Medicina china tradicional - Liu Zheng - E-Book

Medicina china tradicional E-Book

Liu Zheng

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Beschreibung

De acuerdo con la medicina tradicional china, las enfermedades son consecuencia de desequilibrios físicos, psíquicos y energéticos de las personas. El proceso de curación requiere una atención integral. En el conocimiento del cuerpo está el secreto de la salud, de la longevidad y de la convivencia con la naturaleza. El profesor Liu Zheng, director de la prestigiosa Clínica MEDIZEN, comparte su experiencia en este libro. En él, define un estilo de vida diseñado para mejorar la nutrición, lograr armonía espiritual y dar solución a los pequeños problemas cotidianos. Textos reveladores, lograrán revolucionar su forma de ver el cuerpo humano gracias al sabiduría médica de una civilización milenaria. La presente obra, tiene como objetivo mantener el bienestar físico y emocional del ser humano, ayudarnos a comprender por qué nos enfermamos y, sobre todo, aprender cómo evitarlo. Temas como los biorritmos, los horarios de las comidas, el descanso, la fitoterapia, las comidas en sustitución de medicamentos, la meditación activa y pasiva, el adelgazar con salud o el equilibrio emocional para controlar el estrés son tratados aquí con una visión clara y novedosa.

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Seitenzahl: 362

Veröffentlichungsjahr: 2016

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MEDICINA CHINA TRADICIONAL

Liu ZHENG

Si haces plan para un año, siembra arroz,

Si tu plan es a diez años, planta árboles,

Si tu plan es para toda la vida, educa a una persona.

— PROVERBIO CHINO

Agradecimientos

Toda mi gratitud para Eugenio Tuya, quien me concedió la oportunidad de publicar mi primer libro, y quien con mayor energía defendió este proyecto. El destino ha hecho que se cruzaran nuestros caminos en España, y en un punto aún más concreto, en este libro. Espero que sea el inicio de muchas obras más. Gracias también a Sofía Cárdenas y a todo el equipo de Anaya Multimedia.

Asimismo, mi mayor agradecimiento a los pacientes, por la confianza que depositan en mí. Puedo decir que cada uno de ellos ha compartido una pequeña parte de su vida conmigo. Espero haber logrado corresponderles. Esta relación tan íntima que guardo con cada uno de mis pacientes me ha permitido participar en los procesos de cambio de sus vidas hacia la recuperación de la salud y hacia un mejor estilo y una actitud más acertada en la vida. Como este es el propósito de mi trabajo, deseo que un mayor número de personas pueda tener acceso a este conocimiento, de manera fácil de comprender y fácil de poner en práctica en el día a día.

Por ello, os doy a todos mis más sinceros agradecimientos.

Gracias por permitirme aprender todos los días.

Gracias a mis profesores, tanto los de China como los de España. Con su paciencia y generosidad me permitieron aprender y madurar como persona. Los llevo siempre en mi corazón, con mucho cariño.

Gracias a mi madre, que no sólo me trajo a este mundo, sino que también me hizo nacer en ese otro mundo de la cultura y literatura clásica china. Gracias a Kailin, mi esposa, por sacrificar su tiempo y por soportarme.

Gracias a mis compañeros de la Clínica MEDIZEN, donde paso la mayor parte del tiempo. Más que compañeros, forman parte de mi familia. Siempre me han apoyado en todo.

Gracias, por supuesto, a Falun Dafa, a los compañeros de Falun Dafa y al periódico La Gran Época. Su luz, su sabiduría, sus principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia han sido lo mejor que me ha podido pasar. Sé que continuarán siendo una guía felizmente inevitable durante el resto de mi vida.

El hecho de ser chino y escribir un libro en castellano no ha sido fácil. Así que también merezco un aplauso, aunque debo reconocer que, sin todos los que me han ayudado, nada de esto hubiera sido posible.

¡Con todo mi amor y gratitud!

— LIU ZHENG

Sobre el autor

D. Prof. Liu Zheng, licenciado en Medicina China Tradicional por la Universidad de Medicina China Tradicional de Beijing, diplomado en Fisioterapia por la Universidad Pontificia de Comillas, experto diplomado en Acupuntura por la Universidad Complutense de Madrid, Máster Oficial en Fisioterapia Invasiva por la Universidad San Pablo CEU de Madrid y en curso en el Máster Oficial de Aspectos Clínicos en el Dolor, de la Facultad de Farmacia de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

Profesor del «Curso Experto en Acupuntura» de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

Nº de Colegiado 6649 en el Ilustre Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid, donde actualmente también es presidente de la Comisión de Acupuntura.

Su pasión por la vida, la biología y la naturaleza, unido a su profundo conocimiento del arte de la curación de la Medicina China Tradicional y su continuo estudio de la Medicina Occidental y la Fisioterapia, le convierten en un terapeuta capaz de unir lo mejor de los dos tipos de medicina en un solo tratamiento.

En 2007 fundó la Clínica de Medicina Integrativa MEDIZEN en Madrid, donde ha sido capaz de reunir un equipo de terapeutas de una altísima calidad profesional y humana, expertos de diferentes especialidades sanitarias con el mismo denominador común: la visión holística del cuerpo humano y de la salud.

La fusión e integración de los conocimientos y métodos terapéuticos tanto de la Medicina Occidental como de la Medicina China Tradicional, tanto en acupuntura, como en fisioterapia, nutrición y dietoterapia, psicología y terapia emocional, ha permitido crear una línea de actuación terapéutica propia, que obtiene resultados clínicos de manera eficaz, rápida y duradera.

