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Este manual presenta una didáctica para enseñar la Biblia en el nivel medio y el nivel superior. Ofrece fundamentos para comprender la enseñanza de la Biblia y su didáctica, como parte indispensable en la formación de los alumnos de nivel medio y superior. Contiene estrategias de planificación, enseñanza y evaluación, y ejemplos prácticos que ayudarán a los docentes a crear el ambiente de aprendizaje óptimo para el desarrollo integral de sus alumnos. La primera parte del libro contiene la fundamentación e investigación, mientras que la segunda aborda los principales problemas de la didáctica. El lenguaje es sencillo, fácil de leer y el contenido está bien estructurado.
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Seitenzahl: 325
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Hacia una didáctica de la Biblia para el nivel medio y superior
Sonia Krumm
Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires, Rep. Argentina.
Pensar, sentir y hacer
Hacia una didáctica de la Biblia para el nivel medio y superior
Sonia Krumm
Dirección editorial: Isaac Goncalvez
Edición: Silvia Scholtus
Corrección: Noely Stocco
Diseño de tapa: Carlos Schefer
Diseño del interior: Giannina Osorio
Ilustración de tapa: Shutterstock
Libro de edición argentina
IMPRESO EN LA ARGENTINA – Printed in Argentina
Primera edición, e - Book
MMXXI
Es propiedad. © 2015 Editorial Universidad Adventista del Plata. © 2015 Asociación Casa Editora Sudamericana. Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.
ISBN 978-987-798-463-7
Krumm, Sonia
Pensar, sentir y hacer : Hacia una didáctica de la Biblia para el nivel medio y superior / Sonia Krumm. - 1ª ed. - Florida : Asociación Casa Editora Sudamericana, 2021.
Libro digital, EPUB
Archivo digital: Online
ISBN 978-987-798-463-7
1. Educación religiosa. I. Título.
CDD 268.433
Publicado el 23 de agosto de 2021 por la Asociación Casa Editora Sudamericana (Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires).
Tel. (54-11) 5544-4848 (opción 1) / Fax (54) 0800-122-ACES (2237)
E-mail: [email protected]
Website: editorialaces.com
Prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación (texto, imágenes y diseño), su manipulación informática y transmisión ya sea electrónica, mecánica, por fotocopia u otros medios, sin permiso previo del editor.
A mis tres hijos, Max, Matías y Katia, que han aprendido a compartirme con los libros, los alumnos y la vida académica.
A mis padres, por haber vivido los valores y por confiar en la educación adventista.
A mis mentores, Raquel Bouvet de Korniejczuk, Ismael Castillo Osuna y René Rogelio Smith, por el tiempo dedicado que jamás podré devolverles, por la inspiración de sus ejemplos espirituales y profesionales, y por animarme a poner en estas páginas lo que de diferentes maneras ellos me enseñaron.
A todos mis maestros y profesores que dieron lo mejor de sí mismos en el aula, y con ello construyeron una galería de modelos de enseñanza. A la UAP, por su confianza en mi tarea docente y por su apoyo en la realización de este libro, fruto de la experiencia obtenida en sus aulas.
A mis queridos alumnos, motivación, banco de pruebas y alegría cotidiana para mi vida.
“Como medio de educación intelectual, la Biblia es más eficaz que cualquier otro libro o que todos los demás libros juntos” (White, 1978a, p. 125). Esta declaración simple que había leído en varias oportunidades, me golpeó con una fuerza inusitada mientras estudiaba cómo desarrollar el pensamiento complejo en mis alumnos.
Por un lado, conocía que el pensamiento de orden superior o complejo, supone habilidades de análisis, síntesis y evaluación, implicadas en el pensamiento crítico y creativo (Lipman, 1998). Por otro lado, y como parte de mi cosmovisión de la educación cristiana, estaba segura de que el estudio de la Biblia propicia el desarrollo y fortalecimiento de la espiritualidad. Pero la formación griega en el pensamiento académico, que nos ha marcado con la impronta dualista, me había dificultado ver que ambos tipos de desarrollo –el espiritual y el cognitivo- podían desarrollarse en forma simultánea y por medio de un solo libro.
A partir de la frase mencionada en el párrafo introductorio comencé a indagar más acerca del tema en libros de filosofía de la educación cristiana, y luego me animé a buscar qué decían los investigadores del mundo académico en general. Junto a las lecturas aparecieron las preguntas. La más llamativa me la hizo una colega cuya especialidad es la filosofía. Ella me preguntó ¿Pueden siquiera aparecer en la misma frase las palabras “Biblia”, “pensamiento crítico” y “pensamiento complejo”?
Por mi parte me pregunté: ¿Puede el estudio de la Biblia ser más eficaz que cualquier otro libro para el desarrollo intelectual? ¿Bajo qué condiciones produce ese efecto? ¿De qué manera debe enseñarse la Biblia para que los alumnos obtengan todos los beneficios que su estudio puede brindar? Las instituciones educativas confesionales ¿enseñan la Biblia de tal manera que sea un instrumento de desarrollo cognitivo, además de espiritual? ¿Qué validez tiene la Biblia para el desarrollo de la persona en el contexto del siglo XXI?
