Poesía II - Ramón de Basterra - E-Book

Poesía II E-Book

Ramón de Basterra

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Esta edición en dos tomos reúne la obra poética de Ramón de Basterra, que no se publicaba desde 1958. El primero recoge Las ubres luminosas (1923), La sencillez de los seres (1923), Los labios del monte (1924) y el inédito hasta 1971, Llama romance. Incluye, además, un ensayo preliminar de José Carlos Mainer titulado «Para leer a Ramón de Basterra (instrucciones de uso)». El segundo reúne Vírulo. Las mocedades (1924) y Vírulo. Mediodía (1927), y gran parte de sus textos dispersos ya publicados. No pretende ser una obra completa, aunque incorpora más versos que los publicados en el volumen de 1958.  

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Seitenzahl: 205

Veröffentlichungsjahr: 2022

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RAMÓN DE BASTERRA

COLECCIÓN OBRA FUNDAMENTAL

RAMÓN DE BASTERRA

POESÍA

TOMO II

Edición preparada por Manuel Asín y José-Carlos Mainer

© Fundación Banco Santander

© Del prólogo, José-Carlos Mainer

© Sucesores de Ramón de Basterra

Reservados todos los derechos. De conformidad con lo dispuesto en el artículo 534-bis del Código Penal vigente, podrán ser castigados con penas de multa y privación de libertad quienes reprodujeren o plagiaren, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica fijada en cualquier tipo de soporte sin la preceptiva autorización.

ISBN OBRA COMPLETA: 978-84-16950-49-2

ISBN TOMO II: 978-84-16950-51-5

ÍNDICE

 VÍRULO. POEMAI. LAS MOCEDADESDedicatoriaI El grito inicialII Una ría babélicaIII CesarismoIV El jugueteV La simienteVI «Vírulo»VII MocedadesVIII JúbiloIX FormasX El estudianteXI La AnunciaciónXII Guadarrama y PirineoXIII El diarioXIV Obra de sofocaciónXV La esperaXVI Vírulo ecuestreXVII El aroma de las IndiasXVIII El sol ajenoXIX Vegetal o aveXX El banqueteII. MEDIODÍAMediodíaI El cielo únicoII Al servicio del díaIII TranslaciónIV Orden del tiempoV Refracción de estilosVI El signo de épocaVII TravesíaVIII ColonizadoresIX Peones CelestesX FundaciónXI VeladasXII Nuevo fabularioXIII Introducción a las fábulasXIV Nuevas fábulasXV ActasPOESÍA DISPERSAAl ingenioso hidalgo Don Quijote de la ManchaTarde de solFray Valentín de Berrio-OchoaPASEOS ROMANOSVoces en la frondaPASEOS ROMANOSI Rincón del ForoII Otro rincón del ForoIII Otro rincón del Foro: Santa María la AntiguaIV Ponte MoleV Foro TrajanoVI Vía ApiaPASEOS ROMANOSI A unas hierbas en el PalatinoII A un hormiguero en el PalatinoIII A un árbol en el PalatinoIV Al primer ruiseñor que vi en el PalatinoV A un gallo en el PalatinoLa mesa romanaLos vencejos de RomaTemplo de AugustoLa campiña en trenPOESÍA NACIONALEspañaLa virginidad españolaA los jóvenes dolorososPOESÍA VARIAVidaEl parque cómplicePASEOS ROMANOSMonte PalatinoUn veraneo en el PalatinoMonte PalatinoUn veraneo en el PalatinoPOESÍA VARIASuspiroElegía a la muerte del poeta Tomás de MeabeA Darío de RegoyosEl inquilino de BilbaoRomancero del Bilbao grandeCauceEros. BarcarolaAl poeta don Francisco de IturribarríaEros. Arribada a las islas de CapriEros. VagabundeoLa raza en el Foro romanoRéplica a LugonesNubes del AbraElección de meridianoPyrenaicaLAS ALAS DE LINOACTO PRIMEROEscena IEscena IIEscena IIIEscena IVEscena VEscena VIACTO SEGUNDOEscena IEscena IIEscena IIIEscena IVEscena VEscena VIEscena VIIEscena VIIIACTO TERCEROEscena IEscena IIEscena IIIEscena IVEPÍLOGO

