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Estudiar los partidos políticos en un país que, se asume, carece de ellos, es un reto. Hacerlo en una campaña electoral es un reto doble, porque no se les encuentra con facilidad allí donde deberían estar. Sin embargo, los partidos políticos existen o, en todo caso, resultan imprescindibles para formar la representación. No hay manera de acceder al poder si no es a través de estas organizaciones políticas que, mal que bien, continúan siendo el vehículo que los candidatos necesitan para desarrollar sus carreras políticas. Fernando Tuesta Soldevilla hace un análisis de las elecciones de 2016, que fueron particularmente importantes porque de ellas emergió el cuarto presidente electo de manera consecutiva, como no ocurría desde hace más de un siglo, y porque dicho mandatario tendría que enfrentar un escenario de desaceleración económica en contraste con los años de crecimiento anteriores. A esa situación adversa se agregaban problemas de narcotráfico e inseguridad ciudadana. Frente a este escenario, se presentó un abanico de candidatos de los cuales solo quedó la mitad y aunque Keiko Fujimori se consolidó, durante mucho tiempo y hasta escasos días de la segunda vuelta, como la ganadora, el desenlace fue otro. Y es que en nuestro país, allí donde no se crean mayorías, los sentimientos contrarios a uno de los candidatos suelen ser la dinámica que anima el voto en la segunda vuelta. No obstante, el triunfo de Pedro Pablo Kuczynski no se puede explicar sin la separación de César Acuña y de Julio Guzmán como candidatos presidenciales.
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Veröffentlichungsjahr: 2017
Fernando Tuesta Soldevilla es doctor en Ciencias Sociales por la UNMSM, licenciado y magíster en Sociología por la PUCP y ha realizado estudios de doctorado en Ciencia Política en la Universidad Ruprecht Karl de Heidelberg, en Alemania.
Ha sido jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales y ha dirigido el Instituto de Opinión Pública de la PUCP. Ha sido profesor de la Universidad de Lima, la Universidad del Pacífico, la UNMSM y la Academia Diplomática del Perú.
En la actualidad es profesor de Ciencia Política y Gobierno en la PUCP. Ha realizado diversas investigaciones y publicaciones sobre elecciones, partidos políticos y opinión pública.
Fernando Tuesta Soldevillaeditor
Perú: elecciones 2016
Un país dividido y un resultado inesperado
Perú: elecciones 2016
Un país dividido y un resultado inesperado
Fernando Tuesta Soldevilla (ed.)
© Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, 2017
Av. Universitaria 1801, Lima 32, Perú
www.fondoeditorial.pucp.edu.pe
Primera edición digital: setiembre de 2017
Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente, sin permiso expreso de los editores
Presentación
Estudiar los partidos políticos en un país que, se asume, carece de ellos, es un reto. Hacerlo en una campaña electoral es un reto doble, porque no se les encuentra con facilidad allí donde deberían estar. Sin embargo, los partidos políticos existen o, en todo caso, resultan imprescindibles para formar la representación. No hay manera de acceder al poder si no es a través de estas organizaciones políticas que, mal que bien, continúan siendo el vehículo que los candidatos necesitan para desarrollar sus carreras políticas.
Las elecciones de 2016 fueron particularmente importantes pues de ellas emergió el cuarto presidente electo de manera consecutiva, como no ocurría desde hace más de un siglo, y porque dicho mandatario tendría que enfrentar un escenario de desaceleración económica en contraste con los años de crecimiento anteriores. A esa situación adversa se agregaban problemas de narcotráfico e inseguridad ciudadana.
Frente a esta coyuntura se presentó un abanico de candidatos, pero al final solo quedó la mitad. Y aunque figuraban entre los competidores dos expresidentes y políticos con experiencia, fue Keiko Fujimori la que se consolidó, durante mucho tiempo y hasta escasos días de la segunda vuelta, como la ganadora. En otras palabras, a pesar de que la incertidumbre parecía baja, los resultados fueron imprevistos. Perder en los últimos días fue un golpe que trazó, de algún modo, el desempeño posterior de Keiko Fujimori como lideresa de la oposición.
Y es que, en nuestro país, allí donde no se crean mayorías, los sentimientos contrarios a uno de los candidatos suelen ser la dinámica que anima el voto en nuestro sistema de segunda vuelta. Por segunda vez, a través del voto, se le negó a la hija de Alberto Fujimori el acceso al poder. No obstante, el triunfo de Pedro Pablo Kuczynski no se puede explicar sin los eventos que terminaron con la separación de César Acuña y de Julio Guzmán. Una elección pues, como otras en nuestro país, de resultados inesperados.
El Grupo de Investigación de Partidos y Elecciones (GIPE) de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) se creó justamente con el propósito de investigar a los partidos políticos y a los procesos electorales, y está compuesto por profesores de la especialidad de Ciencia Política de la universidad, así como por egresados y estudiantes de posgrado. Así, decidimos observar el proceso electoral de 2016, no siguiendo a los candidatos y partidos políticos por separado, sino acercándonos a ellos desde diversos ángulos. En consecuencia, analizar la composición de sus fórmulas presidenciales, sus elecciones internas, los gastos y el dinero en las elecciones, sus equipos de campaña, la forma en que utilizaron las redes sociales y en que articularon sus discursos, incluyendo los debates presidenciales, era una manera de observar, en la práctica, cómo se desenvolvían los partidos y cómo hacían campaña. A este estudio hay que añadir los resultados electorales, tanto en Lima como en provincias, así como el desempeño y los efectos del tipo de elección parlamentaria a través del voto preferencial.
Este libro es, pues, el resultado de un esfuerzo colectivo por indagar y explicar este fenómeno político. Este esfuerzo no podría haber logrado sus objetivos si no hubiera contado con el apoyo del Vicerrectorado de Investigación, así como de la Escuela de Gobierno y Políticas Públicas de nuestra universidad. A sus autoridades nuestro agradecimiento, que se extiende también al Fondo Editorial, que desde el primer momento acogió con entusiasmo el proyecto y colaboró eficazmente para que este libro llegue al alcance del público, pese a los plazos cortos en los que tuvo que trabajar.
Como editor, mi agradecimiento a los autores por responder de la mejor manera ante los requerimientos que se les solicitaron, pero, sobre todo, por la calidad de sus artículos. Es muy grato entregar a la comunidad académica y público en general un esfuerzo por pensar nuestro país en el centenario de la PUCP, nuestra querida almamater.
Fernando Tuesta Soldevilla
Lima, julio de 2017
Elecciones competitivas y resultados imprevistos
Fernando Tuesta Soldevilla
Introducción
Con incertidumbre en el resultado, cambios en la última semana en la intención de voto y un país electoralmente dividido, se realizó, en abril de 2016, en el Perú, el cuarto proceso electoral consecutivo, que marcó también un hito histórico, pues no ha ocurrido algo así desde hace un siglo. La elección terminó con una disputa central entre el fujimorismo y el antifujimorismo la cual construyó la principal línea de división que movilizó los sentimientos más encendidos en la política peruana. Si en la primera vuelta el fujimorismo logró consolidar una votación aplastante, superando por casi el doble a Pedro Pablo Kuczynski, en la segunda vuelta el antifujimorismo, un abanico amplio de diversas corrientes políticas, jugó un papel fundamental y posibilitó el triunfo ajustado de este candidato. Si Keiko Fujimori creció 10% entre la primera y la segunda vuelta, Pedro Pablo Kuczynski incrementó su votación en 30%, lo que lo llevó a ganar una elección sumamente ajustada.
Ha sido difícil para el fujimorismo procesar la derrota en el último tramo de la campaña, pues pocas veces ha estado tan cerca del poder, como en el año 2016 y este hecho ha marcado mucho el desempeño posterior de Fuerza Popular. Keiko Fujimori, representante de una derecha popular, hizo todo lo que el libreto le exigía, pero no fue suficiente. Es la segunda derrota consecutiva de la candidata heredera de Alberto Fujimori, quien en esta oportunidad intentó tomar distancia del padre, pero eso tampoco fue suficiente. El antifujimorismo supo aprovechar el momento clave para aupar a un candidato como Kuczynski, que representaba a una derecha liberal, en el último tramo de una segunda vuelta tan dramática como inesperada.