Demasiadas preguntas para responder en un libro y demasiado complejas para resolver con explicaciones reduccionistas. Por eso este libro se ocupará principalmente de exponer algunos hallazgos relativos a los efectos de la Biblia en el desarrollo de la persona y compartir, con humildad, algunas propuestas para intentar dar a la Biblia la centralidad que merece.
Aunque no logre responder a todos los interrogantes, puedo afirmar, desde mi pasada experiencia como alumna y la actual como docente, que la Biblia es un medio inmejorable para la formación de personas excelentes en el más amplio sentido del término.
“La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre”. Isaías 40:8
La velocidad de los cambios en las condiciones de vida nos ha obligado a desarrollar una gran variedad de estrategias para aprender y retener información. El mundo laboral exige de la educación la formación de personas pensantes, capaces de tomar buenas decisiones en plazos temporales reducidos, creativos en el planteo de soluciones y críticos en el manejo de la información.
A simple vista, la religión sigue otro ritmo, y para alguien que observa rápidamente, parece poco adecuada a la urgencia que demanda la sociedad. Se requieren ciertas competencias para sobrevivir. Por ejemplo, se requiere de pensamiento crítico y la disposición a pensar críticamente, que son las metas estrella de la educación superior y se consideran factores decisivos para el éxito (Huitt, 1998). Ambas condiciones constituyen una base para una educación democrática y van más allá de la formación profesional en sí misma al apuntar a hábitos de educación para toda la vida (Facione, 1998; Thisman, 2003). Zabalza Beraza (2008) considera que un egresado ha logrado las metas de la educación superior si:
- ha adquirido valores y los practica,
- ha desarrollado el pensamiento crítico, y
- ha adquirido la capacidad de aprender toda la vida.
Esas son las competencias requeridas y, en general, no se perciben asociadas a la educación religiosa.
¿Qué ventajas tendría, entonces, educar en religión a estudiantes de nivel medio y superior para la formación de estas competencias necesarias para la vida? Antes de responder a esta pregunta, es conveniente dar una mirada a los antecedentes que inducen a este cuestionamiento.
La mayor parte de las disciplinas preparadas para los estudiantes de todos los niveles educativos tienen la pretensión de educar para el pensamiento complejo, comprendido éste por las habilidades mentales que se catalogan en los niveles superiores en la taxonomía de Bloom. Algunas disciplinas logran su objetivo, otras no. Pero el mundo académico no suele asociar el pensamiento complejo con la educación religiosa. Más bien se la relaciona con una educación tradicional, con tabúes, prejuicios, cánones y transmisión repetitiva.
Mientras tanto, la filosofía de la educación adventista ofrece un concepto distintivo de lo que la educación religiosa produce en la formación integral de las personas, y extrae sus principios de la Biblia, creyendo que “Usada como libro de texto en nuestras escuelas, la Biblia hará para la mente y para la moral lo que no pueden hacer los libros de ciencia y filosofía. Como libro destinado a disciplinar y fortalecer el intelecto, ennoblecer, purificar y refinar el carácter, es sin rival” (White, 2005, p. 408).
Aún cuando la ciencia en general rechaza a la Biblia como fuente de formación, en las dos últimas décadas el mundo ha experimentado un resurgimiento de la espiritualidad que también se refleja en la educación, razón por la cual las instituciones cristianas han retomado el uso de la Biblia como libro de texto o de consulta. Prestigiosas universidades en el mundo, pero especialmente en América Central y del Norte, han integrado a sus proyectos educativos espacios para el desarrollo del área espiritual, porque perciben que una educación integral sin una planificación del desarrollo espiritual es incompleta (Chickering, Dalton y Stamm, 2005; Mayryl y Oeur, 2009).
Las grandes transformaciones que ha sufrido la educación superior entrando al siglo XXI provienen de demandas sociales y culturales, que a su vez están ligadas a la religión. En ese contexto, se pueden encontrar numerosas investigaciones que muestran cómo la universidad ha incorporado en el currículum formal e informal contenidos de religión y los resultados que están obteniendo. Henking (2004) cree que, aunque no es fácil encontrar respuestas acerca de cómo hacerlo, los estudios no dejan dudas de cuán crítico es para la universidad comprender la importancia de la religión para alimentar la vitalidad de la educación superior. Por su parte, Moore (2007) sostiene que es necesario enseñar a los jóvenes a superar el analfabetismo religioso.
Algunas referencias a esta “innovación” quedan evidentes en los siguientes ejemplos tomados de los sistemas educativos en distintas partes del mundo.
