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Non omnis moriar nace de las particulares circunstancias que imprimen a este libro de homenaje al Prof. Dr. Santiago Madrigal Terrazas su sello más peculiar: pensado y elaborado no desde el gabinete de trabajo teológico, sino desde el lecho del dolor. En sus páginas queda reflejado un itinerario vital plasmado en el ejercicio del oficio de la Teología durante tres décadas. Su núcleo es un testimonio acerca del "viaje definitivo" y la confrontación con la "hermana muerte", "puesto ya el pie en el estribo (…) llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir", como escribiera Cervantes. Este testimonio se ve acompañado por un Prólogo de homenaje a tres voces, que incluye las palabras del Papa Francisco, "Una mistagogía eclesial ignaciana"; del rector de la Universidad Pontificia Comillas, E. Sanz Giménez-Rico, "Santiago Madrigal, jesuita y comillés"; y del Decano de la Facultad de Teología, F. Ramírez Fueyo, "Raíces y consolidación de un magisterio teológico". El libro se completa con una selección de doce textos que son reflejo de una fecunda trayectoria investigadora y expresión de los principales intereses teológicos de una vida intelectual y académica interrumpida abruptamente. La imagen de portada, la talla del Cristo sonriente de Javier, recapitula de forma gráfica el misterio de nuestra fe que late en el adagio latino non omnis moriar: algo de mí permanecerá para siempre. En esta representación de la humanidad transfigurada, el Hijo de Dios ha incorporado en su encarnación su propia humanidad y la nuestra, estableciendo la victoria definitiva sobre el dolor, el sufrimiento y la muerte.
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Seitenzahl: 750
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Esta editorial es miembro de la Unión de Editores Universitarias Españolas UNE, lo que garantiza la difusión y comercialización de sus publicaciones a nivel nacional e internacional.
© 2023Universidad Pontificia Comillas
C/ Universidad Comillas, 3
28049 Madrid
© 2023 Santiago Madrigal Terrazas
ISBN: 978-84-8468-547-0
Depósito Legal: M-21766-2023
Diseño de cubierta: Belén Recio Godoy
Fotocomposición: Rico Adrados, S.L.
Abad Maluenda, 13-15 bajo • 09005 Burgos
Conversión ebook: Dolphin Tecnologías
Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido por las leyes, que establecen penas de prisión y multas, además de las correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios, para quienes reprodujeran total o parcialmente el texto de este libro por cualquier procedimiento electrónico o mecánico, incluso fotocopia, grabación magnética, óptica o informática, o cualquier sistema de almacenamiento de información o sistema de recuperación, sin permiso escrito de los propietarios del copyright.
SANTIAGO MADRIGAL TERRAZAS
Lección inaugural del Acto Académico de apertura del curso 2014-2015.
ÍNDICE
I. Notas preliminares a modo de introducción
II. Palabras de homenaje: prólogo a tres voces
1. Semblanza científica del prof. dr. santiago madrigal basada en sus publicaciones: Una mistagogía eclesial ignaciana (Su Santidad Papa Francisco)
2. Semblanza del profesor universitario: Santiago Madrigal,jesuita y comillés(Enrique Sanz Giménez-Rico, SJ. Rector de la Universidad Pontificia Comillas)
3. Semblanza biográfica: Raíces y consolidación de un magisterio teológico(Francisco Ramírez Fueyo, Decano de la Facultad de Teología)
III. Confieso lo que he vivido: Non omnis moriar
1. Penúltimos pensamientos sobre el viaje definitivo y la hermana muerte
2. Fragmentos de una reflexión (abruptamente) interrumpida
3. Postdata: Tomad, Señor, y recibid
IV. Selección de textos
1. Juan de Segovia y el origen del Tratado De Ecclesia: el debate papa-concilio y la búsqueda de la paz entre las religiones
2. Francisco Javier: experiencia de Dios y misión
3. Alessandro Valignano ante el reto de la inculturación: una relectura del Sumario de las cosas de Japón (1583)
4. Matteo Ricci, la sabiduría universal de la amistad
5. Crónica breve del Concilio Vaticano II: aggiornamentopastoral y apertura al mundo
6. Yves congar (1904-1995): pasión por la unidad y la reforma de la Iglesia
7. Trazos fundamentales de la eclesiología del Concilio Vaticano II
8. Jesucristo, la Iglesia y la pobreza: un capítulo (olvidado) de la eclesiología conciliar
9. Pilar Bellosillo, presencia femenina en el Concilio
10. Pedro Arrupe y el Concilio Vaticano II
11. Lo religioso en El Quijote: el cristianismo católico del caballero andante
12. El camino sinodal del Papa Francisco
V. Obra escrita: publicaciones
I.
NOTAS PRELIMINARES A MODO DE INTRODUCCIÓN
Hace casi dos años, exactamente el 20 de julio de 2021, la enfermedad llamó a mi puerta con el perturbador diagnóstico de un cáncer colo-rectal, cuyos zarpazos más recientes me han llevado a la situación de una jubilación fulminante y forzosa tras una compleja intervención quirúrgica y un delicado proceso de hospitalización que dura ya varios meses. Estas circunstancias imprimen a este libro de homenaje su sello más peculiar y característico: pensado y elaborado no desde el gabinete de trabajo teológico, sino desde el lecho del dolor, al tiempo que me voy recuperando lentamente en el centro de cuidados paliativos que regentan amorosamente, según el mensaje de su fundador, los religiosos camilos en Tres Cantos. Tal es, en una palabra, su Sitz-im-Leben, es decir, el contexto vital en que se inscriben. Es una situación que me hace evocar, de cuando en cuando, las bellas palabras que Cervantes escribió en la dedicatoria al Conde de Lemos de su última y póstuma novela Los trabajos de Persiles y Segismunda, con sus últimas fuerzas: «Puesto ya el pie en el estribo (…). Ayer me dieron la extremaunción…; el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir».
Al redactar estas aclaraciones preliminares quiero evocar, en primer lugar, que el 21 de junio de 2021 tuve la ocasión de presentar un libro de homenaje en honor del profesor Dr. José Ramón Busto Saiz. En este proyecto colaboró un buen número de profesores de la Facultad de Teología como en otras ocasiones. Para su presentación redacté un texto que dormía entre los archivos mudos de mi ordenador y del que retomo ahora algunas ideas. Aquella reflexión comenzaba con una descripción del concepto alemán Festschrift, o también Festgabe, liber amicorum, en su versión latina: se trata de un término utilizado en el mundo académico para referirse a un libro en honor de una persona respetada, en especial a un académico, y que se presenta durante el transcurso de su vida. Es este un género literario que ha sido cultivado con esmero en el marco de nuestra Facultad. Hemos hecho, sin duda, un camino, con una serie de libros dedicados a la generación de los profesores que nos han precedido, se han ido jubilando y han sido también maestros de la generación en activo. Me permito añadir en un recuento rápido los títulos de los libros y los nombres de los homenajeados:
Ciudad de los hombres, ciudad de Dios (1999) – Alfonso Álvarez Bolado, SJSólo la Iglesia es cosmos (2000) – Joaquín Losada Espinosa, SJResponsabilidad y diálogo (2002) – José Joaquín Alemany Briz, SJBioética: un diálogo plural (2002) – Javier Gafo Fernández, SJLiber amicorum (2003) – Juan Bautista Valero Agúndez, SJUmbra, imago, veritas (2004) – Manuel Gesteira – Eusebio Gil, SJ – Antonio Vargas-Machuca, SJIglesia de la historia, Iglesia de la fe (2005) – Juan María Laboa GallegoSoli Deo gloria (2006) – Dolores Aleixandre – José R. García-Murga – Marciano VidalMil gracias derramando (2011) – Secundino Castro, OCD – Santiago Arzubialde, SJ – Rafael Sanz de Diego, SJTeología con alma bíblica (2021) – José Ramón Busto Saiz, SJMe gusta pensar desde la historia bíblica –escribí para la ocasión– que estos libros de homenaje son como las piedras conmemorativas de las que habla el libro de Josué, cuando los portadores del arca de la alianza cruzaron las aguas del río Jordán a pie enjuto, a sabiendas de que iba a llegar el día en que los descendientes preguntaran: «¿Qué son esas piedras?» (Jos 4, 6-7). Quieren ser los libros de esta colección como piedras del recuerdo en medio de las aguas turbulentas de estos tiempos sometidos a cambios vertiginosos que pronto lo recubren todo con la pátina del olvido. Esta colección de libros está animada por el espíritu de lo que se lee en el libro de Daniel: «Y los sabios brillarán como el resplandor del firmamento, y quienes enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por siempre, eternamente» (12, 3).