VÍRULO. POEMA

I. LAS MOCEDADES

DEDICATORIA

HÉRCULES sirvió al alba de Occidentecon brazo matinal. Domó quimeras,derrumbó moles, atléticamente:forzó como leones las barreras.AMADÍS en cristianas primaveras,pulsó el lanzón contra la gran serpientey, al servicio del alma, dio el aceroen sus manos de atleta-caballero.

FAUSTO, en un mediodía con campanasa las que ya no se ora, se batió al cabodel servicio del alma y dio sus canasa un mundano satán blanco y sin rabo.VÍRULO, entre hojas del otoño flavode Europa, con la puesta en las ventanas,nos da su vida en nueva eucaristíay es el manjar que tu alma apetecía.

VÍRULO, sirve, en fin, al gran ocasodel Occidente, un Hércules del sueño,y Amadís del espíritu. Su pasoclarín de voluntad, ruido aguileño.¡Atrás quede, renqueando, lo pequeño!VÍRULO salta a lomos de Pegaso.Siglo que bajas de los cielos rojos,¡VÍRULO te ilumina con sus ojos!

IEL GRITO INICIAL

(Vía entre montañas del Pirineo. VÍRULO, de cinco años, seguido por un sirviente.)

VÍRULO

¿Qué hay detrás de las montañas?

SIRVIENTE

Otros montes.

VÍRULO

¿Me acompañas?¡Anda! Tú irás el segundo.

(Bocinas. Un automóvil con deudos de VÍRULO.)

EL PARIENTE

¿Dónde tan lejos? ¿Qué pasa?Vírulo, tornad a casa.

(El sirviente toma de la mano a VÍRULO, que se resiste a caminar y rompe en llanto.)

VÍRULO

¡Ah! Yo quiero ver el mundo.

IIUNA RÍA BABÉLICA

El primer vidrio del que la vislumbredel sol hirió las góticas pupilasdel niño de cabeza color lumbre,fue el tuyo, la ventana que rutilasbajo el cono amatista de la cumbredel gran Serantes, monte que en tranquilasesmeraldas se mira de una playa,y hiende en dos el alma de Vizcaya.

Del monte hacia Occidente, la romanceclaridad de los Césares coronalos zarzados senderos, desde el tranceque paseó Augusto su imperial persona.Del monte hacia el Oriente, va el avancede una raza mordiendo la boronacon tenebrosa boca que recitade espalda a Roma, su lenguaje Scyta.

La carne azul entre las dos orillasde la mar. Y los sátiros navíosgozando de su vientre, con las quillas;los silbatos, sollozos de amoríos.Cortinas de humo son las nubecillasde los buques. En popa, a los bravíosazotes de las palas, se improvisala sábana de espumas en la brisa.

Vírulo con las aves de los finoscantos, que arden de fiebre, tal ardíaen esa clara fiebre de divinossobresaltos que son la mancebía.Con maravilla vio flamear los linos,soñó al cantar de la marineríay entre velas de naves y fraganciade yodo, transcurría, azul, su infancia.

Un dios benigno quiso que entreabrasu espíritu, so próceres alerosde su casa-palacio, al haz de un Abraesfera de bajeles minuteros.Al aire nauta su primer palabrafue un adiós a un adiós de marinerosy movía sus horas tan serenasaquel reloj activo de sirenas.

Las palomas del mar desde la espumaalzaban vuelo al nómada horizonte,y al soltar sobre Vírulo una plumalas gaviotas, al flanco de su monte,nativo, se esparcía por la bruma,como entre viñas vaga el dios bifronte,su infantil corazón, fuera de él mismo,por un orbe de hercúleo dinamismo.

