desempeño profesional en la práctica. Sin embargo, a la vez su finalidad es modesta porque solo pretende sumar una posibilidad más entre las múltiples formas de abordar la práctica de la orientación. Cada profesional realiza su propio desempeño, el que puede compartir con los colegas, a la vez que aprender de ellos, dentro de una continua dinámica de comunidad de conocimiento.

La pretensión de este libro es dejar puesto un ladrillo más en la construcción de una ciencia que se basa en la práctica. Es lamentable que cada profesional que empieza a trabajar en educación tenga que volver a pasar por las mismas dificultades que su compañero veterano solventó en su día. Es necesario poner fin a la sensación de “día de la marmota” (de la película Atrapado en el tiempo de Harold Ramis, 1993) y que los orientadores que comienzan su andadura profesional tengan referencia práctica de cómo otros profesionales han resuelto esos mismos problemas, para crear las propias estrategias desde las bases que han puesto sus predecesores. En definitiva, es necesario edificar entre todos los profesionales la ciencia práctica de la orientación educativa.

Como orientadores educativos se debe mantener vivo este pensamiento, porque contribuir a la calidad es “pensar” en cada estudiante y en su singularidad, en que toda la maquinaria del sistema educativo juegue a favor de que el alumnado salga adelante y realice sus proyectos vitales. A veces son pequeñas contribuciones y otras son decisiones trascendentes, pero siempre hay que estar ahí, acompañando el proceso como orientadores.

El pensamiento como profesional se origina en la formación inicial que se obtiene en la universidad, es una formación muy importante. Es básica porque enseña a pensar como pedagogos, psicólogos o psicopedagogos. Sin embargo, sentadas estas bases, es imprescindible la formación como profesional de la orientación para adquirir la perspectiva de orientador. La gesta no es fácil porque se trata de una profesión muy compleja que necesita mucho conocimiento, no solo teórico sino también práctico, además de una continua reflexión y de un pensamiento profesional “vivo”, a lo que hay que sumar la continua actualización.

En el difícil mundo del siglo XXI, la psicopedagogía y la orientación educativa se han ido complicando cada vez más. Es necesario estructurar el conocimiento práctico para poderlo transmitir y para hacer “ciencia” de la experiencia, construir “teoría” desde la práctica. Este es el objetivo de este trabajo, esperando que te sirva, compañera, compañero.

1La Orientación y la Psicopedagogía en las Ciencias de la Educación

La orientación educativa es un ámbito dentro de las ciencias de la educación que tiene una dimensión eminentemente práctica y cuyo fundamento técnico-científico se encuentra en la psicopedagogía, dicho de otro modo, podríamos decir que la orientación es la ciencia aplicada y la psicopedagogía la ciencia teórica en la que se basa.

En este capítulo se aborda el lugar que tiene la psicopedagogía en las ciencias de la educación, una revisión teórica que sin duda es imprescindible para comprender cómo se desarrolla la orientación en la práctica.

1.1. Las Ciencias de la Educación

Las ciencias de la educación son el conjunto de disciplinas que estudian la educación. Cada una de ellas lo hace desde su perspectiva específica y entre ellas son complementarias. Estas son:

Filosofía de la educación: estudia los fundamentos de la educación en cuanto a sus fines y porqués. Conocerla es básico para entender la educación, pues en ella se encuentra la explicación que guía las actuaciones educativas.

Historia de la educación: su estudio es indispensable para trabajar en el presente y mirar con sabiduría hacia el futuro. Muchas de las aportaciones que en la actualidad se consideran nuevas, e incluso proyectos de innovación, fueron ideadas hace siglos por los pedagogos. Es necesario conocer el trabajo de los predecesores para valorarlo y obtener las enseñanzas de su experiencia, antes de creer que se ha descubierto algo novedoso.

Sociología de la educación: esta disciplina explica cómo la educación y el sistema educativo se integran en una sociedad y qué se aportan entre ellos. La investigación en esta disciplina aporta luz acerca de ámbitos tan importantes como la formación académica, cualificación profesional e inserción laboral, datos definitivos para conocer la eficacia del sistema educativo. La sociología de la educación emplea como instrumento básico la estadística, la que también es el sustento de los métodos cuantitativos de investigación en educación.

Antropología de la educación: esta ciencia aporta el estudio de las culturas y sociedades, lo que guarda relación directa con la educación, que entre sus fines esenciales contempla la transmisión de valores culturales. Su estudio es asunto de esta disciplina.

