Niños y niñas excepcionales - Cesare Cornoldi - E-Book

Niños y niñas excepcionales E-Book

Cesare Cornoldi

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A Roberto, 9 años, se le da muy bien el dibujo y resuelve con una facilidad asombrosa los problemas mecánicos, pero es distraído, impulsivo y le cuesta relacionarse con sus compañeros. Magda, 13 años, tiene puntuaciones estratosféricas de inteligencia general, pero siente temor por manifestar sus propias competencias y habilidades en la escuela y entre sus compañeros. María Luisa no destaca en los estudios, pero tiene una gran inventiva, que aplica a los juegos y a las manualidades. Son niñas y niños talentosos, superdotados, creativos, que no siempre encuentran en la escuela los estímulos que más se adaptan a sus grandes potencialidades. ¿Cómo podemos valorar a los niños excepcionales, velando por su bienestar psicológico? ¿Cómo podemos acompañar su desarrollo proporcionándoles los medios y recursos necesarios y la estabilidad que necesitan para sentirse bien entre sus iguales? ¿Cómo favorecer su inclusión real en contextos educativos? ¿Qué pueden hacer las familias, los educadores, los profesionales? El libro ofrece atinadas y sugerentes respuestas a estas preguntas, contando con las investigaciones actuales y aportando la larga experiencia del autor en el tema.

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Seitenzahl: 207

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Niños y niñas excepcionales

SUPERDOTADOS • TALENTOSOS CREATIVOS • GENIOS

Cesare Cornoldi

NARCEA, S.A. DE EDICIONESMADRID

Índice

INTRODUCCIÓN

1. Cuatro casos excepcionales

Roberto, el talentoso

Magda, una niña con alto potencial cognitivo (superdotada)

John, el genio

María Luisa, la creativa

Cuatro historias que representan cuatro tipologías distintas de excepcionalidad

2. Entender qué es la inteligencia para reconocer distintas formas de excepcionalidad

Una definición amplia de excepcionalidad

Qué variables inciden en la excepcionalidad

¿Qué es la inteligencia?

Medición de la inteligencia

Distribución de las puntuaciones intelectuales

La superdotación intelectual

¿Qué nos dicen las investigaciones sobre la superdotación?

3. Niños y niñas talentosos

¿Existen distintas formas de inteligencia?

La teoría jerárquica de la inteligencia

El modelo cónico de la inteligencia

El niño talentoso

Los superexpertos

4. Niñas y niños creativos

¿Qué es la creatividad?

¿Se puede medir la creatividad?

Creatividad y personalidad

Creatividad e inteligencia

5. Los genios

Talento, creatividad, genio

La historia de Marie Curie

La personalidad del genio

Genio, psicopatología, autismo y locura

Excepcionalidad y cerebro

6. ¿Por qué los niños excepcionales suelen tener dificultades en la escuela y en la vida?

Características socioemotivas de la excepcionalidad

El niño “doblemente excepcional” en la escuela

El caso de Juan Luis

Hiperactividad (TDAH), Dificultades Específicas de Aprendizaje (DEA) y excepcionalidad

7. El papel de la familia

Cómo reconocer cuándo un niño es excepcional

Qué pueden hacer y qué no deben hacer los padres y las familias

Progenitores “gardeners” para lograr unos hijos serenos

8. El papel de la comunidad y de la escuela

Modalidades de intervención

Cómo trabajar en la escuela

Inclusión y excepcionalidad

Propuestas pedagógicas para niños excepcionales

Organización y contenidos de los proyectos de potenciación

La ayuda psicológica

Introducción

¿Por qué nos atrae tanto la excepcionalidad? ¿Quién no querría entender mejor cuáles fueron los ingredientes que conformaron al niño Mozart, al adolescente Leonardo Da Vinci, al joven Einstein y, en general, a los genios que conocemos? ¿Y quién no querría poder identificar, a tiempo, a esos niños y niñas, dotados de características excepcionales, para poder protegerlos, valorarlos y potenciarlos?

