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Beschreibung

Este libro brota, crece, florece en medio de múltiples encrucijadas internacionales, nacionales y también de nuestra propia institución, que se vinculan con los estudios de paz y los estudios de género. Los modos en que se dan las relaciones entre mujeres y hombres, junto con otras identidades construidas culturalmente a partir de la diferencia sexual, parecen el elemento basal para comprender la violencia y también para buscar la paz.

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EPUB

Veröffentlichungsjahr: 2017

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Esta publicación fue realizada con el apoyo del Programa de Innovación Educativa Novus 2016 y la Cátedra UNESCO “Ética, Cultura de paz y Derechos Humanos” del Tecnológico de Monterrey.

Los derechos exclusivos de la edición quedan reservados para todos los países de habla hispana. Prohibida la reproducción parcial o total, por cualquier medio conocido o por conocerse, sin el consentimiento por escrito de su legítimo titular de derechos.

Primera edición producida en coedición entre

Bonilla Artigas Editores y el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey: 2017

D. R. © Bonilla Artigas Editores S. A. de C. V.

Hermenegildo Galeana #111,

Col. Barrio del Niño Jesús, C. P. 14080

Ciudad de México.

[email protected]

www.libreriabonilla.com.mx

El Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey

Calle del Puente No. Exterior 222 Colonia Ejidos de Huipulco Localidad

Tlalpan Municipio Tlalpan Estado Ciudad de México México CP. 14380.

Coordinación editorial: Bonilla Artigas Editores

Diseño de portada: Mariana Guerrero del Cueto

Ilustración de portada: Virginia Hernández Enríquez, “El libro de ellas”. Técnica mixta. Material reutilizado.

ISBN ePub: 978-607-8560-20-2 (Bonilla Artigas Editores)

Edición para ePub por Bonillas Artigas editores

Hecho en México.

Nota del editor: A lo largo del libro hay hipervínculos que nos llevan directamente a páginas web. Aquellos que al cierre de esta edición seguían en funcionamiento están marcadas en color azul y con el hipervínculo funcionando. Cuando el vínculo ya no está en línea, se deja con su dirección completa: <http://www.abc.def>, como texto simple, no hipervínculo.

Contenido

Prólogo. El cuidado de Eirene y de las Horas: encrucijadas de los estudios de paz y los de género

Javier Camargo Castillo y Dora Elvira García-González

La tragedia de Eirene.Repensar la paz desde los estudios de género

Construir la paz, hacer la guerra.La concomitante conformación de estereotipos de género

Dora Elvira García-González

Género, feminismo y paz: una revisión léxico-crítica

Margo Echenberg

Economía de género y economía de la violencia. Notas desde la deconstrucción

Zenia Yébenes Escardó

Feminismos en plural: una guía de lectura para enriquecer la conversación

Diana Correa Corrales

Insumisas a los musos. Desde los bordes de la cultura-mundo, re-señas de paz del arte feminista latinoamericano.

Javier Camargo Castillo e Inés Sáenz Negrete

Catastro de artistas feministas

Julia Antivilo

Misoginia humanista. Un estudio político de las mujeres en la tragedia griega

Juan Dorado

La agonía de Dike. Bordear los límites de la injusticia

El silencio cómplice: no hablar de género

Roberto Domínguez Cáceres

La pedagogía del cuidado: un principito ético para una “revolución feminista” de la cultura

Javier Camargo Castillo

El espacio privado y la ética del cuidado: una oportunidad para feminizar la paz

Mayra Rojas Rodríguez

Resiliencia como violencia de género en la época del Antropoceno

Judith Ruiz Godoy

La traición a Eunomía. Replantear el buen gobierno en tiempos del capitalismo global

Las bases culturales de la violencia de género y los procesos de autonomía de las mujeres

Alethia Fernández de la Reguera Ahedo

Juventud y género: vulnerabilidad y exclusión como expresión de la violencia social

Daniela Cerva Cerna

Desigualdades múltiples y construcción de paz: de la injusticia al reconocimiento

Vivian Natalia Vargas Escobar

Subsuelos políticos y políticas de género: reflexiones desde una experiencia educativa

Claudia Natalia Camacho Torres

Globalización y violencia normalizada. Las Artes Marciales Mixtas como industria del espectáculo y como expresión de la masculinidad hegemónica

Alfredo García Galindo y Cirilo Rivera Gómez

Otras masculinidades son posibles. Comunidad y cultura de paz

Guitté Hartog y Louisa Greathouse Amador

Semblanzas

4ª de forros

Prólogo. El cuidado de Eirene y de las Horas: encrucijadas de los estudios de paz y los de género

Javier Camargo Castillo y Dora Elvira García-González

Desmadrada entonces me detengo

ante un estado de cosas demasiado presente:

ser la descuidada que la cuida

mientras otros la descuidan por mí.

Tamara Kamenszain

To gender is to signal, mask, obscure, suggest, mislead,

misrecognize, and simplify the uncontainable,

uncategorizable chaos of desires

and incommensurabilities characteristic of subjects,

but energetically contained by society.

Gender´s job is always to make the subject fit.

Judith Roof

La cultura no hace a la gente. La gente hace la cultura.

Si es verdad que no forma parte de nuestra cultura

el hecho de que las mujeres sean seres humanos de pleno derecho,

entonces podemos y debemos cambiar nuestra cultura.

Chimananda Ngozi Adichie

Este libro brota, crece, florece en medio de múltiples encrucijadas internacionales, nacionales, y también de nuestra propia institución, que se vinculan con los estudios de paz y los estudios de género. Los modos en que se dan las relaciones entre mujeres y hombres, junto con otras identidades construidas culturalmente a partir de la diferencia sexual, parecen ser el elemento basal para comprender la violencia y también para buscar la paz.

Muchos son los debates en los que estamos inmersos desde la academia y en el mundo en que vivimos, sobre todo en nuestros contextos que tienen relación con las cuestiones de género y la transformación de la violencia. En medio de tales debates y reflexiones sobre la paz, la guerra y el conflicto, algo que no se suele preguntar es si en algún momento de la historia ha habido paz para las mujeres.1 María José Guerra hace esta pregunta, recuperando una larga tradición de pensadoras y activistas que mediante sus reflexiones han ido planteando, estableciendo y modificando prejuicios e ideas en torno al género y a los males y violencias que con ellas y sobre ellas se ejercen. Muchas han sido las voces que han señalado las difíciles relaciones de las mujeres con la paz. Carole Pateman por ejemplo, señala que en el contrato social subyace un contrato sexual, en el que mientras los hombres ganan la ciudadanía, a las mujeres se les somete quedando bajo el “resguardo” de los primeros.2 Catharine A. Mackinon por su parte proponeque no existen crímenes exclusivamente de guerra, sino también crímenes de paz, para referirse a una violencia ubicua contra las mujeres.3 Más cerca de nuestro contexto Rita Laura Segato concluye que ahora las formas de violencia contra las mujeres no sólo no han desaparecido sino que se han intensificado y son acompañadas por un recrudecimiento de la nueva derecha contra lo que ellos tildan como ideología de género4 y que han reforzado las formas patriarcales ancestrales.

No hay que dudar en decir que no hay postura más ideológica, en el sentido despectivo del término –entendiéndolo como un discurso de control social–, que pensar que el género es una ideología. En este libro se considera al género como una categoría epistemológica, es decir, como una perspectiva de construcción del conocimiento y comprensión de la realidad de la que nadie escapa o se puede substraer, y que da algunas pautas para replantear ideas que se encuentran normalizadas y transformar asuntos prácticos que van desde el cuestionamiento creativo de las relaciones intrapersonales hasta el diseño de instituciones que no funcionen como mafias o logias de poder.