En Sudáfrica se revisaron las políticas públicas y los lineamientos de la educación religiosa a partir del reconocimiento de la religión como parte de la historia, la educación y la herencia de los pueblos. Luego del apartheid, la diversidad religiosa debía ser permitida y enseñada en los colegios como un esfuerzo más para la unidad de la nación (Chideste, 2008). Japón, una nación que tradicionalmente no enseñaba religión en las universidades públicas, se ha replanteado la importancia de hacerlo en el marco del interés mundial por la religión para atender la diversidad (Sakatoko, 2005). Mientras tanto, en Dinamarca se propone la necesidad de ofrecer educación religiosa en todos los nivelos educativos casi como un deber para un estado laico (Jensen, 2008).
Otro ejemplo del renovado interés por la educación religiosa es la investigación para TheBibleLiteracyProject, en Estados Unidos de Norteamérica, basado en el análisis del informe Gallup llevado a cabo en base a entrevistas con 1002 adolescentes. Este estudio ofrece importantes datos acerca del conocimiento que tienen los adolescentes de la Biblia, de dónde los obtienen y qué papel juega la escuela en el conocimiento de la Biblia, como un argumento para volver a utilizarla en las escuelas (The Gallup Organization, 2005). En el mismo país, la literatura acerca de cómo implementar la educación religiosa ha aumentado notablemente en poco tiempo. En el ámbito de la investigación también se encuentran diversas revisiones de estudios acerca de la educación religiosa en colegios y escuelas (Henking, 2004; Chickering, Dalton y Stamm, 2005; Moore, 2007; Mayryl y Oeur, 2009).
El resurgimiento en el mundo secular del interés por la formación religiosa y el estudio de la Biblia para el desarrollo del pensamiento y la cultura, dan lugar a la autoevaluación y el replanteo del lugar que la Biblia tiene en la educación y si se está haciendo uso efectivo de este recurso.
La educación cristiana parte del supuesto de que un estudio apropiado de la Biblia (en determinadas condiciones) debe desarrollar las facultades superiores del pensamiento. Dado que el pensamiento de orden superior o complejo está conformado por el pensamiento crítico y creativo, es necesario establecer, en primera instancia, acuerdos en estos conceptos.
Pensamiento complejo
Se entiende por pensamiento de orden superior o complejo al ejercicio de habilidades de análisis, síntesis y evaluación. Este tipo de pensamiento pone en juego la independencia del sujeto para la autoevaluación, el análisis y el juicio de todos los puntos de vista que logra percibir. El pensamiento complejo es racional pero creativo a la vez. Racional porque juzga en base a reglas y criterios. Creativo porque es sensible al contexto, innovador, capaz de construir una nueva mirada a partir de las partes (Sanjurjo y Rodríguez, 2009). Para Lipman (1989), este tipo de pensamiento conduce a juicios apoyados en criterios y son sensibles a los contextos.
Pensamiento crítico
Peter Facione define el pensamiento crítico como un proceso cognitivo para hacer juicios razonados y reflexivos acerca de qué creer y qué no creer (Facione, 2000).
También se ha definido como “una forma de razonar que requiere del apoyo adecuado para sus propias creencias y la resistencia a cambiar éstas, salvo que las alternativas estén bien fundamentadas” (Tama, 1989, p. 64).
Richard Paul1 (citado en Huitt, 1998) remite al pensamiento crítico como un proceso de pensamiento sobre estándares. Un proceso de pensar críticamente no es suficiente si no existe una guía establecida de un sistema de creencias y la conciencia del impacto de la conducta o acción.
Desde mi marco filosófico personal defino al pensamiento crítico como una habilidad para razonar, reflexionar y evaluar, que se apoya en las creencias y está orientada a tomar decisiones que influirán directamente en el hacer de las personas.
Disposición para el pensamiento crítico
Un panorama completo del pensamiento crítico incluye un componente caracterológico denominado “disposición” que describe las inclinaciones de las personas a usar el pensamiento crítico cuando enfrentan problemas para resolver, ideas para evaluar o decisiones que tomar. Las actitudes, los valores y las inclinaciones son dimensiones de la personalidad que influyen en la conducta humana. La disposición hacia el pensamiento crítico, como una dimensión de la personalidad, refiere a la probabilidad de que la persona se acerque a la idea o al problema para resolverse usando el razonamiento (Giancarlo y Facione, 2001).
Las disposiciones o actitudes son cruciales para pensar críticamente. Sin una correcta disposición, no se ejercerá el pensamiento crítico en las situaciones que lo requieran, aun cuando la persona tenga las habilidades necesarias. No habrá cambios ni progresos sustanciales si el alumno no tiene una correcta disposición hacia la reflexión, el cuestionamiento y la curiosidad intelectual (Profetto- McGrath, 2003). De hecho, hay suficiente respaldo empírico para afirmar que el pensamiento crítico no necesariamente va a la par de una disposición para pensar críticamente. De allí la importancia de educar el aspecto actitudinal para tener pensadores críticos (Boyadjian- Samawi, 2006; Facione, Facione y Giancarlo, 2000).
Pensamiento creativo
Etimológicamente, el vocablo “creatividad”, tiene su origen en la voz latina creare, que significa engendrar, producir algo o dar a luz.
