Me enamoré de la villana Vol.1 - Inori - E-Book

Me enamoré de la villana Vol.1 E-Book

Inori

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Beschreibung

«Soy la heroína de un juego otome, pero… ¿Tan malo es que me guste la villana?»


La oficinista, esclava de su trabajo, Rei Oohashi se reencarna y despierta en el cuerpo de la protagonista de su juego otome favorito: Revolution. Para su sorpresa, la primera persona con la que se encuentra es también su personaje favorito: Claire François, ¡la principal villana de la historia! Sin dudarlo ni un solo instante, Rei se decide a enamorar a Claire en lugar de a los protagonistas masculinos del juego... Pero, ¿cómo reaccionará la villana ante sus pretensiones?

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INORI

Ilustraciones: Hanagata

Volumen 1

Índice

Capítulo 1: Reencarnación en un juego otome

Capítulo 2: Caballeros de la Academia

Capítulo 3: El Movimiento Plebeyo

Capítulo adicional: Mi señora, Claire François

Capítulo 1: Reencarnación en un juego otome

1

—Pensar que una simple plebeya se atrevería a sentarse a mi lado… Conoce tu lugar, plebeya.

No entendí muy bien lo que ocurría cuando una chica de hermosos rizos dorados me escupió esas palabras sin esperarlo. Me observaba como si la sola visión de mi rostro la enfureciera. Sabía que nada bueno saldría de entrar en pánico, por lo que preferí mantener la calma en un intento de evaluar la situación.

Estaba sentada en lo que parecía una típica aula de instituto. Tenía muchos menos pupitres que el instituto al que había ido, lo que le daba una gran sensación de amplitud a pesar de que se habían acumulado muchas personas a nuestro alrededor. El mayor de mis problemas en ese momento era, quizá, que ni una sola persona de todas las que me rodeaban (incluida la joven que me había hablado) era japonesa.

Ignorándola por el momento, rebusqué en mis recuerdos intentando acordarme de cómo había llegado hasta allí. Recordaba haber terminado de hacer horas extra en la pequeña empresa para la que trabajo y luego, en casa, empezar una partida de uno de los muchos videojuegos que tenía. No tenía muchas aficiones, así que mi único pasatiempo real era jugar. Reconozco que me gustaban todo tipo de juegos, desde los juegos de mesa tradicionales como el shogi o el go, hasta los videojuegos multijugador en línea con increíbles gráficos 3D.

Sin embargo, mi género favorito de videojuegos eran los juegos otome. Me encantaban esos simuladores en los que juegas como la heroína y tienes que lograr que los chicos se enamoren de ti, aunque la verdad es que tendía a jugarlos de una forma algo diferente…

Al recordarlo, me di cuenta de que conocía a la chica que tenía delante de mí.

—¡Oh…! —exclamé—. ¿Claire…?

—¡Qué insolente! ¿Quién te crees que eres para llamarme por mi nombre de pila sin mostrar siquiera el más mínimo respeto?

Esa voz chillona era inconfundible. La chica de los rizos dorados no era otra que Claire François, un personaje de uno de mis juegos de citas favoritos: Revolution.

Si no estaba equivocada, eso significaba… No podía ser… ¿Me había transportado a un mundo diferente?

—Señorita Claire.

—Sí. Eso ya está mejor —resopló Claire con indignación—. Una plebeya siempre debe mostrar respeto.

—¿Me conoce?

—¿Acaso te estás burlando de mí, Rei Taylor?

En Revolution podías elegir cómo querías que se llamara tu personaje, pero el apellido siempre era Taylor. Si en este mundo se me conocía como Rei Taylor, y yo siempre nombraba a mis personajes como yo, Rei Oohashi, entonces la única explicación posible era que me había transportado al mundo del juego y yo era su heroína.

—¡Sí!

—¿Por qué haces esto? Deja de decir cosas sin sentido… —me respondió Claire—. Por eso los plebeyos son… —continuó como murmurando, aunque yo en ese momento ya no le prestaba atención.

¿En cuántas ocasiones había fantaseado con la idea de poder transportarme a los distintos mundos en los que se desarrollaban mis videojuegos favoritos? ¿Quién iba a pensar que sería así de fácil?

Ahora podía comunicarme con cualquier personaje sin ningún tipo de restricción por parte del juego, así que…

—Señorita Claire.

—¿Qué quieres? Preferiría que no se dirigiera a mí una plebeya como tú.

—Me gusta.

—¿Eh…? ¿Qué…? —Claire parecía desconcertada.

—Señorita Claire, la amo.

—¿Qué…? ¿Qué…? ¿Qué…?

Cuando por fin mis palabras calaron, rápidamente Claire se puso nerviosa.

Tenía una belleza única.

Mi personaje favorito de Revolution no era ninguno de los chicos que el juego te proponía… Era Claire. Claire François, la villana que no paraba de intimidar a la heroína y que acabaría convirtiendose en su rival, y quien finalmente perdería ante ella. Claire era de buena familia, tenía mal carácter y siempre estaba acompañada por sus seguidores…

Pero a pesar de todo, estaba completamente enamorada de ella.

Claire tenía una voz chillona y un comportamiento claramente prepotente pero, aunque ahora estaba frente a mí, el solo hecho de recordar el juego me hizo sonreír.

Nunca había logrado llegar a odiar a Claire. Su gran orgullo y sus gestos amenazantes solo trataban de ocultar un corazón vulnerable debido a la pérdida irreparable de la persona a la que más quería… ¡Esas cualidades tan humanas eran lo que más me gustaba de ella! A decir verdad, realmente era la heroína quien me incomodaba. El juego la convertía en una especie de santa… y era algo que no me agradaba en absoluto.

—¿Se puede saber de qué hablas?

—Simplemente me gusta. Es solo eso.

