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En este libro se propone aprehender el fenómeno migratorio y sus trasformaciones en el actual sistema internacional, y afianzar la complejidad de las migraciones, teniendo en cuenta las complejidades del proceso de movilidad humana desde una perspectiva teórica, empírica y comparada. Esta postura permite a las autoras y los autores de los capítulos del libro abordar distintos temas relacionados con los flujos migratorios y la integración social, económica, política y cultural; las migraciones y las políticas migratorias; el derecho migratorio y el acceso a derechos, y la situación de los niños, niñas y adolescentes migrantes y refugiados. Así mismo, el contenido del libro se posiciona como una excelente herramienta de conocimiento de distintas dimensiones del fenómeno migratorio para el gran público, la academia, las maestras y maestros, las investigadoras e investigadores con interés en la problemática de las migraciones internas e internacionales.
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Seitenzahl: 559
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Migraciones y políticas migratorias: paradojas y tensiones
coleccióncoyuntura
Migraciones y políticas migratorias: paradojas y tensiones
Maguemati Wabgou (compilador y editor)
Instituto de Investigación Sociojurídica
“Gerardo Molina” - Unijus
Bogotá D. C., 2023
Catalogación en la publicación Universidad Nacional de Colombia
Migraciones y políticas migratorias : paradojas y tensiones / Maguemati Wabgou (compilador y editor). -- Primera edición. -- Bogotá : Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales. Vicedecanatura de Investigación y Extensión. Instituto de Investigación Sociojurídica “Gerardo Molina” (Unijus), 2023
ilustraciones (principalmente a color), diagramas, mapas. –
(Colección Coyuntura. Política ; 12)
Incluye referencias bibliográficas al final de cada parte y de cada capítulo ISBN 978-958-505-195-9 (impreso). – ISBN 978-958-505-197-3 (e-book). – ISBN 978-958-505-196-6 (impresión bajo demanda)
1. Emigración e inmigración -- Política gubernamental -- Conferencias 2. Emigración e inmigración -- Derecho y legislación -- Conferencias 3. Menores emigrantes -- Conferencias 4. Política de migración -- Congresos, conferencias, etc. 5. Integración económica -- Congresos, conferencias, etc. 6. Política social -- Congresos, conferencias, etc.7. Desplazamiento forzado -- Congresos, conferencias, etc. I. Wabgou, Maguemati, 1968-, compilador, editor II. Roll Vélez, David Alberto, 1964-, compilador, editor III. Congreso de Migraciones Internacionales: “Migraciones y políticas migratorias: paradojas y tensiones” (3º : 2019 : Bogotá), IV. Serie
CDD-23 325.861 / 2023
Migraciones y políticas migratorias: paradojas y tensiones
Colección Coyuntura
© Universidad Nacional de Colombia - Sede Bogotá
© Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales
© Vicedecanatura de Investigación y Extensión
© Instituto de Investigación Sociojurídica “Gerardo Molina” - Unijus
© Maguemati Wabgou, compilador y editor
Primera edición, 2023
ISBN (impreso): 978-958-505-195-9
ISBN (IBD): 978-958-505-196-6
ISBN (digital): 978-958-505-197-3
Dolly Montoya Castaño
Rectora de la Universidad Nacional de Colombia
Hernando Torres Corredor
Decano de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales
Alejo Vargas Velásquez
Vicedecano de Investigación y Extensión
Preparación editorial
Instituto de Investigación Sociojurídica “Gerardo Molina” - Unijus
Alejo Vargas Velásquez
Director Unijus
Hernando Sierra Castillo
Coordinador editorial
Ana María Jaimes Martínez
Asistente coordinación editorial
Juan Sebastián Bazzani Delgado
Finalizador de archivos
Sandra Milena Méndez Niño
Asistente administrativa en procesos editoriales
Luis Miguel Solórzano
Asesor administrativo y financiero
Christian Camilo Rodríguez Rodríguez
Corrector de estilo
María Victoria Mora
Diagramadora
Carolina Bedoya Gómez
Imagen de cubierta
Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales.
Conversión ePub: Lápiz Blanco S.A.S.
Hecho en Colombia
Made in Colombia
Contenido
Presentación
Maguemati Wabgou
Primera parte Políticas migratorias
Capítulo 1 El Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular: camino hacia un contrato social internacional
Lorenzo Cachón Rodríguez
Contexto en el que se aprueba el Pacto Mundial para la Migración
El proceso de la elaboración del Pacto Mundial para la Migración
La formulación del Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular
La aprobación del Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular
El Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular
Un avance de la valoración del Pacto Mundial para la Migración
La tarea de nuestra generación
Referencias
Capítulo 2 Gestión de políticas públicas migratorias en la ciudad de Pereira (Colombia) durante el periodo 2015-2019
Gonzaga Castro Arboleda y Moisés García Higinio
Introducción
Enunciado y marco contextual
Marco Normativo
Objetivos
Justificación
Metodología
Desarrollo de la estrategia metodológica
Sistematización y análisis de la información
Conclusiones
Recomendaciones
Referencias
Capítulo 3 Políticas de retorno de las víctimas en el exterior y construcción de paz en Colombia
Paul de Ryck
Introducción
Aclaraciones alrededor del concepto de retorno en un contexto de posconflicto
Las políticas de retorno en el marco de la construcción de paz
Interdependencias de la construcción de paz y del retorno de las víctimas en el exterior en Colombia
Conclusiones
Referencias
Capítulo 4 Política social migratoria: ¿una respuesta a la vulneración de los derechos de mujeres, niños y niñas inmigrantes en la frontera?