En México las cifras de violencia directa, estructural o cultural que se cometen contra las mujeres son escalofriantes, y cada año que pasa no parece mejorar.5 Durante los últimos diez años (2007-2016) cada cuatro horas se ha asesinado a una mujer.6 Asimismo, durante el último año cada 40 minutos ha habido una denuncia por violación.7 Y quizás lo más grave es que hay acusaciones y un cuestionamiento internacional al Gobierno mexicano por una falta de compromiso por prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres.8

Los gritos de las mujeres organizadas en las manifestaciones: ¡No más! ¡Ni una menos! ¡Todas somos… ¡Nos están matando! ¡Va por todas! ¡Con ropa o sin ropa mi cuerpo no se toca! ¡No fue tu culpa! O bien las voces impresas en carteles o inscritas en los cuerpos marchando como otra forma de recrear la función del arte: ¡Sin miedo! Feminista desde la raíz. ¡Vivas nos queremos! ¡Alto a la lesbofobia! Tengo nostalgia de un mundo sin naciones, de un mundo sin fronteras. Autoamor, semilla de nuestra rebeldía. Defender la alegría, organizar la rabia. ¡No fue suicidio, fue feminicidio! Yo voy a florecer y no a desaparecer. Mata a tu machismo. Aborta al patriarcado. Hasta que la dignidad se haga costumbre.9No son consignas ideológicas. Son el punto de arraigo de toda reflexión que verse sobre la paz: la utopía de vivir una vida libre de violencia;10 un reclamo por salir de la prehistoria patriarcal de la humanidad;11 un poema coral que habla por su diferencia.12

En México cada vez parece más certero el pensamiento de Gloria Anzaldúa que sostiene críticamente que hay culturas que traicionan a su gente, es decir, hay personas que no sufren sólo un tipo de violencia de manera accidental sino que la misma cultura, en su totalidad, es violenta contra ellas.13 Esto urge a la necesidad estratégica de construir identidades híbridas desde las fronteras de los géneros, las clases o las razas, que sean capaces de negociar con sus diferencias, 14 si se quiere alcanzar algo que podríamos jugar a llamar no paz, ni paces, sino pases: movimientos de rebeldía desde la conciencia del cruce que permitan una resignificación de la explotación, la violencia, la desconfianza.15 Nos aferramos a nuestras identidades congeladas en roles de género que –para usar algunas expresiones de Gloria Anzaldúa– son como nuestras chanclas viejas favoritas que ya no nos quedan, y por las cuales permanecemos con los brazos cruzados en medio de los puentes en lugar de cruzar.16 La paz de género más que un desarrollo teórico extenso que se mantenga acotada y fijada en el papel, precisa salir de las sombras, reventar las rutinas y costumbres, aventar los tabúes, deshelar los corazones, cambiar las conciencias.17

Así como no hay persona que se pueda extraer automáticamente de las construcciones de género, tampoco hay institución que sea inmune a la violencia contra las mujeres y lo que se considera y sanciona como diferente. Pues, como dice Rita Segato, “las propias instituciones tienen género, son patriarcales: el Estado, la Universidad también el deporte lo son”.18 No hay rincón, en un sistema patriarcal, que pueda descansar sin cuestionarse cómo ha llegado a ser lo qué es, cómo puede llegar a ser más justo, cómo puede ser justamente de otra forma. Lo que se mantenga a salvo de esta crítica no está basado en la autoridad sino en el autoritarismo y la incapacidad de pensar, esa manera tan extendida de proceder sin reflexión alguna, dejando permearse por una pléyade de prejuicios desde los que sin juicio alguno se actúa. La complicidad comienza en esas esquinas, donde la conciencia quiere darse vuelta, creer de antemano que todo ha estado y está bien.

Las escuelas e instituciones educativas tienen una doble responsabilidad desde el papel intermedio que tienen entre lo privado y lo público, como diría Hannah Arendt. Por una parte, deben proteger el mundo que nos ha sido legado, y en contraparte, su razón de ser radica en crear condiciones de hospitalidad y cuidado, tanto para los recién llegados que están formándose en el interior de esas instituciones y tienen el potencial de emprender algo nuevo,19 como para quienes están en ellas habitando en el diario vivir. Lo anterior, sólo para decir que no es posible querer mantener artificialmente tradiciones si están basadas en la exclusión, así como tampoco se trata de demolerlo todo. Habría que preguntarse por los modos de rescatar lo común y permitir múltiples formas de estar ahí, compartiéndolo, no como simple retórica sino como un acontecimiento que transforme las instituciones en las que estamos viviendo.

Hablar desde el género como paradigma epistemológico no sólo versa sobre la equidad como punto de fuga dentro de un sistema plagado de desigualdades, ni tampoco se trata de crear objetos de museo para despistados o especialistas. Hablar desde el género –insistimos–, más bien consiste en una invitación a tejer un mundo que no erosione la alteridad20 y ver en el conocimiento, antes que una objetividad única o un instrumento de posicionamiento y de poder, a una comunidad ética que se expresa de diversas maneras y de una forma plural.21

Un parteaguas a nivel mundial en el que entroncan los estudios de paz con los estudios de género –pues antes no había sido contemplada la perspectiva de género ni la participación de las mujeres en la construcción de paz–, fue la Conferencia de Beijing.22 A nivel nacional fue de histórica relevancia la Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres, publicada en agosto de 2006.23 En el ámbito educativo, dicha ley se tradujo en un importante referente para las instituciones de educación superior con la Declaración de la Red Nacional de IES: Caminos para la Equidad de Género,24 que fue firmada por 52 instituciones de educación superior, principalmente públicas, y en donde se señalan algunos ejes en los que se tiene que avanzar en términos de legislación, igualdad de oportunidades, conciliación de vida profesional y vida familiar, estadísticas de género y diagnósticos con perspectiva de género, lenguaje, sensibilización a la comunidad universitaria, estudios de género en la educación superior, combate a la violencia de género en el ámbito laboral y escolar.

En nuestra institución, el Tecnológico de Monterrey, ha habido múltiples y significativas iniciativas que se han realizado en cada uno de los campus y en distintos puntos de la agenda anteriormente mencionada que, sin embargo, no han logrado articularse completamente en políticas y programas como sería deseable. En este horizonte, es que surge la iniciativa de este libro dentro de un programa de innovación educativa Novus 2016 y en el marco de la Cátedra UNESCO, Ética, Cultura de paz y Derechos Humanos en el Tecnológico de Monterrey. Esta propuesta permitirá comenzar a “crear una línea de publicaciones, de trabajos, de investigaciones y apoyo a la docencia con perspectiva de género”25 en nuestra institución.

Hemos elegido el nombre de Matrices de paz para este libro, debido a la pluralidad de sentidos que envuelven a la palabra “matriz” asociados con la natalidad, la capacidad creadora y generadora de los seres humanos en distintos ámbitos, desde los cuerpos, los números, las instituciones y la escritura, y creemos también que desde otra forma de experimentar el tiempo que a cada generación le ha tocado vivir.26 Asimismo, nos parece propicio con el término matriz desviarnos de algo que comúnmente se suele asociar al término de paz, como sería el término de directriz. En este libro no hay directrices de paz, no hay líneas predeterminadas que haya que seguirse, ni tampoco normas negociadas para resolver algún conflicto. Hay en cambio, elementos para pensar libremente y una invitación dispuesta en el corazón del corazón,27 una mamushka,28 para que en nuestra institución de manera espontánea, empiece la discusión profunda, con nuevas publicaciones en este tema, buscando la transformación desde el género, considerado como paradigma epistemológico.