Era Bilbao. El numen de la ría,entre náuticas rosas que los gulesdel buque dan a su haz, es la energía.Divinas colas de oros y de azulesde pavo-reales el petróleo abría,y el ocre mineral, vena que puleslas llagas férreas de los altozanos,presta al agua la tez de los gitanos.

Las chimeneas, mástiles en tierra,con banderolas de humo. Los doncelesde Holanda, del Balcán y de Inglaterrasoñaban, en sus buques, con las pielesfragantes de las novias. Su alma yerrapor su azul patria paladeando mieles,viendo ir dulces siluetas a la fuentepor los musgos de Erin y del Oriente.

Y la gracia local del Pirineo,se espejea en las rampas. Virgencitasobreras dan al sol el contoneode sus sombras. Y cuando las mezquitasde humo, los hornos, alzan clamoreo,en la puesta de púrpuras marchitas,la niña, sobre el oro derretido,está junto a un galán mahonvestido.

Tras la pareja azul, igual que el trajedel Pontífice, blancos surtidoresde nubecillas. La Babel del viaje,Babilonia fluvial de los vapores,erigía un Calvario en el paisajede cruces. Siderales resplandoresinundaban el cielo de energíanimbando de oro el dorso de la ría.

Impera en tierra y aire y agua, un sueñode violencia. El deseo de pujanzacanta en los silbos y hablan de su empeñolas proas, vueltas a la lontananza;el afán vigilante de ser dueñoempujaba este mundo a la esperanza,y mueve hasta los remos del barqueroel gran ritmo de ser siempre el primero.

Nínive, Menfis. Horas casi igualesalentaban de nuevo en las riberasde este río de bárbaros cristales.Igual que en las faraónidas canterasla humanidad azul de menestraleserigía sus humos, por banderas.Vírulo, niño, al paso, recibíaesta lección robusta de energía.

IIICESARISMO

A los ojos de Vírulo, el asfaltoy piedra y hierro. La Naturalezareclusa daba un saltolejos del hombre. Estaba en las montañas,fuera del puerto. Empiezadonde acaba él y surgen alimañasy cetáceos. Los jóvenes arbustostallados, dentro, con los animales,buenos, que viven justos,y los doctos jardines como damaspeinados, cultamente.

A los ojos de Vírulo, las ramasde su parque, sombrillas del ambiente:el eucaliptus de hojas en crecientearábigo; el abetopagoda china, de ramaje quieto.

IVEL JUGUETE

Frente al vidrio ecuménico del puerto,encima las madejas de la sedade la hierba del huerto,oyendo la ovación de su arboleda,Vírulo tuvo su primer juguete.Era un templetede leño, era una torre de madera,que armaba con sillares diminutos.Sus más altos minutoslos vivía creando formas. Erarosal de arquitectura que da rosasingenuas.

En su torre de maderaaposaban su vuelo en la praderalas colcinelas y las mariposas.

VLA SIMIENTE

Como nieto de un gran señor de naves,descendían del cielopara el niño, horas suaves.

Abraham, el abuelo,pastoreaba navíos en las olas.

Una llamita de poder ardíaen sus ojos al ver las banderolascon la M de su nombre,en rojo la M blanca de Matienzo,la M, forma de lienzoque pende de tu cruz, Hijo del Hombre.

VI«VÍRULO»

Los brazos a la espalda, Vírulo ibagrave, por los senderos,con testa de cinco años pensativa.

El padre que, en los tránsitos severosde un Seminario cultivó latines,y que dejó los místicos senderostras la carne de humanos serafines,mirando a su hijo tan meditabundoambular los jardines,como ya atento a interpretar el mundo,le impuso el sobrenombre por lo seriode «Vírulo», «hombrecillo». Y el cristianoJuan Manuel de su niño fue el paganoVírulo, que resuena un poco a Imperioromano.