Este libro, Non omnis moriar, prolonga la colección de obras teológicas de la Facultad haciendo el número once de la serie «Homenajes». Quisiera justificar, antes que nada, este atrevimiento de colocarme en la lista y en la secuencia de los que han sido mis maestros en las aulas de Teología. Por su parte, me consta que el decano de la Facultad, el profesor Dr. Francisco Ramírez Fueyo, estaba pensando algo semejante, a saber, redactar una semblanza biográfica y académica de mi persona y de mi dedicación y servicios a lo largo de más de 25 años; esta intención que me exonera de la incómoda tarea de la auto-justificación de este proyecto le convierte en uno de los editores de la obra. Además, también estaba en su mente acompañar dicha presentación con una selección de textos que fueran suficientemente representativos de mi producción científica y dieran cuenta de ella. He aquí en germen la estructura general y el armazón básico de este volumen.
Con el objeto de conjugar en un proyecto común estas intenciones me pareció necesario ofrecer mi propio testimonio, a modo de testamento, un breve relato de la experiencia que me ha tocado vivir, una experiencia de gracia que puedo catalogar como una transfiguración luminosa de la noche oscura del alma que ha atravesado la prueba del dolor, del sufrimiento y de la proximidad de la muerte. Por ello, el núcleo central de estas páginas, su auténtico quicio, es la sección que lleva por título, Confieso lo que he vivido, y que he querido reconducir a un lema latino que habla de la feliz esperanza cristiana en la resurrección: Non omnis moriar. No moriré del todo, algo de mí permanecerá, porque hay algo en la criatura humana que es inmortal, como la justicia o el amor, que son capaces de romper las cadenas de la parca.
Este misterio de nuestra fe aflora en el motivo que adorna la portada de este libro: la talla del Cristo sonriente que se conserva en el Castillo de Javier. Estamos ante una representación de la humanidad transfigurada, es decir, el Hijo de Dios en su encarnación ha incorporado su propia humanidad y la nuestra en su victoria sobre el dolor, el sufrimiento y la muerte. Creo en este Cristo sereno y victorioso que ha hecho del árbol de la cruz el asiento de su triunfo definitivo.
Este libro de homenaje no es, a pesar de su melodía monocorde y poco sinfónica, el hijo avellanado nacido del «propio amor, querer e interés» que conducen a la vanagloria inane; tampoco es el fruto de eso que el papa Francisco ha denominado la «mundanidad espiritual», esa enfermedad que el jesuita Henri de Lubac censuró en las últimas páginas de su Meditación sobre la Iglesia. Muy al contrario, quiere ser el testimonio de una experiencia de fe cristina en el misterio de la resurrección que se fue abriendo paso en el hondón de mi conciencia en medio de la tribulación y de la zozobra extremas que produce el abismo presentido de la nada y de la aniquilación ante la cercanía de la muerte. Desde estas nuevas e inesperadas coordenadas he querido releer mi itinerario vital plasmado a su vez en el ejercicio del oficio de la Teología durante años.
Para completar el capitulario, la penúltima sección del libro es una miscelánea en la que he hecho una selección de algunos de mis trabajos. La profesora Dra. Carmen Márquez Beunza, que figura también como editora, asumió la tarea de releer, revisar y armonizar los textos para su publicación, alguno de ellos inédito hasta ahora. A ella y al decano expreso mi más sentido agradecimiento. A la postre, son doce los textos que componen este florilegio, al hilo de la poderosa simbología del número doce, número de la totalidad, y también es el guarismo que en los textos bíblicos sirve de clave para hablar de la Iglesia, de la Jerusalén celeste, construida sobre doce fundamentos que llevan los nombres de los doce apóstoles del Cordero; es la Jerusalén celeste que se ha instalado en esta tierra para ser «morada de Dios con los hombres» (Ap 21,3). El libro se completa con una sección final que recoge el elenco de mis publicaciones (libros, capítulos en libros, artículos en revistas y recensiones).
Este volumen, como decía más arriba, viene a hacer el undécimo en la colección «Homenajes» del Servicio de Publicaciones de la Universidad Pontifica Comillas de Madrid, y ya ha quedado incorporado a esta secuencia de «piedras conmemorativas» para contrarrestar la negra marea del olvido. Quiero expresar el agradecimiento a su diligente directora, Belén Recio Godoy, con su más que contrastado buen hacer.
Expreso, last but not least, mi agradecimiento a las palabras de presentación que ha redactado el Dr. Enrique Sanz Giménez-Rico, rector de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid: Santiago Madrigal, jesuita y comillés. En su día, siendo decano, me afané ante el provincial de turno –creo que esto no se lo he dicho nunca– para que se incorporara como profesor de Biblia en el claustro de nuestra Facultad. Por otro lado he de agradecer su atrevimiento para solicitar del papa Francisco unas palabras de prólogo a este volumen en las que establece al hilo de mis publicaciones una semblanza científica sustanciada en un lema en el que me siento muy reconocido: Una mistagogía eclesial ignaciana.
Una vez explicitada la génesis de este libro, las peculiares condiciones de su surgimiento y sus principales contenidos, no me resta sino añadir un mensaje último. Lo hago con la ayuda de unos versos breves de Hermann Hesse, dedicados a los libros (Bücher, se titula en alemán), que he traducido libremente:
«Todos los libros de este mundo //
no te darán la felicidad //,
aunque te conducen a lo secreto //
se orientan en realidad hacia ti.
Allí está todo lo que necesitas, //
sol, estrella y luna, //,
pues la luz que tú persigues, //
habita dentro de ti.
La sabiduría, que largamente has buscado //
en las librerías, //
refulge ahora desde cada página, //
de modo que ahora ya es tuya».
SANTIAGO MADRIGAL TERRAZAS, SJ
En la residencia S. Camilo de Tres Cantos, a 21 de mayo de 2023.
Domingo y fiesta de la Ascensión del Señor
II.
PALABRAS DE HOMENAJE: PRÓLOGO A TRES VOCES
1. SEMBLANZA CIENTÍFICA DEL PROF. DR. SANTIAGO MADRIGAL BASADA EN SUS PUBLICACIONES:
Una mistagogía eclesial ignaciana
Cualquier teólogo jesuita que concentre el foco de su dedicación teológica en la eclesiología ha de responder a la pregunta por el sentido de la Iglesia, su constitución, estructura y su puesto en la fe católica, hasta aquí igual que cualquier otro colega. Si ama su vocación y estima en alto grado el legado de su fundador se preguntará por el significado esencial del sentir en y con la Iglesia, así como por el valor de las reglas ignacianas que cierran el libro de los Ejercicios. Con esta doble impronta, el profesor Santiago Madrigal ha desplegado a lo largo de su amplia obra eclesiológica una extensa meditación presidida por el interés de mostrar el puesto de la Iglesia católica romana en la fe personal del creyente que hace la experiencia del encuentro con Jesucristo de un modo íntimo, por ejemplo, en los ejercicios ignacianos1. En su magisterio se descubren entrelazadas diversas claves de acceso a la comprensión del misterio de la Iglesia, que tejen una eclesiología con raíces históricas, ignaciana, misionera, contemporánea, alentada por el Concilio Vaticano II, ecuménica y romana, constituyendo una suerte de mistagogía eclesial ignaciana2.