Tamara Kamenszain estudia en la poesía de Roberta Iannamico la figura de la mamushka, que resulta pertinente recuperar como una aclaración, en la intersección de los estudios de paz y los estudios de género que se ha querido hacer en este libro. Ya que, si bien lo que señala la escritora argentina se ubica dentro del ámbito de la literatura, explorando algunos autores que le den una nueva vida, profanando la tradición y dando cuenta de lo real sin recurrir a metáforas, aplica también a la parte simbólica en los vínculos entre mujeres y paz, el modo con que conformamos nuestras identidades y la posibilidad de crear algo diferente en nuestras relaciones. Por supuesto, la figura de una mamushka está relacionada con la maternidad, pero al mismo tiempo impide su sacralización ya que las mamushkas tienen la función subversiva de hacer algo nuevo con lo viejo y remiten a aquello que se resiste a quedar atrapado en el estereotipo de la maternidad.29 Esto es fundamental al momento de estudiar la paz y las contribuciones que la mujer ha tenido en el pasado y tiene actualmente, pues no se trata de sacralizar roles como los de mujer-madre-paz, llegando incluso a convertirse, como si fuera poca la carga que tienen ya,30 en una responsabilidad exclusiva de ellas. Las mamushkas, comenta Kamenszain a partir de la poesía de Iannamico, tienen el potencial de dar a luz, por lo que, en lugar de enfatizar la Madre, es una figura que se enfoca en la transmisión.31 Todas las mamushkas, tienen una madre dentro porque Madre sólo hay una, y es un elemento común a hombres y mujeres. Nuevamente, queremos enfatizar desde esta figura que proviene de la literatura, la posibilidad de otras identidades, incluso de resistencia y de un rebasamiento del yo autónomo y separado, que desactiva una pedagogía de la crueldad32 a partir de la empatía. Desde las cosas más sencillas dicha empatía va dando a luz a cambios que son casi imperceptibles, que suceden como desviaciones y en las que hay una invitación ética, sin importar el género, aunque partan de lo femenino, a entablar relaciones y crear lo real de otra manera: “Una mamushka considera a la cebolla de su misma especie/ no la corta ni la pica/ la pela apenas/ y esa desnudez/ la hace llorar”.33

En cuanto al enfoque de los estudios de paz, nos parece importante recuperar los avances hechos por la Universidad de Granada, en particular con el trabajo de María Elena Díez Jorge, María Dolores Mirón Pérez y Margarita Sánchez, a quienes seguimos como punto de partida en el diálogo entre la paz y el género.34 En concebir los alcances y pertinencia de este enfoque, paz y género, para la educación fueron decisivos los aportes del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Social y Paz (IUDESP) en especial la contribución de Irene Comins.35 De manera radical, en lo teórico y en lo personal, agradecemos a María José Guerra, de la Universidad de la Laguna, por compartirnos su experiencia y conocimiento en torno a la filosofía feminista contemporánea.36

Los 16 capítulos y un Catastro de artistas feministas que conforman este libro comparten distintos elementos, que como tránsitos y pasillos posibilitan conectarlos y agruparlos de múltiples maneras. Sin embargo, en la edición de este libro decidimos apostar desde su engarce a invocar algo que fuera más allá de lo temático y en cambio remitiera a un telar de intenciones en donde fuera visible el rico cruce de estos dos campos de estudio. Por tal motivo, recuperamos como punta de aguja el estudio de María Dolores Mirón, que ubica aEirene más allá de una palabra “más que la representación de la Paz en su limitada ‘ausencia de la guerra’ o ‘paz negativa’ sino que abarcaba un sistema conceptual y simbólico mucho más amplio, inextricablemente unido a la organización del mundo en todos sus aspectos”.37

Para María Dolores Mirón, el estudio de la diosa Eirene, como personificación de un concepto, permite una comprensión más amplia no sólo de su significado en el mundo griego sino de su estrecho vínculo con las diferencias de género, y podemos agregar, con la modulación de identidades.38

Nos parece muy interesante de esta red de representaciones y conceptos –o bien imágenes y pensamiento–, el que Eirene formaba parte junto con sus hermanas Dike y Eunomía, de una tríada, las Horas, que son referidas en conjunto en acciones mutuamente dependientes y articuladas, en una urdimbre de sentido y no de manera aislada.39 María Dolores Mirón se detiene a ver la relación de estas tres personificaciones estableciendo su vínculo con la fertilidad y la naturaleza, la reproducción humana, con otras divinidades.40 Sin embargo, lo que nos llama más la atención y de ahí que lo tomemos como referente para el orden de los capítulos del libro (que pueden ser vistos como mamushkas que buscan desde su interior dar vida al pensamiento y a la acción) es lo relacionado con sus significados políticos y una tentativa de resignificación de la femineidad y el poder.

Las Horas también tenían significados políticos, como indica su propio nombre. Dike era la Justicia, entendida como fundamental para la existencia de una vida ordenada y civilizada, en la que los ciudadanos dirimían sus conflictos mediante métodos pacíficos y regulados. Eunomía era el Buen Gobierno о la Buena Ley, que se caracterizaba por el equilibrio ciudadano y la justicia. Eirene, la Paz, era la consecuencia lógica de la justicia y el buen gobierno, al tiempo que posibilitaba la existencia de ambos. Por tanto, eran interdependientes. “No hay paz sin justicia y buen gobierno, no hay buen gobierno sin paz y sin justicia, no hay justicia sin paz y buen gobierno”.41

El significado político de cada una de las Horas, hace que la paz pueda ser vista de una manera más amplia, como un tejido, más que como un hilo suelto, como algo relacionado no solo con la ausencia de guerra sino algo que acompaña la vida. Sin embargo, para agrupar los capítulos del libro bajo su relación con la paz, la justicia y el buen gobierno, hay que tomar conciencia de la relación de la femineidad con el poder. Ya que, si bien la representación de las Horastiene un carácter pasivo que da estabilidad y permite la vida, y esto en sí mismo no sería un defecto, ya que incluso puede asociarse con la paz positiva entendida como el orden básico que permite el despliegue de la vida. La cuestión se complejiza pues se está reproduciendo la ideología griega al asignar a los hombres el movimiento y la actividad,42 y la pasividad a las mujeres. Desde estos presupuestos se construyen las identidades, en donde la paz corresponde al género femenino y la guerra les corresponde a los hombres. En esta misma dirección resulta muy, revelador el argumento que señala que:

[E]n el mundo griego la mujer era definida como esposa e hija de ciudadanos, no como ciudadana. Ello derivaba de su condición siempre dependiente, sin capacidad de decisión, de un varón libre, dentro de la división de papeles de género de esta sociedad a lo largo de toda su historia [...] El relato de la toma del poder por parte de Zeus supone, por tanto, también el establecimiento de un orden patriarcal, que conlleva el sometimiento de los principios femeninos, destruidos cuando son dañinos, asimilados cuando son positives. Lo femenino carece de dimensión moral, y necesita dirección y control para ser verdaderamente humano, cuando es regulado por la autoridad patriarcal masculina.43

Dicho lo anterior, recuperamos a Eirene, a Dike, a Eunomía, en su personificación de un tejido que asocia la paz con lo femenino, pero que también denuncia una dominación política, simbólica y práctica de las mujeres y clama por una transformación de las relaciones entre géneros construidas culturalmente.44 Paradójicamente, lo que en el mundo griego se acusaba en las Horas y otros conjuntos de diosas como una falta de individualización y una despersonalización, siempre relacionadas con la concepción de la mujer como un ser falto de entidad por sí mismo, y de ahí que tuvieran que aparecer en conjunto.45 Esta figura plural actualmente puede ser el lugar para preguntar por lo común. Pensar en esto común significa dejar de pensar en un ideal de autonomía, no pensar en un sujeto aislado y descorporalizado sino en subjetividades que comparten una condición vulnerable irrebasable y compartida. Nos parece así que hay que denunciar la dominación en el sistema patriarcal y vislumbrar el cuidado de las Horas para invitar a una nueva forma de experimentar el tiempo. Esto significa visualizar el umbral de otra temporalidad en el que las divisiones entre paz y guerra, la ciudadanía y la extranjería, los propietarios y los desposeídos puedan fundirse para reconocer una violencia, ya no exclusivamente directa, estructural o cultural que estamos viviendo sino, como señala Byung-Chul Han, “una violencia anónima, desubjetivada y sistémica que se oculta como tal porque coincide con la propia sociedad”.46