VIIMOCEDADES

Y fue el mundo la sorpresapueril, que en los ojos brillay que gusta el labio y pesala mano. Gran maravilla.Las ventanas, los senderos,conocieron sus primerostrasportes, ante los solesy las lunas, ante el vuelode los insectos del cieloy el ir de los caracoles.

¡Paraíso de la aurora!Luego, dejando las ramasde su parque, fue la horade que encendieran llamasen su sangre, al improvisohallazgo del dulce visode una niña que traíaun rasguño en el semblante,la tilde de dolor, antecuya rosa el niño ardía.

El río de las edadesque a través los libros mana,sus bárbaras mocedadesganó a la prudencia humana.Y en su corazón, los Reyes,Roma, las cifras, las leyes,perla de miel en el higo,dejaron la gota purade una fiebre de finurasobre el instinto enemigo.

VIIIJÚBILO

El estío, devuelto a las hilerasde gaviotas, rozaba con el linodel balandro las sedas marinerasdel horizonte, de un azul divino.

Entrando, en rosa natural a solasy al sol, la carne pura,en el mar, las caricias de las olasle hacían conocer la gran venturadel nadador; inmersoen el mundo universode los peces, emblemas inicialesde Cristo. ¡Forcejeoviril, sobre el gran vientre de cristales!¡Natación, la postura de himeneo!,¡sabor a fémina! Hermandadesdel brazo con el alacuando, en el zafir doble, pez querube,el cuerpo ya no sabe si resbalaen las profundidadeso si en el denso azul del cielo subea atracar en la arena o en la nube.

Y Vírulo que, extensopor la mar, yerra,veía en seda el mediodía denso,color de la ventura de la tierra.¡Azul de dioses griegos! ¡Cañucelasque cantan el azul de flautay el candor de las velaspor el redondo globo nauta!

Tendidoen el oro molido de la arena,decía: La existencia es buena.La vida es buena. Piensohollar el mundo con mis huellas.Porque el mundo es un mar de azul inmensocon arenas de estrellas.

IXFORMAS

La múltiple maravillaque el mundo llenaVírulo gravó en la orillade la arena,con sutil mano.¡El bello y vario torrentede formas! ¡El torso humanocon la cola de serpientede la sirena,que en el espejo lucientedel mar peina su melena;el delfín de la gran bocacon que se rio en boscajesde Reyes, de alguna locafarsa de pajes!La portalada barrocade un templo, sobre una rocadel mar; el sol y la lunacon dientes ocres y, en unaarena color tabaco,la cadenadel zodiaco.

¡Sacar de la nada un mundo!¡Crear, crear solamente!¡Labor de dioses! ¡Profundogerminar de pecho y frente!Lanzar la vida desde dentro,en siembra,compendiar en sí el encuentrode varón y hembraque se unen en la simiente.

¡Crear, crear solamente!

XEL ESTUDIANTE

(En un patio, so el azul de Madrid, ventana abierta, VÍRULO, alumno de Arquitectura, estudia.)

VÍRULO

Qué jubilosa marañabaja del cielo de Españacon sus luces velazquinas,sobre el campo de papelesen que aro, so cascabelesalegres de golondrinas.

(La joven planchadora canta.)

VÍRULO

¡Partenón vivo! Paseascomo las Panateneastus dos manos de improviso.Arquitecto, mi alma adora,joven dea planchadora,tus bellos brazos de friso.

XILA ANUNCIACIÓN

(VÍRULO pasea por los boscajes del Retiro con su camarada IUSTUS.)

IUSTUS

¡Las bellas nubes sobre Castilla!La Inmaculada del cielo brilla

su azul y blanco natural. Piensobajo este domo de zafir denso,

no hay sobre el alma de España un sueñode perfecciones; no hay un empeño

ni de finura ni de grandeza.¡No hay sino indocta Naturaleza!

Por cima el campo, sobre las losasy los guijarros que saben cosas

de eternidades, con el gran vuelode nuestras nubes, bogando el cielo

en otros siglos, blancos jironesdel alma cubrían los corazones.