Empujado por sus propios pacientes, colegas y compañeros de la profesión, en el año 2011, inició su andadura en la docencia. Su carisma personal y el estilo cercano y desenfadado de sus clases levantaron pronto un interés creciente por parte de los alumnos.

Actualmente trabaja intensamente en la divulgación de la Medicina China Tradicional y su integración en diferentes colectivos sanitarios, a través de sus cursos en colaboración con varias universidades e instituciones formativas en toda la geografía española; sin dejar de lado, por supuesto, su labor clínica con los pacientes, de quienes obtiene su mayor satisfacción profesional al verles recuperar la salud.

Datos de contacto con el autor:

Liu Zheng

Clínica MEDIZEN: calle Alcántara nº11, entreplanta, Madrid, 28006. (Metro Goya)

Teléfono: 91 0108651 / 673 528028

Web: clinicamedizen.es

Email: [email protected]

Introducción

Querido lector, si te fijas bien, verás que este libro se compone de nueve capítulos. Este número, el nueve, tiene una extraordinaria importancia en la tradición china.

A lo largo del libro hablaremos, en numerosas ocasiones, del número tres; por ejemplo, los tres niveles cielo-humano-tierra, los tres planos energéticos defensivo-orgánico-primordial, las tres facetas del ser humano racional-emocional-instintiva, lo de que hay que pensar las cosas tres veces, el triple recalentador, los trigramas, etc.

Como dijo Lao Tsé: «Del tres nacen las miríadas de cosas». Al mismo tiempo, aquí decimos que «tres es multitud». En la medicina china, recalcamos que el tres es la expresión del Yang. Y el nueve es resultado de tres veces tres. Esta triple repetición hace del 9 el número que representa el máximo de Yang.

Para mí, en el plano de lo personal, concluir este libro de nueve capítulos significa la culminación y el cierre de una etapa de mi vida y el comienzo de otra nueva.

Como portador de este maravilloso conocimiento de la milenaria Medicina China Tradicional, y por vivir en España durante más de diez años, me he sentido en la responsabilidad, o incluso, en la obligación, de transmitir este conocimiento al mayor número de personas en Occidente.

La idea de escribir el libro que ahora tienes entre tus manos, nació precisamente de ver a diario pacientes en mi consulta. Muchas de las enfermedades que sufren podían haber sido evitadas, y muchas se podían solucionar con sencillos métodos de la Medicina China Tradicional. Con frecuencia me decía: «Qué lamentable que no pueda hacer llegar este conocimiento a un número mayor de personas».

Estoy seguro que este libro les ayudará en la vida.

Nota importante

Muchos de los consejos y remedios descritos en el presente libro están pensados para mejorar la calidad de vida de las personas sanas. Esta obra no pretende en absoluto constituir un método terapéutico. Si usted sufre de una enfermedad, debe acudir en primer lugar a su médico facultativo.

Prólogo

Nunca podré agradecer lo suficiente todas las enseñanzas y sabiduría recibidas del Profesor Liu Zheng. «Si bebes agua, recuerda la fuente» (Proverbio chino).

Desearía comenzar compartiendo con ustedes, queridos lectores, mi propia experiencia personal. Ella me brindó la oportunidad de descubrir el fascinante mundo de la Medicina China Tradicional.

Desde mi más temprana adolescencia, he sufrido trastornos circulatorios. Durante años, consulté con innumerables especialistas que lamentablemente sólo consiguieron alivios temporales llegando a un punto en el cual se me comunicó que la única alternativa que me podían ofrecer era la cirugía. Y ante esta opción, tomé la decisión de resignarme y convivir con mi enfermedad.

No hace demasiados años, decidí probar con un tratamiento de acupuntura. ¿Qué tenía que perder? Aún recuerdo con emoción ver que, tras unas pocas sesiones, mi problema se solucionó. Creí volverme loca. ¿Pero esto cómo es posible? ¿Con tan sólo unas pocas agujas y las reconfortantes palabras de mi terapeuta en cada sesión?

Mi mente científica y racional no encontraba explicación. Y entonces pasé a la acción. Comprobé que la acupuntura está reconocida por la Organización Mundial de la Salud. Comencé a investigar en las publicaciones médicas y científicas más prestigiosas como el British Medical Journal y la Clínica Journal of Oncology. Descubrí sólidas evidencias de la eficacia de la acupuntura en enfermedades como la Fibromialgia, Dolor Crónico, Migrañas, Ansiedad y Depresión. Incluso comprobé que, centros tan prestigiosos como la Clínica Anderson y la Clínica Mayo en EEUU y algunos hospitales públicos españoles como Virgen del Rocío (Sevilla), Virgen de las Nieves (Granada), Hospital Meixoeiro (Vigo), la practicaban.

Pero esta maravillosa disciplina va mucho más allá de la simple enfermedad. La Medicina China Tradicional tiene en cuenta, de modo individualizado, los aspectos psicológicos, sociales y espirituales de cada paciente y subraya, especialmente, la relación humana entre facultativo y paciente, tal y como irán descubriendo a lo largo de las páginas de este libro.

Esta fascinante relevación me transformó tanto como para abandonar una sólida carrera profesional labrada a lo largo de 20 años y dedicar el resto de mi vida a la práctica de la Medicina China Tradicional combinándola con mi formación sanitaria occidental. Gracias a ello, día a día mi concepción de la vida y de las relaciones humanas va transformándose y enriqueciéndose.

Permítanme que les abra las puertas y les dé la bienvenida al sorprendente universo de la Medicina China Tradicional. El Profesor Liu Zheng, con un estilo ágil, claro y didáctico, les descubrirá un mundo fascinante al pasar esta página.