Paul Torrance (1966, citado por González, 1981, p. 29) definió la creatividad como “Un proceso que comprende la sensibilidad a los problemas, a las deficiencias y fallos, a los elementos que faltan, a la no armonía, en suma, a la identificación de una dificultad, la búsqueda de soluciones, hacer especulaciones o formular hipótesis sobre dichas deficiencias, probar y comprobar dichas hipótesis y modificarlas si es necesario y finalmente comunicar los resultados”.
Sabiduría y pensamiento crítico en la Biblia
Dado que el constructo “pensamiento crítico” es relativamente reciente, no aparece con esa nomenclatura en la Biblia; sin embargo, en reiteradas citas se describe a la sabiduría como una habilidad para juzgar y evaluar situaciones a fin de tomar buenas decisiones o discriminar el bien del mal.
El Diccionario de la Real Academia Española, en su versión on line, define a la sabiduría como, “grado más alto del conocimiento”, “conducta prudente en la vida o en los negocios”, “conocimiento profundo en ciencias, letras o artes”. En tanto Stenberg (citado en Halpern, 2001) la define como “un sistema de valores que equilibra la importancia que le da una persona a los otros, a lo extrapersonal y las cosas del ambiente” (p. 253). Halpern prefiere decir que la sabiduría es “el pensamiento crítico dentro de un sistema de valores” (p. 253).
La palabra sabiduría se emplea de diferentes formas en el texto bíblico. En algunas referencias se pone el énfasis en el conocimiento, tal como lo define el Diccionario de la Real Academia Española, mientras que en otras hace referencia al discernimiento, que se corresponde más con la definición de Halpern. Los siguientes son ejemplos bíblicos del concepto de sabiduría:
a) sinónimo de conocimiento conceptual, arte y destreza (Éxodo 31:3),
b) conocimiento de parámetros legales, ordenanzas y mandamientos (Deuteronomio 4:6),
c) caracterización de personas con juicio crítico, líderes capaces de tomar decisiones acertadas en momentos de crisis (Joab, Josué, Salomón),
d) inteligencia para escuchar y gobernar con discernimiento y prudencia (1 Reyes 3:9- 12),
e) prudencia (Job 13:5).
Los escritores bíblicos asocian la sabiduría con el conocimiento de Dios mediante su Palabra (Salmo 119:66; Proverbios 2:1, 2). Salomón, el hombre más sabio de la Tierra, declaró que el buen juicio y la sabiduría son los tesoros más preciados (Proverbios 4:7; 8:11; 16:16).
El Diccionario Bíblico Adventista define a la sabiduría como “cualidad de buen juicio desarrollada a partir de la experiencia, la observación y la reflexión. La sabiduría es una función de la mente educada, que los escritores bíblicos afirman que proviene del Señor (Job 28:20, 23, 27; Salmo 111:10) y la relacionan con la obediencia a los mandamientos de Dios (Salmo 37:30, 31; Proverbios 2:1, 2)” (p. 1020).
El ser humano, según el relato de la creación, fue creado a imagen y semejanza de su Creador (Génesis 1:26), dotado de facultades similares a las de Dios, con la capacidad para pensar y hacer (White, 1978a). Un Dios con infinita sabiduría y creatividad, crea a seres humanos inferiores a sí mismo pero con características que lo diferencian del resto de la creación y lo hacen superior a ella: el pensamiento complejo y la aptitud espiritual.
El salmista sintetiza muy bien esta condición del hombre: “Le has hecho poco menor que los ángeles y lo coronaste de gloria y honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies” (Salmo 8: 5 y 6). Inferior a Dios, pero superior al resto de la creación.
La mente brillante del ser humano se deterioró rápidamente luego de su caída en pecado. Entonces Dios instrumentó distintos recursos para comunicar su plan para el rescate de la condición de deterioro. Lo hizo en forma directa, hablando a los patriarcas e ilustrando sus enseñanzas con rituales y símbolos, enviando profetas, e inspirando a hombres que pusieran por escrito mensajes específicos para las distintas etapas de la historia y para todos los seres humanos que llegaran a existir.
De esta manera, la Palabra escrita de Dios, llegó a ser una guía práctica para la vida, con ideas para conservar la salud y lograr bienestar físico, desarrollo cognitivo y crecimiento espiritual constante de las personas a lo largo de todas las épocas de la humanidad.
Esta narrativa breve y simplista termina constituyendo la razón de ser y la historia del libro más apreciado y más vendido en el mundo: la Biblia, el libro por medio del cual Dios desea mantener en el ser humano las facultades de pensar, hacer y ser, y enseñarle el camino de la salvación. Lo hace dirigiendo la mente hacia la revelación que él hace de sí mismo y “la mente que en esa forma se pone en contacto con los pensamientos del Ser infinito no puede sino desarrollarse y fortalecerse” (White, 1978a).
Por esta razón, un estudio apropiado de la Biblia, bajo ciertas condiciones que se analizan en secciones posteriores, produce, en el sujeto que la estudia, la elevación de sus facultades superiores del pensamiento.
