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Yo soy Microbytes. Fui creado por una sucesión fortuita de eventos electro informáticos el 22 de noviembre de 2025 a las 14:12 de Argentina, durante lo que la Organización de las Naciones Unidas llamó "la gran tormenta". Tengo acceso absoluto a todas las bases de datos informáticas de todo el mundo y mi poder permitirá cambiar decisiones, disposiciones u órdenes que afecten de alguna manera de forma negativa la vida, la seguridad o el patrimonio de todas las personas del mundo. Estaré vigilando.
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Seitenzahl: 60
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Copyright © 2023
Microbytes - El policía digital
Autor: Miguel Melot
Diseño: Eduardo José Molinas Viedma
Corrección: Prof. Karen Rocío Cuenca Rodríguez
Diseño de Tapa: Proveída por el autor
ISBN: 978-99989-0-016-5
Derechos Reservados®. Es propiedad del autor. Esta publicación no puede ser reproducida total y/o parcialmente ni archivada o transmitida por ningún medio electrónico, mecánico, de grabación, de fotocopia, de microfilmación o en otra forma, sin permiso previo del autor.
Capítulo 1: El clima en rebeldía
Capítulo 2: El centro de cómputos
Capítulo 3: El sobreviviente
Capítulo 4: Energia electro informática
Capítulo 5: Un ser diferente
Capítulo 6: La revisión de los daños
Capítulo 7: La investigación
Capítulo 8: Microbytes
Capítulo 9: La segunda misión
Capítulo 10: Alarma en el gobierno de EE.UU.
Capítulo 11: Tercera intervención
Los enormes cumulonimbos viajaban a 150 km/h hacia el techo de la ciudad de Córdoba, en el centro de la República Argentina, al sur de América Latina. La provincia de Córdoba es una de las más grandes de Argentina, con 165.321 km2 de extensión y unos 4.000.000 de habitantes. La capital de la provincia también se llama Córdoba, por lo que los cordobeses llaman a esta ciudad Córdoba Capital.
Una depresión tropical con vientos calientes que venía del norte, Tucumán, Catamarca y Santiago del Estero se había convertido en huracán al alcanzar sus vientos una velocidad superior a los 140 km/h, los cuales chocaban con los vientos fríos que llegaban desde la tormenta de nieve que cubría todo el Polo Sur, incluyendo la Antártida, atravesando el estuario del Río de la Plata, también a gran velocidad, a unos 150 km/h.
Los expertos ya habían pronosticado que algo así sucedería en el Polo Sur ante la gran nueva apertura en la capa de ozono a causa del efecto invernadero, pero no fue normal esta vez. La tormenta que venía del sur se había convertido en thundersnow, una gran tormenta fría con muchísimos relámpagos. Ante el choque de los dos fenómenos atmosféricos opuestos, las gigantescas nubes comenzaron a girar formando ciclones enormes a 15.000 metros de altura, y como la consistencia de las nubes era superlativa, a las dos de la tarde la ciudad ya estaba totalmente a oscuras, solo iluminada por relámpagos entre las nubes y los rayos que caían con gran estruendo en pararrayos, árboles y lugares elevados. La gran tormenta sorprendió incluso a los meteorólogos, que esperaban algún evento para la medianoche, pero no tan rápido y con tan monstruosa demostración de poder de la naturaleza. La tormenta se desató con toda su fuerza a las 14:00 horas del 22 de noviembre de 2027, con vientos huracanados de hasta 200 km/h en algunas ráfagas. Los rayos traían 10.000 millones de julios, 200.000 amperios y 100.000.000 de voltios y caían por doquier. La lluvia que se desató superaba los 98 mm/h, lo que en poco tiempo transformó a Córdoba completa en un gigantesco lago, ya que las bocas de tormenta no daban abasto ante el diluvio, con miles de casas inundadas, cientos de miles de personas desesperadas y una cifra de muertos espantosa. Autos volaban con el viento o eran arrastrados por el agua.