Es muy probable que disfrutemos al conocer más detalles sobre la personalidad y la inteligencia de aquellas personas que despiertan nuestra admiración y que nos hacen soñar.

Tal vez, nuestro interés sea también producto del deseo de conocer mejor ciertas potencialidades de la psique que están latentes en cada uno de nosotros, pero que en ciertas personas se desarrollan en grado máximo. Dado que tenemos además esta segunda motivación, por fuerza debemos contemplar estas manifestaciones no solo en nosotros mismos, sino también a nuestro alrededor y especialmente en nuestros niños y jóvenes, de quienes podemos reconocer algunas competencias, aunque no podamos anticipar con certeza cuáles serán sus resultados.

Siendo realistas, estaremos de acuerdo en que es improbable que, el niño o la niña*, de carne y hueso que tenemos delante, pueda convertirse en un genio, unánimemente aclamado como genio universal. Pero ciertamente podemos preguntarnos si ese niño posee una dotación fuera de lo común y si será capaz de sacarle todo el partido a su talento.

En la parábola del Evangelio de San Marcos se habla de tres criados cuyo amo; al iniciar su viaje, les deja unas monedas preciosas (justamente llamadas “talentos”). Los criados les dan una utilidad diferente. Dos de ellos emplean sus talentos para aumentar el capital recibido; pero el tercero, oculta su talento y lo deja sin utilizar, por miedo a perderlo. A su vuelta, el amo le reprenderá con aspereza por su ineptitud y pronunciará una despiadada condena: “Quitadle su talento, porque quien ha hecho fructificar su talento será recompensado y vivirá en la abundancia, pero a quien no lo ha empleado le será quitado incluso el talento que no hizo fructificar”. La parábola nos dice que el talento no debe desperdiciarse, y que desarrollar el talento debe ser un esfuerzo importante para nosotros mismos y para aquellos niños y jóvenes de los que somos responsables.

Niños y niñas excepcionales trata de explicar con claridad en qué consiste la excepcionalidad. Para ello, estudia cómo influyen en ella cinco factores: la inteligencia, el talento, la creatividad, la personalidad y el contexto, cuando este es favorable. El objetivo es hacer que el lector entienda, a través de los casos y ejemplos que presenta, que la excepcionalidad se explicita no solo en distintos grados, sino también de maneras distintas, según el peso que juegan en la persona esos cinco factores.

A partir del estudio de los casos de Magda, John, Roberto y María Luisa, reflexionaremos sobre los perfiles y los desarrollos diferentes que pueden arrojar luz para el lector o lectora. A continuación, analizando el significado de esos cinco factores, veremos de qué modo estos perfiles pueden comprenderse mejor.

En un libro breve y divulgativo sobre la superdotación y la genialidad era inevitable partir del tema de la inteligencia. En muchos textos sobre el tema se empieza por estudiar a niños que habían obtenido, en un test de inteligencia, una puntuación excepcionalmente alta, por ejemplo, un cociente intelectual CI (IQ por sus siglas en inglés) superior a 130.

Veremos qué significa tener un CI de este tipo, sin pasar por alto los límites de una concepción de la inteligencia que considera suficiente tomar nota del valor del CI. A través de la presentación de la teoría jerárquica de la inteligencia entenderemos la diferencia que existe entre capacidad intelectual general y los talentos más o menos específicos de cada persona. Este es un paso importante para comprender que no es necesario tener un CI altísimo para poseer un gran talento, y una creatividad igualmente elevada; dos ingredientes esenciales para ser genios.

En esta presentación, la creatividad, sin embargo, no es considerada como una manifestación de la inteligencia, sino que la situamos, en parte, en relación con el complejo sistema psíquico que constituye la personalidad. El tema se articula en este libro, mostrando que las características críticas para alcanzar elevadas metas no son tan solo inteligencia y creatividad, sino que también se extraen de la fuerte convicción de la importancia de nuestras propias ideas y de la tenaz persistencia en nuestro propio esfuerzo.