Y como el cuidado no es algo que se encuentre separado del pensar, sino su condición de posibilidad y pertinencia, a lo largo de este libro corren tres hilos entretejidos: pensar la paz desde los estudios de género; pensar las implicaciones que tiene el género para la justicia; pensar el buen gobierno desde el género. Como se había anotado antes, estas tres intenciones no son directrices, no fueron formuladas previamente como un proyecto dividido en etapas y de las cuales ahora recojamos sus resultados. Por el contrario, a riesgo de ser repetitivos, son matrices cuyo poder germinal proviene de cada una de las personas que participaron en este libro. En cada capítulo, habita un querer dar vida que no es un mero proceso reproductivo, es resistencia a la sociedad de la labor, es intento de recuperar la natalidad como la posibilidad de algo nuevo, es salir al encuentro con un lector que quiera escuchar, actuar y usar por cuenta propia lo aquí reunido. Todo esto para repensar la realidad desde otras maneras más inclusivas, más estimulantes y cordiales en un marco en el que la imaginación ha de involucrarse de manera irremediable.

La tragedia de Eirene. Repensar la paz desde los estudios de género

Pensar la paz desde el género implica atestiguar un sentido trágico en la relación entre hombres y mujeres en múltiples dimensiones. En este bloque de capítulos se apuesta a la posibilidad de una movilización interior en el lector que desarticule el canto del macho cabrío para abrir otras posibilidades a partir de: una transformación en la forma de concebir los estereotipos vinculados a la paz y a la guerra;I una desarticulación de los prejuicios contra el feminismo a partir de una revisión crítica del léxico;II el acercamiento de la deconstrucción a la cuestión del género y la violencia;III una guía para no simplificar el feminismo y valorar la multiplicidad de sus propuestas;IV una invitación a repensar el arte en su función política y como expresión autobiográfica;V una revelación de la misoginia presente en el legado clásico de las humanidades.VI Eireneconjunta una vida próspera y feliz que ha se ser acompañada de Dikey Eunomía. Ellasviven mutuamente de manera articulada y ordenada como las Horasy las Estaciones, de ahí que, si alguna de ellasse desfasa o fracasa, todo se viene abajo y Eirenesufre las consecuencias malogrando su proyecto. Eirenees dependiente y está sujeta siempre a las vicisitudes de sus hermanas.

La agonía de Dike. Bordear los límites de la injusticia

A pesar de una retórica de igualdad de género y la proliferación de discursos que la buscan incluir en el diseño de políticas e instituciones, para muchas identidades no basadas en la heterosexualidad, su habitar cotidiano transcurre en un tiempo de suspenso entre la vida, siempre con miedo a sufrir distintos tipos de violencia, y la muerte física, social, simbólica. La injusticia mata poco a poco a Dike, y su agonía marcada por la anomia o por la ilegalidad social, institucional y política, guía y promueve las violencias de diversa índole. En este trenzado de capítulos, lo anterior nos obliga a preguntarnos cómo el silencio con relación al género involucra cierta complicidad y cómo los dividendos patriarcales están impregnados en la construcción de nuestras narrativas;VII hasta qué punto puede resultar “revolucionario” de la cultura el feminismo a partir de una pedagogía del cuidado;VIII cómo hombres y mujeres pueden participar en la construcción de culturas de paz como una tarea común;IX por qué una agenda transversal de género adquiere especial relevancia en tiempos del antropoceno.X

El apuntalamiento que las leyes ejercen sobre las exigencias de carácter ético –y que históricamente dieron lugar a códigos hincados en la ética pública, con los anhelos de evitar la discordia y los problemas entre personas y grupos–, evidencian la articulación de Dike, Eunomía y Eirene. Para la consecución de la plenitud en los asuntos de la ciudad, la presencia de la justicia es imprescindible, como lo defendía Aristóteles en su Política, cuando asentaba que la “política pretende encontrar la mejor forma de constituir un Estado para alcanzar lo justo, que es el bien común”.47 Esta defensa de los intereses comunes expresados en el espacio de la política, salvaguarda las instancias comunales, de ahí que asimismo Cicerón señale con fuerza la búsqueda del bien en las acciones comunitarias para quienes están bajo la tutela de los Estados48 que ostentan el buen gobierno. Todos los miembros de la comunidad han de realizar sus acciones políticas con respeto a los demás y en el ánimo de obtener la armonía y la concordia y, en suma, en el ánimo de conseguir la paz, entendiendo por ella, una paz activa propia de los ciudadanos.

Los elementos valorales y por ende la justicia, apoyada en la ley, garantizan que los gobernantes lleven a cabo sus tareas de manera responsable y, que logren –mediante los recursos con los que cuentan– contribuir al alcance del bien común de manera justa. Las deserciones en torno a lo justo han echado por la borda los empeños ciudadanos del reconocimiento, tan importante y tan ausente en las cuestiones de género. Dado que la exclusión “es la marca de la injusticia”49 y esta exclusión se debe precisamente a que no existe un reconocimiento y, cuando éste no existe, aparece el menosprecio como disensión por las “condiciones intersubjetivas de integridad personal”.50 Cuando el reconocimiento no asoma, surge el menosprecio que destruye la autonomía física y se quebranta algún aspecto de la confianza en mí mismo y en el mundo. El menosprecio confina a las personas a los márgenes de la sociedad y se rompen las posibilidades de solidaridad de trabajo comunal.

El mecanismo del desprecio51 tiene que ver con los acontecimientos percibidos como injusticias morales que cancelan dicho reconocimiento social52 enmarcado siempre en la valía mutua y comunal.53 Constatar este desprecio violenta el valor de la justicia y la incapacidad de las leyes a reivindicar las dignidades aniquiladas, como sucede en las violencias contra las mujeres. Ellas evidencian la debilidad de un sistema legal que deja de apoyar a las formas de organización sociales y políticas.

Si el buen gobierno se apoya en principios y valores cuyo origen de carácter moral da lugar a la diada ético-política, entonces, valores tales como la justicia, el bien, la libertad, la igualdad y la prudencia que son valores de carácter ético y por ello deseables, se habrían de acoger en el ámbito político y habrían de enmarcar el modo de proceder de un buen gobierno que además brinde seguridad. La seguridad como otro elemento valoral del buen gobierno garantiza los otros valores deseables –arriba señalados–, por medio de la ley.54

Así, el imperio de la ley es fundamental contra regímenes tiránicos, dictatoriales, autocráticos, patriarcales y misóginos. Las leyes apuntalan la buena conducción del Estado y la relevancia participativa de los ciudadanos que refuerza dicha gestión. Con ello, la participación ciudadana asume como valor a la libertad en tanto no dominación, en una lógica de autogobierno55 pero sostenida por la ley y el orden estatal. Si esto se consiguiera con dicha justicia, se resolvería la concordia y la paz, estos como elementos conformadores del bien comunal.

La traición a Eunomía. Replantear el buen gobierno en tiempos del capitalismo global

El buen gobierno parece haber sido traicionado en una etapa histórica en la que, frente a la inmensa violencia de la globalización, el gobierno parece ser solamente un remanente incómodo y funcional para la operación de un sistema económico que erosiona las diferencias, deglute la negatividad y fabrica demencialmente exclusiones.