El primer sueño vasto, suspenso,nube de un cielo de azul intenso,

sobre estos llanos lo colgó Roma.Más tarde, en veinte siglos asoma

un gran rebaño de nubes blancasde los Toledos, las Salamancas,

que el horizonte del orbe viejolo desbordaban con su cortejo.

Hoy padecemos de sequedad.No cruza un sueño la inmensidad…

¡Sé una cisterna! ¡Sé una cisterna!Busca, minando tierra, la interna

vena del pozo que niega el cielo.El agua viva la guarda el suelo.

XIIGUADARRAMA Y PIRINEO

(Alegre cervecería de estudiantes pirenaicos.)

ATLETA

De los pechos alpestres de la montañeríapirenaica, sorbimos toda nuestra energía.

VÍRULO

Aquí estamos a lomos del regio Guadarrama,dos corvocas de un mismo camello y esta llamaque nos arde en los ojos es la que el gran Don DiegoVelázquez llevó al lienzo. Equilibrio entre griegoy moro, que destierra solo a la demasía:¡La sierra filipeña de la cortesanía!

Violencia un poco scyta, quizá impulso excesivonuestra alma que desciende del Septentrión nativo:es San Ignacio haciendo al Escorial su adepto;es Quevedo, ¡Sansón barroco del concepto!

ATLETA

Tal que el númida en Roma, nos toca en este ambientehacer la gran belleza de los cuerpos patente.Nada tan bello como el brinco, el pugilato.Yo vivo mi más alta hora cuando combato.

VÍRULO

¡El brinco! ¡Saltaría por encima de tu hombro!

(Se sitúa ATLETA en el centro. Toma carrera VÍRULO y salta por encima de su espalda.)

IUSTUS

¡Gran Vírulo que brinca y salta que es un asombro!

ATLETA

¿No somos los primeros? Yo quiero, sobre todo,a aquel que titubeando para esquivar el lodovio el universo niño, todo azul de deseo,por las zarzadas sendas de nuestro Pirineo.

VÍRULO

No soy ajeno a nada humano. Pero sobrela humanidad casual, adormilada y pobrede mis valles, sitúo la magnífica genteque veo por ventanas de grandes libros. Frentea frente un leñador y el noble Rey Asuero,yo prefiero el monarca y David al boyero.Al gran río que lleva mármoles plutarquianome inclino mejor que al río comarcano.

IUSTUS

Llevas a perfección tu joven carne, Atleta.Pero encierras a tu alma en la prisión violetadel nacimiento…

VÍRULO

¡Anchura, anchura de horizontes!Aspiro a que mi vida sea como los montesun subir hacia luces más altas. Desde arribase fundirán las tierras en la gran perspectivade mi ascensión. ¡Anchura de horizontes! La velafustigará las fuerzas de mi ánima que vuelaa su total y máxima liberación. La gloriapara mí, prepararme a modelar Historia.El infierno, ese rojo, aborrecible abismo,no sería sino el no amarme a mí mismocon el amor profundo de perfección. Mi lemaalcanzar, bajo el sol, la actividad extrema.¡Guerra al ocio! La meta es construir la vidacomo un gran monumento que a los siglos convidaal gozo. ¡Producir mi alma! Ser el primeroen el salto, la lucha y los caballos, perodisipados un día mis jóvenes ardores,ser el primero al fin entre los oradores.¡Desenvolver mis fuerzas es mi único deseo,y en ello he de poner tu ímpetu, Pirineo!

XIIIEL DIARIO

(La noche. VÍRULO redacta su Diario.)

«¡Saeta solar de un díadifunto!Con mi amada, el alma mía,me junto.

Quiero ser, hecho mi acuerdo,yo mismo:en el exterior me pierdo,me abismo.¿Cómo triunfar de las cosas?¡Despego!¡Tapia tu jardín de rosasde fuego!».

XIVOBRA DE SOFOCACIÓN

(Líneas del Diario.)