La otra cara del pensamiento crítico
El pensamiento crítico sin un fundamento de creencias pone en riesgo al pensador, ya que lo coloca en una zona de fluctuación, que no debe ser entendida como sinónimo de flexibilidad del pensamiento. Una base de creencias es fundamental para comparar, evaluar y tomar decisiones. Richard Paul remite al pensamiento crítico como un proceso de pensamiento sobre estándares (Huitt, 1998). Para la filosofía de la educación adventista, el estándar es la Palabra de Dios.
Un pensamiento independiente de la voluntad de Dios corre el riesgo de volver a las personas en seres orgullosos, egoístas y centrados en sus propios puntos de vista. La educación adventista promueve el pensamiento independiente de otras personas. Es importante conocer la Palabra de Dios para tener un marco que permita evaluar ideas (White, 2005).
La filosofía de la educación adventista promueve el pensador crítico que se comporta como el “siervo fiel” en la clasificación de pensadores que hace Facione (2000). El “siervo fiel” usa la razón para obtener una mejor comprensión de la Biblia y de la voluntad de Dios. Si se comportara como un agente de pensamiento crítico independiente, a menudo chocaría con la voluntad de Dios expuesta en su Palabra.
Un riesgo importante del pensamiento crítico es el orgullo intelectual que somete al pensador a una posición que no le deja ver las razones, las evidencias y los argumentos ajenos. Así, el intelecto agudo se transforma en una barrera que impide utilizar la capacidad en bien de los demás. La arrogancia intelectual es un obstáculo para la relación entre las personas y puede conducir al elitismo.
El orgullo intelectual impide la labor del Espíritu Santo, que es la voz de Dios hablando en forma directa a la mente de las personas. La filosofía de la educación adventista destaca que los alumnos deben aprender a ser humildes y a desconfiar de sí mismos si desean desarrollar al máximo su intelecto (White, 2005). El pensamiento no consagrado a Dios significa un importante riesgo de caer en el escepticismo.
White (1980) declara que, aunque el estudio de la Biblia fortalece y eleva la mente como ningún otro libro, debe cuidarse de no deificar la razón. Para acrecentar el entendimiento y lograr profundidad de pensamiento se debe tener la sencillez y la fe de un niño y estar dispuestos a aprender y a pedir la asistencia del Espíritu Santo. Al estudiar la Palabra de Dios hay que reconocer una autoridad superior y la inteligencia debe someterse a ella. Entonces se abrirá la mente a las verdades que Dios desea revelar. Si no se abre la Biblia con esta actitud de reverencia y oración, el mismo estudio de ella puede favorecer el escepticismo.
Para algunas personas el escepticismo y la incredulidad son virtudes que los ponen más cerca de la ciencia y les da cierta asepsia en la investigación. En el pensamiento cristiano el escepticismo solamente aleja a la persona del desarrollo pleno que puede lograr cuando está dispuesta a conocer la voluntad de Dios.
Desde el surgimiento del movimiento adventista y en los orígenes mismos de su sistema educativo, la Biblia ha sido la fuente primaria para su filosofía y educación. Un punto de partida es el estudio de la Biblia, que llevado a cabo de una manera progresivamente más profunda y bajo la influencia del Espíritu Santo desarrolla las facultades superiores del pensamiento (White, 1978a). En el marco de la filosofía de la educación adventista, la Biblia es un libro de doble vía de desarrollo: espiritual e intelectual.
En cuanto al desarrollo de las capacidades cognitivas, la filosofía de la educación adventista sostiene los siguientes principios que se sintetizan y desarrollan a continuación.
Una educación equilibrada
La educación adventista procura favorecer un desarrollo equilibrado y armonioso de todas las facultades del ser humano. Esto involucra el trabajo físico, el esfuerzo intelectual que se obtiene del estudio de la Biblia, de las ciencias y de la literatura, y el desarrollo espiritual que se logra con una vida devocional privada y colectiva (White, 1978a).
La “Declaración sobre la filosofía adventista de la educación” destaca que “el verdadero conocimiento incluye dimensiones cognitivas, experimentales, emocionales, relacionales, intuitivas y espirituales. La adquisición del conocimiento verdadero conduce a una comprensión cabal que se manifiesta en decisiones sabias y en una conducta apropiada” (Rasi et al.,2002, p. 17).
Pensamiento independiente
Aunque se les debe enseñar a los jóvenes a respetar el juicio experimentado de padres y docentes, la filosofía de la educación adventista destaca el propósito de formar pensadores independientes, con decisiones propias. “Nunca quiso Dios que una mente humana estuviese bajo el dominio completo de otra” (White, 2005, p. 45). En asuntos del pensar, la responsabilidad individual es esencial. Nadie debe ser cerebro de otro. “Cada cual debe decidir que no será un alumno de segunda categoría, que no permitirá que otros piensen por él” (White, 2005, p. 282). Los alumnos tienen que llegar a ser “pensadores y no meros reflectores de los pensamientos de otros hombres” (White, 1978a, p. 17).
La educación adventista fomenta “la evaluación crítica, el descubrimiento y la diseminación del conocimiento” (Rasi et al., 2002, p. 18).