Este artículo introductorio tiene como propósito establecer los temas y los momentos claves de las elecciones generales de 2016 y presta especial atención al desempeño de los partidos políticos en la campaña electoral.
1. Gran oferta electoral con reglas cambiantes
Cuando se convocaron las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2016 había veinticinco partidos políticos con inscripción válida en el Registro de Organizaciones Políticas (ROP) del Jurado Nacional de Elecciones (JNE). Más tarde, a causa de los bajos porcentajes de intención de voto, modificaciones de la Ley de Partidos Políticos (LPP), tachas y exclusiones de candidaturas, las organizaciones políticas en competencia se redujeron a diez listas para el caso de la elección presidencial y once para el Congreso1. Desde inicios de la década de 1990, momento del desplome del sistema de partidos que abrió el camino del triunfo electoral de Alberto Fujimori (1990-2000), el discurso antipartido acompañó al debilitamiento progresivo que muestra sus efectos hasta la actualidad (Lynch, 1996; Tanaka, 1998; Tuesta, 2009).
El sistema electoral no fue modificado pese a que el proceso estuvo precedido por un debate público sobre la reforma electoral. Se mantuvo la elección presidencial bajo la modalidad de dos vueltas o ballotage con mayoría absoluta, con la presentación de una lista cerrada de un presidente y dos vicepresidentes. Esta elección se realizaba de manera simultánea con las elecciones parlamentarias. En estas se postulan listas bloqueadas, pero no cerradas, bajo la modalidad de voto preferencial doble y opcional, en veinticinco circunscripciones plurinominales y una uninominal, diseñadas, en su mayoría, alrededor de los departamentos.
El Congreso está conformado por 130 escaños2 y para acceder a la distribución de escaños se debe superar un umbral de representación del 5% de los votos válidos en el ámbito nacional o conseguir seis congresistas en al menos dos circunscripciones distintas3. Para adjudicar escaños se usa el método D’Hondt bajo la modalidad de la cifra repartidora. Por último, se requiere que las listas incluyan a no menos del 30% de cuota de género4. Esto es importante pues el sistema electoral fue clave para entender los resultados tanto en el nivel presidencial como parlamentario.
Finalmente, se debe resaltar que a pesar del considerable peso electoral de los peruanos que residen en el extranjero (884 924), que representan el 3,86% del padrón electoral nacional, estos no cuentan con representación propia en el Parlamento. En el nivel parlamentario, sus votos son considerados dentro de Lima Metropolitana5, lo que contraviene el principio de representación al votar por congresistas que no forman parte de su circunscripción.
Los nuevos cargos y mecanismos de representación, en medio del colapso del sistema de partidos y el régimen corrupto de la década de 1990, profundamente antipolítico, inclinaron las normas hacia un mayor control y regulación, pero también abrieron las puertas a la limitación de los derechos fundamentales a través de la inscripción y a la exclusión de candidatos. Sin embargo, no se consideró ni se quiso entender que dichos cargos colisionaban con derechos fundamentales que la propia Constitución política consagraba.
Fue así que a partir de la modificatoria de la Ley de Partidos Políticos (2003)6 se profundizó la regulación jurídica, pero de manera inadecuada, en medio de una normatividad frondosa, llena de vacíos, plazos del cronograma electoral yuxtapuestos y con amplio margen para interpretaciones. No obstante, el gran problema fue que esta modificatoria se promulgó el 17 de enero de 2016, cuando el proceso electoral se había convocado dos meses antes, el 16 de noviembre de 2015. Entre los artículos que dicha ley incorpora se encuentra la denominada«ley de dádivas»7.
Dos casos fueron emblemáticos. Los correspondientes a los candidatos a presidente, Julio Guzmán (Perú21, 2016c), del partido Todos Por el Perú, y César Acuña (Perú21, 2016a), del partido Alianza Para el Progreso, que fueron excluidos del proceso electoral en polémicas decisiones, las cuales tuvieron importantes repercusiones políticas y electorales.
Julio Guzmán, economista y sin experiencia política, fue el candidato de la pequeña agrupación Todos Por el Perú. A finales de 2015 e inicios de la campaña electoral, Guzmán figuraba entre los candidatos con menor intención de voto y su campaña se limitaba a Lima Metropolitana. No obstante, sus cuentas oficiales en redes sociales comenzaron a mostrar claras tendencias de crecimiento8. Sin embargo, el Jurado Electoral Especial (JEE) Lima Centro 1 declaró improcedente la inscripción de su candidatura por temas referidos a las elecciones internas de su agrupación. Finalmente, el 8 de marzo, el Pleno del JNE confirmó la decisión del JEE Lima Centro 1 y se declararon fundadas las tachas contra dicha candidatura. A esas alturas, Guzmán había crecido en su intención de voto llegando a ocupar un segundo lugar e incluso, en las simulaciones de una segunda vuelta, derrotaba a Keiko Fujimori, pues la candidata de Fuerza Popular, si bien tenía la mayor intención de voto, mostraba una fuerte resistencia. Por tanto, la salida de Guzmán de la contienda electoral cambió drásticamente el resultado final. No se puede asegurar que iba a ganar la elección, pero su candidatura era la más clara en ascenso y en las simulaciones de segunda vuelta era el único que le ganaba a Keiko Fujimori. Asimismo, la salida de Guzmán permitió el incremento de la intención de votos de Verónika Mendoza, de Alfredo Barnechea y, sobre todo, de Kuczynski.
Otro fue el caso de César Acuña, fundador y líder de Alianza Para el Progreso. A diferencia de Guzmán, Acuña tenía una larga experiencia política: ocupó cargos como alcalde de Trujillo y presidente regional de La Libertad, derrotando al APRA, partido hegemónico en esta región desde su nacimiento.
Acuña construyó su fortuna económica sobre la base de la educación. En 1980, ya era dueño de una academia preuniversitaria en Trujillo. Diez años más tarde expandió sus inversiones, creó la Universidad César Vallejo en la misma ciudad y, posteriormente, un consorcio que se extendió por el país. A partir de allí acrecentó su poder e influencia. Pero, sobre todo, había creado una narrativa que mostraba a un provinciano de origen pobre que, gracias a su esfuerzo personal, se había convertido en un empresario en el campo de la educación, exitoso que, además, había logrado alcanzar los mayores grados académicos (Barrenechea, 2014).
Fue sobre esto último que aparecieron las primeras denuncias que lo involucraban en plagios de las tesis presentadas a diversas universidades (El Comercio, 2016b). Sin haberse aclarado el tema de los plagios, Acuña continuó sumando temas controversiales a sus antecedentes políticos (2016a). Luego de las denuncias respectivas y de un proceso electoral, el JNE decidió excluir a César Acuña del proceso electoral por haber infringido el artículo 42 de la Ley de Organizaciones Políticas9, el mismo día en que hacía lo propio con Julio Guzmán10. Sin embargo, a diferencia de Guzmán, la candidatura de Acuña había ingresado a un momento de declive.
Si bien estos hechos crearon oportunidades para varios candidatos, ninguno expresó su rechazo a estas medidas, pero sí se generó un rechazo en el ambiente, pues el proceso electoral ingresaba a un momento peligroso, ya que las exclusiones eran armas que empezaban a ser utilizadas entre candidatos. Luis Almagro, secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA), recomendó a los organismos electorales «restablecer derechos de participación política de todos y evitar elecciones semidemocráticas» (La República, 2016). De esta manera, las exclusiones impactaron de manera determinante en el proceso electoral y en sus resultados.
2. Selección de candidatos
La lista de los candidatos presidenciales inscritos se elevó a diecinueve. Al final solo quedaron diez listas, pues el resto se retiró de la contienda electoral por variadas razones.