El último factor que se toma en consideración es el contexto; porque, ¿cómo un niño podrá ser excepcional si vive en un ambiente con pocos estímulos e incapaz de reconocer y valorar su excepcionalidad?

* A lo largo de la obra se emplea el masculino genérico para facilitar la lectura y no ocasionar dificultades sintácticas y de concordancia. En ningún caso se pretende hacer un uso sexista del lenguaje.

1. Cuatro casos excepcionales

Como tendremos ocasión de ver en el transcurso de este libro, son infinitas las fisonomías de niños y adultos que, en cierto modo, pueden considerarse como excepcionales. El mismo léxico, con distintos matices, registra términos diferentes, que nadie aceptaría considerar como sinónimos, sino que se refieren al área de la especialidad, entendida como extraordinario respecto a una norma. Tratemos de hacer un listado rápido:

Con alto potencial cognitivo

Creativo

Divergente

Dotado

Excelente

Eminente

Genial

Genio

Gifted

Hiperdotado

Plusdotado

Prodigio

Superdotado

Superexperto

Talentoso

Expertísimo

Y del mismo modo que se recogen términos distintos, también podemos recordar ámbitos y tipologías extremadamente diferentes de excepcionalidad:

el pintor

el escritor

el filósofo

el científico

el matemático

el jugador de ajedrez

el bailarín

el atleta

el líder

el comunicador

el místico

el político

En los próximos capítulos tomaremos en consideración los casos más importantes, pero ahora, para ilustrar la heterogeneidad de las personas que pueden mostrar alguna forma de excepcionalidad, me referiré a cuatro ejemplos, los casos de Roberto, Magda, John y María Luisa. Los dos primeros (levemente camuflados para que no sean reconocibles) resultantes de mi propia experiencia; el tercero derivado de un análisis historiométrico de la psicóloga americana Catharine Cox, que se ha dedicado a la genialidad y a la superdotación. Y el cuarto, reconstruido a partir de cuanto he podido deducir de las informaciones directa o indirectamente recogidas sobre él.

Los cuatro casos se refieren al ámbito clásico de la excepcionalidad en el ejercicio de la mente (sin entrar por tanto en el campo de la excepcionalidad motora o relacional), pero, aun así, son extremadamente diferentes.

Roberto, el alumno talentoso

Roberto va a cuarto de primaria y los padres le han llevado a un Centro para las Dificultades de Aprendizaje de la Universidad de Padua, debido a sus problemas escolares. Los maestros se quejan de Roberto no solo por el rendimiento, sino también por su inconstancia y por su escasa y desigual atención.

Para entender cómo ayudar al niño hemos procedido con las praxis tradicionales que consisten en la recogida de informaciones que proporcionan la escuela y la familia; en la entrevista con el niño y sus padres; y en el suministro de pruebas de aprendizaje y test psicológicos que se le han aplicado.

Escuela y familia brindan informaciones, de forma preliminar, rellenando cuestionarios en los que describir, según sus impresiones, algunos elementos que consideran que han observado en el niño. Nosotros, por ejemplo, nos valemos de estos cuestionarios construidos por nuestro Centro u otros centros para reconocer la presencia de rasgos de falta de atención e hiperactividad, o de otras dificultades emocionales o de comportamiento.

Ya desde el principio de la entrevista sabíamos, por lo tanto, que familia y escuela estaban totalmente de acuerdo en la consideración del niño como débil en sus aprendizajes, extremadamente distraído, con frecuencia impulsivo e hiperactivo, y escasamente socializado con los compañeros.