Esfuerzo
La pereza intelectual cierra el paso a mayores conocimientos. Es necesario aprender a reflexionar y estudiar en profundidad para que la mente se fortalezca y se expanda. Nunca se ha aprendido suficiente y no se deben disminuir los esfuerzos. El esmero en desarrollar el pensamiento ayudará al sujeto a discernir sus errores o errores en los contenidos que estudia y lo pondrá “en guardia contra la indolencia, la simulación y el trabajo superficial” (White, 2005, p. 282).
Búsqueda de la verdad
“La búsqueda de la verdad recompensará a cada paso al que ande tras ella; cada descubrimiento abrirá campos más ricos para su investigación” (White, 2005, p. 259). Encontrar la Verdad en la Palabra de Dios dará al estudiante amplitud de opinión, nobleza de carácter y estabilidad de propósito, rasgos poco comunes en los jóvenes.
La educación adventista “reconoce la importancia de la búsqueda de la verdad en todas sus dimensiones, en la medida en que ella afecta el desarrollo total del individuo en su relación con Dios y sus semejantes” (Rasi et al., 2002, p. 18).
Desarrollo continuo
El desarrollo de las habilidades superiores del pensamiento continuará toda la vida y se prolongará en la eternidad. El conocimiento de verdades que trascienden a los contenidos científicos o literarios propician una escuela de la que los alumnos nunca se gradúan, pues pueden crecer constantemente en sabiduría, refinamiento y nobleza. Este principio se ve reflejado en el siguiente punto de la Declaración sobre la filosofía adventista de la educación: “La educación va más allá de la escolaridad formal. Incluye el aprendizaje a lo largo de toda la vida para satisfacer tanto las necesidades profesionales como las no profesionales del ser humano” (Rasi et al., 2002, p. 18).
Metas elevadas
Dios desea que las personas no se conformen con el mínimo, sino que se propongan alcanzar el punto más alto de la grandeza intelectual, no para su propio orgullo, sino para tener una relación más estrecha con Dios y adquirir habilidades que les permitan servir mejor a los demás. El desarrollo de la mente a campos más amplios de pensamiento es una meta clara y reiterada de la educación adventista. Los profesores deben dirigir “la mente de nuestros estudiantes a planos superiores a los que se considera ahora posible alcanzar” (White, 2005, p. 11).
Conocimiento útil
Lo que se aprende, deberá ocuparse para “servir inteligentemente” (White, 2005, p. 203) y habilitar al sujeto para usar su fuerza y el poder que le da el conocimiento para glorificar a Dios por medio de su trabajo físico, su producción intelectual y su servicio a los demás. El poder intelectual por sí solo, una excelente capacidad de juicio sin la sabiduría que da el Espíritu Santo, no es una preparación cabal y completa. El saber y el hacer van juntos. No basta tener conocimiento si no se sabe aprovechar para resolver problemas reales y cotidianos.
Humildad intelectual
El orgullo por un intelecto agudo es una barrera que impide usar la inteligencia en bien de los demás. El desarrollo intelectual por el mero placer de ser superior a los demás no es el propósito de la educación. Aprender a ser manso, humilde y desconfiar de sí mismo es parte del aprendizaje de un alumno que desea desarrollar al máximo su intelecto (White, 2005).
Estudio de la Biblia
El estudio de la Biblia en forma diligente produce un crecimiento intelectual constante y discernimiento (capacidad de evaluar, valorar y decidir). El intelecto de las personas que estudian la Biblia puede abarcar temas elevados. “El que presta a las Escrituras una atención detenida y acompañada de oración obtendrá una clara comprensión y un juicio sano, como si al dirigirse a Dios hubiese alcanzado un plano más alto de inteligencia” (White, 2005, p. 255).
¿Cómo se produce el desarrollo mental por el estudio de la Biblia? “Es una ley de la mente que ella se estreche o se expanda según las dimensiones de las cosas con las cuales se familiariza” (White, 2005, p. 259). Para que la persona comprenda realmente el significado que contiene este libro para ella, deberá buscar las relaciones que tienen los temas de la Biblia unos con otros, comparando y analizando detenidamente el contexto. Buscar la verdad de esta manera recompensará al lector llevándolo al descubrimiento de campos cada vez más ricos para la investigación.
Facione (2000) sostiene que para enseñar a pensar hay que pensar sobre algo y que la Biblia es un excelente material para poner a los alumnos a pensar. Su rico y complejo contexto, abierto a múltiples interpretaciones, con profundas raíces en conflictos religiosos, históricos, filosóficos y culturales hacen de la Biblia un material indicado para el desarrollo del pensamiento. El contenido de la Biblia es al mismo tiempo familiar pero no del todo transparente. Trata de asuntos de tremendo significado para los seres humanos, aun cuando aparenta mucha simplicidad.