—¿Eh? ¡Serás atrevida! No permitiré que una simple plebeya como tú intente aprovecharse de mí. ¡Pierdes el tiempo! —exclamó Claire. Inmediatamente después, se dio la vuelta enfadada.

—Eres preciosa.

¡Ah! Las palabras salieron involuntariamente de mi boca antes de que pudiera darme cuenta.

—¿Qué…? ¿Qué…? ¿Qué…? —Claire, al escuchar mis palabras, parecía aún más molesta que antes—. No me digas… que tú… eres una de esas personas…

—¿Eh? No, no es eso. Es más bien… Bueno, no tiene importancia… Quiero decir… Todo es irrelevante porque, para mí, eres preciosa.

—¿¡Eh!? —Al escuchar mi explicación, se levantó al instante llena de sorpresa. Fue estupendo poder ver una reacción tan pura.

—Señorita Claire, me odia, ¿verdad?

—¡Por supuesto!

—¡Muchas gracias! Por favor, siga metiéndose conmigo como hasta ahora. ¡Me encanta!

—Pero ¿qué…? —Claire comenzaba a parecer muy asustada.

—¡A partir de hoy, disfrutemos de nuestra vida escolar, señorita Claire! Pasémoslo muy bien las dos juntas.

—¿¡Por qué supones que quiero pasar mi valioso tiempo contigo!?

Y de esta forma, me despedí de todas esas horas extra infernales de mi trabajo, pudiendo disfrutar de todo el tiempo junto a mi querida Claire.

Sin lugar a dudas, tenía un futuro brillante por delante.

2

—Escuché lo que hiciste, Rei. ¿Realmente atrajiste la atención de Claire en tu primer día?

Esa voz madura y ronca pertenecía a mi compañera de cuarto, Misha Jur. Su larga y lacia cabellera rubia se balanceaba elegantemente mientras se sentaba en su cama de la habitación que compartíamos en la Academia Real.

La habitación tenía un tamaño equivalente a unos diez tatamis. Cada una teníamos un escritorio, una litera y otros muebles que no ocupaban mucho espacio. La principal diferencia con una habitación de estudiantes más moderna era que todo parecía muy antiguo, pero siempre con el mismo tipo de muebles.

Revolution se desarrollaba en la Academia Real, el internado más prestigioso del Reino de Bauer. Independientemente de la situación familiar o económica, todos los alumnos eran tratados como iguales mientras estuvieran dentro de la Academia. Es por ello que, a todos los alumnos sin excepción, se les proporcionaban habitaciones dobles.

—Pues no lo sé… ¿Fui yo quien llamó su atención o fue ella misma quien hizo que me fijara en ella?

—Pero… ¿qué tonterías dices, Rei? —Misha suspiró agotada—. Deberías evitar relacionarte demasiado con la familia François, eres una simple plebeya. Si lo desearan, podrían hacerte desaparecer sin dejar rastro.

La familia François era una de las casas nobles más famosas de todo el país. Llevaban generaciones controlando el Ministerio de Finanzas, y su poder e influencia se encontraban solo por detrás de los del rey y el propio primer ministro. Y todo eso sin tener en cuenta la influencia que tenían a través de matrimonios concertados con la propia familia real.

Yo era una simple plebeya, una mera mota de polvo sin importancia para ellos.

Aunque Revolution estaba ambientado en un mundo similar a la Europa antigua, la política del Reino de Bauer, el reino donde se ambientaba el juego, era muy corrupta.

Los nobles heredaban la mayoría de los puestos clave del país, y los funcionarios importantes del gobierno eran nombrados a dedo gracias a sus conexiones personales. Esta discriminación no hacía más que aumentar la disparidad entre la nobleza y los plebeyos año tras año, hasta que el malestar y el descontento del pueblo eran tan grandes y evidentes que ya no podían ser ignorados.

Como era de suponer, el rey intervino para intentar salvar su reino. Por eso comenzó a promover una política basada en la meritocracia, con la idea de alentar y potenciar a aquellas personas que tuvieran talento, independientemente de su situación familiar o económica. El sistema de becas de la Academia Real formaba parte de esta política de meritocracia. Todos los estudiantes que tuvieran el suficiente talento pero que no pudieran permitirse una educación superior, recibían becas por parte del Gobierno y así les era posible inscribirse en la Academia.

Y, claro, como podréis imaginar, uno de los alumnos seleccionados por ese sistema era mi personaje.

—Pero, Misha, amo a la señorita Claire.

—¿A esa niña egoísta? Rei, ¿sabes que eres un poco rara? Para una noble como ella, los becados como nosotras somos insignificantes.

El sistema de becas había sido recibido con gran éxito por parte de todos los plebeyos pero, como era de prever, fue mal recibido por la aristocracia. Los nobles valoraban la tradición y las formalidades por encima de todo; no soportaban la idea de que la gente corriente pudiera asistir a la prestigiosa Academia Real.

Misha también estaba becada. A pesar de que era noble de nacimiento, su familia acabó cayendo en desgracia y, como consecuencia, alcanzó la ruina económica. Quizá debido a estas circunstancias, se empeñaba en entender mejor la realidad que la rodeaba más que otros nobles. Y, como habíamos asistido juntas a la misma escuela de plebeyos, podía mirarme sin ningún tipo de prejuicio.

Aunque creo que Misha tenía un defecto: era demasiado trabajadora y servicial.

—En serio, no me importa que me desprecie. De hecho, lo prefiero. Es mejor eso a que te eviten —indiqué convencida.

—Realmente no sabes lo que dices. Estás loca, sin lugar a duda.

—Dime, ¿qué estrategia crees que es la mejor para poder pasar el mayor tiempo posible con la señorita Claire?

