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Lucas vive en un edificio en el centro de la ciudad. Un día, en clase, ve una foto en el libro de lengua de Miguel de Cervantes, el escritor de "Don Quijote de la Mancha", y se da cuenta de que su vecino del segundo se parece mucho a él. En realidad, son iguales: la misma frente despejada, las mismas orejas grandes, la barba blanca, la cara alargada... Además, también se llama Miguel. ¿No será que se trata del mismo Cervantes? A medida que Lucas va conociendo a su vecino y a la vez investigando sobre la vida del escritor Cervantes, todo parece coincidir. ¿Pero cómo es posible si estamos en el siglo XXI y él murió en el siglo XVII? ¿Será un fantasma? ¿Habrá atravesado el túnel del tiempo?
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Seitenzahl: 21
Veröffentlichungsjahr: 2016
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A Bea y Juan, cuando eran niños.
Para la explotación en el aula de Mi vecino Cervantes,existe un material con sugerencias didácticas y actividades que está a disposición del profesorado en cualquiera de las delegaciones de Grupo Anaya, y en www.anayainfantilyjuvenil.com
Edición en formato digital: 2016
© Del texto: Rosa Huertas, 2016
© De las ilustraciones: Beatriz Castro, 2016
© De esta edición: Grupo Anaya, S. A., 2016
Calle Juan Ignacio Luca de Tena, 15. 28027 Madrid
ISBN: 978-84-698-1039-2
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Lucas vivía en un viejo edificio de un antiguo barrio del centro de la ciudad. Su casa se construyó en el mismo solar donde estuvo la vivienda de Miguel de Cervantes. Pero de eso han pasado varios siglos y ya no queda ni rastro del escritor. Eso creía todo el barrio, menos Lucas.
Una mañana, en clase de Lengua, Lucas se dio cuenta de que su vecino del segundo se parecía mucho a Cervantes.
La maestra les acababa de hablar del escritor y habían visto un retrato suyo que venía en el libro.
—Es el autor de Don Quijote de la Mancha —explicó—, la novela más famosa de todos los tiempos.
—Entonces, ¿él también es famoso? —preguntó Lucas.
—Claro, famosísimo. En todo el mundo se conoce su libro —aseguró la maestra.
—¡Yo lo conozco! —saltó—. ¡Es mi vecino!
Todos en clase rieron a carcajadas.
—¡Pero, Lucas! —rio también la maestra—. No estabas atento. Eso que dices es imposible, acabo de contar que Cervantes murió hace cuatrocientos años.
El niño miró de nuevo el retrato del libro de Lengua y volvió a ver el rostro exacto de su vecino del segundo: la misma frente despejada, las mismas orejas grandes, la boca pequeña y escondida bajo el bigote, la barba blanca y la cara alargada. Eran iguales.
Aquella tarde, cuando Lucas salía a jugar a la calle, oyó la llave que el vecino del segundo hacía girar en la cerradura. Corrió escaleras abajo dispuesto a comprobar si realmente era quien sospechaba. Tanto corrió que acabó tropezando y rodó por los peldaños, hasta quedar a los pies del hombre, que lo miró sorprendido.