a) Desde las raíces teológicas del tratado
Con su tesis, dirigida por el sabio profesor Hermann-Josef Sieben, SJ, el futuro profesor Madrigal optó por iniciar su preparación para la docencia de la eclesiología con el estudio de los orígenes del tratado sobre la Iglesia en el siglo XV, realizando una investigación sobre uno de los primeros tratados de eclesiología en cuanto tales: el «Tractatus De Ecclesia» del dominico Juan de Ragusa3. A esta investigación, le sucedieron otras, tanto sobre Ragusa como sobre otros autores más o menos contemporáneos, destacando su dedicación al estudio de la eclesiología del teólogo español Juan de Segovia4. Así, adentrándose en las agitadas discusiones entre conciliaristas y papalistas en una época marcada por encarnizadas discusiones eclesiales, se hizo con una comprensión profunda del puesto de la Iglesia en el ámbito de la fe. Desde entonces, la erudición histórica ha sazonado su modo de abordar los temas eclesiológicos, aportando una impronta histórico-sistemática a su modo de iluminar los temas candentes del momento, como, por ejemplo: laicado5, ministerio ordenado6, episcopado7 o conferencias episcopales8.
b) Con impronta ignaciana
Como buen hijo de san Ignacio, parte no pequeña de su producción se centra en descifrar la comprensión ignaciana de la Iglesia, desde san Ignacio9, con sus reglas para sentir en y con la Iglesia, pasando por algunos de los primeros compañeros, como Laínez, Fabro10 y Salmerón11, para llegar hasta grandes teólogos jesuitas del siglo XX, entre los que figuran Karl Rahner, Henri de Lubac y Otto Semmelroth12, hasta el P. Pedro Arrupe13. Según Madrigal, la visibilidad histórica de la gracia, en la forma de la sacramentalidad eclesial, proporciona la clave fundamental de una eclesiología de corte ignaciano14.
c) Orientada hacia la misión
En su mirada a la Iglesia, el profesor Madrigal ha tocado prácticamente todos los temas, pero uno le ha interesado con especial agudeza: la misión15. Siguiendo la estela de la Gaudium et spes16, ciertamente, pero más todavía el impulso misionero de la orden a la que pertenece, se ha ocupado en diversos momentos de la misión de la Iglesia, de su naturaleza misionera y de sus logros misioneros. Sobre este último punto, su mirada se ha dirigido a san Francisco Javier y otros misioneros de renombre, como Ricci y Valignano17. Por eso, la perspectiva eclesiológica del profesor Madrigal se ha encontrado especialmente cómoda con las líneas maestras de la propuesta eclesiológica del papa Francisco18.
d) Insertada en la teología contemporánea
Pensar hoy el ser y la misión de la Iglesia y, desde ahí, proponer su puesto en la fe personal y colectiva, ha de hacerse desde nuestra circunstancia teológica actual. En la obra del profesor Madrigal circulan todos los nombres de los principales eclesiólogos contemporáneos, de lenguas diversas, entre los que figuran: K. Barth, K. Rahner, H. de Lubac, E. Schillebeeckx, W. Pannenberg19, J. Ratzinger y muchos otros. Cabe destacar su gran admiración por el dominico Yves Congar: su enorme erudición histórica, su penetrante agudeza teológica y su cualificada y sopesada visión del puesto de la Iglesia en el misterio de Cristo20.
La contemporaneidad no solo tiene que ver con los teólogos sino con los temas teológicos candentes del momento. Aquí destacan, en los últimos años, sus publicaciones sobre la sinodalidad y la reforma de la Iglesia21.
e) Rememorando y recreando el Vaticano II
Si por algo es especialmente admirado el profesor Madrigal es, con toda razón, por su dedicación a rememorar el Concilio Vaticano II, para recrear el sentido teológico de sus textos, del acontecimiento y de su recepción. Ya una primera obra anunciaba programáticamente la necesidad de volver una y otra vez al texto y al acontecimiento del Concilio22. Ha seguido de cerca a sus protagonistas, con múltiples estudios23, pero también los temas centrales del Concilio, su historia y su recepción24. Desde esta sabiduría, ha sido el artífice de la orquestación de un comentario en cinco volúmenes de todos los documentos del Vaticano II, que saldrá progresivamente en la BAC. Corona este recorrido con una amplia introducción en el primer volumen de dicho comentario, que incluye una breve historia del Concilio y de su recepción. De su pluma procede también el comentario a la Lumen gentium, parte fundamental de dicho volumen.
f) Preocupada por el ecumenismo
Si el Concilio Vaticano II marcó la senda del ecumenismo para la Iglesia de la segunda mitad del siglo XX y del siglo XXI, el eclesiólogo Madrigal se ha involucrado activamente en las investigaciones ecuménicas, con muchos y variados estudios, tanto históricos como más sistemáticos25. Desde 1999 es consultor de la Comisión de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española.
g) Apostando por la romanidad
En plena línea con la impronta ignaciana, el profesor Madrigal ha dedicado un amplio espacio al estudio de las iniciativas de los romanos pontífices y a su concepción eclesial, desde mis predecesores Juan Pablo II26 y Benedicto XVI27, hasta mis propios escritos y alocuciones28. Sin caer en el papismo, no solamente se ha ocupado del sentido del ministerio petrino29, sino también de entender y propagar la eclesiología de quienes han ocupado la sede romana durante su quehacer teológico.
h) En conclusión: una mistagogía eclesial ignaciana
El hilo rojo de todo este amplio abordaje de una realidad tan compleja como la Iglesia, criatura del Verbo divino, sujeta a todos los avatares de la historia y de las miserias humanas, pero preservada por la providencia del divino y santo Espíritu, radica en entender cómo el misterio de la Iglesia forma parte esencial e ineludible del misterio de Cristo. Es decir, en mostrar desde estos diversos ángulos cómo la fe trinitaria, que nos conduce a la confesión de fe en el Señor Jesucristo, no acierta en su tenor verdadero olvidándose de la Iglesia, su Esposa. Porque «entre Christo nuestro Señor, esposo, y la Iglesia su esposa, es el mismo spíritu que nos gobierna y rige para la salud de nuestras ánimas» (Ej 365). Agradezco al P. Madrigal el servicio intelectual a «nuestra sancta madre Iglesia hierárchica» (Ej 353), eje de su teología y de su fe personal, como verdadero hijo de Ignacio de Loyola.
SU SANTIDAD PAPA FRANCISCO
1 «Experiencia de Dios y conversión eclesial en “la persona que se ejercita”. A propósito de las Reglas para sentir con la Iglesia», en R. J. Meana Peón (dir.), El Sujeto.Reflexiones para una antropología ignaciana, Bilbao-Santander-Madrid 2019, 253-275.
2 Cf. «El tratado De Ecclesia. Pasado y presente», en S. Madrigal Terrazas; E. Gil Coria (eds.), Sólo la Iglesia es cosmos. Miscelánea homenaje al Prof. J. Losada, Madrid 2000, 393-440; «Los ministerios de la Iglesia hoy», en Retos de la Iglesia para el nuevo milenio, Madrid 2001, 137-173; «Eclesiología en devenir: el estudio de la Iglesia en el ciclo institucional de Teología», en G. Uríbarri Bilbao (ed.), Fundamentos de Teología Sistemática, Bilbao 2003, 137-177; «Tendencias actuales en eclesiología: un balance», en 25 años de Teología: balance y perspectivas, Madrid 2006, 163-196; «La Iglesia y su misterio», en A. Cordovilla Pérez (ed.), La lógica de la fe. Manual de teología dogmática, Madrid 2013, 395-496; «Núcleos dogmáticos que es preciso proponer sobre la Iglesia para transmitir la fe en una cultura plural», en A. González Montes; A. del Agua Pérez (eds.), Sociedad multicultural y conciencia cristiana, Madrid 2019, 193-229.
3La Eclesiología de Juan de Ragusa OP (1390-1443). Estudio e interpretación de su «Tractatus de Ecclesia», Madrid 1995.
