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Olas
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Veröffentlichungsjahr: 2015
Olas
José Ramón Torres
Copyright © 2014 José Ramón Torres
ISBN: 978-0-9929684-2-7
Ilustración de cubierta: Dariel Llerandi Torres. Colección del autor.
Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro por cualquier medio sin la autorización previa y por escrito de su autor.
A mi esposa Liz y a mis hijos Daniel y Amelia,
por el tiempo que este libro les ha robado.
Índice
El comunicado
El patio
Pin pon fuera
Ahora sí
La huella de Francis Drake
La despedida
Cuatro Ruedas - El Mosquito - Mariel
El tránsito
Operación salida
Verdi
Precinto
Mafuco
El tanque
Ruta 61
Gilbert y King
Al olor de las sardinas
Bombas
Todos los caminos conducen al malecón
La llave
Barcos en la noche
Bellezas de guardia
Boca Ciega
Confidencias
Ya es oficial
A remar
Tres tazas
El caballo
Más allá de las noventa millas
En venta
Guantánamo
Krome - Miami Beach
La sangre
Interacción con el autor
El comunicado
Como consecuencia de la dolorosa muerte de un guardián de la sede diplomática del Perú y ante la actitud tolerante del gobierno de dicho país con semejantes malhechores, el Gobierno Revolucionario de Cuba ha decidido retirar la custodia a dicha sede diplomática. De ahora en adelante los funcionarios de la misma serán los únicos responsables de lo que ocurra en su embajada. No podemos proteger embajadas que no colaboren a su protección.
(Diario Granma, La Habana, Cuba, viernes 4 de abril de 1980)
El patio
Caída la tarde del sábado 5, la cantidad de asilados se acerca a los diez mil. Un enjambre de gente se afana por llegar a la embajada en busca de asilo. Entre los que han conseguido entrar están la decena de estudiantes de la Universidad de La Habana que llegó hacia las nueve de la mañana, los tres choferes de autobuses con parada cercana que abandonaron su puesto de trabajo y el conductor del camión cisterna que fue a llevar agua y allí se quedó.
Provenientes de la playa, acaban de llegar tres jóvenes semidesnudos. Antes de dar el paso, uno de ellos detiene a un taxista y le entrega una nota improvisada con la dirección de sus familiares para que los traiga. Con el papelito le deja un reloj, una gorra, una careta de buceo y la promesa de que la carrera será la mejor pagada de su vida.
―¿Te acuerdas de la mujer que dijo que había parido aquí y pidió un avión para que la llevaran de urgencia a Perú? ―pregunta una señora blanca en canas a otra recostada contra la perrera―. Pues, niña, resulta que al bebé lo había traído sin autorización de Maternidad de Línea en una sábana toda embarrada en sangre.
―¡No me digas!
―Como te lo cuento.
A escasos metros de las señoras, un hombre envuelto en la bandera peruana vocifera entre la muchedumbre:
―Yo soy el Perú y a mí no hay quien me toque. Ni la policía ni el ejército ni nadie. ¡Nadie!
Ángel contempla entre admirado y conmovido el espectáculo del que forma parte en los jardines de la casona. No está nada convencido de lo que dice el chiflado de la bandera, pero ahora tiene otro asunto más importante por el que preocuparse: la cercanía de un sujeto de nariz aplastada como por golpe de puño que parece mirarlo con fijeza desde el suelo. Le consta que el tipo lleva encima una hoja de segueta larga y filosa con empuñadura de esparadrapo. ¿Mira especialmente a Ángel o es este quien imagina la aviesa mirada? ¿Será por el miedo que brotan en el cerebro estos peligros probablemente inexistentes?
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