Magali Alba Niño y Yazmín Villamizar Niño
Introducción
Política social migratoria en Colombia
Vulneración de los derechos de mujeres inmigrantes de frontera
Vulneración de los derechos de niñez inmigrantes
Metodología
Resultados
Infancia en frontera
Retos y desafíos en la política social
Referencias
Segunda parte Integración económica, política y social
Capítulo 5 La migración colombiana en Paterson (Nueva Jersey) y el mercado laboral indocumentado: observación participante de un espacio de trabajo
Sebastián González Aguilera
Instrucciones para ser un trabajador indocumentado: inserción al mercado laboral
De Sebastián a Anthony
División racial del trabajo, proceso y control del trabajo
Control del trabajo: la disciplina del grito y el mandato de productividad
Referencias
Capítulo 6 Las calles del hambre en Quito (Ecuador): un estudio sobre la reciente migración venezolana
Irenia Gámez, Julián García y Nina Osorio
Introducción
Sección metodológica
Debates sobre la migración y el mercado laboral
Orígenes de la inserción laboral de las y los migrantes: redes y capital social
Prácticas transnacionales y género
Reflexiones finales
Referencias
Capítulo 7 “Mujer: diáspora y retorno”: una experiencia de acompañamiento psicosocial en Bogotá y Medellín
Alejandra Giraldo Barrera y Andrea Almario Parra
Introducción
El concepto diáspora y la experiencia de retorno de las mujeres participantes
Hacia el surgimiento de una metodología innovadora
La importancia de un acompañamiento psicosocial
Principales aportes del proceso investigativo
Conclusión
Referencias
Tercera parte Derecho migratorio y acceso a derechos
Capítulo 8 Frontera rural del Catatumbo y frontera urbana de Cúcuta: un ejercicio comparativo en el marco de la migración venezolana
Daniel Vargas Olarte y Maguemati Wabgou
Introducción
Frontera rural
Frontera urbana
Conclusiones
Referencias
Capítulo 9 Migración colombiana en Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos: una apuesta para la movilidad social
David Roll
Introducción
Metodología
Resultados de la investigación
Algunas consideraciones a modo de cierre
Referencias
Capítulo 10 Desplazamiento forzado de los rohingyá hacia el campo de refugiados de Kutupalong: un análisis a partir del enfoque de derechos humanos, apatridia y refugiados
Angie Daniela Barrera García
Introducción
Recuento histórico: antecedentes y actualidad de la cuestión étnica
Bangladés: un abordaje migratorio desde las instituciones
Aproximaciones analíticas: enfoque de derechos humanos, apatridia y refugiados
Conclusiones
Referencias
Cuarta parte Infancias migrantes
Capítulo 11 Citizen Outsider: Children of North African Immigrants in France
Jean Beaman
Introduction
Background
Cultural citizenship and race and racism in France
Contexts of cultural citizenship
State violence in France
Conclusion
References
Capítulo 12 Niñez migrante y protección de la unidad familiar en Colombia
Stephanie López Villamil, Laura Catalina Barriga Durán y Carolina Rodríguez Lizarralde
Introducción
El derecho a la unidad familiar y sus implicaciones
Conclusiones y recomendaciones
Referencias
Capítulo 13 Caracterización sociodemográfica de niños, niñas y adolescentes venezolanos en los colegios oficiales de Bogotá para el 2019: propuestas para la inclusión y la prevención de la xenofobia desde la educación
Sebastián Bonilla García
Introducción
Marco normativo para la atención de la población migrante
Caracterización sociodemográfica
Propuesta institucional para garantizar la inclusión y combatir y prevenir la xenofobia en el ambiente escolar oficial
Problemáticas y retos para la efectiva inclusión
Recomendaciones
Referencias
Autores
Presentación
Maguemati Wabgou
CADA VEZ ASISTIMOS MÁS a grandes transformaciones que ocurren en el campo de las migraciones internacionales. La aprehensión de este fenómeno migratorio y sus cambios es lo que se propuso en el III Congreso de Migraciones Internacionales: “Migraciones y políticas migratorias: paradojas y tensiones”, organizado por el grupo Migraciones y Desplazamientos (M&D) entre el 27 y el 29 de noviembre de 2019 en el Auditorio Camilo Torres de la Facultad de Derecho Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá. Se afianzó, pues, la complejidad de las migraciones y los desplazamientos, teniendo en cuenta las complejidades del proceso de movilidad humana desde una perspectiva teórica, empírica y comparada: flujos migratorios; integración social, económica, política y cultural; políticas migratorias; derecho migratorio y acceso a derechos, e infancias migrantes.
En este contexto, se reunieron académicos, profesores, investigadores, estudiantes, funcionarios, líderes organizativos y demás actores sociales interesados en las migraciones internacionales y los desplazamientos forzados, entre otras temáticas afines. Los participantes, tanto ponentes como asistentes, procedían del ámbito nacional e internacional, y buscaron crear debates nutridos y reflexiones interesantes acerca de la temática definida.
De los veintinueve trabajos presentados en el congreso y las dos ponencias magistrales, se seleccionaron doce con base en su significado y pertinencia en términos investigativos, cuya compilación está plasmada en este libro. Así, desde el grupo de investigación M&D, estamos entregando, tanto a las personas interesadas en la temática de las migraciones internacionales como al conjunto de la comunidad académica colombiana, un libro que expone los últimos cambios del fenómeno migratorio. Los aportes investigativos de los trabajos sobre hechos sociales, muy significativos en el campo de los estudios sobre migraciones, nos motivaron a agregar un capítulo que aborda las migraciones colombianas en los Emiratos Árabes y Arabia Saudita, lo que aumenta el número de capítulos de este libro a trece.
Este libro presenta, entonces, trece trabajos organizados en cuatro partes, según ejes temáticos bien definidos. La primera parte incluye cuatro capítulos relacionados con las políticas migratorias. El capítulo uno, cuya autoría es de Lorenzo Cachón, hace un análisis crítico del Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, con énfasis en la génesis y el contenido de este. Así, demuestra que se ha logrado entablar la conversación en torno a puntos comunes del fenómeno migratorio internacional, construir consensos y firmar las bases de ese contrato social internacional sobre las migraciones entre la gran mayoría de los países del norte y del sur. Asimismo, el autor analiza tres argumentos que sirven para entender el contexto en que se aprueba el Pacto. El primero, que es ideológico, contrasta el cosmopolitismo y el nacionalismo, esto es, entre los derechos humanos y la xenofobia. El segundo pone en discusión el posicionamiento acerca de las migraciones internacionales como un asunto exclusivo de los Estados soberanos y la consideración según la cual los flujos migratorios solo se arreglan con cooperación internacional. El tercero y último se desarrolla en torno a la necesidad de entablar conversaciones norte-sur distintas de las tradicionales sobre las migraciones, teniendo en cuenta que hoy en día todos los países —con algunas diferencias o especificidades— son países de inmigración, de emigración y de tránsito.
En el capítulo dos, de Gonzaga Castro Arboleda y Moisés García Higinio, se analiza la gestión de políticas públicas migratorias en la ciudad de Pereira (Colombia) durante el periodo 2015-2019, teniendo en cuenta el incremento del fenómeno migratorio venezolano en la ciudad y la necesidad de revisión de la legislación vigente. Por lo tanto, se busca identificar las dificultades surgidas de la implementación de dicha legislación con el fin de facilitar la formulación de unas rutas adecuadas de atención en salud para la solución de problemáticas específicas relacionadas.
A continuación, el capítulo tres presenta un texto de Paul de Ryck sobre las políticas de retorno de las víctimas en el exterior, en el marco de la construcción de paz en Colombia. Se observa que la cuestión del retorno de las víctimas del conflicto colombiano radicadas en el exterior se ha acrecentado a lo largo de los últimos años. Sin embargo, la difícil implementación del Acuerdo de Paz no ha creado hasta ahora condiciones idóneas de seguridad para el retorno de las víctimas en el exterior. De igual manera, el acompañamiento escaso del Estado para facilitar su reintegración socioeconómica en la sociedad reforzó su vulnerabilidad. Urge, pues, la elaboración de una política de retorno que facilite el regreso de las víctimas en el exterior en condiciones seguras y dignas. Dicha política debería estar íntimamente vinculada con la construcción de una paz duradera, así como con la inclusión de las víctimas en los procesos de su formulación.
La primera parte finaliza con el capítulo cuatro del libro, que lleva el título “Política Social Migratoria: ¿una respuesta a la vulneración de los derechos de mujeres, niños y niñas inmigrantes en frontera?”. Este es un texto que nos ofrecen Magali Alba Niño y Yazmín Villamizar Niño, que tienen como objetivo evidenciar los diferentes riesgos que enfrentan los migrantes y que experimenta la movilidad humana. Desde allí, se van creando otros nexos que generan el caldo de cultivo de las dinámicas de violencia existentes en el contexto fronterizo (Norte de Santander) contra el sujeto migrante venezolano en tránsito y empobrecido. El caso que se referencia en este texto es el flujo migratorio a Colombia proveniente de Venezuela, aunque en algunos momentos se abordó la situación de los deportados y repatriados. Asimismo, se evidencian los vacíos existentes en las políticas y programas sobre la protección al migrante y las pocas acciones de prevención y atención sin rutas claras, esto es, las carencias, las limitaciones y las incongruencias de las políticas públicas y la política social dirigida a la población migrante en el Norte de Santander. Esto devela las graves violaciones de los derechos humanos que se presentan en la esfera de las migraciones venezolanas en el departamento del Norte de Santander.
La segunda parte del libro incluye tres trabajos relacionados con la temática de la integración social, económica y política, que se organizan en capítulos de la siguiente forma.
El capítulo cinco presenta la situación de la migración colombiana en el mercado laboral indocumentado de Paterson. Al respecto, Sebastián González Aguilera parte de la pregunta sobre cómo se da el ingreso de los migrantes indocumentados colombianos al mercado de trabajo de las cadenas de logística del norte de Nueva Jersey. A partir de un trabajo de campo, el autor hace una descripción llamativa del recorrido de los inmigrantes colombianos para ingresar al mercado laboral en medio de los mecanismos del control del trabajo y de la subcontratación.