Abran su mente y su espíritu. «En armonía con la Naturaleza.»

— ANA MARÍA IMEDIO

Farmacéutica y Acupuntora

Presidenta de la Asociación de Acupuntores Sanitarios (A.A.S.)

CAPÍTULO 1

Medicina China Tradicional, regreso al futuro

Creación del mundo, por Pangu

Todas las creaciones necesitan un cómo y un porqué: la creación de este libro, no iba a ser una excepción. Tal y cómo a mí me gusta, queridos lectores, voy a empezar contándoles un cuento chino…No se lo tomen a risa, porque tiene mucho que ver con el cómo y el porqué de este libro.

Érase una vez un mundo que no tenía la forma que conocemos ahora. El Cielo y la Tierra no estaban separados. Todo se hallaba sumergido en una eterna oscuridad y caos, como si estuviéramos dentro de una cáscara de huevo. A éste mundo le denominaron los chinos el «huevo cósmico». Nada pasaba hasta cuando pasaba algo. Allí se gestó un ser extraordinario, un gigante, llamado Pangu. Pasaron miles y miles de años, y poco a poco el cuerpo de Pangu fue tomando forma.

No se lo tome a broma, por favor. Nuestra existencia dependía de ello. Según los rigurosos estudios de los historiadores, pasados dieciocho mil años, el cuerpo de la criatura creció tanto que dentro del huevo ya no cabía ni su propio respiro. Pangu estiró su cuerpo, pisó firmemente con sus pies y empujó con todas las fuerzas de sus manos. Hizo tambalearse el huevo, hasta que por fin, tras un atronador ¡zas!, la cáscara del huevo se abrió en dos mitades.

El aire fresco le dio más fuerzas a Pangu, y se puso de pie. Por supuesto este proceso no fue inmediato. Tardó otros dieciocho mil años.

Durante este lapso, tuvo lugar un fenómeno que no podemos pasar por alto: dentro del huevo estaban el Yin y el Yang. Lo puro, liviano, luminoso y volátil, que es el Yang, como el aire, el vapor, la luz y el calor ascendió para formar el cielo. Y lo material, tangible y pesado, que es el Yin, descendió para formar la tierra.

Pasados los dieciocho mil años, Pangu quiso sentarse para descansar. Entonces se dio cuenta de que cuando quería soltar la mano que sujetaba el cielo, el cielo y la tierra se volvían a cerrar para juntarse. ¡No había opción para que el cielo y la tierra se mantuvieran firmes!

Mientras tanto, el cuerpo del gigante seguía creciendo, a razón de 3 metros al día, día a día. El cielo era cada vez más alto y la tierra más densa y firme. Así pasaron otros dieciocho mil años. Cuando por fin el cielo y la tierra tomaron forma definitiva, el universo ya no podía revertirse al estado caótico en el que estaba antes. Pangu, exhausto, agotó todas sus fuerzas en la creación de este mundo Yin Yang, y él, como el hombre que daba vida a este mundo, se tumbó y reposó eternamente sobre la tierra.

En otros dieciocho mil años, su cuerpo se transformó: sus cuatro extremidades se convirtieron en las cuatro montañas más altas de las cuatro esquinas del mundo, para seguir sujetando el cielo; su ojo izquierdo se convirtió en el sol, que daba luz y calor al mundo; el derecho, se convirtió en la luna que iluminaba la noche; las pestañas se transformaron en estrellas que decoraban el cielo; sus músculos y tendones, en la fértil tierra; sus huesos, en sales minerales; sus dientes, en piedras preciosas; su sangre, en ríos que corren de las montañas hacia el mar; su respiración, el viento: su voz, el trueno; sus sudores y lágrimas, el rocío de la mañana y la lluvia que nutre la tierra; su piel y pelo, en los bosques y el pasto y por último, de su médula escaparon los miles y miles de animales, incluido el hombre, que viven de los frutos y cultivos que ofrece este maravilloso mundo creado por Pangu.

De este modo, con su propio cuerpo, el gigante Pangu, dio vida a este mundo pródigo y maravilloso, y delegó en los humanos, su obra perfecta, el cuidado del mundo, de su aire, de los ríos y mares, de las montañas y bosques y de los animales que viven en armonía.

Y colorín colorado. Aquí es cuando comienza esta historia.

Llegado del pasado, destinado al futuro

Puedo presumir que crecí y pasé la mayor parte de mi infancia entre libros, miles y miles de libros, algunos auténticos tesoros manuscritos con cientos de años de historia. Todo se debió a que mi madre era la bibliotecaria de la biblioteca más grande de Pekín. Aun estando en la era digital (he escrito este libro con ordenador y tablet), todavía recuerdo con nostalgia ese aroma peculiar que desprendía la mezcla de papel, tinta y madera de las estantería de los libros. Y mi madre, apasionada de la literatura clásica china, me contaba esta preciosa historia del gigante Pangu, el ser mágico que creó el mundo, un mundo igual de mágico y lleno de vida.

Los años pasan pero los recuerdos de la infancia perduran. El mundo material y realista no pudo destruir la idea de que existe algo más allá del plano físico donde vivimos, y la creencia de que el ser humano vino a este mundo dotado de un sentido y misión, más allá del simple sobrevivir, más allá del pasar el tiempo y procrear para continuar la especie.

La idea de que provenimos de seres mágicos y que el ser humano mantiene una conexión especial con la madre Naturaleza, mucho más allá de lo que vemos con los ojos, me ha impulsado a buscar respuestas, a estudiar en profundidad la biología y la medicina.