Teoría de la educación: es imprescindible para conocer sus fundamentos, conceptos y principios. De todas las ciencias de la educación es la que conecta de forma más directa y profunda con su esencia y su identidad.

Economía de la educación: hasta tiempos recientes no se habló de esta entre las ciencias de la educación, sin embargo, en la actualidad no puede obviarse. En el mundo actual, presidido por la economía, la educación es una de las inversiones que más influye en una sociedad, del mismo modo que repercute negativamente cuando esta inversión no se hace o es insuficiente.

Didáctica: es la ciencia que explica cómo se enseña y, por consiguiente, debería ser la que marcase el proceso de enseñanza-aprendizaje y el instrumento básico del trabajo cotidiano de los docentes. La didáctica es la ciencia de la educación a la que habría que dedicar más investigación educativa para erigirse como la fundamentación empírica del proceso de enseñanza. Desgraciadamente, la didáctica sigue sin contar con el protagonismo que debería tener en el sistema educativo.

Psicología de la educación: aporta la comprensión de los procesos por los que las personas aprenden, así como todas las variables psicológicas que están presentes en los mismos. Esta ciencia interesa especialmente en orientación, ya que con ella se explica el aprendizaje, la conducta y sus desajustes, así como el proceso de desarrollo evolutivo de las personas desde el nacimiento hasta la senectud.

Tecnología de la educación: es la última incorporación a las ciencias de la educación y surge precisamente de un mundo marcado por las pantallas y las redes de información y comunicación. Pudieran ser consideradas como un mero vehículo para la educación y no constituir una ciencia en sí, en cambio, tienen un peso específico en este entramado, pues añaden con su identidad nuevas formas de educar, ya que integran cambios sustanciales en el tiempo y en el espacio, así como en la repercusión de cada actuación, pues multiplica exponencialmente el número de personas que implica. Dicho de otro modo, las tecnologías de la educación en el siglo XXI son una disciplina en sí misma, porque han generado nuevas formas de acceder al conocimiento y de integrarlo como aprendizaje y educación.

Educación comparada: consiste en el estudio de los procesos educativos en comparación entre ellos. Resulta especialmente relevante cuando se contrastan sistemas educativos de países o comunidades autónomas, como puede ser el caso de España. Las investigaciones sobre educación comparada son muy enriquecedoras, pues ofrecen pistas de por dónde avanzar en función de la experiencia de otros.

Neuroeducación: es una ciencia relativamente reciente que aporta el conocimiento acerca de cómo se aprende desde la base fisiológica de los cambios que se producen en el sistema nervioso y en el cerebro. La investigación en este campo es realmente esperanzadora para abordar la educación y la enseñanza en el futuro.

Figura 1. Las Ciencias de la Educación

1.2. La Pedagogía como la ciencia de la educación

Las ciencias de la educación constituyen un entramado interdisciplinar que desemboca en una única rama del conocimiento: la Pedagogía, que es la ciencia social que estudia los procesos educativos que se dan a lo largo de la vida de las personas. Se ocupa tanto de los procesos formales en el sistema educativo como de los informales que ocurren en contextos donde puede no existir la intencionalidad educativa.

La Pedagogía abarca desde los procesos educativos en los bebés hasta los que tienen lugar en la ancianidad. En lo relativo a los espacios, estudia también los procesos que tienen lugar tanto en contextos donde las personas están presentes como en los que su presencia es virtual. Por todo ello, puede concluirse que la Pedagogía es la ciencia de la educación, la que se alimenta de las ciencias de la educación teniendo una unidad e identidad propia.

1.3. El lugar de la Psicopedagogía y la Orientación

Puede que alguien haya echado de menos a la psicopedagogía en la revisión de las ciencias de la educación, sin embargo, es correcto que esta no aparezca, pues esta no forma parte de ellas.

La psicopedagogía surge de la realidad como una necesidad imperiosa que obliga a extraer de la pedagogía y de la psicología aquellos conocimientos con los que abordar la práctica. Como manifiesta en sus conferencias el Dr. Rafael Bisquerra, una autoridad en la materia, la psicopedagogía es una ciencia.