En este mismo orden de ideas, Irenia Gámez, Julián García y Nina Osorio nos brindan el capítulo seis del libro, que trata de la situación de los migrantes venezolanos en las calles de Quito (Ecuador) y sus procesos de inserción al mercado laboral. El trabajo asume la inserción laboral de la población migrante como un complejo proceso social donde operan al mismo tiempo mecanismos del mercado de trabajo y redes sociales basadas en el parentesco, la amistad, la clase o el paisanazgo, así como el clivaje de género, los cuales dan lugar a numerosas situaciones de desigualdad y conflicto. Esta multidimensionalidad y la imbricación de factores económicos, institucionales y sociales se conjugan en el mercado laboral desregulado y precarizado del Ecuador para operar en los procesos de inserción al mercado laboral de la población migrante venezolana en Quito. Se demuestra que hombres y mujeres venezolanos y migrantes en las calles de la ciudad construyen redes de apoyo mediante el parentesco, la amistad o el paisanazgo para facilitar su inserción laboral, que pasa por los oficios más informales hasta los menos precarios, dependiendo del capital social y económico de las personas y su capacidad para sortear las dificultades del mercado laboral informal urbano mediante la creación de repertorios de acción.
Se cierra la segunda parte del libro con el capítulo siete, que es una entrega de Alejandra Giraldo Barrera y Andrea Almario Parra. El texto analiza la situación del retorno de las mujeres de la diáspora colombiana a Bogotá y Medellín, a partir de una experiencia de acompañamiento psicosocial. De esta manera, se ha podido demostrar que, a través de este tipo de acompañamiento, se puede comprender la forma como este grupo de mujeres que hacen parte de la red Mujer: Diáspora y Retorno en las ciudades de Medellín y Bogotá, se ha visto empoderado social y laboralmente, a pesar de haber sido impactado negativamente por rezagos psicosociales derivados de los procesos de migración y retorno.
La tercera parte del libro abarca tres capítulos que abordan la problemática del derecho migratorio y el acceso a derechos por parte de los migrantes. El capítulo ocho, cuya autoría pertenece a Daniel Vargas Olarte y Maguemati Wabgou, es un ejercicio analítico y comparativo sobre el comportamiento de la frontera rural del Catatumbo y la frontera urbana de Cúcuta ante el fenómeno migratorio venezolano. Se evidencia que la frontera del Catatumbo presenta prácticas propias por efecto del conflicto armado, la economía rural basada en la producción agrícola y la informalidad de sus pasos fronterizos, lo que facilita la llegada de migrantes venezolanos. En contraste, la frontera de Cúcuta se inserta en la lógica del capitalismo mercantil, con una exportación industrial y una oferta local de servicios que, entre otros, son utilizados por los migrantes venezolanos. Asimismo, el capítulo profundiza en las diferencias de la reacción de ambas fronteras ante las olas migratorias venezolanas: por un lado, se evidencia que los limitados controles migratorios por parte de las autoridades colombianas en áreas donde los grupos armados manejan los cruces irregulares atraen a muchos de ellos al Catatumbo; por otro, la presión ejercida por los retos de la integración de los inmigrantes venezolanos en Cúcuta y el cierre de la frontera con Venezuela con efectos negativos en la balanza comercial son realidades ligadas a las dinámicas migratorias que contribuyen a producir significativos cambios sociales en la ciudad.
A continuación, el capítulo nueve se interesa en la migración colombiana en Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, al considerarla como una apuesta para la movilidad social. Su autor, David Roll, hace una incursión investigativa en la emigración-inmigración de un grupo de nacionales de Colombia, considerada como una segunda etapa de su movilidad social, y se centra en un grupo de egresados de la Universidad Nacional de Colombia que ha emigrado a los Emiratos Árabes o a Arabia Saudita, dos países árabes que destacan por sus riquezas petrolíferas y su fulminante desarrollo económico. Se precisa que este ejercicio investigativo hace parte de un estudio más amplio, desarrollado durante varios años, que engloba distintos países de destino de las migraciones colombianas, y para el cual el investigador ha salido al encuentro del inmigrante. Esta inmigración colombiana se sitúa en un contexto más amplio de la diversificación de las orientaciones de los flujos migratorios de origen colombiano. En medio de esta diversificación, se posicionan varios países ricos con tradición o cultura árabe o musulmana como lugar de destino de los flujos migratorios colombianos, de los cuales destacan los Emiratos Árabes y Arabia Saudita. Sus historias de vida revelan experiencias de una nueva etapa (o un salto) en su movilidad social tras su emigración a ambos países árabes, lo que implica un ascenso socioeconómico, es decir, una mejoría socioeconómica significativa. Consideran los migrantes que la primera movilidad social que experimentaron fue cuando lograron acceder, permanecer y graduarse en la Universidad Nacional de Colombia. Sin embargo, el análisis indica que, aunque dicha inmigración en los Emiratos Árabes y Arabia Saudita destaca inicialmente por su carácter temporal y se vive de una manera positiva, también debe ser acompañada de una serie de políticas públicas para que haya mayor éxito y menos riesgos para dichos migrantes o para los candidatos a esta migración.
El capítulo diez cierra la tercera parte del libro. Se trata del trabajo de Angie Daniela Barrera García sobre el fenómeno del desplazamiento forzado de los rohingyá en Birmania. A partir de un enfoque sobre los derechos humanos, la apatridia y los refugiados, la autora estudia el desplazamiento de los rohingyá desde Rakáin (Birmania) al campo de refugiados de Kutupalong (Bangladés) mediante un recorrido histórico que tiene su inicio formal en 1982, cuando la dictadura birmana promulgó la ley de ciudadanía birmana, que eliminó el derecho a la nacionalidad de los rohingyá. Asimismo, describe las tres oleadas de migración masiva registrada en este escenario: la primera, de 1974-1982; la segunda, de 1991-1992, que coincide con la creación del campo de refugiados, y la tercera, que va desde 2012 hasta la actualidad. Se evidencia un ambiente de tensión política y conflicto que favorece el desplazamiento forzado de los rohingyá y que dificulta un acuerdo político que garantice una política migratoria defensora de los derechos humanos que promulgue la nacionalidad de los rohingyá apátridas. El análisis concluye la insostenibilidad de este contexto sociopolítico de migraciones forzadas de los rohingyá, que requiere mayores acciones políticas a favor de la integración étnica de los rohingyá al Estado birmano.
Por último, la cuarta parte del presente libro ofrece tres trabajos sobre las infancias migrantes. El primer texto es el capítulo once, producto de investigación sobre los niños oriundos del África del Norte que migran hacia Francia. Su autora, Jean Beaman, presenta su texto “Citizen Outsider: Children of North African Immigrants in France”, en el que busca comprender las diferentes formas en que las personas permanecen al margen de la sociedad en general y lo que esto revela acerca de cómo la raza y la etnia operan en la práctica. El documento deriva de los resultados de un trabajo de investigación etnográfica que incluye entrevistas semiestructuradas con 45 niños y adultos inmigrantes de clase media con ascendencia norteafricana y residentes en la región metropolitana de París (Francia). Se muestran las formas como se niega la ciudadanía cultural a la segunda generación de migrantes, al tener acceso muy limitado al trabajo, por ejemplo. Sin duda, esa situación es uno de los aspectos de las prácticas cotidianas de exclusión que revelan cómo la raza y la etnia son “categorías maestras” que dan forma a los límites de la inclusión y la exclusión en una sociedad aparentemente ciega a la raza o al color como la sociedad parisina o francesa.