4 Ej. El proyecto eclesiológico de Juan de Segovia. Estudio del «Liber de substantiaecclesia», Madrid 2000; El pensamiento eclesial de Juan de Segovia (1393-1458): la gracia en el tiempo, Madrid 2004; «El Liber de substancia ecclesiae y la primera sistematización de la eclesiología», en S. Madrigal Terrazas; J. L. Narvaja Bergoglio, Liber de substancia ecclesiae. Iohannis Alphonsi de Segovia, Münster ٢٠١٢, ١٣-٥٥.
5 Ej.: «Identidad eclesial del laico en el mundo: “Id también vosotros a mi viña” (Mt 20, 4)», en F. Meroni Meroni; A. Gil Gil (eds.), Laicado y misión, Madrid 2017, 87-109.
6 «Ser sacerdote según el Vaticano II y su recepción posconciliar», en G. Uríbarri Bilbao (ed.), El ser sacerdotal. Fundamentos y dimensiones constitutivas, Madrid 2010, 119-157.
7 «El Pacto de las Catacumbas, un “espejo de pastores”. Teología y praxis del ministerio episcopal», en X. Pikaza; J. Antunes da Silva (eds.), El Pacto de las Catacumbas. La misión de los pobres en la Iglesia, Estella (Navarra) 2015, 141-160.
8 «Afirmación y consolidación de las Conferencias episcopales durante el Concilio Vaticano II: apuntes sobre el caso español», en Conferencias episcopales: orígenes, presente y perspectivas. A los 50 años de la creación de la Conferencia Episcopal Española, Madrid 2017, 79-128.
9 Ej.: Estudios de eclesiología ignaciana, Bilbao 2002.
10Eclesialidad, reforma y misión. El legado teológico de Ignacio de Loyola, Pedro Fabro y Francisco Javier, Madrid 2008.
11«“Nuestra sancta madre Iglesia hierárchica” [Ej 353]. La Iglesia de Jesucristo según los Commentarii de Salmerón», en G. Uríbarri (ed.), Dogmática Ignaciana. «Buscar y hallar la voluntad divina» [Ej 1], Bilbao-Santander-Madrid 2018, 469-502.
12«Die Aufzeichnungen über die Kirchenkonstitution Lumen gentium im Konzilstagebuch des Frankfurter Theologen O. Semmelroth SJ», en D. Ansorge (ed.), Das Zweite Vatikanische Konzil. Impulse und Perspektiven, Münster ٢٠١٣, ١٠٣-١٤٠. Sobre Rahner y de Lubac, cf. infra.
13 Ej.: «Su sentido de Iglesia: “siguiendo la estela del Concilio Vaticano II”», en G. La Bella (ed.), Pedro Arrupe, General de la Compañía de Jesús. Nuevas aportaciones a su biografía, Bilbao-Santander 2007, 637-667.
14Tradición jesuítica en materia eclesiológica. Discurso pronunciado por el Dr. Santiago Madrigal Terrazas, SJ, en el acto de su toma de posesión como académico de número, RADE, Madrid 2010.
15 Ej.: «“Servir a Dios” y “ayudar a las ánimas”. Misión, eclesiología ignaciana y misiones»: Zeitschrift für Missionswissenschaft und Religionswissenschaft 90 (2006) 165-182; «La misión de la Iglesia en el mundo: del Vaticano II a la nueva evangelización»: Corintios XIII. Revista de teología y pastoral de la caridad Nº ١٤٤ (٢٠١٢) ٨٧-١٠٨.
16 «Rileggere la Gaudium et spes.Una Chiesa per il mondo»: La Civiltà Cattolica 165, Nº 3945 (2014) 228-242.
17 «Matteo Ricci, la sabiduría universal de la amistad»: Razón y Fe 262, Nº 1346 (2010) 355-370; «Alessandro Valignano ante el reto de la inculturación», en Evangelium und Kultur. Begegnungen und Brüche, FS für Michael Sievernich, Fribourg 2010, 501-517.
18El giro eclesiológico en la recepción del Vaticano II, Santander 2017.
19 Ej.: «W. Pannenberg, intérprete del Concilio Vaticano II»: Diálogo ecuménico 34, Nº. 109-110 (1999) 245-286; «La Iglesia en la Teología Sistemática de W. Pannenberg (I): “Signo del reinado de Dios” y “Congregatio Fidelium”»: Estudios Eclesiásticos 75 (2000) 177-233; «La Iglesia en la teología sistemática de W. Pannenberg (y II): el ministerio eclesial y el Pueblo de Dios»: Estudios Eclesiásticos 75 (2000) 421-472.
20 Cf. «No hay ressourcement sin diálogo ecuménico: el diario conciliar de Yves Congar»: Diálogo ecuménico 39, Nº. 124-125 (2004) 273-314; Tiempo de Concilio. El Vaticano II en los Diarios de Yves Congar y Henri de Lubac, Santander, 2009; «La herencia del P. Congar: reflexiones teológicas después del Vaticano II sobre la reforma de la Iglesia», en Ecclesia semper reformanda: teología y reforma de la Iglesia: en el IV Centenario de la muerte de San Juan de Ribera, Valencia 2012, 131-153.
21 «El enraizamiento de la figura sinodal de la Iglesia en el desarrollo histórico de la revelación», en S. Madrigal Terrazas (ed.), La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia. Texto y comentario del documento de la Comisión Teológica Internacional, Madrid 2019, 81-109; «Fundamentos teológicos de la reforma eclesial en el proyecto del Papa Francisco», en La reforma y las reformas en la Iglesia, Santiago de Compostela 2017, 353-387; Conferencias episcopales para una Iglesia sinodal, Santander 2020.
22Vaticano II: remembranza y actualización. Esquemas para una eclesiología, Santander 2002.
23 Ej.: Memoria del Concilio. Diez Evocaciones del Vaticano II, Madrid 2005; Karl Rahner y Joseph Ratzinger. Tras las huellas del Concilio, Santander 2006; Tríptico conciliar: relato - misterio - espíritu del Vaticano II, Santander 2012; «No apaguéis el Espíritu»: dos evocaciones del Concilio, Santander, 2015; Protagonistas del Vaticano II: galería de retratos y episodios conciliares, Madrid 2016.
24 Ej.: Unas lecciones sobre el Vaticano II y su legado, Madrid 2012; «La recepción del Vaticano II: crónica histórica para un “satus quaestionis”»: Estudios Eclesiásticos 97 (2022) 3-44.
25 Ej.: «Juan de Ragusa OP († 1443), promotor de la Ecumene»: Diálogo ecuménico 30, Nº 97 (1995) 175-212; «“Praesis ut prosis”. Consideraciones en torno a la Encíclica Ut unum sint»: Miscelánea Comillas 55 (1997) 391-403; «El compromiso ecuménico de la Iglesia Católica: de ‘Unitatis redintegratio’ a ‘Ut unum sint’»: Sal Terrae 87. Nº 1028 (1999) 789-802; L’unità prevale sul conflitto. L’ecumenismo di Papa Francesco, Città del Vaticano 2017 (con traducción al inglés, portugués y español); «La eclesiología trinitaria en perspectiva ecuménica», en J. P. García Maestro (ed.), Trinidad, comunión y unidad. X Congreso Trinitario Internacional, Madrid 2017, 53-88; Lutero y la Reforma. Evangelio, Justificación, Iglesia, Madrid 2019.
26 Ej.: «El misterio del Concilio según Karol Woytila-Juan Pablo II: el Vaticano II como “enriquecimiento” de la fe», en S. Madrigal, Tríptico conciliar, 81-159; «KarolWoytila - S. Juan Pablo II: la aplicación del Concilio a la vida de la Iglesia», en S. Madrigal, Protagonistas del Vaticano II, 583-626.
27Iglesia es caritas. La eclesiología teológica de Joseph Ratzinger - Benedicto XVI, Santander 2008; «La eclesiología teológica de Joseph Ratzinger», en S. Madrigal Terrazas (ed.), El pensamiento de Joseph Ratzinger. Teólogo y Papa, Madrid 2009, 195-241.
