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Breve, conciso y dinámico, en estos cuentos y poemas el autor intenta reflexionar sobre todo lo que es posible en la vida, con pequeñas notas de fantasía e ideales clásicos como las ninfas, laberintos, mitos, el tiempo, el amor, la insatisfacción del hombre, el perdón, el abrazo de una madre, las personas que ya no están y las que están a punto de llegar. La naturaleza se une con la ficción y va prefigurando un juego de sorpresas que marcan los destinos de los hombres que intentan comprender la esencia de la existencia. ¿Qué es, pues, lo que observamos en el espejo de nuestras vidas? ¿Qué sucesos son tan fuertes para cambiar el rumbo de nuestro destino? El hecho es claro: no se debe olvidar de dónde uno viene y hacia dónde piensa ir.
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Seitenzahl: 67
Veröffentlichungsjahr: 2019
Producción Editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación Editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Belén Mondati.
Diseño de Interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Núñez, Ramón Aníbal
No te olvides de pensar y recordar / Ramón Aníbal Núñez. - 1a ed . - Córdoba : Tinta Libre, 2019.
86 p. ; 22 x 15 cm.
ISBN 978-987-708-392-7
1. Narrativa Argentina. 2. Mitología. 3. Cuentos de Ciencia Ficción. I. Título.
CDD A863
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Impreso en Argentina — Printed in Argentina
© 2019. Aníbal Núñez.
© 2019. Tinta Libre Ediciones
Mamá:
A ti, por la simpleza y sabiduría de tus palabras,
por cada abrazo que era puerto de esperanzas
y porque fuiste y serás mi faro en las tormentas.
Gracias por apreciar cada historia.
Te amo en lo eterno.
NO TE OLVIDES DE PENSAR Y RECORDAR
Anibal Núñez
Laberinto
En tanto las paredes se recubren
de madréporas y mil azucenas,
rasgan los bordes del rostro con penas.
No hay salida cuando encubren
las ferocidades que allí entran;
no hay salida para las verdades.
No existe forma en esas vanidades,
inexistentes deseos se centran.
Encuentra nuestra vieja primavera,
huye del laberinto solitario,
cubre nuestra olvidada costumbre,
donde perdidos anduvimos, Hera.
Allí donde nos cantaba Acuario
y Helios nos mostraba la cumbre.
Retentiva distante
Memoria aquí, muy lejana y dormida
de esta vida antigua polímata
que da semblante al tiempo escarlata,
y que invoca mi verso anochecida.
¡Cómo pasa nuestra vida presente!
Medea de Hécate en campos perecida,
sin Mercurio el mensaje recibido,
que con Saturno condenada y ardiente.
Voluntad divina la del destino
que no empaña la realidad arcaica,
ya presente, el engaño de la vida.
No por eso a Venus apergamino,
no por aquello en Marte se mistifica,
verdad que descifrada es asumida.
La cuestión del dolor
En este momento, cuando el tesoro
de la vida y el dolor empaña,
cuando el recuerdo libre empaña
la única memoria que avizoro.
No descartes preocupaciones, ten fe.
Pues, cuando aún mirabas y andabas,
tú nuestro camino acompañabas.
En la cuestión del dolor siempre hay fe.
Mi memoria de tu sonrisa joven,
de tu mirada que siempre sabía
de las tristezas y mis alegrías.
No puedo olvidar tu semblante joven,
tampoco olvidar puedo cuando caía
y siempre tú a mi lado volvías.
El arte del sentimiento
Sentí de cerca el adiós de tus manos,
sentí por un momento la pérdida
de tu calor y de tus abrazos
y temí en las noches oscuras pensando
en que te fueras, sin un adiós.
Sentí, por un leve instante eterno,
un frío en mis sueños
y una emoción de furia, olvido y llanto.
En estos días descanso dormido
en piedra, agua, lana y fuego
y siento ahora que cada lágrima
es un mensaje de pérdida, de no saber,
de no sentir, comprender ni valorar
todo tu esfuerzo santo.
Tengo mis manos frías y mis ojos cristalizados,
tengo a menudo dolores en el alma.
No sé si de angustia o por cansancio,
solo sé que te amo más que nunca
y que la oscuridad me amenaza con llevarte.
¡Cómo me cuesta decir adiós y soltar
tus longevas y sagradas manos!
Siento ahora mil cosas y nada,
ya no sé qué es la noche mundana
y mis fuerzas de a poco sueltan,
ya marcadas, las cuerdas del sufrimiento.
Pero ahora, más allá de todo,
solo pido con mi corazón al cielo
verte como fruta de primavera,
como escritos marcados al viento,
como labios besando la mejilla
con el cariño del sol de verano en invierno.