Surge a comienzos del siglo XX de forma paralela a la orientación educativa y simultáneamente en Estados Unidos y en varios países europeos. Se considera que el origen de la orientación fue en 1908 con el nacimiento del Vocational Boureau en Boston con Frank Parsons y la primera vez que un texto recoge el término “psicopedagogía” fue en el mismo año en el libro del francés G. Persigout. En esta publicación, esta se asocia a las técnicas psicométricas destinadas a la clasificación de los escolares (Moreu y Bisquerra, 2002).

En Italia aparece el término como “examen psicopedagógico” en 1911 asociado a la atención a la diversidad en la publicación de Emilio Galli. También en España hay relación entre la psicopedagogía y la atención a la diversidad, pues aparece publicado por primera vez en el libro de Francisca Rovira, de 1914, Tratamiento de la sordera. Sin embargo, quien emplea con fluidez el concepto y genera en torno al mismo toda su obra es Anselmo González Fernández, médico que también se define como psicopedagogo y que desarrolló su carrera como catedrático de psiquiatría en la formación de maestros y centrando su obra bibliográfica en la psicopedagogía, psicometría, orientación y atención a la diversidad. Progresivamente, serán cada vez más frecuentes las apariciones del término en los años veinte y treinta del siglo XX en España, hasta que la guerra civil ocasiona el paro en los avances científicos y da al traste con el Centro Permanente de Estudios Psicopedagógicos creado en Madrid en 1928.

Tras cuatro décadas de oscuridad para la ciencia y la educación en España, en el último cuarto del siglo XX resurge con fuerza la psicopedagogía siempre ligada a la orientación educativa. No es casual que precisamente en ese momento histórico en que se reconocen y desarrollan los derechos humanos universales se apueste por la orientación como disciplina capaz de hacer realidad estas conquistas, máxime en España donde además se restaura la democracia. La orientación es una disciplina compleja propia de sociedades complejas, que alcanza todo su sentido al dar respuesta a las necesidades que genera un panorama como el que se dibujó en el mundo desarrollado a partir de los años setenta, de ahí que la orientación haya ido siempre unida a hacer realidad los derechos de las personas, especialmente de los colectivos más necesitados, y haya estado trabajando por los derechos de la infancia, de las mujeres, de las personas con diversidad funcional, LGTBI (colectivos de lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales), de los trabajadores, etc.

La orientación, para hacer frente a estas complejas realidades, ha tenido que recurrir a los conocimientos que le aportan la pedagogía y la psicología, es decir a la psicopedagogía, la que definimos como la ciencia que une la pedagogía y la psicología en tanto que la psicología enriquece a la pedagogía para poder abarcar los aspectos psicológicos en el ámbito educativo. En la actualidad la psicopedagogía es la ciencia que sustenta la práctica de la orientación educativa.

1.4. Orientación y educación

Es frecuente que existan dificultades para establecer las lindes de los conceptos de educación y orientación, por eso conviene dedicar un apartado a este asunto. La normativa española ha contribuido a esta confusión especialmente cuando repite que la orientación es una función inherente a la educativa, dejando en un segundo plano que existe una orientación especializada. En el Libro Blanco para la Reforma del Sistema Educativo de 1989 se hacen entre otras, las siguientes afirmaciones:

La orientación escolar es un derecho que el sistema educativo debe garantizar; la actividad orientadora se debe realizar en vinculación estrecha e indisociable con la práctica docente; todo profesor, dentro de su actividad docente, debe ejercer tareas de guía y orientación; el ejercicio de la función tutorial entronca con la individualización de la enseñanza y con las adaptaciones curriculares; la orientación educativa se hace más necesaria cuanto mayor es la diversidad de la oferta educativa; en Educación Secundaria la Orientación educativa ha de completarse con la Orientación profesional y, por último, el desempeño de las funciones tutoriales y orientadoras requieren de un apoyo técnico cualificado(Ministerio de Educación y Ciencia, 1989: 225-227).

De acuerdo con esta concepción, puede afirmarse que la orientación es intrínsecamente educativa puesto que persigue los mismos objetivos de la educación en su sentido más amplio. Sin embargo, orientación y educación no son sinónimos, puesto que existen otras actividades educativas que, aún contribuyendo a los objetivos de la educación, no serían de orientación, como las relativas a la instrucción, enseñanza y a otros aspectos del currículo.

La orientación es un proceso educativo imbricado en la concepción epistemológica de la educación, es decir la orientación forma parte de la educación. Sin embargo, la relación no se da a la inversa y no todo en educación es orientación.