Mientras el mundo se vuelve cada vez más avanzado tecnológicamente, mi interés y pasión se vuelve hacia lo antiguo, y se sitúa en la mente de nuestros antepasados que, con menos recursos materiales, estaban mucho más conectados con los elementos naturales. El cúmulo de sus conocimientos y experiencias, a los largo de miles de años, son lo más valioso que tenemos. Sería demasiado arrogante para la gente de ahora menospreciarlos, y una lástima no saber aprovecharlos. Fusionados con los conocimientos médicos actuales, se puede conseguir una medicina completamente distinta, menos agresiva, menos invasiva, más integral, más natural y, sobre todo, más humana.

Como dicen los budistas, la vida es cíclica, el mundo gira y gira, las historias se repiten, las modas se van y vuelven.

Nací en Pekín, una ciudad imperial y milenaria. Recuerdo perfectamente la imagen de un mar de personas en las calles, en bicicletas para ir al trabajo. Entonces, la gente anhelaba tener un coche como en Occidente. Por el afán de parecerse a Occidente, 30 años después, en las calles de Pekín, apenas se ven bicicletas; tampoco los antiguos templos, palacetes o jardines con sus estanques, porque son derribados para que en su lugar se erijan enormes rascacielos estilo neoyorkino. Ahora la gente por fin puede irse a trabajar conduciendo un coche, pero un coche parado en enormes atascos de tráfico, bajo un cielo gris, en una de las ciudades más contaminas del mundo. Mientras tanto, en los países de Occidente, cada vez se fomenta más el uso de la bicicleta y transportes ecológicos, y cada vez intentan ampliar más espacios verdes y limitar la altura de los edificios. ¡Qué contraste! Como dijo uno de las ocho deidades Daoístas Zhang Guolao, «el progreso a veces es el retroceso».

El túnel es de doble sentido. Ahora, en un mundo cada vez más dependiente de lo tecnológico, quizá sea el momento de rescatar la sabiduría de nuestros antepasados, quitar el polvo para que el oro vuelva a brillar. Seremos nosotros los primeros beneficiados. De hecho, la tendencia actual de la medicina es desarrollar técnicas cada vez menos agresivas, microcirugías mínimamente invasivas. Ahora son más los médicos concienciados en ofrecer a sus pacientes soluciones más naturales, holísticas y con menos efectos secundarios.

En mi breve estancia en la Universidad de Salamanca para el estudio del castellano, me di cuenta de que yo no era el único en pensar de esta forma, ya que el lema de la universidad más antigua y prestigiosa de España dice «Quod natura non dat, Salamantica non praestat» (Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta).

Exacto, no debemos sobreestimar nuestros conocimientos ni tampoco infravalorar nuestras capacidades innatas. La naturaleza, fuente y origen de vida y sabiduría, será la eterna inspiración para la humanidad.

Sentido e instinto, nuestra arma infalible

Si alguien preguntara por el origen de la Medicina China Tradicional, diría que es tan difícil de averiguar como el origen de la civilización humana. Por supuesto, ese no es el cometido de este libro. Existen muchas teorías, hipótesis e investigaciones históricas y arqueológicas que intentan resolver el misterio. Por mi parte, esperaré expectante a que los expertos nos saquen de dudas. Mientras tanto, pienso que la Medicina China Tradicional, como cualquier otra medicina ancestral, debe de haber surgido desde el mismísimo momento de la existencia del hombre, ya que es una necesidad biológica, o mejor dicho, una necesidad de la supervivencia.

En la edad primitiva del hombre, cualquier intento de curar una herida, de aliviar un dolor o de buscar un remedio para tratar una pequeña enfermedad, puede considerarse un acto médico. En un entorno natural crudo, de escasez de recursos y de supervivencia, la única herramienta que tenían los hombres primitivos eran sus sentidos, la capacidad de observación y el instinto natural.

Gracias a los sentidos y el instinto innato, nuestros antepasados primitivos pudieron desarrollar una exquisita capacidad de observación y de interpretación de los fenómenos naturales, incluyendo el funcionamiento y las anomalías que pueden pasar en el cuerpo. Con el tiempo, descubrieron que en la naturaleza, nada ocurre al azar, los fenómenos naturales funcionaban con orden, muchos de ellos eran reproducibles, parecía que todo siguiera una ley, una ley natural.

Con el registro y aprendizaje que se hereda de generación en generación, estas experiencias sentaron la base de las civilizaciones y culturas de los pueblos. Entre ellos, la medicina natural ocupa un lugar importantísimo dentro de las culturas tradicionales, el entender cómo funcionaba el cuerpo, cómo interactuaba el cuerpo con el medio ambiente, por qué se enfermaba y cómo se podía evitar la enfermedad, se convirtió en algo prioritario para garantizar el desarrollo de la sociedad.

Para entender lo importante que son los sentidos, hagamos una suposición: todos sabemos que los seres humano poseemos cinco sentidos, —en realidad, disponemos de muchos más sentidos, como los de la temperatura, presión, propiocepción, etc.—, pero supongamos un mundo imaginario, donde las personas solo tengan cuatro, en lugar de los cinco sentidos comunes. Imaginemos que a las personas de ese mundo les falta el sentido de olfato y, por lo tanto, no pueden detectar el aroma de las flores, el olor de las comidas. Si todas las personas de ese mundo hubieran nacido así, nadie sabría que existe el olfato, y por tanto, se acomodarían, desarrollarían su modo de vida con la ausencia de este sentido. Para ellos sería absolutamente normal.

Sigamos imaginando. Un día de repente, en una familia nace un niño que sí posee el sentido de olfato y puede oler: el niño dirá a la gente que las flores desprenden una cosa llamada aroma, que se percibe a través de la nariz, y que las comidas, a parte del sabor, también huelen estupendamente. Para el niño, su normalidad es poder oler las cosas. El resto del mundo, pensará que el niño está loco, nadie creerá en él.