Cuando los padres y el niño se presentaron en mi despacho, confirmé una dificultad relacional del niño viendo que no quería interactuar con mis jóvenes colaboradores y se había situado en relación a mí con un planteamiento de mutismo defensivo. Durante un rato tuve que contentarme con oír lo que papá y mamá decían sobre las dificultades de Roberto. De vez en cuando, yo interrumpía a los padres y, mirando a Roberto, le preguntaba:

—“¿Es como lo cuentan papá y mamá?”. “¿Quieres añadir algo?”.

Al principio Roberto negaba con la cabeza, pero cuando llegamos a la tradicional muestra de sus cuadernos de trabajo empezó a desbloquearse. Los padres ya habían recogido los cuadernos, pero les detuve y le pedí a Roberto que me los mostrara personalmente y que empezara por el que prefiriera:

—“Matemáticas”, masculló, y empezó a mostrarme el cuaderno.

Recuerdo que me quedé sorprendido al ver un cuaderno muy ordenado, organizado y con cierto gusto estético, sin apenas correcciones. Sorprendentemente, el cuaderno presentaba también dibujos y estos resultaban muy precisos, con el trazo nítido y fino, y una gran riqueza de detalles.

Ficha de Roberto

Atención: muy baja

Hiperactividad: alta

Problemas de comportamiento: frecuentes

Capacidad de relación: escasa

Competencias básicas:

Lectura: un poco por debajo de la media

Escritura: un poco por debajo de la media

Matemáticas: dentro de la media

Nivel intelectual general: medio-alto

Presencia de habilidades específicas elevadas: habilidades visomotoras y mecánicas

Presencia de habilidades específicas bajas: lenguaje, autorregulación.

Cuando pasamos al cuaderno de lengua la impresión cambió, sobre todo porque saltaban a la vista inmediatamente los múltiples errores ortográficos y también los frecuentes comentarios de su maestro. Algunos eran positivos y de aliento, pero otros eran negativos:

—“No has terminado el ejercicio”. “Debes estar más atento”. “No has abordado el tema como se pedía”….

Yo notaba que el niño se sentía intimidado y con malestar a la hora de mostrarme este cuaderno y hubiera querido pasar a otro velozmente. Pero llegado a un cierto punto, me detuve frente al dibujo de un cohete con pequeños gnomos que maniobraban con las palancas. Era un dibujo colorido, muy rico y armonioso que parecía sacado de un libro de ciencia-ficción. Vi que Roberto se sentía complacido:

—“Muy bonito —comenté—, ¿lo copiaste de un libro?”. Me miró con orgullo.

—“No, me lo inventé yo”.

Durante la valoración, que confirmó la presencia de puntos fuertes en el área visoespacial y debilidades en el área lingüística, quise valorar su habilidad para el dibujo y le pedí que me hiciera un dibujo; el que quisiera. El tema de los cohetes debía serle muy querido, o tal vez se había quedado impresionado por mi anterior apreciación, porque escogió de nuevo un cohete, pero esta vez sin personajes, con una detallada reproducción de su mecanismo, que quiso ilustrarme después.

Comenté con los padres, que esperaban en la sala de espera, estas habilidades y estos me dijeron que Roberto mostraba un verdadero interés por los motores y a menudo pasaba ratos con su hermano mayor, que tenía una motocicleta y trajinaba con ella. Los padres me contaron que no se trataba de simple interés, sino que Roberto ya era un entendido en el tema:

—“Mire —me dijeron— no nos preocupa lo que Roberto pueda ser algo de mayor, porque ya sabe hacer un montón de cosas, sino que nos preocupa lo que pueda hacer ahora, visto que tiene aún tantos años de escuela por delante”.

Roberto es lo que yo llamo un muchacho “talentoso”, o bien un talento particular para ciertas áreas de funcionamiento que, sin embargo, tienen un carácter concreto y no se generalizan a otros aspectos del funcionamiento mental.