Orientación educativa, didáctica y psicología de la educación son tres disciplinas teórico-prácticas que comparten el objetivo de estudiar las teorías y principios de los procesos educativos, para diseñar intervenciones que lleven a la transformación y mejora de los contextos educativos (Repetto, 2002), aunque entre ellas existen diferencias. La didáctica podría definirse como “el arte o la ciencia de la enseñanza” (Repetto, 2002: 122) y la psicología de la educación centra su estudio en el aprendizaje humano. En esa tríada la orientación sería el tercer eje que aporta el sentido del proceso educativo, que no es otro que generar siempre el bienestar propio y el común de la comunidad a la que se pertenece, que en el siglo XXI, con la globalización y las comunicaciones, adquiere una dimensión planetaria.

Figura 2. Tríada de estudio de los procesos educativos

La orientación es tarea de toda la comunidad educativa y como señala Corominas (1998), cuando los docentes se implican en actividades de orientación se amplía su perspectiva de la educación y se asume mejor su corresponsabilidad y la necesidad de implicarse en este esfuerzo educativo. El mismo autor señala que estos docentes implicados dedican más tiempo y se involucran más con el alumnado con dificultades cognitivas, emocionales o sociales y dan mayor importancia a que todos los estudiantes reciban la correspondiente información y orientación para la toma de decisiones en lo personal, académico y profesional.

Asimismo, aunque la orientación educativa tiene un sentir y actuar coral dentro de la comunidad educativa, existen también unas funciones que son muy especializadas en lo técnico y que requieren de la actuación de profesionales de la orientación, quienes precisan de una formación específica para el desarrollo de unas competencias específicas distintas de las docentes, aunque complementarias.

2Orientación Educativa: origen, concepto y principios

La concepción actual de la orientación educativa es fruto de su evolución en la práctica y de lo que ha supuesto en los entornos sociales y educativos en los que se ha desarrollado. Tiene sus orígenes a comienzos del siglo XX donde aparece el término guidance como un concepto globalizador que incluye cuestiones relativas a la salud, religión, tiempo libre, familia, amigos, escuela y trabajo (Bisquerra, 1996). Hay otros conceptos muy cercanos como vocational guidance, muy similar al de orientación vocacional, y counseling (Santana, 2007) referido a una relación de ayuda de naturaleza más afectiva y personal, menos vinculada al ámbito escolar y similar al entrenamiento personal.

La orientación (Figura3) incluye los tres conceptos señalados e incorpora la perspectiva más amplia que recoge la orientación para toda la vida. Tiene su base en el sentido extenso de guidance, pues abarca todos los aspectos de la persona en tanto que afectan al desarrollo integral en el ámbito educativo, a la vez que aborda la toma de decisiones vocacionales y el bienestar en la vida, counseling.

2.1. Concepto de Orientación

“Orientar” significa guiar, conducir, indicar, señalar…, es decir, en un sentido genérico la orientación es un proceso por el que se ayuda a otra persona a seguir un camino. Luego, en sentido amplio, la orientación educativa es un proceso de ayuda técnica y profesionalizada cuya finalidad es la consecución de la promoción personal en un determinado contexto social (Cabrerizo, 1999: 8).

Son muchas las definiciones que sobre orientación se han publicado, debido a la diversidad de concepciones, amplitud de objetivos y disparidad de tareas que su práctica ha supuesto. Miller (1971) recogió que ya en 1925 Payne había localizado más de un centenar de definiciones de orientación, número que se ha multiplicado exponencialmente en la actualidad. Algunas definiciones ineludibles, correspondientes a autores clásicos en orientación son (Cobos, 2010):

Miller (1971: 19): “Proceso por el que se ayuda a los individuos a lograr la autocomprensión y autodirección necesarias para conseguir el máximo ajuste a la escuela, al hogar y a la comunidad”.

Crites(1974: 37): “Proceso o programa de asistencia concebido para ayudar al individuo a elegir o adaptarse a una profesión”.

Robert Knapp (1986: 17): “Ayudar al desarrollo y formación de la personalidad de los escolares es el primer objetivo de la Orientación, cuyo proceso influye en el valor de las habilidades, conocimientos, conceptos y aptitudes que aquellos adquieren”.