Stephanie López Villamil, Laura Catalina Barriga Durán y Carolina Rodríguez Lizarralde presentan en el capítulo doce un trabajo sobre la niñez migrante y el derecho a la unidad familiar en Colombia. Este texto pretende ahondar en la doctrina internacional sobre la protección de la unidad familiar, partiendo de la jurisprudencia colombiana sobre la protección de la unidad familiar y de un análisis juicioso de los pronunciamientos de la Corte Constitucional y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Asimismo, se logra presentar una idea de la posición que se adopta en Colombia acerca de la problemática derivada del fenómeno de la migración de los niños, niñas y adolescentes y el derecho a la unidad familiar en Colombia.
El capítulo trece del libro, el último, es una entrega de Sebastián Bonilla García, que caracteriza de forma sociodemográfica los niños, las niñas y los adolescentes venezolanos en los colegios oficiales de Bogotá, con la pretensión de aportar propuestas para la inclusión y la prevención de la xenofobia desde la educación. Asimismo, este trabajo logra conectarse magníficamente con el capítulo uno del presente libro, pues considera que la educación se convierte en el espacio para crear herramientas que permitan dar cumplimiento al objetivo 16 del Pacto Mundial por una Migración Segura y Ordenada, según el cual es necesario “empoderar a los migrantes y las sociedades para lograr la plena inclusión y la cohesión social”. En este orden de ideas, los colegios oficiales de Bogotá con presencia de niños, niñas y adolescentes venezolanos deben establecerse no solo como garantes del derecho a la educación sino como articuladores e informadores institucionales para garantizar e impulsar la creación de nuevas capacidades en estos migrantes con el fin de que puedan acceder a mejores oportunidades de vida.
Primera parte
Políticas migratorias
Capítulo 1 El Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular: camino hacia un contrato social internacional
Lorenzo Cachón Rodríguez*
EL OBJETO DE ESTE capítulo es analizar el Pacto para la Migración Segura, Ordenada y Regular, su gestación y su contenido. Haré también una breve valoración de acuerdo con lo que hemos señalado en un reciente libro (Cachón y Aysa-Lastra, 2019).
He subtitulado esta intervención como “camino a un contrato social internacional” porque creo realmente que el Pacto proporciona las bases para lo que Rousseau primero y luego Kant llamaron un contrato social. Se ha logrado por primera vez aprobar un Pacto mundial en el campo de las migraciones. Esto, que es tan insólito, se ha producido en unos contextos que lo hacían muy improbable.
El Pacto para la Migración Segura, Ordenada y Regular se aprobó en Marrakech, Marruecos, el 10 de diciembre de 2018, en el 70.º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Unos días después, se produjo su aprobación formal en la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Permítanme que comience recordando unas ideas básicas de Kant, que guían la filosofía de nuestra interpretación del Pacto. Estas provienen de La paz perpetua, un breve ensayo que Kant escribió a finales del siglo XVIII y que, sin embargo, hoy se sigue leyendo como un libro de actualidad, porque lo es:
La comunidad […] que ha ido estableciéndose entre todos los pueblos de la tierra ha llegado hasta el punto de que una violación del derecho, cometida en un sitio, repercute en todos los demás; de aquí se infiere que la idea de un derecho de ciudadanía mundial no es una fantasía jurídica […].
La Naturaleza garantiza la paz perpetua […] [pero] esa garantía no es bastante para poder vaticinar con teórica seguridad el porvenir; pero en sentido práctico, moral, es suficiente para obligarnos a trabajar todos por conseguir ese fin, que no una mera ilusión […].
Si es un deber, y al mismo tiempo una esperanza, el que contribuyamos todos a realizar un estado de derecho público universal, aunque sólo sea en aproximación progresiva, la idea de la ‘paz perpetua’ […] no es una fantasía vana, sino un problema que hay que ir resolviendo poco a poco, acercándonos con la mayor rapidez al fin apetecido, ya que el movimiento del progreso ha de ser, en lo futuro, más rápido y eficaz que en el pasado. (Kant, 1964)
Estas tres ideas van a guiar mi interpretación de qué es y a dónde nos lleva el Pacto, de dónde venimos y a dónde nos puede ayudar a llegar.
¿Cuál era la situación previa? La gobernanza de las migraciones internacionales era un agujero negro. Después de la Segunda Guerra Mundial y tras la constitución de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de la Declaración Universal de Derechos Humanos, se han ido estableciendo diferentes mecanismos para regular aspectos relevantes de la vida internacional. Aunque se pueden considerar perfectibles, estas intervenciones han contribuido a mejorar mucho distintos campos en el ámbito internacional y a facilitar la cooperación. Esto es un paso gigantesco hacia adelante.
Otro tema importante es la lucha contra el cambio climático. ¿Quién iba a imaginar que, cuando el Club de Roma empezó a hablar de esto en los años ochenta del pasado siglo, cuando se empezó a hablar de crecimiento cero y de estabilizar una economía sostenible, llegaríamos adonde estamos? Entonces, ya se atisbaba la gravedad del problema y que la cooperación internacional era necesaria para su solución. En este contexto, como decía Pascal Lamy, presidente de la Organización Mundial de Comercio:
[…] hay que hacer notar que existen organizaciones globales para el comercio, la salud, el medio ambiente, las telecomunicaciones, los alimentos. Pero existen dos ‘agujeros negros’ en la gobernanza global: las finanzas, con sus burbujas explosivas, y la migración, un área donde no hay burbujas, sino dramas cotidianos. (2008)
Esta misma idea había sido señalada en la academia, por ejemplo, cuando Hollifield (2000) describió la relación entre las migraciones y el “nuevo orden internacional” tras la Segunda Guerra Mundial como un “régimen perdido”, o cuando Alienokoff (2007) calificaba las normas legales internacionales sobre migraciones como “substancia sin arquitectura”.
Contexto en el que se aprueba el Pacto Mundial para la Migración
En mi opinión, hay tres líneas de argumentación para comprender el contexto en que se aprueba el Pacto. La primera, la más ideológica, es el contraste entre cosmopolitismo y nacionalismo o, se podría decir, entre los derechos humanos y la xenofobia. La segunda es el contraste entre los que creen que la cuestión de las migraciones internacionales la deben abordar solo los Estados soberanos y otros que creen que esto solo puede ordenarse mediante la cooperación internacional. La tercera es la que afirma que existen países de origen y países de destino.
En este tiempo, todos los países, aunque en distinta medida, son países de inmigración, de emigración y de tránsito. El contraste entre los países del norte y del sur ha impedido o, al menos, ha dificultado que durante muchos años la ONU fuera capaz de encontrar un lenguaje con el cual pudiera entablar una conversión consistente entre el norte y el sur sobre los procesos migratorios.
La primera tensión es el cosmopolitismo frente al nacionalismo. Por decirlo con palabras de Habermas —escritas en 1997, pero que hoy suenan perfectamente actuales—:
La situación actual se puede comprender […] como una situación transitoria desde el derecho internacional hacia el derecho cosmopolita. [Pero] Muchos signos hablan más bien de una recaída en el nacionalismo. La valoración depende […] de cómo apreciemos la dinámica de las tendencias “enfrentadas” […] Estas tendencias se encuentran hoy en una constelación imprevisible. (Habermas, 1997, pp. 75-76)
O, por decirlo en palabras de António Guterres, secretario general de la ONU, en el 70.º aniversario de la Declaración Universal de los Derecho Humanos: “Hoy vemos un crecimiento de las corrientes autoritarias, de intolerancia, xenofobia y racismo” (2018). Y, sin embargo, la tendencia cosmopolita ha logrado que, en la Conferencia de la ONU de Marrakech en diciembre de 2018, se haya aprobado un documento excepcional: el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, un primer paso para un contrato social internacional en el campo de gestión de las migraciones, un primer paso hacia un contrato social internacional. El Pacto no regula las migraciones internacionales, pero es un paso sólido en esa división.