Roberto tiene habilidades visoespaciales, gráficas y mecánicas verdaderamente excepcionales, unas capacidades de razonamiento general dentro de la media. Pero, sin embargo, tiene debilidades en el área lingüística y en las funciones de la atención, estas últimas probablemente en asociación y/o como consecuencia de las dificultades con las que topa en ciertas materias.

Se le puede ayudar con los años nada fáciles para él de permanencia en la escuela; bien tratando de paliar sus dificultades, o bien ayudando a la escuela a reconocer y valorar su talento. Pero está claro que difícilmente se logrará en una escuela enciclopédica, en la que se te tiene que dar todo bien y en la que ser muy bueno en un solo ámbito podría no ser apreciado.

Magda, una niña con alto potencial cognitivo

Magda es la hermana de un niño que había venido en otoño a nuestro Centro porque había manifestado pequeñas dificultades de integración en el instituto. Le habíamos propuesto algunas pruebas, habíamos mantenido entrevistas para motivarla y habíamos establecido relación con el instituto, logrando poner en marcha un pequeño proceso de mejora de modo que a principios del siguiente curso había ya superado sus dificultades y la relación con la familia se había dado por concluida.

Habíamos logrado una buena sintonía con los padres, por lo que, cuando a su hermana mayor, Magda, le llegó el momento de escoger el bachillerato se nos consultó nuestro parecer. La familia pensaba que Magda podía enfrentarse con éxito a un bachillerato, visto que la chica no había manifestado nunca dificultades académicas, pero Magda se mostraba temerosa y consideraba más prudente seguir un itinerario técnico-comercial, también porque su mejor amiga había tomado esa decisión.

Cuando nos encontramos con Magda y mantuvimos una primera entrevista con ella, descubrimos que en realidad albergaba el sueño de hacer bachillerato (además otra amiga suya había escogido el bachillerato científico), pero tendía fácilmente a inquietarse y había entendido que en el bachillerato científico tendría que responder a complejas exigencias en matemáticas. Le explicamos a Magda que nuestra metodología se basaba en el cotejo objetivo relativo a las competencias, y que esto permitía anticipar las dificultades con las que podría toparse durante sus estudios. Magda no solo aceptó, sino que pareció incluso sentir curiosidad por el proceso de evaluación y por la posibilidad de conocerse mejor a ella misma.

Establecimos también contacto con el instituto que nos refirió que, sin lugar a dudas, Magda parecía buena alumna, y que destacaba sobre todo en las pruebas escritas, pero que mostraba algunas inseguridades que hacían que a veces, en los exámenes orales no fuera brillante.

Ficha de Magda

Atención: muy buena

Hiperactividad: media-baja

Problemas de comportamiento: discreta

Capacidad de relación: discreta

Competencias básicas:

Lectura: muy buena

Expresión escrita: muy buena

Matemáticas: muy buena

Nivel intelectual general: muy alto

Presencia de habilidades específicas elevadas: inteligencia verbal, inteligencia no verbal, memoria de trabajo.

Presencia de habilidades específicas bajas: ninguna

Emotividad: media-alta

Esta ficha sintética de Magda ya nos dice que el perfil de la chica es excelente, pero se puede decir más: su nivel intelectual también está por encima de lo normal, con puntuaciones estratosféricas de inteligencia general, tanto para los aspectos verbales como para los no verbales.

Magda tenía un alto potencial cognitivo que sin embargo no se explotaba plenamente, tal vez por dos razones. La primera razón era que Magda se sentía un poco frágil por la ansiedad que había aumentado en ella, seguramente por el hecho de que, a causa de su inteligencia, era capaz de reconocer las imperfecciones de sus conocimientos y anticipar posibles dificultades. La segunda razón era que, de nuevo, a causa de sus habilidades, le costaba enfrentarse a sus compañeros y a las demandas típicas de la escuela, y no terminaba de comprender por qué entonces no lograba sintonizar con eas demandas.