¡Porque no me canso de ser hombre,
ni de callar ante lo adverso,
ni de ver el arrogante rostro
de los que se rinden al pie del sufrimiento!
Solo pido un último abrazo,
de aquellos lejanos al recuerdo,
que se mezclan con tus ojos al verme.
Y recordarte como siempre fuiste y serás:
palabras, perfume, agua y mundo
que arde ante todo, luchando y nunca cediendo.
Lo que fue nuestro
Yo era el verso triste de cantar alegre
que jamás dijo una sola rima.
Yo era el joven de vida silvestre
que nunca en sus sueños llegó a la cima.
Y fuimos aquello de tiempo eterno
sin retórica, sin premisa, sin aguja.
Y el reloj no marca número eterno
que dé vida, nos marca sin aguja.
Plural se hizo el eterno celeste
bajo nuestras blancas cumbres,
que en el patio alguna vez joven
fue creciendo el engaño, fácil, joven.
Era de pensar en tus versos tristes,
era de sonreír frente a tus ojos,
era de ver el azul de tus lágrimas,
era de conversar en los días alegres.
Y si triste pasó el verso profano,
que no vio luz en la mañana,
oyendo lejano al ruiseñor diciendo
un canto de amor, dulce en tus veranos.
Canto al amor y a la muerte
Ciego e inocente presté mi alma,
que lenta muere en espinosas esperas.
Cada átomo, mi ser, mi sangre
que de día nacido te perteneciera,
hoy como tallo cae reseco en espera.
Me aparto del bien y del mal,
soy puerto natural de dolores y penas.
Nunca creí en un amor joven, sin freno,
nunca confié en tus palabras.
Tiéndete en músicas, en versos, susurros
y suave tono de voz ligera,
pues hay una suave mañana en la tormenta
y hay mil lágrimas en mis ojos todos los días.
¡Oh, vil sostén mundano del amor
que por castigo Dios lo hizo posible!
Y las flores del jardín que fueron nuestras,
la cizaña, el sauco y la candelaria,
con goces al cielo crecen negras,
yo me caigo al suelo de piedras y poetas.
Soy hombre y mujer de noches magnéticas.
¡Abrázame, día y hora fecunda de estrellas!
Pues mi aliento muere como yo en espera,
tan carnal, engendrando dolor; llora al fin.
Porque surge de mi ser tanta sangre
de neblina en el aire y me cubre los ojos
y de nada sirve ocultarse estando destrozado.
Divinos y bendecidos somos algunos,
por dentro y por fuera, que otros no lo ven
y solo deprimentes daños encarcelan.
En vano somos decorosos, listos,
devotos, confiables, de polvo y hueso,
si de objetos recordados seremos.
En vano el ave vuela o el alce pasta,
porque la ley es una sola, como verde la hiedra:
solo la muerte de cuerpo y alma espera.
No quedan amigos y lejos, al alcance
de nublosos sueños, otro espera.
Soy átomo y carne; y Dios, que alma
agraciada de regalo me entrega,
no avisa ni al alba del dolor que me espera.
Demasiado tiempo dejé mis pesares
que consumieron el blanco papel
y con los años veo solo rostros sin gracia,
encadenados por penas y odios.
Ahora quiero solo beber el agua divina,
arrojarme a ella y morir sin amor,
que mi cuerpo se evapore y se olvide.
Nada gano siendo recordado y no valorado
en vida, porque precioso es el regalo de la tierra.
Joven, hombre, mujer… solo paz deseo.
Y dejo aquí mis deseos de llorar,
que siempre, a cada minuto, me acompañan.
Y si por algún motivo los hallo en la calle,
con mi rostro sobre un espejo
mostrando la agotada vida que llevo,
solo pido ver esperanza en lo que creo.
Porque Dios, tirados, no deja a sus hijos,
ya que donde quiera que vayamos
en el día, en la noche, en velo,
siempre llega todo de brazos abiertos.
A primera vista
¡Ay de ti, solemne libertad enamorada!
Escurre mis deseos como manantial,
mientras la plateada luz guía mis ojos
al encuentro de dos almas amadas.
Yo que por ti he visto las cristalinas aguas
que reflejan la caída de tus cumbres,
siempre onduladas, perfectas, amadas.
Pobre debió ser Polifemo y los dioses
por tanta belleza en ti resguardada.
Y yo siempre sufriendo a la distancia,
siempre a primera vista perdido en la nada.
Qué tan azul es el ser de tu alma y de tus ojos,
qué tan perfecto llega a ser el humano,
qué tan poderoso es el rezo del alma
que crea en las noches y los días
cuerpo, mente, espíritu y amor en llamas.
Mentiría si dijera que de tus ojos escapo,
pues menos fuerza necesito