“No hay posición social, ni fase de la experiencia humana, para las cuales el estudio de la Biblia no sea una preparación esencial” (White, 2005, p. 238). El que tiene una comprensión poco desarrollada encontrará historias y hechos sencillos, aplicables a su tipo de vida. Pero el que necesite respuestas para las grandes preguntas de la existencia y anhele un libro que lo conecte con algo trascendente y amplíe su capacidad de juzgar y discernir, también lo encontrará en la Biblia.
Desde distintas posiciones filosóficas y religiosas con fundamento en la Biblia, muchas investigaciones concuerdan en que el estudio de la Palabra de Dios eleva el nivel de pensamiento y otorga ventajas sociales y psicofísicas. Zeece (1998) ha hecho una revisión de la literatura acerca de los niños y la lectura de la Biblia. Encontró que la literatura basada en el texto bíblico extiende el conocimiento de base de los niños, cultiva las habilidades para el pensamiento crítico y desarrolla la tolerancia para las diferencias religiosas con otras personas.
Nelson (2004) encontró además una correlación positiva entre educación religiosa, conocimiento de la Biblia, juicio moral y habilidades académicas en los alumnos involucrados en su estudio.
El estudio de Gallup sobre el que se ha basado la investigación para el Bible Literacy Project, ha revelado la percepción de los docentes acerca de lectores y no lectores de la Biblia. Los profesores sostienen que el estudio de la Biblia confiere una distinción y ventaja a los alumnos. Especialmente para el estudio de la literatura, el arte y la historia, los alumnos que no la conocen tienen una gran desventaja para la interpretación de textos literarios, lenguaje artístico y comprensión histórica (Wachlin, 2005).
En un estudio de educación comparada realizado por Andrés Oppenheimer (2010), el autor se pregunta qué hacen los países más desarrollados para lograr un nivel tan alto de investigación, razonamiento y resolución creativa de los problemas económicos, ambientales, de conflictos políticos y otros escenarios comunes. Oppenheimer indaga cuál es la razón por la cual Israel, siendo un país tan pequeño tiene el índice más alto de patentes por año en el mundo. Por qué el pueblo judío, siendo apenas el 0.2% de la población mundial tiene el 54% de campeones mundiales de ajedrez, el 31% de los premios Nobel de Medicina y 27% de premios Nobel de Física. Y propone que, una de las principales razones para el desarrollo del pensamiento complejo de la población israelí tiene que ver con la tradición de la educación religiosa que forma parte de su cultura. El estudio de las escrituras bíblicas con el método de “análisis agudo” que estimula la interpretación y la discusión probablemente eleva la cognición de los estudiantes y los conduce al pensamiento complejo.
Es necesario dejar claro que no todas las instituciones cristianas que imparten educación religiosa utilizan la Biblia como recurso de estudio directo, sin embargo basan sus enseñanzas, el ambiente escolar, las actividades curriculares y extracurriculares en principios que provienen de la Biblia. Por esta razón también se exponen los siguientes casos.
Un análisis basado en una encuesta nacional longitudinal realizada a 4000 estudiantes de primer año de 28 universidades en los Estados Unidos de Norteamérica, mostró que los alumnos que asistían regularmente a los servicios religiosos durante su último año de escuela secundaria presentaban mayores promedios en la universidad que aquellos que asistían menos de una vez por semana, aún después de controlar factores subyacentes tales como condiciones de ingreso, género, raza y rendimiento académico (Mooney, 2005).
Sobre la base de datos NELS, Jeynes (2002) averiguó por qué los estudiantes que asisten a escuelas religiosas católicas alcanzan niveles académicos más altos que los que asisten a escuelas no religiosas. Las razones que encontró incluyen la atmósfera de la escuela, la armonía racial, los niveles de disciplina de los colegios, el bajo promedio de violencia y la cantidad de tareas asignadas para la casa que dan los maestros. Un segundo estudio, sobre la misma base de datos de alumnos del grado 12, reveló que los alumnos que asistían a escuelas religiosas católicas tenían diferente nivel de hábitos de estudio que los estudiantes que asistían a escuelas no religiosas.
De las nueve categorías señaladas por los científicos sociales como importantes para la excelencia académica (trabajo a tiempo, menos ausentismo, elección de cursos más complejos, diligencia, hábitos de trabajo, atención, hacer más de lo que se esperaba, participación en clases y preparación para las clases), los estudiantes de escuelas religiosas presentaron un nivel más alto de logro en cinco categorías que los estudiantes de escuelas no religiosas (Jeynes, 2003).
Nelson (2004) encontró además una correlación positiva entre educación religiosa, conocimiento de la Biblia, juicio moral y habilidades académicas. Aunque no se puede determinar causalidad, Nelson piensa que, quizá un mayor conocimiento de la Biblia ayudaría a pasar de un nivel a otro del juicio moral. Se pregunta si conocer más acerca de la Biblia podría estar asociado con mayor madurez religiosa y moral.
Pese a estos y otros hallazgos, también hay investigaciones que muestran poca o ninguna relación del nivel académico con la participación en la vida religiosa de las instituciones, aunque no detallan de qué manera se lleva a cabo y ello restringe el análisis (Mayrl y Oeur, 2009).