Ahora bien, volvamos al mundo real que conocemos, todos sabemos que poseemos los cinco sentidos comunes, pero, ¿y si entre nosotros hay alguien que tenga un sexto sentido?, y ¿un séptimo, octavo, centenares de sentidos? Yo, al menos, no porque no pueda percibirlos, negaría que existen.

Como buenos observadores, nuestros antepasados tenían un contacto más íntimo con la naturaleza, la agudeza sensorial estaba altamente desarrollada y esto les permitía una conciencia del interior y exterior del cuerpo superior a la que tenemos hoy. Serían capaces de visualizar la posición, forma y función de los órganos internos, sentir el latido del corazón, el impulso de las arterias, la conexión de los nervios e incluso, el flujo de las energías.

Basada en la observación e interpretación de los fenómenos naturales y el funcionamiento de los órganos internos, poco a poco los antiguos consiguieron desarrollar un sistema de medicina intuitiva y coherente, con sus muchas limitaciones, aprendieron a convivir acorde a las leyes naturales, pudieron adaptarse y asimilar con éxito los cambios según su entorno natural, y lograron sobrevivir. Mejorando sus condiciones de vida, evolucionaron y perfeccionaron de generación a generación hasta llegar a lo que somos hoy en día.

Somos lo que somos, una parte integrante de la naturaleza, ella nos ha dado su mejor regalo, nuestro hábitat, venimos de ella, es nuestro origen y avanzamos hacia ella, porque todavía somos ignorantes, y nos queda mucho por aprender.

El instinto, no lo abandones

Seguramente habrás visto algún que otro vídeo de adorables cachorritos de perros, gatos u otros animales que inundan Internet y triunfan en las redes sociales; y seguramente esas tiernas y juguetonas criaturas, con sus caritas llenas de inocencia te habrán arrancado unas cuantas risas.

Este fenómeno tiene su explicación científica, la ternura e inocencia que transmiten esos animales, como sucede con las fotos y videos de los bebes, aumentan la secreción de la oxitocina, hormona que nos hace sentir más confiados, seguros, satisfechos, afectivos, empáticos y con mayor disposición a conectar con los demás. De hecho, la oxitocina es la hormona que induce el parto y es responsable de los primeros lazos afectivos y de protección del bebé con la madre.

En cambio, cuando esto no sucede, cuando vemos escenas de violencia, masacres, desastres naturales o animales menos simpáticos como cucarachas, serpientes o un tiburón blanco enseñando sus afilados dientes, en esos momentos, el cerebro emite señales de peligro y amenaza, se activa otra hormona, el cortisol, para mantenernos en alerta, y nos provoca estrés e instinto de defensa.

Es nuestro instinto innato el que nos decanta por ver imágenes de tiernas criaturas. Y no solo porque son inofensivos. Nos producen relajación, anhelo de la inocencia, necesidad de amar y de proteger al más débil.

Los animales son los más instintivos, porque del instinto dependen su seguridad y supervivencia. El instinto primario les lleva a la búsqueda de los alimentos, se protegen ante agresiones externas, se asustan y esconden cuando hay truenos, y, por supuesto, el instinto sexual les prepara para la continuidad de la especie.

Observa como un perro se pone alegre cuando ve a los dueños volver a casa, se le hace agua la boca cuando huele comida y va a por ella, y mueve la cola como muestra de cariño. Los perros son muy observadores y captan si estamos relajados o enfadados, para venir a acariciarnos o mantenerse lejos.

A lo largo de los miles de años en convivencia con el hombre, los perros han adquirido una conexión especial con los seres humanos. Mientras en casa son educados para no hacer pis y caca, y sienten estar en su propia casa, cuando salen a la calle o a los parques, no tienen tapujos en levantar la patita para hacer pis contra un árbol. No tienen ningún reparo en hacerlo, claro, están haciendo sus necesidades biológicas, ¡es uno de los instintos básicos!

Sin embargo, yo he vivido en primera persona, durante un largo viaje en autocar, cómo una chica se desmayó por aguantar el pis, simplemente porque tenía vergüenza de avisar al conductor para que parara el autobús y poder bajarse a orinar en el campo. No tengo datos suficientes pero sospecho que el hombre es el único animal del reino natural que puede desmayarse por aguantar el pis.

El ser humano, debido a nuestra enorme capacidad de aprendizaje y raciocinio, aun durante la infancia, adquiere nociones de los adultos, imita sus conductas, las maneras de expresarse, el comportamiento social, etc.; es decir, desarrollamos una «complejidad» social y cultural. Nuestro impulso instintivo pasa por el filtro del raciocinio y somos conscientemente capaces de modificar, anular o reprimir una conducta instintiva natural.

En medicina, un desmayo puede producirse por un síncope vasovagal, que se interpreta literalmente como una descoordinación entre el corazón y el cerebro, pues efectivamente, en muchas ocasiones, el cerebro quiere pero el corazón no puede.

Volviendo a los perros y algunos otros animales, los más adiestrados, han sido los «humanizados», capaces de reprimir sus impulsos naturales y comportarse de manera parecida a los humanos, de esta manera, desempeñan funciones que ayudan y complementan las tareas humanas.