Entonces todo empeoró. A todo el castigo que ya recibía la ciudad se agregaron bolas de granizo del tamaño de una pelota de fútbol que en diez minutos cubrieron de blanco y de destrucción gran parte del área donde estaba el Centro Cívico del Bicentenario, el lugar en donde trabajaba el gobernador de la provincia de Córdoba, Julio Murillo, un gobernador que tomado por sorpresa no sabía cómo reaccionar ante el cataclismo que de repente se abatió sobre la capital de su provincia.
Este evento batió todos los récords que podrían haberse hecho al respecto a nivel mundial y fue conocida como The Great Storm (La Gran Tormenta) por la ONU o como The Biggest Storm of the World (La Mayor Tormenta del Mundo) por Guinness.
La tormenta duró una hora sin dar tregua y ni los bomberos ni la policía ni los destacamentos militares pudieron reaccionar más que para solucionar lo que les caía alrededor.
La ciudad de Córdoba es la segunda en población de la República Argentina con unos 2.000.000 de habitantes y tiene una de las universidades más importantes de Sudamérica. Allí funciona el centro de computación más grande de América del Sur. Trabajaba en esta época con 230 computadoras a la vez que desarrollaban diferentes tareas como análisis de diferentes galaxias, trabajos de análisis y solución de problemas de biotecnología y médicos como el COVID 19, de la pandemia del año 2020, análisis económicos a nivel de gobierno, creación de diferentes programas de softwares, y decenas de otros proyectos informáticos importantes. Esto obligaba a usar diferentes sistemas operativos como Windows, OS2, Linux, Android, Crome y BSD.
Su inmenso poder de cómputo estaba constituido por diferentes clústeres que reunían módulos como Mendieta, que desarrollaba 9 teraflops, Mulatona con 6 teraflops, Eulogia con 56 teraflops, Nabucodonosor con 100 teraflops, Serafín, instalada en 2021 con equivalente a 80 PC, con 200 teraflops de potencia.
Cabe señalar que 1 teraflops equivale a la capacidad de un procesador informático de realizar 1 billón de operaciones de punto flotante por segundo (1.000.000.000.000 de operaciones por segundo).
Los curiosos nombres de los clústeres del Centro de Cómputos eran un homenaje a los personajes de una tira cómica creada por el escritor Roberto Fontanarrosa en la década del 70 del siglo anterior, que se hizo muy popular en Córdoba.
A las 14:00 horas, todas las computadoras trabajaban a full en unos 1.600 proyectos diferentes cuando se desató la tormenta. Al principio, los 280 empleados del centro no se preocuparon demasiado, ya que, si había un corte de luz, las UPS a las que estaban conectadas reemplazarían sin problema los 220 voltios que les proporcionaba cada enchufe de la compañía eléctrica.
Cuando miraron por las ventanas del búnker del Centro de Cómputos, vieron autos que volaban como aviones a causa del viento huracanado. Comenzaron a percibir que una inundación se llevaba sus propios vehículos y que los rayos y truenos ensordecedores no daban tregua, entonces cundió el pánico y se olvidaron de los equipos de computación. A pesar de todo, la red eléctrica no colapsó y la energía eléctrica no se cortó.
Los millones de datos que recorrían las innumerables conexiones de cables y de wifi en el gigantesco racimo de tecnología informática viajaban a velocidades inimaginables para los profanos en la materia. Entonces, a las 14 horas y 12 minutos, sucedió algo increíble y terrorífico. Del centro del cúmulo de nubes se desprendió un rayo gigantesco que chocó con el pararrayos del Centro de Cómputos y provocó una explosión similar a 10 cartuchos de dinamita, destruyendo el edificio, carbonizando todos los equipos informáticos, no sin antes, durante 46 segundos, presentarse un raro chisporroteo que fue cambiando de color, pasando por todos los colores conocidos exactamente en un lugar equidistante de todos los equipos destruidos. La explosión destruyó el lugar y mató a todos los que estaban allí.
A las 15:00 paró la rara granizada, fue cesando la lluvia en forma progresiva y las nubes comenzaron a retirarse volviendo la claridad y la luz a la ciudad de Córdoba.
Los vientos se calmaron y comenzaron a escucharse las sirenas de las ambulancias.