La segunda tensión en cuyo contexto se ha aprobado el Pacto es la que se produce entre los que defienden la soberanía de los Estados frente a los que plantean la cooperación internacional para gestionar las migraciones. Hay quienes creen que estas migraciones inevitables se deben controlar de modo exclusivo desde los Estados (soberanos) de destino, mientras que, para otros, los Estados, por más soberanos que sean, no son capaces de gestionar ellos solos un fenómeno tan complejo. Los primeros tienen mucha voz y sus acciones mucho eco. Son los trumps o los bolsonaros en América o los orbáns o salvinis en Europa.
Sin embargo, la tendencia que defiende la cooperación internacional para gestionar las migraciones ha logrado que se apruebe el Pacto, un impulso fuerte en esa dirección a pesar de su carácter no vinculante.
La tercera tensión es la existente entre las distintas visiones (e intereses) de los países de origen y los países de destino. Existe la tensión entre el norte que ordena “desde su ritual de acero” y el sur con su “hambre disponible”, en palabras de Benedetti (2008): ambos tienen diferentes perspectivas de los procesos migratorios y de sus beneficios. Esta tensión había bloqueado hasta ahora en la ONU cualquier diálogo sólido porque, cuando se quería iniciar la conversación, los países de origen insistían en que lo que debía discutirse era el desarrollo y la protección a sus migrantes, mientras los países de destino defendían la regulación de las migraciones y la necesidad de aceptación de las deportaciones de migrantes por parte de los países de origen. La conversación era imposible.
El Pacto, pese a todo, ha logrado poner de acuerdo a los países del norte (aunque no a todos) y a los del sur, a los que tienen las máquinas y a los que ponen las personas (Berger, 2006). Y han sabido hacerlo buscando puntos comunes sobre los que entablar la conversación, construir consensos y firmar las bases de lo que puede acabar siendo ese contrato social internacional.
El proceso de la elaboración del Pacto Mundial para la Migración
El camino ha sido largo desde la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948. Todo se aceleró en el 2015 con la crisis de Siria y el desgarrón que la crisis de los refugiados produjo en la Unión Europea (UE). El proceso de formulación del Pacto ha tenido tres momentos distintos: 1) la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible de 2015; 2) la Declaración de Nueva York de 2016, con la que arranca el proceso formal de elaboración que desemboca en julio de 2018 con el texto del Pacto redactado y cerrado, y 3) lo que ocurre entre julio y diciembre de 2018, un momento decisivo que nos debe enseñar cómo debemos responder ahora ante el Pacto, porque es entonces cuando reaparecen las extremas derechas de diferentes países de destino. Luego, más adelante, llega la proclamación del Pacto en Marrakech y su aprobación formal en la Asamblea General de la ONU en Nueva York.
Un largo camino. Desde la Segunda Guerra Mundial se han ido adoptando una serie de instrumentos y de convenciones internacionales relevantes para el campo de las migraciones internacionales y de los desplazamientos forzados en el mundo. Entre otras, las siguientes:
Convención sobre el estatuto de los refugiados (1951).
Convención sobre el estatuto de los apátridas (1954).
Convención internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial (1965).
Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (1979).
Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes (1984).
Convención sobre los derechos del niño (1989).
Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad (2006).
Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares (1990).
Por su parte, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) tiene distintos convenios internacionales que son obligatorios para los Estados que lo ratifican. Entre ellos, destacamos:
Convenio 97, relativo a los trabajadores migrantes (1949).
Convenio 143, sobre las migraciones en condiciones abusivas y la promoción de la igualdad de oportunidades y de trato de los trabajadores migrantes (1975).
Pero hay otro documento de la OIT de 2005 que, aunque no sea obligatorio, es de gran relevancia para las migraciones internacionales y que está en la base de algunos objetivos del Pacto Mundial para la Migración, especialmente el objetivo 6: “Facilitar la contratación equitativa y ética y salvaguardar las condiciones que garantizan un trabajo decente” (ONU, 2018a). Hablamos del Marco multilateral de la OIT para las migraciones laborales: principios y directrices no vinculantes para un enfoque de las migraciones laborales basado en los derechos.
La ONU, esos “simpáticos inútiles” de los que hablaba Mafalda, es quien ha llegado a formular y a aprobar el Pacto Mundial para la Migración. Y no, no ha sido la Unión Europea, incapaz de ponerse de acuerdo para afrontar el desafío de la crisis de los refugiados de 2015 en sus fronteras.
En 2015, la guerra de Siria provocó que más de cinco millones de personas tuvieran que buscar refugios. Hoy día, seguimos contando refugiados porque la guerra de Siria no ha terminado. Pero esta enorme crisis humanitaria había venido precedida de otras muchas en diferentes partes del mundo en los últimos años:
La guerra de la antigua Yugoslavia y el genocidio de Srebrenica (años noventa).
El genocidio en Ruanda, con dos millones refugiados en Goma (República Democrática del Congo) (1994).
El conflicto árabe-israelí, cuyo resultado es la diáspora palestina.
Conflictos y crisis alimentaria en el Cuerno de África, con 800 000 refugiados somalíes (2011).
La presión de grupos guerrilleros y de paramilitares en Colombia.
Las guerras en Irak, Irán, Afganistán y Pakistán.
Tras Siria, las crisis humanitarias con grandes desplazamientos forzados de personas han continuado. Lo muestran la expulsión y la huida de un millón de musulmanes rohingyás desde Myanmar o la crisis interna de Venezuela, que ha producido más de cinco millones de refugiados, la mayoría acogidos en Colombia. Cabe, entonces, preguntarse dónde se está preparando ya la próxima crisis humanitaria.
Los últimos datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) (2019) señalan que en el mundo existen 70.8 millones de refugiados. ¿De dónde vienen? De Siria, Afganistán, Sudán, Myanmar y Somalia, sobre todo. ¿Y a dónde van? Si preguntáramos a la opinión pública europea a dónde van los refugiados del mundo, nos dirían que se desplazan hacia Europa y Estados Unidos, pero esa opinión pública se encuentra muy mal informada o, mejor, deformada. No, no es ahí donde llegan la mayoría de los refugiados. Los cuatro países que concentran la mayor parte de los refugiados internacionales son Turquía, Afganistán, Uganda y Sudán. Solo en quinto lugar aparece un país europeo, Alemania; no obstante, si siguiéramos la relación de países, se tarda mucho en la lista para encontrar al segundo país europeo. La conclusión es que no es la UE ni los Estados Unidos donde se reciben la mayor parte de los refugiados, ni tampoco la mayor parte de los migrantes económicos internacionales.
Aunque los movimientos migratorios eran movimientos del sur al norte, en la actualidad los movimientos sur-sur entre países dentro de cada continente son muy importantes y en mayor número que los otros.
Sin embargo, la crisis humanitaria del 2015 sí que produjo un gran efecto: el desgarrón de la UE. Pero no fue un desgarrón imprevisible. En la UE se venía produciendo un “deslizamiento” (Cachón, 2017) de sus concepciones sobre la cuestión migratoria, desde la directiva, mal llamada de retorno de 2008 y, bien calificada, de la vergüenza. Desde ese momento en la UE, muchos partidos, que podrían llamarse conservadores, y otros, más a la izquierda en el espectro político, habían empezado a incorporar argumentos de la extrema derecha con la intención, en teoría, de disminuir la presión ejercida, justamente, por partidos radicales. Pero no se gana a la extrema derecha incorporando su argumentario. Con todo y en contra de lo que pudiera esperarse, unas cuantas palabras de la canciller Angela Merkel1 consiguieron frenar aquel acelerado deslizamiento que parecía inevitable en la UE, cuando acertó decir: “podemos gestionarlo”.