Una de las grandes preocupaciones humanas, desde los inicios de las organizaciones sociales y políticas, ha sido cómo lograr la armonía entre las personas, las asociaciones, las familias y los pobladores de los más diversos espacios del orbe. La pretensión de fraguar una convivencia sana, pacífica y justa se fue moldeando a partir del establecimiento de principios y normas de organización social y política. Entender lo que significa el buen gobierno es una tarea central para la filosofía política y se soporta en construcciones de una ética comunal. Sin embargo, el trasvase de la terminología del buen gobierno ha sido permeada y colonizada casi por completo por el léxico administrativo y en los estudios de desarrollo, de modo que esa fabricación de exclusiones no es gratuita dada la preeminencia de la tergiversación que ha sufrido el concepto del buen gobierno economicista, que acaba por dominar lo político, destruyendo sus pretensiones y sus bases. Lo político acaba reduciéndose a lo económico y a quienes pretenden el desarrollismo en estos términos economicistas que condicionan los donantes y quienes apoyan dichas formas políticas. Todo acaba formando parte de dicha economía y, la realidad de las mujeres no puede apartarse, sino que queda incluida de manera muy relevante en este economicismo, sea como moneda de cambio, como medio o instrumento. Los efectos de violencia son patentes en estos marcos mentales, carentes de valores éticos.

La traición de no llevar a cabo las propuestas propias de lo que es el buen gobierno tiene implicaciones comunitarias al romper lazos asociativos y participativos en los asuntos comunes, en tanto previamente se han truncado los elementos cohesionantes situados en los elementos valorales como es la búsqueda de la justicia. El buen gobierno y su historia basa su preocupación en el interés común, que ha buscado defenderse, como se puede apreciar en el mural de Ambroggio Lorenzetti que lleva el nombre de La Alegoría del Buen y del Mal gobierno fechado en el siglo XIV, y localizado en la Sala de la Paz del Palacio Comunal de Siena en Italia. Esta obra resulta muy relevante porque se sitúa precisamente en el lugar en donde se tomaban las decisiones políticas y –en principio– comunales, de dicha ciudad. El buen gobierno se acompaña de la sabiduría con la justicia vinculada con la paz. En la imagen del mural italiano de Siena, debajo de la justicia aparece la concordia que refleja un sentido de paz, esta última se encuentra en medio de tal justicia y del buen gobierno. La paz expresa la alegría representada por los avatares que llevan a cabo las personas.56

Como decíamos antes, los valores y la relevancia de la justicia y las leyes son centrales para el buen gobierno y la paz. Instaurar la justicia atenta contra los vicios de la codicia, la avaricia, el poder y la vanidad que destruyen cualquier elemento humano y ciudadano. Por ello es que la virtud de los gobernantes implica dos niveles de dominio: por un lado, el de la liberación de los deseos y pulsiones internas y, por el otro, el de las presiones externas de los demás. Con ambas virtudes se robustece la pretensión de cooperación, la solidaridad y la inclusión, todos ellos, conceptos base de la justicia.57

En el entramado de capítulos para plantear la posibilidad de un buen gobierno se indaga acerca de las bases culturales de la violencia de género y los procesos de autonomía de las mujeres;XI la vulnerabilidad y exclusión como expresión de la violencia social en los jóvenes desde una perspectiva de género;XII la construcción de una paz situada frente a las desigualdades múltiples de clase, género y etnicidad;XIII la importancia de incorporar la perspectiva de género en las políticas públicas y su sensibilización en la educación;XIV la comprensión de una masculinidad dominante que en una industria global normaliza la violencia al crear imaginarios de excelencia deportiva, virilidad, éxito o fama;XV el aprendizaje de otros paradigmas políticos para la conformación de otras masculinidades que partan de la comunidad y la humildad.XVI

La pluralidad de acercamientos expresados en este libro y que se conjuntan a lo largo de las siguientes páginas, constituyen voces variadas que buscan repensar, bucear, resignificar, sondear y plantear matrices de paz. Únicamente mediante el cuidado de Eirene, en unión con sus dos hermanas, –quienes juntas componen a las Horas–, se podrán sortear y surcar con buen puerto las encrucijadas que plantean los estudios –dialécticamente ligados– de paz y género.

Notas del prólogo

1. María José Guerra Palmero, “Globalización, género y derechos humanos”, Conferencia presentada en el Tecnológico de Monterrey, Ciudad de México, 17 enero 2017 [video]. Disponible en: www.youtube.com/watch?time_continue=3559&v=r9foMqrCW_8

2. Cfr. Carole Pateman, El contrato sexual, (Barcelona: Antrhopos-UAM, 1995).

3. Cfr. Catharine A. Mackinon, “Crímenes de guerra, crímenes de paz”, en Stephen Shute y Susan Hurley (Eds.), De los derechos humanos (Madrid: Trotta, 1998).

4. Rita Laura Segato, La guerra contra las mujeres (Madrid: Traficantes de Sueños, 2016), 15-16.

5. De acuerdo con el Índice de Brecha Global de Género 2015, México ocupa el puesto 71 de 145 países. Foro Económico Mundial, Global Gender Gap Report 2015. Recuperado de reports.weforum.org/global-gender-gap-report-2015/. Algunos datos que dan cuenta de la magnitud del problema son los siguientes: en términos de violencia directa: 46.1% de las mujeres de 15 años y más ha sufrido algún incidente de violencia por parte de su pareja; las alarmantes cifras de feminicidios (México se encuentra entre los 25 países con mayor tasa y en promedio durante los últimos 15 años se estima que ocurren 5.1 por día) y las cifras de delitos sexuales (cada hora se cometen 68 delitos sexuales en el país). R. Aguilar, “Feminicidio en México”, Animal Político, (5 de enero, 2016). Recuperado de www.animalpolitico.com/blogueros-lo-que-quiso-decir/2016/01/05/feminicidio-en-mexico/. En una óptica de violencia estructural: el analfabetismo entre mujeres indígenas es de 35.1%; las mujeres ganan 30.5% menos que los varones en ocupaciones industriales; 16.7% menos como comerciantes; y, 15.3% menos como profesionales; el trabajo doméstico no remunerado representa aproximadamente 21.7% del PIB nacional, y 79.5% de esa riqueza la producen mujeres; sólo hay un 4.7% del total de presidentas municipales en todo el país. Y, por último, como muestra de la violencia cultural resaltaría que todavía prevalece la opinión de que está justificado que un hombre agreda a su novia cuando ella decide dejarle; o bien, todos los estereotipos que se reproducen de manera cotidiana en los distintos medios de comunicación e incluso en discursos políticos. Fundación Angélica Fuente, Género e igualdad: análisis y propuestas para la agenda pendiente (enero, 2015). Recuperado de issuu.com/funadacion_af/docs/faflibro_insertoweb

6. Marcos Muedano, “Imparable, el crimen contra las mujeres; cifras del Inegi”, Excelsior, Sección Nacional, (22 de octubre, 2016). Disponible en www.excelsior.com.mx/nacional/2017/10/22/1196308

7. Ernesto Aroche Aguilar, “Repunta violencia sexual en 2017: se denuncia más de un caso de violación cada hora”, Animal Político (1 de agosto, 2017). Disponible en:www.animalpolitico.com/2017/08/violencia-sexual-2017-violacion/

8. Redaccion Aristegui Noticias, “Policías ejercieron tortura sexual en Atenco para reprimir, no como hecho aislado: peritaje”, en Aristegui Noticias (17 de noviembre, 2017), Disponible en aristeguinoticias.com/1711/mexico/policias-ejercieron-tortura-sexual-en-atenco-para-reprimir-no-como-hecho-aislado-peritaje/

9. Producciones y Milagros Archivo Feminista, “Gráficas Feministas algunos carteles, afiches digitales, postales, etc.”. Recuperado de www.flickr.com/photos/produccionesymilagros/sets/72157629196365468/

10. Guerra Palmero, “Globalización, género y derechos humanos”.

11. Segato. La guerra contra..., 143.

12.Pedro Lemebel, “Hablo por mi diferencia”, en Juan Pablo Shuterland (Ed.), A corazón abierto: geografía literaria de la homosexualidad en Chile (Santiago de Chile: Editorial Suramericana, 2002); Lukas Avendaño, Manifiesto, [video] (23 de Julio 2011). Recuperado de www.youtube.com/watch?v=AwnKh5ho1vU

13. Gloria Anzaldúa, “Los movimientos de rebeldía y las culturas que traicionan” en bell Hooks et al. Otras inapropiables. Feminismos desde las fronteras (Madrid: Traficantes de Sueños, 2004), 71-81.