Keiko Fujimori, hija del condenado expresidente Alberto Fujimori, postulaba por segunda vez a la Presidencia de la República. En 2011 había perdido en segunda vuelta ante Ollanta Humala (Partido Nacionalista). En 2006 había sido electa congresista por Lima con la agrupación Alianza por el Futuro (AF), siendo la candidata más votada. Para el año 2009, anunció una campaña de recolección de firmas para la inscripción de un nuevo partido político y una «cruzada para reivindicar el nombre de su padre», en marco de la «sentencia de 25 años de cárcel impuesta […] por violación de derechos humanos» (Perú21, 2009). Esto tiene especial relevancia pues el fujimorismo había pasado por constituir diversas organizaciones y esta nueva agrupaba a las anteriores y las centralizaba bajo el liderazgo definitivo de Keiko Fujimori. Fuerza Popular es, pues, el primer partido fujimorista que se traza como objetivo constituirse en una organización nacional y perdurable. La expresión de una derecha popular.
Pedro Pablo Kuczynski postuló por primera vez al cargo de presidente de la república, al igual que Keiko Fujimori, en el año 2011, con la organización Alianza Por el Gran Cambio, compuesta por el Partido Popular Cristiano, Alianza Para el Progreso, Restauración Nacional y el Partido Humanista Peruano, y obtuvo el tercer lugar con el 18,5% de los votos válidos. Una vez conocidos los nombres de los candidatos que competirían en segunda vuelta, Kuczynski brindó su público apoyo a la candidatura de Fujimori. Para las elecciones de 2016 y con un partido político propio, Kuczynski postuló nuevamente al cargo de presidente de la república, pero esta vez con Peruanos Por el Kambio (PPK), partido que lleva las mismas iniciales que sus nombres y apellido, de bajo nivel organizativo y altamente personalista, como la mayoría de las organizaciones partidarias peruanas. Era un candidato de derecha liberal con vínculos con el sector empresarial y con experiencia política, pues había sido ministro de economía y primer ministro en el gobierno de Alejandro Toledo (Radio Exitosa, 2016).
Alan García, líder del APRA, fue el candidato con mayor experiencia política. En 1978 fue constituyente, en 1980 diputado y elegido presidente en 1985. Postuló sin suerte en 2001, pero fue elegido nuevamente presidente en 2006. Durante el período legislativo 2011-2016 fue involucrado y atribuido de responsabilidad política en el llamado caso de los «narcoindultos» (La República, 2014). Si bien el Poder Judicial lo dejó fuera de responsabilidad y no fue procesado, el escándalo fue fuertemente relacionado con su gobierno. Se ubicó claramente como un candidato también de derecha. Su alianza con el Partido Popular Cristiano (PPC) no hizo sino reafirmar esta imagen, al igual que con la pequeña agrupación del Callao, Vamos Perú. Alianza Popular, así llamada la coalición electoral.
En el año 2011, Verónika Mendoza fue electa congresista por Cusco con la alianza electoral Gana Perú (liderada por Ollanta Humala) y fue la candidata más votada de esa circunscripción electoral. A mediados de 2012, Mendoza11 y otros congresistas12 renunciaron a la bancada Parlamentaria Nacionalista y a su militancia partidaria por considerar que el oficialismo se había apartado de su línea primigenia. Para el año 2015 fue candidata del movimiento Sembrar en las elecciones ciudadanas del Frente Amplio13 y le ganó al fundador de Tierra y Libertad, Marco Arana. Su candidatura se ubicaba claramente a la izquierda del espectro electoral.
Alfredo Barnechea fue candidato por la alcaldía de Lima en 1983, diputado por el APRA en 1985, para posteriormente renunciar a su militancia aprista. Luego de una larga ausencia de la política partidaria, en el año 2014 se afilió al partido Acción Popular y logró ser electo en elecciones internas, ubicándose en el centro del espectro político. Pese a su pasado, aparecía como un candidato nuevo en la política, pues para las nuevas generaciones de electores era un desconocido.
Alejandro Toledo es líder y fundador de Perú Posible. En 1995 fue candidato a la Presidencia de la República, pero solo obtuvo el cuarto lugar. Para el año 2000 fue candidato al mismo cargo, pero decidió renunciar a las elecciones de segunda vuelta por falta de garantías. Fue electo presidente en 2001. Postuló por cuarta vez en 2011, pero solo logró el 15,6% de los votos y candidateó nuevamente en 2016.
Otros candidatos fueron Gregorio Santos, de Democracia Directa, ex presidente regional de Cajamarca, apresado y procesado por denuncias en su contra. No pudo realizar una campaña pues estaba recluido en un centro penitenciario. Se ubicaba a la izquierda del Frente Amplio de Verónika Mendoza, con un discurso claramente radical. Fernando Olivera, candidato del Frente Esperanza, había sido diputado en 1985 y 1990, y congresista en 1995 y 2000. Para el año 2001 postuló sin éxito a la Presidencia de la República y fue ministro de justicia y embajador en el gobierno de Toledo. Miguel Hilario, candidato de Progresando Perú, fue postulante del grupo étnico Shipibo-Konibo y fue presidente ejecutivo de la Comisión Nacional de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos durante el gobierno de Toledo. Finalmente, Ántero Flores-Aráoz, fundador del Partido Político Orden, constituyente en 1992 y congresista entre 1995 y 2001 y ministro de Defensa durante el gobierno de García. Si las listas presidenciales fueron diez, las parlamentarias fueron once, pues a ellas se sumó Alianza Para el Progreso.
3. La campaña electoral
3.1. No hay retiro decoroso
Al iniciarse la campaña electoral se registraron diecinueve candidaturas para la Presidencia de la República, posteriormente este número decreció a diez. Además de las razones ya esgrimidas en los acápites previos, concurrió con ellas la modificación del artículo 13 de la Ley de Organizaciones Políticas, el 17 de enero, en medio del proceso electoral, que señala que una de las causales de la cancelación de inscripción es «el no participar en dos elecciones generales sucesivas». De esta manera, la baja intención de voto hizo que algunos partidos retiraran las candidaturas para poder mantener sus inscripciones, como ocurrió en siete casos. En algunos partidos esta decisión fue ampliamente compartida y en otros, como el Partido Nacionalista, partido de gobierno, devino en serios conflictos internos que llevaron a la renuncia de algunos afiliados.
Tabla 1. Lista de candidatos a la Presidencia
Número
Candidatos
Organización política
Observación
1
Alan García
Alianza Popular
Mantuvo candidatura
2
Alejandro Toledo
Perú Posible
Mantuvo candidatura
3
Alfredo Barnechea
Acción Popular
Mantuvo candidatura
4
Ántero Flores-Aráoz
Partido Político Orden
Mantuvo candidatura
5
Fernando Olivera
Frente Esperanza
Mantuvo candidatura
6
Gregorio Santos
Democracia Directa
Mantuvo candidatura
7
Keiko Fujimori
Fuerza Popular
Mantuvo candidatura
8
Miguel Hilario
Progresando Perú
Mantuvo candidatura
9
Pedro Pablo Kuczynski
Peruanos Por el Kambio
Mantuvo candidatura
10
Verónika Mendoza
El Frente Amplio
Mantuvo candidatura
11
César Acuña
Alianza Para el Progreso*
Excluido
12
Julio Guzmán
Todos Por el Perú**
Tachado
13
Nano Guerra García
Solidaridad Nacional
Retiró candidatura
14
Daniel Urresti
Partido Nacionalista Peruano
Retiró candidatura
15
Felipe Castillo
Siempre Unidos
Retiró candidatura
16
Francisco Diez Canseco
Perú Nación
Retiró candidatura
17
Renzo Reggiardo
Perú Patria Segura
Retiró candidatura
18
Vladimir Cerrón
Perú Libertario
Retiró candidatura
19
Yehude de Simon
Partido Humanista Peruano
Retiró candidatura
*La lista parlamentaria se mantuvo.
**La lista parlamentaria fue retirada.
Este hecho inusual terminó por bajar el efecto reductivo en el número de partidos que tenían las normas, sobre todo el umbral de representación, puesto que, al final, de veinticinco partidos inscritos se redujeron a tan solo veintiuno.