Frente al bloqueo de la UE, la primera experiencia internacional de Estados que deciden ceder voluntariamente su soberanía y establecer la libertad de circulación para sus ciudadanos y residentes permanentes, que ahora no sabía responder a la crisis del 2005 a partir de los valores en que se había fundado, los “simpáticos inútiles” de la ONU tuvieron una reacción distinta y aceleraron el proceso que ya estaba en marcha hasta aprobar el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular y el Pacto Mundial sobre Refugiados.
La formulación del Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular
Hubo tres pasos previos que sirvieron para que el Pacto se concretara:
En 1994 se convocó en El Cairo la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo. Con ella, comenzó un diálogo global sobre la gobernanza de las migraciones con un carácter muy técnico y académico.
En 2006, Peter Sutherland fue nombrado representante especial del secretario general de la ONU para la Migración Internacional. Sutherland empezó a trabajar con un equipo pequeño con una visión a largo plazo. Su horizonte era algo así como lo que se ha logrado en el Pacto Mundial. El diplomático murió justo un año antes de que se aprobara el Pacto en Marrakech, pero su equipo ha tenido mucha influencia en la formulación del Pacto.
En 2006 se creó el Foro Global sobre Migración y Desarrollo, un foro de Estados que comenzaron a abordar la gobernanza migratoria internacional. Esto llevó a establecer un diálogo internacional.
Los dos documentos con los que comienza a nacer el Pacto Mundial para la Migración son la Agenda 2030 de la ONU, aprobada en 2015, y la Declaración de Nueva York, de 2016.
El objetivo 10.7 de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible propone “Facilitar la migración y la movilidad ordenadas, seguras, regulares y responsables de las personas, incluso mediante la aplicación de políticas migratorias planificadas y bien gestionadas” (ONU, 2018b).
El 18 septiembre de 2016, la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes y dio así “Un paso trascendental para el sistema de las Naciones Unidas” (Guild y Grant, 2017), porque puso en marcha el proceso para institucionalizar un sistema de cooperación internacional a través de la ONU en el campo de la gestión de las migraciones internacionales.
Aunque existe una muy importante normativa internacional sobre refugiados, la ONU nunca había hecho una manifestación sobre la migración y el refugio como la que se reproduce en esta declaración. La Asamblea General recuerda la positiva aportación de los migrantes al crecimiento y al desarrollo y establece una serie de compromisos: unos que se aplican tanto a los refugiados como a los migrantes, otros en relación con los migrantes y otros, con los refugiados. La Declaración de Nueva York tiene dos anexos: el primero es el “Marco de respuesta integral para los refugiados” y el segundo se titula “Hacia un pacto mundial para la migración segura, ordenada y regular”. Con base en este segundo anexo comenzó el proceso formal de elaboración del Pacto.
Dicho proceso formal vino acompañado de dos cambios previos. El primero de enero de 2017, António Guterres, hasta entonces responsable del ACNUR, pasó a ser secretario general de la ONU, e inmediatamente nombró a Louise Arbour, jurista de gran prestigio internacional, como su representante especial para lo que respecta a las migraciones. En abril de 2017, la Asamblea General aprobó las “Modalidades para las negociaciones intergubernamentales del pacto mundial para una migración segura, ordenada y regular” y designó como facilitadores a los gobiernos de México y Suiza. El proceso que se puso entonces en marcha se desarrolló en tres fases:
Fase I: consultas, entre abril y noviembre de 2017.
Fase II: balance, entre noviembre de 2017 y enero de 2018.
Fase III: negociaciones intergubernamentales, entre febrero y julio de 2018.
Tras intensos trabajos, el 13 de julio de 2018, 192 de los 193 Estados miembros de la ONU se manifestaron a favor del Pacto Mundial. En ese momento solo había un país fuera del Pacto: los Estados Unidos de Donald Trump. Remarcamos el nombre de su presidente porque, en una de sus primeras decisiones, determinó que su representante en la ONU se retirara del proceso de elaboración del Pacto. En julio de 2018, el resto de los países del mundo estaban a favor del Pacto. Como afirmó Newland, aquel 13 de julio de 2018:
[…] fue un día de suerte para los migrantes internacionales […]. Ese día, 192 de los 193 miembros de las Naciones Unidas acordaron el texto de un amplio acuerdo para cooperar para hacer que la migración internacional sea más segura, más ordenada, y más probable que ocurra a través de los canales legales. (Newland, 2019, p. 4)
Sin embargo, en ese momento no se aprobó de modo formal porque se decidió convocar una conferencia intergubernamental en Marrakech para los días 10 y 11 de diciembre de 2018, en el 70.º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esto tuvo consecuencias porque durante la espera hasta la aprobación ocurrieron varios acontecimientos. Entre agosto y diciembre de 2018 hubo violentos ataques al Pacto desde medios nacionalistas de extrema derecha, especialmente en Europa. Dichos medios lo presentaron como un caballo de Troya contra el derecho de los Estados a tomar decisiones soberanas, a pesar de que ese derecho viene expresamente reconocido en el Pacto, en el principio rector n.º 3. La administración Trump hizo público un duro comunicado contra el Pacto. Sin embargo, basta una simple lectura del Pacto para desmentir semejante acusación y otras del mismo tipo. Por ejemplo, en Estonia la controversia sobre el pacto se desvaneció cuando un conocido actor leyó en la televisión nacional el texto completo del Pacto.
No obstante, en ese mismo tiempo se echó de menos un discurso bien armado (y reiterado) que defendiera el Pacto. En palabras de Newland (2019):
Los partidarios del Pacto tardaron en presentar una contra narrativa contundente acerca de la urgente necesidad de cooperación entre los países para abordar los peores efectos de la migración: la miseria y la muerte en el camino de desplazamientos no autorizados, así como los legítimos temores de las personas a las consecuencias de la migración fuera de control, y los beneficios de movimientos bien gestionados. Muchos sólidos partidarios admitieron más tarde que habían hecho lo suficiente para vender los beneficios del Pacto al público escéptico. (p. 5)
Por ejemplo, un elemento clave de ese discurso ausente pudo haber sido que el Pacto no solo respeta la soberanía de los Estados, sino que les ayuda a hacerla efectiva porque contribuirá a regular las migraciones.
La aprobación del Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular
En el 70.º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, se celebró en Marrakech la Conferencia intergubernamental para el Pacto Mundial sobre Migración. Allí los 164 Estados presentes aprobaron por unanimidad el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular. Su aprobación formal se produjo unos días después en la Asamblea General de la ONU, el 19 de diciembre de 2018, cuando, de los 169 Estados presentes, 152 votaron a favor, cinco en contra (Estados Unidos, Israel, Hungría, República Checa y Polonia), y doce se abstuvieron (mientras otros 24 no participaron).
Hay que poner de relieve que once de los 28 Estados miembros de la UE no apoyaron el Pacto: Hungría (la Hungría de Orbán fue la primera en descolgarse del Pacto), seguida de Austria (que ocupaba en ese momento la presidencia de turno de la UE), Bulgaria, Croacia, Eslovenia, Eslovaquia, Estonia, Italia, Letonia, Polonia y República Checa. Otros países que no apoyan el Pacto son Australia, República Dominicana, Israel, Suiza, Chile y Brasil (que, tras haberlo apoyado, se salió del Pacto con la llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia).