28 Ej.: «La conversión pastoral del papado en una Iglesia sinodal»: Medellín: teología y pastoral para América Latina 43, Nº 168 (2017) 313-331; De pirámides y poliedros. Señas de identidad del pontificado de Francisco, Santander 2020; «Escritura y tradición en el magisterio kerygmático de Francisco», en P. Alonso Vicente; S. Madrigal Terrazas (eds.), Teología con alma bíblica: miscelánea homenaje al Prof. Dr. José Ramón Busto Saiz, Madrid 2021, 399-416.
29 «El servicio de Pedro en el siglo XXI. Formas de ejercicio del primado de Roma: una prospectiva hacia el futuro desde el pasado de la historia», en Ser cristiano en el siglo XXI. Reflexiones sobre el cristianismo que viene, Salamanca 2001, 269-323; «El Papa en la Iglesia. Dimensión doctrinal», en D. Tolsada (ed.), El papado en la Iglesia y en el mundo de hoy, Madrid 2014, 112-144.
2. SEMBLANZA DEL PROFESOR UNIVERSITARIO:
Santiago Madrigal, jesuita y comillés
Escribo estas breves páginas con agradecimiento, emoción y honor. Por muchas razones; principalmente por expresar y presentar dos características de Santiago Madrigal Terrazas SJ que dan sentido a mi vida y de las que todavía me queda mucho por aprender. Son, junto con las que preceden y siguen, del papa Francisco y del decano de la facultad de teología de Comillas, el homenaje de nuestra centenaria universidad a un hombre que, a lo largo de más de 25 años, ha sembrado en nuestros campus de Cantoblanco y Alberto Aguilera su vida, su inteligencia, su corazón, su sonrisa y su ironía.
Los ejercicios ignacianos son un camino para acercarnos a la persona de Santiago jesuita. Dice el historiador Henri Brémond que los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola (EE) son el «drama de la vocación y el drama de la elección». Drama en el sentido de la acción en la que se da un encuentro de la persona con Dios (vocación) para llegar a la meta de una respuesta personal a esa vocación (elección). La vocación es gratuita, fundante; es también duradera en el tiempo. La vocación es la expresión del paso de la acción de Dios a la actuación del llamado. Vocación que en clave ignaciana se entiende como vocación de ser criatura divina para amar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su ánima (EE 23).
En 2019 Santiago escribía una colaboración sobre el tipo de persona que se desprende de las «Reglas para sentir con la Iglesia» de los EE. Forma parte del libro El sujeto. Reflexiones para una antropología ignaciana. En ella se refería, entre otras cuestiones, a la elección en la segunda semana de los EE. Esta es, en palabras del propio Madrigal, «el combate espiritual y escatológico entre el poder del sentido y el del sinsentido de la nada, que no solo anida en el corazón humano, sino que también recorre la historia humana». Elección para seguir a Cristo pobre y humilde en la iglesia militante para en todo amar y servir.
Santiago ha hecho verdad estos dos importantes aspectos de la vida del jesuita. En Casalarreina, La Rioja, y en Comillas, Cantabria, en forma germinal; en Valladolid, Salamanca, Miranda de Ebro, Madrid, Fráncfort y otros lugares del universo durante su vida como jesuita. Lugares todos ellos donde vivió a lo largo de más de seis décadas, en los que se dedicó de lleno, con vocación y elección, al apostolado intelectual, a la universidad. Santiago los ha hecho especialmente verdad desde julio de 2021, desde que le diagnosticaron un cáncer colo-rectal. Su «Confieso lo que he vivido: Non omnis moriar» de este libro son el mejor testimonio de mis propias palabras.
Santiago, jesuita; Santiago, comillés. La Universidad Pontificia Comillas fue para nuestro homenajeado su vocación y su elección. En ella, y especialmente en su facultad de teología, vivió con pasión los valores de nuestra universidad: la humanidad, la humildad, el agradecimiento, la generosidad, el trabajo, el esfuerzo, la fidelidad. Durante casi 25 años he sido testigo directo de ello: como compañero de claustro, como decano de teología, como rector de Comillas. Son innumerables las vivencias y los eventos que podría escribir en estas páginas, para ilustrar mi convicción anterior. Dejo, sin embargo, a su amable lector que llene ese silencio con sus propias vivencias, para que también pueda hacer suyas mis propias palabras.
Santiago ha hecho de Comillas una universidad mejor, una universidad más jesuita. Decía el P. Peter – Hans Kolvenbach SJ, general de los jesuitas durante casi 25 años, que una universidad católica y jesuita está llamada a ser instrumento cada vez más eficaz de progreso cultural tanto para las personas como para la sociedad. Universidad que dialoga amplia y abiertamente con el mundo académico, cultural y científico de su región. Universidad, además, que investiga los graves problemas contemporáneos, también los que afectan a la iglesia y a la teología. Comillas ha sido, es y quiere ser una universidad católica y jesuita. Nuestros estudiantes, profesores y personal de administración y servicios son precisamente los que hacen posible que seamos y queramos ser Comillas.
Gracias, Santiago, por habernos hecho ser Comillas y por habernos hecho mejores; como compañero, profesor, decano, miembro de la junta de gobierno. Gracias por tu vida, tu inteligencia, tu corazón, tu sonrisa, tu ironía, que siempre nos van a acompañar en Cantoblanco y Alberto Aguilera. Gracias, Santi, por haber expresado a diario entre nosotros que non omnis moriar.
ENRIQUE SANZ GIMÉNEZ-RICO, SJ
Rector de la Universidad Pontificia Comillas
3. SEMBLANZA BIOGRÁFICA:
Raíces y consolidación de un magisterio teológico
El 25 de julio de 1960, en plena celebración de la festividad de Santiago Apóstol, de quien recibió el nombre, cuando la Iglesia Católica se hallaba preparando el Concilio Vaticano II (anunciado por san Juan XXIII el 25 de enero de 1959, «temblando de emoción, pero con humilde resolución»), nació el distinguido teólogo jesuita, Dr. Santiago Madrigal Terrazas, en Casalarreina, La Rioja. Un pueblo pequeño, donde todo el mundo se conoce, de arquitectura tradicional y calles empedradas, por las que pasear tiene algo de viaje atrás en el tiempo. Aunque no situado en el llamado «Camino Francés», Casalarreina está vinculada al Camino de Santiago, aunque solo sea por los escasos nueve kilómetros que dista de Santo Domingo de la Calzada. Su impresionante monasterio, el Monasterio de Nuestra Señora de la Piedad, construido en el siglo XVI, con claustro de estilo gótico tardío, fachada de estilo plateresco, y retablo mayor barroco, evoca los siglos de la expansión de la fe católica por los imperios de España y Portugal, la fundación, entre otras órdenes, de la Compañía de Jesús, y de las sucesivas reformas de la Iglesia que culminaron en el Concilio de Trento. La imagen de Nuestra Señora de la Piedad, a la que el monasterio debe su nombre, recuerda también la fe profunda y espontánea de la familia, en que el profesor Madrigal fue bautizado y educado. El entorno infantil de Santiago obraba, en lo oculto, como la semilla de la parábola, preparándole para sus intereses futuros, como las barricas de roble añejo que dan cuerpo a los caldos por los que Casalarreina, como toda la Rioja, es famosa.
Al preparar estas páginas, Santiago me ha recordado que la casa de sus abuelos maternos lindaba con el elevado muro de piedra de la huerta del Monasterio de Nuestra Señora de la Piedad. Desde la solana de la casa se podía ver el interior de aquella huerta, de modo que desde allí despedían las familias del pueblo a sus hijas cuando ingresaban en el monasterio. Los padres de Santiago fijaron su residencia en la localidad vecina de Zarratón, una localidad que dista 5 escasos kilómetros de Casalarreina.