«Con manos enemigas, lo vulgar estrangulala garganta a mi sueño.Caigo. De mi lujuria, de mi ira, de mi gulano soy el dueño.Mi corazón goloso vive entre ariscas cosasy entre costumbres duras.Rostros y espejos, piedras y ventanas y losas,fondos y alturas,

todo disipa aquí contra el sueño despiertode perfección secreta.Resbalo a la tristeza con el corazón muerto,el alma quieta.Perfeccionista, guío mis rebaños de anheloscon flautas ideales.Jardinero de espíritu, quiero alzar a los cieloslirios morales;y redil y guirnaldas, la aridez pedregosade un ambiente enemigomalogra y troncha. Muere en este aire la rosa,no endulza el higo.

Arenas del desierto seco, detrás, delante.¿Eres tú anacoreta?Asoma en mi alma un vasto apetito ambulante:¡Sé la saeta,

disparada hacia suelos más dulces, con mujeresy obras de terciopelo,en que seas el ser profundo que tú eres,bajo el cielo!»

XVLA ESPERA

(Soliloquio de VÍRULO a los veinte años, entre un rimero de libros de la Biblioteca Nacional.)

VÍRULO

Desde estas hojas, plumas con que la idea vuela,siento, entre el sol, los árboles, allende la cancela,pasar, río de voces ambulantes, la vida.

Bellos brazos desnudos que yerguen la florida¡cornucopia! ¡Manzanas de mejillas ardientes,dulce árbol de la vida en que brillan pendienteslos senos quinceañeros con la divina fresa!¡Dulces ojos, subrayadores de promesa!Gran caudal que no es mío, por vivir a la sombrade otras mezquinas, pobres almas que el vulgo nombra.El presente es de ajenas almas, mis adversarias.Un presente será todo tuyo y sus variasvoces han de sonar, en aromados vientos,los que ahora son mis más secretos pensamientos.En el rosa y azul de futuras mañanasproclamarán mi sueño las trompetas hispanas.

I

En tanto, yo, pastor de sueños, por laderasde estudio doy el pasto mejor de las praderasa mi manada. Libros, árboles, sobre el sueloalzan sus copas, sueños de perfección, al cielo,y a sombra de sus hojas intelectuales besami labio la divina flauta de la promesa.¡Música de la idea, suprema melodíadel pensamiento! El mundo se funde en armonía.¡Oh, belleza; oh, bondad; oh, dulzura! Las cosasvuelan, como las aves, con alas melodiosas.Mas nada es mío. Aguardo entrar en el torrentede la acción. A su margen, dejo huir al presente,hasta que hacia él me acerque, domador a su fiera,a imponerle el dominio de mi mejor quimera.En su entraña, lo mismo que el jugo de una viña,existe un alma ingenua, intacta, un alma niña,virginal, que es la flor deliciosa del día,y que yo, en nuevo rapto de sabina, haré mía.Entonces, en ese abrazo, brotarán nuevas hojasen que, pastor de sueños de mañana, te acojasa soñar con tu flauta prometedora, en mano,con raptar a tu día, como un viejo romano.

II

En esta Creación, colma de dulces cosas—las estrellas, las bellas mujeres y las rosasy bogando los cielos claros de la doctrina,las almas que persiguen su perfección divina—,existen seres bastos, espesos, cuya bocada el pestífero aliento que mustia cuanto toca.Son los bárbaros. Saben que en el mundo hay el lodo,que el cuerpo, hermano suyo, erótico y beodoconserva los resabios de bestia que se abrevamuge y fornica, en rojas alegrías de gleba.¡El alma en armas! ¡Sitio al alma! Tal peludosenemigos del bosque, con los brazos desnudos,treparon las murallas del langoroso Imperio.Hasta el cerco en que vives en un suave misteriola cabeza adversaria de algún bárbaro asoma.¡Es el scyta frente a tu pecho que es Roma!