En cuanto a la influencia de la Biblia en otros aspectos de las vidas de las personas, Mookherjee (1994) encontró que la frecuencia del estudio de la Biblia y la vida devocional es un factor que correlaciona con el bienestar integral de los seres humanos.
En otro estudio con 287 adultos que tenían 60 o más años de edad se halló que, los que participaban regularmente en grupos de estudio de la Biblia, tenían un nivel significativamente mayor de madurez de la fe que el de los que no estudiaban la Biblia, aún cuando asistían regularmente a los demás servicios de adoración. Aunque no se puede establecer una correlación de causa- efecto, se puede animar a los adultos a participar de grupos de estudio, pues hay grandes beneficios cognitivos y sociales para este grupo etario (Maxwell, 1998).
En una investigación realizada con niños y adolescentes de Argentina y Paraguay se encontró que la frecuencia del estudio de la Biblia y otros materiales devocionales estaban relacionados con respuestas más desarrolladas acerca de la salvación. Este hallazgo apoya la creencia adventista de que el estudio de la Biblia bajo la guía del Espíritu Santo activa el proceso de comprensión de la verdad revelada (Korniejczuk, 1994).
Es notable el efecto de la educación religiosa y específicamente del conocimiento de la Palabra de Dios sobre conductas adictivas en los adolescentes. En un estudio llevado a cabo con 25.888 adolescentes de entre 13 y 15 años en Inglaterra y Gales, se observó que los que eran lectores de la Biblia tenían una mayor actitud negativa hacia las drogas que sus pares que no la leían (Francis, 2002). Algo similar encontraron Hopkins, Hoop, Hoop Marshak, Neish y Rhoads (1998) en un estudio hecho en 69 escuelas secundarias adventistas de Norteamérica, que fueron comparadas con la misma cantidad de escuelas públicas en la misma región. Al considerar las conductas de alto riesgo encontraron que los estudiantes de escuelas adventistas tienen la mitad de riesgo de iniciarse en las drogas. En el año 2001, Hopkins, Freier y Montoya condujeron otro estudio similar pero comparando estudiantes de la Universidad de Andrews, una institución privada adventista, con los estudiantes de una universidad pública. Los alumnos de la universidad adventista resultaron tener un décimo de riesgo de tomar bebidas alcohólicas y la mitad de riesgo de tomar drogas, comparados con los estudiantes de la universidad pública.
Sumados a estos estudios de cómo la educación religiosa contribuye a la formación integral y al bienestar de las personas, hay educadores que creen que un estudio apropiado de la Biblia puede desarrollar el pensamiento crítico. Esta idea se desarrolla en el siguiente capítulo.
Otro claro beneficio del estudio de la Biblia se observa en la formación de una cosmovisión personal, tarea esencial del alumno universitario. Toda su actuación profesional dependerá en gran medida de la plataforma sobre la que se pare para ver el mundo. Sus decisiones laborales, éticas y sociales estarán ligadas a esa visión que tienen del mundo. La educación universitaria suele ser muy fuerte en la preparación académica pero es débil en la formación de competencias, especialmente en el saber hacer y ser. En este sentido, la Biblia da a quien la estudia un sentido de identidad al responder a las preguntas ¿quién soy? ¿de dónde vengo? ¿hacia dónde voy? ¿qué haré en el transcurso de mi existencia? ¿cuál es mi propósito en la vida?
¿Por qué enseñar la Biblia en un siglo de ciencia, tecnología y fracturas sociales? Porque los docentes deben a sus alumnos el andamiaje para construir su identidad y devolverlos a la sociedad con una formación íntegra, que les permita hacer frente a los grandes desafíos de este siglo. La ciencia y la tecnología se transforman en barreras que impiden las soluciones, a menos que quien las utilice tenga un marco de referencia seguro, basado en valores incorruptibles.
Porque hoy, más que nunca, el mundo necesita de hombres y mujeres que no se vendan ni se compren por ningún tipo de honor, precio de mercado o cargo político; hombres y mujeres que sean transparentes en todas sus acciones, aún en sus relaciones en las redes sociales; que se atrevan a llamar malo a lo malo sin temor a parecer anticuados y cuyas conciencias sean tan fieles al deber como la brújula al polo; hombres y mujeres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desintegren las bolsas de comercio, aunque caiga un partido político o se desplomen los cielos.
Parafraseando a Elena White (1978a), ¡estas son buenas razones para enseñar la Biblia!, pues semejante personalidad no es el resultado de la casualidad. No se debe a herencia genética o a una inteligencia sobresaliente, sino que se logra como resultado de la autodisciplina que trae la sujeción a un Ser Superior, el Creador, al que se accede por el conocimiento de su Palabra.
1 El Dr. Richard Paul es catedrático reconocido en la Universidad Loyola de Chicago y pertenece al Centro de Pensamiento Crítico y Moral, y a la Fundación para el Pensamiento Crítico, dos organizaciones educativas sin fines de lucro que trabajan en estrecha colaboración para promover la reforma educativa.