Mª Luisa Rodríguez Moreno (1988: 11): “Orientar es fundamentalmente, guiar, conducir, indicar de manera procesual, para ayudar a las personas a conocerse a sí mismas y a identificar el mundo que las rodea; es auxiliar a un individuo a clarificar la esencia de su vida, a comprender que él es una unidad con significado, capaz de y con derecho a usar de su libertad, de su dignidad personal, dentro de un clima de igualdad de oportunidades y actuando en calidad de ciudadano responsable, tanto en su actividad laboral, como en su tiempo libre”.

Elvira Repetto (2002: 123): “La ciencia que estudia el proceso y el resultado del aprendizaje afectivo del hombre, que posibilita el desarrollo y el cambio constructivo de su personalidad”.

Rafael Bisquerra (1996: 52): considera que la orientación es “Un proceso de ayuda continuo a todas las personas, en todos sus aspectos, con objeto de potenciar la prevención y el desarrollo humano a lo largo de toda la vida. Esta ayuda se realiza mediante programas de intervención psicopedagógica, basados en principios científicos y filosóficos”.

Lidia E. Santana utiliza el calificativo “educativa”, agrupa varias definiciones y culmina con una visión más global diciendo que es un “proceso de ayuda inserto en la actividad educativa, cuyo objetivo es contribuir al desarrollo integral del alumno, con el fin de capacitarle para un aprendizaje autónomo y una participación activa, crítica y transformadora en la sociedad” (Santana, 2007: 44).

Las constantes clave en el concepto de orientación son las siguientes:

Figura 4. Constantes clave en el concepto de Orientación

La orientación educativa es un proceso prolongado en el tiempo, que consta de una serie de actuaciones educativas que se complementan con otras, con las que comparte objetivos que tienen su finalidad última en la formación de ciudadanos competentes para la sociedad.

La orientación educativa se extiende a lo largo de toda la escolarización y más allá, en la vida, aunque es especialmente importante en los momentos en que hay que tomar decisiones, como la elección de unos estudios encaminados a un futuro profesional, u otras de tipo más personal y que afectan en gran medida al bienestar de las personas (Cobos, 2010). Además, la orientación no sólo debe tender a la resolución de problemas, sino anticiparse a los mismos, trabajando de forma proactiva desde la prevención y abarcando al sistema educativo en su conjunto con el diseño de programas de intervención que tengan en cuenta a toda la comunidad educativa, convirtiéndose la orientación y sus profesionales en un activo para la calidad y mejora de los centros. A modo de definición:

La orientación es un proceso que tiene continuidad a lo largo de toda la escolarización por el que se contribuye a los objetivos generales de la educación, trabajando en programas de prevención y proporcionando la ayuda que precisan los componentes de un sistema educativo para la consecución de las finalidades educativas, así como para tomar decisiones respecto del mismo (Cobos, 2010: 43).

2.2. Principios de la Orientación Educativa

En el desarrollo sobre el concepto de orientación, además de las constantes señaladas, que son claves para comprenderlo, existen también unos principios, entendidos como los que sustentan toda intervención y vertebran la práctica.

Figura 5. Principios de la orientación educativa

El principio fundamental es que la orientación es un derecho de todo el alumnado, no sólo de quienes pueden presentar alguna dificultad, con independencia de su edad y de la etapa educativa en que se encuentre, sea o no obligatoria. La orientación educativa es un derecho de todos, nunca es algo accesorio, ni prescindible, aunque su incorporación al sistema educativo sea reciente.

La orientación es una disciplina compleja propia de un mundo complejo, un derecho de los escolares que nace aparejado a la democratización del sistema educativo y a la pretensión de atender a la diversidad para contribuir a la inclusión. El derecho a la orientación es una herramienta de transformación social, que mira hacia la justicia y equidad para hacer posible que cada componente de la comunidad educativa reciba la ayuda que precisa a lo largo de su escolarización para tomar decisiones y desarrollarse en todas sus facetas. Más allá del currículo, la orientación es compatible y necesaria en una sociedad que vela por la formación integral de su ciudadanía.

Otro de los principios básicos de actuación es la prevención (Repetto, 2002). Las intervenciones han de programarse y responder a una forma de trabajo planificada y sistemática. Es necesario tener en cuenta los contextos y la especificidad de los entornos, anticipándose en la medida de lo posible a futuros problemas que puedan surgir, para que éstos no acontezcan, o minimizar en lo posible sus efectos. La orientación debe estar integrada en la planificación escolar y tenerse en cuenta en la totalidad de intervenciones educativas de la comunidad.