También me ha contado Santiago una vinculación especial de Casalarreina con la incipiente Compañía de Jesús, que tiene que ver con el paso de Francisco de Borja, siendo ya jesuita, por la villa riojalteña, según relata el P. Pedro Ribadeneyra en su biografía del santo Duque de Gandía. En sus notas refiere el historiador que cuando Borja, por indicación de S. Ignacio, deja Oñate –dependiente entonces de la diócesis de Calahorra– para ir a Portugal, pasa por Vitoria y llega a Casalarreina el 22 de marzo de 1552, donde tenía su palacio de verano el Condestable de Castilla, Pedro Fernández Velasco, cuya esposa, Juliana Velasco y Aragón, estaba emparentada con Borja. A él se debe en buena medida la primera implantación de la Compañía en La Rioja, pues siendo comisario o superior de la Compañía en España, escribe en febrero de 1559 al P. General, a la sazón Diego Laínez, para que se abra colegio en Logroño. Allí se funda el primer colegio de los jesuitas en La Rioja en 1559, es decir, cuando no habían transcurrido 20 años de la fundación de esa orden, –como se ha dicho– «sin infancia ni vejez». Después de la expulsión de la Compañía de España fue usado como seminario diocesano a partir de 1769.
De los 11 a los 14 años vivió con intensidad y estudió con rigor en el Seminario Menor que los jesuitas aún mantenían en Comillas, Cantabria. Fueron años entrañables, donde se fraguaron amistades duraderas. El vínculo con las Tierras Montañesas se ha mantenido, con vacaciones en Comillas durante los años de formación jesuítica, y cuando, ya como profesor, ha colaborado con regularidad en la organización y en la docencia del Aula de Teología de la Universidad de Cantabria.
Santiago Madrigal ingresó en la Compañía de Jesús en 1978 y, desde entonces, ha recorrido un largo camino en su vida académica y religiosa. Completó sus estudios de Filosofía y Letras en Salamanca y Madrid, culminando con la obtención de su licenciatura en Filosofía y Letras (Sección Filosofía) en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) en 1984, donde también obtuvo, con notas brillantes, su Bachiller en teología (1989). Prosiguió su formación con la licenciatura en Teología, obtenida en 1991, en la Philosophisch-Theologische Hochschule de Sankt Georgen, en Fráncfort, siendo ordenado sacerdote en Burgos el año anterior, en 1990. En la ciudad situada en las orillas del río Meno se produjo un encuentro determinante para su orientación intelectual: con el profesor Hermann-Josef Sieben, SJ, que le dirigió la tesina de licenciatura en teología y orientó su doctorado, marcando así su trayectoria futura. Fue Sieben, patrólogo y gran conocedor de la historia de los concilios, quien le inició en los estudios rigurosos de la historia de la eclesiología, aprovechando la edición, entonces reciente, del Tractatus de Ecclesia del dominico Juan de Ragusa (1390-1443). La perspectiva histórico-sistemática ha formado parte, desde entonces, de su modo de entender el quehacer teológico. El profesor Sieben recibió en el año 2014 el doctorado honoris causa en teología por nuestra universidad.
El profesor Santiago Madrigal obtuvo su doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Comillas, y, desde 1995, ha sido compañero muy apreciado, amigo de muchos, en la Facultad de Teología de dicha institución. Como profesor, ha impartido materias como Eclesiología, Historia de la Teología y Teología Ecuménica, y cursos sobre el concilio Vaticano II (1962-1965) y seminarios sobre la teología e historia del primado papal. Nombrado profesor propio adjunto en 1997, propio agregado en 2002, desde 2008 es profesor ordinario (catedrático) y ha desempeñado diversos cargos de responsabilidad, como decano de la Facultad de Teología y de la de Derecho Canónico (2002-2009), y director de la revista «Estudios Eclesiásticos» (2011-2017). Además, ha sido consultor de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española (desde 1999) y académico de número de la Real Academia de Doctores de España (desde 2010), donde también ha presidido la Sección de Teología (2012-2022). El Dr. Madrigal ha sido un destacado miembro de la Comisión Teológica del Sínodo de la Sinodalidad, donde ha hecho una contribución notable con sus estudios sobre el significado eclesial de la sinodalidad. Entre otros cargos que ha ocupado, destacan asimismo el ser miembro del Comité científico de la revista Lumen y de la Revista Catalana de Teología, y miembro también del Comité de redacción de las revistas Diálogo Ecuménico, Pastoral Ecuménica y Corintios XIII. Siendo decano de la Facultad de Teología puso en marcha, con ocasión del centenario del nacimiento de K. Rahner en el año 2004, las primeras Jornadas de Teología de la Facultad, que desde entonces han venido celebrándose ininterrumpidamente. A su cargo ha corrido la organización de varias de ellas: «En el centenario de Karl Rahner» (2004), «El significado permanente del Concilio Vaticano II» (2005), «Los primeros jesuitas: Ignacio, Fabro y Javier. Historia y teología» (2006), «El pensamiento de Joseph Ratzinger, teólogo y papa» (2008), «Conmemoración conjunta de la Reforma de Lutero» (2017).
En el libro que el lector tiene entre sus manos, se recogen bien muchos de los intereses teológicos que han orientado su labor investigadora: la eclesiología, área en la que ha trabajado incansablemente desde una perspectiva docente e investigadora, combinado diversas perspectivas: histórica, sistemática, ecuménica e ignaciana. Sus estudios en este ámbito han profundizado en los primeros tratados de eclesiología, analizando los problemas que afectan tanto a la Iglesia Católica como a las relaciones entre las diversas Iglesias cristianas. Esto le ha llevado a conectar con otro de sus grandes intereses, la teología ecuménica. La eclesiología tiene el carácter de tratado-encrucijada (Congar), de modo que el profesor Madrigal ha explorado la teología de la Iglesia en su relación con otros tratados, como la Trinidad y la cristología, la pneumatología y la soteriología, la doctrina sacramental y la antropología teológica.
Su dedicación a la eclesiología le llevó a impulsar en el año 1999, junto a los profesores S. Pié-Ninot y P. Rodríguez, la celebración de las Jornadas de Profesores de Eclesiología de España y Portugal, que perduran hasta el presente. En ellas ha realizado diversas contribuciones: «Eclesialidad y universalidad de la salvación» (II Jornadas, 2000), «El binomio Iglesia universal – Iglesias particulares: status quaestionis» (IV Jornadas, 2004), «Recepción eclesiológica del Concilio Vaticano II» (V Jornadas, 2006), «Iglesia-mundo: teología de una relación a la luz de Gaudium et spes» (VII Jornadas, 2010), «Las raíces teológicas y espirituales de la reforma del papa Francisco» (XI Jornadas, 2021).
Como profesor, ha participado en numerosos congresos según las temáticas a las que se ha dedicado. Sobre la cuestión del conciliarismo y papalismo, centrada en las figuras de Juan de Ragusa y Juan de Segovia, participó en el congreso celebrado en el año 2007 en Fráncfort titulado «Christlicher Norden – Muslimischer Süden» con la ponencia que llevó por título «Judíos, moros y cristianos: la visión teológica de Juan de Segovia (1393-1458) acerca de las tres culturas ibéricas»; en el congreso que tuvo lugar en Salamanca en el 2013 dedicado a «La Universidad de Salamanca en la Edad Media» disertó sobre «Juan Alfonso de Segovia y la teología de su época»; y en el congreso celebrado en el 2012 en la misma ciudad titulado «Entre la Primera y la Segunda Escuela de Salamanca (S. XV-XVI)» con su intervención «Juan de Segovia y la transmisión de sus manuscritos». Su amplio conocimiento de la eclesiología ignaciana y, en particular, de las Reglas para sentir con la Iglesia, ha quedado recogida en diversas intervenciones: en el Simposio Internacional sobre las fuentes de los Ejercicios Espirituales de S. Ignacio, celebrado en Loyola en 1997, con la ponencia «A las fuentes de la romanidad: “nuestra sancta madre Yglesia hierárquica (quae romana est)»; en el congreso celebrado en Loyola (2006) dedicado a profundizar en las Fuentes de los Ejercicios Espirituales con una intervención sobre «Las reglas para sentire cum ecclesia: un compendio de eclesiología ignaciana»; y en el Simposio celebrado en Bogotá en el año 2014 sobre los Ejercicios Espirituales de S. Ignacio con la ponencia «Las reglas que tratan del sentir con la Iglesia»
La conmemoración del quincuagésimo aniversario del Concilio Vaticano II marcó una etapa de intensa actividad del profesor Madrigal. Como gran experto en el evento conciliar fue invitado a numerosos congresos y jornadas dedicados a analizar diversos aspectos del Concilio y de su recepción: en Ciudad de Méjico, en el XI Simposio Internacional de Teología celebrado en el año 2011, donde intervino con el tema «La recepción del Vaticano II»; y en el 2012 en el Congreso «Los signos de los tiempos en la aldea global. A cincuenta años del Concilio Vaticano II» con una intervención titulada «Modelos de Iglesia»; en el Simposio de Teología Histórica Ecclesia Semper reformanda de la Facultad de Teología S. Vicente Ferrer de Valencia, con la conferencia «La herencia del P. Congar: reflexiones teológicas sobre la reforma de la Iglesia después del Vaticano II»; en el Congreso organizado por la Conferencia Episcopal Española en Salamanca en 2012 («A los cincuenta años del Concilio Vaticano II») con una contribución sobre «Ad gentes divinitus missa: ut sit sacramentum universalis salutis»; en la VI Semana de Pastoral celebrada en Salamanca (2012) sobre La nueva Evangelización con el tema «Del Concilio Vaticano II a la Nueva Evangelización»; en el «Simposio sobre El Concilio Vaticano II: La Iglesia, misterio de comunión y misión» organizado por la Facultad de Teología de Cataluña (2014) con su ponencia «Una Iglesia en salida: la misión como tema eclesiológico»; en Buenos Aires (2015) en el congreso «Cien años de la Facultad de teología. Cincuenta años del Concilio Vaticano II» con la ponencia «Vaticano II: remembranza y actualización».