La superioridad del coeficiente intelectual y la enorme capacidad de raciocinio han llevado indiscutiblemente al ser humano a convertirse en la especie dominante del planeta. Sin embargo, en muchas ocasiones, el sacrificio, el hecho de racionalizar en exceso, reprime o nos hace olvidar nuestros instintos naturales. La supresión de mecanismos de autodefensa nos ha llevado al sufrimiento, la enfermedad y la muerte, a ojo de los animales, estaríamos conscientemente haciéndonos daño a nosotros mismos, algo que ellos jamás comprenderían.

Somos sobresalientes en coeficiencia intelectual pero muchos suspenden en coeficiencia emocional.

Instinto de conexión con lo divino

No cabe duda, los seres humanos somos especiales. Como he dicho anteriormente, la complejidad de nuestro desarrollo cerebral nos ha permitido diferenciarnos claramente del resto de animales (aunque permítanme decirlo, porque no quiero reprimir mi instinto, existen congéneres humanos retorcidos miles de veces peores que los animales.)

Los seres humanos poseemos otro instinto que nos convierte en especiales, es el instinto de la espiritualidad y la conexión con lo divino. En el centro geométrico del cerebro está situada la glándula pineal, también llamada epífisis, que hasta hace poco se la consideraba un órgano atrofiado vestigio de la evolución. Sin embargo, según investigaciones científicas de los últimos años, en este «piñón» descubrieron funciones biológicas realmente interesantes.

Ahora sabemos que una de las misiones de la glándula pineal es la secreción de melatonina, hormona relacionada con la regulación de los ciclos de vigilia y sueño. Responde a las variaciones de luz en nuestro entorno a través de la conexión con la retina, se activa en la oscuridad para segregar melatonina, la cual nos induce a un estado de calma e introspección, nos permite disminuir y relajar los sentidos, y en el cuerpo se refleja en una reducción del glucógeno en la sangre que nos induce al sueño y a un estado de concienciación interna, donde las interferencias externas nos afectan menos y la concentración sobre uno mismo es superior. Esto, a nivel práctico, es lo más parecido al estado de trance durante una meditación, nos permite distanciarnos de los problemas, reflexionar con calma para luego tratarlos con una perspectiva positiva e intuitiva.

Estas experiencias son conocidas desde hace miles de años en diferentes prácticas espirituales, la glándula pineal es considerada en la medicina ayurvédica como el sexto chakra o Ajna (tercer ojo); la ventana de Brahma en el hinduismo, el Ojo Celestial del cual hablaban los antiguos chinos; el Palacio Niwan para los Daoístas, y el «asiento del alma» según el filósofo francés René Descartes. A través de la glándula pineal, ponemos en contacto el mundo físico y el mundo espiritual. Este instinto espiritual es innato, y es compartido por toda la humanidad independientemente de razas o culturas.

Cuando nos encontramos indefensos o en una situación de debilidad, instintivamente rezamos para solicitar ayuda a dioses, divinidades, guías espirituales o fuerzas naturales; un acto instintivo, de reflejo natural: no podemos negarlo.

La glándula pineal presenta mayor actividad en la época de infancia y, según aumenta la edad, empieza a producirse un proceso de calcificación que podría culminar alrededor de los 30 años de edad. Tal vez quizá por eso, en la edad joven de los seres humanos desarrollamos una mayor sensibilidad y actividad en relación con lo espiritual y, según avanzamos en edad, el mundo realista y material, sujeto por determinados comportamientos sociales y culturales, hacen que esta capacidad innata se vaya alejando poco a poco de nuestra vida.

Desde la perspectiva de Medicina China Tradicional, el ser humano está compuesto integralmente por el cuerpo físico, la mente o psiquismo y la faceta espiritual, sólo cuando estos tres planos se encuentran en equilibrio podemos decir que una persona se encuentra con salud. Es imprescindible, por tanto, que no descuides tu espiritualidad, debes darle importancia al instinto al igual que al raciocinio. Saca a flote la inocencia del niño que llevas dentro, no te fijes solo en la superficie o en los resultados, disfruta también de los pequeños detalles, del proceso y del mundo interior.

Los Daoístas persiguen «volver al ser original y verdadero». Tal vez, nuestro instinto espiritual sea precisamente el camino que nos ha dejado el creador para poder volver a él.

Con la luz eléctrica empezó todo

En la sociedad moderna, con un desarrollo tecnológico que avanza a pasos agigantados, los seres humanos vivimos en condiciones mucho más confortables, la calidad de vida es más alta, la sanidad mucho más desarrollada y la esperanza de vida mayor. Sin embargo, vivimos cada vez más desconectados de la naturaleza y con mayor dependencia de la tecnología. Poco a poco, los aparatos electrónicos se están convirtiendo en nuestros sentidos, nuestros ojos, nuestros oídos y nuestra memoria. Muchos viven tan desconectados de sí mismos que ni siquiera son conscientes de lo que está sucediendo en el interior de su mente y cuerpo.

Apostaría que un hombre de ciudad de hoy en día no sobreviviría por mucho tiempo si estuviera solo en plena naturaleza, con los riesgos que eso conlleva.

De hecho, recuerdo que uno de mis profesores aseguraba que muchas de las llamadas «enfermedades modernas» o «enfermedades del siglo XXI», surgieron después de la invención de la luz eléctrica. En cierta medida, tenía razón.

Antiguamente, el hombre seguía el horario del gallo, es decir, se levantaba con el canto del gallo tras verse el primer rayo del sol, trabajaba durante el día y al caer la noche, volvía a casa para descansar. El ritmo biológico seguía al sol y al ciclo de día y noche.

Después del gran invento de la bombilla, la oscuridad de la noche dejó de ser un impedimento para seguir trabajando, por lo tanto, aumentaron las horas de desgaste físico y disminuyó tiempo de descanso.