—¿Siempre fuiste tan insistente? —Misha se sujetó la cabeza con ambas manos como si le doliera—. Supongo que tendrías que llegar a ser alguien a quien Claire no pudiera ignorar.

—¿Qué quieres decir?

—Claire es una chica muy orgullosa, ¿no? Nunca está satisfecha si no es la primera en todo lo que hace. Así que, si mejoras tus habilidades y le demuestras lo que vales, no podrá ignorarte.

—¡Tienes razón!

Era muy sencillo. Si me limitaba a actuar como lo haría si estuviera jugando al juego, Claire se vería obligada a prestarme atención. Y cuanto más actuara y me esforzara, más me intimidaría ella, ya que nunca se echaría atrás. Estaba segura de que continuaría intimidándome y así, yo podría seguir amándola. Era una situación win–win, donde todo el mundo salía ganando.

—Gracias, Misha. Siempre puedo contar con tu ayuda.

—No sé por qué me lo agradeces. Lo único que hice fue decirte cómo hacer que te odie aún más. —Misha era incapaz de ocultar su confusión, algo normal para cualquier persona.

—Y pensar que voy a pasarme todos los días molestando y siendo molestada por la señorita Claire… ¡Qué feliz soy!

—Dime… Pero ¿qué te ha pasado…?

3

Mientras caminaba por uno de los pasillos de la Academia, alguien se abalanzó sobre mí por detrás. Estuve a punto de caerme, pero logré aguantar y girarme.

—¡Vaya…! Como estabas ahí, quieta, mirando la nada, pensé que eras una estatua.

Al girarme, me encontré con mi querida Claire. Era la villana perfecta. Estaba de pie frente a mí, tapándose la boca con delicadeza mientras sonreía llena de satisfacción. Desde entonces, esa sería mi nueva rutina.

—Señorita Claire…

—¿Qué? Ni te molestes en pedirme que me disculpe. Como si fuera a disculparme con una vulgar plebeya como…

—¡Es usted maravillosa!

—¿Eh…?

Claire parecía una grácil paloma que acababa de ser malherida.

—¡Siempre es usted misma quien hace todo ese trabajo sucio, a pesar de que siempre se encuentra rodeada de toda esa gente a la que podría pedir que lo hiciera por usted, y sin depender de ellos! No esperaba menos de usted, señorita Claire.

—¿Eh…? ¿¡Eh!?

—Es tal y como pensaba, no es una abusona cualquiera. ¡La quiero mucho, señorita Claire!

—Pero… ¿qué estás…? —Acto seguido, Claire huyó bruscamente del lugar, mientras murmuraba algo sobre unos escalofríos que tenía.

—¡Vaya! Se ha ido…

—¿Por qué pareces tan derrotada? —preguntó Misha asombrada.

—¿Por qué…? Obviamente, porque la señorita Claire no se quedó más tiempo para burlarse de mí —contesté a Misha como si fuera algo obvio—. ¿No crees que la señorita Claire está más guapa cuando me insulta? —suspiré.

—Al menos eres consciente de que acosa… —Misha suspiró también, en apariencia más aliviada.

—No perdamos más tiempo, tenemos que darnos prisa. La clase está a punto de empezar.

Hoy comenzaba mi nueva vida en otro mundo.

—¡Vaya…! Perdona, pensé que eras un insecto.

En esa ocasión, Claire me pisó el pie.

—Por favor…

—¿Qué dices? No puedo oírte, plebeya. Si tienes algo que decir, ¡dilo!

—¡Si quiere pisarme, hágalo más fuerte!

—¿¡Qué…!? —respondió asustada.

Claire estaba tan guapa cuando se la pillaba desprevenida…

—¿Qué te pasa? ¿Acaso una plebeya como tú es tan pobre que no tiene dinero ni para comprarse sus propios libros?

En esa ocasión, me escondió los libros de texto.

—Lo siento mucho. No me di cuenta de sus sentimientos, señorita Claire.

—¿¡Eh!?

—Mientras estemos en clase, quiere estar junto a mí todo el tiempo posible, ¿verdad? La entiendo perfectamente, ¡compartamos su libro! ¡Estemos juntas toda la clase!

—¡No entiendo nada de lo que dices!

Era tan bonita.

En otra ocasión me quedé sin grupo para hacer uno de los trabajos de clase.

—Vaya, ¿qué te ha pasado? ¿No puedes encontrar pareja? Es lo que suele pasar cuando eres una patética plebeya.

—¡Profesora! ¡La señorita Claire será mi compañera!

—¡Jamás seré tu compañera!

—…

— ¿Eh…? ¡No me mires así!

Había vuelto a huir de mí… ¡Estaba preciosa cuando huía!

—¡Querida, estabas tan sucia que pensé que solo eras barro! —me dijo una vez que me tiró un cubo de agua.

—Qué frío hace.

—Pobrecita.

—¡Caliénteme, por favor!

—¡Eh! ¡No te pegues a mí! ¡Suéltame!

—Es tan cálida y tan adorable.

Era simplemente genial.

—¡Qué bien!

Una vez, incluso apareció un jarrón con flores sobre mi escritorio.

—¡Es un regalo de la señorita Claire!

—¡No! ¡No lo es!

—Como es la primera vez que me regala algo, prensaré una de estas flores y la llevaré siempre conmigo.

—¿Por qué iba a regalarte yo flores?

Aunque no parecía estar conforme con el resultado, seguía siendo preciosa.

—¿Acaso te has dado un golpe en la cabeza y te has vuelto idiota?

—¿Eh? ¿Qué quiere decir?

Después de las clases del día, Claire tuvo una rabieta. Era evidente que estaba enfadada porque todos sus intentos de acoso parecían ser inútiles, pero me sentía culpable ya que únicamente actuaba acorde a mis sentimientos.