III

Mientras en tu vereda el rebaño levanteen polvo de lo sórdido, el agua es de diamante,el sol de miel, la vida es la bella substanciaque tiene de mujer y de flor la fragancia.

Médula de alegría circula por los huesosdel mundo, que se mueve movido por los besos.Y faena de dioses la universal faenade ir hinchando la vida como un ánfora llena,al rumor del gran chorro que dispara la fuente,la fuerza creadora, la energía potente,que al manar va llenando, de la estrella al abismo,el universo de un murmullo de erotismo.

Al sentir un aroma de limón o manzana,al ver la hierba con sus madejas de lana,que ovillan los arbustos de ramas laboriosas,al contemplar tan blancos como el papel, con rosaspicos de ámbar, los ánades, y al tener la amatistadel mundo vegetal, derramada a la vista,siento que se abre al fondo de mi ser una manode demiurgo, en fiesta, que empuja al gran arcanoa este mundo tan bello a que soy bienvenido…Un dios habita en mí; yo soy un dios caído.

IV

Invoco la paciencia divina por madrina;quiero medrar con lenta parsimonia de encina.No dudaré en entrar, a mi hora, de la suertede un nublado que esparce relámpagos y muerte,y tras relampaguear el mensaje que es mío,Vírulo sonreirá como cielo de estío.Meridional y fina y vieja muchedumbreque recortas siluetas perfectas en la lumbre,contoneando cadenas que ensombrecen los chales,oh, raza, volverán los días imperiales,porque el sueño de perfección que congelaraen piedra musical, tea lógica y clara,el Escorial está de nuevo en mi alma. ¡Casasque vivís en cenizas de siglos de unas brasasa medio arder de fe, sobre las que no lateel águila bicéfala del imperial combate,se encenderán en llama romana vuestros leñosporque soy conductor del fuego de mis sueños!

V

Me pulo igual que pule al joyel el orfebre,quemándome en la llama de la divina fiebrede perfección. A solas, con la substancia eximiade mi alma, yo laboro en la moral alquimiade alambicar pureza sobre el dolor del horno.

¿No vale más labrar en mi alma que no en torno?

Aquí está, aquí, en el barco vivo de mis mortalescostillas, el menudo Reino de mis Anales,mi campo de batalla formidable en que domasus bárbaros internos mi voluntad que es Roma.¡Labor de despotismo secreto que acaudillami alma y en la que caigo so mi misma rodilla!¡Dura labor, oficio violento, aprendizajehercúleo!

Mas, oh gozo, mi ánima es del linajedel granito barroco de España, gris y duro,pero hecho a perdurar en aires de futuro,aspirando a grandeza en bravas contorsiones.También he de grabar, en mi sillar, leones.

XVIVÍRULO ECUESTRE

A trechos, embozado en lluvia finaque es una polvareda de diamante,Centauro lleno de violencia equina,a lomos de la vértebra ambulantedel corcel, por la anchura campesina,Vírulo va, benigno y arrogante,sobre la bestia de gentil braceo,degustando el sabor del Pirineo.

Saboreaba el olor de las Ermitasviendo santos barrocos, entre el leñode doradas columnas jesuitas,y en la luz que bajaba como un sueñodel ventanal de imágenes benditas,miraba el cirio, lucerín pequeño,y junto a él y a enlutadas suplicantas,los geórgicos frutos, a sus plantas.

Allí las peras, lágrimas caídasdel ramo; allí mejillas de manzanas,las pelotas de sangre tan lucidasde los tomates, con las virgilianassandías, claras lunas extinguidas.

Y las varias ofrendas aldeanasde las higueras y los manzanaresse reposaban frente a los altares.

Gustaba la fragancia de los puertosen que araban las quillas pescadoraslos que son de la mar salados huertos,bajo las velas, yuntas voladoras.A su trote se unían los conciertosdel mar y revivía aquellas horasde los pastores, por montañas viejas,los virreyes de cabras y de ovejas.

Bebía, en suma, en luengas caminatasel sabor del agrario terciopelo,