El desarrollo es un principio fundamental (Lledó, 2007). La orientación no se debe limitar a momentos concretos de crisis, sino que debe estar presente a lo largo de todo el desarrollo de la persona (Repetto, 2002). Asimismo, la orientación contribuye a facilitar el desarrollo de todas las capacidades de las personas y abarcar todos los aspectos del desarrollo no solo de un individuo, sino también de una comunidad educativa, implicando a todos los componentes de la misma y a su entorno. Las personas crecen y se desarrollan en la comunidad de la que forman parte y la orientación educativa debe tener en cuenta las características de cada contexto para ayudar a las personas a desarrollar sus potencialidades, integrarse y convivir en sociedad, para satisfacer las propias necesidades y las del colectivo al que se pertenece.

En definitiva, “la orientación es un derecho del estudiante y una responsabilidad de las instituciones educativas” (Valdivia, 1998:16).

2.3. Objetivos de la Orientación Educativa

Analizado el concepto de orientación y sus principios básicos de actuación sobreviene la pregunta: ¿para qué la orientación?, dicho de otro modo: ¿cuáles son los objetivos de la orientación educativa? Los objetivos no pueden ser otros más que los que persigue la educación, el desarrollo integral de la persona, del ser, y así atender a las tres dimensiones básicas de la educación: dimensión cognitiva, de competencias y por último la emocional.

La dimensión cognitiva de la orientación es la que trabaja por el desarrollo de todo lo relativo al conocimiento, así como en el “aprender a pensar”. El aprendizaje conlleva siempre la incorporación de un nuevo conocimiento, es un proceso humano que implica el desarrollo y el crecimiento basado en la suma e integración de nuevos contenidos. Estos contenidos pueden ser de toda índole, no solo contenidos académicos o curriculares, sino ideas, esquemas, sensaciones, se trata de todo aquello que se puede aprehender y añadir de forma significativa a los esquemas cognitivos que fundamentan todos los procesos mentales.

Figura 6. Dimensiones del ser en educación

El saber no solo tiene una dimensión teórica sino también otra práctica, que además es extraordinariamente importante en la vida y, por consiguiente, para los objetivos de la orientación, como es el desarrollo de competencias. Una competencia es el modo de abordar una tarea o situación donde se ponen en juego los conocimientos, destrezas y habilidades adquiridos por aprendizajes previos ya sean teóricos o prácticos, adquiridos tanto por el estudio como por la experiencia. Las competencias pueden ser de varios tipos: básicas, profesionales y complementarias.

Figura 7. Tipos de competencias

Las competencias básicas son las que se corresponden con el currículo de la educación obligatoria, lo que a mediados del siglo XX se conocía en España como “las cuatro reglas” o en la antigua Roma como trivium y quadrivium. Son las competencias que se precisan para desenvolverse en la vida y en sociedad, por ejemplo: saber leer, manejar mínimamente las matemáticas, historia, derecho, literatura, música, tecnologías, etc. Si las competencias básicas son generales para toda la población, las profesionales son muy específicas de una profesión u oficio muy concreto. Son las relativas al “saber hacer” en un ámbito profesional y cada ámbito tiene las suyas, hasta tal punto es así que en España se ha desarrollado incluso un catálogo nacional, donde cada una se define como “unidad de competencia” y que, si se desarrollan en conjunto, pueden constituir certificados de profesionalidad y cualificaciones profesionales.

Las competencias complementarias se denominan también “competencias blandas”, lo que supone cierta falta de valoración de estas, pues parece que fueran prescindibles, especialmente al lado de las profesionales que, bien pudieran asemejarse al núcleo duro del saber hace, máxime si resulta rentable para el sistema productivo.

En el mundo que se vislumbra para la segunda mitad del siglo XXI, las competencias complementarias serán la clave esencial para la inserción laboral, pues tratan justamente de la capacidad que las personas tienen para adaptarse con flexibilidad a los cambios, convivir y colaborar con personas y además poder hacerlo en contextos cambiantes. Son ejemplos de competencias complementarias las siguientes: capacidad para trabajar en equipo, idiomas, conocimientos digitales o gestión de las emociones en contextos laborales. De esta última competencia complementaria se encarga también la dimensión emocional de la orientación, la que cada vez tiene más relevancia en nuestro mundo y también en el ámbito educativo.