Me había dado cuenta de que, incluso en este mundo de fantasía, el acoso escolar era bastante similar al que se podía ver en mi propio mundo. Esto podría deberse a que Revolution fue creado por una empresa japonesa.

—¡¿Cómo puedes estar tan tranquila cuando no paro de meterme contigo!?

—¿Acaso no es su manera de decirme que me ama?

—¡No!

—¿Entonces…? ¿Por qué está tan enfadada conmigo?

Los hombros de Claire temblaban y respiraba agitadamente. Reaccionaba absolutamente a todo lo que pasaba a su alrededor. Era genial que se burlara de mí y poder hacer yo lo mismo con ella.

—De acuerdo. Si después de todo esto sigues sin entenderlo, voy a dejarlo muy claro.

Noté como sus ojos vidriosos se clavaron fijamente en mí.

—Esta academia no es refugio para vulgares campesinas como tú. ¡Conoce tu posición y vuelve a tu patético trabajo de servidumbre!

—Mi único trabajo es amarla, señorita Claire… Estoy a su servicio.

—Ugh… Ya he tenido suficiente…

Poco a poco, comenzaron a brotar lágrimas de sus ojos.

—Señorita Claire, no se desanime. No se trata de ver quién hace más en menos tiempo, sino de quién aguanta más.

—Es absurdo… ¿Qué se le pasa por la cabeza? —se lamentó Claire mientras se marchaba junto a su habitual séquito.

—Eres tan infantil… —contesté hablando para mí.

—Por una vez, tengo que estar de acuerdo con Claire.

¡¿Eh?! ¿Pero qué estaba pasando? ¡Incluso Misha estaba de su lado!

—No seas tonta, Misha.

—¿Qué quieres decir?

—No creerás que esto es todo lo que hago, ¿no?

—Ya veo.

Misha pensó que era mejor no preguntar por los detalles, así que prefirió ignorar mi comentario. Estaba segura de que, si hubiera sido Claire, habría indagado mucho más.

—Rei, ¿estás segura de que no lo estás pasando mal con todo esto?

—No, en absoluto.

—¿Tiene esto que ver con lo que tú llamas «amor»?

—Puede ser, pero también tengo mis propios motivos.

No había la menor duda de que Claire era la villana, pero me encantaba la forma en la que actuaba. Siempre se encargaba ella misma de intimidarme y nunca pedía ayuda a ninguno de sus secuaces. No era el comportamiento típico de una aristócrata. Además, siempre tenía cuidado de no pasarse demasiado. Por ejemplo, cuando me empujaba en el pasillo, nunca lo hacía cerca de las escaleras o en algún lugar peligroso, sino que siempre se aseguraba de hacerlo en lugares donde yo estuviese segura si me cayera. Incluso cuando me quitaba el libro de texto, no lo tiraba o lo rompía, simplemente lo escondía.

Probablemente esto se debía a la sensibilidad japonesa moderna. A pesar de que me encontraba en un mundo que había sido creado siguiendo esa sensibilidad, no paraban de acosarme. Pero ¿acaso estaba mal ser feliz acosada por la persona a la que amas? Poder ser el objetivo de Claire me hacía muy feliz.

—¿Cómo crees que intentará acosarme mañana?

—No tengo ni idea.

Estaba disfrutando intensamente de mi vida en este nuevo mundo.

4

—Buenos días, señorita Claire.

Al entrar en clase, vi a Claire y a su séquito sentados en primera fila. La clase tenía aproximadamente el doble de espacio que la del instituto japonés al que había asistido cuando vivía en mi mundo original. Realmente se parecía más al aula típica de una universidad, con largos pupitres y filas de mesas que estaban más elevadas hacia el fondo para que todo el mundo pudiera ver sin problemas. En la parte delantera había una pizarra y un atril para el profesor.

Cuando intenté acercarme a Claire, sus seguidores me bloquearon el paso.

—¿Por qué te diriges a nosotros como si fuéramos amigos? Vivimos en mundos completamente diferentes. ¿No es así, señorita Claire? —dijo uno de ellos mientras se reía de mí.

Como si con esas palabras hubiera roto un muro invisible, el resto de componentes de su séquito se unieron en un intento de autoconfirmación.

—¡Qué pesados sois! No tengo nada de qué hablar con unos lacayos como vosotros. Intento hablar con la señorita Claire.

—¿Qué…? ¿Cómo te atreves? ¿Sabes quién soy? Pertenezco a la familia Kugret y hemos servido a la familia François durante generaciones.

—Así que… no eres más que un lacayo. Tengo razón, ¿no?

—Se… señorita Claire… —Al escuchar mis palabras, se dirigió a Claire entre lágrimas. Hay que ver lo débil que era…

—Plebeya… —suspiró Claire—. Para ya. No tengo nada de qué hablar contigo. ¿Acaso no sabes que «Buenos días» también se usa como despedida? Qué desagradable eres.

A esto me refería. No bastaba con ser un simple «amiguito». La manera en la que Claire se metía conmigo era insuperable. Sabía perfectamente que hay muchos usos para «Buenos días», pero en el Japón actual era perfectamente aceptable usarlo como saludo.

—Es maravillosa. Siempre que la señorita Claire me habla, me enseña el buen uso de las palabras. La amo mucho —comenté mientras pensaba en lo ocurrido.

—¡Cállate! ¿Acaso te estás burlando de mí?

—¡Sí!

—¿¡Ni siquiera lo niegas!?

Qué gran reacción tuvo. Estaba segura de que hoy también sería un buen día.

—Rei, contrólate. Buenos días, Claire —dijo Misha mientras tiraba de mi uniforme.

—¡Misha! ¡Suéltame! ¡Estoy intentando pasar un buen rato con Claire!

—¡Olvida eso de «con»!

Claire era realmente maravillosa dando respuestas graciosas.