3.2. Los tres momentos
Durante la campaña electoral de primera vuelta se pueden identificar tres momentos14. El primero, denominado el período del «elenco estable», se extendió a lo largo del año 2015 e inicios de 2016. Cuatro candidatos —Keiko Fujimori (Fuerza Popular), Pedro Pablo Kuczynski (Peruanos Por el Kambio), Alan García (Alianza Popular) y Alejandro Toledo (Perú Posible)— concentraban la mayor intención de voto, donde la candidata de Fuerza Popular siempre aparecía primera y muy por encima de los otros tres. Se les consideraba el elenco estable, pues ocupaban todos un espacio estrecho entre el centro a la derecha por un largo período de tiempo.
Sin embargo, todos los sondeos permitían observar que el porcentaje de indecisos era alto y el rechazo a varios candidatos también lo era, particularmente hacia García y Toledo, justamente los de mayor experiencia política. El recuerdo de sus gobiernos y, sobre todo, las denuncias de las que eran objeto, ocasionaban un nivel de rechazo importante que no les permitía crecer en la intención de voto.
El segundo momento se desarrolló entre fines de diciembre de 2015 a inicios de 2016. Se observó un agotamiento de los candidatos del elenco estable. Si bien Keiko Fujimori mantuvo un voto fiel, no siguió creciendo. Su distancia del «albertismo»15 no le generó pérdida, pero tampoco ganancia. Junto con César Acuña, era la candidata que tenía mayores intenciones de voto en provincia, donde se encuentra el sector rural.
La Alianza Popular (APRA, Partido Popular Cristiano y Vamos Perú) no operó en benefició de Alan García, quien fue superado por Acuña en la intención de voto. El antialanismo, más que el antiaprismo, se evidenció con mayor intensidad de lo esperado. Su intención de voto era mayor en Lima Metropolitana que en las provincias del resto del país. Igualmente, tuvo un mayor apoyo en los sectores socioeconómicos altos que en los medios y bajos.
Por su lado, Pedro Pablo Kuczynski descendía en su intención de voto. No lograba penetrar en el elector más popular y provinciano; por el contrario, se acentúo su imagen elitista. Caso contrario sucedía con César Acuña quien se nutría de su historia narrada como una persona humilde que logró el éxito en un contexto adverso, promoviendo la educación superior, al alcance de más peruanos. Esto estaba firmemente conectado con un reconocido clientelismo sin tapujos y una importante inversión publicitaria. Era percibido como un candidato de las provincias y no de la élite limeña.
Por el contrario, Julio Guzmán crecía en las encuestas con una imagen centrada en su formación profesional y juventud. Guzmán logró llegar a un público más amplio, que tuvo su punto inicial de apoyo a través de las redes sociales. Por su lado, Alejandro Toledo fue el primero del elenco estable en declinar de manera sostenida en la intención de voto. Fue el primer candidato importante que se convirtió en un candidato chico. Los demás candidatos no lograron superar el 2%.
Gráfico 1. Intención de voto presidencial: enero y febrero de 2016
Fuente: Encuestas de CPI, Datum, Ipsos Perú y GFK.
Un tercer momento fue el que se inició con el crecimiento de Julio Guzmán y su exclusión, así como la de César Acuña. Estos dos candidatos crecieron entre enero y febrero, superando al resto, salvo a Keiko Fujimori. El posicionamiento de sus candidaturas como distintas y frescas favoreció su crecimiento, además de verse beneficiadas por el declive de Alan García y Alejandro Toledo, a quienes superaron. Es más, Julio Guzmán no solo logró ubicarse en el segundo lugar en intención de voto, sino superar a Keiko Fujimori en las simulaciones de segunda vuelta.
Sin embargo, como ya se explicó, ambas candidaturas fueron excluidas de la competencia. Esto ocasionó un debate público, pues nunca se habían excluido candidatos con intención de voto tan alta, pero, sobre todo, porque las denuncias de infligir la ley (particularmente el artículo sobre «dádivas») entre candidatos creció, e incluían a otras candidaturas importantes, como la de Keiko Fujimori y la de Pedro Pablo Kuczynski. Si bien estas candidaturas no fueron finalmente excluidas, las acusaciones recíprocas dejaron la sensación de que la justicia electoral no había obrado todas las denuncias con la misma firmeza que las anteriores. La incertidumbre electoral no solo se centró en torno a quién ganaría sino también en torno a quiénes competirían.
Finalmente, el último tramo es el que va de mediados de marzo de 2016 al día de la elección, el 8 de abril. La exclusión de Guzmán y Acuña hizo que crecieran en intención de voto tanto Mendoza, Barnechea como Kuczynski. La incertidumbre se redujo a quién pasaría a la segunda vuelta para competir con Fujimori, cuya intención de voto fue largamente superior al resto de forma permanente y estable.
Se realizaron dos debates electorales, uno en Piura y otro en Lima16. Barnechea no logró ganar adhesiones entre los indecisos, lo que sí ocurrió con Mendoza, quien disputaba el segundo lugar con Kuczynski. En el último tramo, este hizo una efectiva campaña para asociar a Mendoza con el gobierno de Humala y con el chavismo, con lo que creó temor en sectores del electorado, sobre todo de Lima.
Gráfico 2. Intención de voto presidencial marzo-abril de 2016
Fuente: Encuestas de CPI, Datum, Ipsos Perú y GFK.
4. La primera no fue la vencida
Keiko Fujimori logró ganar la primera vuelta. Fue la candidata con mayor intención de voto de inicio a fin, administrando su ventaja a lo largo de la campaña. Fue también la única que labró su triunfo, apenas había perdido la elección de 2011, construyendo una maquinaria partidaria, que su padre nunca quiso formar. Eso le permitió tener una votación distribuida en todo el país, que se tradujo en una bancada con mayoría absoluta (73 congresistas de un total de 130) y duplicó en votos a Pedro Pablo Kuczynski.
Kuczynski, empresario y economista, con una inusual voluntad política, quiso ser candidato presidencial en la parte final de su carrera política, a sus 78 años, sin contar con un partido político. Si en el año 2011 quedó tercero, siendo la sorpresa, cinco años después aprovechó el último tramo de la campaña para posicionarse como el candidato que podía ganarle a Keiko Fujimori en la segunda vuelta. Su larga ventaja en Lima sobre Verónika Mendoza —donde presumiblemente habría cuajado más la campaña del miedo contra la candidata del Frente Amplio— fue suficiente para ganarle. Sin embargo, su partido, Peruanos Por el Kambio, era una organización débil que alcanzó tan solo a ganar dieciocho escaños, perdiendo uno, casi al inicio de mandato.
Mendoza llevó a la izquierda, a través del Frente Amplio, a ser una fuerza política significativa, algo que no sucedía desde fines de la década de 1980, y consiguió una bancada propia y la segunda en el Parlamento.
Barnechea logró salvar a Acción Popular de perder la inscripción. Con una corta y austera campaña, consiguió que el partido de Fernando Belaunde tenga nuevamente bancada propia, como ocurrió también con Alianza Para el Progreso, sin Acuña, excluido como candidato presidencial.
Finalmente, Santos, quien con su votación reafirmó su peso regional en Cajamarca, restó votos de izquierda a Mendoza y evitó su triunfo.
Los grandes derrotados fueron García y Toledo, con sus respectivos partidos. Haber sido gobierno y tener experiencia política, no fue una ventaja, sino un elemento contrario en un país de gran rechazo a la política y a los partidos. Los dos expresidentes cargaron consigo el desgaste y el mal recuerdo de sus gobiernos y arrastraron a sus respectivos partidos a porcentajes mínimos.
5. No hay primera sin segunda
Entre elecciones hubo ocho semanas de campaña que se pueden dividir en tres tramos. Durante el primero, inmediatamente después de la primera vuelta, Kuczynski superaba a Fujimori, pese a que en los primeros días casi no hizo campaña. Se trataba de la manifestación inmediata de un antifujimorismo que lo utilizaba como su canal de expresión al lado de un importante sector que se aglutinaba en los indecisos.