En su discurso inaugural en Marrakech, el secretario general de la ONU, António Guterres, criticó cuatro mitos sobre el Pacto:
Mito número uno: el Pacto permitirá a las Naciones Unidas imponer políticas migratorias a los Estados miembros, infringiendo su soberanía. Falso. El Pacto no es un tratado […]. Mito número dos: el Pacto establecería un nuevo derecho a migrar permitiendo a todos elegir dónde ir y cuándo ir. Falso. El Pacto solo reafirma que los migrantes deben disfrutar de los derechos humanos independientemente de su estatus […]. Mito número tres: la migración es esencialmente un movimiento de personas del Sur al Norte global. Falso. La migración sur-sur hoy es más grande que la migración sur-norte […]. Mito número cuatro: los países desarrollados no necesitan migración. Falso. En los muchos lugares donde la fertilidad está disminuyendo y la esperanza de vida está aumentando, las economías se estancarán y las personas sufrirán sin la migración […]. (2018)
Tras recordar que han muerto más de 60 000 migrantes en el camino desde el 2000, Guterres destacó los dos simples principios que lo inspiran:
El Pacto Mundial se basa en dos ideas simples: primero, la migración siempre ha estado con nosotros, pero en un mundo donde es cada vez más inevitable y necesario, debería estar bien gestionado y ser segura, y no irregular y peligrosa. Segundo, es mucho más probable que las políticas nacionales tengan éxito con cooperación internacional. (2018a)
El Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular
Si se quiere precisar una definición sobre el Pacto, puede revisarse el documento mismo, que expone en su punto 7:
Este Pacto Mundial presenta un marco de cooperación no vinculante jurídicamente que se basa en los compromisos acordados por los Estados Miembros en la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes. Su propósito es fomentar la cooperación internacional sobre la migración entre todas las instancias pertinentes, reconociendo que ningún Estado puede abordar la migración en solitario, y respetar la soberanía de los Estados y sus obligaciones en virtud del derecho internacional. (2018a)
De este texto se pueden resaltar cuatro aspectos:
1.Un reconocimiento: ningún Estado puede abordar los desafíos que plantean las migraciones internacionales en solitario.
2.Una finalidad del Pacto: fomentar la cooperación internacional sobre la migración.
3.Una limitación: el Pacto es un marco de cooperación no vinculante jurídicamente.
4.Una consecuencia: el Pacto respeta la soberanía de los Estados (aunque estos deben cumplir sus compromisos internacionales).
El Pacto (2018a) se basa en estos diez principios (recogidos en el punto 15 del Pacto):
a. Centrarse en las personas
b. Cooperación internacional
c. Soberanía nacional
d. Estado de derecho y garantías procesales
e. Desarrollo sostenible
f. Derechos humanos
g. Perspectiva de género
h. Perspectiva infantil
i. Enfoque pangubernamental
j. Enfoque pansocial
Hay que resaltar el principio que respeta la soberanía nacional. En un inicio, este podría parecer contradictorio con la cooperación internacional; sin embargo, como queda claro leyendo el texto del Pacto, no lo es en absoluto.
Existen también otros principios que deben destacarse, como el respeto de los derechos humanos o las perspectivas de género e infantil, que recorren todo el texto del Pacto.
El Pacto (2018a) tiene los veintitrés objetivos siguientes:
1. Recopilar y utilizar datos exactos y desglosados para formular políticas con base empírica.
2. Minimizar los factores adversos y estructurales que obligan a las personas a abandonar su país de origen.
3. Proporcionar información exacta y oportuna en todas las etapas de la migración.
4. Velar por que todos los migrantes tengan pruebas de su identidad jurídica y documentación adecuada.
5. Aumentar la disponibilidad y flexibilidad de las vías de migración regular.
6. Facilitar la contratación equitativa y ética y salvaguardar las condiciones que garantizan el trabajo decente.
7. Abordar y reducir las vulnerabilidades en la migración.
8. Salvar vidas y emprender iniciativas internacionales coordinadas sobre los migrantes desaparecidos.
9. Reforzar la respuesta transnacional al tráfico ilícito de migrantes.
10. Prevenir, combatir y erradicar la trata de personas en el contexto de la migración internacional.
11. Gestionar las fronteras de manera integrada, segura y coordinada.
12. Aumentar la certidumbre y previsibilidad de los procedimientos migratorios para la adecuada verificación de antecedentes, evaluación y derivación.
13. Utilizar la detención de migrantes solo como último recurso y buscar otras alternativas.
14. Mejorar la protección, asistencia y cooperación consulares a lo largo de todo el ciclo migratorio.
15. Proporcionar a los migrantes acceso a servicios básicos.
16. Empoderar a los migrantes y las sociedades para lograr la plena inclusión y la cohesión social.
17. Eliminar todas las formas de discriminación y promover un discurso público con base empírica para modificar las percepciones de la migración.
18. Invertir en el desarrollo de aptitudes y facilitar el reconocimiento mutuo de aptitudes, cualificaciones y competencias.
19. Crear las condiciones necesarias para que los migrantes y las diásporas puedan contribuir plenamente al desarrollo sostenible en todos los países.
20. Promover transferencias de remesas más rápidas, seguras y económicas y fomentar la inclusión financiera de los migrantes.
21. Colaborar para facilitar el regreso y la readmisión en condiciones de seguridad y dignidad, así como la reintegración sostenible.
22. Establecer mecanismos para la portabilidad de la seguridad social y las prestaciones adquiridas.
23. Fortalecer la cooperación internacional y las alianzas mundiales para la migración segura, ordenada y regular.
Estos veintitrés objetivos2 se concretan en 187 acciones que presentan, como dice Slocum (2007), un extraordinario “banco de ideas para la política” (p. 5) en el campo de las migraciones internacionales. Hasta ahora, cuando nos preguntaban qué era lo que pensábamos que debía hacerse al respecto, la argumentación para responder a la pregunta resultaba un poco difusa. Con el Pacto y las 187 acciones que plantea, se acabaron las dudas y las generalizaciones. A partir de ahora, cuando nos pregunten qué debe hacerse, podemos decir: “para empezar, las 187 acciones del Pacto Mundial”. Ciertamente, algunas corren más de prisa que otras, pero tenemos ya un Pacto que nos proporciona ideas concretas para la acción política.
Los objetivos se podrían agrupar en tres grandes grupos:
Los que persiguen reducir los factores negativos que obligan a las personas a abandonar sus hogares, desde la pobreza y la falta de oportunidades hasta el cambio climático, y protegerlos de los daños en sus viajes (objetivos 2, 7, 8, 9, 10, 13, 17).
Los que buscan amplificar los beneficios que la migración puede aportar a las personas, las comunidades y los países de origen y destino (objetivos 5, 6, 15, 16, 18, 19, 20, 22).
Los que pretenden poner orden en el proceso de migración a través de una mejor comprensión de su escala y dinámica, unas políticas más efectivas y una mayor cooperación internacional (objetivos 1, 3, 4, 11, 12, 14, 21, 23).
Algunos objetivos son de carácter urgente, otros son de mediano plazo y unos últimos están pensados para largo plazo. Entre los urgentes, además, existe uno que, más que urgente, debería ser ya cosa del pasado: salvar vidas no es un objetivo urgente, era un objetivo urgente ayer. Los mecanismos para salvar vidas tienen que ya estar establecidos previamente. Esto tiene que estar organizado antes de que aparezca la necesidad de rescatar a las personas. Hay cosas que tienen que estar ya hechas y hay otras cuestiones que hay que abordar con una perspectiva de mediano plazo o largo plazo.
Luchar contra las vulnerabilidades por el derecho del trabajo decente y luchar contra la discriminación son cuestiones muy importantes. Sin embargo, estos son objetivos a largo plazo. Por supuesto, tal cosa no significa que no haya que comenzar a actuarse desde ahora. Un ejemplo de lo anterior es la lucha por la igualdad. No se logrará de golpe, y a medida que se avance, la meta se irá desplazando como el horizonte; mas es necesario que vayamos caminando hacia ella. Lo mismo se puede decir de otros objetivos que buscan combatir los factores estructurales que están en la base de las migraciones internacionales no deseadas.
Esta es una de las razones por las que hemos subtitulado el libro sobre el Pacto (Cachón y Aysa, 2019) como “un modelo para armar”: el Pacto se puede desarrollar con una “geometría variable”, tanto por la distinta prioridad que se pueden dar a diferentes objetivos como por las diferencias que se pueden producir en esas prioridades en distintos sistemas migratorios.
