Pablo Diablo - Francesca Simon - E-Book

Pablo Diablo E-Book

Francesca Simon

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Beschreibung

Pablo Diablo es el terror de su casa y del colegio. Ingenia múltiples travesuras para sacar a todo el mundo de quicio: a su hermano, a la profesora de danza, a Marga Caralarga... Le obligan a ir de vacaciones a un camping. Pablo decide ingeniárselas para que no duren mucho.

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Seitenzahl: 31

Veröffentlichungsjahr: 2014

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Para Joshua y sus amigos: Dominic, Eleanor, Freddie, Harry, Joe, Roby y Toby,

1

EL DÍA GLORIOSO DE PABLO DIABLO

Pablo era un auténtico diablo.

Todo el mundo lo decía, hasta su propia madre. Pablo tiraba la comida. Pablo quitaba cosas a la gente de un tirón. Pablo repartía empujones, codazos y pellizcos. Hasta su oso de peluche se escondía de él cuando podía.

Sus padres se desesperaban.

—¿Qué vamos a hacer con este niño tan horrible? –suspiraba su madre.

—¿Cómo es posible que dos personas tan encantadoras como nosotros tengamos un hijo tan espantoso?–suspiraba su padre.

Cuando los padres de Pablo Diablollevaban a Pablo al colegio, solían caminar detrás de él para aparentar que no era hijo suyo.

Los niños señalaban a Pablo con el dedo y susurraban al oído de sus padres:

—Ese es Pablo Diablo.

—Ese es el niño que me tiró la chaqueta al barro.

—Ese es el niño que aplastó el escarabajo de Guillermo.

—Ese es el niño que... –podéis añadir la barbaridad más gorda que se os ocurra.

Seguro que Pablo Diablo la había hecho.

Pablo Diablo tenía un hermano pequeño. Se llamaba Roberto, el niño perfecto. Roberto, el niño perfecto, decía siempre ‘Gracias’ y ‘Por favor’, le encantaba la verdura, usaba pañuelo y nunca jamás se hurgaba la nariz.

—¿Por qué no serás un niño modelo como Roberto? –decía todos los días la madre de Pablo.

Y Pablo se hacía siempre el sordo y continuaba derritiendo las ceras de colores de Roberto en el radiador.

Hasta que Pablo Diablo se puso a pensar.

“Y si fuera un niño perfecto, ¿qué?”, se dijo. “Me pregunto qué pasaría si lo fuera”.

Cuando Pablo se levantó al día siguiente, no despertó a Roberto echándole agua fría por la cabeza.

Y Roberto no chilló.

Así que los padres de Pablo se quedaron dormidos, y Pablo y Roberto llegaron tarde a la reunión de los Lobatos.

Pablo se puso contentísimo.

Roberto se puso tristísimo por llegar tarde a lo de los Lobatos.

Pero, como era un niño modelo, Roberto no gimoteó ni se quejó.

Camino de la reunión de los Lobatos, Pablo no se peleó con Roberto para sentarse delante en el coche. No dio codazos a Roberto ni le pellizcó.

De vuelta en casa, cuando Roberto, el niño perfecto, construyó un castillo, Pablo no lo derribó, sino que se sentó en el sofá y se puso a leer un libro.

Sus padres entraron precipitadamente en la habitación.

—Esto está demasiado tranquilo –dijo su madre–. No estarás fastidiando a tu hermano, ¿verdad, Pablo?

—No –dijo Pablo.

—Roberto, ¿no habrá intentado Pablo derribar tu castillo?

Roberto estaba deseando decir ‘Sí’, pero eso hubiera sido una mentira.

—No –dijo Roberto.

Se preguntó por qué se estaría portando Pablo de un modo tan raro.

—¿Qué estás haciendo, Pablo?–preguntó su padre.

—Leyendo un cuento genial sobre un super-ratón –dijo Pablo.

Su padre no había visto jamás a Pablo leer un libro. Lo inspeccionó por si tenía un tebeo escondido dentro.

No había tal tebeo. Pablo estaba realmente leyendo un libro.

—Hmmmm –dijo su padre.

Era casi la hora de cenar. Pablo tenía hambre y fue a la cocina, donde su padre estaba guisando.

Pero en lugar de gritar ‘¡Me muero de hambre! ¿Dónde está mi comida?’, Pablo dijo:

—Papá, pareces cansado. ¿Puedo ayudarte a preparar la cena?

—Pablo, deja de incordiar –dijo su padre mientras echaba los guisantes en el agua hirviendo. Se detuvo–. ¿Qué es lo que has dicho?–preguntó.

—¿Puedo ayudar? –interrumpió Roberto, el niño perfecto.

—Te he preguntado si necesitabas ayuda –insistió Pablo.

—Yo he preguntado primero –dijo Roberto.

—Pablo lo pondrá todo perdido –dijo su padre–. Roberto, ¿quieres pelar tú las zanahorias mientras yo me siento un momento?

—Claro –dijo Roberto, el niño perfecto.

Roberto se lavó sus inmaculadas manos.

Se puso su inmaculado delantal.