Pero, a la mitad de campaña, Fujimori había superado, según todas las encuestas, a Kuczynski, incluso en la ciudad de Lima. En este segundo momento, Kuczynski, con poca campaña, había viajado inexplicablemente por ocho días a Estados Unidos y, en su ausencia, las diferencias en su partido brotaron rápidamente. Su campaña perdía ímpetu, en contraste con la de Fuerza Popular, que extendía la suya con ofrecimientos a diversos grupos y sectores de votantes (mineros informales, evangélicos, etcétera), así como reuniendo el apoyo de figuras destacadas (Elmer Cuba, Hernando de Soto, entre otros). La intensidad de la campaña se observó con su recorrido por los departamentos del sur y la selva del país, donde había tenido menos votación que en el norte. El triunfo de Fujimori parecía inevitable.
Sin embargo, en un tercer momento se produjeron un conjunto de sucesos que harían perder todo lo hecho por la planificada campaña de Fujimori. Las denuncias contra Joaquín Ramírez, secretario general de Fuerza Popular y principal financista del partido, investigado por la DEA (Drug Enforcement Agency) por presuntas relaciones con el narcotráfico, no fueron enfrentadas adecuadamente. La primera defensa fue la negación por parte de Keiko Fujimori, lo que resultó siendo un error, pues los acontecimientos posteriores terminaron por arrastrar a Ramírez y, con él, a una de sus principales piezas en la campaña y candidato a la vicepresidencia, José Chlimper (Perú21, 2016b). Si a lo largo de la campaña la candidata de Fuerza Popular había actuado rápidamente en el control de daños, no ocurrió lo mismo en este caso.
Esto despertó la dinámica antifujimorista, la cual tuvo en el tema del narcotráfico un elemento aglutinador que parecía haberse agotado en los temas de derechos humanos y corrupción. La multitudinaria marcha del 31 de mayo organizada por el colectivo No a Keiko fue el evento que expresó claramente esta dinámica. Al lado de eso, la decisión del Frente Amplio, a través de Mendoza, de apoyar a Kuczynski, luego de una esquiva y confusa posición, fue determinante. Estos factores permitieron y dieron argumentos a Kuczynski para que desarrollara un discurso antifujimorista claro, como se observó en el debate electoral. La combinación de estos factores fue clave para el incremento de votos de Kuczynski, quien ganó más indecisos que Fujimori, lo que fue fundamental para el desenlace final (Torres, 2016).
Gráfico 3. Intención de voto segunda vuelta electoral
Fuente:Encuestas de CPI, Datum, Ipsos Perú y GFK.
6. Resultados electorales
6.1. Nacional
Con un registro electoral de casi 23 000 000 de electores, el Perú realizó la novena elección desde la caída del gobierno militar (1968-1980) y la cuarta elección democrática desde la caída del gobierno autoritario de Alberto Fujimori (noviembre de 2000). La participación de los electores fue de 81,8%, en parte por el voto obligatorio, por lo que el ausentismo llegó al 18,2%. En la primera vuelta, Keiko Fujimori, Pedro Pablo Kuczynski y Verónika Mendoza concentraron el 87% de los votos, siendo la diferencia entre los dos primeros de 18,8% (2 886 412 votos), mientras que la diferencia entre el segundo y tercer lugar fue de 2,3% (353 721 votos). No obstante, de los diez partidos políticos en competencia se observa que solo dos no lograron superar el 1% de los votos válidos. Este proceso puso en competencia propuestas opuestas. Por un lado, a la derecha, representada por Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski y, por el otro, la izquierda, representada por Verónika Mendoza17.
Tabla 2. Resultados de las elecciones presidenciales - Primera vuelta
Candidato(organización política)
Votos
%Votos válidos
Keiko Fujimori (Fuerza Popular)
6 115 073
39,9%
Pedro Pablo Kuczynski (Peruanos Por el Kambio)
3 228 661
21,1%
Verónika Mendoza (Frente Amplio)
2 874 940
18,7%
Alfredo Barnechea (Acción Popular)
1 069 360
7%
Alan García (Alianza Popular)
894 278
5,8%
Gregorio Santos (Democracia Directa)
613 173
4%
Fernando Olivera (Frente Esperanza)
203 103
1,3%
Alejandro Toledo (Perú Posible)
200 012
1,3%
Miguel Hilario (Progresando Perú)
75 870
0,5%
Ántero Flores-Aráoz (Partido Político Orden)
65 673
0,4%
Votos blancos
2 225449
Votos nulos
1 168 538
Votos emitidos
18 734 130
100%
Fuente: Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), 2016.
Tabla 2. Resultados de las elecciones presidenciales - Primera vuelta
Organización política
Votos
% Votos válidos
Pedro Pablo Kuczynski (Peruanos Por el Kambio)
8 596 937
50,12%
Keiko Fujimori (Fuerza Popular)
8 555 880
49,88%
Votos blancos
149 577
Votos nulos
1 040 502
Votos emitidos
18 342 896
100%
Fuente: ONPE, 2016.
La votación de Fuerza Popular dibujó un mapa electoral con alta presencia en el norte y centro del país. Este partido ganó en dieciséis de las veinticinco circunscripciones electorales, es decir, su desempeño electoral fue casi tres veces mayor al de la elección de 2011. Asimismo, logró imponerse con importantes porcentajes en toda la región de la selva. Esta votación de gran alcance nacional se dio gracias a la organización de su maquinaria partidaria y la movilización de sus cuadros en todo el territorio del país. Keiko Fujimori había logrado a lo largo de casi una década, una identidad fujimorista clara, con una nítida presencia popular.
Peruanos Por el Kambio solo logró obtener el primer lugar en un departamento, Arequipa. Su larga ventaja sobre Verónika Mendoza en Lima, donde presumiblemente habría calado más la campaña del miedo contra la candidata del Frente Amplio, fue lo que le permitió pasar a la segunda vuelta. Asimismo, sus votos se concentraron, sobre todo, en las zonas urbanas de la costa.
Por su parte, el Frente Amplio logró posicionarse en la zona sur del país, que históricamente es de izquierda. Los departamentos que integran este sector del país se caracterizan por apoyar opciones que expresan el cambio frente a la política tradicional. Fue así que durante las elecciones de 2006 y 2011, estos mismos departamentos fueron los bastiones del candidato Ollanta Humala. La candidatura de Verónika Mendoza llevó a la izquierda a ser una fuerza política significativa, solo comparable con la izquierda de la década de 198018.
Ahora bien, los resultados de la votación de Cajamarca representan un mensaje aparte. Cajamarca se ubica en la sierra norte del país y es uno de los principales departamentos productores de minerales. A pesar de ello, se encuentra dentro del grupo de departamentos con mayor nivel de pobreza. Gregorio Santos participó como presidente regional en las protestas, capitalizó los reclamos ciudadanos que los partidos y el gobierno no pudieron canalizar y se fue consolidando como uno de los líderes antimineros. Posteriormente, utilizó este caudal electoral para su postulación a la Presidencia. Santos, pese a estar preso, como consecuencia de una prisión preventiva motivada, acusado de corrupción, logró imponerse en Cajamarca con el 40,7% de los votos; con ello le restó un significativo apoyo al Frente Amplio.
6.2. Lima Metropolitana
Lima Metropolitana es la circunscripción más grande del país, con más de seis millones de electores, y en más de una ocasión ha decidido una elección. Al comparar la votación de Lima con el resto del país, se observa que Fuerza Popular, Acción Popular y la Alianza Popular registran diferencias mínimas entre ellas, es decir, tienen votaciones homogéneas19.
Por el contrario, las votaciones de Peruanos Por el Kambio y del Frente Amplio muestran considerables diferencias. Mientras que la candidatura de Kuczynski tuvo un importante porcentaje de apoyo en la capital, este disminuye a la mitad en provincias. Por el contrario, la candidatura de Mendoza tuvo un reducido impacto en Lima, circunscripción más bien conservadora, pero el porcentaje se duplicó en el resto del país.
Tabla 4. 2016: Votación de Lima Metropolitana y provincias
Partido político
Nacional
Lima Metropolitana
Provincias
Fuerza Popular
39,8%
39,3%
40,1%
Peruanos Por el Kambio
21%
31,1%
15,7%
Frente Amplio
18,8%
11,6%
22,7%
Acción Popular
6,9%
7,4%
6,7%
Alianza Popular
5,8%
6,4%
5,6%
Fuente: Polítika (blog de Fernando Tuesta Soldevilla).