El Pacto incluye algunas disposiciones para su seguimiento. Con este fin:
Crea el “Foro de Examen de la Migración Internacional” (punto 49) (ya puesto en marcha el 17 de julio de 2019 con una resolución de la Asamblea General de la ONU).
Alienta “a todos los Estados miembros a que formulen lo antes posible respuestas nacionales ambiciosas para aplicar el Pacto Mundial, y a que realicen exámenes periódicos e inclusivos de los progresos conseguidos a nivel nacional” (punto 53).
Un avance de la valoración del Pacto Mundial para la Migración
Sintetizaré mi opinión sobre el Pacto en siete puntos:
1. La gestión de las migraciones internacionales venía siendo considerada una cuestión demasiado divisiva para que se pudiera abordar en la ONU. Por eso, el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular es un acuerdo de una ambición extraordinaria, un logro histórico hacia un enfoque multilateral de las migraciones internacionales, un “hito en el camino”. El Pacto no ha cambiado la gestión de las migraciones internacionales, pero es el punto de apoyo que se necesita para transformar esa gestión. Como señala Louise Arbour (2018), el Pacto “es un logro histórico notable y un cambio hacia el multilateralismo, pero, quizás igual de importante, es un reconocimiento colectivo de la necesidad de aprovechar mejor los beneficios indudables de la migración y mitigar sus complejos y numerosos retos” (p. 2525).
2. El Pacto se basa, como declara en uno de sus principios rectores, en “el derecho internacional de los derechos humanos” (2018a): los derechos humanos no se detienen en las fronteras. Esto es lo que más “estorba” a la extrema derecha. No la soberanía presuntamente quebrantada; lo que escuece es que la ONU recuerde que los derechos humanos traspasan las fronteras. Los migrantes son personas y por eso tienen derechos humanos estén donde estén: en su país, durante su camino o en el país de destino. En cualquier sitio las personas tienen derechos humanos y esto también hay que valorarlo positivamente.
3. El Pacto busca articular la reducción de los factores negativos que obligan a las personas a emigrar, sean la pobreza, la falta de oportunidades, la inseguridad en sus países de origen o el cambio climático. Con la ampliación de los beneficios que la migración puede producir para las personas migrantes, sus familias, sus comunidades de origen o para los países de origen y de destino. No desaparecerán de la noche a la mañana estos factores estructurales; sin embargo, deben adoptarse acciones que vayan orientadas a su eliminación. Es, justamente, la dirección en la que apunta el Pacto. No será una tarea fácil, pero es importante ir caminando en la buena dirección. Recordemos la idea kantiana de ir caminando progresivamente hacia el lugar correcto, de modo que logremos ampliar los beneficios que tiene el Pacto.
4. El Pacto es “un marco de cooperación no vinculante jurídicamente”. Así pues, este:a. No es un tratado (no es de obligado cumplimiento).
b. No presenta un conjunto de normas jurídicas que haya que implementar.
c. No contiene objetivos específicos que los Estados deban alcanzar.
d. No aporta compromisos presupuestarios.
Si el Pacto se hubiera planteado, en algún momento de su proceso de elaboración, como vinculante jurídicamente, hoy no estaríamos hablando de esto. Estaríamos hablando de que hubo un intento de la ONU de crear un pacto vinculante jurídicamente pero que no llegó a nada porque la mayoría de los países de la ONU se opusieron. Pudiéramos querer tener una organización internacional que fuera capaz de legislar y que nos impusiera a todos los Estados una serie de normas, pero no vivimos, al menos de momento, en ese mundo ideal.
5. Lo que sí hay en el Pacto es un cambio radical en el arranque de cualquier “conversación” (discurso público y político) sobre la gestión de las migraciones internacionales: ningún estado puede por sí mismo solucionar satisfactoriamente la cuestión migratoria tanto si pretende controlar y restringir las migraciones que llegan a su territorio como si lo que quiere es regular y producir una inmigración deseada. Se necesita la cooperación internacional.
6. El Pacto proporciona unas guías claras para la acción (política y social) en la gestión de las migraciones internacionales, un gran “banco de ideas para la política” (Slocum, 2017, p. 5).
7. El pacto deja en claro los compromisos políticos (y morales) asumidos por los Estados miembros de la ONU.
Newland (2019) nos recuerda que:
Nadie debe esperar que la adopción del Pacto revolucione el gobierno de la migración de la noche a la mañana. La implementación requerirá recursos, cambios de políticas, colaboración a través de las fronteras, compromiso político y una narrativa positiva y realista. (p. 6)
Se puede cambiar el orden de las cuestiones que señala Newland y decir que, con y tras el Pacto, lo que debemos es comenzar por tener una narrativa positiva y realista. Y para esto el Pacto nos proporciona buenos instrumentos. Luego, se debe buscar un compromiso político de los Estados que lo han apoyado, es decir, que lo cumplan, una cooperación entre fronteras, entre países próximos o más distantes. Finalmente, es necesario que se cambien las políticas para que, más adelante, se destinen recursos que mejoren la gestión.
Ahora se trata de hacer de ese “hito en el camino” que es el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, el punto de partida de una nueva etapa en la construcción de una gobernanza de las migraciones internacionales basada en la cooperación internacional, una palanca para conseguir migraciones más seguras, más ordenadas y más regulares.
La tarea de nuestra generación
La obligación moral de luchar por el desarrollo y la aplicación del Pacto deriva de las palabras de Kant (1964):
La Naturaleza garantiza la paz perpetua, utilizando en su provecho el mecanismo de las inclinaciones humanas. Desde luego, esa garantía no es bastante para poder vaticinar con teórica seguridad el porvenir; pero en sentido práctico, moral, es suficiente para obligarnos a trabajar todos por conseguir ese fin, que no una mera ilusión. (p. 126)
En el campo de la gestión de las migraciones internacionales, la imposición del Pacto Mundial para las Migraciones es la tarea de nuestra generación. Para ello, hemos de intentar hacer que el Pacto sea la ley: la tarea de nuestro tiempo, de nuestra generación, debe ser implementar el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular de forma nacional, regional y mundial. Mientras no pueda ser la ley, que sea la vara de medir la gestión de las migraciones internacionales, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos se ha convertido en la referencia mundial del respeto (o no) de los derechos humanos, y el punto de origen de normas internacionales regionales de protección de los derechos humanos que sí tienen fuerza jurídica vinculante para los Estados.
Debe entonces imponerse el Pacto como el marco de referencia en la conversación sobre la gestión de las migraciones internacionales. No es tarea fácil porque vivimos tiempos convulsos: no tanto en el campo migratorio como en el de las políticas en torno a la migración y porque nos movemos en el campo de la lucha contra los prejuicios. Ya decía Chamfort, un moralista del siglo XVIII, que “Cualquiera que haya destruido un prejuicio, un solo prejuicio, es un bienhechor de la humanidad”, y nos recordaba Einstein cuando decía: “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.
Lo anterior implica un trabajo arduo porque nos cuesta presentar alternativas positivas. Es más fácil decir no y criticar políticas (y prácticas) que decir qué es lo que queremos. Pero ahora sabemos (debemos saber) lo que queremos, lo que debemos (querer) defender: que el Pacto sea la base de la discusión sobre cómo gestionar las migraciones internacionales, que se vaya implementando de modo progresivo y, luego, que se desarrolle hasta hacer de él, por consenso, un verdadero “contrato social internacional”. Esta es la tarea de nuestra generación, pero, como decía Max Weber (1967): “no basta con esperar y anhelar. Hay que hacer algo más. Hay que ponerse al trabajo y responder […] a las ‘exigencias de cada día’” (p. 231).
El nosotros va a cambiar en los próximo años y décadas, pero el actual nosotros (we the people