Si la educación tiene siempre como último objetivo conseguir el bienestar de las personas, no solo basta con el aprendizaje de contenidos y además saber “pensar” y “hacer”, sino que también es necesario aprender a “sentir” y la dimensión emocional es la que conecta de forma más directa con este gran objetivo. Hasta hace relativamente poco tiempo no se había tenido en cuenta la importancia de los elementos emocionales en el aprendizaje, cuando hoy está comprobado que la emoción es mucho más, es nuclear, es el motor hacia el aprendizaje (Cobos, 2014).

Además del aprendizaje, la educación emocional se encuentra en el centro de los objetivos de la orientación pues desde ella se contribuye al desarrollo personal. Dicho de otro modo, la orientación, como una dimensión más de la educación, debe contribuir a que el alumnado encuentre la fórmula más factible para alcanzar la felicidad.

La felicidad, llegar a ser uno mismo, son conceptos que guardan relación con competencias como la asertividad, el aprendizaje basado en observar el entorno y extraer lo mejor en cada caso, la tolerancia, la comprensión de los demás y la empatía, la confianza, las relaciones entre personas y con el medio natural y cultural que nos rodea, afectividad, resiliencia, respeto… En definitiva, se trabaja por conseguir la “convivencia”, como un valor fundamental que ha de perseguirse siempre entre los objetivos de la orientación, que se resumen en dos, y que son los mismos de los sistemas educativos:

La cualificación profesional de las nuevas generaciones.

La formación de personas cuyo desarrollo integral les capacite para convivir.

3Profesionales de la Orientación

La orientación educativa es un derecho del alumnado y por tanto, toda la comunidad educativa ha de facilitar la consecución del mismo. Desde las familias se hace posible mediante la coordinación con los centros educativos y desde el profesorado mediante su labor docente. Sin embargo, la orientación tiene unas funciones específicas que requieren de una cualificación técnica y especializada. En coherencia con lo expresado en el capítulo primero, al situar la orientación entre las ciencias de la educación, la formación de base que precisa un orientador es la de pedagogía, psicología o psicopedagogía.

En el sistema educativo español este asunto sigue siendo un tema pendiente pues no existe una correlación entre los requisitos para acceder al ejercicio de la orientación en sistema público de enseñanza con la formación que presente el candidato. Dicho de otro modo, cualquier graduado universitario, sin que importe la especialidad de origen, puede presentarse a oposiciones de la especialidad de orientación educativa y ejercer en cualquier punto del Estado español, bastando como requisito únicamente el máster de formación del profesorado, que ni tan siquiera debe ser de la especialidad de orientación educativa. Sin embargo, no siempre fue así y en los años ochenta, los primeros orientadores del sistema público fueron seleccionados por concurso teniendo que cumplir con el requisito de ser licenciados en Psicología o Pedagogía.

Para comprender la evolución en el perfil, es posible identificar hasta la actualidad tres generaciones de profesionales de la orientación (Cobos, 2010).

3.1. Generaciones de orientadores en España

La Ley General de Educación que se aprobó en España en 1970 recoge una referencia directa a la orientación e incluso denomina a uno de los cursos: “Curso de Orientación Universitaria” COU. En cambio, en la práctica no hay orientadores ejerciendo hasta 1977, cuando se nombraron a tres profesionales por provincia. Evidentemente, estos nombramientos fueron solo testimoniales, pues difícilmente puede hacerse orientación con esa ratio. Sin embargo, ya puede apreciarse la intención de la administración de incorporar el perfil profesional de la orientación al sistema educativo como de hecho ocurrió más adelante, máxime con la restauración de la democracia en España, lo que obligó a que se diera respuesta a los derechos de los colectivos más vulnerables, algo para lo que siempre se ha recurrido a la orientación y a sus profesionales.

Analizando la historia, puede establecerse un paralelismo entre cada impulso a la orientación por parte de la administración educativa con la necesidad de actualización o de promoción de la calidad de la educación. Con este criterio de los impulsos de la administración pueden categorizarse tres generaciones en España, con características propias que las identifican.

Figura 8. Generaciones de profesionales de la orientación

3.1.1. Generación de la iniciación

Son los pioneros que comenzaron con la orientación educativa en España en los años ochenta del siglo XX. Profesionales que trabajaron en los equipos de orientación como un servicio externo a los centros y que atendieron especialmente a la etapa de Educación General Básica, que abarcaba de los seis a los catorce años.