Magda, además, se esforzaba por estar a la par con los compañeros y sobre todo con las compañeras, evitando brillar demasiado, ya que consideraba que de este modo sería mejor aceptada entre ellas.

Los estudiosos han propuesto diversas tipologías de chicos y chicas gifted y, en el caso de Magda, se habría podido tal vez recordar el tipo “subterráneo” (the underground) que George Betty y Maureen Neihart han descrito que se caracteriza por una escasa conciencia y temor a la hora de manifestar sus propias competencias, de inseguridad, de ansiedad, y de reducida capacidad para soportar una frustración.

Imagino que el lector debe sentir curiosidad por saber cómo prosiguió la historia de Magda. Nosotros, obviamente, no podíamos decidir por Magda y su familia y debíamos dejar que la chica madurase una decisión consciente que, después, resultó ser la del bachillerato científico. Nos ofrecimos igualmente para reunirnos con Magda, durante el curso de sus estudios, una vez cada dos meses, para monitorizar su proceso en el bachillerato y prevenir eventuales dificultades. En realidad, no hubo necesidad, porque la chica resultó bien encaminada y desde entonces no he recibido más noticias suyas.

Debo confesar que estuve un poco implicado en la elección del bachillerato científico, porque me desagrada ver que buenos talentos evitan los itinerarios científicos (un sector del cual nuestra sociedad tiene mucha necesidad) solo porque sienten ansiedad por las matemáticas. Al día de hoy, me gustaría saber cómo se orientó Magda después, en la Universidad, pero no he recibido más noticias suyas.

John, el genio

Para hablar de “genio”, debo ir en busca de algunos personajes, en los cuales, cuando fueron adultos, la historia decretó la presencia de una verdadera genialidad. No puedo por lo tanto referirme a chicos y chicas con los que yo me haya encontrado (aunque se podría esperar esa genialidad en alguno de ellos), sino que debo buscar entre las reconstrucciones biográficas del pasado, tomando por ejemplo el caso de John, que aparece en el célebre examen psicológico de personajes geniales, dirigido dentro del proyecto, coordinado por Lewis Terman, que veremos en el segundo capítulo.

Nacido en la periferia inglesa e hijo de un importante intelectual escocés, John (John Stuart Mill) fue instruido por el padre de manera muy rigurosa con el objetivo explícito de crear un pensador genial, y recibió una importante estimulación, muy precoz, a la cual respondió de manera excepcional. Desde que tenía tres años fue sometido a la enseñanza de griego antiguo, matemáticas e historia; con cinco años era capaz de sostener un debate filosófico; con seis años y medio escribió una historia de Roma; con siete años leía a Platón; con ocho años se enfrentaba con facilidad al álgebra y a la aritmética newtoniana; con diez años leía con fluidez a los clásicos griegos y latinos en su lengua original… Y con trece estudió a Adam Smith y a David Ricardo, fundadores de la nueva ciencia de la economía política.

Sobre la base de estas informaciones, Catharine Cox y tres estudiosos más de la inteligencia, usando el método historiométrico (que prevé la utilización de las informaciones biográficas como índice de las competencias adquiridas a diversas edades), dedujeron que presumiblemente John tenía un CI elevadísimo, superior a 180.

La vida de John estuvo marcada por los altibajos: una enfermedad de depresión en torno a los veinte años, tal vez debida a las presiones y a los esfuerzos físicos y mentales del estudio: el rechazo a estudiar en las universidades más prestigiosas, también por mantener su libertad religiosa; un empleo en la British East India Company. Aún con estas dificultades, comunes a muchos genios, es indiscutible que John Suart Mill logró después frutos de sus excepcionales capacidades y produjo contribuciones geniales que abarcaron los ámbitos de la filosofía, la economía y el compromiso social.