14. “We have come to realize that we are not alone in our struggles nor separate nor autonomous but that we –white black straight queer female male– are connected and interdependent. We are each accountable for what is happening down the street, south of the border or across the sea”. Gloria Anzaldúa “Foreword to the Second Edition ¿Qué hacer de aquí y cómo?”, en Cherrié Moraga y Gloria Anzaldúa, This bridge called my back.Writings by radical women of color (Nueva York: Kitchen Table Women of Color Press 1983), IV.

15. Marisa Belausteguigoitia, “Borderlands/La Frontera: el feminismo chicano de Gloria Anzaldúa desde las fronteras geoculturales, disciplinarias y pedagógicas”, en Debate Feminista, año 20, vol. 40 (octubre, 2009), 164.

16.Ibid., 162.

17. Anzaldúa, “Foreword...”, IV.

18. Laura Vilche, “La primera víctima del mandato de masculinidad es el hombre”, sección Ovación, La Capital (22 de agosto de 2017). Recuperado de www.lacapital.com.ar/ovacion/la-primera-victima-del-mandato-masculinidad-es-el-hombre-n1456007.html

19. Hannah Arendt, “La crisis en la educación”, en Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre reflexión política (Barcelona: Ediciones Península, 2016), 269-302.

20. Byung-Chul Han, La expulsión de lo distinto (Barcelona: Herder, 2017, 10 y ss.).

21. Fabrizzio Guerrero McManus, “Los géneros del saber: feminismo analítico, filosofía de la ciencia y conocimiento científico”, INTERdisciplina, vol. 4, núm. 8 (enero-abril, 2016), 57-86. computo.ceiich.unam.mx/webceiich/docs/revis/interV4-N08.pdf

22. María Elena Díez Jorge y María Dolores Mirón Pérez, “Paz y género. Debates y coincidencias sobre un binomio imperfecto”, en Francisco Muñoz, Pax Orbis: complejidad y conflictividad de la paz (Granada: Editorial de la Universidad de Granada, 2010). Recuperado de ipaz.ugr.es/wp-content/files/publicaciones/ColeccionEirene/eirene27/eirene27cap4.pdf

23. Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión. Ley general para la igualdad entre mujeres y hombres. Disponible en www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGIMH_240316.pdf

24. Programa Universitario de Estudios de Género, Declaración de la Red Nacional de IES: caminos para la Equidad de Género (2009). Recuperado de equidad.pueg.unam.mx/?q=node/2

25.Ibid.

26. Francisco Cruces en su texto “Matrices culturales: pluralidad, emoción y reconocimiento”, recupera la riqueza de la metáfora matriz y el potencial que tiene para pensar la cultura desde el pensamiento de Jesús Martín Barbero. Algunos de los puntos que resultan por demás interesantes para futuras investigaciones sobre la concepción misma de lo que es una cultura de paz, es la visión de cultura como: un sinónimo de pluralidad, entendida como una diversidad irreductible, conflictiva y opaca; una capacidad productiva y no meramente reproductiva que se vincula con lo cotidiano, lo popular que incorpora imágenes y situaciones y no opera por conceptos y generalizaciones; una materialidad que se relaciona con el arraigo “modos de sentir, de percibir, de amar, de cocinar, de caminar”; y, por último, la alusión a que en materia cultural no todo está sujeto a negociación. Revista Anthropos: Huellas del conocimiento, núm. 219 (2008): 173-179.(dialnet.unirioja.es/servlet/revista?codigo=1121). Asimismo, no es posible eludir la resonancia al pensamiento matríztico de Humberto Maturana que frente a una cultura patriarcal basada en la desconfianza, la jerarquía, la dominación, menciona la posibilidad de recuperar una cultura matríztica que remite al respeto mutuo, la cooperación y por tanto muy contraria a la lucha y la guerra que considera históricamente previa a la patriarcal. Humberto Maturana, Amor y juego. Fundamentos olvidados de lo humano desde el patriarcado a la democracia (Santiago de Chile: Lom Ediciones, 2003). Por último, entre otros acercamientos que muestren la profundidad que el concepto de matriz puede llegar a tener, y que de manera latera quisimos evocar, resalta el de Merleau-Ponty para quien el cuerpo es “la matriz de cualquier otro espacio existente”. Véase Maya Aguiluz, “Matricidad corporal. Pasajes a través de la fenomenología de Maurice Merleau-Ponty”, en Rossana Cassigoli (Coord.), Pensar lo femenino. Un itinerario filosófico hacia la alteridad (Barcelona: UNAM-Anthropos Editorial, 2008).

27. William Shakespeare, Hamlet. Manuel Ángel Conejero y Jenaro Talens (Trads.). 8a ed. Letras Universales. Madrid: Cátedra. Se podría parafrasear la escena señalando que erradicar el patriarcado de nuestros corazones implica dejar de querer poner en su centro a un hombre libre de las pasiones y asumir nuestro ser mamushka compartido.

28. También conocidas como matrioskas o en algunos lados como muñequitas de madera rusas.

29. Tamara Kamenszain, “Testimoniar sin metáfora. La poesía argentina de los 90”, Revista de la Casa de las Américas, núm. 245 (2006). Disponible en www.casa.co.cu/publicaciones/revistacasa/245/tamarakamenszain.pdf

30. Lola Hierro, “Las mujeres son el grupo más numeroso de oprimidos del plantea”, El País (23 de noviembre, 2017). Disponible en elpais.com/elpais/2017/11/17/planeta_futuro/1510917728_215874.html

31.Ibid.

32. Juana Quiroga, “Rita Segato y la pedagogía de la crueldad”, Resumen Latinoamericano (18 de julio, 2017). Disponible en www.resumenlatinoamericano.org/2017/07/18/rita-segato-y-la-pedagogia-de-la-crueldad/

33. Tamara Kamenszain, “Testimoniar sin metáfora...”.

34. Véase Universidad de Granada, Instituto de la paz y los Conflicto [en línea]. Disponible en ipaz.ugr.es/

35. Véase Instituto Interuniversitario de Desarrollo Social y Paz [en línea]. Disponible en www.iudesp.uji.es/SedeUJI/investigacion/publicaciones-2/en-internet/

36. María José Guerra Palmero, página personal. Disponible en mjguerra.webs.ull.es/

37. Maria Dolores Mirón Pérez, “Eirene: divinidad, género y paz en Grecia antigua”, en Dialogues d’histoire ancienne, vol. 30, núm. 2, (2004), 9.

38.Ibid.

39.Ibid., 10; Hesíodo, Teogonía, 905, en Obras completas (Madrid: Gredos, 1978), p. 109.

40.Ibid., 11-23.