6.3. Muchas candidaturas y altas variaciones en la votación
Durante el presente siglo, en las cuatro elecciones presidenciales se registraron un total de 48 candidaturas. Una primera observación es que ningún partido ha alcanzado la Presidencia en más de una oportunidad. Hay partidos que lograron ganar las elecciones presidenciales, pero con el mismo candidato, lo que muestra un alto grado de preeminencia del candidato sobre el partido.
De las 40 organizaciones a las que pertenecieron las 48 candidaturas mencionadas, solo tres de ellas tienen una antigüedad anterior a 1990: el APRA, Acción Popular y Partido Popular Cristiano. El resto son organizaciones recientes y, de ellas, tres lograron la Presidencia de la República: Perú Posible (2001), Partido Nacionalista (2006) y Peruanos Por el Kambio (2016). Entre la fundación de estos partidos y su llegada al poder mediaron menos de cinco años. Es decir, los partidos emergentes tuvieron mayor éxito electoral que los partidos de tradición histórica.
Sin embargo, a diferencia de presidentes como Alan García (APRA) y Fernando Belaunde Terry (Acción Popular), quienes ingresaron a la política siendo jóvenes, como también ocurrió con líderes tales como Lourdes Flores Nano y Luis Bedoya Reyes (Partido Popular Cristiano) o Javier Diez Canseco (izquierda); los presidentes Alejandro Toledo, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski ingresaron a la política siendo personas mayores de 40 años.
Peruanos Por el Kambio es un partido recién inscrito en 2015, con un bajo nivel organizativo y miembros que, salvo un porcentaje menor, carecen de experiencia política; por ello, difícilmente tendrá futuro al final del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski que, por su edad, seguramente se retirará de la política.
El fujimorismo ha sido la corriente política que ha crecido de manera consistente. Ha fundado varios partidos desde el inicial Cambio 90, pasando por Nueva Mayoría y Vamos Vecino. Luego de la caída de Alberto Fujimori, Solución Popular, una organización que recogía su legado fujimorista, apenas logró el 1,69%; no obstante, cinco años después, con Martha Chávez como candidata presidencial, la nueva organización fujimorista Alianza para el Futuro creció al 7,4% y Keiko Fujimori, candidata a un escaño por Lima, logró la mayor votación del total nacional. La hija de Alberto Fujimori fue, en 2011 y en 2016, la candidata presidencial con el nuevo partido Fuerza Popular fundado por ella, partido que ha tenido la mayor votación, el mayor grado organizativo y que ha logrado pasar a la segunda vuelta en dos oportunidades.
Tabla 5. 2001-2016: Elecciones presidenciales - Primera vuelta
Lugar
Organización política
2016
2011
2006
2001
1
Fuerza Popular / Alianza por el Futuro / Solución Popular
39,86%
23,6%
7,4%
1,69%
2
Peruanos Por el Kambio / Alianza Por el Gran Cambio
21,05%
18,5%
3
Frente Amplio
18,74%
4
Acción Popular / Frente de Centro
6,97%
5,8%
5
Alianza Popular* / APRA
5,83%
24,3%
25,8%
6
Fonavistas del Perú / Democracia Directa
4%
0,25%
7
Frente Esperanza
1,32%
8
Perú Posible*
1,3%
15,6%
36,5%
9
Partido Nacionalista-Gana Perú / Unión Por el Perú
31,7%
30,6%
10
Alianza Solidaridad Nacional*
9,8%
11
Unidad Nacional* / Partido Popular Cristiano
23,8%
24,3%
12
Restauración Nacional
4,37%
13
Frente Independiente Moralizador
9,8%
Nota: solo los partidos que superaron el 1%.
*Alianzas electorales.
Fuente: ONPE, 2016.
El APRA ha tenido, por el contrario, una considerable curva de descenso en su votación. De los cuatro procesos comparados, en tres de ellos, su candidato presidencial fue Alan García Pérez, quien ya había sido presidente en el período 1985-1990. En 2001, quedó segundo con 25,8% y en 2006 logró el 24,3%, pero superó a Ollanta Humala en la segunda vuelta. Sin embargo, en 2011 no presentó candidato presidencial y en 2016 solo obtuvo, a través de la coalición electoral Alianza Popular, el 5,8%. Esto abrió una crisis interna en el partido fundado por Víctor Raúl Haya dela Torre.
Acción Popular se presentó al interior de alianzas electorales, en 2006 y 2011, y solo en 2016 el 6,9% lo mantuvo como partido inscrito, pero lejos de los porcentajes de votación de los que obtuvo en su momento Fernando Belaunde Terry, fundador y dos veces presidente de la república.
El Partido Popular Cristiano siempre integró alianzas electorales, como Unidad Nacional, Alianza Por el Gran Cambio y Alianza Popular, conjuntamente con el APRA. El partido fundado por Luis Bedoya Reyes fue perdiendo peso electoral. Esto se observó sobre todo en 2016, cuando Lourdes Flores Nano dejó de ser la candidata presidencial.
Como se señaló antes, la izquierda perdió presencia electoral desde inicios de la década de 1990. Sin embargo, en esta última elección, con la candidatura de Verónika Mendoza y el Frente Amplio, esta opción política logró ubicarse en el tercer lugar de las preferencias con el 18,7% de los votos y se convirtió en una fuerza en el Parlamento.
Un hecho relevante es que los partidos que han gobernado el país han tenido estrepitosos fracasos electorales al final del período de mandato presidencial. Perú Posible, al final de su mandato, en 2006, no pudo sostener una candidatura a la Presidencia y solo consiguió dos escaños. Al APRA le ocurrió lo mismo: en 2011 no presentó candidato presidencial y solo consiguió cuatro escaños. Finalmente, el Partido Nacionalista, en 2016, retiró su candidatura presidencial y no consiguió ningún escaño en el Parlamento actual. Aparte del desgaste de todo gobierno, en partidos altamente personalistas, la no reelección presidencial ha sido un factor que ha influido en los bajos respaldos electorales.
6.4. Un Parlamento naranja
En las elecciones parlamentarias, que son simultáneas a las presidenciales, suelen presentarse un número mayor de listas, pues en aquellas se juega la continuidad de la inscripción o no del partido político. Debido a ello, en más de una ocasión, algunos partidos que no presentaron candidatos a la Presidencia sí presentan candidatos en las elecciones parlamentarias. Además, la norma señala que para que un partido político sea parte de la distribución de escaños, debe superar el umbral de representación del 5% nacional o seis escaños en por lo menos dos circunscripciones.
En las elecciones de 2001, de las trece organizaciones en competencia, once lograron escaños en el Congreso, es decir, el 85% de los partidos. Mientras tanto, 2006 fue el año de mayor número de listas parlamentarias, pues de las veinticuatro listas, solo siete lograron representación, es decir, menos del 30% de los partidos, debido a que se introdujo el umbral de representación al 4%. En 2011, con un umbral de 5%, trece organizaciones políticas presentaron listas y de estas solo seis lograron escaños. Finalmente, para las últimas elecciones, once organizaciones políticas se presentaron a competir por los 130 escaños y de ellas solo seis lograron representación.
Tabla 6. 2001-2016: Número de partidos con representación parlamentaria
Elección
Número de listas parlamentarias
Ingresaron al Parlamento
Porcentaje
2001
13
11
85%
2006
24
7
30%
2011
13
6
46%
2016
11
6
55%
Fuente: Polítika (blog de Fernando Tuesta Soldevilla).
Por otro lado, los cuatro gobiernos del actual siglo XXI han carecido de mayoría absoluta en el Congreso, lo que obligó a los partidos oficialistas a conformar coaliciones o acuerdos básicos. Para el período parlamentario 2001-2006, Perú Posible, partido del oficialismo, consiguió 45 escaños, de un total de 120, mientras que el APRA, el partido de la oposición, ocupaba veintiocho. Ante ello, Perú Posible y el Frente Independiente Moralizador formaron una coalición, con once votos que se sumaron a las votaciones de los peruposibilistas.
