Óscar Romero - Nicoletta Lattuada - E-Book

Óscar Romero E-Book

Nicoletta Lattuada

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Beschreibung

Ante el cuerpo inerte del padre Rutilio Grande, asesinado por los escuadrones de la muerte, Óscar Romero, un hombre de personalidad compleja, entendió que había llegado el momento de decir en voz alta hacia dónde debía decantarse la Iglesia: al servicio de los pobres. Reservado y esquivo, Romero se convirtió, así, en la voz de los sin voz hasta el 24 de mayo de 1980, cuando un disparo le arrebató la vida y lo dejó muerto sobre el altar en el que estaba oficiando una misa. Su lealtad al evangelio le valió el martirio.

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Veröffentlichungsjahr: 2018

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MAESTROS DE LA FE

Los grandes protagonistas del cristianismo

Óscar Romero

Nicoletta Lattuada

Un mártir por odio a la fe

La vidaLa infanciaOración de consagración al Sagrado Corazón de JesúsLos estudios en RomaLatinoamérica después de la Segunda Guerra MundialSan MiguelLa Conferencia Episcopal de MedellínLos difíciles años en la capitalEl Opus DeiEn Santiago de MaríaLa situación en El SalvadorLa llegada a San SalvadorLa teología de la liberaciónEl asesinato del padre Rutilio GrandeLa homilía en el funeral del padre Rutilio GrandeLos últimos tres añosMarianella García VillasDesde Puebla hasta el finalLa carta a Jimmy Carter«La voz de los sin voz»El funeral y la investigaciónDe un profeta a un mártirEl camino a la beatificaciónLos mártires de Chimbote

El mensaje de Óscar RomeroUna figura complejaUna Iglesia activa en el ámbito socialLa «conversión pastoral»La acusación de hacer políticaLa adhesión al magisterio de la IglesiaLa homilía como armaJesús es el caminoLa conversiónEl DiarioLas cartas pastorales

Óscar Romero en los mediosDos películas, un documental y dos musicales

ApéndiceCronología

¿Si yo no creyese en la utopía iría vestido así?

ÓSCAR ROMERO

Óscar Romero

(Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, Ciudad Barrios, 15 de agosto de 1917 - San Salvador, 24 de marzo de 1980)

ARZOBISPO CATÓLICO SALVADOREÑO

BEATIFICADO el 3 de febrero de 2015RECIBE SEPULTURA en la catedral de San Salvador en El SalvadorSE CONMEMORA el 24 de marzo, el día de su asesinato; ese mismo día ha sido proclamado por la ONU el Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas

Óscar Romero.

Un mártir por odio a la fe

Un obispo puede morir, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá nunca.

Óscar Romero

El 3 de mayo de 1979, el arzobispo salvadoreño Óscar Romero, que, después de haber visitado San Pedro, se encontraba en Roma, anotó lo siguiente en su diario:

Olvidaba decir que por la mañana hice también una nueva visita a la basílica de San Pedro y junto a los altares, muy queridos, de San Pedro y de sus sucesores actuales en este siglo, pedí mucho la fidelidad a mi fe cristiana y el valor, si fuera necesario, de morir como murieron todos estos mártires, o de vivir consagrando mi vida como la consagraron estos modernos sucesores de Pedro. Me ha impresionado más que todas las tumbas, la sencillez de la tumba del papa Pablo VI.1

Menos de un año después, el 24 de marzo de 1980, Óscar Romero fue asesinado mientras celebraba la eucaristía. ¿Su delito? Haber defendido a los pobres y a los campesinos, haber reivindicado que también debían respetarse los derechos humanos de estas clases sociales —a diferencia de lo que era común en los grandes consorcios latifundistas— y haber reclamado abiertamente justicia social. Pero El Salvador estaba gobernado por una oligarquía militar y los sacerdotes fieles al evangelio como Óscar Romero eran tratados como peligrosos traidores subversivos a los que había que acallar.

Muchos religiosos fueron asesinados, como había sucedido ya antes con el padre Rutilio Grande, amigo íntimo del arzobispo. De hecho, el propio Óscar Romero había sido amenazado tres años antes, motivo por el cual el apoyo del arzobispo a los campesinos se volvió, si cabe, aún más claro y definido, puesto que un pastor —como le gustaba definirse a monseñor Romero— no puede callar ni mirar para otro lado ante las injusticias y los abusos de poder cuando su pueblo sufre. En cuanto Óscar Romero empezó a darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor no dudó en repetir tantas veces como fuera necesario que el evangelio estaba del lado de los pobres, y no de los tiranos, aunque era consciente de que esta actitud le conduciría, posiblemente, a la muerte.

Se le acusó a menudo de hacer política en vez de ocuparse de la fe, pero lo que hizo fue simplemente recordar que no había hombres de primera y segunda clase; para ello, no dudó en enumerar cada domingo, desde el púlpito y durante la homilía, a los fallecidos y desaparecidos durante la semana, víctimas de la violencia institucional; tampoco dudó en negarse a asistir a ceremonias públicas en las que había políticos presentes; y, finalmente, no dudó en llamar a todos a la conversión y recordar que declararse cristiano significaba comportarse de manera coherente con la propia fe. Todo esto hacía que los políticos se sintieran atacados, sin duda porque no tenían la conciencia muy limpia.

A Óscar Romero se le recuerda generalmente por el compromiso social que caracterizó los últimos años de su vida y que lo dio a conocer como «la voz de los sin voz», pero sería simplista recordarlo solo por eso. Su ministerio, de hecho, siempre se sostuvo por una vida de genuina sencillez, de estricto rigor de juicio y por una profunda fe.

La suya es, sin duda, una personalidad compleja y controvertida de la que muchos han intentado apropiarse; pero él sabía que su legado permanecería en el pueblo, en su pueblo, que ya inmediatamente después de su muerte lo llamó «san Óscar Romero».

1 Ó. Romero, Diario, KKIEN Publishing International, Milán, 2015.