Hoy en día ya no es solo la luz eléctrica, ni tampoco solo es el trabajo, una gran parte de actividades de ocio, de relaciones sociales, de comilonas y de las fiestas y las discotecas, se desarrollan durante la noche. Ya nada nos limita.

Es más, la calefacción y el aire acondicionado permiten mantener el ritmo desenfrenado aun estando en época de extremos climáticos. El avión nos traslada en pocas horas de una punta a otra del planeta, con las correspondientes diferencias horarias, geográficas y de clima; las publicidades te incitan el deseo, las luces de los rótulos de los comercios estimulan el consumo; el ordenador y la televisión nos mantienen sentados durante largas horas frente a sus pantallas y nos secan e irritan la vista; y ya para colmo, los teléfonos móviles, nos mantienen en vilo por las llamadas o mensajes que entran en cualquier momento del día o noche. El cerebro está tan conectado como las redes 4G que nos mantienen informados de donde han estado o comido nuestros contactos de redes sociales y los «me gusta» que hemos conseguido por las fotos o post que compartimos.

¡Qué vida más loca!

Vivimos presos de las tecnologías. Tampoco recuerdo que echara en falta tanta comunicación cuando el teléfono móvil era objeto de distinción de unos pocos personajes. Ahora bien, aparte de gastarnos un dineral por un teléfono cada vez más grande y cada vez más potente, lo único que hemos conseguido es trabajar más, en el lugar de trabajo y fuera, dentro del horario de trabajo y fuera, mientras comemos, estamos con nuestros hijos, padres o pareja, durante los fines de semana y vacaciones, etc., en fin, más conectados que nunca, y más estresados que nunca.

Pero esto es justo lo que quieren. ¿Quiénes? Las industrias. Todas las industrias, de cualquier tipo. Las industrias se dedican a fabricar, pero no fabrican para abastecer la demanda, fabrican de más y luego generan necesidad de consumo. ¿Qué es una moda? Una moda surge con la sobreproducción o cúmulo de stock de un producto. Hay necesidad de generar necesidad para incentivar el consumo, así podrán vaciar el almacén y volver a fabricar la moda de la siguiente temporada.

Las industrias quieren activar tu Yang, es decir, no quieren que estés dormido, porque si no, no consumirías. Si te das cuenta, en una ciudad, concretamente un centro comercial, está repleto de elementos para estimular tu Yang: luces más y más brillantes, músicas más y más altas, sabores más y más fuertes, colores más y más llamativos, imágenes más y más impactantes, velocidades más y más rápidas, noticias más y más dramáticas, películas más y más provocativas, y por supuesto, el ciclo de vida de los productos, más y más corto. Es decir, el Yang tiene la capacidad de exteriorizar tus energías, y en su exceso, provoca estrés y agotamiento. ¡Ah! Y se me olvidaba, empequeñece tus bolsillos.

Por el contrario, ¿qué sucede cuando te acercas a la naturaleza? La naturaleza tiene la capacidad de interiorizar tus energías, ya sea el mar o la montaña, el bosque o la pradera, el lago o el campo de cultivo, te desconecta de las sobreestimulaciones, te tranquiliza la mente, te conciencia de tu propio ser interior, te llena de energía positiva. No hay mejor meditación que sentarse a la orilla de mar, sentir la suavidad de la arena, alcanzar la vista hasta el horizonte, dejarte hipnotizar por las olas, dejarte acariciar por el aire y ver el atardecer… Eso sí, he dicho que mires hacia el mar, porque si miras hacia el otro lado, de nuevo te toparás con el estimulante paseo marítimo lleno de tentaciones.

El buen médico es el que menos pacientes tiene

Me gustaría contaros otra historia inspiradora, la del considerado como mejor médico de la historia clásica de china y el «maestro de todos los médicos», Bian Que (401 A.C.), afamado por curar enfermedades gravísimas y salvarle la vida a moribundos.

Un día, el emperador del Reino Wei convocó a Bian Que y le preguntó «usted es considerado el mejor médico del mundo, ¿es cierto?», a lo que Bian Que contestó: «En mi familia somos tres hermanos y los tres somos médicos, sin embargo, el mejor médico es mi hermano mayor. Muy poca gente sabe de él. Se dedica a enseñar cómo llevar una vida saludable, qué tipos de alimentos le convienen, según qué personas y cómo hay que cocinarlos para prevenir las enfermedades típicas de cada estación del año, además de los ejercicios físicos que hay que realizar según la condición física para mantener los músculos y tendones fuertes y sanos. Mi hermano mediano también es mejor médico que yo, es capaz de diagnosticar y predecir cómo desarrollaría una enfermedad y puede curarla en su estado inicial con hierbas medicinales y acupuntura, antes de que se convierta en algo grave. Es querido y respectado por todo el poblado de la aldea. Mientras, yo, utilizo plantas tóxicas para curar las enfermedades avanzadas y graves y uso instrumentos para abrir la superficie del cuerpo de los pacientes para llegar directamente al foco de la enfermedad y así salvar la vida de personas moribundas. Por eso soy famoso por todo el mundo y considerado como el mejor médico, cosa que en realidad no soy».

¡Qué humildad y qué verdad! Y qué enseñanza para los médicos de generaciones posteriores, la misión de un médico no debería ser sólo curar los síntomas de las enfermedades sino también enseñarle al paciente porqué se ha enfermado y cómo a través de pequeños cambios de hábitos de la vida y de remedios naturales e inocuos, puede prevenirlos.

Resulta curioso, que hasta no hace tantos años, en los pueblos y aldeas remotas del mundo, siempre suele haber una persona con geniales habilidades de curar las enfermedades a través de métodos naturales y mantener a su poblado sano. Desde esta perspectiva, en la Medicina China Tradicional decimos «el mejor medico es el que menos paciente tiene».