María Luisa, la creativa

Conocí a María Luisa porque era hija de unos amigos: ya desde pequeña destacaba por su carácter extrovertido y original. Entre los padres, hablábamos a menudo de nuestros hijos y de cómo iban académicamente. La madre de María Luisa se lamentaba porque la niña a menudo se perdía en sus pensamientos y no estaba atenta en la escuela. Yo la tranquilizaba, no por cortesía, sino por el hecho que bastaba con mirarla para darse cuenta de que era una niña brillante y con una personalidad muy definida. Yo le preguntaba a la madre:

—“¿Pero va mal en la escuela?”. ¿Se quejan de ella los profesores?”.

La madre respondía:

—“No se quejan, pero me dicen que a veces no está atenta y que no hace tanto como podría hacer”

—“Cada niño tiene sus características —comentaba yo—, pero me parece que Maria Luisa tiene dotes en abundancia. El éxito académico es solo una parte de la historia del crecimiento y de la formación de un niño”.

Y, mientras tanto, miraba a Maria Luisa que encantaba con su garbo y las inventivas soluciones que proponía ante cualquier situación. Me maravillaba que le bastaran pequeños objetos o las cosas más simples para combinarlas de modo inesperado en agradables composiciones (“divergentes”) que yo nunca habría podido anticipar, mientras no parecía pasarle por la cabeza la típica y lógica combinación (“convergente”) que yo, y mis propias hijas, habríamos podido pensar.

Con los años, Maria Luisa ha seguido sin brillar particularmente en la escuela, pero se ha caracterizado por la creatividad y la originalidad de sus ideas, aplicándolas a los juegos, a las manualidades, pero sobre todo al mundo visual. Cuando terminó el primer y segundo ciclo de secundaria, Maria Luisa expresó su deseo de elegir el bachillerato artístico, y los padres –tras una perplejidad inicial tal vez debida al temor de secundar excesivamente las características de la chica– tuvieron la sabiduría de acoger su petición.

María Luisa finalmente se encontró en un ambiente que le era afín, se mostró a gusto con los compañeros y compañeras, contenta de enfrentarse a disciplinas artísticas, y un poco menos contenta de enfrentarse a textos de estudio. Su itinerario estaba ya orientado y afrontó su primera presentación pública oficial con una exposición en la que expuso sus obras.

Ficha de María Luisa

Atención: media-baja

Hiperactividad: media-alta

Problemas de comportamiento: escasos

Capacidad de relación: discreta

Competencias básicas:

Lectura: apenas suficiente

Expresión escrita: suficiente

Matemáticas: media-alta

Nivel intelectual general: bueno

Presencia de habilidades específicas elevadas: originalidad, apertura a lo nuevo, creatividad

Presencia de habilidades específicas bajas: leve dificultad en la lectura, no soporta las actividades rutinarias.

El perfil de María Luisa es el típico de una persona creativa. Como se puede ver en la ficha que he reconstruido, la niña era seguramente inteligente, pero tenía también algún punto débil y no brillaba en las materias académicas básicas. Lo que más impresionaba era un rasgo, en la frontera entre su personalidad y la actividad cognitiva, según el cual no amaba las cosas banales y repetidas; le gustaba “hacer las cosas a su manera”.

Cuatro historias que representan cuatro tipologías distintas de excepcionalidad

He retocado y camuflado un poco los tres casos que conocí, y he evitado recoger los detalles más personales, de modo que no fueran reconocibles, aunque –tratándose de personas presentadas por su excepcionalidad– tal vez se sintieran incluso cómplices al verse descritas en un libro. Las he delineado esquemáticamente, junto con el caso de John Stuart Mill, para enfatizar las diferencias que aparecen en estas formas de excepcionalidad y por tanto preparar el terreno para un análisis mucho más sistemático.

Pero antes de proseguir con este análisis debemos preguntarnos de manera más exacta qué entendemos por inteligencia, cómo se mide y cuáles son las variables que entran en juego cuando se habla de excepcionalidad.