—¡Te dije que pararas de una vez! —Misha me golpeó la cabeza nada más decirlo.

—Misha…, ¿querrías controlar a tu gata como es debido? —exigió Claire.

—Claire, Rei no es mi mascota.

—¡Me encantaría ser su mascota, señorita Claire!

—¿¡Acaso no he dicho que te callaras!? —gritó Claire quedándose sin aliento.

—Señorita Claire, parece no encontrarse muy bien hoy. Sería mejor que descansara un poco —contesté, burlándome un poco más de ella.

—¿¡Y quién te crees que tiene la culpa!? ¡Desaparece de mi vista de una maldita vez!

Suspiré. Mientras expresaba claramente mi decepción, oí como una suave voz se dirigía a Claire.

—Parece que hoy también os estáis divirtiendo desde bien temprano.

—Su alteza Yu…

—Buenos días, Claire. Hacía ya mucho tiempo que no te veía tan alterada.

La persona que se reía de nosotras era el tercer príncipe del reino, Yu Bauer. Tenía el pelo rubio, suave y rizado, con una sonrisa afable que transmitía alegría; era la viva imagen del príncipe de los cuentos. Incluso su voz parecía diferente a la de cualquier otro mortal.

El señorito Yu era uno de los personajes elegibles para poder enamorar en el juego Revolution. Era el segundo más popular de los tres que había disponibles, todo porque era de los que decían frases como: «Eres tan guapa», «Te protegeré» y todas esas cosas.

—Su alteza Yu… ¡No nos estamos divirtiendo! Esta maldi… Rei, quiero decir, no ha parado de actuar irrespetuosamente delante de mí, por lo que la advertía para que tuviera más cuidado la próxima vez.

—¿En serio? —Yu volvió su mirada hacia mí.

—No, no estaba siendo irrespetuosa. Simplemente estaba siendo cariñosa con ella.

—¿Pero de qué hablas?

—¡Ja, ja, ja! —Yu no pudo evitar reírse ante el arrebato de Claire.

—Eres Rei Taylor y, si no me equivoco, eres la mejor estudiante de entre todos los plebeyos que han entrado a la Academia este año, ¿no? Creía que serías un ratón de biblioteca que no dejaba de estudiar, pero por lo que veo también eres una chica bastante divertida.

—Gracias.

Al no estar particularmente interesada por Yu, mi respuesta fue algo cortante.

—No seas tan grosera, Rei —me regañó Misha—. Buenos días, su alteza Yu.

—Buenos días, Misha.

Yu siempre era muy amable con todo el mundo, pero lo era especialmente con Misha. Habían crecido juntos y, antes de que la familia de Misha cayera en desgracia, estaban muy unidos. Estaba claro que Misha echaba de menos esa relación.

Si en el juego elegías la ruta de Yu, no solo tendrías que enfrentarte al acoso de Claire, sino que además deberías sortear el conflicto entre tu amistad con Misha y tu anhelo por Yu. Según las fans del juego, era el escenario más complejo con diferencia.

—Me disculpo por el comportamiento de Rei. Me aseguraré de castigarla como es debido más tarde —indicó Misha a Yu.

—No tienes por qué preocuparte por eso. De todas formas, ¿podrías hablarme con algo menos de formalidad? Al fin y al cabo, recuerda que todos somos iguales en la Academia.

—Lo tendré en cuenta…

La conversación invitaba sin lugar a duda a la reflexión, pero yo realmente agradecía que me sirviera como excusa para hablar de nuevo con Claire.

—Señorita Claire, ¿qué opina sobre eso? ¿Cree que podrá revivir su amor?

—¿Por qué es tan vulgar cada pensamiento que pasa por tu cabeza?

—Hola, Yu y Claire. Buenos días a todos.

—Buenos días, su alteza Rod.

—Buenos días, hermano.

La animada voz que ahora nos saludaba pertenecía a un chico guapo de pelo negro de punta. Se llamaba Rod Bauer y era el príncipe primogénito del reino. Por supuesto, era otro de los protagonistas románticos del juego.

—¿Qué es lo que ocurre aquí? Parece algo interesante y me gustaría participar también —dijo mientras se reía, uniéndose así a la conversación.

—Aquí no pasa nada interesante —contestó Claire con brusquedad—. Es tan solo que una persona quiere perturbar el orden establecido.

—¿Ha dicho lo que creo que ha dicho? —pregunté—. ¿Insinúa que se uniría a mí? ¿Quiere que perturbemos el orden las dos juntas? ¿Es eso?

—¡Nunca haría tal cosa!

—¿Quién es…?

Cuando Rod percibió el enredo romántico entre Claire y yo, no pudo hacer otra cosa más que mirarme como si fuera un animal raro.

En este punto del juego, por lo general se requería que el jugador se presentara adecuadamente, pero en este caso fue Yu quien me presentó:

—Se llama Rei Taylor —contestó riéndose—. Es la plebeya más sobresaliente de la clase y, como puedes ver, es muy divertida.

—Sí, he de reconocer que posee un carácter poco común. Personas así tampoco abundan entre la aristocracia. Supongo que las políticas de mi padre han tenido resultados bastante curiosos, ¿no?

—Je, je. —No sabía si realmente era un cumplido o no, así que decidí no responder, mostrando únicamente una leve sonrisa.

—Es divertido conocer a alguien como tú. Así que te llamas Rei… Lo recordaré.

—Gracias.

—Sé más respetuosa, por favor, Rei —me volvió a reñir Misha.

—¿Acaso te haces una idea de cuántas chicas matarían por ser recordadas por su alteza Rod? —preguntó Claire.

