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Muchas mujeres que se han dedicado a la ciencia, en particular a las matemáticas, son poco conocidas y reconocidas. Sin embargo, han realizado grandes aportaciones al álgebra, a la geometría o al cálculo, por citar algunas disciplinas. Probablemente, a pesar de las muchas prohibiciones que han sufrido las mujeres a lo largo de la historia, las matemáticas tienen un matiz especial: la fase más creativa puede realizarse muchas veces en solitario. ¿Y quién puede prohibirte pensar? ¿Quién puede controlar tu imaginación? Mujeres matemáticas. Trece matemáticas, trece espejos es un homenaje a las mujeres que, a pesar de todas las vicisitudes sufridas, han "brillado" en matemáticas. Pero también desea reconocer a aquellas que han sabido enseñar y transmitir con pasión esta materia durante generaciones y generaciones.
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Seitenzahl: 399
Veröffentlichungsjahr: 2019
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Capítulo 2
Estoy en un café en pleno centro de París, y en poco menos de una hora he quedado con Sophie Germain para charlar. Estoy emocionada y nerviosa a la vez, son tantas cosas las que quiero hablar con ella, preguntarle, oírle de su propia voz, desde sus palabras… He perdido la cuenta de las biografías suyas que he leído –creo que prácticamente todas las que he ido encontrándome por el camino– y me han llevado a muchas reflexiones. Reflexiones sobre las propias contribuciones que hizo a las matemáticas, la época en la que vivió, otros personajes de las matemáticas con los que coincidió, su gran pasión por esta ciencia…, pero también sobre las discriminaciones que sufrió por el hecho de ser mujer, y cómo se enfrentó a ellas. Discriminaciones además que se han transformado en la actualidad en formas más sutiles, más veladas, pero que precisamente por ello es imprescindible que sepamos identificar.
En fin, siempre me pasa lo mismo, cuando tengo una cita que espero con tantas ganas soy incapaz de esperar a la hora citada y aquí me tenéis, con casi una hora por delante hasta que llegue Sophie, pero así aprovecho y os la voy presentando.
Sophie Germain (1776-1831), mi cita para esta tarde fue una matemática parisina de la época de la Revolución francesa. Margaret Alic (1991) define el arquetipo de mujer de ciencia de aquella época como el de una mujer perteneciente a la aristocracia, que pasó por un riguroso proceso de autoformación, hizo sus contribuciones a la ciencia y fue olvidada. Creo que, con sus más y sus menos, Sophie se acerca bastante a este arquetipo. No pertenecía a la aristocracia, pero sí a una familia burguesa, lo que facilitó tanto su acceso a libros a través de la biblioteca paterna, como el contar con los recursos económicos necesarios en la familia para poder depender de ellos durante toda su vida.
Sin duda pasó por un proceso de autoformación, de hecho, es lo que caracteriza su formación en matemáticas. Hizo grandes contribuciones a la ciencia, principalmente a las matemáticas –su gran pasión– aunque también le interesaron otros campos como las ciencias naturales o la filosofía de la ciencia. En matemáticas son de destacar sus contribuciones a dos áreas, la teoría de números y la teoría de la elasticidad –dentro de la física matemática. Y no fue totalmente olvidada gracias a un pie de página. Pero no nos adelantemos, vayamos poco a poco conociendo su historia –o al menos lo que nos ha llegado de ella.
Como decía, Sophie Germain nació en el seno de una familia burguesa. Su padre, Ambroise-François Germain, era comerciante de empresa familiar y también le interesaban los temas políticos, por lo que fue diputado de los Tiers-État en la Asamblea Constituyente de 1789. Era un burgués cultivado y liberal, que disponía de una gran biblioteca a la que Sophie supo sacarle partido. De su madre se tiene poca información, se sabe que su apellido de soltera era Gruguely y que era hija de un comerciante. Sophie tenía dos hermanas, de quienes lo poco que se sabe de su vida –al igual que de la de su madre– es con quiénes se casaron y los hijos que tuvieron, destino imaginamos que similar al que hubiese tenido Sophie si no se hubiese enamorado de las matemáticas. Sophie mantuvo una estrecha relación con uno de sus sobrinos, quien valoró con admiración todo su trabajo. De hecho, fue él quien, tras la muerte de Sophie en 1831, publicó algunas reflexiones y trabajos de filosofía de su tía.
Sophie no se casó nunca, vivió con y de sus padres, lo que, por un lado, le permitió poder dedicar su vida a la ciencia –cosa más difícil si nacías en una familia más humilde e imposible si además eras mujer–, pero por otro, refleja la situación de las mujeres en aquella época en el ámbito laboral. Situación en la que la única “profesión” aceptada para las mujeres eran las tareas del hogar, y si había alguna mujer –como Sophie– que se interesase por otros temas y les dedicase gran parte de su vida, esto se veía más como un ocio, casi como una excentricidad, nunca como una profesión que pudiese aportar, aparte de reconocimiento, independencia económica.
La época en la que vivió Sophie fue la Francia de la Revolución. En aquellos años París se consideraba la capital del conocimiento, de la ciencia europea, y las matemáticas vivieron una edad de oro. Fue una época de grandes cambios, transformaciones sociales y reivindicación de derechos, pero de derechos ¿para quiénes?
En 1789 se aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, texto fundamental de la Revolución francesa, pero en ese texto ¿dónde quedaban las mujeres? Parece que no había hueco para ellas y no se las consideraba sujetos de derecho como los hombres. Por eso, parafraseando esta declaración, en 1791 Olympe de Gouges redactó el texto de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. Es uno de los primeros documentos históricos que propone la emancipación femenina en el sentido de igualdad de derechos o la equiparación jurídica y legal de las mujeres en relación con los varones, denunciando así que la Revolución olvidaba a las mujeres en su proyecto de igualdad, libertad y fraternidad.
Y en este entorno creció Sophie, durante los conflictos sociales, políticos y económicos de la Revolución francesa. De hecho, parece que toda esta situación de la época fue clave en su dedicación a las matemáticas, quería alejarse de toda aquella violencia y así se refugió en la biblioteca de su padre. Allí tuvo acceso a gran cantidad de libros, pero fue la Historia de las Matemáticas