Desgraciadamente, ese don y esa tradición, se está perdiendo poco a poco.

¿Qué es lo que está sucediendo actualmente? Los avances en la medicina de las últimas décadas eran inimaginables en los siglos anteriores. Estos avances están íntimamente relacionados con los tecnológicos en las pruebas diagnósticas e intervenciones quirúrgicas. Mientras las instalaciones hospitalarias son cada vez más grandes y modernas, el cuerpo de profesionales médicos, es cada vez más especializado.

Sin embargo, las enfermedades y el número de enfermos no ha disminuido; es más, cada vez aparecen más las llamadas «enfermedades modernas» que son causadas por el actual frenético estilo de vida, por la contaminación del medio ambiente, las sustancias químicas tóxicas resultados de residuos industriales; los nuevos agentes alérgenos que provocan alteraciones autoinmunes, la polución alimenticia por pesticidas, los metales pesados o los cultivos transgénicos. Los agentes cancerígenos están provocando más de 200 tipos de cáncer en humanos. Existen enfermedades metabólicas debido a la obesidad, los desórdenes alimenticios y la falta de ejercicios físicos, y enfermedades por el uso de drogas ilegales y también de drogas legales como el tabaco, alcohol y las muchas sustancias químicas para condimentar y conservar los alimentos. Hay enfermedades contagiosas víricas y bacterianas que, con el actual sistema moderno de transporte de personas, se propagan con muchísima más facilidad y se extienden en más amplias zonas geográficas; enfermedades degenerativas en las cuales una mayor esperanza de vida no es sinónimo de una mejor calidad de vida; enfermedades psicológicas y psiquiátricas; y todo eso, sin mencionar el número de muertes no naturales debido a accidentes de tráfico; accidentes industriales debido a fallos humanos; las violencias, guerras y atentados terroristas; desastres naturales provocados indirectamente por actividades humanas, etcétera.

¿Qué sucede cuando visitas a un médico? Al menos en España, en los hospitales y centros de salud de las grandes urbes, el médico de familia tiene que atender entre 40 a 50 pacientes de promedio en una mañana, eso son menos de 5 minutos por paciente, ¿es este tiempo suficiente para obtener información global de tu enfermedad y determinar un tratamiento adecuado?

Luego, según cada enfermedad, el médico de familia deriva al paciente a los especialistas. Los especialistas ordenan realizar pruebas diagnósticas, y no hablemos del tiempo que se tarda en conseguir las pruebas y los resultados. Si por casualidad, el especialista detecta señales de enfermedades de otro sistema de especialidad médica, derivará nuevamente a otro especialista y vuelve el ciclo de espera–diagnostico–espera–resultado–espera–tratamiento–espera–revisión.

En cuanto a la administración de medicamentos, para los procesos dolorosos, inflamatorios, febriles, degenerativos, migrañosos, etc., está la figura del archiconocido y omnipresente antiinflamatorio no esteroideo (AINE), por no nombrar su nombre comercial. Entonces, te pregunto, realmente ¿quién crees que te está curando? ¿El médico o la pastilla? ¿Cómo es posible que una misma pastilla, con la misma composición química, esté curando a millones de personas con enfermedades distintas y millones de variables?

Entonces, ¿realmente vivimos mejor que nuestras generaciones anteriores? Tengo mis dudas. Los avances de la medicina han permitido salvar millones de personas de enfermedades antes incurables, y los profesionales médicos continúan esforzándose y arrojando luces de esperanza para el tratamiento de nuevas enfermedades. No obstante, ¿basta con todos esto avances médicos para solucionar estos problemas? Es como el tráfico, cuando más carreteras se construyen, más coches habrán circulando, y el atasco de tráfico seguirá igual.

Conozco a médicos de familia y médicos especialistas, y como terapeuta, en mis consultas estoy en contacto con miles de pacientes, y tanto los médicos como los pacientes coinciden en que las cosas deben ser mejoradas. Ahora bien ¿cómo lo hacemos?

Antes, me gustaría citar un párrafo del Dao De Jing de Laotsé.

Saber que no sabes es auténtica sabiduría.

Presumir que se sabe es enfermedad.

Cuando uno se conoce a sí mismo.

Entonces recobrará la salud.

— DAO DE JING cap. 71

Como se explica en esta estrofa, tal vez la solución pasa por un mejor autoconocimiento, antes de apuntar los problemas hacia los demás, primero revisar internamente por qué se ha llegado a este punto y qué es lo que se puede mejorar para revertir la situación.

Si cada uno de nosotros tomáramos la conciencia de lo que somos, el auténtico potencial emergerá, muchas de las cosas cambiarán a mejor, la paz interior será la primera de todas ellas.

Aptitudes para ser un médico tradicional chino

En la profesión de médico, se pueden ver a muchas personas en un mismo día, personas aquejadas de dolencias que acuden a la consulta para recibir ayudas, tratamientos y consejos.

Para un médico tradicional chino, es un requisito no solo ser bueno profesionalmente hablando, sino que además se tienen que cumplir las siguientes aptitudes personales, es el «código deontológico» de la Medicina China Tradicional:

Humildad

La primera aptitud que debe de tener un médico tradicional chino es la humildad, porque es la única manera que le permite seguir aprendiendo y mejorando.

Una antigua frase china dice que «tres personas juntas, una será mi maestro». La humildad nos permite aprender de cualquier persona que se nos cruza en el camino de la vida. Cada uno de ellos nos enseñará algo y nos hace mejor.