No podía evitar que Misha y Claire se enfadaran conmigo. Detestaba con todo mi ser a personajes tan arrogantes como Rod, esos que te exigían que los siguieras sin rechistar, que siempre tenían una actitud positiva ante todo y que siempre avanzaban sin desviarse del camino marcado lo más mínimo.

Rod tenía una personalidad segura y vibrante pero, a pesar de todo, no sabía el por qué siempre salía como el personaje más votado. ¿A la gente no le resultaba agotador pasar todo su tiempo con alguien como él? Aunque debo reconocer que mis gustos eran obviamente diferentes a los de la mayoría, ya que Claire me atraía mucho más que el resto de personajes que ofrecía el juego.

—Thane, únete a nosotros tú también —dijo Rod.

—No, estoy bien.

Quien había respondido de forma malhumorada era un chico de hermoso cabello plateado que se encontraba recostado en un pupitre al fondo de la clase.

—No creo que a Thane le gusten este tipo de cosas.

—¿Acaso hay algo que le guste? —comentó Yu, dubitativo, mientras Rod lucía una mirada algo agria en su rostro.

Tal y como sugerían sus ambiguas reacciones, Thane era considerado una especie de estorbo. A pesar de ser el segundo príncipe del reino, era el último protagonista romántico del juego. También era el menos popular de los tres. Si Yu era el príncipe perfecto y Rod era el engreído, Thane era… el complicado.

Yu era un genio nato que destacaba en todo lo que hiciera sin esforzarse lo más mínimo. Rod era igualmente brillante, pero a diferencia de su hermano, solo destacaba cuando realmente se esforzaba para conseguir algo. Thane, en contraposición a sus hermanos, no destacaba en nada y por más que se esforzara, nunca podía superarlos en nada. A causa de eso y de las constantes comparaciones a las que eran sometidos los tres príncipes, Thane desarrolló un gran complejo de inferioridad.

Y, sin embargo, Thane era uno de mis personajes favoritos del juego. La razón por la que me gustaba era la misma por la que me gusta Claire: parecía humano. Quizá fuera porque yo ya no era una niña con la cabeza llena de sueños y esperanzas, sino una persona adulta que había probado la amarga realidad. Quizá por eso me resultaban más atractivos los personajes más realistas e imperfectos que aquellos que eran demasiado perfectos.

—Su alteza Thane…

Claire dijo su nombre con una pizca de emoción reprimida.

La verdad era que Claire sentía la palabra que empieza por «a» por Thane, y esa era una de las razones por las que su ruta era la menos popular de las tres en el juego. Claire siempre aparecía en todas las rutas porque era una entrometida, pero era bien sabido, al menos por mí, que se ponía especialmente triste si tomabas la ruta de Thane. Además, cuando terminabas el juego habiendo conseguido tener un romance con Thane no podías dar su merecido a Claire, sino que simplemente la mirabas y le decías:

—Entiendo por lo que estás pasando. Sé que es duro. —Y la acababas perdonando.

Esto provocaba que la euforia que sentías al terminar las otras rutas, como por ejemplo, la de Rod, no la encontraras en esta.

—¿Por qué no vas a hablar con él, señorita Claire? —la incité.

Sabía muy bien que Thane no era el tipo de persona que tomara la iniciativa.

—¿Por qué tendría que ir?

—Porque le gusta, ¿verdad?

En el mismo instante en el que esas palabras salieron de mi boca me arrepentí de haberlas pronunciado, pero ya era demasiado tarde.

—¡N-No! ¡Jamás he pensado en su alteza Thane de esa manera! —gritó Claire.

Su voz resonó en toda la clase y, como era obvio, Thane también la oyó. Al instante, se levantó y salió del aula, con un rostro inexpresivo.

—Ah… ¿Qué podría hacer? No quería… —Claire se había puesto nerviosa.

Realmente le había hecho daño.

—Corramos y disculpémonos con él, señorita Claire —sugerí.

—¡Maldita plebeya! ¡Deja de actuar como si lo supieras todo!

—Señorita Claire… —dije estableciendo contacto visual con ella mientras mantenía mi tono de voz.

—¿Qué quieres?

—Su alteza Thane es un hombre muy sensible.

—Ya lo sé.

—Es por eso por lo que debería disculparse cuanto antes.

—¿¡Puedes callarte de una vez!? —Claire se levantó bruscamente—. ¡Me encuentro mal! Me voy a casa.

—Ah… ¡Señorita Claire!

—¡Dejadme en paz!

Claire ni tan siquiera permitió que su habitual séquito la acompañara mientras salía claramente enfadada de la clase.

—…

Sabía por qué había reaccionado así. Sabía que iría inmediatamente tras Thane.

—Es preciosa…

Pensé, con una sonrisa en la cara, que ese era uno de los motivos por los que me gustaba tanto, mientras veía como sus rizos se balanceaban.

5

—¡Eres una plebeya! ¡Y una descarada!

—¡Sí! ¡Lo soy! Así que, por favor, castígueme más.

Hoy Claire se encontraba bastante animada. Y, por supuesto, yo también lo estaba.

Olvidé comentar que me transporté a este mundo el primer día de clase, durante la ceremonia de ingreso. Desde aquel momento, había pasado una semana y ya me estaba acostumbrando al día a día de la escuela. Por supuesto, desde entonces, mi relación con Claire había avanzado considerablemente… Aunque esta era solo mi opinión.

Cuando fui a saludarla tal y como hacía cada mañana, su reacción fue la que cabía esperar, la misma de siempre. Su séquito ya había desistido de intentar evitar que me acercara, supongo que porque vieron que no me afectaban lo más mínimo sus burlas. En serio, les faltaba convicción. Ya podrían aprender un par de cosas de Claire. No es que me quejara, ni mucho menos. En realidad, era mucho más fácil hablar con Claire ahora que sus lacayos ya no se interponían en mi camino.