La convocatoria en el año 2020 por el papa Francisco del Sínodo sobre la Sinodalidad y su nombramiento como miembro de la Comisión teológica del Sínodo le llevaron a profundizar en una temática en la que ya venía trabajando desde el tiempo de su tesis doctoral, cuando abordó la cuestión el conciliarismo. Participó en el congreso organizado en Roma por la Secretaría General del Sínodo de los Obispos en el año 2016; intervino en el Encuentro del Grupo Iberoamericano de Teología sobre «La Sinodalidad en la vida de la Iglesia» (Puebla 2019) donde habló de «Las conferencias episcopales en el dinamismo de la sinodalidad: reflexiones para una reforma» y en el Seminario organizado en la Fundación Pablo VI (Madrid 2019) dedicado al tema «Una Iglesia sinodal, de Pablo VI a Francisco», en el que contribuyó con la ponencia «¿Una nueva fase en la recepción del Concilio?».
Su vinculación con la Facultad de Teología de Sankt Georgen en Fráncfort se ha mantenido a lo largo de su trayectoria académica, pasando allí diversas estancias de investigación, contando con el apoyo de los profesores H. J. Sieben, M. K. Schatz y M. Kehl. Fruto de estas estancias fue la edición príncipe del Liber de substancia ecclesie, de Juan de Segovia junto con J. L. Narvaja Bergoglio SJ, en la prestigiosa editorial Aschendorf de Münster.
En años recientes, el Dr. Madrigal también ha mostrado interés en la figura del papa Francisco y su visión de la eclesiología, dedicándole dos libros y diversos artículos. Sus esfuerzos investigadores y de divulgación han dado lugar a más de 200 artículos y más de treinta libros, que incluyen obras como El proyecto eclesiológico de Juan de Segovia (2000), Vaticano II: remembranza y actualización. Esquemas para una eclesiología (2002), Estudios de eclesiología ignaciana (2002) y El giro eclesiológico en la recepción del Vaticano II (2017). Son indicios de una labor académica que ha sido de gran importancia en la comprensión de la Iglesia y su papel en la sociedad.
Además de su prolífica producción académica, el Dr. Santiago Madrigal Terrazas es conocido por su compromiso con la escucha atenta y mutua entre las Iglesias y su fidelidad a la tradición apostólica. Sus investigaciones han abordado temas fundamentales que, reunidos, suponen un auténtico tratado sobre la Iglesia: como la naturaleza y misión de la Iglesia, sus dimensiones confesadas en el credo de la fe, la figura de un primado universal y sus relaciones con el episcopado, la Iglesia universal y las Iglesias locales, la emergencia de los ministerios ordenados (diaconado, presbiterado y episcopado), la teología del laicado, la Iglesia Una y las diversas Iglesias, la universalidad y eclesialidad de la salvación, el problema ecuménico y el diálogo interreligioso. En este volumen se ofrece al final una recensión bibliográfica exhaustiva que por sí sola da buena idea del trabajo realizado en sus cerca de treinta años de magisterio.
Además de volcar sus conocimientos teológicos y eclesiológicos en la formación de seminaristas, sacerdotes, religiosos y laicos en su docencia en Comillas, el profesor Santiago Madrigal los ha puesto también al servicio de la Iglesia de muy diversas maneras: ejemplo de ellas fue su participación en la conmemoración del quincuagésimo aniversario del Concilio Vaticano II (1962-1965), ya mencionado; las numerosas colaboraciones en la formación permanente del clero y del laicado de numerosas diócesis españolas (Astorga, Salamanca, Logroño, Almería, Coria-Cáceres, Plasencia, León, Astorga, Burgos); los esfuerzos en la formación del laicado, asesorando en la preparación del Sínodo de laicos, y colaborando en diversas ocasiones con el Foro de Laicos y la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar.
Durante mis años como alumno de teología en Madrid, coincidí con Santiago mientras redactaba su tesis doctoral. En aquella época (éramos todos mucho más jóvenes), durante el fin de semana los estudiantes de teología nos juntábamos para jugar al fútbol en las instalaciones del Colegio del Recuerdo. El profesor Santiago Madrigal era un jugador fino, de regate técnico, buen corredor y buen pasador. Pasional en el juego, como lo ha sido en todas sus actividades, y en su trato, era un jugador de equipo, respetuoso y honrado con el contrario. Como académico y como compañero ha mantenido el mismo estilo: sistemático, fino en sus análisis, coherente y honrado en sus argumentos, atento hasta el detalle en su lenguaje, gustando de dejar caer de vez en cuando expresiones añejas o palabras castellanas clásicas; dispuesto siempre a dirigir o colaborar en una obra colectiva de homenaje a un compañero, o a escribir ese artículo de divulgación, como forma de servicio eclesial, en revistas con menor reconocimiento académico.
En los últimos dos años, marcados por la enfermedad, Santiago ha asombrado a alumnos y compañeros profesores al mantener su docencia con el máximo de entrega y dedicación humanamente posible. La entereza de espíritu mostrada, enraizada explícitamente en su fe cristiana, nos ha recordado a todos lo que el Proemio de la Constitución Apostólica Sapientia Christiana nos recordaba a los profesores de teología en 1979: «Los profesores principalmente, sobre los que recae una gran responsabilidad, en cuanto que desempeñan un peculiar ministerio de la Palabra de Dios y son maestros de la fe de sus alumnos, sean para éstos y para todos los fieles de Cristo, testigos de la verdad viva del Evangelio y modelos de fidelidad a la Iglesia». Santiago ejemplifica lo que con frecuencia decimos, que la libertad no es fin, sino medio, pues, con palabras de Ignacio de Loyola, sus obras nos confirman que ha puesto toda su libertad, y sus otras capacidades, sin reservas, al servicio de una misión investigadora y docente, en bien de la Iglesia.
FRANCISCO RAMÍREZ FUEYO, SJ
Decano de la Facultad de Teología. Universidad Pontificia Comillas
III.