En 2006, el triunfante APRA logró 36 escaños, mientras que Unión Por el Perú, el partido opositor, logró 45. No obstante, si bien no se conformó una coalición formal, el fujimorista Alianza por el Futuro apoyó circunstancialmente al gobierno, frente al bloque de la oposición del naciente Partido Nacionalista que se separaba de la Unión Por el Perú.
Con un Parlamento de 130 escaños, el Partido Nacionalista o con su nombre electoral Gana Perú, partido de gobierno, logró 47 escaños y el principal partido opositor, Fuerza 2011, obtuvo tan solo diez escaños menos. El oficialismo formó una coalición con la Alianza Perú Posible, lo que le permitió veintiún votos de apoyo durante los primeros años de gobierno. Posteriormente ambas organizaciones perdieron un número significativo de parlamentarios, lo que permitió que el último año la oposición fuera mayoría.
La elección parlamentaria de 2016 configuró un Congreso distinto a los anteriores. Por primera vez en la historia, el partido de oposición, Fuerza Popular, logró la mayoría absoluta de los votos, al conseguir 73 escaños20. En oportunidades anteriores, Fernando Belaunde (1980-1985), Alan García (1985-1990) y Alberto Fujimori (1995-2000) se habían creado mayorías absolutas, pero por parte del partido de gobierno, no de la oposición.
Contando con Fuerza Popular, el número de grupos parlamentarios que se conformaron fueron seis. La segunda fuerza parlamentaria fue es la izquierdista Frente Amplio, con veinte congresistas, la mayoría de ellos representantes de provincia, provenientes, sobre todo, del sur andino, tradicional bastión de la izquierda. El buen desempeño electoral de su candidata Verónika Mendoza fue fundamental para el resultado de esta organización nueva. Sin embargo, al poco tiempo, la bancada dio muestras de una irreversible división. Una encabezada por la propia Mendoza y otra por Arana, quien tenía la inscripción del partido.
Peruanos Por el Kambio, partido oficialista, fue la tercera bancada parlamentaria con dieciocho escaños21. Muy pequeña para ser el soporte del gobierno, más aún si se trata de un grupo parlamentario poco cohesionado y carente de identidad. A los meses de iniciado el período de mandato, el congresista Roberto Vieira fue expulsado del partido luego de mostrar sus simpatías con el fujimorismo.
Alianza Para el Progreso se convirtió el partido con la cuarta bancada parlamentaria con nueve congresistas, pese a la exclusión de su candidato presidencial, César Acuña. Finalmente, Acción Popular y Alianza Popular obtuvieron cinco escaños cada uno. En este último caso, se trataba de la coalición del APRA, Partido Popular Cristiano y Vamos Perú. El resultado fue muy duro para el APRA, pero peor para el Partido Popular Cristiano que junto con Vamos Perú no logró ganar ni un solo escaño.
Tabla 7. 2016: votación presidencial y parlamentaria
Organización política
Presidencial
Congreso
Fuerza Popular
6 115 073
39,86%
4 431 077
36,34%
Peruanos Por el Kambio
3 228 661
21,05%
2 007 710
16,47%
Frente Amplio
2 874 940
18,74%
1 700 052
13,94%
Alianza Para el Progreso
1 125 682
9,23%
Acción Popular
1 069 360
6,97%
877 734
7,2%
Alianza Popular
894 278
5,83%
1 013 735
8,31%
Democracia Directa
613 173
4%
528 301
4,33%
Frente Esperanza
203 103
1,32%
139 634
1,15%
Perú Posible
200 012
1,3%
286 980
2,35%
Progresando Perú
75 870
0,5%
14 663
0,12%
Partido Político Orden
65 673
0,43%
68 474
0,56%
Nota: Alianza Para el Progreso no presentó candidatura presidencial.
El Perú registra una de las tasas de reelección parlamentaria más bajas de América Latina y esta tendencia se mantiene desde hace un poco más de dos décadas. Tal es así que el actual Parlamento es el que registra el menor número de reelecciones desde 1992. Una publicación de la Asociación Civil Transparencia encuentra que, del total de 130 congresistas, 95 lo son por primera vez, 31 son reelectos de manera inmediata y cuatro regresarían al Congreso tras uno o más períodos de ausencia. En cuanto a la experiencia política de los congresistas, este mismo informe señala que «veintitrés [de los] electos ejercieron antes el cargo de regidor o regidora municipal, doce han sido alcaldes, tres han sido gobernadores regionales y dos consejeros regionales» (2016).
Es necesario recordar que la mayoría absoluta conseguida por Fuerza Popular se debió a los efectos del sistema electoral peruano. Fuerza Popular consiguió con el 36% de los votos válidos el 56% de los escaños del Congreso. Esto no se debió solo a la cifra repartidora (Dargent & Muñoz, 2016; Carey & Levitsky, 2016), sino a la combinación de una votación promedio alta en todo el país con el tamaño de las circunscripciones pequeñas. Esto quiere decir que los 130 escaños se tienen que repartir en veintiséis circunscripciones, de las cuales veintiuna tienen menos de cinco escaños, cuatro medianas tienen siete escaños y una, Lima Metropolitana, tiene 36 escaños. En otras palabras, en un país que tiene gran cantidad de circunscripciones con pocos escaños, el partido con más votos y que están claramente distribuidos consigue más escaños en desproporción de los porcentajes de los votos obtenidos.
Junto a ello se halla el impacto que produce el umbral de representación, en el cual el 8,5% de los votos se quedan sin representación. Esto explica la fuerte desproporción entre el porcentaje de los votos recibidos por Fuerza Popular y el porcentaje de escaños conquistados, lo que permite constituirse en la oposición parlamentaria con mayoría absoluta y tener un papel decisivo en las relaciones Ejecutivo-Legislativo.
Tabla 8. 2016: Efectos del sistema electoral en el Congreso
Organización política
Porcentaje de votos válidos
Porcentaje de escaños
Escaños
Fuerza Popular
36,34%
56,15%
73
Peruanos Por el Kambio
16,47%
13,85%
18
Frente Amplio
13,94%
15,38%
20
Alianza Para el Progreso (APP + RN + SP)
9,23%
6,92%
9
Alianza Popular (APRA-PPC-VP)
8,31%
3,85%
5
Acción Popular
7,20%
3,85%
5
Democracia Directa
4,33%
0%
0
Perú Posible
2,35%
0%
0
Frente Esperanza
1,15%
0%
0
Partido Político Orden
0,56%
0%
0
Progresando Perú
0,12%
0%
0
Total
100%
100%
130
Fuente: ONPE, 2016.
Por último, debemos referirnos al porcentaje de mujeres electas en los cargos de congresistas. Si bien es cierto que el número de candidatas muestra un crecimiento, esto se debe en gran medida a las cuotas electorales. Sin embargo, en algunos casos, la posición en la lista que se les asigna no les ofrece la misma oportunidad de ser electas.
Fue así que, durante las elecciones de 2001, veintidós fueron los escaños ocupados por mujeres (18,3%). Las elecciones de 2006 mostraron un incremento de las mujeres en el Congreso, pues de los 120 escaños, estas ocuparon 35 (29,2%). En 2011 se rompió con la tendencia de crecimiento y solo veintiocho mujeres (21,5%) lograron ser electas en los cargos. Finalmente, las elecciones de 2016 inauguraron el período legislativo con mayor representación femenina, pues las mujeres que ocuparon escaños llegaron a sumar 36 (27,7%).
Del universo de 36 escaños ganados por mujeres, Fuerza Popular es el partido con mayor presencia de mujeres en el Congreso, veintiséis. En un lejano segundo lugar, se encuentra el Frente Amplio con cuatro escaños; en tercer lugar, se ubica Peruanos Por el Kambio, con tres escaños; inmediatamente después se encuentra a la Alianza Por el Gran Cambio del Perú, con dos escaños; y en último lugar se encuentra la Alianza Popular, con un escaño.
Gráfico 4. Mujeres electas por partido político en el Congreso, 2011-2016
Fuente: Polítika (blog de Fernando Tuesta Soldevilla).