—¡No creas que vas a conseguir siempre que quede en evidencia!

—¿Oh?

Esperaba otra respuesta única de Claire, pero hoy fue diferente. Con una sonrisa inquebrantable en su cara continuó hablando:

—Eres consciente de que tenemos un examen mañana, ¿verdad?

—Por supuesto.

Los exámenes aquí no eran muy diferentes de los que había hecho en Japón. A excepción, claro está, de las propias materias. Todos los estudiantes de la Academia eran evaluados en cultura, etiqueta y magia. Al parecer, en el pasado solo eran imprescindibles la cultura y etiqueta, pero al incluir un sistema de meritocracia se vieron obligados a incluir también la magia… o, al menos, eso era lo que había leído en la guía de personajes de Revolution.

Como su propio nombre indica, el mundo de Revolution se encontraba en un periodo de… bueno, revueltas. A causa de estas, atravesaba un periodo de profundos cambios. Todo comenzó con el descubrimiento de una piedra especial, una piedra mágica. Esta piedra impulsó la invención de herramientas mágicas e innumerables innovaciones tecnológicas. Estas nuevas herramientas cambiaron rápidamente el mundo tal y como se conocía y, por supuesto, todos los países competían por hacerse con ellas.

La aptitud para poder controlar este material se llamó «poder mágico».

¡Por cierto! Recuerdo que había una versión infantil de Claire descrita en la guía de personajes del juego… ¡Era como un ángel! Mientras me deleitaba con ese grato recuerdo, Claire me levantó la cabeza tirando de mi barbilla.

—¡Este examen por fin pondrá todo en su sitio! Si gano, tendrás que abandonar la Academia.

—¿Qué…? No. No quiero hacer eso.

—¡Ah! ¿No? ¿Estás segura?

Claire tenía una rabieta, pero estaba claro que no ganaría nada cayendo en su juego.

—¿Estás diciéndome que la mejor alumna de la Academia es una cobarde?

—Si dejara la Academia, no podría seguir divirtiéndome con usted, señorita Claire.

—¿Podrías dejar de decir esas cosas?

—¡Ja, ja, ja! ¡Qué tontería!

—¿Qué? ¿Encima te burlas de mí? ¿Insinúas que he propuesto algo extraño?

—Sí… Es muy graciosa.

Sin embargo, mientras incordiaba a Claire, recordé que este era uno de los eventos del juego. De hecho, Claire se presentaba ante la heroína con una serie de retos a lo largo de todo Revolution, y el primero consistía en vencerla en una de las pruebas de inicio del curso. Esta prueba aparecía casi al empezar el juego, haciendo que vencer a Claire resultara extremadamente difícil, dada la falta de conocimientos por parte del jugador.

—Vamos… ¡Acepta de una vez!

—Bien, ¿y qué le parecería esto? —pregunté—. Si no puede vencerme, entonces estará obligada a concederme un favor.

—¿Eh…? ¿Y por qué haría yo algo como…?

—¿Qué dice? ¿No será realmente que es una cobarde? Pensaba que era la mejor entre todos los internos.

La Academia Real contaba con una educación integral para todas las edades: educación infantil, escuela primaria, secundaria, bachillerato e incluso formación universitaria. Sus alumnos se dividían en dos grupos: aquellos matriculados desde educación infantil y que continuaban estudiando en la Academia, y los que se incorporaban más tarde. El personaje del jugador era el mejor de entre todos los estudiantes transferidos y, por supuesto, Claire era la mejor de los estudiantes que llevaban desde educación infantil en la Academia; también conocidos como internos. La mayoría de estos alumnos eran aristócratas, mientras que los alumnos que entraban más adelante eran en gran parte plebeyos. Esto hacía que los alumnos internos y los transferidos no se llevaran muy bien, incluso llegando al extremo de que se considerara una auténtica tragedia el simple hecho de que un estudiante noble tuviera que compartir dormitorio con un plebeyo.

—¿Intentas provocarme? ¡De acuerdo! ¡Te tomaré la palabra en esta ocasión!

—¡Muchas gracias!

—¿Por qué me das las gracias? Lo que deberías hacer es ir haciendo las maletas.

—¡Sí! ¡Muchas gracias por darme ánimos!

—No he dicho nada de eso… ¡Agh! ¡Misha!

—¿Qué ocurre? —Misha nos observaba desde lejos, pero nada más acercarse, Claire la habló.

—¿Me harías el favor de ser testigo de esto? Si logro la mayor puntuación en el próximo examen, esta plebeya deberá abandonar la Academia. Si por alguna razón no pudiera vencerla, le concederé un único favor.

—Tanto la expulsión como la inscripción de los alumnos en la Academia las decide el propio rey, deberías saberlo. No creo que sea buena idea involucrar a su majestad en una disputa como esta.

—No habrá ninguna necesidad de involucrar al rey. Esta vulgar plebeya abandonará la Academia por propia voluntad, avergonzada por su falta de talento —declaró Claire mientras dejaba escapar una estridente risa, como si ya hubiera ganado.

—Rei, ¿estás de acuerdo con esto?

—Sí.

—Entonces no hay más que hablar. No puedo permitir que esta plebeya se retracte de su promesa y por eso tú serás testigo de ello, Misha. No tienes ningún problema con esto, ¿verdad, plebeya?

—¡Sí! ¡No hay ningún problema! ¡Me emociona el solo hecho de pensar que puedo hacer que la señorita Claire haga cualquier cosa por mí!

—¡No pienso perder ante ti! ¡Sí! ¡Lo juro por Dios!

—¡Lo juro por Dios!

—Y yo soy testigo de este acuerdo…

En este mundo, jurar por Dios era algo muy significativo. Romper un voto así era casi impensable, tanto para los aristócratas como para cualquier plebeyo. El hacerlo te condenaría a sufrir una vida repleta de desprecio por parte de toda la sociedad.