CONFIESO LO QUE HE VIVIDO: NON OMNIS MORIAR
La partida definitiva de una persona de este mundo sigue el patrón básico de ese gesto tan humano, tan frecuente, tan cotidiano, pero tan lleno de resonancias, a veces muy dolorosas, como es la despedida. San Ignacio de Loyola escribió en el libro de sus Ejercicios espirituales para el comienzo de la vida pública de Jesús de Nazaret una sentencia muy escueta y solemne: «Tras despedirse de su bendita madre» (Ej 273). Por su parte, Paul Claudel inmortalizó aquel momento en unos términos que dejan abierto un enorme interrogante espiritual e invitan en cierto modo a hacer una oración de contemplación: «Tomó un manto, se anudó las sandalias, dijo una palabras de despedida que no conoceremos jamás». En alguna ocasión, haciendo Ejercicios, he tomado conciencia de la estructura honda del despedir humano y el hecho de despedirse, provisional, para tiempos breves, para tiempos largos, para siempre. Hasta un reencuentro de eternidad. En estos penúltimos pensamientos quisiera desentrañar cómo he vivido y experimentado mi propia despedida cuando he tenido que afrontarla en su última radicalidad.
1. Penúltimos pensamientos sobre el viaje definitivo y la hermana muerte
Entre la puerta grande y la enfermería. Con la ayuda de este símil taurino quiero caracterizar este último tiempo de mi vida física, intelectual y espiritual. Para redactar estos pensamientos copio de mi memoria los sucesos y las reflexiones que me han acompañado en esta etapa, sobre todo en la fase más crítica, cuando sentí muy de cerca el roce suave pero profundamente perturbador de lo que el santo de Asís se atreve a llamar la «hermana muerte».
En una vida hay muchas vidas. Desde que me diagnosticaron un cáncer colo-rectal en julio de 2021, he tratado de vivir de forma más plena cada momento, de vivir adrede, manteniendo el compromiso de las clases y de otros trabajos y disfrutando de ello. «La enfermedad está avanzada» –sentenció el oncólogo. Cada día era un pequeño triunfo sobre los efectos negativos de la enfermedad. Cierto es, por lo demás, que tuve que dejar paulatinamente diversos compromisos, como la participación en la comisión teológica del Sínodo sobre la sinodalidad y tuve que declinar invitaciones para pronunciar conferencias y para escribir artículos sobre este tema, de máxima actualidad; así, poco a poco, empecé a quedar apartado de la presencia pública, a sentir una forma de anonadamiento que nunca había experimentado hasta ahora.
Así aprendí también y con cierta nostalgia que nadie es imprescindible. Otros profesores han asumido mis asignaturas para concluir el curso académico 2022-2023 y para afrontar el futuro inmediato en la Facultad de Teología. En todo caso, a lo largo de un año y medio pude seguir con aquellas tareas de la enseñanza disfrutando según el principio «Homines dum docent discunt» (Séneca), un lema que ha presidido toda mi vida académica e intelectual. Sí, los profesores «aprendemos cuando enseñamos», conforme a la lógica que subyace al círculo virtuoso que va de la docencia al propio aprendizaje mediado por la investigación rigurosa. En ello, en estos últimos tiempos pude contar con la complicidad de mis alumnos que no han dejado de expresar su reconocimiento a mis esfuerzos y una solidaridad que agradezco de corazón. No es muy cómodo moverse en el aula bajo los efectos imprevisibles y desagradables de la quimioterapia, con un infusor conectado al reservorio, o con un drenaje pig-tail…
No faltaron empero las tribulaciones y los contratiempos. Mi salud dependía en buena medida de las sesiones de quimioterapia y el hospital de día se convirtió en un lugar teológico por antonomasia, en el sentido literal de la palabra, ya que sus salas diseñan un escenario en el que se palpa con densidad especial y concentración el dolor y sufrimiento humanos, que se van sintiendo en carne viva, en la de otros y en la propia. En aquel plató, mirando y contemplando a mi alrededor, no me resultó difícil experimentar esa paz densa e interior, ese aumento de fe, esperanza y amor que S. Ignacio designó con el término de consolación espiritual. Eso sí, de una forma radicalmente nueva, desde el reverso de la condición humana y desde su lado más oscuro. En esta perspectiva refulge el sentido profundo de las bienaventuranzas: Dios bendito bendice aquello que el entendimiento y la sensibilidad humanas rechazan de forma natural e instintiva: la pobreza, el sufrimiento, el dolor. Bienaventurados los pobres, los que sufren, los frágiles, los que padecen el reverso de la historia y de la condición humana concentrado en la forma de la debilidad física y en la extrema vulnerabilidad que la enfermedad saca a la luz cuando hace de ellas nuestro inseparable compañero de viaje.
Otra cosa me ha ayudado mucho. Lo aprendí de la resignación con la que mi madre afrontó su enfermedad final. Es el principio inscrito en el «dei» del NT, que es como una apelación a la indiferencia a la que se llega en el crisol del dolor y de la prueba para poder decir, como santa Teresa de Jesús: «Qué mandáis hacer de mí // si por vuestra me ofrecí // (…) vida corta, vida larga… // Que yo quiera, Señor, lo que Tú quieres que quiera». Se trata, pues, de asumir la voluntad de Dios conforme al camino que va marcando el Señor de la historia. Mi madre, en medio de las circunstancias más adversas, era capaz de entrever a partir de un pequeño rayo de luz la mano de la providencia y decía «parece que Dios lo hace». Con esta confianza escandalizó a más de un trabajador social en la etapa última de su vida. Vienen bien al caso las palabras del libro del Eclesiástico en el capítulo 41: «Oh muerte, qué dulce es tu sentencia para el hombre necesitado y carente de fuerzas (…) No temas la sentencia de la muerte, recuerda a los que te precedieron y te seguirán. Esta es la sentencia del Señor, ¿por qué rechazas la voluntad del Altísimo?» (41, 24).
Antes de seguir adelante quisiera hacer una observación: pertenezco a una generación formada en el cultivo de la memoria, que hemos aprendido y seguimos aprendiendo dichos, proverbios y versos que acaban formando parte casi connatural de nosotros mismos. El lector podrá ver aflorar esta forma de razonar en todo lo que sigue. No obstante, bien mirado, a la larga la parte más sustantiva de nosotros mismos acaba siendo configurada por el recuerdo y la memoria. Esta forma de repaso rememorativo era la forma de oración preferida por san Pedro Fabro, uno de los tres primeros jesuitas, canonizado por Francisco al comienzo de su pontificado. Con gusto he evocado en las largas noches pasadas en el hospital, a menudo en medio de muchas molestias, retazos de mi infancia, de mi juventud, de los primeros años en la Compañía de Jesús, de mi vida adulta, que quedaban situados en sus circunstancias, tiempos y lugares, hasta recomponer vivencias pasadas como las figuras de un tapiz o las teselas de un mosaico.
Recuperemos el hilo de estas reflexiones: en medio de esta noche oscura del alma nunca me he dejado avasallar y atrapar por la engañosa cuestión que pervierte el planteamiento del problema del mal y del sufrimiento: qué he hecho yo para merecer esto. Desde la mística opuesta, consciente de que dentro de una vida hay muchas vidas, para esta etapa final le había pedido a Dios la entereza y la fuerza necesarias para arrostrar las dificultades, el dolor y el sufrimiento que el avance de la enfermedad tenía que ir produciendo –velis nolis– de forma inexorable.
Cada día, como he dicho, era un pequeño o gran triunfo hasta que llegó el día de pasar por la enfermería. Un primer momento crítico. Esto ocurrió el 15 de febrero, en primera instancia. Todavía, el día de san Valentín, estuve impartiendo sin saberlo mis últimas clases, el curso de Eclesiología a los alumnos del programa de Teología Universitaria para Postgraduados. En aquel momento no era consciente de que eran mis últimas horas de clase. Ocho días después fui sometido a una intervención de urgencia, intensa y dolorosa, para salvar una obstrucción intestinal. El 5 de marzo experimenté un empeoramiento general complicado con problemas respiratorios. Comenzaba un proceso de despedida de mis seres queridos. Aquel día solicité el sacramento de la unción de enfermos, al tiempo que entraba en un proceso progresivo y pautado de sedación sin retorno. Buenos amigos del tiempo de colegio, como Emilio e Iñigo, se acercaron a verme y despedirme. Me preguntaba a mí mismo si estaba preparado para afrontar la última soledad, toda la tribulación del ser hombre, el estremecimiento ante el poder de la muerte, el pavor ante el abismo de la nada.