41.Ibid., 13.

42.Ibid., 15.

43.Ibid., 23.

44. No obstante que recuperamos a las figuras de las Horas,es importante aclarar que la iconografía y su potencial para la imaginación puede ser recontextualizado y criticado desde una descolonización del arte como propone Rían Lozano, “Visualidades descoloniales. Mirar con todo el cuerpo y escuchar con los ojos”, Extravío. Revista Electrónica de Literatura Comparada,núm. 8 [artículo en línea]. Disponible en ojs.uv.es/index.php/extravio/article/view/7075/6751

45. María Dolores Mirón Pérez, “Eirene: divinidad, género...”, 10.

46. Byung-Chul Han, Topología de la violencia (Barcelona: Herder, 2016), 5.

47. Aristóteles, Política (Madrid: Editorial Gredos, 2014), Lb.III, 1282b.

48. Cicerón, Sobre los deberes (México: Colegio de México, 1955), Lb.I, 85.

49. Luis Villoro, Tres retos de la sociedad por venir (México:Siglo XXI, 2009), 36.

50. Nancy Fraser y Axel Honneth, ¿Redistribución o reconocimiento? Un debate político-filosófico (Madrid: Morata, 2006), p. 92.

51. Axel Honneth, Reconocimiento y menosprecio. Sobre la fundamentación normativa de una teoría social (Buenos Aires: Katz, 2010), pp. 9 y 10.

52. Axel Honneth, La lucha por el reconocimiento (Barcelona: Crítica, 1997), 161 y ss.

53. Axel Honneth, La sociedad del desprecio (Madrid: Trotta, 2011), 145

54Eugenio Trías, La política y su sombra (Barcelona: Anagrama, 2008), 52.

55. Desde una perspectiva republicana de la libertad como participación. Helena Béjar, El corazón de la república. Avatares de la virtud política (Barcelona: Paidós, 2000), 119.

56. Dora Elvira García Gónzalez, “El principio del buen gobierno frente a los proyectos comunitarios: aproximaciones para el alcance de la concordia”, en Ángela Sierra Discursos políticos, identidades y nuevos paradigmas de gobernanza en América Latina (Barcelona: Laertes, 2015), 153-172.

57. Luis Villoro sostiene que “la no exclusión es la condición primera de la justicia”. Luis Villoro, Tres retos de la sociedad por venir (México: Siglo XXI, 2009), 75.

La tragedia de Eirene.Repensar la paz desde los estudios de género

 

Construir la paz, hacer la guerra.La concomitante conformación de estereotipos de género

Dora Elvira García-González

La dialéctica clásica entre la paz y la guerra, profundamente imbricada en las nociones de lo femenino y lo masculino y en las de naturaleza y cultura, ha operado no sólo en las conceptualizaciones sino en las prácticas de ambos géneros en las distintas etapas de la historia.

Cándida Martínez, “Las mujeres y la paz en la historia. Aportaciones desde el mundo antiguo”

¿Luchar? Carece de valor. Evidentemente para ustedes hay en la lucha cierta gloria, cierta necesidad, cierta satisfacción, que nosotras jamás hemos sentido ni disfrutado.

Virginia Woolf, Tres guineas

Consideraciones iniciales

Históricamente la paz ha sido vista en marcos de representación femenina acotada en claves de género; de ahí, irremediablemente se le ha esencializado como parte casi biológica de lo femenino. No es de extrañar por ello que la conceptualización y la representación de la paz hayan nacido con atributos femeninos desde la antigua Grecia, en donde se encarnaba en la diosa Eirene, cuya efigie se relacionó con la prosperidad y el bienestar tanto de la naturaleza como de las instituciones políticas.

Así, el ícono de lo que es la paz y sus caracteres ha formado parte de un mundo simbólico complejo en el que sobresale cómo las diversas sociedades a lo largo de la historia “han pensado la paz desde la construcción particular de las relaciones de género”.1 Desde esta consideración se asimilan virtudes, potencialidades, atributos y símbolos preciados desde la antigüedad y que son o han sido identificados como femeninos. Tales especificidades se han mantenido con algunas incorporaciones resultantes de las transformaciones propias de las sociedades y los cambios en la atención a lo femenino. Esta identificación de la relación entre mujeres y paz no es ni fortuita ni tampoco arbitraria, ya que “sin duda esta construcción social en la que simbólicamente se asocia paz y mujer responde tanto a unas prácticas femeninas como a unos roles asignados a las mujeres dentro de las sociedades”.2

De este modo, miramientos sobre lo que es la paz se han vinculado con cuestiones tales como la fertilidad, la abundancia, la vida, la capacidad de creación y la tranquilidad, asociaciones que se han reforzado mediante textos e imágenes en el decurso de la historia. Efigies clásicas con figuras femeninas que se muestran con niños en sus brazos, por ejemplo, expresan la fertilidad; otras, presentan a dichas figuras de mujeres con el cuerno de la abundancia insinuando la riqueza que conlleva la paz, dado que la presencia de esta última permite dedicarse a labores de la tierra y actividades culturales que prosperan en situaciones de paz. Así, entonces, a partir de estas consideraciones inmersas en los imaginarios socio-culturales, es que fue construyéndose la noción de paz, a tono con la necesidad de las comunidades de poner un freno a las guerras (sin dejar de lado, evidentemente, los discursos que siempre han justificado la guerra). Es claro que los horrores de la guerra tenían que explicarse y a la par había que acometer el logro de la paz que se tocaba recurrentemente con un horizonte de esperanza.3

Este escrito busca comprender la concepción que históricamente se ha adscrito tanto a la guerra como a la paz, y su discernimiento como conformadoras de las identidades de género. Estas especificidades de las acciones humanas han embebido a lo largo de las tradiciones los imaginarios de género y desde ellos se han definido los cauces de cada uno. Así entonces, si bien de manera abstracta la paz se ha visualizado a través de imágenes de mujeres y con símbolos básicamente femeninos, quienes aparecen como creadores o sustentadores de la paz real, responsables de acrecentarla o defenderla y, quienes han debatido para su consecución, han sido los varones. Ellos han sido los que han tenido voz en el espacio público, a través de instituciones propias de cada Estado.4 Esto no significa que las mujeres no hayan estado presentes, ellas han estado ahí, aunque generalmente invisibilizadas. La historia se ha hecho con y por hombres y mujeres y, en todo caso, sus voces en la pluralidad han resonado de diferente modo y con una fuerza diversa. Se trata de la pluralidad de actores, asimismo como la pluralidad5 simbolizada en tanto “paces” y también la pluralidad de géneros, como lo pensaba Carol Gilligan cuando postulaba una “voz diferente” de las mujeres,6 una voz que apuntaba a una especificidad relacional. Esta voz busca la conservación de los vínculos y los lazos e implica la capacidad moral que las mujeres han mostrado y desarrollado en sus ligaduras sociales y en las acciones del cuidado. En este sentido, quizás podríamos señalar que al género no se adscribe específicamente ni la guerra ni la paz en una resistencia a destinar cada una de ellas a hombres o a mujeres sino que, lo que se buscaría es la convivencia y la posibilidad de lograr una sociedad más hospitalaria que se preocupe por los demás y su realización de la vida buena.

De este modo, las partes de este texto se sitúan primero en la analogía que se ha hecho históricamente de la paz con lo femenino y, por ende, la guerra con lo masculino, pensando a las mujeres como constructoras de la paz y a los varones como los hacedores de la guerra. De este modo, el presente escrito se conforma de cuatro incisos más; en primer lugar, se apuntan las consideraciones de lo que ha sido la representación femenina con la paz y, la de los varones con la guerra y la violencia. Desde ahí es que piensa a las mujeres como mediadoras en los conflictos. Se ponen en cuestión toda esta serie de determinismos que marcan los estereotipos en la construcción de las identidades de género. Por ello se parte de analizar lo que significa este último y desde ahí se plantea críticamente el tercer inciso, en el que se cuestionan los estereotipos de género, censurando las apuestas que se han hecho al señalar, por un lado, lo que debe ser la naturaleza de los roles generizados que están en equilibrio, el cual al romperse por las acciones que se salen de esos roles hacen que se generen los males sociales.