Y de esta forma, comenzó el reto entre Claire y yo.

Llegó el día del examen.

El primer examen era Cultura. Era una prueba que evaluaba principalmente cuánto sabías sobre la historia, la cultura y la literatura del país.

Se podían encontrar preguntas como estas:

Pregunta:

Exponga cuáles fueron los defectos en las políticas del rey Cooley III y cómo se subsanaron durante la Gran Hambruna de 1827.

O…

Pregunta:

Tome como referencia una de las principales industrias del reino y argumente qué problemas tiene y cómo se podrían solventar.

O…

Pregunta:

Componga un poema utilizando la métrica clásica.

Como se puede ver, las preguntas no tenían ninguna relevancia para la vida cotidiana. En un mundo en el que apenas unos pocos plebeyos sabían leer o escribir, la nobleza poseía una ventaja cultural abrumadora. Esto haría que Claire fuese un paso por delante, ya que la ganadora se decidiría con la nota media de los tres exámenes, ahora tan solo me quedaban dos más.

—Este ha sido duro… —murmuré.

El juego permitía al jugador reunir información mediante acciones como estudiar antes del examen. Aunque se esperaba que el jugador desarrollara las respuestas a las preguntas, el propio juego te ayudaba presentándote una serie de respuestas predeterminadas, por lo que solo tenías que elegir la correcta. Pero, al final, la mayoría de los jugadores optaban por buscar las respuestas en internet o en distintos foros que había sobre el juego, lo que no dejaba de ser una gran pérdida de tiempo dado el gran número de preguntas que había.

El siguiente examen era el de Etiqueta, que se realizaba mediante la simulación de una comida formal. El examen comenzaba antes incluso de que los propios alumnos entraran a la sala de fiestas que les serviría como escenario para la prueba. El examinador puntuaba tanto su aspecto, vestimenta, postura, la forma en la que saludaban y se dirigían al resto de comensales e incluso hacia dónde dirigían su mirada mientras comían. Todo iba más lejos que el simple hecho de saber manejar cada uno de los veinte cubiertos que había en la mesa. Por supuesto, Claire, como aristócrata que era, también tenía una gran ventaja en este examen.

En el juego, esta prueba también consistía en una selección múltiple de respuestas predefinidas. Por ejemplo, podías elegir si llevar ropa blanca o negra, qué saludo hacías al entrar a la sala, hacia donde mirar… Como era normal, la mayoría de los jugadores también intentaban encontrar las respuestas en internet.

—Cuando lo tienes que hacer tú misma sin ayuda de foros es bastante más difícil de lo que parece —reflexioné.

El último examen consistía en una evaluación de nuestra capacidad mágica, y era el único en el que los plebeyos realmente tenían alguna oportunidad de destacar frente a la nobleza. Justamente, la política del reino basada en la meritocracia bien podría llamarse «política basada en el poder mágico». La aptitud de un individuo para utilizar herramientas mágicas de alta tecnología era innata y no estaba relacionada con la posición social. El rey temía que el reino de Bauer quedara atrasado frente a todos los cambios tecnológicos si solo atendía a los caprichos de la aristocracia. Por su parte los nobles se quejaban abiertamente del sistema de meritocracia porque, según ellos, la familia o el linaje importaban más que el poder mágico.

La prueba mágica tuvo lugar al aire libre. El examen tenía dos partes: una primera para la medición del poder mágico básico y otra para el uso de las herramientas mágicas. El poder mágico básico se medía con un aparato y mostraba cuatro tipos de afinidades mágicas distintas: tierra, agua, fuego y viento. Por regla general, una persona poseía una única afinidad y su poder se medía en una escala de cinco niveles: ínfima, baja, media, alta y súper. Aunque la capacidad mágica podía mejorarse mediante el entrenamiento, era principalmente una cualidad innata e inmutable.

Claire tenía una gran aptitud para el fuego, algo bastante habitual en los videojuegos. Resultaba divertido ver como los desarrolladores se recreaban siempre en los mismos clichés.

La prueba de uso de herramientas mágicas era muy sencilla: consistía en sostener una varita, una herramienta de uso general que podía utilizarse para crear diversos fenómenos. En esta prueba teníamos que disparar un proyectil mágico y ver lo lejos que éramos capaces de hacerlo llegar.

—Esto ha sido lo más sencillo que he hecho nunca.

En el juego, el poder mágico se podía aumentar mediante la acción «entrenamiento mágico» y, en la prueba, la distancia que alcanzaba el proyectil se determinaba mediante un juego de ritmo. Era, con mucho, la prueba más sencilla y solo requería tener un poco de buena sincronización, sin necesidad de recurrir a ayuda de internet. Sin embargo, algunos jugadores insistieron en que querían comparar las puntuaciones obtenidas en la prueba del lanzamiento del proyectil y, por ese motivo, Revolution tenía una tabla clasificatoria en su página web. Si conseguías la mejor puntuación, podías obtener algunos regalos de la compañía desarrolladora del juego. Sin embargo, a cualquier persona que llegara tan lejos claramente le interesaba más conseguir la puntuación que los premios. Mi última marca personal había sido decenas de veces superior a la media.

En cualquier caso, en esto consistían los exámenes. Me encontraba agotada después de haberles dedicado todo el día.

—Y justo por eso… ¡vine a recuperarme un poco!

—¿Podrías volver a tu propia habitación?

Claire me echó nada más presentarme en su cuarto…

Qué mal…

6

Los resultados de los exámenes se publicaron tres días después.

—¿Sabes que tienes ojeras?

Mientras esperaba frente al tablón de anuncios los resultados de las pruebas, Claire se acercó a mí.

—Sí… Bueno, realmente no he podido dormir mucho…