7. Reflexiones finales
El Perú no ha seguido claramente los ciclos predominantes en América Latina. Si bien es cierto, esto sí ocurrió en la década de 1990, a partir del golpe, en 1992, de Fujimori, el modelo económico impuesto permanece hasta ahora con algunas variaciones. Estamos hablando de cinco gobiernos consecutivos: desde el gobierno autoritario de Alberto Fujimori, que fue el primero en cambiar la Constitución (1993) para incorporar la reelección inmediata, hasta los gobiernos democráticos de Toledo, García, Humala y ahora Kuczynski. Si alrededor del año 2000 hubo un giro a la izquierda en la región, en el Perú, Toledo y García, estaban lejos de dicho modelo.
Cuando Ollanta Humala ganó la Presidencia en 2011 nada cambió sustantivamente. No era propiamente un gobierno de izquierda, pese a las simpatías personales del presidente por el chavismo, movimiento con el que sus opositores trataron de asociarlo constantemente. Incluso estuvo más cerca de los TLC y APEC que los países del ALBA. Un gobierno pragmático en toda la línea. En todo este siglo del boom de las commodities no hubo en el Perú un gobierno parecido siquiera al uruguayo o al chileno. Ahora que presenciamos el fin de los gobiernos de izquierda, el péndulo se ha desplazado a un gobierno de derecha liberal como el de Kuczynski.
Las elecciones han producido el cuarto gobierno elegido democráticamente. Sin embargo, esta continuidad democrática se debe, en gran parte, al extraordinario crecimiento económico a lo largo de casi una década, que ubicó al Perú entre los países de mayor crecimiento en la región. Este hecho formidable no fue acompañado por una mejora en el ámbito de la política, cuyas instituciones y partidos políticos siguieron la línea de un alto desprestigio. Es más, como se ha indicado en este artículo, ningún gobierno supo aprovechar estas condiciones favorables para consolidar sus partidos políticos. Por el contrario, estos fueron afectados y reducidos a crisis internas de las que varios no logran salir.
Las elecciones de 2016 fueron las últimas, por diversas razones, de una generación de políticos que aparecieron en el siglo pasado. Los expresidentes Toledo, García, el mismo Fujimori y políticos como Flores Nano, entre otros, salvo Keiko Fujimori, han arrastrado a sus organizaciones al declive.
La campaña electoral mostró, salvo el caso de Mendoza, con diversos matices, la disputa de candidatos con un amplio campo de elementos comunes, sobre todo en el aspecto económico. Es decir, una concentración de candidatos del centro a la derecha, aun cuando la mayoría de ellos lo esté desde una perspectiva más pragmática que programática.
Si bien la disputa final estuvo atravesada por la línea fujimorismo-antifujimorismo en la que triunfó el último, no deja de ser cierto que rechazar una candidatura que representaba, más allá de los esfuerzos tácticos de Keiko Fujimori de distanciarse de su padre, lo cruento de la década de 1990 y los temores del presente, resulta un voto con sentido democrático. En palabras de Alberto Vergara, el antifujimorismo «[e]s, sobre todo, la afirmación recurrente de una voluntad democrática clamando por representación» (2016). En todo este clamor, jugó un papel importante el manejo de la propia candidata de Fuerza Popular, en relación a la acusación de narcotráfico. Tal como lo indica Alfredo Torres, de Ipsos Perú: «Keiko pierde la elección por no haber sabido marcar suficiente distancia con la amenaza del narcotráfico. Según Ipsos, 70% de los peruanos teme que el Perú pueda convertirse en un narcoestado. La vinculación entre narcotráfico, sicariato, consumo de drogas duras y delincuencia común es evidente para todos» (2016).
Pero este escenario final, incluido el Parlamento, solo puede ser entendido por la exclusión de las candidaturas de Acuña y, sobre todo, de Guzmán. Este último no solo creció en el tramo importante de la campaña, sino que, en simulaciones de segunda vuelta, era el único que vencía a Fujimori. Pero, más allá de escenarios que se pudieron producir, lo alarmante es cómo las normas mal diseñadas y mal aplicadas pueden influir decididamente en el resultado electoral y producir, además, vulneraciones al derecho de participación política, lo que deja en entredicho la propia legitimidad de la elección, como lo advirtieron las misiones de observación electoral.
Para el gobierno de Kuczynski el panorama no es sencillo. Ganó con apenas 40 000 votos de diferencia a Fujimori, carece de un partido organizado y cohesionado, tiene al frente un Parlamento con mayoría absoluta del partido fujimorista Fuerza Popular con 72 congresistas y su bancada es la tercera con tan solo diecisiete congresistas. Es decir, si bien Kuczynski gobierna, el fujimorismo hace sentir su peso numérico en el Congreso. Así muchos ministros de Estado han tenido que desfilar ante las diversas comisiones del Congreso y su mejor ministro, Jaime Saavedra, de Educación, fue censurado, por lo que tuvo que renunciar apenas a cinco meses de iniciado el gobierno y su vicepresidente, Martín Vizcarra, obligado a renunciar como ministro de Transporte.
Si bien el Perú no goza del crecimiento económico de los años anteriores, lo cierto es que el crecimiento del año 2016 fue uno de los más altos en Sudamérica, 3,7%, pero el Fenómeno de El Niño Costero tiró abajo las proyecciones más expectantes como las del Fondo Monetario Internacional, que pronosticaba para 2017 un crecimiento de 4,1%. Siendo el contexto económico no lo desfavorable que se pensaba, Kuczynski ha ofrecido al país una «revolución social» basada en reducir la desigualdad y dar oportunidad a todos los peruanos. Para ello, desde un inicio, se ha acercado a las autoridades regionales, debido a que parte importante de la obra de infraestructura nacional pasa por las regiones y porque estas autoridades pueden convertirse en aliados, componentes que tanto requiere el gobierno. Buscar aliados para gobernar es fundamental para un presidente que, a diferencia de otros políticos, sabe que su carrera política se termina en el año 2021. No porque esté impedido a ser reelegido, sino porque para esa fecha, la del Bicentenario de la Independencia, cumplirá 82 años.
La economía quizá la pueda manejar, pero el ámbito propiamente político parece algo más complicado, pues los antecedentes no son muy promisorios. Un elemento inquietante que muestra la historia, es el hecho de que cuando los gobiernos tuvieron al frente parlamentos opositores, terminaron en golpes de Estado, como ocurrió en 1948, 1968 y 1992. En esta oportunidad, no se trata de una coalición de partidos de oposición, sino de un solo partido que tiene mayoría absoluta, como nunca había ocurrido. Es así que, en el primer año, la relación ejecutivo-legislativo ha estado llena de tensiones, con interpelaciones, censuras y renuncias y llamados de ministros al Congreso.
Por ello, llevar con extremo cuidado una relación ejecutivo-legislativo es un reto para el gobierno de Kuczynski. Hay figuras en el diseño institucional peruano que no se han usado nunca, pero podrían convertirse en altamente explosivas: la doble censura de gabinetes presidenciales podría provocar la disolución del Congreso. En principio, este escenario está descartado. Sin embargo, la impredecible política peruana, las demandas ciudadanas acumuladas y el natural desgaste del gobierno pueden acicatear un descontento y poner en peligro la estabilidad política.
Bibliografía
Albán, Javier & Josefina Miró Quesada (2016). Las dificultades de caminar derecho. Las reglas del juego electoral. En Carlos Meléndez (ed.), Anticandidatos. El thriller político de las elecciones 2016 (pp. 275-299). Lima: Planeta.
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1 Una primera aproximación a las reglas electorales puede verse en Albán y Miró Quesada (2016).
2 En 2009, mediante una reforma constitucional, se incrementaron en diez los escaños del Congreso.
3 Este porcentaje se comenzó a aplicar desde las elecciones de 2011.
4 Este porcentaje se comenzó a aplicar a partir de las elecciones de 2000.
5 «Los electores residentes en el extranjero son considerados dentro del distrito electoral de Lima». Artículo 21 de la Ley Orgánica de Elecciones.
6 Ahora se denomina Ley de Organizaciones Políticas.
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