En el siguiente inciso se muestra cómo las mujeres se apropian de actitudes y valores del ámbito masculino, de modo que la guerra no es únicamente una incursión de los hombres. Pero, si bien es cierto que desde estas generizaciones es que las mujeres se caracterizaron como constructoras de paz –cuestión que cierra el inciso tercero–,el texto termina con un inciso a modo de conclusión, pero a la vez abriendo posibilidades de construcción de paz desgenerizada, al descomponer las identidades construidas histórica, tradicional y socialmente, y en el ánimo de construir un modelo edificado y realizado por todos, sea en conjunción o por separado, hombres y mujeres. Se propone la generación de acciones que den cuenta del cuidado de los demás en los espacios públicos y no únicamente en los espacios privados y tampoco realizados sólo por mujeres. Con ello se trascienden los espacios en los que las mujeres han sido circunscritas en dichas tareas del cuidado y se amplía la esfera a hombres y a mujeres.

Partiendo de la representación femenina de la paz

Eirene era la palabra griega que designaba la Paz, e Eirene era también el nombre de la diosa que personificaba este concepto […] Su condición femenina no era casual, (que) no dependía estrictamente del género femenino […] sino que se explicaba por su propia situación en el panteón y por su naturaleza y atributos.

María D. Mirón P., “Eirene: divinidad, género y paz en Grecia antigua”

Aunque sistemática y recurrentemente la historia ha sido contada únicamente desde una de esas voces que es la de la guerra y su vínculo con los varones, sin embargo, ella necesita y exige la voz de las mujeres para tener una comprensión del escenario cabal y completo en la pluralidad con hombres y con mujeres. Así, “la historia de los hombres como hombres, únicamente llega a ser visible cuando se considera en relación con la historia de las mujeres y el pensamiento de las mujeres, esto es, desde la perspectiva de la historia del género”.7 Por ello es importante recuperar muchas de las historias invisibilizadas y silenciadas de la paz y de las mujeres, para desde ahí integrarlas a la historia ya establecida, buscando trastocar y modificar la persistente construcción genérica de las sociedades en los marcos de la guerra y la paz. Dichas sociedades tradicionalmente

se han organizado genéricamente y en esta construcción social se han asignado valores y roles a los individuos en función del género al que pertenezcan, siendo habitual y frecuente en el mundo occidental una primera identificación de la ejecución de la guerra con los hombres y la petición de la paz con las mujeres.8

Y con imágenes femeninas. Dichos posicionamientos pueden verse con fuerza al menos hasta el siglo XIX, aun siendo que continúa vigente el hecho de asociar a la paz con un estado de bienestar y concordia en las convivencias humanas y fundamentalmente en los espacios femeninos, mientras que, en el caso de los varones, se les continúa asociando a cuestiones bélicas y violentas.

Ahora bien, no necesariamente se corresponden los hechos en la historia con los elementos simbólicos operantes y vigentes en la realidad entre mujeres y paz. Aún con todo y la divisa de las mujeres como emblema natural de la paz y como símbolo de todo lo que hay que proteger y que está históricamente implantado en el imaginario socio-cultural, sin embargo, las mujeres han estado, asimismo –y de manera indefectible– vinculadas con la violencia y la guerra. Este vínculo no se visibiliza, machacando de este modo la asociación casi obligada entre lo femenino y la paz. Por su parte, los varones han llevado a cabo también construcciones para propiciar situaciones de paz lo cual nos hace cuestionar la adjudicación de estereotipos deterministas en torno al género y la guerra y la paz. Las acciones de ambos, hombres y mujeres, no están abocadas a ser indefectiblemente pacíficas o violentas, sino que podemos actuar violenta o pacíficamente sin determinismos que nos hagan actuar de uno u otra manera.

Apreciar la vinculación entre mujer y paz ha tenido dos sustentos principales: uno, la exclusión ya tradicional que ha mantenido a las mujeres apartadas de las decisiones públicas y del poder político,9 ámbito en el que su ausencia ha sido patente. Lo mismo ha sucedido en los espacios en donde se toman decisiones y, si asoma algún atisbo de presencia femenina, su peso suele ser insignificante o minimizado. En cuanto al segundo sustento de la vinculación de las mujeres con la paz, en él subyace la idea de que las mujeres por el hecho de dar la vida, son más pacíficas que los hombres. Entonces, ser madres y a la vez belicosas o combatientes significa una contradicción de términos. Hablar de una mujer pacífica da cuenta de una cuestión casi tanto lógica como natural, esencializando dicha categoría y con ello justificando las desigualdades por considerarlas naturales. El grave problema que enfrenta este posicionamiento es que la naturalización “es un medio de legitimación social de la desigualdad, que tiene profundas repercusiones y consecuencias que actúan en contra de la libertad humana y del cambio social”.10

Tenemos así la naturalización de la paz, por un lado, y la de la violencia, por el otro, lo cual implica la aseveración de que ambas son tendencias naturales en los seres humanos –según sean hombres o mujeres–, convirtiendo tal naturalización en “guía de actuación de los poderes hegemónicos en el mundo, lo cual legitima el ejercicio institucional del recurso a la fuerza en la gestión de los conflictos”.11 Por ello es que

el género ha puesto de manifiesto la historicidad de las conceptualizaciones de lo público y lo privado y lo poco nítido de sus fronteras ya que ha permitido analizar a las mujeres en dominios públicos y a los hombres en dominios privados. Esto está implicando una revisión del concepto poder ya que se visualiza que las mujeres han ejercido su influencia en múltiples campos de actuación. Las mujeres han pedido la Paz más allá de las embajadas diplomáticas y oficiales, han pedido la paz desde su propio papel de género, desde un ámbito “permitido” han podido influir en otras esferas tradicionalmente consideradas masculinas.12

Como puede verse, las identidades de género se han ido construyendo a la par de la paz y la guerra convirtiéndose en estereotipos casi inamovibles. Lo femenino y lo masculino son pensados manera dicotómica en las diversas sociedades, y sistemáticamente desde los marcos de la guerra y la paz. A esta última se le ha pensado como un bien natural “del que se parte y al que se aspira a llegar, que se interrumpe o se recompone por la acción coyuntural masculina, de la guerra”.13 Ciertamente nadie encubre la capacidad de destrucción de la guerra, de ahí que los estudios y escritos sobre polemología sean tan abundantes, mientras que los dedicados a la paz sean tan exiguos. La justificación de la primera ha hecho que ríos de tinta hayan corrido para explicarla, comprenderla y hasta justificarla.

Sin embargo, parece que la paz no tiene que ser explicada y justificada, mientras que la guerra al tener un carácter estratégico (como mejor medio) y mostrándose como el mejor recurso para lograr la paz, sí debe hacerlo. La violencia y su justificación como disciplinadores revelan situaciones de dominio y poder. Sin embargo, en un ánimo de lograr la paz, este concepto ha de ser revisado y construido en un tenor de horizontalidad, de asociaciones y concertación, tal como Arendt14 lo señaló en su momento y que implica, cómo se ha distinguido en tiempos más recientes con diversos autores y autoras como Gilligan en redes de asociaciones y relaciones de hospitalidad –con Kant y Derrida– y cuidado –con Comins–, como apuntaremos más adelante.